El 5 de mayo de 1817, en las cercanías de Concepción, el coronel Juan Gregorio de Las Heras rechazó y derrotó un ataque realista en el Cerro Gavilán, actual sector conocido como Cerro Amarillo. El combate enfrentó a las fuerzas patriotas del Ejército Unido Libertador —integrado por tropas del Ejército de los Andes y contingentes chilenos— contra los realistas dirigidos por José Ordóñez, con la participación de columnas comandadas por oficiales como Antonio Morgado. Fue una acción clave de la llamada Patria Nueva chilena, pocos meses después del triunfo patriota en Chacabuco. La batalla se produjo en un momento decisivo. Después de la victoria de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, las fuerzas realistas que no habían sido destruidas se replegaron hacia el sur, especialmente hacia Talcahuano, un puerto fortificado que seguía siendo un foco de resistencia española. Por esa razón, San Martín envió una división al mando de Las Heras para perseguir y contener a los enemigos en la zona de Concepción. En esa campaña, Las Heras ya había obtenido triunfos importantes en Curapaligüe y luego en Cerro Gavilán. Las Heras había tomado una posición defensiva ventajosa en el Cerro Gavilán, desde donde podía controlar los movimientos realistas entre Concepción y Talcahuano. Sin embargo, sabía que su situación era delicada: los españoles habían recibido refuerzos enviados desde el Perú y Ordóñez decidió atacar antes de que los patriotas fueran auxiliados por Bernardo O’Higgins. La Academia de Historia Militar de Chile señala que el jefe realista planeó ataques simultáneos contra distintos puntos del campamento patriota para impedir una respuesta coordinada. Al amanecer del 5 de mayo, cerca de las seis de la mañana, las columnas realistas comenzaron a avanzar. La artillería patriota abrió fuego y logró frenar momentáneamente el empuje enemigo, pero el combate se volvió intenso. Ordóñez buscaba quebrar las defensas de Las Heras y abrir paso hacia Concepción, mientras otra fuerza realista intentaba golpear por el flanco derecho patriota. En ese sector se destacó Ramón Freire, quien resistió con firmeza y cargó a la bayoneta contra la columna adversaria, desorganizando el ataque. La lucha fue dura y por momentos incierta. Los realistas intentaron combinar ataques terrestres con movimientos desde la zona del Biobío, pero no lograron romper la defensa patriota. La llegada oportuna de refuerzos vinculados a la división de O’Higgins terminó de inclinar la situación. Hacia las diez de la mañana, el ataque español había fracasado y las tropas de Ordóñez comenzaron a retirarse hacia Talcahuano. La importancia del Combate de Cerro Gavilán fue mayor que la de una simple escaramuza. Confirmó la capacidad de Las Heras como jefe militar, aseguró momentáneamente el control patriota sobre Concepción y contuvo el intento realista de recuperar terreno en el sur chileno. También demostró que la guerra por la independencia no se resolvía solo en grandes batallas como Chacabuco o Maipú, sino también en acciones estratégicas capaces de impedir que el enemigo reorganizara sus fuerzas. Juan Gregorio de Las Heras ya tenía una trayectoria destacada antes de esta campaña. Había combatido en las Invasiones Inglesas, se incorporó al proceso revolucionario desde 1810 y pasó a Chile con fuerzas auxiliares argentinas años antes del Cruce de los Andes. El Instituto Nacional Sanmartiniano lo recuerda como uno de los grandes guerreros de la independencia sudamericana. Por eso, el triunfo del 5 de mayo de 1817 debe leerse como una pieza fundamental dentro de la estrategia continental de San Martín. Mientras el Ejército Libertador consolidaba la independencia de Chile y preparaba el camino hacia el Perú, Las Heras sostenía el frente sur, golpeaba a los realistas y evitaba que Talcahuano se transformara en una amenaza inmediata para la causa patriota. Cerro Gavilán fue, en definitiva, una victoria de resistencia, cálculo militar y valentía. En aquella mañana de 1817, Las Heras y sus hombres demostraron que la independencia americana también se defendía cerro por cerro, camino por camino, frente a un enemigo que todavía no estaba dispuesto a entregar el sur del continente. #CerroGavilán #JuanGregorioDeLasHeras #EjércitoDeLosAndes #IndependenciaArgentina #IndependenciaDeChile #SanMartín #OHIggins #RamónFreire #JoséOrdóñez #Talcahuano #Concepción #PatriaNueva #HistoriaArgentina #HistoriaChilena #MendozAntigua #ArgentineHistory #ChileanHistory #LatinAmericanIndependence #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory
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lunes, 4 de mayo de 2026
5 de Mayo de 1817 - Cerro Gavilán: la mañana en que Las Heras frenó a los realistas y salvó el sur de Chile
El 5 de mayo de 1817, en las cercanías de Concepción, el coronel Juan Gregorio de Las Heras rechazó y derrotó un ataque realista en el Cerro Gavilán, actual sector conocido como Cerro Amarillo. El combate enfrentó a las fuerzas patriotas del Ejército Unido Libertador —integrado por tropas del Ejército de los Andes y contingentes chilenos— contra los realistas dirigidos por José Ordóñez, con la participación de columnas comandadas por oficiales como Antonio Morgado. Fue una acción clave de la llamada Patria Nueva chilena, pocos meses después del triunfo patriota en Chacabuco. La batalla se produjo en un momento decisivo. Después de la victoria de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, las fuerzas realistas que no habían sido destruidas se replegaron hacia el sur, especialmente hacia Talcahuano, un puerto fortificado que seguía siendo un foco de resistencia española. Por esa razón, San Martín envió una división al mando de Las Heras para perseguir y contener a los enemigos en la zona de Concepción. En esa campaña, Las Heras ya había obtenido triunfos importantes en Curapaligüe y luego en Cerro Gavilán. Las Heras había tomado una posición defensiva ventajosa en el Cerro Gavilán, desde donde podía controlar los movimientos realistas entre Concepción y Talcahuano. Sin embargo, sabía que su situación era delicada: los españoles habían recibido refuerzos enviados desde el Perú y Ordóñez decidió atacar antes de que los patriotas fueran auxiliados por Bernardo O’Higgins. La Academia de Historia Militar de Chile señala que el jefe realista planeó ataques simultáneos contra distintos puntos del campamento patriota para impedir una respuesta coordinada. Al amanecer del 5 de mayo, cerca de las seis de la mañana, las columnas realistas comenzaron a avanzar. La artillería patriota abrió fuego y logró frenar momentáneamente el empuje enemigo, pero el combate se volvió intenso. Ordóñez buscaba quebrar las defensas de Las Heras y abrir paso hacia Concepción, mientras otra fuerza realista intentaba golpear por el flanco derecho patriota. En ese sector se destacó Ramón Freire, quien resistió con firmeza y cargó a la bayoneta contra la columna adversaria, desorganizando el ataque. La lucha fue dura y por momentos incierta. Los realistas intentaron combinar ataques terrestres con movimientos desde la zona del Biobío, pero no lograron romper la defensa patriota. La llegada oportuna de refuerzos vinculados a la división de O’Higgins terminó de inclinar la situación. Hacia las diez de la mañana, el ataque español había fracasado y las tropas de Ordóñez comenzaron a retirarse hacia Talcahuano. La importancia del Combate de Cerro Gavilán fue mayor que la de una simple escaramuza. Confirmó la capacidad de Las Heras como jefe militar, aseguró momentáneamente el control patriota sobre Concepción y contuvo el intento realista de recuperar terreno en el sur chileno. También demostró que la guerra por la independencia no se resolvía solo en grandes batallas como Chacabuco o Maipú, sino también en acciones estratégicas capaces de impedir que el enemigo reorganizara sus fuerzas. Juan Gregorio de Las Heras ya tenía una trayectoria destacada antes de esta campaña. Había combatido en las Invasiones Inglesas, se incorporó al proceso revolucionario desde 1810 y pasó a Chile con fuerzas auxiliares argentinas años antes del Cruce de los Andes. El Instituto Nacional Sanmartiniano lo recuerda como uno de los grandes guerreros de la independencia sudamericana. Por eso, el triunfo del 5 de mayo de 1817 debe leerse como una pieza fundamental dentro de la estrategia continental de San Martín. Mientras el Ejército Libertador consolidaba la independencia de Chile y preparaba el camino hacia el Perú, Las Heras sostenía el frente sur, golpeaba a los realistas y evitaba que Talcahuano se transformara en una amenaza inmediata para la causa patriota. Cerro Gavilán fue, en definitiva, una victoria de resistencia, cálculo militar y valentía. En aquella mañana de 1817, Las Heras y sus hombres demostraron que la independencia americana también se defendía cerro por cerro, camino por camino, frente a un enemigo que todavía no estaba dispuesto a entregar el sur del continente. #CerroGavilán #JuanGregorioDeLasHeras #EjércitoDeLosAndes #IndependenciaArgentina #IndependenciaDeChile #SanMartín #OHIggins #RamónFreire #JoséOrdóñez #Talcahuano #Concepción #PatriaNueva #HistoriaArgentina #HistoriaChilena #MendozAntigua #ArgentineHistory #ChileanHistory #LatinAmericanIndependence #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory
