A simple vista, el actual Palacio Alcorta parece uno de los grandes complejos residenciales de Palermo Chico, pero detrás de sus muros sobrevive la memoria de una de las construcciones más audaces de la Argentina del siglo XX: un verdadero palacio dedicado al automóvil que llegó a tener una pista de pruebas sobre su propia azotea. La página histórica que acompaña esta publicación permite reconocer distintas etapas del edificio y también lo compara con el célebre Lingotto de FIAT en Turín, pero la historia porteña merece algunos ajustes y datos adicionales. El inmueble fue proyectado en 1927 por el arquitecto italiano Mario Palanti —autor del Palacio Barolo de Buenos Aires y del Palacio Salvo de Montevideo— para Resta Hermanos, empresa argentina que representaba y comercializaba automóviles Chrysler. La Biblioteca del Congreso de la Nación registra la obra como “Palacio Automotor de Resta Hermanos” y destaca precisamente su innovadora pista de pruebas en la azotea. El gigantesco establecimiento, levantado en la entonces avenida Centenario 3351 —actual avenida Presidente Figueroa Alcorta—, fue inaugurado el 1 de diciembre de 1928. Ocupaba prácticamente una manzana completa: hacia el frente estaban la exposición y venta de automóviles; detrás se encontraban oficinas, talleres de montaje y fabricación de repuestos, mientras otros sectores se destinaban a terminación y depósito de las unidades. Pero el golpe de efecto estaba arriba. Sobre el edificio aparecía el llamado Estadio Olimpo, un circuito elevado y peraltado donde podían probarse automóviles y realizarse exhibiciones ante público. Fuentes especializadas señalan que incluso fue escenario de actividades sociales y deportivas y que las tribunas podían recibir alrededor de 3.000 espectadores. Aquí aparece una corrección importante frente a un dato que se ha repetido durante años: numerosas notas periodísticas atribuyen a aquella pista una longitud de 1.700 o 1.730 metros, una cifra reproducida incluso en publicaciones recientes; sin embargo, una investigación del Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza consigna expresamente una longitud de 173 metros y capacidad para 3.000 personas. Ante esa discrepancia documental, los 1,7 kilómetros no deberían presentarse como una medida definitivamente establecida. Tampoco terminó necesariamente la historia automotriz del edificio en 1931: ese año Fevre & Basset adquirió Resta Hermanos y continuó utilizando el antiguo Palacio Chrysler; desde 1932 montó allí automóviles y camiones, actividad que se prolongó durante casi dos décadas hasta el traslado de instalaciones y equipos a la nueva planta de San Justo entre 1948 y 1950. La idea de hacer circular automóviles en lo alto de un edificio tenía un extraordinario antecedente europeo: la fábrica Lingotto de FIAT, en Turín, proyectada por Giacomo Mattè-Trucco. MuseoTorino documenta que el complejo comenzó a proyectarse en 1915, que la célebre pista de pruebas sobre el techo fue realizada desde 1919 y que los automóviles ascendían por rampas helicoidales hasta ese último escenario de control; aquel edificio se transformó en uno de los grandes símbolos internacionales de la arquitectura industrial moderna. La comparación con Buenos Aires resulta inevitable: a miles de kilómetros de Italia, Palanti convirtió una concesionaria en un monumental escaparate de velocidad, técnica y espectáculo. Incluso su arquitectura incorporó elementos alusivos al mundo del automóvil, dentro de una composición que combinaba modernidad técnica con recursos monumentales característicos del arquitecto. Con el paso del tiempo, el antiguo Palacio Chrysler terminó en manos estatales y fue utilizado por el Comando de Arsenales del Ejército Argentino y el Registro Nacional de Armas. En 1993 salió a remate mediante el Banco Ciudad y llegó a promocionarse como “la manzana más cara de la ciudad”. Al año siguiente comenzó su gran metamorfosis: IRSA impulsó la reconversión y el estudio MSGSSS transformó la estructura en viviendas, oficinas y lofts, conservando buena parte de la poderosa envolvente exterior, pero eliminando la histórica pista. En el vacío donde alguna vez rugieron motores apareció un jardín interior con piscina. Durante años funcionó también en la planta baja el Museo Tecnológico Renault, cerrado a comienzos de 2011.Así, el edificio que hoy conocemos como Palacio Alcorta conserva una paradoja fascinante: miles de personas pasan frente a él sin imaginar que, hace casi un siglo, sobre esas paredes se aceleraban automóviles a varios pisos de altura y miles de espectadores podían contemplar aquel espectáculo mecánico. No era simplemente una concesionaria. Era la imagen de una Buenos Aires que soñaba con la velocidad, la industria y el futuro, un gigantesco “palacio autódromo” suspendido sobre Palermo cuya pista desapareció físicamente, pero continúa siendo una de las historias más extraordinarias de la arquitectura automotriz argentina. Fuentes de verificación: Biblioteca del Congreso de la Nación; Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza; MuseoTorino; Autohistoria; documentación e investigaciones sobre Mario Palanti. #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #PalermoChico #MarioPalanti #RestaHermanos #Chrysler #HistoriaArgentina #HistoriaAutomotriz #ArquitecturaArgentina #AutosAntiguos #PatrimonioArquitectónico #EstadioOlimpo #MemoriaUrbana #HistoricBuenosAires #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #AutomotiveHistory #VintageCars #MarioPalanti #ArchitectureHistory #IndustrialHeritage #BuenosAiresHistory #RooftopTrack
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lunes, 5 de octubre de 2026
