En 1897, cuando atravesar el sur mendocino significaba internarse por huellas, valles, ríos y pasos cordilleranos, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli detuvo su marcha en Malargüe y obtuvo una de las imágenes humanas más extraordinarias conservadas de aquella Mendoza de fines del siglo XIX. La fotografía llegó hasta nuestros días con su título histórico original en alemán: “Malargue, Indianerin zu Pferd, Schaf zum Schlachten verkaufend”, que puede traducirse como “Malargüe, mujer indígena a caballo, vendiendo una oveja para faenar”. La escena es excepcional: una mujer montada sobre un caballo blanco domina el centro de la composición mientras, a su alrededor, varias personas, animales y perros forman parte de una transacción ganadera cotidiana que, gracias a la cámara de Wehrli, terminó convertida en documento histórico. La ficha conservada por la ETH-Bibliothek de Zúrich fecha la toma en 1897, la identifica como una fotografía sobre diapositiva de vidrio de apenas 8,5 por 10 centímetros y la vincula con una “Expedition zur Grenzbereinigung”, es decir, una expedición relacionada con los trabajos y estudios desarrollados en torno a la frontera argentino-chilena. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata y al año siguiente emprendió junto con Carl Emanuel Burckhardt y Rudolf Hauthal una enorme campaña científica por los Andes mendocinos. Partieron de Buenos Aires el 12 de enero de 1897, pasaron por Mendoza, llegaron a San Rafael el 19 de enero y, después de extensos preparativos, comenzaron en febrero una travesía que llegó a movilizar una tropa de unos 80 animales. Durante cuatro meses estudiaron valles, volcanes, glaciares, formaciones rocosas y fósiles, atravesaron la cordillera en varias oportunidades y realizaron observaciones que terminarían siendo fundamentales para el conocimiento geológico y paleontológico del sur de Mendoza. El 9 de marzo incluso se reunieron con Francisco P. Moreno, entonces Perito argentino en la cuestión limítrofe con Chile, quien reorganizó parte del programa para que los científicos estudiaran perfiles completos de ambas vertientes de los Andes. Pero entre aquellas fotografías científicas de montañas y rocas, Wehrli también dejó imágenes de personas, viviendas, animales y escenas cotidianas: verdaderas ventanas hacia una sociedad que rara vez quedó registrada con semejante nitidez. Esta fotografía de Malargüe adquiere además un significado especial porque fue realizada menos de veinte años después de las campañas militares de 1878-1879 que modificaron profundamente el territorio indígena del sur mendocino. Investigaciones del CONICET señalan que Malargüe, buena parte de San Rafael y otras áreas del sur provincial habían formado hasta entonces parte de extensos territorios indígenas, con una presencia histórica particularmente vinculada a poblaciones pehuenches y, en términos históricos y contemporáneos, mapuche-pehuenches. Sin embargo, existe una precisión imprescindible: el archivo identifica a la protagonista únicamente como “Indianerin”, mujer indígena, y no conserva su nombre ni señala su pertenencia comunitaria concreta, por lo que sería incorrecto adjudicarle automáticamente una identidad étnica específica. Ese anonimato vuelve la imagen todavía más inquietante: sabemos quién accionó la cámara, conocemos la expedición, el año y hasta las dimensiones del soporte fotográfico, pero ignoramos el nombre de la mujer que hace más de un siglo quedó inmóvil frente al objetivo. Existe además otro detalle fascinante: los colores que hoy observamos no pertenecen originalmente a la toma de 1897 ni son producto de una restauración digital moderna. La ETH-Bibliothek registra que la diapositiva fue coloreada a mano por Margrit Wehrli-Frey en 1939, nada menos que 42 años después de haber sido fotografiada. Así, una pequeña placa de vidrio realizada durante una expedición científica terminó atravesando tres tiempos distintos: el instante vivido en Malargüe en 1897, la paciente coloración manual realizada en 1939 y nuestra mirada actual, más de un siglo después. La colección de Leo Wehrli preservada en Zúrich reúne alrededor de 15.000 diapositivas y constituye un archivo visual extraordinario; entre ellas, esta mujer indígena a caballo permanece como uno de esos documentos capaces de devolverle rostro, movimiento y humanidad a una Mendoza que parecía perdida para siempre. Fuentes: ETH-Bibliothek Zürich, Bildarchiv, registro Dia_247-01208 y Wikimedia Commons; Aguirre-Urreta, Mescua, Vennari y Ramos, “Tras los pasos de Carl E. Burckhardt en los Andes Mendocinos”, 2020; Silvia I. Carrasquero, Revista del Museo de La Plata, 2016; investigaciones históricas difundidas por CONICET Mendoza sobre presencia indígena en el sur provincial. #MendozAntigua #Malargüe #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #PueblosOriginarios #HistoriaIndígena #Pehuenches #Andes #CordilleraDeLosAndes #FotografíaHistórica #LeoWehrli #MuseoDeLaPlata #PatrimonioHistórico #ArgentinaAntigua #HistoriaArgentina #HistoricalPhotography #MendozaHistory #Malargue #IndigenousHistory #IndigenousPeoples #AndesHistory #ArgentineHistory #SouthAmericaHistory
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sábado, 3 de octubre de 2026
MALARGÜE 1897: LA MUJER INDÍGENA A CABALLO QUE EL TIEMPO NO PUDO BORRAR - MENDOZA
En 1897, cuando atravesar el sur mendocino significaba internarse por huellas, valles, ríos y pasos cordilleranos, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli detuvo su marcha en Malargüe y obtuvo una de las imágenes humanas más extraordinarias conservadas de aquella Mendoza de fines del siglo XIX. La fotografía llegó hasta nuestros días con su título histórico original en alemán: “Malargue, Indianerin zu Pferd, Schaf zum Schlachten verkaufend”, que puede traducirse como “Malargüe, mujer indígena a caballo, vendiendo una oveja para faenar”. La escena es excepcional: una mujer montada sobre un caballo blanco domina el centro de la composición mientras, a su alrededor, varias personas, animales y perros forman parte de una transacción ganadera cotidiana que, gracias a la cámara de Wehrli, terminó convertida en documento histórico. La ficha conservada por la ETH-Bibliothek de Zúrich fecha la toma en 1897, la identifica como una fotografía sobre diapositiva de vidrio de apenas 8,5 por 10 centímetros y la vincula con una “Expedition zur Grenzbereinigung”, es decir, una expedición relacionada con los trabajos y estudios desarrollados en torno a la frontera argentino-chilena. Wehrli había llegado a la Argentina en 1896 para incorporarse como geólogo a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata y al año siguiente emprendió junto con Carl Emanuel Burckhardt y Rudolf Hauthal una enorme campaña científica por los Andes mendocinos. Partieron de Buenos Aires el 12 de enero de 1897, pasaron por Mendoza, llegaron a San Rafael el 19 de enero y, después de extensos preparativos, comenzaron en febrero una travesía que llegó a movilizar una tropa de unos 80 animales. Durante cuatro meses estudiaron valles, volcanes, glaciares, formaciones rocosas y fósiles, atravesaron la cordillera en varias oportunidades y realizaron observaciones que terminarían siendo fundamentales para el conocimiento geológico y paleontológico del sur de Mendoza. El 9 de marzo incluso se reunieron con Francisco P. Moreno, entonces Perito argentino en la cuestión limítrofe con Chile, quien reorganizó parte del programa para que los científicos estudiaran perfiles completos de ambas vertientes de los Andes. Pero entre aquellas fotografías científicas de montañas y rocas, Wehrli también dejó imágenes de personas, viviendas, animales y escenas cotidianas: verdaderas ventanas hacia una sociedad que rara vez quedó registrada con semejante nitidez. Esta fotografía de Malargüe adquiere además un significado especial porque fue realizada menos de veinte años después de las campañas militares de 1878-1879 que modificaron profundamente el territorio indígena del sur mendocino. Investigaciones del CONICET señalan que Malargüe, buena parte de San Rafael y otras áreas del sur provincial habían formado hasta entonces parte de extensos territorios indígenas, con una presencia histórica particularmente vinculada a poblaciones pehuenches y, en términos históricos y contemporáneos, mapuche-pehuenches. Sin embargo, existe una precisión imprescindible: el archivo identifica a la protagonista únicamente como “Indianerin”, mujer indígena, y no conserva su nombre ni señala su pertenencia comunitaria concreta, por lo que sería incorrecto adjudicarle automáticamente una identidad étnica específica. Ese anonimato vuelve la imagen todavía más inquietante: sabemos quién accionó la cámara, conocemos la expedición, el año y hasta las dimensiones del soporte fotográfico, pero ignoramos el nombre de la mujer que hace más de un siglo quedó inmóvil frente al objetivo. Existe además otro detalle fascinante: los colores que hoy observamos no pertenecen originalmente a la toma de 1897 ni son producto de una restauración digital moderna. La ETH-Bibliothek registra que la diapositiva fue coloreada a mano por Margrit Wehrli-Frey en 1939, nada menos que 42 años después de haber sido fotografiada. Así, una pequeña placa de vidrio realizada durante una expedición científica terminó atravesando tres tiempos distintos: el instante vivido en Malargüe en 1897, la paciente coloración manual realizada en 1939 y nuestra mirada actual, más de un siglo después. La colección de Leo Wehrli preservada en Zúrich reúne alrededor de 15.000 diapositivas y constituye un archivo visual extraordinario; entre ellas, esta mujer indígena a caballo permanece como uno de esos documentos capaces de devolverle rostro, movimiento y humanidad a una Mendoza que parecía perdida para siempre. Fuentes: ETH-Bibliothek Zürich, Bildarchiv, registro Dia_247-01208 y Wikimedia Commons; Aguirre-Urreta, Mescua, Vennari y Ramos, “Tras los pasos de Carl E. Burckhardt en los Andes Mendocinos”, 2020; Silvia I. Carrasquero, Revista del Museo de La Plata, 2016; investigaciones históricas difundidas por CONICET Mendoza sobre presencia indígena en el sur provincial. #MendozAntigua #Malargüe #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #PueblosOriginarios #HistoriaIndígena #Pehuenches #Andes #CordilleraDeLosAndes #FotografíaHistórica #LeoWehrli #MuseoDeLaPlata #PatrimonioHistórico #ArgentinaAntigua #HistoriaArgentina #HistoricalPhotography #MendozaHistory #Malargue #IndigenousHistory #IndigenousPeoples #AndesHistory #ArgentineHistory #SouthAmericaHistory
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4 DE OCTUBRE DE 1846: JUAN FRANCISCO, EL NIÑO “MULATO LIBERTO” QUE DEJÓ ESCRITA EN MENDOZA LA FRONTERA ENTRE LA ESCLAVITUD Y LA LIBERTAD (IMAGEN ILUSTRAIVA)
