Después del terremoto de Mendoza de 1861, no vino solamente el dolor. También llegó el caos. Las investigaciones arqueológicas en las Ruinas de San Francisco, uno de los pocos restos visibles que aún conserva la ciudad antigua, muestran que el suelo fue removido una y otra vez en los años posteriores al sismo. Ese paisaje devastado no quedó congelado en el tiempo: fue alterado por saqueos, rescates, entierros, demoliciones y obras posteriores que transformaron para siempre la memoria material de la tragedia. La evidencia histórica y arqueológica permite distinguir varias etapas en ese “después”: primero el saqueo desordenado, luego el rescate organizado de bienes y objetos valiosos, más tarde los entierros de emergencia, la demolición de sectores inestables y, finalmente, intervenciones de restauración y puesta en valor. Es decir: sobre las ruinas no solo actuó la naturaleza; también actuó la sociedad, con su desesperación, su codicia, su fe y su necesidad de reconstruirse. Las crónicas de la época fueron durísimas. Hablan de pillaje casi inmediato, de cuadrillas llegadas con herramientas, de fusilamientos a saqueadores y de una ciudad donde muchas veces se buscaban joyas o pertenencias antes que sobrevivientes. Pero esa no fue toda la historia. Entre los escombros también hubo quienes removieron adobe y ladrillo para rescatar heridos, recuperar cadáveres, salvar imágenes religiosas, sacar objetos sagrados o simplemente conseguir materiales para levantar un refugio en medio de la devastación. Los entierros comenzaron rápido y en cualquier sitio posible: atrios, calles, sectores abiertos entre montañas de ruina. Con el paso del tiempo, además, las excavaciones revelaron un retiro sistemático de ladrillos, maderas, piedras y otros materiales reutilizables, hasta el punto de desmontar partes enteras de los cimientos. Las ruinas no fueron solo el recuerdo del desastre: también se convirtieron en cantera, refugio, cementerio y escenario de supervivencia. Y hay un dato que vuelve todo todavía más impactante: mucha gente no abandonó de inmediato la ciudad vieja. Numerosos habitantes siguieron aferrados a ese espacio porque allí tenían la tierra, los restos útiles de sus casas, las acequias y los derechos de riego. Incluso en 1861 y 1862 se levantaron nuevas viviendas en la zona arrasada. Por eso, la Mendoza posterior al terremoto no fue una página cerrada de un día para otro, sino un territorio en disputa entre memoria, necesidad, poder y reconstrucción. #Terremoto1861 #Mendoza #RuinasDeSanFrancisco #Historia #Memoria #Patrimonio #Arqueología #CiudadVieja #MendozAntigua
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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lunes, 9 de marzo de 2026
💥 Después del terremoto del 20 de Marzo de 1861, no llegó el silencio: saqueos, tumbas y ruinas en la Mendoza que luchó por seguir viva (Imagen Ilustrativa)
Después del terremoto de Mendoza de 1861, no vino solamente el dolor. También llegó el caos. Las investigaciones arqueológicas en las Ruinas de San Francisco, uno de los pocos restos visibles que aún conserva la ciudad antigua, muestran que el suelo fue removido una y otra vez en los años posteriores al sismo. Ese paisaje devastado no quedó congelado en el tiempo: fue alterado por saqueos, rescates, entierros, demoliciones y obras posteriores que transformaron para siempre la memoria material de la tragedia. La evidencia histórica y arqueológica permite distinguir varias etapas en ese “después”: primero el saqueo desordenado, luego el rescate organizado de bienes y objetos valiosos, más tarde los entierros de emergencia, la demolición de sectores inestables y, finalmente, intervenciones de restauración y puesta en valor. Es decir: sobre las ruinas no solo actuó la naturaleza; también actuó la sociedad, con su desesperación, su codicia, su fe y su necesidad de reconstruirse. Las crónicas de la época fueron durísimas. Hablan de pillaje casi inmediato, de cuadrillas llegadas con herramientas, de fusilamientos a saqueadores y de una ciudad donde muchas veces se buscaban joyas o pertenencias antes que sobrevivientes. Pero esa no fue toda la historia. Entre los escombros también hubo quienes removieron adobe y ladrillo para rescatar heridos, recuperar cadáveres, salvar imágenes religiosas, sacar objetos sagrados o simplemente conseguir materiales para levantar un refugio en medio de la devastación. Los entierros comenzaron rápido y en cualquier sitio posible: atrios, calles, sectores abiertos entre montañas de ruina. Con el paso del tiempo, además, las excavaciones revelaron un retiro sistemático de ladrillos, maderas, piedras y otros materiales reutilizables, hasta el punto de desmontar partes enteras de los cimientos. Las ruinas no fueron solo el recuerdo del desastre: también se convirtieron en cantera, refugio, cementerio y escenario de supervivencia. Y hay un dato que vuelve todo todavía más impactante: mucha gente no abandonó de inmediato la ciudad vieja. Numerosos habitantes siguieron aferrados a ese espacio porque allí tenían la tierra, los restos útiles de sus casas, las acequias y los derechos de riego. Incluso en 1861 y 1862 se levantaron nuevas viviendas en la zona arrasada. Por eso, la Mendoza posterior al terremoto no fue una página cerrada de un día para otro, sino un territorio en disputa entre memoria, necesidad, poder y reconstrucción. #Terremoto1861 #Mendoza #RuinasDeSanFrancisco #Historia #Memoria #Patrimonio #Arqueología #CiudadVieja #MendozAntigua
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