5 de Mayo de 1950 - Don Pancho Baigorrí: el riojano que dejó su marca en la política, la prensa y la educación (Imagen Ilustrativa)
El 5 de mayo de 1950 murió en La Rioja don Francisco Baigorrí, más conocido como “Don Pancho”, una figura intensa y multifacética de la vida pública riojana durante las primeras décadas del siglo XX. Había nacido en esa misma provincia el 8 de agosto de 1878 y falleció a los 71 años. Baigorrí no fue un personaje de una sola actividad. Fue periodista, docente, político, historiador, polemista, farmacéutico y bioquímico, formado en la Universidad de Buenos Aires. Esa combinación de saber científico, vocación intelectual y compromiso público lo convirtió en una personalidad singular dentro de la sociedad riojana de su tiempo. Como periodista, fue recordado como un hombre de pluma firme y discusión apasionada. Fundó, entre otros periódicos, La Democracia, y se destacó como un polemista directo, ágil y rotundo. También publicó trabajos en la revista de la Junta de Historia y Letras de La Rioja, institución de la que fue uno de sus fundadores, lo que muestra su interés por estudiar y preservar la memoria cultural de la provincia. Su actividad política también fue relevante. Militó en el radicalismo y llegó a fundar el Principismo, corriente riojana vinculada al antipersonalismo. Investigaciones sobre los opositores radicales a Yrigoyen señalan que los “principistas”, liderados por Francisco Baigorrí y José López González, proponían medidas de fuerte contenido social: leyes antilatifundistas, fomento de cooperativas de producción y consumo, reconocimiento de los sindicatos y jornada laboral de ocho horas. En 1924, Baigorrí encabezó en La Rioja un movimiento revolucionario apoyado por el sanjuanino Federico Cantoni. El programa de esa rebelión fue denunciado por sus adversarios como de inspiración comunista, y la intervención federal repuso luego al gobernador desplazado. También tuvo una fuerte vocación educativa. Fue rector del Colegio Nacional y de la Escuela Normal Castro Barros, instituciones centrales en la formación de generaciones riojanas. La Melesca lo describe como un “docente de alma”, conferencista, hombre culto y caballero de enorme influencia social. Su mirada intelectual alcanzó incluso temas de lengua, cultura regional e identidad popular. Un artículo de 1921 en Caras y Caretas, firmado por Francisco Baigorrí y titulado “El quichua y la tonada provinciana”, aparece citado en estudios sobre las tonadas del interior argentino, donde se lo recuerda por vincular la persistencia del quichua con ciertas formas de acentuación regional. Por eso, recordar a Francisco Baigorrí es rescatar a uno de esos hombres públicos del interior argentino que atravesaron varios mundos a la vez: la escuela, el periódico, la tribuna política, la historia local y la cultura popular. “Don Pancho” no solo vivió en La Rioja: ayudó a pensarla, discutirla, escribirla y formar a sus generaciones. #FranciscoBaigorrí #DonPanchoBaigorrí #LaRioja #HistoriaRiojana #HistoriaArgentina #Radicalismo #Principismo #PrensaRiojana #EducaciónArgentina #ColegioNacional #EscuelaNormalCastroBarros #JuntaDeHistoriaYLetras #MendozAntigua #ArgentineHistory #LaRiojaHistory #PoliticalHistory #LocalHistory #HistoricPress #EducationHistory
5 de Mayo de 1905 - El Imparcial: el periódico que durante 84 años le tomó el pulso a General Belgrano
El 5 de mayo de 1905 comenzó a editarse en la ciudad de General Belgrano, provincia de Buenos Aires, el periódico El Imparcial, una publicación que se convertiría en una de las voces más persistentes de la vida local bonaerense. La efeméride aparece registrada en cronologías históricas argentinas como el día en que empezó a publicarse este medio en la ciudad cabecera del partido homónimo. El valor de El Imparcial no está solo en su fecha de aparición, sino en su extraordinaria continuidad. El Centro de Estudios Históricos e Información Parque de España señala que el periódico se publicó entre 1905 y 1989, lo que lo convierte en la serie de prensa de mayor duración de General Belgrano. Sus páginas reflejaron durante décadas la vida política, social y comercial del distrito del centro-este bonaerense. En sus primeros años, el periódico acompañó a una comunidad que todavía estaba consolidando su identidad urbana e institucional. General Belgrano había crecido alrededor de la antigua estación Salado, del Ferrocarril del Sud, y a fines del siglo XIX fue tomando forma como pueblo y luego como partido. En ese contexto, la prensa local cumplía un papel fundamental: informaba, opinaba, registraba acontecimientos, difundía avisos comerciales y ayudaba a construir memoria colectiva. Investigaciones académicas sobre prensa local señalan que El Imparcial nació en 1905 bajo la dirección de Tomás Pico y Francisco Marquié, en formato sábana, con aparición semanal los domingos. Se presentaba como una publicación de intereses generales, literaria, social y noticiosa, es decir, un periódico pensado para acompañar la vida cotidiana de una comunidad del interior bonaerense. Durante buena parte del siglo XX, medios como El Imparcial fueron mucho más que simples hojas impresas. En pueblos y ciudades del interior, el periódico local funcionaba como archivo vivo: allí quedaban las noticias municipales, los debates políticos, los reclamos vecinales, los avisos de comercios, los nacimientos, los fallecimientos, las fiestas, las instituciones, las obras públicas y los cambios sociales. Por eso, sus ejemplares son hoy una fuente valiosa para reconstruir la historia de General Belgrano. El Museo Municipal “Alfredo E. Múlgura” conserva importantes colecciones de prensa histórica de la localidad, y los ejemplares digitalizados de El Imparcial abarcan el período 1905-1930, con más de 12.000 imágenes registradas en el relevamiento del CEHIPE. Ese fondo documental permite observar cómo una ciudad se narró a sí misma durante las primeras décadas del siglo XX. Así, la aparición de El Imparcial el 5 de mayo de 1905 no fue apenas el inicio de un periódico: fue el nacimiento de una memoria impresa. Durante 84 años, sus páginas acompañaron la vida de General Belgrano y dejaron testimonio de una Argentina de pueblos, estaciones ferroviarias, comercios, sociedades de inmigrantes, política local y vecinos que encontraban en la prensa una forma de reconocerse como comunidad. #ElImparcial #GeneralBelgrano #BuenosAiresProvincia #PrensaHistórica #PeriodismoArgentino #HistoriaBonaerense #PueblosBonaerenses #PeriódicosAntiguos #MemoriaLocal #MuseoAlfredoMulgura #HistoriaArgentina #MendozAntigua #HistoricPress #ArgentineHistory #LocalNewspapers #OldArgentina #BuenosAiresHistory #JournalismHistory #CommunityHistory
5 de mayo de 1815 - Cuando Rondeau entró en Potosí: la ilusión libertadora que buscó abrir el camino al Alto Perú