El 4 de octubre de 1846, en la Mendoza de mediados del siglo XIX, una sencilla partida de bautismo dejó registrada una historia extraordinaria que hoy permite atravesar tres generaciones marcadas por la esclavitud y el lento camino hacia la libertad. Aquel día fue bautizado Juan Francisco y el sacerdote escribió junto a su nombre una expresión que resume toda una época: “mulato liberto”. Las palabras pertenecen al sistema de clasificación social y jurídica utilizado entonces y hoy constituyen una evidencia documental de enorme valor para reconstruir la presencia afrodescendiente en Mendoza. Juan Francisco era hijo natural de Toribia, una mujer nacida en Mendoza el 26 de abril de 1812 que había sido registrada como “mulata esclava de Doña Juana Ferreyra”; a su vez, Toribia era hija natural de Ángela, también esclavizada. La genealogía resulta impactante: abuela esclavizada, madre nacida esclava y nietos inscriptos bajo las nuevas categorías surgidas del proceso de emancipación. Toribia había nacido apenas meses antes de que la Asamblea del Año XIII dispusiera la libertad de vientres, medida que declaró libres a los hijos de mujeres esclavizadas nacidos desde el 31 de enero de 1813. Pero aquella “libertad” estaba muy lejos de significar una independencia inmediata: los llamados libertos quedaron sometidos durante años a regímenes de patronato, servicio y control laboral, y en Mendoza esas obligaciones llegaron incluso a prolongarse hasta los 25 años. Los libros parroquiales permiten seguir a varios hijos de Toribia casi como si hojeáramos un álbum familiar atravesado por las transformaciones jurídicas de la época: Gumersindo, nacido el 13 de enero de 1841 y bautizado como “liberto”; Tomás del Corazón de Jesús, bautizado en 1843 con la clasificación de “mulato”; Juan Francisco, registrado como “mulato liberto” aquel 4 de octubre de 1846; y Petronila Juana, bautizada en 1849 ya como “libre, natural de Toribia Ferreyra”. Es difícil encontrar una secuencia documental más elocuente: dentro de una misma familia, las palabras utilizadas por el Estado y la Iglesia van cambiando mientras la institución esclavista comienza lentamente a derrumbarse. Y la historia todavía tiene otro capítulo sorprendente. Una investigación de Orlando Gabriel Morales y Luis César Caballero reconstruyó que Damián Hudson presentó en 1853 ante la comisión provincial de tasación a varios libertos vinculados a esta familia —entre ellos Gumersindo, Tomás, Francisco y Petrona—, tasados en conjunto junto con otra liberta. Toribia, mientras tanto, había pasado a otra unidad doméstica y todavía fue presentada como esclava en el proceso de tasación de 1853. Es decir, siete años después del bautismo de Juan Francisco, su propia madre seguía jurídicamente alcanzada por un sistema de esclavitud que sobrevivía en Mendoza. La Constitución de la Confederación Argentina cambió definitivamente ese escenario: su artículo 15 declaró que “En la Nación Argentina no hay esclavos” y dispuso la libertad de quienes todavía permanecían en esa condición. Mendoza avanzó además un paso decisivo el 26 de julio de 1853, cuando el gobierno provincial ordenó ejecutar ese artículo y extendió expresamente la liberación a los libertos, eliminando las obligaciones personales originadas en la esclavitud. La comisión mendocina elaboró 48 boletos de tasación y la investigación moderna logró identificar 77 esclavos y libertos presentados para indemnización, valuados en conjunto en 2.668 pesos. Juan Francisco dejó así de ser solamente un nombre escrito en un libro parroquial: su historia forma parte de una generación nacida jurídicamente camino a la libertad, pero obligada a crecer dentro de una sociedad donde las estructuras de la esclavitud continuaban funcionando. Su partida bautismal sobrevive como una pequeña ventana hacia aquella Mendoza afrodescendiente que durante mucho tiempo quedó relegada de los grandes relatos históricos. El documento que permite seguir directamente esta huella se conserva en el Archivo del Arzobispado de Mendoza, Parroquia de San Vicente, Bautismos N.º 6, años 1844-1847, folio 266. Un solo folio, una fecha exacta y un niño llamado Juan Francisco bastan para recordarnos que la abolición no fue un instante aislado, sino el final de un prolongado proceso vivido por personas y familias concretas cuya memoria todavía permanece escrita en los archivos mendocinos. Fuentes: Morales, Orlando Gabriel y Caballero, Luis César, “Abolición de la esclavitud en Mendoza, 1853: Liberación y trayectorias sociales de los últimos esclavizados”, Anuario del Instituto de Historia Argentina, Universidad Nacional de La Plata-CONICET, 2022, especialmente la reconstrucción de la familia de Toribia y Juan Francisco y las fuentes del Archivo del Arzobispado de Mendoza. Constitución de la Nación Argentina, artículo 15, texto oficial. Archivo General de la Nación, documentación de la Asamblea del Año XIII sobre libertad de vientres. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza #Afrodescendientes #Afroargentinos #Esclavitud #AboliciónDeLaEsclavitud #LibertadDeVientres #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #Genealogía #MemoriaHistórica #SigloXIX #MendozaHistory #ArgentineHistory #AfroArgentines #AfroDescendants #SlaveryHistory #Abolition #HistoricalArchives #BlackHistory #Genealogy #NineteenthCentury
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3 DE OCTUBRE DE 1947: PERÓN ESTAMPÓ SU FIRMA Y EXTENDIÓ HASTA 1949 UNA PROTECCIÓN EXTRAORDINARIA PARA LOS PERIODISTAS ARGENTINOS
El 3 de octubre de 1947, Juan Domingo Perón dejó su firma al pie de una disposición especialmente significativa para la historia del periodismo argentino. Aquel día el Poder Ejecutivo promulgó la Ley Nº 13.040, sancionada por el Congreso apenas seis días antes, el 27 de septiembre, mediante la cual se prorrogaban hasta el 31 de diciembre de 1949 las disposiciones del artículo 83 de la Ley Nº 12.908, el Estatuto del Periodista Profesional. La precisión es importante: la nueva ley no prorrogaba todo el Estatuto, sino específicamente una de sus cláusulas transitorias más fuertes en materia de protección laboral. El artículo 83 establecía que los despidos o cesantías realizados sin culpa del periodista daban derecho a una indemnización especial equivalente a seis meses de sueldo por preaviso, además de un mes de sueldo por cada año trabajado para el empleador, sin perjuicio de otras disposiciones aplicables; también impedía que durante ese período se efectuaran cambios que significaran una disminución de categoría profesional. Originalmente aquella protección alcanzaba hasta el 31 de diciembre de 1947, pero la Ley 13.040 extendió su vigencia durante dos años más, hasta fines de 1949. La historia del régimen venía de algunos años antes: el Estatuto del Periodista había nacido mediante el Decreto-Ley 7.618 del 25 de marzo de 1944 y luego fue ratificado por el Congreso a través de la Ley 12.908, sancionada el 18 de diciembre de 1946 y publicada en el Boletín Oficial el 11 de julio de 1947. En aquel contexto de profundas transformaciones de la legislación laboral argentina, el 3 de octubre quedó así convertido en otra fecha de esa extensa construcción normativa. El documento oficial de la Ley 13.040 conserva una fórmula solemne característica de la época: el Congreso había aprobado el texto y, desde el Poder Ejecutivo, se ordenó tenerlo por Ley de la Nación, cumplirlo, comunicarlo, publicarlo, incorporarlo al Registro Nacional y archivarlo. Al pie aparecen Juan Domingo Perón, Ángel G. Borlenghi y José María Freire. La norma finalmente llegó al Boletín Oficial Nº 15.890 del 14 de octubre de 1947, página 2. Para una página como MendozAntigua existe además una curiosa conexión con nuestra propia tarea cotidiana: hace 79 años, mientras diarios, cronistas, redactores, corresponsales y fotógrafos construían día tras día buena parte de la memoria que hoy consultamos para reconstruir el pasado, una ley llevaba la firma presidencial para prolongar una protección extraordinaria sobre quienes ejercían profesionalmente el periodismo. Y existe una actualización histórica que vuelve aún más singular recordar aquel episodio en 2026: la Ley 12.908 continuó atravesando numerosas modificaciones durante casi ocho décadas, pero la Ley 27.802, publicada el 6 de marzo de este año, dispuso su abrogación con vigencia a partir del 1º de enero de 2027. De esta manera, aquel documento firmado por Perón el 3 de octubre de 1947 puede contemplarse hoy no sólo como una pieza administrativa de su primer gobierno, sino como una página de una extensa historia jurídica del periodismo argentino que se acerca a un cambio definitivo de época. Fuentes: Sistema Argentino de Información Jurídica y Normativa Nacional, Leyes 13.040 y 12.908; Boletín Oficial de la República Argentina; Ley 27.802 de Modernización Laboral. #MendozAntigua #UnDíaComoHoy #3DeOctubre #JuanDomingoPerón #Perón #HistoriaArgentina #PeriodismoArgentino #EstatutoDelPeriodista #Ley13040 #Ley12908 #PrensaArgentina #ArchivoHistórico #MemoriaHistórica #HistoriaDelPeriodismo #Argentina1947 #Efemérides #ArgentineHistory #JournalismHistory #PressHistory #ArgentinaHistory #HistoricalArchive #OnThisDay #JuanDomingoPeron
4 DE OCTUBRE DE 1647: EL TESTAMENTO QUE ATRAVESÓ CASI CUATRO SIGLOS — FE, VIÑAS, ESCLAVITUD Y EL LEGADO QUE MARCÓ A LA MENDOZA COLONIAL (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 4 de octubre de 1647, en las casas de su residencia del Carrascal, “a la salida” de la pequeña ciudad de Mendoza, doña Mayor Carrillo de Bohórquez, viuda del capitán Juan de Amaro —también citado como Juan Amaro de Ocampo— dejó escrita una de las piezas testamentarias más extraordinarias que sobreviven de la Mendoza del siglo XVII. El propio documento conserva una frase capaz de transportarnos directamente hasta aquella jornada: “A cuatro dias del mes de Octubre de mil seiscientos y cuarenta y siete años”. Era un testamento cerrado, redactado cuando Mendoza llevaba apenas 86 años desde su fundación española y todavía pertenecía a la jurisdicción del Reino de Chile. Mayor Carrillo dispuso que el documento permaneciera sellado hasta después de su muerte y dejó además un detalle profundamente humano: no estampó su firma porque, según quedó registrado, no sabía firmar y pidió a un testigo que lo hiciera por ella. Al día siguiente, 5 de octubre, el otorgamiento quedó formalizado ante el escribano del Cabildo mientras se encontraba en la iglesia del convento de Nuestra Señora de las Mercedes. Sus últimas voluntades permiten reconstruir con excepcional precisión el universo religioso y social de aquella Mendoza: ordenó que acompañaran su cuerpo el cura, el sacristán y los demás sacerdotes, religiosos y clérigos de la ciudad; dispuso una misa cantada de cuerpo presente, misas por su alma en las iglesias y conventos mendocinos y un novenario de misas cantadas en la Iglesia Mayor, procurando que durante esos nueve días concurrieran cuantos sacerdotes pudieran celebrarlas. También destinó un peso a cada una de las llamadas mandas forzosas de Guadalupe, San Lázaro, San Antonio, la Cruzada y la Redención de Cautivos, prácticas que reflejan hasta qué punto la preparación para la muerte formaba parte de la vida cotidiana colonial. Pero el documento contiene un dato todavía más impactante: Mayor Carrillo dispuso la libertad de tres personas esclavizadas vinculadas a su casa, Antonio, su esposa Lucrecia y su hijo Lorencito, nombres que gracias a ese papel lograron atravesar casi cuatro siglos y salir del anonimato en el que quedaron miles de habitantes de la época. Su patrimonio también conecta esta historia con los orígenes productivos de Mendoza. La hacienda del Carrascal vinculada al matrimonio comprendía casas, chacra, quinta, viñedos, bodega y mano de obra esclavizada; parte de esos bienes fue destinada a los agustinos y terminaría siendo fundamental para la presencia de la orden en la provincia. La historia no terminó con aquel testamento: en el Archivo General de la Provincia de Mendoza aparecen actuaciones promovidas por los agustinos para obtener los bienes legados por Mayor Carrillo —carpeta 285, documento 1, de 1647— y, al año siguiente, el pleito “Convento de San Agustín contra Cristóbal Ruiz de Campo sobre entrega de los bienes de Doña Mayor Carrillo Bohórquez”, conservado en la Sección Judicial, carpeta 277, documento 2. Décadas más tarde, aquellas fundaciones religiosas formarían parte inseparable del paisaje de la antigua ciudad, y las ruinas de San Agustín sobrevivirían incluso al terremoto de 1861 antes de desaparecer físicamente en el siglo XX. Hay además una precisión documental importante para quienes investiguen esta historia: alguna bibliografía secundaria reprodujo la fecha errónea de 1667 —incluso “4 de noviembre de 1667”—, pero la transcripción histórica del propio testamento y la investigación de Alba Acevedo y Sandra Pérez Stocco en la Universidad Nacional de Cuyo coinciden de manera explícita en identificarlo como AGPM, carpeta 236, documento 1, fechado el 4 de octubre de 1647. No estamos, por lo tanto, ante una simple escritura sucesoria: estamos ante una ventana excepcional hacia la Mendoza de hace casi cuatro siglos, donde aparecen juntas la muerte, la religión, la riqueza, la vitivinicultura, la esclavitud, la libertad y el nacimiento de instituciones que dejarían su huella sobre la ciudad durante generaciones. