El 23 de julio de 2012, el ciclismo argentino perdió a uno de sus corredores más valientes, populares e inolvidables. Antonio “Payo” Matesevach falleció en Buenos Aires a los 67 años, apenas un mes antes de cumplir 68. Había nacido el 23 de agosto de 1944 en Chimbas, San Juan, en el seno de una numerosa familia de inmigrantes croatas, y desde muy joven encontró en la bicicleta mucho más que un deporte: encontró una forma de desafiar sus propios límites. Antes de convertirse en leyenda, también jugó al fútbol en las divisiones inferiores del Club Centenario Olímpico. Sin embargo, terminó eligiendo las rutas. Entre 1960 y 1963, cuando todavía competía como corredor libre, habría disputado alrededor de 120 pruebas, ganado unas 65 y encadenado un extraordinario récord de 18 victorias consecutivas. Su potencia, su cabellera rubia agitada por el viento y su valentía para atacar convirtieron rápidamente al joven chimbero en un ídolo popular. En 1967 ganó la Doble Media Agua y la primera de sus tres victorias en la temible Doble Calingasta. También brilló en la Vuelta al Táchira, en Venezuela, donde una caída en la penúltima etapa lo privó de luchar por la clasificación general. Parecía destinado a ocupar un lugar entre los grandes nombres internacionales del ciclismo, pero su vida cambió violentamente durante la preparación para los Juegos Panamericanos de Winnipeg. Mientras entrenaba en Canadá junto con la selección argentina, un automóvil lo atropelló. Matesevach sufrió gravísimas heridas, soportó trece operaciones y su pierna derecha quedó aproximadamente cuatro centímetros más corta. Los médicos llegaron a considerar prácticamente imposible que volviera a competir. Durante cinco años permaneció lejos de las carreras, atravesando internaciones, cirugías y una extensa rehabilitación. Pero el “Payo” hizo lo que parecía imposible. El 6 de febrero de 1972 regresó oficialmente en la clásica Mendoza–San Juan. Para compensar la diferencia entre sus piernas utilizó un calzado especial, adaptó la altura del asiento y volvió a enfrentarse al pelotón. Terminó duodécimo, a solo tres minutos del ganador Arturo “Cacho” Bustos. Cuando entró al Velódromo del Parque de Mayo, el público lo levantó en andas. La revista El Gráfico resumió aquella hazaña con una frase que quedó grabada en la memoria del ciclismo: “El hombre que volvió de la muerte”. Aquel retorno no fue una despedida simbólica, sino el comienzo de una segunda carrera todavía más extraordinaria. Durante aproximadamente una década integró la selección argentina, ganó el llamado Precampeonato del Mundo disputado en Quebec en 1974, se impuso en la Vuelta del Litoral de Ecuador y obtuvo la etapa Mendoza–Uspallata del Cruce de los Andes de 1975. Además, representó al país en campeonatos mundiales y competencias realizadas en Canadá, Venezuela, México, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Brasil e Italia. En las rutas cuyanas construyó una historia formidable: ganó tres veces la Doble Calingasta, dos ediciones de la Doble Media Agua, la Doble Difunta Correa y numerosas competencias provinciales y nacionales. Fue cuatro veces subcampeón argentino de ruta, un título que se le negó por muy poco, pero que nunca disminuyó la admiración que despertaba entre los aficionados. Para San Juan, el “Payo” no necesitaba una medalla más: ya era uno de sus grandes campeones. Mendoza también fue parte fundamental de su leyenda. A fines de la década de 1970 se radicó temporalmente en la provincia, donde defendió los colores del equipo de IMPSA y posteriormente integró la formación de Chila Hermanos. En estas tierras compartió rutas y rivalidades con figuras como Ernesto “Cóndor” Contreras, transformándose también en un corredor admirado por el público mendocino. Su última victoria llegó en abril de 1983, cuando se adjudicó la Doble Los Berros. Poco después cerró su trayectoria competitiva participando en el Campeonato Argentino disputado en San Juan. Lejos de desaparecer del ambiente, continuó vinculado con las bicicletas desde su taller y siguió siendo una presencia respetada en homenajes, competencias y encuentros deportivos. Cuando murió aquel 23 de julio de 2012, sus restos fueron trasladados a San Juan. El velorio se realizó en el Velódromo Vicente Chancay, escenario de tantas de sus hazañas. Corredores de distintas generaciones llegaron vestidos con sus equipos, montaron sus bicicletas y dieron vueltas a la pista para despedirlo. No era solamente el adiós a un campeón: era la despedida de un hombre que había enseñado que una caída, por terrible que fuera, no siempre significaba el final del camino. Antonio “Payo” Matesevach no fue únicamente un gran pedalista. Fue el ciclista que sobrevivió cuando parecía condenado, regresó cuando todos lo creían vencido y volvió a levantar los brazos sobre las rutas de Argentina y del mundo. Su historia continúa pedaleando en la memoria de San Juan, Mendoza y todo el ciclismo cuyano. ¿Conocías la extraordinaria historia del “Payo”, el hombre que volvió a competir después de trece operaciones? #AntonioMatesevach #PayoMatesevach #ElPayo #CiclismoArgentino #CiclismoSanjuanino #CiclismoMendocino #HistoriaDelCiclismo #SanJuan #Chimbas #Mendoza #Cuyo #MendozaSanJuan #DobleCalingasta #IMPSA #DeporteArgentino #LeyendasDelDeporte #CyclingHistory #ArgentineCycling #CyclingLegend #NeverGiveUp #SportsHistory #RoadCycling
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
etiquetas
- Efemérides (9577)
- Otras Provincias (4666)
- Curiosidades Históricas (2927)
- Década de 1920 (2727)
- otros paises (2481)
- Década de 1930 (2400)
- Década de 1910 (1964)
- Sociales (1890)
- Década de 1970 (1813)
- Década de 1900 (1627)
- Década de 1940 (1510)
- Publicidades (1398)
- Deportes en el Recuerdo (1345)
- Década de 1950 (1229)
- Videos (1142)
- Década de 1960 (906)
- Década de 1980 (854)
- Letra chica (717)
- antes de 1900 (666)
- Moda (635)
- Vendimia (603)
- graduados (400)
- solo mujer (286)
- Conociendo Mendoza (253)
- frases (251)
- policiales (238)
- hechos hist. de Mza (221)
- Pioneros de la Vitivinicultura en Mendoza (216)
- Década de 1990 (209)
- Mendoza desde Arriba (111)
- Toponimias (91)
- década del 2000 (77)
- portadas (46)
- coloreadas (37)
- el mundo desde arriba (31)
- bienes patrimoniales (25)
- Constitución de Mendoza (12)
- boletin oficial (12)
- gastronomia (12)
- Joyas sobre Ruedas (5)
- edificios religiosos (3)
jueves, 23 de julio de 2026
23 DE JULIO DE 2012: MURIÓ EL “PAYO” MATESEVACH — EL ÍDOLO QUE VOLVIÓ DE LA MUERTE PARA CONQUISTAR LAS RUTAS DE CUYO
El 23 de julio de 2012, el ciclismo argentino perdió a uno de sus corredores más valientes, populares e inolvidables. Antonio “Payo” Matesevach falleció en Buenos Aires a los 67 años, apenas un mes antes de cumplir 68. Había nacido el 23 de agosto de 1944 en Chimbas, San Juan, en el seno de una numerosa familia de inmigrantes croatas, y desde muy joven encontró en la bicicleta mucho más que un deporte: encontró una forma de desafiar sus propios límites. Antes de convertirse en leyenda, también jugó al fútbol en las divisiones inferiores del Club Centenario Olímpico. Sin embargo, terminó eligiendo las rutas. Entre 1960 y 1963, cuando todavía competía como corredor libre, habría disputado alrededor de 120 pruebas, ganado unas 65 y encadenado un extraordinario récord de 18 victorias consecutivas. Su potencia, su cabellera rubia agitada por el viento y su valentía para atacar convirtieron rápidamente al joven chimbero en un ídolo popular. En 1967 ganó la Doble Media Agua y la primera de sus tres victorias en la temible Doble Calingasta. También brilló en la Vuelta al Táchira, en Venezuela, donde una caída en la penúltima etapa lo privó de luchar por la clasificación general. Parecía destinado a ocupar un lugar entre los grandes nombres internacionales del ciclismo, pero su vida cambió violentamente durante la preparación para los Juegos Panamericanos de Winnipeg. Mientras entrenaba en Canadá junto con la selección argentina, un automóvil lo atropelló. Matesevach sufrió gravísimas heridas, soportó trece operaciones y su pierna derecha quedó aproximadamente cuatro centímetros más corta. Los médicos llegaron a considerar prácticamente imposible que volviera a competir. Durante cinco años permaneció lejos de las carreras, atravesando internaciones, cirugías