miércoles, 3 de mayo de 2017

Juegos de niñas en el año 1902. Las Esquinitas y Abuelita ¿que horas son?

En este orden están las esquinitas y abuelita, ¿qué hora son? El primero es juego destinado a ejercitar la viveza de los movimientos, la perspicacia y la agilidad de la mente y del cuerpo. Colocadas las niñas, pues ya los niños desdeñan juego tan inocente como de escasas peripecias, en puntos más o menos equidistantes, pero situados todos en un círculo de pequeño radio para que resulte más vivo el ejercicio, ocupa el centro de la curva la niña que ha quedado sin colocación y debe encontrarla, ganándola a una de las favorecidas. Esta se acerca a una de las esquinitas, dando espalda a las demás, cuyos ocupantes, deben ejercitarse en pasar de una a otra con presteza, y durante el cambio la niña que busca el pan debe tomar el lugar que ha quedado desocupado por haber corrido su dueña a hacer el cambio a que la llamaba su vecina. Para disimular las intenciones y dar lugar a la operación, se entabla entre la niña que busca plaza para ubicarse y la que ocupa una esquinita: —¿Hay pan? —No hay... —¿En donde habrá...? —En aquella esquinita hay... que los niños, tan aficionados a las consonancias, pronuncian haciendo contracciones que perjudican al bien decir: en aquella esquinita hay vicio que debe corregírseles. El ejercicio se prolonga según la habilidad y viveza de la niña que busca el pan, la cual debe aprovechar para ubicarse el menor descuido de las que ocupan las esquinitas. 

Otro juego de la misma índole es aquel que llaman de «las horas». Las niñas, colocadas en rueda, sostienen el diálogo siguiente con la abuelita, a la cual representa una niña que se sitúa en el centro, teniendo en la mano un pañuelo que simboliza un rebenque: —Abuelita, ¿qué horas son? Y ésta contesta sucesivamente las doce horas del reloj, enumerándolas. Las niñas hacen la pregunta girando a su alrededor y sucesivamente cada una. —Abuelita... ¿qué buscas?...—dicen las criollitas en su media lengua... —Una agujita... —Una agujita... ¿Para qué, abuelita? —Para coser una bolsita...! —Y para qué querés la bolsita, abuelita? —Para guardar un rebenquito...! —Y para qué es el rebenquito...? Para castigar a las curiosas, hijita. Y la abuela corre a todas las niñas, que huyen, tratando de sujetar a una, que será su sucesora en el cargo, luego de quedar prisionera. Estos dos juegos son solamente de ejercicio físico y por ello de positiva utilidad. Los niños para realizarlo, corren, se agitan y chillan... aunque esto último no sea muy cómodo para los padres.

Los aviadores civiles, Herrada y Conella, de la escuela de aviación Los Tamarindos. (año 1931) Mendoza


Desfile que está pasando por Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y Defensa, a fines de los años 20. Buenos Aires


Periodismo de Mendoza de principios de siglo XX.


Efemérides. 3 de mayo de 1784: Nace el doctor Vicente López y Planes, político, juez, diputado y poeta. Autor de la letra del Himno Nacional cuya música fue compuesta por Blas Parera. El Himno fue adoptado como marcha nacional el 11 de mayo de 1813 por la Asamblea General Constituyente, más conocida como Asamblea del Año XIII. Participó en la Revolución de Mayo de 1810; reemplazo a Bernardino Rivadavia tras su renuncia a la presidencia de la Nación.



Canal de los Témpanos. Lago Argentino. Santa Cruz. (año 1911)


Efemérides. 3 de mayo de 1860: El General Bartolomé Mitre asume la gobernación de Buenos Aires, cargo que ocuparía por dos años hasta que asumiera la presidencia de la Nación. Bartolomé Mitre en el patio de su residencia, antes de dirigirse al Diario "La Nación", 1902.


AGN

En 1958 los hermanos Frank y Dan Carney le pidieron u$s 600 a su madre para crear una "Choza de las pizzas". Así nació Pizza Hut.


Génesis del Cristo Redentor Inaugurada en 1904, esta obra es un emblema de nuestra provincia. Su curiosa historia y su hacedor, Molina Civit.