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Efemérides #4DeOctubre #MayorCarrilloDeBohórquez #ElCarrascal #SanAgustín #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #PatrimonioMendocino #MemoriaHistórica #ColonialMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #ColonialHistory #HistoricalArchives #CulturalHeritage #HistoryMatters Fuentes: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Carp. 236, Doc. 1; Alba Acevedo y Sandra Pérez Stocco, “Morir como Dios manda. Religiosidad Popular y Devociones en los Testamentos de la Mendoza Colonial”, Revista de Historia Americana y Argentina, UNCuyo, Nº 44, 2009; transcripción histórica publicada en Archivo Agustiniano; documentación reunida sobre los agustinos cuyanos; estudios académicos sobre El Carrascal y la producción colonial mendocina.
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1897: EL HOTEL PERDIDO DE SAN RAFAEL — UNA FOTOGRAFÍA QUE SOBREVIVIÓ 129 AÑOS - MENDOZA
En 1897, cuando el ferrocarril todavía no había llegado a San Rafael y viajar desde la ciudad de Mendoza hacia el sur provincial significaba atravesar durante días extensos caminos de tierra, postas y enormes distancias, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli tomó una extraordinaria fotografía que hoy nos permite asomarnos directamente a aquel mundo desaparecido. La imagen se conserva en la ETH-Bibliothek de Zúrich con el título original alemán “Hotel-Hof mit Gruppe, San Rafael, Mendoza”, que puede traducirse como “Patio de hotel con grupo, San Rafael, Mendoza”. No se trata simplemente de una antigua escena social: investigaciones modernas permitieron relacionarla directamente con la gran expedición científica que Wehrli realizó en 1897 junto al geólogo suizo Carl Emanuel Burckhardt y el geólogo alemán Rudolf Hauthal, vinculados a las exploraciones del Museo de La Plata. Los científicos habían partido de Buenos Aires el 12 de enero, pasaron por Mendoza y llegaron a San Rafael el 19 de enero de 1897, antes de internarse en una monumental campaña de exploración de los Andes mendocinos. Un estudio publicado en 2020, que reconstruyó aquel recorrido utilizando los documentos y fotografías originales conservados en Suiza, identifica precisamente esta imagen como el hotel de San Rafael donde se alojaron los expedicionarios. Frente a la cámara aparece un grupo de personas reunidas en el patio del establecimiento, rodeadas por la arquitectura sencilla de una población que todavía estaba atravesando una profunda transformación. La fotografía adquiere todavía más fuerza cuando recordamos que aquel San Rafael era muy distinto al actual: la Colonia Francesa impulsada por Rodolfo Iselín y otros pioneros avanzaba en su consolidación, pero faltaban seis años para que el ferrocarril modificara definitivamente las comunicaciones y la economía regional. Recién en noviembre de 1903 los rieles conectarían San Rafael con la red ferroviaria nacional, acelerando el movimiento de personas, mercaderías y producción agrícola. Wehrli, Burckhardt y Hauthal llegaron, por lo tanto, a un San Rafael anterior a aquella revolución del transporte. Después de preparar durante varios días la expedición y reunir una enorme caravana que llegó a contar con alrededor de ochenta animales, el grupo salió desde San Rafael el 1 de febrero rumbo a Sierra Pintada, el río Atuel y la Cordillera de los Andes, realizando investigaciones geológicas y paleontológicas que se convertirían en trabajos pioneros para el conocimiento científico de la región. La propia fotografía es además un objeto histórico excepcional: el original fue realizado sobre una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 por 10 centímetros y actualmente se encuentra digitalizado con una resolución superior a los 3.300 píxeles. Más de un siglo después, aquel pequeño negativo conserva rostros, paredes, puertas, vestimentas y detalles cotidianos de un San Rafael situado al borde de una nueva época. Quizás quienes posaron en ese patio jamás imaginaron que 129 años después seguiríamos observándolos desde una pantalla, intentando descubrir quiénes eran y cómo era aquella ciudad que comenzaba a transformarse. Una sencilla fotografía de hotel terminó convertida en una verdadera ventana hacia el San Rafael de 1897. Fuente: ETH-Bibliothek, Bildarchiv, fotografía de Leo Wehrli, “Hotel-Hof mit Gruppe, San Rafael, Mendoza”, 1897, registro ETH-Bibliothek_Dia_247-00286; Aguirre-Urreta, Mescua, Vennari y Ramos, “Tras los pasos de Carl E. Burckhardt en los Andes Mendocinos”, Revista de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 2020; Museo de La Plata; Municipalidad de San Rafael; UNCuyo. Imagen difundida por Wikimedia Commons bajo licencia CC BY-SA 4.0. #MendozAntigua #SanRafael #Mendoza #HistoriaDeMendoza #SanRafaelAntiguo #FotosAntiguas #FotografíaHistórica #LeoWehrli #HistoriaArgentina #MemoriaHistórica #PatrimonioMendocino #SigloXIX #MuseoDeLaPlata #AndesMendocinos #MendozaHistory #SanRafaelHistory #OldMendoza #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #HistoricalPhotos #CulturalHeritage #NineteenthCentury #VintageArgentina #HistoryPhotography
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3 DE OCTUBRE DE 1816: EL DÍA EN QUE EL CONGRESO INVISTIÓ A SAN MARTÍN CON PODERES DE CAPITÁN GENERAL, EN LA ANTESALA DE LA EPOPEYA DE LOS ANDES
El 3 de octubre de 1816, mientras en Mendoza comenzaba a tomar forma la gigantesca maquinaria militar que pocos meses después atravesaría una de las cordilleras más formidables del planeta, el Congreso de Tucumán adoptó una decisión destinada a fortalecer la autoridad de José de San Martín en un momento decisivo de la guerra por la independencia. El documento existe, está perfectamente identificado y permite precisar incluso las palabras empleadas por aquel cuerpo soberano: un “oficio y minuta” registra el acuerdo para investir al “general de los Ejércitos de la frontera de Chile, coronel mayor José de San Martín” con el tratamiento de “excelencia” y otorgarle las mismas facultades de capitán general que habían sido concedidas a Manuel Belgrano. La pieza está fechada en Tucumán el 3 de octubre de 1816 y se conserva en el Archivo General de la Nación dentro del fondo del Congreso Soberano de las Provincias Unidas del Río de la Plata, bajo la referencia CSPURP 10-331, documento 17. La resolución llegaba menos de tres meses después de la Declaración de la Independencia del 9 de julio y apenas dos meses después de que Juan Martín de Pueyrredón dispusiera, el 1 de agosto, que la fuerza organizada en Cuyo llevara oficialmente el nombre de Ejército de los Andes y que San Martín fuera su general en jefe. No se trataba simplemente de agregar un tratamiento honorífico a su nombre: aquellas facultades reforzaban la posición del jefe que tenía bajo su responsabilidad la preparación de una campaña extraordinariamente compleja, obligada a movilizar soldados, armamento, caballos, mulas, artillería, pólvora, alimentos, vestuario y recursos a través de una región que debía sostener prácticamente desde sus entrañas el futuro avance sobre Chile. Mientras el Congreso deliberaba en Tucumán, Cuyo vivía una transformación profunda: talleres, depósitos, campos de instrucción y redes de abastecimiento trabajaban para convertir el proyecto continental en una fuerza capaz de cruzar los Andes y enfrentar al poder realista del otro lado de la cordillera. Existe, además, una precisión documental especialmente importante para comprender por qué distintas cronologías mencionan fechas diferentes. El 3 de octubre corresponde al acuerdo del Congreso conservado en el documento 17; posteriormente aparecen nuevas piezas vinculadas a la instrumentación de aquella decisión. El catálogo oficial del Archivo General de la Nación registra para el 18 de octubre notas y una minuta que confieren al general en jefe del Ejército de los Andes las facultades de capitán general de provincia y el tratamiento de “excelencia”, mientras otro oficio de Juan Martín de Pueyrredón informa al Congreso que había conferido esas facultades a San Martín. A su vez, el catálogo del Archivo del General San Martín conservado por el Museo Mitre registra un oficio de Pueyrredón dirigido a San Martín, fechado en Buenos Aires el 17 de octubre de 1816, comunicándole que le habían sido conferidas las facultades del empleo de capitán general de provincia con tratamiento de excelencia. Las fechas, por lo tanto, no se contradicen: documentan diferentes momentos del mismo proceso, desde el acuerdo soberano del 3 de octubre hasta su posterior comunicación y formalización administrativa. Incluso la rapidez con que la nueva dignidad comenzó a proyectarse públicamente puede advertirse en Mendoza: documentación estudiada por la Universidad Nacional de Cuyo señala que el 17 de octubre el Cabildo dispuso levantar en Los Barriales una pirámide dedicada al “Exmo. señor Capitán General de Provincia don José de San Martín, primer General en jefe del Ejército de los Andes”. Faltaban apenas unos meses para que aquellas tropas abandonaran Cuyo, se internaran por los pasos cordilleranos y comenzaran la campaña que conduciría a Chacabuco y a la liberación de Chile. Aquel papel fechado el 3 de octubre de 1816 puede parecer hoy una simple resolución administrativa, pero detrás de sus líneas aparece un momento crucial: el poder político de las Provincias Unidas respaldando con mayores atribuciones al hombre que preparaba desde Mendoza una operación militar que modificaría para siempre la historia sudamericana. #JoséDeSanMartín #SanMartín #EjércitoDeLosAndes #CongresoDeTucumán #Mendoza #HistoriaArgentina #Independencia #Efemérides #CruceDeLosAndes #MendozAntigua #JoseDeSanMartin #ArmyOfTheAndes #ArgentineHistory #SouthAmericanHistory #Independence #History Fuentes: Archivo General de la Nación, catálogo “Bicentenario de la Asamblea del Año XIII y de la Declaración de la Independencia”, CSPURP 10-331, doc. 17, Tucumán, 3/10/1816; CSPURP 10-331, doc. 84 y CSPURP 07-3494, doc. 112, 18/10/1816; Museo Mitre, Archivo del General José de San Martín, oficio de Juan Martín de Pueyrredón del 17/10/1816; Gobierno de Mendoza, antecedentes de la creación del Ejército de los Andes; Universidad Nacional de Cuyo, investigación sobre monumentos históricos mendocinos.
