Hubo una Buenos Aires que no olía a café, ni a progreso, ni a elegancia europea: olía a sangre. Durante siglos, los mataderos de la ciudad fueron uno de los paisajes más duros y estremecedores de la vida porteña, al punto de que varios viajeros extranjeros que pasaron por el Río de la Plata entre los siglos XVIII y XIX dejaron por escrito su espanto ante aquellas escenas de faena, violencia animal y rudeza humana. Tu texto rescata justamente ese núcleo más crudo: la impresión de horror que provocaban esos espacios y el carácter salvaje, primitivo e inhumano con que eran percibidos por muchos observadores de la época. Los antecedentes de esos establecimientos se remontan al período colonial. Distintas referencias históricas ubican ya en 1771 la instalación de mataderos para abastecer de carne a Buenos Aires, y uno de los más conocidos funcionó en la zona que después sería identificada como los Corrales o Matadero de Miserere, actual Plaza Miserere. De hecho, un sitio oficial del Estado recuerda que ese lugar llevó durante años nombres como Quinta, Corrales o Matadero de Miserere, una marca clara de cuánto pesó allí la actividad ganadera en la vida cotidiana de la ciudad. Con el paso del tiempo, aquellos mataderos no solo formaron parte del circuito económico porteño: también quedaron grabados en la cultura argentina como símbolo de brutalidad, conflicto y violencia política. No es casual que Esteban Echeverría eligiera precisamente ese universo para escribir “El matadero”, uno de los textos más poderosos de la literatura argentina, redactado en 1841 y publicado recién en 1871, donde ese espacio aparece como metáfora feroz del autoritarismo y la barbarie de época. También hubo otros emplazamientos decisivos. En tiempos de Juan Manuel de Rosas, por ejemplo, funcionó un saladero en Palermo, sobre el arroyo Maldonado, muy cerca de su residencia, lo que muestra hasta qué punto la actividad cárnica estaba integrada a la economía, la política y el paisaje urbano de la Buenos Aires del siglo XIX. Y más tarde, cuando la ciudad siguió expandiéndose, los viejos mataderos fueron desplazados: en 1889 se colocó la piedra fundamental de los nuevos mataderos públicos y en 1900 quedaron inauguradas las instalaciones que darían origen al actual barrio de Mataderos, entonces asociado también con el nombre de Nueva Chicago. Por eso hablar de los antiguos mataderos porteños no es contar una simple curiosidad del pasado. Es asomarse a una Buenos Aires áspera, brutal y contradictoria, donde la riqueza ganadera convivía con escenas que escandalizaban a los visitantes y donde la carne —base de la economía rioplatense— tenía detrás un mundo de sangre, barro, corrales y cuchillos. En esas imágenes incómodas también late una parte decisiva de nuestra historia: la de una ciudad que creció entre el progreso y la barbarie, entre la civilización que soñaba y la violencia que todavía no podía dejar atrás. #BuenosAires #Mataderos #HistoriaArgentina #PlazaMiserere #Rosas #ElMatadero #Memoria #CiudadAntigua #Patrimonio #MendozAntigua
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lunes, 23 de marzo de 2026
La Buenos Aires más brutal: la historia de los mataderos que horrorizaron a viajeros y marcaron la memoria de la ciudad
Hubo una Buenos Aires que no olía a café, ni a progreso, ni a elegancia europea: olía a sangre. Durante siglos, los mataderos de la ciudad fueron uno de los paisajes más duros y estremecedores de la vida porteña, al punto de que varios viajeros extranjeros que pasaron por el Río de la Plata entre los siglos XVIII y XIX dejaron por escrito su espanto ante aquellas escenas de faena, violencia animal y rudeza humana. Tu texto rescata justamente ese núcleo más crudo: la impresión de horror que provocaban esos espacios y el carácter salvaje, primitivo e inhumano con que eran percibidos por muchos observadores de la época. Los antecedentes de esos establecimientos se remontan al período colonial. Distintas referencias históricas ubican ya en 1771 la instalación de mataderos para abastecer de carne a Buenos Aires, y uno de los más conocidos funcionó en la zona que después sería identificada como los Corrales o Matadero de Miserere, actual Plaza Miserere. De hecho, un sitio oficial del Estado recuerda que ese lugar llevó durante años nombres como Quinta, Corrales o Matadero de Miserere, una marca clara de cuánto pesó allí la actividad ganadera en la vida cotidiana de la ciudad. Con el paso del tiempo, aquellos mataderos no solo formaron parte del circuito económico porteño: también quedaron grabados en la cultura argentina como símbolo de brutalidad, conflicto y violencia política. No es casual que Esteban Echeverría eligiera precisamente ese universo para escribir “El matadero”, uno de los textos más poderosos de la literatura argentina, redactado en 1841 y publicado recién en 1871, donde ese espacio aparece como metáfora feroz del autoritarismo y la barbarie de época. También hubo otros emplazamientos decisivos. En tiempos de Juan Manuel de Rosas, por ejemplo, funcionó un saladero en Palermo, sobre el arroyo Maldonado, muy cerca de su residencia, lo que muestra hasta qué punto la actividad cárnica estaba integrada a la economía, la política y el paisaje urbano de la Buenos Aires del siglo XIX. Y más tarde, cuando la ciudad siguió expandiéndose, los viejos mataderos fueron desplazados: en 1889 se colocó la piedra fundamental de los nuevos mataderos públicos y en 1900 quedaron inauguradas las instalaciones que darían origen al actual barrio de Mataderos, entonces asociado también con el nombre de Nueva Chicago. Por eso hablar de los antiguos mataderos porteños no es contar una simple curiosidad del pasado. Es asomarse a una Buenos Aires áspera, brutal y contradictoria, donde la riqueza ganadera convivía con escenas que escandalizaban a los visitantes y donde la carne —base de la economía rioplatense— tenía detrás un mundo de sangre, barro, corrales y cuchillos. En esas imágenes incómodas también late una parte decisiva de nuestra historia: la de una ciudad que creció entre el progreso y la barbarie, entre la civilización que soñaba y la violencia que todavía no podía dejar atrás. #BuenosAires #Mataderos #HistoriaArgentina #PlazaMiserere #Rosas #ElMatadero #Memoria #CiudadAntigua #Patrimonio #MendozAntigua
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