El 5 de mayo de 1815, el general José Rondeau ocupó Potosí, en el actual territorio de Bolivia, al frente de las fuerzas libertadoras del Ejército del Norte. La efeméride es recordada por El Historiador como uno de los hechos destacados de aquella jornada, en plena guerra por la independencia sudamericana. En aquel momento, Potosí no era una ciudad cualquiera. Había sido uno de los centros mineros más ricos del mundo hispánico y conservaba un enorme valor político, económico y simbólico. Tomar Potosí significaba avanzar sobre el corazón del Alto Perú, una región decisiva para las Provincias Unidas del Río de la Plata, tanto por sus recursos como por su ubicación estratégica en la lucha contra el poder realista. La entrada de Rondeau formó parte de la llamada Tercera Expedición Auxiliadora al Alto Perú, iniciada a comienzos de 1815. El Ejército Auxiliar avanzó desde Jujuy hacia el norte, siguiendo el camino de la Quebrada de Humahuaca, con el objetivo de sostener la revolución en territorio altoperuano y apoyar a los caudillos locales que hostilizaban a las fuerzas realistas. La campaña venía cargada de expectativas. Después de los duros reveses sufridos por los patriotas en Vilcapugio y Ayohuma, el avance sobre Potosí parecía devolver aire a la causa revolucionaria. Las fuerzas de Rondeau lograron ocupar ciudades importantes, mientras el general realista Joaquín de la Pezuela reorganizaba sus tropas y preparaba la contraofensiva. Algunas reconstrucciones históricas sitúan el ingreso patriota a Potosí en los primeros días de mayo de 1815, dentro de ese avance que también proyectó la ocupación de Chuquisaca. José Rondeau era una figura de peso en el proceso independentista. Había combatido en la Banda Oriental, participado en el sitio de Montevideo y llegó a ser jefe del Ejército del Norte. También ocupó cargos políticos relevantes, incluida la dirección suprema de las Provincias Unidas. Sin embargo, su campaña altoperuana quedó marcada por un contraste dramático: comenzó con avances esperanzadores, pero terminó meses después con una derrota decisiva. El problema de fondo era que el Alto Perú representaba uno de los escenarios más difíciles de la guerra. La distancia, la altura, el clima, las comunicaciones complicadas, la resistencia realista y la falta de apoyo uniforme de las poblaciones locales convertían cada campaña en una empresa enorme. El Historiador señala que los fracasos de Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma y finalmente Sipe-Sipe demostraron las enormes dificultades de avanzar hacia Lima por esa ruta norteña. La ocupación de Potosí, por eso, fue un triunfo momentáneo dentro de una campaña muy compleja. El desenlace llegaría el 29 de noviembre de 1815, cuando las tropas patriotas comandadas por Rondeau fueron derrotadas en la batalla de Sipe-Sipe o Viluma. Argentina.gob.ar recuerda que esa derrota provocó luego el reemplazo de Rondeau por Manuel Belgrano al frente del Ejército del Norte. Aquel golpe cambió el rumbo de la estrategia independentista. Después de Sipe-Sipe, quedó prácticamente cerrado el camino de avanzar hacia el Perú por el Alto Perú. Esa realidad reforzó la visión de José de San Martín, quien entendió que la independencia sudamericana debía buscarse por otra vía: cruzar los Andes, liberar Chile y desde allí atacar el poder español en el Perú. Así, la ocupación de Potosí del 5 de mayo de 1815 fue mucho más que un episodio militar. Fue uno de los últimos grandes intentos rioplatenses por sostener la revolución en el Alto Perú. Una escena de esperanza patriota, marcada por el brillo simbólico de Potosí, pero también por la fragilidad de una campaña que pocos meses después revelaría los límites del avance por el norte. #JoséRondeau #Potosí #AltoPerú #EjércitoDelNorte #IndependenciaArgentina #HistoriaArgentina #GuerrasDeIndependencia #SipeSipe #Viluma #ProvinciasUnidas #Bolivia #Mayo1815 #MendozAntigua #ArgentineHistory #BolivianHistory #LatinAmericanIndependence #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory #HistoricBattles
5 de Mayo de 1906 - Fraga, el pueblo puntano que nació entre fortines, ferrocarril y sueños de colonia agrícola
El 5 de mayo de 1906 se fundó oficialmente la localidad de Fraga, en la provincia de San Luis, perteneciente al departamento Coronel Pringles. Hoy se la ubica a la altura del kilómetro 730 de la Autopista de las Serranías Puntanas, a unos 55 kilómetros de la capital provincial y a 35 kilómetros de Villa Mercedes. Antes de llamarse Fraga, la zona fue conocida como Las Piedritas, luego como Fortín Las Piedritas y más tarde como Fortín Fraga. Los orígenes del lugar se remontan a mediados del siglo XIX, cuando aquellas tierras eran fiscales. En 1856, el coronel Manuel Baigorria solicitó al gobierno puntano la venta de un terreno denominado Las Piedritas, ubicado en la margen derecha del río Quinto. El sitio era conocido como La Bajada del Jumecito y Baigorria buscaba destinarlo a la actividad ganadera. Algunas investigaciones señalan que parte de esas tierras le fueron concedidas gratuitamente por la Sala de Representantes de San Luis. La región tuvo también un fuerte pasado de frontera. Durante la segunda mitad del siglo XIX, el área fue zona de paso de pueblos originarios y escenario de fortines destinados a controlar los caminos y proteger el tránsito de carretas y viajeros. El antiguo fortín recibió luego el nombre de Fraga en homenaje al coronel Manuel del Tránsito Fraga, militar del Ejército Argentino fallecido el 22 de septiembre de 1866 en la batalla de Curupaytí, durante la Guerra del Paraguay. El gran cambio llegó con el ferrocarril. El 1 de agosto de 1881 se inauguró la extensión ferroviaria entre Villa Mercedes y Fraga; al año siguiente avanzaron los tramos hacia Chorrillos y San Luis. Con la estación del Ferrocarril Central Buenos Aires al Pacífico, comenzó a formarse un nuevo núcleo poblacional, distinto del viejo fortín ubicado cerca del río Quinto. El tren trajo movimiento, colonos, comercio, transporte de frutos y una nueva organización territorial. En 1904, el Banco Nacional en liquidación entregó al Ministerio de Agricultura de la Nación una extensa superficie de tierras en las inmediaciones de Fraga para su colonización. Eran cerca de 29.784 hectáreas, consideradas aptas para organizar una colonia agrícola-pastoril. Al año siguiente, Carlos Dale donó a la provincia 44 hectáreas destinadas a la fundación definitiva del pueblo. La traza urbana y la ubicación fueron fijadas por el ingeniero José H. Moyano, cuyos planos dieron forma al nuevo asentamiento. Finalmente, el 5 de mayo de 1906, el gobernador puntano Benigno Rodríguez Jurado firmó el decreto que declaró “formado el pueblo” de Fraga. Desde entonces, aquella zona de tierras fiscales, fortines y estación ferroviaria comenzó a consolidarse como una comunidad agrícola, ganadera y comercial. Entre sus primeros pobladores hubo inmigrantes italianos, españoles y alemanes, dedicados al trabajo rural, la cría de hacienda, el comercio y los oficios vinculados al crecimiento del pueblo. En los años siguientes, Fraga sumó instituciones y servicios que marcaron su organización social. Se mencionan la subcomisaría en 1906, el nombramiento del primer comisionado municipal hacia 1910, la instalación del Registro Civil en 1911, la venta de los primeros terrenos en 1913 y la inauguración de la Escuela Nacional Nº 44 en 1909, según registros históricos locales. Así, la historia de Fraga no es solo la de una fecha fundacional. Es la transformación de un espacio de frontera en un pueblo ferroviario, agrícola y ganadero. De Las Piedritas al Fortín Fraga, y del fortín a la estación, su nacimiento resume una etapa clave del interior argentino: la ocupación de tierras fiscales, el avance del tren, la llegada de colonos y la construcción de nuevas comunidades en torno al trabajo rural y la esperanza de progreso. #Fraga #SanLuis #CoronelPringles #HistoriaPuntana #LasPiedritas #FortínFraga #ManuelBaigorria #ManuelFraga #FerrocarrilBAP #VillaMercedes #PueblosArgentinos #HistoriaArgentina #MendozAntigua #ArgentineHistory #SanLuisHistory #RailwayHistory #RuralHistory #HistoricTowns #OldArgentina
5 de mayo de 1917 - Frank Brown y el circo que volvió a levantar la risa donde hoy está el Obelisco