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CUADRO NACIONAL, 1897: LAS MUJERES DE CALLE FLORIDA Y EL SAN RAFAEL QUE QUEDÓ CONGELADO PARA SIEMPRE EN UNA PLACA DE VIDRIO - MENDOZA
Cuando el ferrocarril todavía no había llegado a San Rafael y recorrer el sur mendocino significaba atravesar enormes distancias por caminos de tierra, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli apuntó su cámara hacia una escena aparentemente cotidiana que hoy posee un extraordinario valor histórico. La fotografía fue tomada en 1897 en Cuadro Nacional y permanece conservada por la ETH-Bibliothek de Zúrich bajo el título original “Calle Florida der Weibercampa, Cuadro Nacional, San Rafael”. La propia ficha del archivo describe la imagen como un “grupo de mujeres” con construcciones o chozas de paja al fondo. Ninguna de ellas aparece identificada por nombre, pero sus figuras quedaron inmortalizadas como silenciosas protagonistas de una época de la que sobreviven muy pocos testimonios visuales. Frente a la cámara aparecen varias mujeres reunidas junto a humildes edificaciones con techumbres vegetales, en un paisaje que permite asomarnos al aspecto cotidiano de Cuadro Nacional a fines del siglo XIX, mucho antes de la expansión urbana, las rutas modernas y las transformaciones que modificarían definitivamente aquel escenario. La imagen original no es una copia moderna: se trata de una diapositiva fotográfica sobre vidrio de apenas 8,5 por 10 centímetros, actualmente digitalizada con una resolución de 3.596 × 2.818 píxeles y registrada por la ETH-Bibliothek con el número Dia 247-00271. Pero la historia detrás de aquella cámara vuelve todavía más fascinante la fotografía. Wehrli había llegado a San Rafael el 19 de enero de 1897 formando parte de una importante expedición científica vinculada al Museo de La Plata, junto con el geólogo suizo Carl Emanuel Burckhardt y el alemán Rudolf Hauthal. Habían partido de Buenos Aires el 12 de enero, atravesaron Mendoza y permanecieron varios días en San Rafael preparando una enorme travesía hacia la cordillera. El archivo fotográfico demuestra que durante esos preparativos estuvieron precisamente en Cuadro Nacional: otra placa de la misma colección registra allí a García, Wehrli, Burckhardt y Hauthal antes de iniciar la expedición. Finalmente, a comienzos de febrero se internaron hacia los Andes con una tropa de aproximadamente 80 animales, cruzaron el río Diamante, remontaron el valle del Atuel y desarrollaron una campaña científica que los llevó a atravesar cuatro veces la cordillera argentino-chilena antes de regresar, meses después, en mayo de 1897. Cuadro Nacional no era entonces un paraje cualquiera. Su desarrollo estaba profundamente vinculado con la presencia militar y con el proceso de ocupación y organización territorial del sur mendocino; una prueba documental extraordinaria pertenece justamente al mismo año de esta fotografía: el 3 de marzo de 1897 el Gobierno Nacional aprobó que los conscriptos de San Rafael fueran reunidos en Cuadro Nacional para recibir instrucción en caballería, debido a que allí no existía un cuerpo de infantería. De esta manera, las fotografías de Wehrli no sólo registraron paisajes durante una expedición geológica: también capturaron un territorio en plena transformación, donde convivían establecimientos militares, caminos, pobladores, viviendas sencillas, viajeros y las primeras estructuras de una sociedad que avanzaba hacia el siglo XX. Seis años después, en 1903, la llegada del ferrocarril aceleraría profundamente las comunicaciones y el crecimiento del departamento. Por eso esta imagen resulta tan poderosa: detrás de aquellas mujeres anónimas y de aquellos techos de paja aparece un San Rafael desaparecido, anterior al tren, a los automóviles y a gran parte de la ciudad que conocemos actualmente. Más de un siglo después, una diminuta placa de vidrio conservada a miles de kilómetros de Mendoza nos devuelve sus rostros, sus construcciones y un instante irrepetible de Cuadro Nacional. Una calle, un puñado de mujeres y el clic de una cámara fueron suficientes para vencer al tiempo. #MendozAntigua #SanRafael #CuadroNacional #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #LeoWehrli #FotografíaHistórica #HistoriaArgentina #PatrimonioHistórico #MemoriaDeMendoza #CalleFlorida #SurMendocino #ArgentinaAntigua #HistoricalPhotography #MendozaHistory #SanRafaelHistory #ArgentinaHistory #OldArgentina #HistoricMendoza #CulturalHeritage #1897 #SouthAmericaHistory #HistoricPhotography Fuente: ETH-Bibliothek Zürich, archivo fotográfico de Leo Wehrli; Wikimedia Commons; Revista del Museo de La Plata; Aguirre-Urreta, Mescua, Vennari y Ramos, “Tras los pasos de Carl E. Burckhardt en los Andes Mendocinos”, 2020; Registro Nacional de la República Argentina, marzo de 1897; documentación histórica de San Rafael.
3 DE OCTUBRE DE 1766 — 800 PESOS, UN INGENIERO DEL REY Y MALVINAS: EL DOCUMENTO QUE REVELA LA MAQUINARIA DEL IMPERIO EN EL ATLÁNTICO SUR
El 3 de octubre de 1766, desde San Ildefonso partía una Real Orden destinada al gobernador y a los oficiales reales de Buenos Aires que, pese a ocupar apenas una hoja, permite asomarse a la enorme maquinaria administrativa, militar y financiera que la monarquía española estaba desplegando en el Atlántico Sur. La pieza, registrada como Real Orden Nº 140, comunicaba que el teniente e ingeniero extraordinario José Antonio de Borja debía trasladarse al Río de la Plata para continuar su servicio en aquella plaza y ordenaba que se le abonara un sueldo de 800 pesos anuales, una suma que debía ser atendida por la administración de la Real Hacienda en Buenos Aires. Existe aquí una pequeña pero importante precisión documental: en la transcripción del documento Nº 140 publicada por la Universidad de Buenos Aires el apellido aparece como “Borda”, pero otro documento del mismo corpus, fechado apenas siete días después, el 10 de octubre, lo registra claramente como José Antonio de Borja, forma que también utiliza la bibliografía especializada sobre los ingenieros militares del Río de la Plata. A primera vista podría parecer una simple disposición sobre un nombramiento y un salario, pero su ubicación dentro del Archivo General de Indias revela un escenario muchísimo mayor: la orden quedó conservada dentro de los “Expedientes relativos a la expedición y población de las Islas Malvinas”, correspondientes a los años 1760-1803, en momentos en que la Corona española reorganizaba su presencia política, naval, técnica y administrativa en los mares australes. Durante esos mismos días de octubre de 1766 se estaban preparando las medidas que conducirían al establecimiento de la administración española en Puerto Soledad bajo Felipe Ruiz Puente, quien asumiría allí en 1767. Otro documento de la colección, fechado el 10 de octubre, menciona expresamente a las fragatas Liebre y Esmeralda, instrumentos destinados a los trabajos de Malvinas, un oficial de Artillería, un ingeniero que debía pasar a las islas y, además, al propio Borja, que viajaba hacia Buenos Aires. Esta distinción es fundamental: la Real Orden del 3 de octubre no afirma que Borja fuese destinado personalmente a Malvinas, sino a Buenos Aires; su historia queda vinculada al archipiélago porque su traslado formaba parte del mismo despliegue naval y técnico que aparece documentado en aquellos expedientes. La historiografía especializada lo sitúa llegando al Río de la Plata en 1767 e incorporándose al grupo de ingenieros militares que actuaban en la región, con funciones posteriores en Montevideo. Así, aquellos 800 pesos anuales dejan de ser una cifra perdida entre papeles coloniales: detrás de ellos aparecen ingenieros, fortificaciones, fragatas, instrumentos científicos, oficiales, cajas reales, Buenos Aires, Montevideo y las Malvinas enlazados por una misma red de decisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia. La copia conservada y publicada por el Instituto Ravignani de la Universidad de Buenos Aires permite incluso conocer su materialidad: papel común, una hoja de aproximadamente 20 por 30 centímetros, escritura inclinada y buen estado de conservación. Un pequeño documento fechado el 3 de octubre de 1766 que, dos siglos y medio después, continúa mostrando cómo una orden administrativa podía formar parte de una operación mucho mayor destinada a organizar y sostener la presencia española en el extremo austral del continente. #MendozAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaColonial #Malvinas #IslasMalvinas #BuenosAires #ArchivoGeneralDeIndias #DocumentosHistoricos #HistoriaDelRioDeLaPlata #RealHacienda #IngenieriaMilitar #SigloXVIII #MemoriaHistorica #ArgentineHistory #FalklandIslandsHistory #ColonialHistory #HistoricalDocuments #SouthAtlantic #MilitaryEngineering #SpanishEmpire. Fuente: La Real Orden Nº 140 del 3 de octubre de 1766, conservada en la Colección de documentos sobre las Islas Malvinas del Instituto Ravignani-UBA, confirma el destino de José Antonio de Borja a Buenos Aires con un sueldo anual de 800 pesos y remite al legajo 558 del Archivo General de Indias. Otro documento, fechado el 10 de octubre, aclara que Borja viajaba a Buenos Aires y no directamente a Malvinas. Estudios de la Academia Nacional de la Historia y trabajos académicos posteriores aportan contexto sobre su actuación en el Río de la Plata y sobre la administración española iniciada en las islas en 1767. La cartografía vinculada a Felipe Ruiz Puente se conserva también en el Archivo General de Indias/PARES y en la Biblioteca Nacional de España.