En marzo de 1904, quedó inaugurado el monumento del Cristo Redentor en el límite fronterizo internacional entre Argentina y Chile.
Allí, en plena cordillera de los Andes y tras una ceremonia en donde participaron funcionarios de los dos países quedó sellada la paz, luego de una gran tensión al punto de declararse las hostilidades por los viejos problemas limítrofes que ambos reclamaban.
Pero, al pasar el tiempo, quedó en el olvido un personaje que por aquellos días fue quien tuvo la dirección del montaje de la estatua construida por el escultor Mateo Rufino Alonso. Se llamaba Juan Molina Civit.
Biografía en construcción
Muy poco se conoce sobre la vida del ingeniero Juan Molina Civit, quien nació en Mendoza el 19 de setiembre de 1869.
Cursó sus estudios primarios y los secundarios los desarrolló en el antiguo Colegio Nacional. Después de graduarse partió hacia Buenos Aires en donde ingresó a la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires.
Luego de recibirse como ingeniero civil, regresó a nuestra provincia. Allí ocupó varios cargo de importancia e ingresó en el departamento de Obras Públicas de la Nación en donde dejó la construcción de varias obras entre las que pueden contarse el Colegio Nacional y puentes en diversos puntos. 
Después de partir hacia Buenos Aires en donde se radicó casi definitivamente, ocupó el puesto de secretario del Ministerio de Obras Públicas de la Nación.
Entre otras actividades realizó en varias ocasiones viajes a Estados Unidos y a Europa con el objeto de especializarse en petróleos, considerándoselo como uno de los técnicos de mayor preparación en la materia. 
También se dedicó al periodismo. Colaboró como especialista en las páginas del diario "La Razón" de Buenos Aires.    Sus notas estaban dirigidas a temas como el petróleo, la minería y la vialidad. 
Falleció en la ciudad de Buenos Aires el 3 de octubre de 1932.
Un poco de historia
Incidentes fronterizos ocurridos en 1901 quebraron las relaciones y desvirtuaron las actas firmadas en el año anterior. El 25 de diciembre de 1901, los ministros de relaciones exteriores de ambas naciones Eliodoro Yáñez y Epifanio Portela firmaron dos nuevas actas: una sobre la cuestión de las incursiones de policías argentinos, y la otra sobre los "senderos estratégicos" establecidos por los chilenos.
En mayo de 1902, Chile y Argentina lograron acordar, todos sus problemas fronterizos, con los "Pactos de Mayo", firmados por el canciller chileno José Francisco Vergara Donoso y el embajador argentino José Antonio Terry, en la ciudad de Santiago de Chile.
Una empresa difícil
A principios de 1904, fue elegido por el ministerio de Obras Públicas al ingeniero Juan Molina Civit para la dirección de las obras. El 8 de enero llegaron desde Buenos Aires, unos 60 cajones conteniendo la estatua del Cristo Redentor quienes fueron facturadas por Mateo Alonso .
Luego de llegar este material, fue depositado en los galpones del entonces ferrocarril Gran Oeste Argentino para luego trasladarlos hacia la cumbre en los vagones del Trasandino hasta la estación de Las Cuevas. última de las estaciones que tenía el ferrocarril, ya que el túnel sería habilitado en abril de 1910. Desde ese punto las piezas se trasladaron en mula por el camino sinuoso hasta el lugar elegido para la erección del monumento. 
Por su parte, los directivos del mencionado ferrocarril donaron gratuitamente este traslado a la cordillera. Mientras tanto, el encargado de negocios de nuestro país, el doctor Alberto Blancas se reunió con el presidente chileno Riesco para coordinar la inauguración y, en un principio se fijó el corte de cintas para los primeros días de marzo de ese año. 
Durante el mes de febrero, se iniciaron las obras del pedestal. En el sitio se construyó una gran casucha de madera que protegía a medida que se iban ensamblando las piezas del monumento con el fin de librarlo de los posibles temporales. El escultor Alonso llegó para darle los últimos detalles. La responsabilidad de Molina fue total y unos días antes de la inauguración el hito estaba listo.
Llegó el día
El sábado 12 de marzo llegó desde Buenos Aires la comitiva oficial encabezada por distintos representantes del gobierno, que luego partió hacia Puente de Inca. Más de 3000 personas acudieron a la inauguración, muchos de los visitantes durmieron en improvisadas carpas y la capacidad del hotel estuvo colmada.
El 13 llegaron las delegaciones de Chile y Argentina. Fueron recibidas por una salva de 21 cañonazos.
Se encontraban, entre otros, los Ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, los doctores Terry y Silva Cruz; el gobernador de Mendoza, Carlos Galigniana Segura; y el Arzobispo Monseñor Espinoza. La representación militar argentina estuvo formada por la segunda compañía de Cazadores de los Andes y la banda del Batallón N° 10, y por parte de los chilenos, un escuadrón de lanceros.
Se hicieron las presentaciones y se realizó el descubrimiento de las dos placas que habían sido fundidas por el gobierno de Argentina en los arsenales del Ejército.
En un improvisado altar, Monseñor Espinoza ofreció una misa de campaña, y dirigió la palabra el Obispo Jara. Luego se procedió al descubrimiento del monumento. En ese momento, una salva de 21 cañonazos volvió a sonar entre las montañas. De esa manera, finalizó el acto. Las delegaciones pasaron a un galpón, donde se celebró un banquete para 200 invitados.
Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/genesis-del-cristo-redentor

