El 22 de julio de 1947, en una Argentina atravesada por profundas transformaciones sociales, el gobierno de Juan Domingo Perón dictó el Decreto 21.288, una norma destinada a organizar las funciones de la Dirección General de Contralor y Policía Sanitaria del Trabajo. El organismo ya había sido creado el 9 de mayo mediante el Decreto 12.333, pero aquella nueva disposición le otorgó una estructura concreta y una misión ambiciosa: investigar las condiciones laborales, inspeccionar establecimientos y prevenir los accidentes y enfermedades que cada día ponían en riesgo la vida de miles de trabajadores. La repartición quedó facultada para realizar estudios, investigaciones y encuestas destinadas a proteger lo que la legislación de la época definía como la salud física y moral de los trabajadores. Podía examinar las condiciones sanitarias de fábricas, talleres y otros espacios laborales, colaborar en la prevención de accidentes y enfermedades profesionales y reunir información científica que permitiera intervenir sobre ambientes insalubres. Su personal técnico debía acreditar conocimientos especializados en medicina del trabajo mediante títulos, antecedentes, publicaciones y experiencia profesional, una exigencia todavía poco frecuente en una Argentina donde esa especialidad recién comenzaba a consolidarse. Pero el detalle más extraordinario estaba en el hombre elegido para dirigirla: Leopoldo Bard, médico especializado en higiene y salud laboral, antiguo diputado nacional de la Unión Cívica Radical y uno de los principales referentes legislativos de Hipólito Yrigoyen. Había ocupado una banca entre 1922 y 1930 y llegó a presidir el bloque radical de la Cámara de Diputados. Su militancia yrigoyenista le costó la persecución y la cárcel después del golpe militar de 1930, pero años más tarde el peronismo lo devolvió a la función pública para colocarlo al frente de una institución dedicada a mejorar las condiciones de vida dentro de los lugares de trabajo. La vida de Bard parecía reunir mundos imposibles. Mucho antes de incorporarse a aquella política sanitaria, había participado en la fundación del Club Atlético River Plate, fue su primer presidente y también capitán del equipo durante los primeros pasos de la institución. Así, el mismo hombre que ayudó a levantar uno de los clubes más poderosos del continente terminó encabezando una oficina estatal creada para enfrentar accidentes, enfermedades profesionales, insalubridad y riesgos industriales. La expresión “policía sanitaria” no hacía referencia únicamente a una fuerza policial, sino a la facultad del Estado para inspeccionar, controlar y exigir el cumplimiento de normas destinadas a proteger a quienes trabajaban. Era la señal de una época en la que la salud obrera comenzaba a dejar de considerarse un problema privado entre empleados y patrones para convertirse en una responsabilidad pública. En marzo de 1949, el organismo pasó a llamarse Dirección General de Higiene y Seguridad del Trabajo y amplió sus tareas científicas, educativas y preventivas sobre accidentes, maquinaria y riesgos industriales. Aquel 22 de julio de 1947 quedó unido, por lo tanto, a una historia singular: la del médico radical que fundó River, acompañó a Yrigoyen y fue convocado durante el gobierno de Perón para librar otro tipo de partido, mucho más silencioso y decisivo: el de impedir que un trabajador perdiera la salud o la vida mientras intentaba ganarse el sustento. #ArgentineHistory #LaborHistory #WorkersRights #OccupationalHealth #WorkplaceSafety #RiverPlate #JuanPeron #LeopoldoBard #PoliticalHistory #FootballHistory #SocialHistory #ArgentinaHistory #July22 #HistoricArgentina #MendozAntigua #HistoriaArgentina #JuanDomingoPeron #LeopoldoBard #RiverPlate #HistoriaDeRiver #Peronismo #HipolitoYrigoyen #UnionCivicaRadical #DerechosLaborales #SaludLaboral #SeguridadLaboral #MovimientoObrero #Efemerides #22DeJulio #MemoriaHistorica

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