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FIQQ 1ZZ, Islas Malvinas (Falkland Islands)
3 DE OCTUBRE DE 1814 - UNA FUGA EN EL CORAZÓN DE CUYO: 14 PESOS, CINCO CABALLOS Y EL MISTERIOSO VIAJE HACIA EL DESAGUADERO (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 3 de octubre de 1814, cuando José de San Martín acababa de asumir la Gobernación Intendencia de Cuyo y la guerra contra el poder realista entraba en una etapa decisiva, en San Luis se escribía una pequeña pero extraordinaria historia que quedó atrapada durante más de dos siglos entre los papeles del Archivo Histórico de Mendoza. Aquel día compareció Juan Pablo Palma, vecino de San Luis, casado y de 28 años, en una sumaria información instruida por el teniente gobernador Vicente Dupuy. La acusación era delicada: haber auxiliado y conducido en su fuga al español europeo Juan Díaz, identificado en la documentación como oficial prisionero del Ejército de Lima y confinado en San Luis por disposición del gobierno revolucionario. El expediente había comenzado por orden del gobernador intendente de Cuyo, que el 22 de septiembre dispuso averiguar la participación de Palma, y la declaración conservada permite reconstruir con sorprendente detalle aquel viaje. Palma reconoció que había llevado a Díaz hasta el Desaguadero, donde entonces funcionaba la posta que articulaba el antiguo Camino Real entre San Luis y Mendoza; el español viajaba acompañado por un chileno cuyo nombre Palma afirmó ignorar y que, según declaró, acababa de llegar desde Buenos Aires. El servicio tuvo un precio concreto: catorce pesos por el trabajo personal de Palma y el alquiler de cinco caballos. El equipaje también quedó registrado: dos cargas, una con pequeños baúles y otra con dos petacas, mientras Díaz llevaba consigo dos trabucos y una espada. La escena resulta extraordinariamente cinematográfica: caballos atravesando la inmensa y árida travesía cuyana, equipajes cargados sobre las monturas, un prisionero español armado, un acompañante desconocido y el Desaguadero como punto decisivo del recorrido. Palma sostuvo durante el interrogatorio que desconocía que Díaz fuese enemigo de la causa revolucionaria y aseguró que este le había mostrado una supuesta licencia especial firmada por Matías Sancho, entonces comandante de San Luis. Según su testimonio, Díaz decía dirigirse a Mendoza para realizar negocios y después regresar a San Luis con la intención de instalar una pulpería. El problema era que las autoridades sostenían que aquel hombre había escapado del confinamiento impuesto por el gobierno. Palma afirmó incluso que ignoraba la fuga, aunque reconoció que su participación en el traslado había terminado siendo conocida en el pueblo. Finalizada su declaración y ratificado todo lo dicho, firmó ante Vicente Dupuy y los testigos José Manuel Riveros y Manuel Moreno Bustos; quedó arrestado en el cuartel del piquete mientras se esperaba la resolución de la autoridad superior. El episodio adquiere todavía mayor dimensión cuando observamos el momento histórico: San Martín había sido nombrado gobernador intendente de Cuyo el 10 de agosto de 1814 y había asumido en septiembre, con jurisdicción sobre Mendoza, San Juan y San Luis; además, apenas un día antes de esta declaración, el 2 de octubre, la derrota de los revolucionarios chilenos en Rancagua había puesto fin a la Patria Vieja y abría una nueva amenaza sobre la frontera cordillerana. En ese escenario, controlar desplazamientos, prisioneros, caballos y caminos no era una cuestión secundaria. Una investigación académica de Melody Vera, presentada en las XIV Jornadas Interescuelas de Historia de la Universidad Nacional de Cuyo, reproduce extensamente este expediente y señala que San Luis recibió numerosos confinados durante aquellos años, mientras sus autoridades mantenían un seguimiento de los prisioneros y de quienes intervenían en sus traslados. La misma investigación documenta que el 25 de octubre Dupuy ya informaba haber recibido instrucciones sobre el tratamiento que debía darse a Juan Díaz tras su regreso a San Luis. Y existe un giro todavía más sorprendente: en 1815 Juan Pablo Palma volvería a aparecer en la documentación, esta vez encargado de conducir hacia Mendoza a Juan José Carrera y su familia, circunstancia que muestra que el episodio de 1814 no significó su desaparición de las funciones de confianza. Así, detrás de una escueta carátula judicial conservada en Mendoza emerge una verdadera escena de frontera: catorce pesos, cinco caballos, armas, una posta perdida en la travesía y un hombre acusado de haber facilitado la huida de un prisionero español en uno de los momentos más delicados de la historia de Cuyo. Fuentes: Archivo Histórico de Mendoza, Época Independiente, Sección Gobierno, 1814, Documento 26, Carpeta 689, folio 67; Melody Vera, “El Realismo en San Luis (1812-1816)”, UNCuyo, 2013; Instituto Nacional Sanmartiniano; y Archivo General de Indias/PARES, documentación histórica y cartográfica sobre el Desaguadero. #MendozAntigua #Mendoza #SanLuis #Desaguadero #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #JoséDeSanMartín #VicenteDupuy #JuanPabloPalma #JuanDíaz #Cuyo #CaminoReal #ArchivoHistórico #IndependenciaArgentina #Efemérides #Historia #MendozaHistory #ArgentineHistory #SanMartin #CuyoHistory #HistoricalArchives #SouthAmericanHistory #IndependenceHistory
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1897: LA “GUERRERA” QUE DESAFIABA EL SUR MENDOCINO — EL ÉPICO VIAJE ENTRE MENDOZA Y SAN RAFAEL ANTES DE LA LLEGADA DEL TREN
En 1897, cuando todavía faltaban seis años para que el ferrocarril llegara a San Rafael, viajar desde la ciudad de Mendoza hacia el sur provincial significaba internarse durante largas horas por caminos de tierra, atravesar extensas llanuras, detenerse en postas y confiar el avance a caballos y coches de mensajería. De aquel mundo desaparecido quedó una extraordinaria fotografía tomada por el geólogo y explorador suizo Leo Wehrli: la Mensajería “Guerrera”, uno de los servicios que comunicaban Mendoza con San Rafael transportando viajeros, correspondencia y noticias en una época en la que las distancias se medían mucho más por el esfuerzo del camino que por los kilómetros. La imagen adquiere todavía mayor valor porque no registra un viaje cualquiera: durante enero de 1897 Wehrli recorría Mendoza junto con los científicos Carl Emanuel Burckhardt y Rudolf Hauthal, vinculados a las exploraciones del Museo de La Plata. Habían partido de Buenos Aires el 12 de enero y, después de pasar por Mendoza, llegaron a San Rafael el día 19; una investigación moderna que reconstruyó aquella expedición identifica precisamente a Burckhardt, Wehrli y Hauthal descansando durante el trayecto realizado a bordo de la Mensajería Guerrera. San Rafael se convertiría luego en la base desde la cual organizaron una formidable campaña científica: el 1 de febrero emprendieron la marcha hacia la cordillera con una caravana de alrededor de 80 animales, estudiando durante meses la geología de los Andes mendocinos y cruzando varias veces hacia territorio chileno. La Guerrera era parte de una red esencial para la vida del sur: una fuente histórica sanrafaelina señala que su recorrido enlazaba Mendoza con Tunuyán y San Carlos, continuando hacia Cuadro Nacional, Colonia Francesa y la antigua Villa de San Rafael; incluso una publicidad de 1900 documentaba un servicio semanal que partía de Mendoza los viernes a las seis de la mañana y regresaba desde el sur los miércoles. Aquellos coches fueron durante años una verdadera arteria de comunicación para comerciantes, pobladores, inmigrantes, funcionarios y viajeros, hasta que el avance ferroviario transformó para siempre las comunicaciones provinciales. El primer tren llegó a San Rafael en noviembre de 1903, inaugurando una nueva etapa económica y social y desplazando progresivamente a las antiguas mensajerías. Por eso esta fotografía de 1897 es mucho más que la imagen de un carruaje detenido en el camino: es el retrato de los últimos años de una Mendoza en la que viajar hacia el sur todavía era una auténtica travesía. La placa pertenece actualmente al extraordinario archivo fotográfico de la ETH-Bibliothek de Zúrich, donde se conserva como “Mensajeria ‘Guerrera’ (Mendoza-San Rafael)”, registro Dia_247-01067; la diapositiva fue posteriormente coloreada por Margrit Wehrli-Frey en 1939, permitiéndonos contemplar con una sorprendente cercanía uno de los medios de transporte que ayudaron a unir el territorio mendocino antes de que los rieles cambiaran definitivamente la historia. #MendozAntigua #Mendoza #SanRafael #MensajeriaGuerrera #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #LeoWehrli #TransporteAntiguo #FotografiaHistorica #HistoriaArgentina #SurMendocino #PatrimonioHistorico #OldMendoza #MendozaHistory #SanRafaelHistory #HistoricPhotography #VintageTransportation #ArgentineHistory #HorseDrawnCarriage #CulturalHeritage - Fuentes: ETH-Bibliothek Zürich, archivo fotográfico de Leo Wehrli y serie de la Mensajería “Guerrera” (registros Dia_247-01067, 01068, 01070 y 01071); Wikimedia Commons; Aguirre-Urreta, Mescua, Vennari y Ramos, “Tras los pasos de Carl E. Burckhardt en los Andes Mendocinos” (2020); Leo Wehrli, Revista del Museo de La Plata; Diario UNO, historia de las primeras mensajerías del sur mendocino; Municipalidad de San Rafael, Museo Ferroviario; y Andrea P. Cantarelli, Universidad Nacional de Cuyo. La serie conserva varias imágenes del recorrido Mendoza–San Rafael realizado por la Mensajería “Guerrera” en 1897.