y una extensa rehabilitación. Pero el “Payo” hizo lo que parecía imposible. El 6 de febrero de 1972 regresó oficialmente en la clásica Mendoza–San Juan. Para compensar la diferencia entre sus piernas utilizó un calzado especial, adaptó la altura del asiento y volvió a enfrentarse al pelotón. Terminó duodécimo, a solo tres minutos del ganador Arturo “Cacho” Bustos. Cuando entró al Velódromo del Parque de Mayo, el público lo levantó en andas. La revista El Gráfico resumió aquella hazaña con una frase que quedó grabada en la memoria del ciclismo: “El hombre que volvió de la muerte”. Aquel retorno no fue una despedida simbólica, sino el comienzo de una segunda carrera todavía más extraordinaria. Durante aproximadamente una década integró la selección argentina, ganó el llamado Precampeonato del Mundo disputado en Quebec en 1974, se impuso en la Vuelta del Litoral de Ecuador y obtuvo la etapa Mendoza–Uspallata del Cruce de los Andes de 1975. Además, representó al país en campeonatos mundiales y competencias realizadas en Canadá, Venezuela, México, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Brasil e Italia. En las rutas cuyanas construyó una historia formidable: ganó tres veces la Doble Calingasta, dos ediciones de la Doble Media Agua, la Doble Difunta Correa y numerosas competencias provinciales y nacionales. Fue cuatro veces subcampeón argentino de ruta, un título que se le negó por muy poco, pero que nunca disminuyó la admiración que despertaba entre los aficionados. Para San Juan, el “Payo” no necesitaba una medalla más: ya era uno de sus grandes campeones. Mendoza también fue parte fundamental de su leyenda. A fines de la década de 1970 se radicó temporalmente en la provincia, donde defendió los colores del equipo de IMPSA y posteriormente integró la formación de Chila Hermanos. En estas tierras compartió rutas y rivalidades con figuras como Ernesto “Cóndor” Contreras, transformándose también en un corredor admirado por el público mendocino. Su última victoria llegó en abril de 1983, cuando se adjudicó la Doble Los Berros. Poco después cerró su trayectoria competitiva participando en el Campeonato Argentino disputado en San Juan. Lejos de desaparecer del ambiente, continuó vinculado con las bicicletas desde su taller y siguió siendo una presencia respetada en homenajes, competencias y encuentros deportivos. Cuando murió aquel 23 de julio de 2012, sus restos fueron trasladados a San Juan. El velorio se realizó en el Velódromo Vicente Chancay, escenario de tantas de sus hazañas. Corredores de distintas generaciones llegaron vestidos con sus equipos, montaron sus bicicletas y dieron vueltas a la pista para despedirlo. No era solamente el adiós a un campeón: era la despedida de un hombre que había enseñado que una caída, por terrible que fuera, no siempre significaba el final del camino. Antonio “Payo” Matesevach no fue únicamente un gran pedalista. Fue el ciclista que sobrevivió cuando parecía condenado, regresó cuando todos lo creían vencido y volvió a levantar los brazos sobre las rutas de Argentina y del mundo. Su historia continúa pedaleando en la memoria de San Juan, Mendoza y todo el ciclismo cuyano. ¿Conocías la extraordinaria historia del “Payo”, el hombre que volvió a competir después de trece operaciones? #AntonioMatesevach #PayoMatesevach #ElPayo #CiclismoArgentino #CiclismoSanjuanino #CiclismoMendocino #HistoriaDelCiclismo #SanJuan #Chimbas #Mendoza #Cuyo #MendozaSanJuan #DobleCalingasta #IMPSA #DeporteArgentino #LeyendasDelDeporte #CyclingHistory #ArgentineCycling #CyclingLegend #NeverGiveUp #SportsHistory #RoadCycling
CEMENTERIO DE LA RECOLETA ABRE SUS SECRETOS — DOS SIGLOS DE PODER, ARTE, GLORIA Y MUERTE BAJO EL MÁRMOL
Buenos Aires guarda una ciudad silenciosa dentro de la ciudad. Tiene avenidas diminutas, palacios de mármol, templos en miniatura, ángeles inmóviles y puertas que parecen custodiar secretos familiares desde hace más de dos siglos. Es el Cementerio de la Recoleta, uno de los conjuntos históricos y funerarios más extraordinarios de la Argentina. El Cementerio de la Recoleta es mucho más que el lugar donde descansan algunas de las figuras más conocidas del país: es un gigantesco archivo de piedra donde pueden leerse las luchas por el poder, las tragedias privadas, los ideales políticos, las modas arquitectónicas y las contradicciones de la sociedad argentina. Su historia comenzó durante el gobierno de Martín Rodríguez, cuando Bernardino Rivadavia, entonces ministro de Gobierno, impulsó la secularización de los servicios funerarios. Un decreto del 1.º de julio de 1822 destinó el antiguo recinto de los religiosos recoletos a enterratorio público y, el 17 de noviembre de ese año, la antigua huerta del convento vecino a la iglesia del Pilar se convirtió oficialmente en el Cementerio del Norte, el primero de carácter público de la Ciudad de Buenos Aires. Su trazado original fue realizado por el ingeniero francés Próspero Catelin. Sus primeros habitantes no fueron presidentes, generales ni integrantes de las familias más poderosas. Los registros recuerdan al pequeño liberto Juan Benito y a la joven María Dolores Maciel, dos nombres que inauguraron silenciosamente una necrópolis que con el tiempo se convertiría en símbolo de prestigio, memoria y eternidad. El aspecto monumental que hoy recibe a los visitantes apareció en 1881, durante la transformación urbana encabezada por Torcuato de Alvear. El arquitecto italiano Juan Antonio Buschiazzo, figura decisiva de las obras públicas porteñas y también vinculado al proyecto de la Avenida de Mayo, renovó el conjunto y construyó su imponente acceso neoclásico: una doble hilera de columnas de orden dórico griego que separa simbólicamente el mundo cotidiano del territorio de los muertos. Sobre el exterior puede leerse la expresión latina “Requiescant in pace”, “Descansen en paz”. Al abandonar el cementerio aparece la respuesta dirigida desde los muertos hacia los vivos: “Expectamus Dominum”, “Esperamos al Señor”. Ese diálogo grabado en piedra resume la atmósfera del lugar, donde cada escultura, vitral, corona, reloj de arena, antorcha invertida o figura alada contiene un mensaje sobre la fugacidad de la existencia. En sus aproximadamente cinco hectáreas se levantan más de 4.500 bóvedas, desde pequeños templos griegos y capillas neogóticas hasta pirámides egipcias, mausoleos art nouveau y monumentos art déco. Más de 90 bóvedas poseen protección histórica nacional y allí descansan más de 200 protagonistas de la vida argentina, entre ellos Eva Duarte de Perón, Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi, Remedios de Escalada, Raúl Alfonsín y el premio Nobel Luis Federico Leloir. El monumental peristilo de ingreso también fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2007. Recorrer la Recoleta es caminar por más de doscientos años de historia argentina. Detrás de cada puerta de bronce existe una familia; detrás de cada estatua, una despedida; detrás de cada nombre, una época. Allí la muerte no borró las diferencias, las ambiciones ni las leyendas: las convirtió en mármol. #RecoletaCemetery #BuenosAiresHistory #ArgentinaHistory #HistoricBuenosAires #FuneraryArt #CemeteryArchitecture #HistoricCemetery #CulturalHeritage #HiddenBuenosAires #ArgentineHeritage #HistoryLovers #DarkTourism #BuenosAiresCulture #HistoricalPlaces #CementerioDeLaRecoleta #Recoleta #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #PatrimonioHistórico #ArquitecturaFuneraria #ArteFunerario #Mausoleos #HistoriasDeBuenosAires #MitosYLeyendas #ArgentinaHistórica #TurismoCultural #MemoriaArgentina #MendozAntigua
