30 DE SEPTIEMBRE DE 1657 — Hay documentos que simplemente registran bienes y otros que, casi cuatro siglos después, parecen abrir una puerta y permitirnos caminar dentro del pasado. Entre los registros que hemos podido verificar hasta ahora con fecha exacta 30 de septiembre, uno de los más antiguos y fascinantes es el Inventario de doña María Lucero, conservado en el Archivo General de la Provincia de Mendoza. Son apenas 15 fojas, pero su contenido permite asomarnos de manera extraordinaria a la vivienda, la producción y el comercio de una familia mendocina del siglo XVII. La documentación revela una construcción muy particular: María Lucero describía su casa como una vivienda “que es una torre”, bajo la cual existía un corral; además tenía dos aposentos cuyas puertas podían cerrarse con llave, patio y una pulpería donde comercializaba parte de su propia producción. El inventario registra incluso “unos tapiales viejos con su compuerta”, herramientas fundamentales para levantar paredes de tierra apisonada y una poderosa pista acerca de las técnicas utilizadas en aquella Mendoza de adobe. Pero el documento guarda todavía una sorpresa mayor: aparece una “bodeguilla enterrada”, una característica excepcional dentro de las unidades productivas estudiadas para el período y una imagen que transforma completamente nuestra manera de imaginar aquellas primitivas bodegas mendocinas. Y entre sus bienes vinculados con el vino surge un pequeño objeto que para la historia vitivinícola tiene enorme valor: en el folio 9 vuelta fue anotado “un barrilito de echar vino”. Puede parecer insignificante, pero no lo era. Durante buena parte de los siglos XVI y XVII las bodegas cuyanas dependían principalmente de tinajas y botijas de cerámica para elaborar, conservar y transportar sus vinos; la propia investigación de Premat destaca el recipiente de María Lucero como una excepción muy temprana al predominio de la greda, décadas antes de que pipas, toneles y barriles de madera comenzaran a extenderse con mayor fuerza. El inventario llega aún más lejos: en el folio 8 vuelta aparece documentado un “cañón de alambique de sacar aguardiente”, indicio de que aquel universo productivo no se limitaba únicamente al vino. Así, una casa, una torre, un corral, una pulpería, una pequeña bodega enterrada, herramientas para construir, vino y aguardiente quedan congelados en un documento fechado hace exactamente 369 años. No estamos ante una reconstrucción imaginaria de la Mendoza colonial: son objetos y espacios consignados por escrito en un expediente que todavía puede identificarse y solicitarse en el archivo provincial. En una Mendoza que había sido fundada apenas 96 años antes, este inventario demuestra hasta qué punto la vivienda, el comercio y la actividad vitivinícola podían convivir dentro de una misma unidad productiva. Es uno de esos documentos capaces de convertir la historia en algo casi tangible: por unos instantes podemos cruzar el umbral de aquella casa de 1657, entrar en sus aposentos, bajar hacia su bodeguilla, acercarnos a las vasijas y descubrir, entre ellas, aquel diminuto barril de madera que sobrevivió en unas pocas palabras escritas hace casi cuatro siglos. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 253, Documento 2, “Inventario de doña María Lucero”, Mendoza, 30 de septiembre de 1657, 15 fojas. Referencia documental y estudio: Estela del Carmen Premat, La bodega mendocina de los siglos XVI al XIX. Haciendas y chacras: sus instalaciones vitivinícolas, Tesis de Doctorado en Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, 2012. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #HistoriaDelVino #VinoMendocino #Vitivinicultura #SigloXVII #ArchivoHistorico #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #BodegasDeMendoza #WineHistory #MendozaHistory #ColonialHistory #MendozaWine #ArgentineHistory #WineHeritage
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miércoles, 30 de septiembre de 2026
30 DE SEPTIEMBRE DE 1657 — LA CASA-TORRE, LA BODEGUILLA ENTERRADA Y UN BARRILITO DE VINO: EL INVENTARIO QUE ABRE UNA PUERTA A LA MENDOZA DE HACE 369 AÑOS