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2 DE OCTUBRE DE 1965: VALLE GRANDE, EL GIGANTE DE HORMIGÓN QUE DOMÓ LAS AGUAS DEL ATUEL Y TRANSFORMÓ PARA SIEMPRE EL SUR MENDOCINO
El 2 de octubre de 1965, San Rafael vivió una de aquellas jornadas destinadas a quedar grabadas en la historia de Mendoza: con la presencia del presidente de la Nación Arturo Umberto Illia, el vicepresidente Carlos Perette, el gobernador Francisco Gabrielli, el intendente sanrafaelino Tulio Angrimán y autoridades nacionales y provinciales, quedó oficialmente inaugurada la monumental presa de Valle Grande, una obra que cambió para siempre la relación del sur mendocino con las aguas del río Atuel. La construcción había comenzado a fines de la década de 1950 y estuvo a cargo de Sollazzo Hermanos S.A., sobre un proyecto de Agua y Energía Eléctrica. Durante la ceremonia, dos antiguos trabajadores de la obra tuvieron el honor de izar la Bandera Nacional, se entonaron las estrofas del Himno, pronunciaron discursos las autoridades y se descubrió una placa conmemorativa, tras lo cual la comitiva recorrió la gigantesca estructura y llegó hasta su coronamiento para contemplar el extraordinario paisaje del embalse y del Cañón del Atuel. Aquella mole de hormigón de contrafuertes, del tipo Noetzli-Alcorta, alcanza aproximadamente 115 metros de altura y 300 metros de longitud en su coronamiento, empleó unos 700.000 metros cúbicos de hormigón y posee una capacidad de embalse del orden de los 168 hectómetros cúbicos según la ficha técnica actual del Organismo Regulador de Seguridad de Presas. Valle Grande pasó a desempeñar un papel fundamental en la regulación del Atuel, el aprovechamiento del agua para riego y el sistema hidroeléctrico de Los Nihuiles, al tiempo que modificó profundamente el paisaje y abrió una nueva etapa para el turismo sanrafaelino. Conviene precisar que la central ubicada junto a esta presa es Nihuil IV: la instalación hidroeléctrica actual, de unos 30 MW, fue incorporada posteriormente y entró en funcionamiento décadas después de aquella histórica inauguración, por lo que no debe confundirse con la central Nihuil I vinculada al embalse El Nihuil. Con el paso del tiempo, lo que nació como una extraordinaria obra hidráulica terminó convirtiéndose además en uno de los grandes emblemas turísticos de Mendoza: sus aguas verde turquesa, las paredes rocosas del cañón y el serpenteante curso del Atuel forman hoy una de las imágenes más reconocibles de San Rafael, escenario de rafting, kayak, navegación y numerosas actividades de aventura. Más de seis décadas después, Valle Grande continúa siendo mucho más que un dique: es la huella monumental de una época en la que ingeniería, agua y territorio transformaron el corazón del sur mendocino. #MendozAntigua #ValleGrande #SanRafael #Mendoza #RioAtuel #CañonDelAtuel #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #ArturoIllia #FranciscoGabrielli #IngenieriaArgentina #PatrimonioMendocino #DiqueValleGrande #MendozaHistory #ArgentineHistory #ValleGrandeDam #AtuelRiver #SanRafaelMendoza #HistoricMendoza #EngineeringHistory - Fuentes: Organismo Regulador de Seguridad de Presas, ficha técnica oficial del Dique Valle Grande; Gobierno de Mendoza, información sobre el Sistema Hidroeléctrico Los Nihuiles y Nihuil IV; Diario UNO y fuentes históricas de San Rafael sobre la inauguración oficial del 2 de octubre de 1965; y registros oficiales nacionales que confirman que Arturo Illia asumió la Presidencia el 12 de octubre de 1963.
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3 DE OCTUBRE DE 1629 - UNA FIRMA EN CHARCAS QUE MARCÓ A BUENOS AIRES: LA HISTÓRICA APROBACIÓN DE SU CATEDRAL
El 3 de octubre de 1629 quedó registrada una fecha fundamental en los primeros tiempos de la organización eclesiástica de Buenos Aires: el Concilio Provincial reunido en la ciudad de La Plata —la antigua capital de Charcas, actual Sucre, Bolivia, y no la actual ciudad bonaerense de La Plata— aprobó la erección de la Iglesia Catedral de Buenos Aires que años antes había dispuesto fray Pedro Carranza, primer obispo de la nueva diócesis del Río de la Plata. Carranza, carmelita sevillano nombrado por el papa Paulo V el 6 de abril de 1620, había llegado a Buenos Aires en enero de 1621 y encontró una población pequeña, de apenas un centenar de casas, cuya iglesia matriz presentaba condiciones extremadamente precarias. En ese escenario, muy distante de la monumental Catedral Metropolitana que conocemos actualmente, el 12 de mayo de 1622 dictó el auto por el cual erigió formalmente aquella iglesia como Catedral bajo la advocación de la Santísima Trinidad, organizando además su cabildo eclesiástico, dignidades, ministros, culto y administración de las rentas y diezmos. El documento fue proclamado solemnemente el domingo 26 de junio de 1622 ante autoridades civiles y religiosas y numerosos habitantes de la ciudad. Siete años más tarde, durante el Concilio Provincial de Charcas al que el propio Carranza viajó, aquella organización recibió una aprobación trascendental: el 3 de octubre de 1629 el Concilio de La Plata sancionó la erección con determinadas restricciones. Una antigua publicación documental conservó incluso el encabezamiento que identifica inequívocamente la jornada: “Erección de la Santa Yglesia Cathedral de esta Ciudad… aprobada por el Concilio Provincial… en tres de Octubre de 1629”. Pero la historia material del documento es todavía más fascinante. Lo que hoy puede rastrearse con precisión en España no debe confundirse con un supuesto original intacto de 1622 o 1629: el Archivo General de Indias conserva dentro de la serie Audiencia de Buenos Aires un testimonio posterior fechado el 17 de junio de 1769, realizado por Antonio de Herrera, notario mayor del Obispado, que reproduce la erección y la aprobación del Concilio. La referencia archivística señalada por distintas investigaciones es AGI, Buenos Aires, legajo 601. Estudios especializados confirman que allí se encuentra esa copia y que existen además otros testimonios relacionados con aquel expediente. El dato encaja plenamente con la propia organización del Archivo General de Indias: los legajos 593 a 625 de la Audiencia de Buenos Aires corresponden precisamente a documentación eclesiástica fechada entre 1548 y 1819. También es importante una última precisión histórica: la aprobación conciliar de 1629 fue decisiva dentro del ordenamiento eclesiástico, pero durante los siglos siguientes continuaron discusiones jurídicas con la Corona acerca de la validez y aplicación de algunas disposiciones, especialmente las relacionadas con el reparto de los diezmos. Por eso aquel 3 de octubre no representa simplemente una ceremonia religiosa, sino una pieza de un proceso institucional mucho más complejo que comenzó cuando Buenos Aires era todavía una pequeña ciudad colonial y que dejó rastros documentales que, casi cuatro siglos después, permiten reconstruir paso a paso el nacimiento de una de las instituciones religiosas más antiguas de la capital argentina. #BuenosAires #HistoriaArgentina #CatedralMetropolitana #CatedralDeBuenosAires #FrayPedroCarranza #HistoriaColonial #Charcas #ArchivoGeneralDeIndias #DocumentosHistóricos #Efemérides #PatrimonioHistórico #MendozAntigua #ArgentineHistory #BuenosAiresHistory #ColonialHistory #HistoricalDocuments #CathedralHistory #Archives. Fuentes consultadas: Arzobispado de Buenos Aires; José Torre Revello en Archivum de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina; Documentos y planos relativos al período edilicio colonial de Buenos Aires; estudio de Cándido P. Guerrero Soriano, Universidad de Sevilla; Archivo General de Indias, Audiencia de Buenos Aires, especialmente legajo 601 y serie eclesiástica 593-625; y Museo Histórico Nacional. En conjunto, estas fuentes documentan la erección de la Catedral por fray Pedro Carranza en 1622, su aprobación por el Concilio Provincial de Charcas el 3 de octubre de 1629 y la conservación posterior de testimonios documentales vinculados al proceso.
3 DE OCTUBRE DE 1772: SAN CARLOS NACIÓ AL ABRIGO DE UN FUERTE Y ABRIÓ UNA NUEVA PÁGINA EN LA HISTORIA DE MENDOZA
El 3 de octubre de 1772, quedó formalmente fundada la Villa de San Carlos, uno de los acontecimientos decisivos en la ocupación y organización colonial del Valle de Uco y origen histórico del departamento más antiguo de Mendoza. Dos años antes, en 1770, se había levantado en el paraje conocido como La Isla el Fuerte de San Carlos, una avanzada militar de la frontera meridional mendocina que no sólo cumplía funciones defensivas, sino que se encontraba en un territorio donde convivían el conflicto, el comercio, la negociación y los acuerdos entre las autoridades hispanocriollas y distintos grupos indígenas. Aquel 3 de octubre, el corregidor de Cuyo Juan Manuel Ruiz se reunió en el fuerte con autoridades civiles, militares y religiosas para dar forma al nuevo poblado. Entre quienes aparecen vinculados a aquella jornada se encontraban el comandante Gregorio Morel, el capitán e ingeniero José Almeida Gordan y el cura vicario del Valle de Uco Gregorio Álvarez. Ruiz presentó y aprobó el trazado de la futura villa, que debía extenderse hacia el oeste del fuerte, inmediata a sus murallas y bajo la protección de su artillería. Se dispuso entonces la medición del terreno, la organización de la plaza y las calles, la distribución de solares destinados a las viviendas y de cuadras para quintas, siguiendo los principios urbanos empleados por la administración española. No se trataba simplemente de levantar algunas casas: la intención era concentrar a una población hasta entonces dispersa por el valle y establecer un núcleo permanente capaz de articular autoridades, producción, comunicaciones y vida religiosa. Documentación posterior muestra que pocos días después continuó el reparto de tierras entre los nuevos pobladores. Con el paso de los años, aquella pequeña villa de ranchos y chacras se transformaría en uno de los centros fundamentales del Valle de Uco y sería escenario de nuevos capítulos de la historia mendocina, entre ellos el célebre Parlamento de San Martín con caciques pehuenches en 1816, antes de la campaña libertadora. El propio documento fundacional posee además una historia fascinante: durante décadas se supo que el manuscrito original se conservaba en el Archivo Histórico de Córdoba y en 2014 se realizaron gestiones para conseguir su traslado a Mendoza. Aunque inicialmente se anunció que San Carlos recuperaría aquella verdadera “partida de nacimiento”, las informaciones publicadas posteriormente aclararon que el original permaneció en Córdoba por razones de conservación y que se entregaron copias y otra documentación colonial vinculada con la historia sancarlina. Hoy, 254 años después de aquella jornada de 1772, San Carlos conserva en su territorio y en su memoria las huellas de aquel pequeño asentamiento levantado junto a una fortaleza: una villa nacida en los límites de la Mendoza colonial que terminaría convirtiéndose en una de las comunidades históricas más antiguas y emblemáticas de la provincia. #SanCarlos #Mendoza #ValleDeUco #HistoriaDeMendoza #Efemérides #3DeOctubre #VillaDeSanCarlos #FuerteSanCarlos #MendozAntigua #HistoriaArgentina #PatrimonioHistorico #MemoriaHistorica #SanCarlosMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #ValleDeUco #HistoricalHeritage #LocalHistory #OnThisDay #ArgentinaHistory. Fuentes consultadas: Dirección General de Escuelas de Mendoza, Honorable Cámara de Diputados de Mendoza, material histórico-educativo provincial, investigaciones académicas del CONICET y crónicas de Los Andes y Diario UNO sobre la fundación de la Villa de San Carlos, su trazado, reparto de tierras y la historia archivística del acta fundacional.