El 5 de mayo de 1917, el célebre payaso y empresario circense Frank Brown inauguró en Buenos Aires su segundo gran circo: el Hippodrome Circus. Estaba ubicado en la zona de Carlos Pellegrini y avenida Corrientes, según la nomenclatura actual, en el sector donde años más tarde se levantaría el Obelisco. Aquel espacio fue recordado como una construcción lujosa, con bóveda vidriada, gran presencia escénica y una frase que resumía el espíritu de Brown: “Aquí se aprende a reír”. La apertura del Hippodrome significó algo más que el regreso de un artista al picadero. Fue una especie de revancha cultural. En 1910, durante los festejos del Centenario, Brown había sufrido la destrucción de su primer gran circo, el Coliseo Frank, instalado en la calle Florida. Aquella carpa fue incendiada por manifestantes que la consideraban una presencia impropia para la ciudad elegante que la elite porteña quería exhibir ante el mundo. El rechazo no se explicaba solo por razones estéticas: el circo de Brown convocaba a un público popular, infantil y diverso, algo que ciertos sectores miraban con desprecio. Frank Brown era, sin embargo, una figura inmensamente querida. Nacido en Inglaterra y radicado en la Argentina desde fines del siglo XIX, se convirtió en uno de los grandes nombres del circo rioplatense. Fue acróbata, clown, empresario y un personaje muy popular entre los chicos, especialmente por su costumbre de repartir caramelos y chocolates durante las funciones. Infobae recuerda que los niños lo llamaban “Flan Bon”, una deformación afectuosa de su nombre, y que su figura quedó asociada a la alegría colectiva de varias generaciones porteñas. El Hippodrome Circus recuperó esa energía. En su pista se mezclaban acrobacias, números ecuestres, humor, música, destreza física y espectáculos pensados para grandes y chicos. Cuando Brown no utilizaba la sala para sus funciones, el lugar también podía alquilarse para otros eventos, como peleas de boxeo, exposiciones y distintos espectáculos públicos, lo que lo convirtió en un espacio versátil dentro de la vida urbana porteña. Pero el nuevo circo también tuvo una vida breve. Permaneció activo apenas siete años. En 1924, las obras y proyectos vinculados a la modernización del centro porteño, el futuro trazado de la avenida 9 de Julio, la Diagonal Norte y la Plaza de la República, llevaron a la demolición del Hippodrome. La ciudad que primero había rechazado la carpa popular de Brown y luego había reído bajo su nueva cúpula, terminó borrando aquel edificio para abrir paso a la Buenos Aires monumental del siglo XX. Por eso, la historia del Hippodrome Circus no es solo una anécdota circense. Es el relato de una Buenos Aires en tensión entre lo popular y lo aristocrático, entre la risa de los chicos y la solemnidad del Centenario, entre la carpa del payaso y la ciudad moderna que soñaba con avenidas, monumentos y grandes perspectivas urbanas. Frank Brown volvió a levantar su circo donde después se alzaría el Obelisco, y durante unos años ese rincón porteño fue, antes que postal monumental, territorio de carcajadas, caramelos y asombro. #FrankBrown #HippodromeCircus #CircoArgentino #HistoriaDeBuenosAires #Obelisco #AvenidaCorrientes #CarlosPellegrini #ColiseoFrank #Centenario1910 #BuenosAiresAntigua #CircoCriollo #MendozAntigua #ArgentineCircus #OldBuenosAires #VintageCircus #CircusHistory #BuenosAiresHistory #PopularCulture #HistoricArgentina
5 de Mayo de 1813 - El día en que la Revolución de Mayo se volvió fiesta de todos: la Asamblea del Año XIII y el nacimiento de las Fiestas Mayas
El 5 de mayo de 1813, la Asamblea General Constituyente y Soberana, más recordada como la Asamblea del Año XIII, tomó una decisión cargada de sentido político y simbólico: declaró al 25 de Mayo como fiesta cívica anual en memoria de la Revolución de 1810. A partir de esa resolución, cada aniversario de Mayo debía conmemorarse en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata mediante celebraciones públicas que pasarían a conocerse como Fiestas Mayas. La medida no fue un simple feriado. En un país que todavía no había declarado formalmente la independencia ni sancionado una constitución, la Asamblea buscaba construir símbolos comunes, fortalecer la memoria revolucionaria y dar forma a una identidad política propia. Por eso, la conmemoración del 25 de Mayo se integró a un conjunto más amplio de decisiones destinadas a afirmar la soberanía popular, crear emblemas patrios y consolidar la idea de una nueva comunidad política rioplatense. Educ.ar destaca que la Asamblea impulsó medidas como la creación y valorización de símbolos patrios, entre ellos el himno, el escudo y la instauración del 25 de Mayo como fiesta cívica. La Asamblea del Año XIII había comenzado a sesionar el 31 de enero de 1813, convocada por el Segundo Triunvirato. Aunque no logró declarar la independencia ni dictar una constitución, produjo reformas de enorme importancia: estableció la libertad de vientres, suprimió títulos de nobleza, abolió la Inquisición, eliminó instrumentos de tortura, promovió la libertad de prensa y reemplazó signos monárquicos por símbolos propios de las Provincias Unidas. La decisión de declarar fiesta cívica el 25 de Mayo también ayudó a transformar una jornada política en una celebración popular. Las llamadas Fiestas Mayas reunían actos oficiales, ceremonias, música, iluminación, bailes, salvas, reuniones públicas y distintas expresiones de adhesión patriótica. No solo recordaban la creación de la Primera Junta de 1810: también buscaban enseñar, emocionar y legitimar el proceso revolucionario ante la sociedad. Estudios históricos sobre estas celebraciones señalan que las fiestas públicas fueron herramientas centrales para construir legitimidad política en Buenos Aires y en las Provincias Unidas. Por eso, aquel decreto del 5 de mayo de 1813 fue mucho más que una disposición administrativa. Fue el momento en que la Revolución de Mayo empezó a tener una fecha oficial de memoria colectiva. Desde entonces, el 25 de Mayo dejó de ser solo un recuerdo de los protagonistas de 1810 para convertirse en una celebración cívica destinada a todo el pueblo: una ceremonia anual para afirmar la libertad, la soberanía y el nacimiento político de una nueva patria. #AsambleaDelAñoXIII #FiestasMayas #25DeMayo #RevoluciónDeMayo #HistoriaArgentina #ProvinciasUnidas #Patria #SoberaníaPopular #MayoDe1810 #EfeméridesArgentinas #MendozAntigua #ArgentineHistory #MayRevolution #CivicHistory #IndependenceHistory #LatinAmericanHistory #HistoricArgentina
5 de Mayo de 1893, nace Ivo Pelay: el hombre que escribió teatro, tango y Vendimia con pulso popular
El 5 de mayo de 1893 nació Ivo Pelay, seudónimo artístico de Guillermo Juan Robustiano Pichot, en La Plata, provincia de Buenos Aires —algunas referencias lo ubican específicamente en Ensenada, por entonces vinculada al partido platense—. Fue letrista, autor teatral, periodista, guionista, director y hombre de radio, una figura enorme de la cultura popular argentina del siglo XX. Murió en Buenos Aires el 28 de agosto de 1959. La imagen adjunta muestra un retrato en blanco y negro, de rasgos sobrios y gesto serio, que remite a la estética de las viejas galerías de autores teatrales y compositores de tango. Detrás de ese rostro aparece un creador incansable: en 1911, cuando todavía era muy joven, estrenó su primera obra, “Mala vida”, en el Teatro Nacional. Desde entonces desarrolló una producción teatral extraordinaria, con alrededor de 200 piezas estrenadas, entre dramas, sainetes, comedias, revistas musicales y juguetes cómicos. Pelay fue un verdadero trabajador de la escena. Escribió solo y también en colaboración con autores importantes de su tiempo, como Florentino Iriarte, Antonio Botta, Alberto Ballestero, Ricardo Hicken, Francisco Payá y Pascual Contursi, entre otros. Su teatro se movía con facilidad entre el humor porteño, el costumbrismo, la sátira social, el melodrama y el espectáculo musical, en una época en la que los escenarios eran uno de los grandes centros de entretenimiento popular. También dejó una marca profunda en el tango y la canción criolla. Compuso letras para sus propias obras y trabajó junto a músicos de enorme prestigio, entre ellos Gerardo Matos Rodríguez y, especialmente, Francisco Canaro, con quien logró algunos de sus mayores éxitos. Entre sus títulos más recordados aparecen “La muchachada del