El 5 de septiembre de 1972, los Juegos Olímpicos de Múnich dejaron de ser aquella celebración abierta y optimista con la que Alemania Occidental pretendía mostrar al mundo una imagen democrática y alejada del recuerdo de Berlín 1936. Durante la madrugada, ocho integrantes de la organización palestina Septiembre Negro, vestidos con ropa deportiva y cargando armas ocultas en bolsos, lograron superar la valla de la Villa Olímpica. Testimonios posteriores señalaron que se cruzaron con atletas que también regresaban al recinto y que algunos incluso los ayudaron a franquear la cerca sin imaginar quiénes eran realmente. Poco después llegaron al edificio de la delegación israelí, en Connollystraße 31. El entrenador de lucha Moshe Weinberg y el pesista Yossef Romano opusieron resistencia y fueron asesinados; varios integrantes de la delegación consiguieron escapar, pero otros nueve quedaron como rehenes. Los secuestradores reclamaron la liberación de 234 palestinos encarcelados en Israel y también de Andreas Baader y Ulrike Meinhof, figuras de la organización terrorista alemana RAF. El gobierno israelí de Golda Meir rechazó aceptar esas condiciones. Mientras comenzaban largas negociaciones, ocurrió uno de los aspectos más insólitos del episodio: las cámaras televisivas transmitían en directo movimientos de la policía y los propios secuestradores podían observar por televisión parte del despliegue preparado contra ellos. Los Juegos, además, no fueron suspendidos inmediatamente: las competencias continuaron durante varias horas hasta que el Comité Olímpico Internacional las interrumpió aquella tarde. Con el paso de las horas los atacantes exigieron abandonar Alemania con los rehenes y volar hacia El Cairo. Las autoridades alemanas simularon aceptar. Dos helicópteros trasladaron al comando y a los nueve israelíes hasta la base aérea militar de Fürstenfeldbruck, donde esperaba un avión de Lufthansa que en realidad formaba parte de una emboscada. Pero el operativo estaba extraordinariamente mal preparado: Alemania Occidental todavía no disponía de una unidad policial especializada en rescates de rehenes; los cinco tiradores desplegados carecían de entrenamiento y equipamiento adecuados para una operación semejante, no mantenían comunicación radial entre ellos, la policía había calculado incorrectamente el número de atacantes y los vehículos blindados enviados como refuerzo quedaron atrapados en el tránsito. Incluso un grupo de policías que debía permanecer oculto dentro del avión decidió abandonar la misión al considerar que prácticamente no tenía posibilidades de éxito. Cuando los dirigentes del comando comprobaron que el avión estaba vacío comprendieron que se trataba de una trampa. Se inició entonces un prolongado tiroteo en la pista. La operación terminó en desastre: uno de los atacantes disparó contra los rehenes de un helicóptero y otro lanzó una granada en el segundo. Murieron los nueve israelíes cautivos, el policía alemán Anton Fliegerbauer y cinco de los ocho integrantes de Septiembre Negro. Sumados Weinberg y Romano, asesinados horas antes en la Villa Olímpica, fueron once los miembros de la delegación israelí muertos en Múnich. Tres atacantes sobrevivieron y fueron detenidos. Aquella misma noche incluso llegó a circular erróneamente la noticia de que los rehenes habían sido rescatados; horas después el mundo conocería la dimensión real de la tragedia. Después de una ceremonia en memoria de las víctimas, el presidente del COI, Avery Brundage, decidió continuar las competencias bajo la frase que se volvería histórica: “The Games must go on”. Apenas semanas después, el 29 de octubre, un avión de Lufthansa fue secuestrado y los tres atacantes encarcelados terminaron siendo liberados por Alemania Occidental y trasladados a Libia, una decisión cuya historia y circunstancias continuarían generando controversias durante décadas. Múnich también transformó profundamente la lucha antiterrorista europea: como consecuencia directa del fracaso de Fürstenfeldbruck, Alemania Occidental impulsó en septiembre de 1972 la creación de la GSG 9, unidad especializada en contraterrorismo y rescate de rehenes que cinco años después alcanzaría notoriedad mundial al liberar el avión Lufthansa “Landshut” en Mogadiscio. Israel respondió mediante una campaña clandestina de asesinatos selectivos atribuida al Mossad y conocida popularmente como Operación Ira de Dios, dirigida contra personas consideradas relacionadas con Septiembre Negro y otras organizaciones palestinas. Aquella respuesta fue objeto de fuertes controversias y también produjo víctimas civiles. Su error más célebre ocurrió en Lillehammer, Noruega, el 21 de julio de 1973, cuando agentes israelíes confundieron al ciudadano marroquí Ahmed Bouchikhi, que trabajaba como camarero y no tenía relación con el atentado de Múnich, con un dirigente palestino y lo asesinaron; la investigación noruega estableció la participación de agentes vinculados al Mossad y cinco personas fueron posteriormente condenadas. Medio siglo después, la Masacre de Múnich continúa siendo considerada uno de los momentos más oscuros de la historia olímpica: once deportistas y entrenadores israelíes viajaron a Alemania para participar de una celebración deportiva y jamás regresaron con vida. El atentado, la improvisación del fallido rescate y sus violentas consecuencias modificaron para siempre la manera en que el mundo entiende la seguridad de los grandes acontecimientos internacionales. En 2022, al cumplirse cincuenta años, Alemania alcanzó además un nuevo acuerdo de compensación con las familias de las víctimas y promovió una investigación internacional para profundizar la revisión histórica de las responsabilidades y fallos de las autoridades alemanas. #Munich1972 #Munich72 #MasacreDeMunich #JuegosOlimpicos #Historia #Efemerides #5DeSeptiembre #HistoriaMundial #SeptiembreNegro #MemoriaHistorica #Olimpiadas #Israel #Alemania #Terrorismo #MendozAntigua #MunichMassacre #MunichOlympics #OlympicHistory #OlympicGames #September5 #BlackSeptember #History #WorldHistory #RememberingMunich #NeverForget

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