1897: LA TORRE QUE DOMINABA MENDOZA — EL RELOJ PERDIDO DE PLAZA COBO QUE MARCÓ UNA ÉPOCA
En 1897, cuando la Ciudad de Mendoza todavía estaba construyendo la identidad urbana nacida después del devastador terremoto de 1861, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli apuntó su cámara hacia uno de los símbolos más reconocibles de aquella capital en transformación: la monumental torre del reloj de la entonces Plaza Cobo, actual Plaza San Martín. La extraordinaria fotografía que llegó hasta nuestros días figura en el archivo de la ETH-Bibliothek de Zúrich con el título original alemán “Mendoza, Plaza mit Turm” —“Mendoza, plaza con torre”— y fue realizada sobre una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 x 10 centímetros. La plaza formaba parte del nuevo trazado urbano proyectado después del terremoto por Julio Balloffet y desde 1863 llevaba el nombre de Cobo, en homenaje a Juan Francisco Cobo, recordado por haber introducido el álamo en Mendoza. Hacia 1879 la Municipalidad decidió adquirir un gran reloj público destinado a prestar un servicio fundamental a una ciudad en crecimiento, y para alojarlo se levantó una elevada torre en el centro del paseo. Finalmente inaugurada en 1883, poseía cuatro esferas visibles desde distintos puntos del entorno y sus campanadas terminaron incorporándose de tal manera a la vida cotidiana que los mendocinos comenzaron a llamar espontáneamente al lugar “Plaza del Reloj”. La imagen de Wehrli permite contemplar aquel paisaje desaparecido: senderos de tierra, árboles que ya comenzaban a formar la característica bóveda vegetal mendocina, bancos, faroles y, elevándose sobre todo el conjunto, la torre que durante dos décadas fue una auténtica referencia visual y sonora del centro. Pero aquel símbolo tenía los días contados. En 1903 se resolvió colocar precisamente en ese sitio el monumento ecuestre dedicado al general José de San Martín; la torre fue demolida y el complejo mecanismo del reloj retirado. El 5 de junio de 1904 se inauguró el monumento al Libertador y la antigua Plaza Cobo quedó definitivamente asociada al nombre de Plaza San Martín. Más de un siglo después, aquella torre ya no existe en el paisaje urbano, pero la placa de vidrio realizada por Wehrli conserva algo que ningún plano puede devolver: un instante de la Mendoza de 1897, cuando en el corazón de la ciudad todavía había una torre desde la cual el tiempo parecía gobernar la plaza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #PlazaCobo #PlazaSanMartín #PlazaDelReloj #LeoWehrli #Mendoza1897 #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #CiudadDeMendoza #HistoriaArgentina #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #ClockTower #UrbanHistory #ThenAndNow Fuentes consultadas: ETH-Bibliothek Zürich, colección Leo Wehrli, “Mendoza, Plaza mit Turm”, 1897, registro ETH-Bibliothek_Dia_247-01254, fotografía sobre diapositiva de vidrio de 8,5 × 10 cm. Ciudad de Mendoza, reseña histórica de Plaza San Martín y del reloj de la antigua Plaza Cobo. Los Andes, historia de Plaza San Martín y de la antigua torre del reloj.
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3 DE OCTUBRE DE 1938 - NACE JUAN CARLOS ABRAHAM: EL HOMBRE QUE HIZO BAILAR A SAN JUAN Y CAMBIÓ PARA SIEMPRE SU ESCENA
El 3 de octubre de 1938, hace 88 años, nacía en Pocito, San Juan, Juan Carlos Abraham, una figura fundamental en la construcción de la danza moderna y contemporánea de la provincia. Desde adolescente mostró una sorprendente inclinación por el escenario, ocupándose de organizar y crear coreografías para actos escolares, pero sería hacia fines de la década de 1950 cuando comenzó su formación junto a la reconocida maestra Nebita Alladio. Allí conoció a Violeta Pérez Lobos, quien se transformaría en su gran compañera artística y junto a quien abriría caminos decisivos para generaciones de bailarines sanjuaninos. Abraham fue bailarín, director, coreógrafo y docente del Instituto Superior de Artes, y durante ocho años participó en “San Juan en Alta Visión”, uno de los programas emblemáticos de los primeros tiempos de Canal 8. Su creatividad también llegó a la Fiesta Nacional del Sol: fue coreógrafo de aquellas históricas ediciones realizadas en el Autódromo El Zonda y se le atribuye la iniciativa de aprovechar los cerros como parte monumental del espectáculo. Su obra atravesó el folklore, la danza moderna y las grandes composiciones escénicas. Entre sus creaciones y montajes quedaron “Misa Luba”, “Febrero 30”, “Cineydesis”, “Cantata Sudamericana” y, especialmente, “Carmina Burana”, estrenada en 1977 en el entonces Salón Cultural Sarmiento. Aquella versión, protagonizada por Abraham y Violeta Pérez Lobos, resultó tan impactante para el público sanjuanino que debió agregarse una tercera función y, casi medio siglo después, continúa siendo recuperada y repuesta como parte del patrimonio coreográfico provincial. Otro de sus desafíos más ambiciosos fue llevar al Anfiteatro del Auditorio Juan Victoria la “Cantata Sanmartiniana” de Julio Perceval, sobre textos de Leopoldo Marechal, reuniendo a la Orquesta Sinfónica, el Coro Universitario e incluso a Granaderos a Caballo en una puesta de enorme dimensión. Junto a Pérez Lobos fundó a mediados de los años sesenta el espacio de danza “Alba”, que posteriormente adoptó el nombre de Estudio Coreográfico Argentino y se convirtió en una verdadera escuela de formación artística. Su trayectoria también incluyó la participación como jurado del Festival Nacional del Folclore Infantil de La Cumbre, Córdoba. Su vida terminó inesperadamente el 22 de mayo de 1987, cuando tenía apenas 48 años: se encontraba en Trelew, Chubut, desarrollando actividades docentes, cuando sufrió un aneurisma de aorta. Su muerte interrumpió una carrera todavía llena de proyectos, pero no consiguió detener aquello que había puesto en movimiento. Décadas después, sus coreografías continúan regresando a los escenarios, sus discípulos mantienen viva su enseñanza y su nombre permanece unido a una época en la que la danza sanjuanina se atrevió a romper moldes. Juan Carlos Abraham no solamente bailó: creó lenguaje, escuela y memoria. #JuanCarlosAbraham #SanJuan #Pocito #DanzaArgentina #HistoriaDeSanJuan #DanzaContemporánea #CulturaSanjuanina #CarminaBurana #VioletaPérezLobos #EstudioCoreográficoArgentino #Efemérides #HistoriaArgentina #ArgentineDance #DanceHistory #SanJuanArgentina #CulturalHeritage Fuentes consultadas: Fundación Bataller–San Juan al Mundo, biografía “Juan Carlos Abraham. Un pionero de la danza y la coreografía” y efeméride del 3 de octubre. Diario de Cuyo, investigaciones y testimonios sobre “Carmina Burana”, el legado de Abraham y sus últimos días.San Juan al Mundo, historia del Estudio Coreográfico Argentino y trayectoria artística junto a Violeta Pérez Lobos.
🍷🏛️ 3 DE OCTUBRE DE 1622: CUANDO EL CABILDO PUSO PRECIO AL VINO EN LA PEQUEÑA BUENOS AIRES
El 3 de octubre de 1622, cuando Buenos Aires era todavía una pequeña población colonial levantada junto al Río de la Plata, sus autoridades ya discutían un problema que atravesaba la vida cotidiana: cuánto debía pagarse por el vino. Dentro de los documentos que venimos rastreando para esta fecha, este es por ahora uno de los hallazgos exactos más antiguos y aparece registrado en los Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Tomo V, que reúne las actas correspondientes a 1621, 1622 y 1623. La referencia documental conduce directamente a la página 250 y a la sesión del 3 de octubre de 1622, donde el precio del vino volvió a ocupar la atención de los capitulares. No se trataba de una cuestión menor. En aquellas primeras décadas del siglo XVII, el Cabildo intervenía en el abastecimiento y en los precios de numerosos productos esenciales, procurando limitar valores considerados excesivos y responder a períodos de escasez. Los estudios realizados a partir de estas actas muestran que el vino fue una preocupación recurrente: durante aquellos años su valor podía oscilar aproximadamente entre 8 y 16 pesos, dependiendo de su procedencia y de la abundancia o falta del producto. Incluso existen registros anteriores en los que se diferenciaban los vinos llegados desde Castilla, Paraguay, Chile y Córdoba; a comienzos de la década se habían considerado excesivos precios de 14, 12 y 10 pesos por arroba, según el origen, y el Ayuntamiento dispuso reducciones a 12, 8 y 6 pesos respectivamente. Aquella regulación permite asomarnos a una economía muy diferente de la actual, en la que las autoridades municipales intervenían directamente para controlar pesos, medidas, abastecimiento y valores de venta. Buenos Aires tenía entonces apenas 42 años desde su segunda fundación por Juan de Garay, realizada el 11 de junio de 1580, y estaba todavía muy lejos de convertirse en la gran metrópoli que conocemos. Incluso el Cabildo de 1622 no era el monumental edificio colonial que hoy asociamos con la Plaza de Mayo: aquel fue construido más de un siglo después. A comienzos del siglo XVII las reuniones se desarrollaban en una sede muchísimo más humilde, levantada hacia 1608 con paredes de adobe y techo de paja, con apenas un salón para las sesiones y otro espacio utilizado como cárcel. Allí, en una ciudad pequeña y precaria, los capitulares debatían cuestiones que afectaban directamente a sus habitantes, desde el precio del pan y la leña hasta el valor del vino. Y así, escondida entre centenares de páginas de acuerdos municipales, sobrevivió una escena extraordinaria de la vida cotidiana porteña: el 3 de octubre de 1622, hace más de cuatro siglos, el vino llegaba a la mesa del Cabildo y su precio se convertía en asunto de gobierno. Un diminuto registro administrativo que hoy nos permite escuchar, casi intactas, las preocupaciones económicas de aquella Buenos Aires temprana. #MendozAntigua #BuenosAires #CabildoDeBuenosAires #3DeOctubre #HistoriaArgentina #HistoriaColonial #SigloXVII #Vino #HistoriaDelVino #ArchivoGeneralDeLaNacion #DocumentosHistoricos #Efemerides #PatrimonioHistorico #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #ColonialHistory #WineHistory #HistoricalDocuments #HistoricalArchives. Fuentes: Archivo General de la Nación, Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Tomo V, Libros III-IV, 1621-1623, edición de 1908, p. 250, acuerdo del 3 de octubre de 1622; Estudios Históricos, sobre la evolución del precio del vino; Academia Nacional de la Historia; Biblioteca Legislativa y Pública “Eva Perón” del Senado bonaerense, signatura PAS 8 ac T5; Gobierno de la Ciudad y Turismo de Buenos Aires, sobre la fundación y el primer Cabildo porteño. Digitalización completa del volumen disponible en Wikimedia Commons/Internet Archive.