centro”, “Yo no sé por qué te quiero”, “Adiós pampa mía”, “Casas viejas”, “¿Dónde hay un mango?”, “Los amores con la crisis” y “Me enamoré una vez”. Todo Tango también registra como suya la letra de “Se dice de mí”, milonga con música de Canaro que más tarde quedaría asociada para siempre a Tita Merello. Su actividad no se limitó al teatro y la música. Trabajó en el diario Crítica, publicó versos en revistas, escribió para la radio y también incursionó en el cine. En 1938 dirigió “El diablo con faldas”, película argentina protagonizada por Florencio Parravicini, Celia Gámez y Pedro Maratea, estrenada el 20 de abril de ese año. La relación de Ivo Pelay con Mendoza tuvo un capítulo especial en la Fiesta de la Vendimia. En la década de 1950 realizó guiones y ejerció tareas de dirección dentro de la fiesta mayor de los mendocinos. Registros históricos de Vendimia mencionan su participación en espectáculos de esa década, cuando la celebración todavía combinaba elementos de revista, teatro, música, poesía, desfile y gran puesta escénica. Recordar a Ivo Pelay es rescatar a un autor que atravesó casi todos los lenguajes populares de su época: el escenario, el tango, el diario, la radio, el cine y la fiesta pública. Fue uno de esos creadores capaces de escribir para el público masivo sin perder oficio, ritmo ni sentido teatral. Su nombre pertenece a esa generación que hizo reír, cantar y emocionarse a la Argentina urbana del siglo XX. #IvoPelay #GuillermoPichot #TangoArgentino #TeatroArgentino #FranciscoCanaro #AdiósPampaMía #SeDiceDeMí #TeatroDeRevista #SaineteCriollo #CulturaArgentina #FiestaDeLaVendimia #MendozaAntigua #MendozAntigua #ArgentineTango #ArgentineTheatre #TangoHistory #VintageArgentina #CulturalHistory #OldBuenosAires #MendozaHistory
5 de Mayo de 1925 - Horacio Ballvé: el marino argentino que corrigió brújulas, miró al sur y abrió camino a la ciencia polar
El 5 de mayo de 1925 falleció el capitán de navío Horacio Ballvé, una figura poco recordada pero fundamental en la historia científica y naval argentina. Marino, técnico e inventor, Ballvé dejó su nombre asociado al “deflector Ballvé”, un instrumento magnético creado para compensar los errores de los compases de navegación, un problema que se había vuelto cada vez más importante con la aparición y expansión de los buques de hierro. Como alférez de fragata, y con apenas 23 años, diseñó ese deflector para mejorar la precisión de los compases magnéticos utilizados por la Armada. Su talento técnico llevó a que la Armada Argentina lo enviara a perfeccionarse en magnetismo en el Observatorio de Saint-Maur, en Francia. Allí profundizó conocimientos que luego aplicaría en la navegación, la investigación científica y los estudios geofísicos. Su trabajo alcanzó reconocimiento internacional, al punto de ser condecorado por Francia y Alemania, según registros navales. Pero su aporte más trascendente estuvo ligado al extremo sur argentino. A comienzos del siglo XX, Ballvé impulsó la instalación de un observatorio meteorológico y magnetológico en el grupo de islas Año Nuevo, frente a la costa norte de la Isla de los Estados, en Tierra del Fuego. El proyecto fue aprobado el 25 de septiembre de 1901 y las construcciones se completaron en febrero de 1902; los materiales fueron transportados por el aviso Azopardo. El observatorio funcionó en la Isla Observatorio, perteneciente al grupo Año Nuevo, bajo la conducción de Ballvé. Las observaciones comenzaron en febrero de 1902 y se mantuvieron hasta el 31 de diciembre de 1917, convirtiendo al sitio en un punto clave para los estudios meteorológicos, magnéticos y geofísicos del Atlántico Sur. Aquella iniciativa no fue aislada. Formó parte de un contexto internacional de creciente interés científico por las regiones australes y antárticas. La Argentina se comprometió entonces a establecer un observatorio magnético y meteorológico en la zona de la Isla de los Estados, en sintonía con los planes científicos de comienzos del siglo XX. Ballvé también recomendó fortalecer el estudio y la presencia argentina en las regiones polares. Esa visión contribuyó al envío de José María Sobral junto a la expedición antártica sueca de Otto Nordenskjöld, una experiencia que luego quedaría ligada a los primeros grandes pasos argentinos en la exploración científica del sur. Por eso, recordar a Horacio Ballvé no es solo mencionar a un inventor naval. Es rescatar a uno de los precursores argentinos de la ciencia aplicada al mar, la navegación y las regiones australes. Su deflector ayudó a corregir brújulas; su observatorio ayudó a medir el clima y el magnetismo del extremo sur; y su mirada estratégica anticipó la importancia que la Argentina tendría en la investigación antártica. #HoracioBallvé #ArmadaArgentina #HistoriaArgentina #IslaAñoNuevo #IslaObservatorio #IslaDeLosEstados #TierraDelFuego #CienciaArgentina #AntártidaArgentina #Meteorología #MagnetismoTerrestre #JoséMaríaSobral #HistoriaNaval #MendozAntigua #ArgentineHistory #NavalHistory #PolarScience #AntarcticHistory #ScientificHeritage #MaritimeHistory
“Hay un buen empleo para su hijo”: la publicidad de 1944 que prometía ascenso social desde un aula Pitman
En abril de 1944, en la Ciudad de Mendoza, un pequeño aviso gráfico de las Academias Pitman ofrecía una promesa poderosa para muchas familias: preparar a los jóvenes para conseguir “un buen empleo” en el comercio, de manera rápida y eficaz. La publicidad, de fuerte tono aspiracional, decía en grandes letras: “Hay un buen empleo para su hijo”, y apuntaba directamente a los padres que buscaban para sus hijos una salida laboral concreta en el mundo administrativo. La imagen muestra una estética muy propia de la publicidad de mediados del siglo XX: letras gruesas, mensajes directos, contrastes fuertes y una ilustración simbólica. En el ángulo superior izquierdo aparece una mano señalando un escritorio o mueble de oficina, como si indicara el camino hacia el trabajo estable, moderno y respetable. El aviso no vende solamente un curso: vende una oportunidad de progreso. El texto central sostiene que el hijo podría iniciarse en el comercio con “un buen empleo rápidamente y bien” mediante las Academias Pitman. La propuesta ofrecía formación práctica en saberes muy demandados por oficinas, comercios, empresas y organismos públicos: máquina, es decir, mecanografía; taquigrafía; contabilidad; secretariado y otros conocimientos comerciales que en la imagen se leen parcialmente. Al pie figura la sede: Academias Pitman, Catamarca 6, lo que ubica el anuncio en el circuito educativo y laboral de la Mendoza urbana de 1944. La elección de esas materias no era casual. La taquigrafía, definida por la Real Academia Española como la técnica de escribir tan rápido como se habla mediante signos y abreviaturas, era una habilidad clave para secretarios, empleados administrativos, periodistas, escribientes y personal de oficina. El nombre Pitman remitía al sistema creado por Sir Isaac Pitman, educador inglés que desarrolló un método taquigráfico fonético y publicó en 1837 Stenographic Sound Hand, obra que ayudó a difundir su sistema. En la Argentina, las Academias Pitman se convirtieron en una institución emblemática de la capacitación comercial. Investigaciones académicas señalan que la propuesta que luego se consolidaría como Academias Pitman tuvo sus antecedentes en Buenos Aires desde 1919, se unificó bajo ese nombre hacia 1927 y se expandió durante la década de 1930 con sedes, publicidad gráfica, radio, enseñanza por correspondencia y cursos orientados al empleo administrativo. El aviso mendocino refleja exactamente ese espíritu: cursos breves, prácticos y orientados a conseguir trabajo. Pitman ofrecía conocimientos de mecanografía, estenografía y contabilidad para formar empleados capaces de desempeñarse en oficinas públicas y privadas, en un país donde crecían la burocracia estatal, el comercio, las empresas, los bancos, las compañías de seguros y los escritorios administrativos. Según la investigación de Graciela Queirolo, estos cursos apuntaban a varones y mujeres de sectores trabajadores que buscaban movilidad ocupacional, prestigio social y mejores salarios mediante la capacitación práctica.
