El 10 de septiembre de 1855 nacía en Blankenburg am Harz, en la actual Alemania, Robert Johann Koldewey, el arquitecto y arqueólogo que décadas después dirigiría una de las excavaciones más extraordinarias de la historia. Lejos de haberse graduado en la Universidad de Hamburgo, como suele repetirse, Koldewey estudió arquitectura, arqueología e historia del arte en distintas universidades, entre ellas Berlín, Múnich y Viena, y adquirió experiencia excavando en Asia Menor, Grecia, Italia y Mesopotamia. Su gran oportunidad llegó a fines del siglo XIX, cuando sus observaciones y los fragmentos de ladrillos vidriados que había recogido en visitas previas a Babilonia ayudaron a convencer a los museos de Berlín y a la recién creada Deutsche Orient-Gesellschaft de emprender una investigación monumental en aquellas ruinas de la actual Irak. La excavación comenzó oficialmente el 26 de marzo de 1899 y Koldewey permaneció al frente durante casi dos décadas. No fue él quien “descubrió” la ubicación de Babilonia —el sitio ya era conocido y había sido visitado e investigado anteriormente—, pero su equipo fue el que reveló sistemáticamente la impresionante arquitectura de la capital de Nabucodonosor II. Llegaron a trabajar habitualmente entre 200 y 250 obreros, incluso bajo temperaturas extremas, retirando enormes masas de tierra que en algunos sectores cubrían los restos con espesores de hasta 24 metros. La magnitud fue descomunal: las investigaciones modernas calculan que aquella campaña recuperó unos 77.500 objetos correspondientes a tres milenios de historia. Ante sus ojos fueron apareciendo la monumental Vía Procesional, los palacios de Nabucodonosor II, templos, murallas y, desde 1902, una de las grandes maravillas arqueológicas de Mesopotamia: la Puerta de Ishtar, decorada con ladrillos vidriados y relieves de toros, leones y los míticos dragones mušḫuššu. También investigó el gran santuario de Esagila y, desde 1908, los restos de Etemenanki, la gigantesca torre-templo o zigurat dedicada a Marduk. Su planta, de aproximadamente 91 por 91 metros, está confirmada tanto por fuentes antiguas como por la arqueología. Esta estructura es considerada la base histórica más probable de la tradición que siglos después quedó inmortalizada en el relato bíblico de la Torre de Babel; la arqueología no “demostró” el episodio bíblico, pero sí reveló que detrás de aquella poderosa imagen literaria existió en Babilonia una torre monumental real. Koldewey también creyó haber localizado los célebres Jardines Colgantes de Babilonia en unas construcciones abovedadas próximas al palacio. Hoy esa identificación continúa siendo discutida: los jardines nunca han podido ser ubicados arqueológicamente con certeza y algunos investigadores incluso han propuesto que la tradición pudo haberse originado en jardines reales de Nínive. Por eso, atribuirle el “descubrimiento de los Jardines Colgantes” como un hecho probado sería exagerado; lo verdaderamente extraordinario es que sus excavaciones transformaron una Babilonia conocida principalmente por textos antiguos en una ciudad que podía estudiarse mediante calles, templos, palacios, fortificaciones y miles de objetos reales.
En 1913 publicó Das wieder erstehende Babylon —“La Babilonia que vuelve a levantarse”—, síntesis monumental de los resultados obtenidos hasta entonces; su versión inglesa, The Excavations at Babylon, apareció en 1914. La Primera Guerra Mundial terminó alterando el gigantesco proyecto: las excavaciones propiamente dichas cesaron y Koldewey permaneció documentando y protegiendo los hallazgos hasta marzo de 1917. De regreso en Berlín trabajó para los museos estatales y continuó publicando las investigaciones. Murió en Berlín el 4 de febrero de 1925. No llegó a contemplar la presentación pública de la espectacular reconstrucción de la Puerta de Ishtar del Pergamonmuseum: los fragmentos excavados fueron restaurados y ensamblados posteriormente bajo la dirección museográfica de Walter Andrae, y el conjunto se abrió al público en 1930. Más de un siglo después, la verdadera grandeza de Koldewey quizá no esté en haber demostrado que una leyenda era cierta, sino en algo todavía más fascinante: convirtió toneladas de tierra, ladrillos rotos y cimientos enterrados en el plano tangible de una de las ciudades más míticas de la humanidad. Donde generaciones habían imaginado a Babilonia a través de Heródoto, tablillas antiguas y relatos bíblicos, él permitió volver a caminar, científicamente, por sus puertas, templos y avenidas. Y bajo aquella llanura mesopotámica apareció incluso la enorme huella de Etemenanki, la torre que continúa alimentando una pregunta irresistible: ¿cuánto de la legendaria Babel nació del recuerdo de aquella construcción que dominaba el horizonte de Babilonia? 🏛️🔥🌍 #RobertKoldewey #Babilonia #TorreDeBabel #PuertaDeIshtar #Arqueología #Historia #Mesopotamia #Irak #Nabucodonosor #Marduk #Etemenanki #HistoriaAntigua #UnDíaComoHoy #Efemérides #MendozAntigua #RobertKoldewey #Babylon #TowerOfBabel #IshtarGate #Archaeology #AncientHistory #Mesopotamia #AncientBabylon #History

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