CUANDO BUENOS AIRES TUVO UN AUTÓDROMO EN EL CIELO: EL PALACIO CHRYSLER QUE HACÍA CORRER AUTOS SOBRE LOS TECHOS DE PALERMO
A simple vista, el actual Palacio Alcorta parece uno de los grandes complejos residenciales de Palermo Chico, pero detrás de sus muros sobrevive la memoria de una de las construcciones más audaces de la Argentina del siglo XX: un verdadero palacio dedicado al automóvil que llegó a tener una pista de pruebas sobre su propia azotea. La página histórica que acompaña esta publicación permite reconocer distintas etapas del edificio y también lo compara con el célebre Lingotto de FIAT en Turín, pero la historia porteña merece algunos ajustes y datos adicionales. El inmueble fue proyectado en 1927 por el arquitecto italiano Mario Palanti —autor del Palacio Barolo de Buenos Aires y del Palacio Salvo de Montevideo— para Resta Hermanos, empresa argentina que representaba y comercializaba automóviles Chrysler. La Biblioteca del Congreso de la Nación registra la obra como “Palacio Automotor de Resta Hermanos” y destaca precisamente su innovadora pista de pruebas en la azotea. El gigantesco establecimiento, levantado en la entonces avenida Centenario 3351 —actual avenida Presidente Figueroa Alcorta—, fue inaugurado el 1 de diciembre de 1928. Ocupaba prácticamente una manzana completa: hacia el frente estaban la exposición y venta de automóviles; detrás se encontraban oficinas, talleres de montaje y fabricación de repuestos, mientras otros sectores se destinaban a terminación y depósito de las unidades. Pero el golpe de efecto estaba arriba. Sobre el edificio aparecía el llamado Estadio Olimpo, un circuito elevado y peraltado donde podían probarse automóviles y realizarse exhibiciones ante público. Fuentes especializadas señalan que incluso fue escenario de actividades sociales y deportivas y que las tribunas podían recibir alrededor de 3.000 espectadores. Aquí aparece una corrección importante frente a un dato que se ha repetido durante años: numerosas notas periodísticas atribuyen a aquella pista una longitud de 1.700 o 1.730 metros, una cifra reproducida incluso en publicaciones recientes; sin embargo, una investigación del Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza consigna expresamente una longitud de 173 metros y capacidad para 3.000 personas. Ante esa discrepancia documental, los 1,7 kilómetros no deberían presentarse como una medida definitivamente establecida. Tampoco terminó necesariamente la historia automotriz del edificio en 1931: ese año Fevre & Basset adquirió Resta Hermanos y continuó utilizando el antiguo Palacio Chrysler; desde 1932 montó allí automóviles y camiones, actividad que se prolongó durante casi dos décadas hasta el traslado de instalaciones y equipos a la nueva planta de San Justo entre 1948 y 1950. La idea de hacer circular automóviles en lo alto de un edificio tenía un extraordinario antecedente europeo: la fábrica Lingotto de FIAT, en Turín, proyectada por Giacomo Mattè-Trucco. MuseoTorino documenta que el complejo comenzó a proyectarse en 1915, que la célebre pista de pruebas sobre el techo fue realizada desde 1919 y que los automóviles ascendían por rampas helicoidales hasta ese último escenario de control; aquel edificio se transformó en uno de los grandes símbolos internacionales de la arquitectura industrial moderna. La comparación con Buenos Aires resulta inevitable: a miles de kilómetros de Italia, Palanti convirtió una concesionaria en un monumental escaparate de velocidad, técnica y espectáculo. Incluso su arquitectura incorporó elementos alusivos al mundo del automóvil, dentro de una composición que combinaba modernidad técnica con recursos monumentales característicos del arquitecto. Con el paso del tiempo, el antiguo Palacio Chrysler terminó en manos estatales y fue utilizado por el Comando de Arsenales del Ejército Argentino y el Registro Nacional de Armas. En 1993 salió a remate mediante el Banco Ciudad y llegó a promocionarse como “la manzana más cara de la ciudad”. Al año siguiente comenzó su gran metamorfosis: IRSA impulsó la reconversión y el estudio MSGSSS transformó la estructura en viviendas, oficinas y lofts, conservando buena parte de la poderosa envolvente exterior, pero eliminando la histórica pista. En el vacío donde alguna vez rugieron motores apareció un jardín interior con piscina. Durante años funcionó también en la planta baja el Museo Tecnológico Renault, cerrado a comienzos de 2011.Así, el edificio que hoy conocemos como Palacio Alcorta conserva una paradoja fascinante: miles de personas pasan frente a él sin imaginar que, hace casi un siglo, sobre esas paredes se aceleraban automóviles a varios pisos de altura y miles de espectadores podían contemplar aquel espectáculo mecánico. No era simplemente una concesionaria. Era la imagen de una Buenos Aires que soñaba con la velocidad, la industria y el futuro, un gigantesco “palacio autódromo” suspendido sobre Palermo cuya pista desapareció físicamente, pero continúa siendo una de las historias más extraordinarias de la arquitectura automotriz argentina. Fuentes de verificación: Biblioteca del Congreso de la Nación; Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza; MuseoTorino; Autohistoria; documentación e investigaciones sobre Mario Palanti. #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #PalermoChico #MarioPalanti #RestaHermanos #Chrysler #HistoriaArgentina #HistoriaAutomotriz #ArquitecturaArgentina #AutosAntiguos #PatrimonioArquitectónico #EstadioOlimpo #MemoriaUrbana #HistoricBuenosAires #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #AutomotiveHistory #VintageCars #MarioPalanti #ArchitectureHistory #IndustrialHeritage #BuenosAiresHistory #RooftopTrack
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