23 DE JULIO DE 1894: CUATRO HOJAS DESAFIARON AL OLVIDO — EL PERIÓDICO MENDOCINO QUE PROMETIÓ “INSTRUIR DELEITANDO” (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 23 de julio de 1894, desde una modesta sede ubicada en la calle Suipacha 85 de la ciudad de Mendoza, salió a circulación el primer número de Los Tiempos, una publicación de apenas cuatro hojas que aspiraba a conquistar un espacio propio dentro de la creciente prensa provincial. Su director era M. Alcorta y la responsabilidad editorial recaía en H. M. de Villars, dos nombres que hoy apenas sobreviven entre las páginas de la historia periodística mendocina. Aunque su trayectoria permanece escasamente documentada, aquel ejemplar inaugural dejó una declaración de principios tan ambiciosa como reveladora. Los Tiempos se presentaba como un periódico dedicado a la opinión pública, dispuesto a defender sus intereses con entusiasmo y sin apartarse de la conducta que decía haber elegido: la imparcialidad. Su divisa resumía toda una concepción de la prensa y de la cultura: “instruir deleitando”. La frase no era un simple recurso publicitario. Procedía de la tradición atribuida al poeta latino Horacio y expresaba la idea de unir lo útil con lo agradable: transmitir conocimientos, despertar la reflexión y, al mismo tiempo, cautivar al lector. Más de veinte siglos después de su formulación, aquella máxima clásica aparecía convertida en la bandera editorial de un pequeño periódico nacido al pie de los Andes. Pero el primer número reservaba una sorpresa literaria. En sus páginas comenzó a publicarse, mediante el popular sistema del folletín por entregas, la novela La princesa Lubina, de Leopold von Sacher-Masoch. La obra ya circulaba en la Argentina: el catálogo de la Biblioteca de la Academia Argentina de Letras registra una edición publicada en Buenos Aires por Jacobo Peuser en 1888, seis años antes de su aparición en el periódico mendocino. La elección del autor resulta especialmente llamativa. Sacher-Masoch fue un escritor, periodista e historiador nacido en el antiguo Imperio austríaco, autor de numerosas novelas y relatos. Su célebre obra La Venus de las pieles inspiró posteriormente al psiquiatra Richard von Krafft-Ebing para formar el término “masoquismo” a partir de su apellido. Así, mientras Mendoza avanzaba hacia la modernidad de fines del siglo XIX, las hojas de un periódico local acercaban a sus lectores una literatura europea audaz y poco convencional. Los Tiempos tal vez no alcanzó la longevidad ni la influencia de otras cabeceras mendocinas, pero su primer ejemplar representa mucho más que una rareza bibliográfica. Los antiguos periódicos cuyanos fueron espacios donde se debatían ideas políticas, se difundían noticias y se abrían caminos para la literatura local y extranjera; sus páginas, muchas veces perdidas o deterioradas, conservan las aspiraciones, discusiones y costumbres de generaciones enteras. Aquel 23 de julio de 1894 bastaron una dirección de la calle Suipacha, cuatro hojas impresas, una promesa de imparcialidad y una novela llegada desde Europa para encender una pequeña aventura periodística. Hoy, más de un siglo después, Los Tiempos vuelve a emerger del silencio como testimonio de una Mendoza que también aprendía, discutía, leía y soñaba entre tinta, papel y prensas de impresión. #MendozaHistory #ArgentineHistory #NewspaperHistory #HistoryOfJournalism #HistoricalPress #VintageNewspapers #LocalHistory #CulturalHeritage #LiteraryHistory #ForgottenHistory #NineteenthCentury #ArgentinaHistory #OnThisDay #HistoryMatters #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #LosTiempos #PrensaMendocina #PeriodismoArgentino #HistoriaDelPeriodismo #Efemérides #23DeJulio #CulturaMendocina #Literatura #Folletín #SacherMasoch #MemoriaHistórica #PatrimonioCultural #Argentina
Etiquetas:
Efemérides
Mendoza, Argentina
Mendoza, Capital, Mendoza, Argentina
ARGENTINA BAJO ACUSACIÓN: LA HISTORIA QUE DESARMA EL RÓTULO DE “UNO DE LOS PAÍSES MÁS RACISTAS DEL MUNDO”
Una afirmación difundida internacionalmente volvió a colocar a la Argentina en el centro de una discusión incómoda: la acusación de ser “uno de los países más racistas del mundo”. El mensaje fue compartido por Samuel L. Jackson durante la reciente final del Mundial y provocó una fuerte reacción porque presentó como una verdad histórica indiscutible algo que, cuando se examina seriamente, resulta mucho más complejo. La Argentina no puede negar que en su pasado existieron esclavitud, prejuicios, discriminación e injusticias contra afrodescendientes, indígenas y migrantes. Ninguna sociedad posee una historia completamente libre de esas sombras. Pero reconocerlas no obliga a aceptar una sentencia tan extrema como simplificadora. La experiencia argentina no fue idéntica a la segregación legal estadounidense ni al apartheid sudafricano: aquí no se consolidó un sistema nacional que separara oficialmente escuelas, transportes, barrios y matrimonios según el color de la piel. Desde los tiempos coloniales existió una presencia africana mucho mayor de lo que suele imaginarse. Una publicación oficial basada en el Censo de 1778 sostiene que el 46% de la población relevada tenía origen africano. Hombres y mujeres esclavizados y sus descendientes participaron de la vida económica, militar, cultural y cotidiana; combatieron en los ejércitos de la Independencia y dejaron huellas profundas en la música, el lenguaje, la gastronomía y tradiciones como el candombe, la milonga y el tango. Entonces, ¿por qué hoy su presencia física parece menor que en otros países americanos? La respuesta no es una supuesta eliminación planificada de toda la población negra. Intervinieron numerosos procesos: la abolición gradual de la esclavitud, los cambios en las categorías censales, la mortalidad, las guerras, la enorme inmigración llegada desde el siglo XIX y, especialmente, el mestizaje. En la Argentina las personas de diferentes orígenes formaron familias y se mezclaron con gran naturalidad. La investigación histórica actual, precisamente, busca desarmar el viejo relato de la “desaparición” afroargentina: sus descendientes no se evaporaron, sino que muchos dejaron de ser registrados como un grupo separado y fueron incorporados a una identidad nacional que se presentaba como predominantemente blanca y europea. La Constitución de 1853 también muestra cuál era, al menos jurídicamente, el proyecto de país. Su artículo 15 declaró libres a los esclavos y estableció que toda persona esclavizada que ingresara al territorio quedaba libre por el solo hecho de pisarlo. El artículo 16 rechazó las prerrogativas de sangre y nacimiento, mientras que el artículo 20 concedió a los extranjeros los mismos derechos civiles que a los ciudadanos. Esa arquitectura constitucional avanzó en una dirección opuesta a los sistemas legales de segregación racial que sobrevivieron durante generaciones en otros lugares del mundo. Eso no significa que el racismo sea inexistente. Afroargentinos, migrantes africanos, pueblos originarios y ciudadanos de países limítrofes todavía pueden sufrir burlas, estigmatización, violencia o exclusión. Diversas investigaciones argentinas han documentado experiencias de discriminación y también la invisibilización histórica de la población afrodescendiente. Negarlo sería tan equivocado como declarar que toda la Argentina es esencialmente racista. Tampoco es correcto repetir que “en la Argentina no hay negros”. El Censo 2022 contabilizó 302.936 personas que se reconocen afrodescendientes o poseen antepasados negros o africanos, equivalentes al 0,7% de quienes viven en viviendas particulares. En Mendoza fueron registradas 8.141 personas, distribuidas por todos sus departamentos. Son cifras oficiales que contradicen tanto el mito de la ausencia absoluta como la teoría de una desaparición completa. La identidad argentina nació de pueblos originarios, africanos, criollos y de sucesivas corrientes españolas, italianas, judías, árabes, armenias, eslavas, asiáticas y latinoamericanas. No somos una nación de sangre pura —ninguna nación lo es—, sino el resultado de una mezcla humana extraordinaria. La historia obliga a reconocer errores, reparar olvidos y combatir toda discriminación presente. Pero también exige rechazar las etiquetas lanzadas sin contexto. Decir que la Argentina es “uno de los países más racistas del mundo” no constituye un análisis histórico: es una generalización que desconoce su proceso de mestizaje, su tradición inmigratoria y una Constitución que proclamó la libertad, la igualdad jurídica y el rechazo a los privilegios de sangre. Argentina no es una sociedad perfecta. Es una sociedad mezclada, contradictoria y diversa. Y precisamente allí reside una parte esencial de su identidad. #Argentina #ArgentineHistory #AfroArgentines #AfroDescendants #CulturalDiversity #HumanDiversity #ImmigrationHistory #MixedHeritage #HistoricalTruth #ArgentineCulture #NationalIdentity #AgainstRacism #LatinAmericanHistory #HistoryMatters #Argentina #HistoriaArgentina #IdentidadArgentina #Afroargentinos #Afrodescendientes #DiversidadCultural #Mestizaje #Inmigración #ConstituciónArgentina #HistoriaAfroargentina #CulturaArgentina #MemoriaHistórica #ContraElRacismo #OrgulloArgentino #MendozAntigua #Mendoza
