martes, 24 de marzo de 2026

Cuando Buenos Aires olía a sangre y barro: la historia brutal de los Mataderos del Sur antes de convertirse en Parque Patricios


Durante buena parte del siglo XIX, Buenos Aires tuvo tres mataderos principales: norte, oeste y sur. Así lo establecía todavía el Reglamento de los Corrales sancionado el 6 de noviembre de 1834. El llamado Matadero del Sur estaba ubicado en los terrenos comprendidos por las actuales zonas de Caseros, Baigorri, Barracas y Amancio Alcorta, en dirección al antiguo Paso de Burgos. Aquel espacio no era un detalle menor en la vida porteña: era un engranaje central del abastecimiento de carne, pero también un foco constante de suciedad, violencia y desorden urbano. Con el paso del tiempo, la situación se volvió insostenible. En la sesión del 9 de octubre de 1860, la Municipalidad resolvió trasladar los mataderos más al sur y modernizar el sistema de faena. La razón era contundente: la matanza seguía haciéndose a cielo abierto, entre tierra, sol, insectos, barro y agua estancada. Las condiciones sanitarias eran tan malas que las autoridades llegaron a admitir que “la salud pública y la civilización” exigían una reforma profunda. Tras varios trámites, se adquirió un nuevo predio sobre Caseros, entre las actuales Pepirí y Montegudo, y en 1867 se alcanzó un acuerdo con medio centenar de abastecedores para usar los lotes a cambio de mejorar el piso con ladrillos. Aun así, el cambio de lugar no significó de inmediato un cambio de método: la modernización técnica demoró varios años más. El nuevo establecimiento fue finalmente inaugurado el 11 de noviembre de 1872 en la zona que hoy identificamos como Parque Patricios. Ese sector pasó a ser conocido con el tiempo como Corrales Viejos y marcó una etapa de organización superior respecto del viejo matadero de la Convalecencia o del Alto, inmortalizado por Esteban Echeverría en El matadero, donde retrató con crudeza el barro, la sangre y la brutalidad del faenamiento rioplatense. Sin embargo, la verdadera modernización llegó recién el 15 de octubre de 1877, cuando se habilitaron las instalaciones que permitieron abandonar el antiguo sistema primitivo de matar reses en una playa inmunda. Aun así, la historia de los corrales siguió marcada por la precariedad: el gran desborde del Riachuelo en 1884 provocó una fuerte mortandad de animales y aceleró la idea de trasladar el mercado y los mataderos a otra zona más alejada. Por eso hablar de los Mataderos del Sur no es contar una simple curiosidad barrial. Es volver a una Buenos Aires áspera, insalubre y feroz, donde la carne que alimentaba a la ciudad nacía en un paisaje de corrales, cuchillos, barro y sangre. También es recordar que la transformación urbana de la ciudad no fue elegante ni ordenada desde el comienzo: antes de los parques y las avenidas, hubo un mundo brutal que dejó marcas profundas en la geografía, en la literatura y en la memoria porteña. #MataderosDelSur #CorralesViejos #ParquePatricios #BuenosAires #HistoriaPorteña #ElMatadero #Echeverria #Riachuelo #Memoria #MendozAntigua

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