miércoles, 17 de junio de 2026

TUCUNUCO: EL PUEBLO QUE QUISO NACER EN EL DESIERTO Y LA HISTORIA QUE LA DICTADURA APAGÓ - SANJUAN - ARGENTINA


A simple vista, Tucunuco parece apenas otro pueblo abandonado de San Juan: paredes heridas por el viento, casas vacías, una iglesia de piedra resistiendo en silencio y caminos de tierra que parecen no llevar a ninguna parte. Pero cuando uno se detiene a mirar su historia, entiende que esas ruinas no son solo restos de adobe, piedra y abandono. Son la memoria de un sueño argentino que quiso crecer en medio del desierto. Tucunuco está en el departamento Jáchal, sobre la histórica Ruta 40, en el norte sanjuanino. Antes de convertirse en un lugar de misterio y silencio, fue posta, fue estación ferroviaria, fue punto de paso, fue oasis posible en una geografía dura. Allí hubo correo, telégrafo, escuela, molino, iglesia, estación y vida. Donde hoy domina el polvo, alguna vez hubo familias, trabajo, animales, cultivos, niños entrando a clases y vecinos imaginando un futuro. Su historia profunda está atravesada por una figura enorme de San Juan: Federico Cantoni, médico, político, gobernador bloquista, diplomático y hombre de proyectos audaces. Cantoni no pensaba la provincia como un territorio condenado al monocultivo o al abandono, sino como un espacio capaz de producir, poblarse, diversificarse y desafiar al desierto. Así como impulsó grandes planes de transformación social y económica, también miró hacia Tucunuco como una posibilidad concreta: una colonia agrícola, un punto de trabajo, una comunidad levantada alrededor de la tierra. En aquella zona se desarrollaron olivares y se introdujeron decenas de variedades de olivo, en una apuesta que buscaba convertir el paisaje árido en producción. Se construyeron instalaciones, se levantó una iglesia de piedra, hubo escuela, plaza, caminos y señales de un pueblo que empezaba a tomar forma. Tucunuco no nació de una leyenda oscura ni de una fantasía conspirativa: hasta donde llega la documentación disponible, fue pensado como un proyecto agrícola y de poblamiento, una tentativa de darle vida a un rincón difícil de San Juan. Con el paso de los años, el sueño tuvo altibajos. La crisis de la olivicultura, los problemas de agua y las dificultades propias del desierto golpearon fuerte. Pero en los años 70 Tucunuco volvió a encender una esperanza. Durante el gobierno de Eloy Camus se impulsó un nuevo intento de colonización: dieciséis familias llegaron desde distintos puntos, muchas desde Buenos Aires, atraídas por una promesa simple y poderosa: tierra, trabajo, vivienda y futuro. Llegaron con sus hijos, sus herramientas, sus ilusiones y una decisión enorme: empezar de nuevo. Organizaron una cooperativa, trabajaron los olivares, recuperaron cultivos, comenzaron a construir sus casas y levantaron una comunidad donde antes reinaban el monte y el silencio. La escuela llegó a reunir decenas de alumnos. Había vida. Había niños. Había trabajo. Había familias creyendo que el interior profundo también podía ser destino y no solo abandono. Pero el 24 de marzo de 1976 cambió el país. Y Tucunuco no quedó afuera de la tragedia. Tras el golpe militar, aquel proyecto agrícola empezó a ser mirado con sospecha. En plena lógica del miedo, algunos pobladores fueron acusados de “subversivos”. Se habló de guerrilla, de entrenamiento, de amenazas ocultas. Sin embargo, no hay pruebas sólidas que demuestren que Tucunuco haya sido creado para esconder montoneros o para funcionar como campamento clandestino. La documentación y los testimonios más consistentes apuntan a otra cosa: una colonia agrícola formada por familias trabajadoras que quedaron atrapadas en el clima persecutorio de la época. La ayuda se cortó. Los suministros comenzaron a faltar. La escuela cerró. Las obras se paralizaron. Hubo operativos, detenciones, temor y una presión cada vez más insoportable. Lo que había nacido como un proyecto de vida empezó a desmoronarse. En menos de un año, muchas familias tuvieron que irse. No se fueron porque el sueño hubiera sido pequeño. Se fueron porque el país se volvió demasiado brutal para dejarlo crecer. Y así Tucunuco quedó detenido. Hoy permanecen en pie la iglesia de piedra, la vieja escuela, restos ferroviarios, viviendas inconclusas y caminos que todavía parecen esperar el regreso de quienes alguna vez apostaron todo por ese lugar. Cada pared vacía parece guardar una pregunta: ¿qué habría sido de Tucunuco si lo hubieran dejado prosperar? ¿Qué pueblo habría nacido allí si la historia no lo hubiera interrumpido? ¿Cuántas familias, cuántas cosechas, cuántas generaciones podrían haber echado raíces en ese rincón de Jáchal? Tucunuco no es solamente un “pueblo fantasma”. Es una herida del interior profundo. Es la prueba de que en la Argentina hubo proyectos que no fracasaron por falta de esfuerzo, sino por abandono, miedo, persecución y olvido. Es también parte de una historia sanjuanina mayor: la de Federico Cantoni y sus ideas de diversificación productiva, como la Azucarera de Cuyo en Sarmiento, otro intento audaz de romper moldes y producir azúcar de remolacha en una provincia identificada casi exclusivamente con la vid. Tucunuco habla de una San Juan que se animó a soñar en grande. Habla de familias que fueron al desierto no para esconderse, sino para trabajar. Habla de una escuela que llegó a llenarse de chicos, de olivares recuperados, de casas levantadas a pulmón y de un futuro que quedó partido por la historia nacional. Por eso, cuando el viento pasa entre sus ruinas, no solo mueve polvo. Mueve memoria. Porque a veces los pueblos abandonados no cuentan únicamente lo que se perdió. También cuentan lo que pudo haber sido. #Tucunuco #SanJuan #Jachal #Ruta40 #FedericoCantoni #EloyCamus #HistoriaArgentina #PueblosAbandonados #PueblosFantasma #MemoriaHistórica #ArgentinaProfunda #HistoriaDeSanJuan #DictaduraArgentina #PatrimonioArgentino #MendozAntigua #TucunucoSanJuan #ArgentineHistory #GhostTown #ForgottenPlaces #HistoricMemory #Route40 #SanJuanArgentina #AbandonedPlaces #LatinAmericanHistory

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