Aunque este aviso habla específicamente de “su hijo”, la historia de Pitman también estuvo muy vinculada a la formación laboral femenina, especialmente en tareas de dactilografía, taquigrafía y secretariado. De hecho, los estudios sobre sus publicidades muestran que la institución adaptaba sus mensajes según el público al que se dirigía: en algunos casos interpelaba a jóvenes varones que aspiraban a empleos administrativos de jerarquía; en otros, a mujeres que buscaban insertarse en el mundo de la oficina.
Vista desde hoy, esta publicidad es mucho más que un simple anuncio de cursos. Es una fotografía del deseo de progreso de una época. En la Mendoza de 1944, aprender a escribir a máquina, tomar dictado en taquigrafía, llevar libros contables o desempeñarse como secretario podía significar el ingreso a un mundo laboral nuevo: menos físico, más urbano, más moderno y asociado a la estabilidad de la oficina.
Por eso, este pequeño aviso resume una transformación social profunda. En pocas líneas, condensa la esperanza familiar de ascenso, el prestigio del empleo administrativo, la expansión de la educación práctica y la confianza en que un curso breve podía abrir la puerta a un futuro mejor. En tiempos en que la máquina de escribir era sinónimo de modernidad, Pitman prometía algo mucho más grande que aprender un oficio: prometía entrar al mundo del trabajo con herramientas para avanzar.
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La noche en que Mendoza fue a reírse: Pepe Ratti, “Mamá Liberata” y el viejo Teatro Municipal de 1944
La imagen adjunta corresponde a un antiguo aviso teatral publicado en abril de 1944 en la Ciudad de Mendoza. La pieza promociona en el Teatro Municipal el estreno de la comedia “Llegó Mamá Liberata”, presentada como “la más formidable pieza cómica del año” y anunciada con una promesa directa al público: una obra para reír “a mandíbula batiente”. El diseño del anuncio es típico de la gráfica teatral de mediados del siglo XX: grandes letras inclinadas, estrellas decorativas, recuadros llamativos, precio destacado y el retrato del actor como principal gancho de atracción. En el margen superior se informa que habría función familiar a las 18:30 y función de noche a las 22. También se anuncia para el día siguiente, domingo, una programación reforzada con tres funciones: matiné, familiar y noche. La entrada de platea para la sección familiar aparece marcada en $1,60, un detalle que permite imaginar el teatro como entretenimiento popular y accesible para distintos públicos. El nombre central del aviso es Pepe Ratti, presentado como garantía de éxito. Ratti fue una figura reconocida del teatro argentino: nació en Rosario en 1897, murió en Buenos Aires en 1957, fue hermano de César Ratti y desarrolló una carrera vinculada al teatro y al cine nacional. La base Cine Nacional lo registra como actor y consigna su participación en la película “La virgencita de madera” de 1937. El Instituto Nacional del Teatro también recuerda la importancia del dúo formado por César y José —Pepe— Ratti, una dupla popular dentro de la escena cómica argentina. La obra “Llegó Mamá Liberata” aparece mencionada en registros teatrales como una pieza de René Cossa y Pedro Aleandro, presentada por la Compañía Nacional de Pepe Ratti en circuitos teatrales del país. Su llegada a Mendoza muestra cómo las compañías porteñas y nacionales recorrían el interior con repertorios de fuerte atractivo popular: comedias, sainetes, piezas familiares y espectáculos pensados para convocar a grandes audiencias. El escenario elegido tampoco era menor. El antiguo Teatro Municipal de Mendoza fue uno de los grandes espacios culturales de la provincia. Investigaciones sobre la historia teatral mendocina señalan que Mendoza tuvo una intensa vida escénica y que, por su ubicación entre Buenos Aires y Chile, recibía compañías nacionales y extranjeras que incluían a la provincia en sus giras. Además, el Teatro Municipal fue conocido como el “Coliseo del Pueblo” y llegó a funcionar como un centro privilegiado tanto para representaciones teatrales como para proyecciones cinematográficas. Este aviso, entonces, no es solo una publicidad antigua. Es una pequeña ventana a la Mendoza de 1944: una ciudad que todavía encontraba en el teatro una experiencia colectiva, familiar y popular. En una época sin televisión y con la radio, el cine y el escenario como grandes formas de entretenimiento masivo, una comedia de Pepe Ratti prometía exactamente eso: llenar la sala, provocar carcajadas y convertir una noche común en una fiesta teatral. Décadas después, la imagen conserva el pulso de aquel mundo perdido: el viejo Teatro Municipal, las funciones de matiné, los precios impresos, la estética de los avisos de diario y el brillo de una cartelera que invitaba a los mendocinos a reunirse frente al escenario para reír juntos. #PepeRatti #LlegóMamáLiberata #TeatroMunicipalMendoza #Mendoza1944 #HistoriaDeMendoza #TeatroArgentino #TeatroPopular #ComediaArgentina #MendozaAntigua #CulturaMendocina #AvisosAntiguos #MendozAntigua #ArgentineTheatre #OldMendoza #VintageTheatre #TheatreHistory #HistoricMendoza #ArgentineCulture
20 de Mayo de 1820 - El Termómetro del Día: el primer periódico mendocino que nació en plena tormenta política
El 20 de mayo de 1820, en medio de los primeros sacudones de la llamada anarquía nacional, comenzó una etapa decisiva para la vida pública de Mendoza: ese día apareció El Termómetro del Día, considerado el primer periódico mendocino. Su nacimiento no fue un hecho menor. Ocurrió en un país todavía sin organización estable, después del derrumbe del poder central y en un tiempo marcado por guerras civiles, autonomías provinciales y profundos debates sobre el rumbo político de las antiguas Provincias Unidas. La Batalla de Cepeda, ocurrida el 1 de febrero de 1820, forma parte de ese clima de ruptura institucional y enfrentamiento interno. El periódico estuvo a cargo de don Juan Escalante, propietario, editor y redactor de aquella primera experiencia periodística local. Los Andes recuerda que en 1820 funcionaban en Mendoza distintas imprentas, entre ellas la del gobierno provincial, la de la Sociedad Lancasteriana y la Imprenta Escalante, vinculada precisamente con Juan Escalante, figura central de esos comienzos gráficos y periodísticos en la provincia. Desde su primer número, Escalante dejó clara una idea muy moderna para su tiempo: el periódico no debía ser solamente un espacio de largas disquisiciones intelectuales, sino una herramienta útil para informar al pueblo. En la portada, prácticamente anticipó una tensión que atravesaría toda la historia de la prensa: la diferencia entre los periódicos de opinión doctrinaria y los periódicos dedicados a comunicar noticias, decisiones oficiales y hechos concretos. Escalante sostenía que en los periódicos de su época se había escrito mucho y con gran erudición, pero no siempre con el lenguaje ni el interés que necesitaba el público común. Según su mirada, los artículos cargados de reflexiones interminables podían cansar a los lectores, porque la sociedad, acostumbrada a ver repetirse día a día las escenas del “teatro político”, buscaba algo más directo: conocer las resoluciones de los magistrados, la situación de los pueblos, el avance de la guerra, los