30 DE SEPTIEMBRE DE 1657 — Hay documentos que simplemente registran bienes y otros que, casi cuatro siglos después, parecen abrir una puerta y permitirnos caminar dentro del pasado. Entre los registros que hemos podido verificar hasta ahora con fecha exacta 30 de septiembre, uno de los más antiguos y fascinantes es el Inventario de doña María Lucero, conservado en el Archivo General de la Provincia de Mendoza. Son apenas 15 fojas, pero su contenido permite asomarnos de manera extraordinaria a la vivienda, la producción y el comercio de una familia mendocina del siglo XVII. La documentación revela una construcción muy particular: María Lucero describía su casa como una vivienda “que es una torre”, bajo la cual existía un corral; además tenía dos aposentos cuyas puertas podían cerrarse con llave, patio y una pulpería donde comercializaba parte de su propia producción. El inventario registra incluso “unos tapiales viejos con su compuerta”, herramientas fundamentales para levantar paredes de tierra apisonada y una poderosa pista acerca de las técnicas utilizadas en aquella Mendoza de adobe. Pero el documento guarda todavía una sorpresa mayor: aparece una “bodeguilla enterrada”, una característica excepcional dentro de las unidades productivas estudiadas para el período y una imagen que transforma completamente nuestra manera de imaginar aquellas primitivas bodegas mendocinas. Y entre sus bienes vinculados con el vino surge un pequeño objeto que para la historia vitivinícola tiene enorme valor: en el folio 9 vuelta fue anotado “un barrilito de echar vino”. Puede parecer insignificante, pero no lo era. Durante buena parte de los siglos XVI y XVII las bodegas cuyanas dependían principalmente de tinajas y botijas de cerámica para elaborar, conservar y transportar sus vinos; la propia investigación de Premat destaca el recipiente de María Lucero como una excepción muy temprana al predominio de la greda, décadas antes de que pipas, toneles y barriles de madera comenzaran a extenderse con mayor fuerza. El inventario llega aún más lejos: en el folio 8 vuelta aparece documentado un “cañón de alambique de sacar aguardiente”, indicio de que aquel universo productivo no se limitaba únicamente al vino. Así, una casa, una torre, un corral, una pulpería, una pequeña bodega enterrada, herramientas para construir, vino y aguardiente quedan congelados en un documento fechado hace exactamente 369 años. No estamos ante una reconstrucción imaginaria de la Mendoza colonial: son objetos y espacios consignados por escrito en un expediente que todavía puede identificarse y solicitarse en el archivo provincial. En una Mendoza que había sido fundada apenas 96 años antes, este inventario demuestra hasta qué punto la vivienda, el comercio y la actividad vitivinícola podían convivir dentro de una misma unidad productiva. Es uno de esos documentos capaces de convertir la historia en algo casi tangible: por unos instantes podemos cruzar el umbral de aquella casa de 1657, entrar en sus aposentos, bajar hacia su bodeguilla, acercarnos a las vasijas y descubrir, entre ellas, aquel diminuto barril de madera que sobrevivió en unas pocas palabras escritas hace casi cuatro siglos. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Colonial, Sección Judicial, Carpeta 253, Documento 2, “Inventario de doña María Lucero”, Mendoza, 30 de septiembre de 1657, 15 fojas. Referencia documental y estudio: Estela del Carmen Premat, La bodega mendocina de los siglos XVI al XIX. Haciendas y chacras: sus instalaciones vitivinícolas, Tesis de Doctorado en Historia, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, 2012. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #HistoriaDelVino #VinoMendocino #Vitivinicultura #SigloXVII #ArchivoHistorico #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #BodegasDeMendoza #WineHistory #MendozaHistory #ColonialHistory #MendozaWine #ArgentineHistory #WineHeritage
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