23 DE JULIO DE 1958: EL CINE ARGENTINO SE UNIÓ MIENTRAS FRONDIZI DESTAPABA DOS HERENCIAS OCULTAS DEL ESTADO
El 23 de julio de 1958, mientras la Argentina comenzaba a transitar el proyecto desarrollista de Arturo Frondizi, tres acontecimientos aparentemente desconectados revelaron las profundas transformaciones que atravesaba el país: los grandes realizadores cinematográficos decidieron cerrar filas, el Gobierno abrió las cuentas del sistema jubilatorio y una antigua excepción sanitaria quedó bajo la lupa del Congreso. Aquel día, la Sociedad Argentina de Directores Cinematográficos —SADIR, fundada en 1945— y la Agrupación de Directores de Películas —ADP, creada en 1956— dejaron atrás sus diferencias y se fusionaron para constituir Directores Argentinos Cinematográficos, DAC. La nueva organización nació con carácter gremial, mutual y cultural, destinada a representar y defender a quienes convertían una idea escrita en imágenes capaces de emocionar a todo un país. Fernando Ayala, Hugo del Carril, Lucas Demare, René Mugica, Leopoldo Torre Nilsson, Mario Soffici y Daniel Tinayre estuvieron entre las grandes figuras que impulsaron aquella unidad. No era un momento sencillo: el cine nacional necesitaba fortalecer su producción, proteger a sus autores y adaptarse a un escenario cultural que comenzaba a ser transformado por la expansión de la televisión. Apenas un año antes había sido creado el Instituto Nacional de Cinematografía, en una época en la que el propio organismo reconoce que el apoyo estatal resultaba indispensable para sostener la industria. En 2014, la Ley 26.946 convirtió oficialmente cada 23 de julio en el Día del Director y la Directora Audiovisual. Mientras los directores unían sus cámaras, desde la Casa Rosada llegaba al Congreso otra clase de película: una radiografía financiera del sistema previsional. El Poder Ejecutivo remitió a la Cámara de Diputados nueve planillas sobre el estado patrimonial de las cajas nacionales de previsión social, confeccionadas con datos actualizados hasta el 30 de abril de 1958. La documentación respondía a un pedido aprobado por los diputados el 19 de junio. Frondizi llevaba solamente 83 días en la Presidencia y ya intentaba establecer, mediante cifras concretas, cuál era la verdadera situación de los organismos jubilatorios recibidos por su administración. Ese mismo 23 de julio, el Gobierno presentó además un proyecto para derogar el artículo 30 del Decreto 6.216 de 1944, norma que regulaba el ejercicio de la medicina en la Capital Federal y los territorios nacionales. Aquella disposición había permitido que personas sin título profesional, pero dedicadas a determinadas ramas auxiliares de la medicina, regularizaran su situación mediante certificados de capacidad o exámenes ante comisiones oficiales. Lo que había nacido como una solución transitoria continuaba vigente catorce años después. El mensaje presidencial sostuvo que el plazo había sido más que suficiente, que ya existían institutos oficiales donde podían estudiarse aquellas profesiones y que quienes no habían buscado la habilitación habían demostrado desinterés o abandono de la actividad. El proyecto fue enviado a la Comisión de Asistencia Social y Salud Pública; el asunto llegaría finalmente a la legislación mediante la Ley 14.978, sancionada en noviembre de 1959. Una misma fecha y tres imágenes de una Argentina en transformación: directores levantando una institución para defender el cine nacional, nueve planillas revelando el estado de las jubilaciones y un Gobierno intentando cerrar una excepción sanitaria que llevaba catorce años abierta. Cámaras, números y certificados profesionales: tres historias distintas que aquel 23 de julio de 1958 quedaron unidas para siempre. #MendozAntigua #ArturoFrondizi #CineArgentino #DAC #HistoriaArgentina #Efemérides #DirectoresArgentinos #CulturaArgentina #Jubilaciones #PrevisiónSocial #HistoriaDelCine #PatrimonioCultural #MemoriaArgentina #Argentina1958 #Desarrollismo #ArgentineHistory #ArgentineCinema #FilmHistory #CinemaDirectors #ArturoFrondizi #AudiovisualHistory #HistoricalFacts #CulturalHeritage #SocialSecurity #OnThisDay #VintageArgentina #CinemaCulture
1888: ARIZU ENCENDIÓ EL CORAZÓN INDUSTRIAL DEL VINO MENDOCINO — LA DESTILERÍA DE LOS HERMANOS QUE DESAFIARON LO IMPOSIBLE
Esta fotografía histórica nos conduce al interior de la sección destilería de Bodegas y Viñedos Arizu, un espacio dominado por cañerías, columnas, recipientes y estructuras metálicas que revelan hasta qué punto la elaboración del vino mendocino había comenzado a transformarse en una verdadera industria. Allí, entre el vapor, el ruido de las máquinas y el trabajo cotidiano de numerosos obreros, también se estaba construyendo una parte fundamental de la identidad productiva de Mendoza. La historia comenzó en 1888, cuando Balbino Arizu, inmigrante procedente de Unzué, Navarra, formó junto con sus hermanos Clemente y Sótero la sociedad Arizu Hermanos. Tras la temprana muerte de Clemente se incorporaría Jacinto, otro integrante de una familia que convirtió el sacrificio, la disciplina y la confianza en el futuro en sus principales herramientas. El casco bodeguero de Godoy Cruz comenzó a levantarse desde 1891 y, durante la época de oro de la vitivinicultura mendocina —entre 1910 y 1930—, Arizu llegó a ubicarse entre los siete establecimientos más importantes de la provincia. Aquellos pioneros trabajaron cuando producir vino a gran escala todavía parecía una aventura llena de riesgos. Para ellos, palabras como desaliento, vacilación, temor o fracaso no podían detener una empresa que crecía junto con los viñedos, los ferrocarriles y las nuevas poblaciones. Desde 1913, incluso un desvío ferroviario ingresaba directamente desde la estación Godoy Cruz hasta las instalaciones, conectando la gigantesca bodega con los mercados nacionales. La destilería retratada en esta imagen no era solamente una dependencia industrial: representaba la modernización tecnológica, el aprovechamiento integral de la producción y la voluntad de competir entre los grandes nombres del vino argentino. La familia Arizu conservó la propiedad del establecimiento hasta 1978. La empresa atravesó posteriormente la intervención estatal y continuó funcionando hasta su cierre definitivo en 1991. En 1999, el complejo de Godoy Cruz fue declarado Monumento Histórico Nacional, por ser un testimonio excepcional del nacimiento de la vitivinicultura industrial y del progreso económico y urbano de Mendoza. Sus documentos, libros laborales y registros comerciales preservan hoy la memoria de empresarios, toneleros, carreros, peones y trabajadores de bodega que hicieron posible aquel coloso productivo. La vieja destilería permanece inmóvil en la fotografía, pero casi puede escucharse el sonido de sus engranajes. Allí no solamente se procesaba la cosecha: se destilaban esfuerzo, coraje y futuro. Los Arizu llegaron desde una pequeña localidad española y ayudaron a convertir a Mendoza en una tierra de gigantes del vino. Su apellido terminó siendo mucho más que una marca: fue una brújula para quienes comprendieron que el desierto podía transformarse en viñedo y que, detrás de cada gran obra, siempre existen personas dispuestas a avanzar cuando otros todavía dudan. #ArizuWinery #MendozaHistory #WineHistory #ArgentineWine #HistoricWinery #WinePioneers #IndustrialHeritage #MendozaWine #WinemakingHistory #VintageMendoza #WineCulture #HistoricArgentina #GodoyCruz #WineIndustry #ImmigrantHistory #OldWinery #MendozAntigua #BodegaArizu #HermanosArizu #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #Vitivinicultura #VinoMendocino #BodegasHistóricas #GodoyCruz #PatrimonioIndustrial #IndustriaVitivinícola #HistoriaDelVino #Inmigrantes #PionerosDelVino #MemoriaMendocina #CulturaDelVino #ArgentinaHistórica #MendozAntigua
miércoles, 22 de julio de 2026
1922–1924: MENDOZA TENÍA PETRÓLEO BAJO LOS PIES — PERO WASHINGTON LENCINAS PUSO EN PAUSA EL SUEÑO DEL ORO NEGRO