Acequias, un patrimonio sagrado La intención de que las acequias sean declaradas patrimonio de la humanidad debe ir acompañada de una voluntad de cambio en su cuidado. Las autoridades tienen responsabilidades pero también los ciudadanos.

El  arquitecto, historiador y urbanista Jorge Ricardo Ponte, autor de “De los caciques del agua a la Mendoza de las acequias”, una obra básica en el tema, expresó hace más de una década: “¿Hay algo más mendocino que las acequias?”.
La mención viene a cuento de las justas intenciones del gobierno provincial y de la Municipalidad de Capital para que la Unesco declare estos históricos cursos de agua, que provienen de nuestros antepasados, los huarpes, Patrimonio Cultural de la Humanidad, como lo son en nuestro país, por ejemplo, los glaciares, las Misiones jesuíticas, la Quebrada de Humahuaca o los parques naturales de Ischigualasto.
La importancia de estas venas hídricas no sólo radica en estar unidas a la historia y cultura de los mendocinos sino además por constituir el soporte para la existencia de las otras grandes riquezas mendocinas, el arbolado público y los campos cultivados con la vid, los frutales y las chacras. Sin agua por los pequeños zanjones y canales que atraviesan el Gran Mendoza y la provincia entera, la vida en el territorio semidesértico sería poco menos que imposible.
Otro valor sustancial de las acequias es que han conformado una capital bosque y ciudades del mismo tipo en los departamentos, que nos permite vivir a los que habitamos esos sitios, y además se han convertido en un hecho de atracción para los turistas, principalmente extranjeros que recorren la provincia y que no tienen esta experiencia en sus lugares de origen.
Es probable que la Organización de Naciones Unidas, a la corta o a la larga, apruebe la pretensión cuyana porque no obstante el enorme deterioro de estos cursos, convertidos en basurales, hay todavía un entramado que se conserva con su potencial y servicio intactos. Sin este patrimonio, de hecho el crecimiento logrado por Mendoza a través de generaciones no hubiese sido posible.
En editoriales que este diario ha presentado en los últimos años sobre el tema, siempre se ha insistido en la necesidad de cuidar las acequias, que es lo mismo que decir, cuidar nuestro oro líquido, el agua. Pero, lamentablemente poco se ha logrado en el mandato imprescindible de recuperar la cultura del cuidado de las acequias por parte de los mendocinos.
Algo se ha hecho en las escuelas del ciclo primario, y también en los niveles de la educación media, asumiendo muchos jóvenes el tema y  convirtiéndose en vigías, aunque el esfuerzo estudiantil dista mucho de poder subsanar el crítico problema de que se utilicen las acequias como destino de mugre y basura.
Informes de la Municipalidad de la Capital que no son actuales, por lo que la situación podría ser peor, señalaban  que más de 120 mil kilos de basura y otros elementos se retiran por día de las acequias existentes sólo en esa comuna. Los organismos públicos, como Hidráulica, Irrigación, los municipios, tendrán que ajustar mecanismos y hacer las inversiones para que las pendientes, los trazados y otras cuestiones de este sistema de riego se corrijan y se pongan en valor.
Pero, si el ciudadano común, el habitante de los barrios, el ama de casa, el que va y viene todos los días a su trabajo no lo entienden y comienzan a colaborar no arrojando nada en estas estructuras, como nadie toca una vaca en la India, es probable que corramos el riesgo de asistir al inicio de la declinación de un patrimonio esencial de y para estas tierras. Sin embargo, hay muchas posibilidades de revertir la penosa situación.
Fuente: http://www.losandes.com.ar/article/acequias-un-patrimonio-sagrado
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