progresos del sistema de independencia y los acontecimientos informativos de interés general. Por eso, El Termómetro del Día nació con una intención muy clara: acercarse al “genio del pueblo”, hablarle de manera más concreta y evitar adornos literarios innecesarios. Escalante incluso afirmaba, con modestia y cierta ironía, que no pretendía llenar sus páginas con flores retóricas que no brotaban del “estéril jardín” de su literatura. En otras palabras, quería hacer un periódico menos solemne, menos abstracto y más atento a las necesidades informativas de los mendocinos. La experiencia fue breve, pero dejó una huella fundacional. De acuerdo con trabajos presentados en la Biblioteca Nacional, El Termómetro del Día circuló entre el 20 de mayo y el 4 de julio de 1820, bajo la dirección de Juan Escalante, y luego fue continuado por La Gaceta de Mendoza, publicada desde el 8 de julio hasta el 9 de septiembre de ese mismo año. Otras investigaciones señalan que el periódico alcanzó a publicar siete números y un ejemplar extraordinario, antes de cerrar el 4 de julio de 1820. Ese dato confirma su corta duración, pero también su enorme valor histórico: fue la primera señal de una prensa mendocina que nacía al calor de la crisis política, cuando los periódicos empezaban a convertirse en tribunas de opinión, información y combate ideológico. En sus páginas también aparecieron las primeras poesías de Juan Gualberto Godoy, considerado el primer poeta mendocino. Godoy fue militar, político y escritor, y más tarde sería recordado como una figura relevante de la cultura cuyana y de los inicios de la literatura popular y gauchesca en la región. Argentina.gob.ar lo reconoce como militar, político y escritor argentino, además de diputado por San Juan en el Congreso de la Confederación Argentina en 1854. Así, El Termómetro del Día no fue solo el primer periódico de Mendoza. Fue una pequeña ventana abierta en medio del desorden nacional, una voz impresa que intentó ordenar la información, acercar la política al pueblo y registrar el pulso de una sociedad que empezaba a vivir la prensa como parte de su vida pública. Aunque duró apenas unas semanas, su aparición marcó el comienzo de una tradición periodística mendocina que, desde entonces, acompañaría los debates, las crisis, las ideas y las transformaciones de la provincia. #ElTermómetroDelDía #PeriodismoMendocino #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #JuanEscalante #JuanGualbertoGodoy #PrensaArgentina #AnarquíaDelAñoXX #HistoriaArgentina #Cuyo #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricPress #JournalismHistory #OldMendoza #CuyoHistory
YPF contra los gigantes del petróleo: la guerra de la nafta que cambió la Argentina
Entre 1918 y 1943, la historia del petróleo argentino no se jugó solamente en los pozos, sino también en las destilerías, los surtidores, los depósitos, los precios y la venta al público. Ese tramo del negocio —conocido como downstream, es decir, la refinación, distribución y comercialización de combustibles— fue el escenario de una disputa decisiva entre el Estado argentino, las empresas privadas y los grandes trust petroleros internacionales. La historia venía de antes. En 1906, el empresario austríaco Emilio Schiffner instaló en Campana, provincia de Buenos Aires, una pequeña refinería que trabajaba con materias primas importadas. Allí comenzó a tomar forma una actividad clave: la destilación del petróleo. De ese proceso no salía únicamente nafta, sino también otros derivados esenciales, como gasoil, kerosene, fuel oil, asfaltos y solventes. La nafta inicial, obtenida mediante un calentamiento moderado del crudo, era todavía un producto primario, cuya calidad dependía del tipo de hidrocarburo procesado. Más tarde, YPF la denominaría nafta industrial y la utilizaría como disolvente. En 1911, aquella planta de Campana pasó a manos de la West India Oil Company, conocida como WICO, subsidiaria de la Standard Oil de New Jersey. Con esa operación, la compañía se convirtió en la gran protagonista del mercado local. Según Petrotecnia, WICO amplió la refinería de Campana y hacia 1916 llegó a abastecer más del 90% del mercado argentino de derivados del petróleo, ya fuera con productos importados o elaborados en el país a partir de crudos extranjeros. Desde esa posición dominante, WICO podía influir sobre los precios minoristas de la nafta y el kerosene. En momentos de escasez, ese poder se volvía especialmente sensible: los valores subían, los usuarios protestaban y el combustible comenzaba a ser visto no solo como una mercancía, sino como un bien estratégico para la economía nacional. La respuesta estatal empezó a consolidarse con los yacimientos patagónicos. En 1913, en Comodoro Rivadavia, comenzó la destilación de productos argentinos para abastecer necesidades locales. En 1919, una planta de bandera nacional inició una actividad similar en Plaza Huincul, Neuquén. Eran instalaciones de escala reducida, pensadas para procesar crudos cerca de los yacimientos y cubrir consumos regionales. Pero el país necesitaba mucho más. El giro fundamental llegó con YPF. El 3 de junio de 1922, durante la presidencia del radical Hipólito Yrigoyen, se creó por decreto la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Poco después, ya bajo el gobierno de Marcelo T. de Alvear, el general e ingeniero Enrique Mosconi asumió la conducción de la empresa y convirtió al petróleo en una causa de soberanía económica. Argentina.gob.ar recuerda que bajo Mosconi comenzó a hablarse de “nacionalismo petrolero”, con YPF entendida como herramienta para garantizar la soberanía nacional. La gran apuesta de Mosconi fue integrar todas las etapas del negocio: extracción, refinación, transporte y venta. Esa estrategia se hizo visible el 23 de diciembre de 1925, cuando YPF inauguró la Destilería de La Plata, ubicada en Ensenada, cerca del principal centro consumidor del país. La planta marcó un antes y un después: permitió aumentar la producción de destilados livianos, especialmente naftas, y su capacidad superó a la de las demás refinerías argentinas sumadas. Para 1930, YPF distribuía sus productos mediante 12 plantas de almacenaje y 2.320 surtidores repartidos entre la Capital Federal y el resto del país. Entre 1906 y 1943, el mapa refinador argentino fue creciendo de manera acelerada. A la pionera planta de Campana se sumaron Comodoro Rivadavia, Plaza Huincul, La Plata, Campo Durán, Elordi, Dock Sud, Godoy Cruz, San Lorenzo y Luján de Cuyo. La refinería de Godoy Cruz, inaugurada en 1936, sería reemplazada hacia 1940/1941 por la de Luján de Cuyo, que llegó a convertirse en la segunda refinería más importante del país. Petrotecnia señala que Luján de Cuyo nació en 1940 y, tras ampliaciones posteriores, pasó a operar con crudos cuyanos y neuquinos. El otro gran actor privado fue Shell, que ingresó al país en la década de 1910 a través de la Anglo Mexican Petroleum Products Company. En sus comienzos importaba combustibles y abastecía, entre otros clientes, a ferrocarriles británicos, frigoríficos y compañías eléctricas. La propia Shell Argentina recuerda que en 1922 lanzó su primera marca de nafta, Energina, y que en 1923 inauguró el depósito de Casa Amarilla, en La Boca, conectado con vagones tanque desde Dock Sud. En 1931, Shell inauguró