Cuando Carlos Washington Lencinas llegó a la gobernación de Mendoza en 1922, la provincia enfrentaba demasiadas urgencias al mismo tiempo. La crisis vitivinícola golpeaba a productores y trabajadores, escaseaban los recursos públicos y crecían las demandas de hospitales, escuelas, pensiones, viviendas, obras de irrigación y mejores precios para la uva. El segundo gobierno lencinista eligió concentrarse en aquella agenda social y en la defensa de la industria madre. Bajo su administración se impulsaron importantes obras sanitarias y en 1924 fue inaugurado el Hospital José Néstor Lencinas, destinado inicialmente a combatir la tuberculosis y otras enfermedades infectocontagiosas. Pero mientras el Estado avanzaba en esos frentes, otro futuro permanecía oculto bajo la cordillera y las tierras del sur: el petróleo mendocino. El giro quedó marcado el 20 de febrero de 1922, cuando la Dirección de Minas perdió jerarquía y autonomía al ser absorbida por la Dirección General de Obras Públicas. La explicación oficial fue económica: la reorganización permitiría ahorrar aproximadamente 179.800 pesos, una suma considerable para una administración con serias limitaciones financieras. La dependencia perdió personal, fueron eliminados los viáticos para inspeccionar yacimientos y los interesados debieron comenzar a costear los traslados de los funcionarios. El ingeniero Guillermo Hileman, una de las principales figuras técnicas del área, conservó inicialmente su cargo, pero su sueldo bajó de 800 a 700 pesos mensuales; el asesor Chester White, en cambio, quedó fuera de la repartición. Aquella reducción no solo afectó una oficina: debilitó la capacidad provincial para estudiar el territorio, inspeccionar minas, atraer capitales y transformar simples permisos de cateo en perforaciones reales. La decisión provocó una paradoja política. La Palabra, diario vinculado al propio lencinismo, criticó con dureza al gobierno y recordó que la repartición había sido fortalecida por José Néstor Lencinas para divulgar el potencial minero y petrolero de Mendoza. Según el periódico, una División de Minas verdaderamente autónoma podría realizar estudios, promover ensayos, aconsejar reformas legales y ofrecer incentivos a quienes comenzaran explotaciones racionales. Reducida a una sección secundaria, quedaba prácticamente condenada a tramitar expedientes en lugar de encabezar una política energética. La contradicción se volvió todavía más visible porque, mientras Mendoza reducía su estructura técnica, la Nación avanzaba en dirección opuesta. El 3 de junio de 1922 fue creada Yacimientos Petrolíferos Fiscales y, en octubre, el coronel Enrique Mosconi asumió su conducción con la misión de organizar una empresa estatal capaz de explorar, extraer, refinar, transportar y comercializar combustibles. En enero de 1923, Hileman abandonó Mendoza para incorporarse precisamente a YPF. La provincia perdía así a uno de sus especialistas cuando el petróleo comenzaba a convertirse en una cuestión estratégica para todo el país. Durante 1923, Washington Lencinas devolvió formalmente la autonomía a la División de Minas y amplió su personal. También se aprobaron partidas para maquinarias, instalaciones y exploraciones. Sin embargo, el impulso quedó principalmente en los papeles: no se incorporaron suficientes ingenieros, topógrafos o geólogos; no aparecieron campañas sistemáticas de perforación, estudios de campo ni pozos experimentales impulsados por la provincia. La repartición se dedicó sobre todo a ordenar permisos atrasados, publicar solicitudes de cateo y elaborar un nuevo mapa minero. Incluso proyectos ambiciosos —como emitir hasta cinco millones de pesos en títulos para fomentar la minería o construir un ferrocarril económico hacia las zonas carboníferas y petroleras de Malargüe— nunca llegaron a ser tratados seriamente por la Legislatura. No puede hablarse de un abandono absoluto, pero sí de una clara pérdida de impulso respecto de la política iniciada por José Néstor Lencinas. La crisis del vino, los conflictos con los grandes bodegueros, la debilidad fiscal, las luchas internas del lencinismo y su tensa relación con el Gobierno nacional obligaban a atender demasiados frentes. La administración prefirió resolver problemas inmediatos antes que invertir enormes recursos en una industria que prometía resultados a largo plazo. La minería y el petróleo quedaron relegados frente a la salud pública, la obra social y la defensa de la vitivinicultura. La historia dejó así una de las grandes paradojas mendocinas del siglo XX: mientras la Argentina comenzaba a levantar alrededor de YPF una poderosa estructura petrolera estatal, Mendoza —que poseía carbón, cobre, sales e importantes indicios de hidrocarburos— reducía técnicos, demoraba exploraciones y dejaba escapar proyectos capaces de cambiar su matriz productiva. El oro negro estaba bajo sus pies, pero la provincia todavía no contaba con los recursos, la estabilidad ni la decisión política necesarias para ir a buscarlo. ¿Fue una elección inevitable ante las urgencias sociales de 1922 o una oportunidad histórica que Mendoza dejó escapar? #CarlosWashingtonLencinas #Lencinismo #HistoriaDeMendoza #PetróleoMendocino #YPF #EnriqueMosconi #MineríaMendocina #Malargüe #OroNegro #HistoriaArgentina #IndustriaPetrolera #PatrimonioMendocino #MendozaAntigua #WashingtonLencinas #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #PetroleumIndustry #MiningHistory #EnergyHistory #YPFHistory #BlackGold #HistoricMendoza #IndustrialHistory
Etiquetas:
Curiosidades Históricas
Mendoza, Argentina
Mendoza, Capital, Mendoza, Argentina
BAKER STREET: 163 AÑOS BAJO LONDRES — EL TÚNEL VICTORIANO DONDE COMENZÓ LA ERA DEL METRO
Dos imágenes separadas por más de un siglo y medio muestran un lugar en el que el tiempo parece haberse detenido. Los vestidos victorianos desaparecieron, las lámparas de gas fueron reemplazadas y las locomotoras de vapor dejaron paso a los trenes eléctricos; sin embargo, los grandes arcos de ladrillo de Baker Street todavía conservan la silueta de aquella extraordinaria obra que transformó para siempre la movilidad urbana. La estación abrió el 10 de enero de 1863 como una de las siete paradas originales del Metropolitan Railway, el primer ferrocarril subterráneo del mundo, cuyo recorrido inicial unía Paddington con Farringdon. Por eso, aunque suele ser presentada como “la estación de metro más antigua”, la precisión histórica indica que Baker Street fue una de las estaciones fundadoras de aquella línea pionera. Durante su primera jornada de servicio, cerca de 40.000 personas viajaron en vagones de primera, segunda y tercera clase, arrastrados por locomotoras de vapor bajo las calles de Londres. La construcción se realizó mediante el sistema conocido como cut and cover: se abría una enorme zanja, se instalaban las vías, se levantaban muros y bóvedas y, finalmente, se reconstruía la calle sobre el túnel. En Baker Street todavía sobreviven dos de las plataformas y parte de la bóveda original diseñada bajo la dirección del ingeniero John Fowler. Sus aberturas permitían que entraran luz y aire, aunque no lograban impedir que el humo, el vapor y los gases convirtieran los primeros viajes en una experiencia sofocante. La línea fue electrificada durante los primeros años del siglo XX. Hoy, Baker Street es un gigantesco punto de conexión para las líneas Bakerloo, Circle, Hammersmith & City, Jubilee y Metropolitan. Sus sectores históricos poseen protección patrimonial de grado II*, y su bóveda de 1863 es considerada uno de los testimonios más completos y evocadores del nacimiento del transporte subterráneo. La comparación es asombrosa: donde antes aguardaban caballeros con sombrero y mujeres con largos vestidos, hoy esperan pasajeros rodeados de pantallas, señalización eléctrica y trenes modernos. Pero sobre ellos continúa extendiéndose la misma arquitectura victoriana. Baker Street no es solamente una estación antigua: es una máquina del tiempo que lleva más de 160 años cumpliendo la función para la que fue construida y conectando a generaciones de londinenses a través de tres siglos. ¿Te habrías animado a viajar por aquellos túneles en 1863, entre el humo y el estruendo de una locomotora de vapor? #BakerStreet #MetroDeLondres #HistoriaDelMetro #LondresAntiguo #HistoriaFerroviaria #ArquitecturaVictoriana #AntesYAhora #FotografíaHistórica #HistoriaDelTransporte #LondresVictoriano #LondonUnderground #LondonHistory #VictorianLondon #RailwayHistory #ThenAndNow #HistoricLondon #UndergroundRailway #VictorianArchitecture #TransportHistory #HistoryPhotography