3 DE OCTUBRE DE 1770 - EL DOCUMENTO QUE CAMBIÓ EL DESTINO DE LOS BIENES JESUITAS EN MENDOZA: LA ORDEN DE VÉRTIZ QUE ABRIÓ UNA NUEVA ERA EN 1770
El 3 de octubre de 1770, una comunicación enviada por Juan José de Vértiz y Salcedo, entonces gobernador de Buenos Aires y futuro virrey del Río de la Plata, marcó un punto decisivo en la administración colonial de Mendoza. La nota, dirigida al Cabildo mendocino, transmitía las disposiciones necesarias para organizar la Junta Municipal de Temporalidades, organismo que debía hacerse cargo de la compleja herencia material dejada por la Compañía de Jesús después de su expulsión de los dominios españoles en 1767. Aquellos bienes confiscados recibían el nombre de “temporalidades” y comprendían propiedades urbanas y rurales, edificios, tierras, establecimientos productivos, mobiliario, rentas y otros bienes que hasta entonces habían sostenido buena parte de la actividad religiosa, económica y educativa de los jesuitas. La medida no nació de manera aislada: una Real Cédula de Carlos III del 27 de marzo de 1769 había dispuesto la creación de Juntas Provinciales y Municipales destinadas a intervenir en la administración y venta de los bienes ocupados a la Compañía, mientras nuevas disposiciones de julio de aquel año terminaron de estructurar el sistema. En Mendoza las órdenes llegaron desde Buenos Aires mediante aquella trascendental nota de Vértiz fechada el 3 de octubre de 1770. La Junta mendocina quedaría subordinada a la Junta Provincial de Buenos Aires y comenzó efectivamente su funcionamiento durante 1771. Entre sus responsabilidades estaban revisar inventarios y tasaciones, controlar las cuentas de los administradores, decidir qué bienes podían enajenarse y cuáles debían conservarse para fines religiosos, educativos o de utilidad pública. No se trataba de un patrimonio menor: los jesuitas habían poseído en Mendoza el colegio y su iglesia, propiedades urbanas y establecimientos rurales, además de haciendas vinculadas al Valle de Uco y explotaciones productivas como viñas y bodegas. La educación fue uno de los asuntos más delicados. Después de la expulsión se intentó mantener funcionando en el antiguo colegio una enseñanza pública con maestros que reemplazaran a los religiosos; la documentación estudiada por el historiador mendocino Esteban Fontana registra durante esos años enseñanza de primeras letras, Gramática y Filosofía. Fontana observó además una consecuencia institucional especialmente significativa: en materia de temporalidades, educación y administración de esos recursos, Mendoza comenzó a quedar vinculada directamente con Buenos Aires, varios años antes de que Cuyo fuese incorporado al Virreinato del Río de la Plata en 1776. El documento del 3 de octubre adquiere así una dimensión mucho mayor que la de una simple comunicación burocrática: detrás de aquellas líneas estaba en juego quién administraría las antiguas riquezas jesuíticas, qué destino tendrían sus establecimientos y de qué manera continuaría una parte fundamental de la enseñanza mendocina. La pieza posee además una particularidad archivística extraordinaria: Fontana indicó que la nota de Vértiz quedó acoplada a las Actas Capitulares correspondientes a 1771, aunque el documento lleva inequívocamente la fecha del 3 de octubre de 1770. Más de dos siglos y medio después, aquel papel conservado entre los fondos coloniales permite reconstruir uno de esos momentos silenciosos en los que una firma, una orden y unas pocas páginas comenzaron a modificar la administración, la educación y las relaciones de poder de la Mendoza colonial. FUENTES: Archivo Histórico/General de Mendoza, Época Colonial, Gobierno, Carpeta 15, Actas Capitulares 1761-1774, nota de Juan José de Vértiz del 3 de octubre de 1770. Esteban Fontana, “La obra educativa de la Junta Municipal de Temporalidades de Mendoza”, Revista de Historia Americana y Argentina, UNCUYO. Real Cédula de Carlos III del 27 de marzo de 1769 sobre la creación de Juntas de Temporalidades, conservada en PARES. Ernesto J. A. Maeder, “La administración y el destino de las temporalidades jesuíticas en el Río de la Plata”. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #HistoriaArgentina #MendozaColonial #Jesuitas #CompañíaDeJesús #Temporalidades #JuanJoséDeVértiz #CabildoDeMendoza #ArchivoHistórico #PatrimonioHistórico #HistoriaColonial #MemoriaHistórica #OnThisDay #MendozaHistory #ArgentineHistory #Jesuits #ColonialHistory #HistoricalArchives #CulturalHeritage
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LA AVENIDA SAN MARTÍN QUE EL TIEMPO DEVORÓ: MENDOZA BAJO UN TÚNEL DE ÁRBOLES EN 1897
Hace 129 años, en 1897, el geólogo, explorador y fotógrafo suizo Leo Wehrli dejó congelada en una placa de vidrio una de las imágenes más fascinantes de la Mendoza de fines del siglo XIX: la calle San Martín convertida en una interminable bóveda vegetal. La fotografía, conservada actualmente por la ETH-Bibliothek de Zúrich con el título original “Mendoza, Calle S. Martin”, muestra una calzada todavía dominada por el ritmo pausado de una ciudad sin automóviles, flanqueada por construcciones bajas y por enormes árboles cuyas copas prácticamente se encuentran sobre la calle. El propio archivo suizo describió aquella escena simplemente como “Baum-Allee”, es decir, una avenida o paseo arbolado, una expresión mínima para una imagen que hoy posee un enorme valor documental. La pieza original es una diapositiva fotográfica sobre vidrio de 8,5 x 10 centímetros y pertenece al extraordinario archivo visual de Wehrli. Pero detrás de esta fotografía existe una historia todavía mayor. Leo Wehrli había nacido en Aarau, Suiza, en 1870, se había formado en geología en Zúrich y Berlín y llegó a la Argentina en 1896 para incorporarse a la Sección de Exploraciones Nacionales del Museo de La Plata. Durante 1897 participó, junto con Carl E. Burckhardt y Rudolf Hauthal, en extensas expediciones científicas por los Andes mendocinos y territorios chilenos; sus recorridos, observaciones y fotografías constituyen hoy una fuente excepcional para reconstruir paisajes, caminos y formas de vida de aquella Argentina. Ese mismo año pasó por Mendoza en el contexto de aquellas campañas, dejando numerosas imágenes de la provincia que todavía sobreviven en el archivo de la ETH. La calle retratada tenía además una historia íntimamente relacionada con la reconstrucción de la capital después del terremoto del 20 de marzo de 1861. Durante décadas había sido conocida como calle San Nicolás y se convirtió en uno de los grandes ejes de articulación entre la antigua ciudad colonial y la nueva ciudad levantada hacia el oeste después de la catástrofe. El 5 de octubre de 1883, mediante un acuerdo de la Municipalidad de la Capital, San Nicolás recibió oficialmente el nombre de San Martín. Por eso, cuando Wehrli accionó su cámara en 1897, la arteria llevaba apenas catorce años con la denominación que conserva hasta nuestros días. También era una Mendoza que cambiaba aceleradamente: el ferrocarril había llegado en 1885, la inmigración crecía y la expansión de la vitivinicultura comenzaba a transformar profundamente la economía y el paisaje urbano. Sin embargo, la fotografía todavía conserva algo de aquella ciudad decimonónica: calles tranquilas, tránsito de caballos, fachadas continuas y una vegetación monumental que parecía formar un techo natural sobre la arteria. Más de un siglo después, aquella pequeña diapositiva de vidrio guardada a más de 11.000 kilómetros de Mendoza nos permite volver a caminar, aunque sea con la mirada, por una San Martín desaparecida. No estamos viendo solamente una calle: estamos contemplando un instante irrepetible de la ciudad cuando el siglo XIX comenzaba a despedirse y la Mendoza moderna empezaba lentamente a tomar forma. #MendozAntigua #Mendoza #CalleSanMartin #AvenidaSanMartin #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #LeoWehrli #FotografiaHistorica #ArgentinaAntigua #MemoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #OldMendoza #HistoricMendoza #SanMartinStreet #LeoWehrli #HistoricalPhotography #ArgentinaHistory #UrbanHistory #VintageArgentina. Fuentes: ETH-Bibliothek / ETH Zürich, fotografía original “Mendoza, Calle S. Martin” de Leo Wehrli, 1897 (ETH-Bibliothek_Dia_247-01253); Wikimedia Commons; CONICET, estudio sobre las expediciones de Wehrli y Carl E. Burckhardt en los Andes mendocinos; Revista del Museo de La Plata, informe de la expedición argentino-chilena de 1897; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza, historia urbana y antigua calle San Nicolás; Gobierno de Mendoza, acuerdo municipal del 5 de octubre de 1883 que la rebautizó San Martín; y Universidad Nacional de Cuyo, estudios sobre la transformación urbana, el ferrocarril, la inmigración y el desarrollo vitivinícola de Mendoza.
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