su refinería de Dock Sud, construida por Diadema Argentina S.A. La obra demandó alrededor de diez meses y una inversión millonaria; procesaba unas mil toneladas diarias de crudo y permitió lanzar al mercado combustibles elaborados localmente, cuando antes muchos subproductos eran importados. Mientras tanto, la Argentina cambiaba a toda velocidad. El automóvil dejaba de ser una rareza de élite y se convertía en símbolo de modernidad urbana. El crecimiento del parque automotor, la industrialización incipiente, los ferrocarriles, las usinas, las fábricas y los hogares multiplicaron la demanda de combustibles. Petrotecnia señala que hacia mediados de la década de 1920 el país importaba anualmente más de 360 millones de litros de nafta, 94 millones de litros de kerosene y 250.000 toneladas de fuel oil, en un contexto en el que el parque automotor rondaba las 179.800 unidades. La refinación también evolucionó. Los avances tecnológicos permitieron obtener gasolinas más puras, más estables y con mejores propiedades antidetonantes, necesarias para motores cada vez más exigentes. La relación fue directa: a medida que mejoraban los automóviles, también debía mejorar la calidad de la nafta. El consumo argentino de combustibles pasó de más de 5 millones de toneladas en 1922 a más de 10 millones hacia comienzos de la década de 1940, lo que muestra la enorme expansión del mercado. Esa transformación también llegó al surtidor. Los nuevos equipos permitían filtrar impurezas y mostrar al automovilista cuántos litros cargaba. En los años veinte comenzaron a aparecer surtidores importados, entre ellos los de la marca Wayne Pump Company, representados por Torcuato Di Tella. Luego, mediante acuerdos industriales, la empresa SIAM empezó a fabricar surtidores en el país. Desde 1927, por contrato con YPF, los surtidores SIAM se incorporaron a la red de venta de la empresa estatal. La tabla muestra algo revelador: WICO ya no era la única reina del mercado. Shell había logrado una red de surtidores incluso mayor, mientras YPF todavía ocupaba una posición minoritaria frente a las petroleras extranjeras. Sin embargo, el avance estatal empezaba a modificar las reglas de juego. El punto de quiebre llegó hacia 1929, cuando YPF dejó atrás el contrato de comercialización con la firma F. J. Auger y empezó a vender por cuenta propia sus productos refinados. Mosconi trazó entonces una estrategia doble: aumentar la capacidad de refinación y reducir el precio de la nafta. Como la crisis económica internacional dificultó nuevas grandes obras, concentró su ofensiva en el precio. En junio de 1929, YPF aplicó una primera rebaja de dos centavos por litro. La medida buscaba beneficiar al consumidor, disputar mercado y golpear el poder de los trust petroleros. Según El Historiador, una vez integrada en extracción, refinación y comercialización, YPF pudo enfrentar una verdadera “guerra de precios” y obligar a distribuidoras extranjeras como Standard Oil y Dutch-Shell a moderar sus pretensiones. El precio de la nafta variaba entonces entre 24 y 34 centavos por litro, según la región, por fletes e impuestos locales. Mosconi avanzó con nuevas rebajas hasta lograr un precio base unificado de 20 centavos por litro, aunque en la práctica persistieron diferencias provinciales por cargas fiscales. Aquella política hizo que Argentina tuviera durante varios años una de las naftas más baratas de América Latina. La disputa no era solamente comercial. Era política, económica e ideológica. Para las compañías privadas, el petróleo era un negocio. Para Mosconi y buena parte del radicalismo, era un recurso estratégico que debía servir al desarrollo nacional, abaratar los costos productivos y proteger al consumidor. El debate venía cargado de tensiones internacionales: investigaciones históricas recuerdan que, tras la Primera Guerra Mundial, la dependencia energética argentina del carbón importado hizo que el petróleo se volviera un tema central de soberanía, industria y poder estatal. Por eso, la historia del downstream entre 1918 y 1943 no habla solo de destilerías, surtidores y marcas comerciales. Habla de una Argentina que descubrió que el combustible movía mucho más que motores: movía trenes, fábricas, cosechas, ciudades, precios, soberanía y poder. En esa batalla entre YPF, WICO, Shell y otras compañías importadoras, se jugó una parte decisiva del siglo XX argentino: la pelea por decidir si el petróleo sería apenas una mercancía o una herramienta para construir autonomía nacional. #YPF #Mosconi #PetróleoArgentino #HistoriaArgentina #NacionalismoPetrolero #StandardOil #ShellArgentina #WICO #NaftaNacional #SoberaníaEnergética #Radicalismo #IndustriaArgentina #MendozAntigua #OilHistory #ArgentineOil #EnergySovereignty #FuelHistory #IndustrialHistory #LatinAmericaHistory (Fuente: https://bdigital.uncu.edu.ar/)
Cuando Montes de Oca era una barranca de carros, caballos y tranvías: la vieja Buenos Aires que desapareció
Esta antigua fotografía muestra la Barranca de Montes de Oca, en el barrio porteño de Barracas, transitada por chatas de carga, coches tirados por caballos y tranvías a sangre. La imagen aparece catalogada sin fecha precisa y fue difundida por Buenos Aires Historia con fuente en la colaboración de Rumbo Sur. La escena pertenece a una Buenos Aires anterior al dominio absoluto del automóvil. Sobre la calzada se mezclan distintos ritmos urbanos: las chatas, usadas para transportar mercaderías pesadas; los carruajes particulares o de alquiler; y los tranvías a caballo, que durante décadas fueron parte fundamental del transporte público porteño. La propia Legislatura de la Ciudad recuerda que el tranvía comenzó a funcionar en Buenos Aires como medio de tracción a sangre desde 1863 y que recién en 1897 llegaría el tranvía eléctrico. La avenida Montes de Oca fue una de las arterias históricas de Barracas. Antes de recibir ese nombre, era conocida como la Calle Larga de Barracas, un camino clave hacia el sur, vinculado al movimiento de carretas, tropas, quintas, pulperías y al tránsito hacia la zona del Riachuelo. Crónicas barriales recuerdan que por allí pasaban carretas y tropas, y que el sector tuvo fuerte presencia de quintas y familias tradicionales. Barracas, a su vez, debe su nombre a las antiguas construcciones precarias levantadas desde fines del siglo XVIII en la orilla izquierda del Riachuelo, utilizadas para guardar cueros y otros productos destinados al comercio y al embarque. Ese origen portuario, comercial y trabajador explica la intensa circulación que muestran imágenes como esta. nLa fotografía no solo registra una calle: captura una etapa de transición. Allí conviven la ciudad de los caballos, el transporte de carga, los primeros sistemas urbanos de movilidad y una avenida que todavía conservaba el aire de barranca, camino comercial y corredor barrial. Montes de Oca aparece como una postal viva de aquella Buenos Aires que crecía hacia el sur, entre quintas, adoquines, rieles, carros y el pulso cotidiano de Barracas. #Barracas #MontesDeOca #BuenosAiresAntigua #HistoriaPorteña #TranvíasACaballo #Chatas #CochesAntiguos #RumboSur #MemoriaUrbana #MendozAntigua #OldBuenosAires #HistoricBuenosAires #UrbanHistory #HorseTram #VintageTransport #ArgentinaHistory
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