22 DE JULIO DE 1954: PERÓN REORGANIZÓ LA CIENCIA ARGENTINA PARA CONVERTIR EL CONOCIMIENTO EN PRODUCCIÓN
El 22 de julio de 1954, durante la segunda presidencia de Juan Domingo Perón, el Estado argentino modificó la estructura encargada de coordinar sus investigaciones científicas y tecnológicas. No fue solamente un cambio de nombre o una reorganización de oficinas: detrás de aquella decisión existía una idea estratégica cada vez más definida —que la ciencia debía contribuir directamente al desarrollo industrial, al perfeccionamiento técnico y al aumento de la productividad nacional— El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas —CNICyT—, creado en 1951 para orientar, coordinar y promover las investigaciones desarrolladas en el país, fue reemplazado por la Comisión Permanente de Investigaciones Científicas y Tecnológicas —CPICT—. La nueva institución conservó atribuciones similares, pero quedó expresamente enfocada en aplicar el conocimiento a los desafíos concretos de la economía, la producción y la organización del trabajo. Argentina atravesaba una etapa en la que la industrialización necesitaba superar problemas de abastecimiento, eficiencia y productividad. Por eso, la política científica comenzó a vincularse más estrechamente con las fábricas, los organismos técnicos, las universidades, las Fuerzas Armadas y las necesidades planteadas por el Segundo Plan Quinquenal. La investigación ya no debía permanecer aislada en laboratorios o instituciones académicas: debía transformarse en maquinaria, energía, nuevos procesos industriales, mejores métodos de trabajo y soluciones capaces de fortalecer la independencia económica. Aquella orientación continuó durante los meses siguientes. La Dirección Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas recopiló información, estudió modelos aplicados en países industrializados y preparó documentación que sería utilizada en el Congreso Nacional de la Productividad de 1955, donde representantes empresarios y sindicales debatieron cómo aumentar la producción sin reducir el bienestar de los trabajadores. La reorganización alcanzó también a otras instituciones estratégicas. En esa misma jornada, aunque mediante el Decreto 12.249, el histórico Observatorio Nacional Argentino de Córdoba fue transferido al Ministerio de Educación y quedó bajo dependencia de la Universidad Nacional de Córdoba, reforzando su vinculación con la enseñanza superior y la formación científica. Es importante señalar que aquel CNICyT no era jurídicamente el mismo organismo que hoy conocemos como CONICET. Sin embargo, representó una experiencia temprana de coordinación y planificación estatal de la ciencia argentina. El CONICET actual sería creado formalmente en febrero de 1958, durante el gobierno de facto de Pedro Eugenio Aramburu, mediante el Decreto-Ley 1.291. El 22 de julio de 1954 quedó así marcado como una fecha decisiva: el día en que la Argentina intentó convertir la investigación científica en una herramienta concreta de soberanía, industrialización y progreso. Una época en la que el conocimiento comenzó a ser pensado no solamente para descubrir el mundo, sino también para transformar el país. #HistoriaArgentina #CienciaArgentina #JuanDomingoPerón #Peronismo #IndustriaArgentina #TecnologíaArgentina #SoberaníaCientífica #DesarrolloNacional #Productividad #SegundoPlanQuinquenal #CONICET #HistoriaDeLaCiencia #InvestigaciónCientífica #Efemérides #MendozAntigua #ArgentineHistory #ArgentineScience #JuanPeron #ScienceHistory #ScienceAndTechnology #ScientificResearch #IndustrialDevelopment #NationalDevelopment #TechnologicalSovereignty #EconomicIndependence #Productivity #Innovation #ArgentinaHistory #HistoricalFacts
5 DE JULIO DE 1807: LA MUJER SIN NOMBRE DE LAS AZOTEAS — EL ROSTRO DE CIENTOS DE HEROÍNAS QUE HICIERON RETROCEDER AL IMPERIO BRITÁNICO (IMAGEN ILUSTRATIVA)
No tuvo uniforme. No recibió un grado militar. Su rostro no quedó inmortalizado en un retrato y probablemente su nombre jamás apareció en los partes de guerra. Sin embargo, cuando las casacas rojas avanzaron por las calles de Buenos Aires, ella también ocupó su puesto de combate: una azotea, una ventana, un patio o la puerta de una vivienda convertida repentinamente en fortaleza. La mujer anónima de esta historia no representa a una sola persona identificada, sino a las numerosas porteñas —trabajadoras, madres, viudas, sirvientas, comerciantes y mujeres esclavizadas— que participaron en la defensa de una ciudad que todavía era la capital del Virreinato del Río de la Plata. En la madrugada del 5 de julio de 1807, el teniente general John Whitelocke ordenó que cerca de 10.000 soldados británicos avanzaran divididos en trece columnas hacia la Plaza Mayor. Marchaban con fusiles, bayonetas, disciplina profesional y la confianza de pertenecer a una de las fuerzas militares más poderosas de su tiempo. Creían que enfrentarían a un ejército debilitado. No imaginaron que tendrían que combatir contra una ciudad entera. Martín de Álzaga había impulsado la construcción de barricadas en las calles que conducían al centro, mientras Santiago de Liniers reorganizaba milicias y tropas regulares. Las esquinas fueron protegidas con cañones y fusileros; las viviendas de gruesos muros, patios interiores y azoteas con parapetos se transformaron en verdaderos bastiones. Cada calle podía esconder una emboscada y cada abertura convertirse en un puesto de defensa. Desde las ventanas y los techos se dispararon armas, se lanzaron piedras, tejas, objetos domésticos y toda clase de proyectiles improvisados. Algunas crónicas también mencionan agua, grasa u otros líquidos calentados en los patios y cocinas. Mujeres, ancianos y niños, junto con personas esclavizadas pertenecientes a las familias de la ciudad, colaboraron en aquel combate feroz que desorientó a las columnas británicas y convirtió el trazado urbano en una trampa. Allí pudo estar ella. Tal vez calentando agua, acumulando piedras, atendiendo a un herido, trasladando municiones o empuñando un arma caída. Quizá defendía su propia casa o la vivienda donde trabajaba. No podemos conocer su identidad, pero sí sabemos que las mujeres estuvieron presentes. Las investigaciones históricas documentan que algunas reunieron dinero, cosieron uniformes, curaron enfermos, entregaron bienes para sostener la defensa y auxiliaron a los combatientes. Otras llegaron a enfrentarse cuerpo a cuerpo con el invasor. Las mujeres de los sectores populares, acostumbradas a trabajar junto a los hombres en la Buenos Aires colonial, también tomaron las armas. Nombres como Manuela Pedraza o Martina Céspedes lograron atravesar el olvido, pero detrás de ellas quedaron muchas otras cuya actuación apenas dejó rastros en los archivos. Los británicos podían dominar un campo abierto, pero dentro de Buenos Aires la batalla aparecía en todas partes: detrás de una barricada, sobre un tejado, en el interior de una vivienda o desde la siguiente esquina. Tras una jornada devastadora, no consiguieron conquistar el núcleo central. El 7 de julio, Whitelocke aceptó la capitulación y sus tropas debieron abandonar no solamente Buenos Aires, sino también Montevideo y el resto del Río de la Plata. Después llegaron los documentos oficiales, las condecoraciones y los nombres de los comandantes. La historia recordó a Liniers, Álzaga, Saavedra, los Patricios y los grandes cuerpos militares. De muchas mujeres solamente quedó el silencio. Pero el silencio de los archivos no significa ausencia. Mucho antes de que existiera la República Argentina, aquellas mujeres ya sabían de qué lado estaban. No buscaban una medalla ni imaginaban que alguien contaría su historia dos siglos después. Defendieron su casa, su familia, su calle y una tierra que se negaban a entregar. La mujer anónima también defendió Buenos Aires. Y su azotea fue una trinchera. ¿Conocías el papel que tuvieron las mujeres durante las Invasiones Inglesas? #MujerAnónima #InvasionesInglesas #DefensaDeBuenosAires #BuenosAires1807 #MujeresEnLaHistoria #HeroínasOlvidadas #HistoriaArgentina #MemoriaHistórica #CasacasRojas #Patricios #SantiagoDeLiniers #MartínDeÁlzaga #HistoriaDeBuenosAires #BritishInvasions #WomenInHistory #ForgottenHeroines #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #UrbanWarfare #HiddenHistory
22 DE JULIO DE 1974: HOMBRES ARMADOS TOMARON LOS CANALES 9 Y 11 — LA CRISIS QUE CAMBIÓ LA TELEVISIÓN ARGENTINA Y TAMBIÉN ALCANZÓ A MENDOZA
El 22 de julio de 1974, exactamente tres semanas después de la muerte de Juan Domingo Perón, la televisión argentina quedó atrapada en uno de los episodios más tensos y desconocidos de su historia. Pequeños grupos armados vinculados al ámbito gremial ingresaron en las sedes de los canales porteños 9 y 11 y las ocuparon transitoriamente. Su objetivo era presionar al gobierno de María Estela Martínez de Perón para que resolviera definitivamente el futuro de aquellas emisoras, cuyas licencias privadas habían vencido y permanecían bajo una intervención estatal que todavía no había desplazado completamente a sus antiguos administradores. La toma no surgió de la nada. Desde 1973 se desarrollaba una feroz disputa entre empresarios, sindicatos y funcionarios acerca de quién debía controlar la televisión. El Decreto 1761, firmado por el presidente interino Raúl Lastiri el 8 de octubre de aquel año, había declarado finalizadas las licencias de los canales 9, 11 y 13 de Buenos Aires, Canal 8 de Mar del Plata y Canal 7 de Mendoza. Las cinco emisoras fueron intervenidas, aunque durante varios meses continuaron funcionando con estructuras empresariales, productoras y autoridades heredadas de la etapa privada. La irrupción armada del 22 de julio profundizó una crisis que ya parecía imposible de contener. Apenas nueve días después, el 31 de julio, Isabel Perón firmó el Decreto 340, que amplió las atribuciones de los interventores y extendió el control estatal sobre los inmuebles, las instalaciones y las productoras vinculadas con los canales. Entre ellas se encontraban Telecenter, asociada a Canal 9; Telerama, relacionada con Canal 11, y Proartel, histórica productora de Canal 13. El 1 de agosto de 1974, el Estado asumió la administración integral de las cinco emisoras, iniciando una etapa de televisión nacionalizada que continuaría, con profundas modificaciones, durante la dictadura militar. Mendoza no fue una espectadora distante. Canal 7 había quedado comprendido desde octubre de 1973 en el mismo proceso que las grandes señales porteñas. Por eso, la ocupación de los canales 9 y 11 debe entenderse como una pieza de una transformación nacional que también alteró la propiedad, la conducción y el destino de la televisión mendocina. En aquellos días, las pantallas dejaron de ser solamente espacios de entretenimiento: se convirtieron en territorios donde sindicatos, empresarios y poder político libraban una batalla decisiva por controlar la imagen, la información y la palabra que llegaban a millones de hogares. #TelevisiónArgentina #HistoriaArgentina #Canal9 #Canal11 #Canal7Mendoza #MendozaAntigua #IsabelPerón #TercerPeronismo #MediosDeComunicación #HistoriaDeLaTelevisión #Efemérides #Argentina1974 #MemoriaHistórica #ArgentineHistory #TelevisionHistory #MediaHistory #BuenosAiresHistory #MendozaHistory #HistoricalMemory
31 DE DICIEMBRE DE 1812: SOLER RETROCEDIÓ PARA VENCER — LA TRAMPA DEL CERRITO QUE DESTROZÓ LA GRAN OFENSIVA REALISTA
Una batalla no siempre comienza a perderse cuando un ejército retrocede. Algunas veces, la victoria nace exactamente en ese instante, cuando la retirada no es miedo, sino disciplina, cálculo y sangre fría. Al amanecer del 31 de diciembre de 1812, mientras las fuerzas patriotas mantenían el segundo sitio de Montevideo, la guarnición realista comandada por Gaspar de Vigodet salió de la ciudad amurallada dispuesta a quebrar definitivamente el cerco. Según el parte oficial firmado por José Rondeau, avanzaron en tres columnas unos 2.000 soldados de infantería, cerca de 300 jinetes y ocho cañones, con el brigadier José María Muesas dirigiendo el centro de la ofensiva. Frente a aquel poderoso despliegue se encontraba el Regimiento N.º 6 de Infantería, conocido como el cuerpo de Pardos y Morenos, al mando del teniente coronel Miguel Estanislao Soler. Dos divisiones realistas se lanzaron contra su posición y Rondeau ordenó una maniobra tan arriesgada como brillante: ceder el terreno y aparentar debilidad para atraer al enemigo hacia una zona favorable a la caballería patriota. Los hombres de Soler retrocedieron hacia la altura del Cerrito y los realistas creyeron que habían quebrado su resistencia. Sin embargo, no estaban huyendo. Soler reorganizó inmediatamente la formación, lanzó a sus soldados nuevamente al combate y recuperó la posición perdida. Entonces entraron en acción los escuadrones de Dragones, que cargaron a sable contra unas fuerzas realistas sorprendidas, desordenadas y atrapadas por su propio avance. El resultado fue demoledor. El parte de Rondeau registró 99 enemigos muertos, entre ellos el brigadier Muesas, 26 prisioneros y la captura de una bandera de división, 120 fusiles, 30 pistolas, 21 sables, equipos militares y un carro. Las fuerzas patriotas sufrieron 67 bajas entre muertos y heridos y perdieron un pequeño cañón que se encontraba inutilizado. Días después, Francisco Javier de Viana destacó expresamente la “pericia militar” y la valentía demostradas por Soler, sus oficiales y los soldados del Regimiento N.º 6. Aquellos pardos y morenos, tantas veces relegados en los grandes relatos de la Independencia, habían sido protagonistas decisivos de una de las maniobras más audaces de aquella campaña. La victoria del Cerrito impidió que los realistas rompieran el cerco, consolidó el segundo sitio y los obligó a refugiarse nuevamente detrás de las murallas de Montevideo. Desde entonces no consiguieron realizar otra salida de semejante magnitud, hasta que la ciudad finalmente cayó en manos patriotas en 1814, poniendo fin al dominio español en la Banda Oriental. Años más tarde, Miguel Estanislao Soler sería uno de los brigadieres del Ejército de los Andes y comandaría una de sus grandes divisiones durante la decisiva batalla de Chacabuco. Pero mucho antes de atravesar la cordillera ya había dejado una lección imborrable en las alturas del Cerrito: retroceder no siempre significa rendirse; algunas veces significa tomar impulso, reorganizarse y regresar con la fuerza suficiente para cambiar la historia. #BattleOfCerrito #MiguelEstanislaoSoler #ArgentineHistory #UruguayanHistory #LatinAmericanHistory #WarOfIndependence #AfroDescendantSoldiers #PatriotArmy #JoseRondeau #MontevideoHistory #MilitaryHistory #ArmyOfTheAndes #HistoricBattle #IndependenceHeroes #OnThisDay #ForgottenHeroes #BatallaDelCerrito #MiguelEstanislaoSoler #HistoriaArgentina #HistoriaUruguaya #Independencia #PardosYMorenos #Afrodescendientes #EjércitoPatriota #JoséRondeau #Montevideo #BandaOriental #GuerrasDeIndependencia #EjércitoDeLosAndes #HistoriaMilitar #Efemérides #UnDíaComoHoy #Patriotas #MendozAntigua
22 DE JULIO DE 1951: EL GOL QUE HIZO TEMBLAR SANTA FE — LA TRIBUNA CEDIÓ EN PLENO CLÁSICO Y “CASCARILLA” DESPERTÓ PREGUNTANDO QUIÉN HABÍA GANADO
El 22 de julio de 1951, el clásico santafesino escribió una de sus páginas más dramáticas e inolvidables. Colón y Unión se enfrentaban por la 15.ª fecha del campeonato de Primera B en el estadio rojinegro del barrio Centenario, conocido entonces como “Eva Perón”. A los 28 minutos del primer tiempo, José Belermino “Chengo” Canteli, uno de los grandes goleadores de la historia sabalera, convirtió el 1 a 0 y desató una celebración ensordecedora. Sin embargo, en cuestión de segundos, la alegría se transformó en desesperación: una violenta avalancha hizo ceder el alambrado de contención y parte de la antigua tribuna de madera ubicada en el sector oeste o noroeste, reservada para los socios de Colón. Numerosos espectadores cayeron y sufrieron heridas, fracturas y contusiones, mientras el estadio quedaba dominado por los gritos, la confusión y el incesante movimiento de las ambulancias. Al menos diez ambulancias participaron en el traslado de los lesionados. Los heridos fueron atendidos en el Hospital de Caridad 17 de Octubre —actual Hospital José María Cullen—, el Hospital de Niños Eva Perón y los sanatorios Santa Fe y Mayo. Mientras médicos y enfermeros trabajaban contrarreloj, el partido terminó con victoria de Colón por 2 a 1: Miguel Ángel Sánchez empató para Unión a los 36 minutos y Leanza marcó el segundo tanto rojinegro a los 40. La gravedad del episodio movilizó a las máximas autoridades. El presidente de la AFA, Valentín Suárez; el gobernador santafesino Juan Hugo Caesar, y el titular de Colón, Francisco Ghiano, recorrieron hospitales y sanatorios para conocer el estado de los afectados. Suárez ejerció la presidencia de la Asociación del Fútbol Argentino entre 1949 y 1953, mientras Caesar gobernaba Santa Fe desde 1949. Entre tantos relatos dolorosos quedó una anécdota que atravesó las décadas. Uno de los heridos era un popular pescador del barrio Santa Rosa de Lima, conocido por todos como “Cascarilla”, personaje emblemático de la hinchada sabalera. Cuando finalmente recuperó el conocimiento en el hospital, abrió los ojos y, antes de preguntar por sus heridas o por su estado de salud, lanzó la única pregunta que parecía importarle: “¿Cómo salió Colón?” Aquel clásico quedó grabado no solamente por el triunfo rojinegro, sino por una escena capaz de resumir la intensidad con la que Santa Fe vivía —y todavía vive— su mayor rivalidad futbolística. Durante unos instantes, un gol hizo vibrar a una multitud, una tribuna cedió bajo el peso del festejo y el fútbol mostró su rostro más peligroso. Pero también dejó la historia de un hincha que, aun despertando entre vendas y médicos, solo quería saber si su querido Colón había ganado. #Colón #Unión #ClásicoSantafesino #SantaFe #HistoriaDelFútbol #FútbolArgentino #Sabalero #Tatengue #JoséCanteli #CementerioDeLosElefantes #MemoriaFutbolera #Efemérides #FootballHistory #ArgentineFootball #SantaFeDerby #HistoricMatch #FootballMemories #FootballPassion
1925 - ANTES DE LA BOMBONERA: EL COLOSO DE MADERA DONDE BOCA ECHÓ RAÍCES PARA SIEMPRE
Esta impresionante fotografía aérea, tomada aproximadamente en 1925 y conservada por el Archivo General de la Nación, muestra el antiguo estadio de Boca Juniors levantado en la esquina de Brandsen y Del Crucero —actual calle Enrique Del Valle Iberlucea—, exactamente en el terreno donde años más tarde nacería La Bombonera. Rodeada por viviendas, galpones y las vías ferroviarias de Casa Amarilla, aquella cancha de tablones parecía emerger del corazón mismo de La Boca, con tribunas colmadas y miles de personas ocupando hasta el último espacio disponible. Su construcción había comenzado en 1922 sobre tierras vinculadas al ferrocarril y fue inaugurada el 6 de julio de 1924 con una verdadera ceremonia popular: la bandera del club fue trasladada a pie desde el antiguo campo, acompañada por unos 3.000 simpatizantes, mientras el presidente Marcelo T. de Alvear participaba del acto inaugural. El encuentro central enfrentó a Boca con Nacional de Montevideo y terminó 2 a 1 para el conjunto xeneize, con goles de Domingo Tarasconi y Dante Pertini después de que Bariocco abriera el marcador para los uruguayos. Apenas un año después, el estadio ya era uno de los grandes escenarios del fútbol rioplatense: la Selección Argentina jugó allí ante Paraguay el 9 de julio de 1925 frente a unas 20.000 personas y el recinto también fue utilizado durante el Campeonato Sudamericano de aquel año. Durante casi catorce años, sus tribunas de madera fueron testigos de campeonatos, superclásicos, encuentros internacionales y del crecimiento de una hinchada que comenzaba a convertirse en multitud. En 1938, el viejo estadio fue desmontado para dejar lugar a una construcción de cemento mucho más ambiciosa. Sobre esa misma tierra se inauguró, el 25 de mayo de 1940, el estadio que el mundo terminaría conociendo como La Bombonera, estrenado con una victoria por 2 a 0 ante San Lorenzo. Por eso, esta imagen no retrata solamente una cancha antigua: muestra el momento en que Boca dejó de ser un club que buscaba su lugar y comenzó a levantar, entre rieles, casas obreras y tablones repletos, uno de los templos más legendarios de la historia del fútbol. #BocaJuniors, #LaBombonera, #HistoriaXeneize, #HistoriaDelFútbol, #FútbolArgentino, #LaBoca, #BuenosAiresAntigua, #ArchivoGeneralDeLaNación, #FotosAntiguas, #EstadiosHistóricos, #PasiónXeneize, #AzulYOro #BocaJuniors, #LaBombonera, #FootballHistory, #ArgentineFootball, #HistoricStadium, #VintageFootball, #BuenosAiresHistory, #OldBuenosAires, #FootballHeritage, #HistoricPhotography, #SoccerHistory, #BocaJuniorsHistory
22 DE JULIO DE 1947: EL FUNDADOR DE RIVER QUE PERÓN PUSO AL FRENTE DE LA BATALLA POR LA VIDA OBRERA
El 22 de julio de 1947, en una Argentina atravesada por profundas transformaciones sociales, el gobierno de Juan Domingo Perón dictó el Decreto 21.288, una norma destinada a organizar las funciones de la Dirección General de Contralor y Policía Sanitaria del Trabajo. El organismo ya había sido creado el 9 de mayo mediante el Decreto 12.333, pero aquella nueva disposición le otorgó una estructura concreta y una misión ambiciosa: investigar las condiciones laborales, inspeccionar establecimientos y prevenir los accidentes y enfermedades que cada día ponían en riesgo la vida de miles de trabajadores. La repartición quedó facultada para realizar estudios, investigaciones y encuestas destinadas a proteger lo que la legislación de la época definía como la salud física y moral de los trabajadores. Podía examinar las condiciones sanitarias de fábricas, talleres y otros espacios laborales, colaborar en la prevención de accidentes y enfermedades profesionales y reunir información científica que permitiera intervenir sobre ambientes insalubres. Su personal técnico debía acreditar conocimientos especializados en medicina del trabajo mediante títulos, antecedentes, publicaciones y experiencia profesional, una exigencia todavía poco frecuente en una Argentina donde esa especialidad recién comenzaba a consolidarse. Pero el detalle más extraordinario estaba en el hombre elegido para dirigirla: Leopoldo Bard, médico especializado en higiene y salud laboral, antiguo diputado nacional de la Unión Cívica Radical y uno de los principales referentes legislativos de Hipólito Yrigoyen. Había ocupado una banca entre 1922 y 1930 y llegó a presidir el bloque radical de la Cámara de Diputados. Su militancia yrigoyenista le costó la persecución y la cárcel después del golpe militar de 1930, pero años más tarde el peronismo lo devolvió a la función pública para colocarlo al frente de una institución dedicada a mejorar las condiciones de vida dentro de los lugares de trabajo. La vida de Bard parecía reunir mundos imposibles. Mucho antes de incorporarse a aquella política sanitaria, había participado en la fundación del Club Atlético River Plate, fue su primer presidente y también capitán del equipo durante los primeros pasos de la institución. Así, el mismo hombre que ayudó a levantar uno de los clubes más poderosos del continente terminó encabezando una oficina estatal creada para enfrentar accidentes, enfermedades profesionales, insalubridad y riesgos industriales. La expresión “policía sanitaria” no hacía referencia únicamente a una fuerza policial, sino a la facultad del Estado para inspeccionar, controlar y exigir el cumplimiento de normas destinadas a proteger a quienes trabajaban. Era la señal de una época en la que la salud obrera comenzaba a dejar de considerarse un problema privado entre empleados y patrones para convertirse en una responsabilidad pública. En marzo de 1949, el organismo pasó a llamarse Dirección General de Higiene y Seguridad del Trabajo y amplió sus tareas científicas, educativas y preventivas sobre accidentes, maquinaria y riesgos industriales. Aquel 22 de julio de 1947 quedó unido, por lo tanto, a una historia singular: la del médico radical que fundó River, acompañó a Yrigoyen y fue convocado durante el gobierno de Perón para librar otro tipo de partido, mucho más silencioso y decisivo: el de impedir que un trabajador perdiera la salud o la vida mientras intentaba ganarse el sustento. #ArgentineHistory #LaborHistory #WorkersRights #OccupationalHealth #WorkplaceSafety #RiverPlate #JuanPeron #LeopoldoBard #PoliticalHistory #FootballHistory #SocialHistory #ArgentinaHistory #July22 #HistoricArgentina #MendozAntigua #HistoriaArgentina #JuanDomingoPeron #LeopoldoBard #RiverPlate #HistoriaDeRiver #Peronismo #HipolitoYrigoyen #UnionCivicaRadical #DerechosLaborales #SaludLaboral #SeguridadLaboral #MovimientoObrero #Efemerides #22DeJulio #MemoriaHistorica
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
.jpg)
.jpg)












