miércoles, 22 de julio de 2026

1922–1924: MENDOZA TENÍA PETRÓLEO BAJO LOS PIES — PERO WASHINGTON LENCINAS PUSO EN PAUSA EL SUEÑO DEL ORO NEGRO


Cuando Carlos Washington Lencinas llegó a la gobernación de Mendoza en 1922, la provincia enfrentaba demasiadas urgencias al mismo tiempo. La crisis vitivinícola golpeaba a productores y trabajadores, escaseaban los recursos públicos y crecían las demandas de hospitales, escuelas, pensiones, viviendas, obras de irrigación y mejores precios para la uva. El segundo gobierno lencinista eligió concentrarse en aquella agenda social y en la defensa de la industria madre. Bajo su administración se impulsaron importantes obras sanitarias y en 1924 fue inaugurado el Hospital José Néstor Lencinas, destinado inicialmente a combatir la tuberculosis y otras enfermedades infectocontagiosas. Pero mientras el Estado avanzaba en esos frentes, otro futuro permanecía oculto bajo la cordillera y las tierras del sur: el petróleo mendocino. El giro quedó marcado el 20 de febrero de 1922, cuando la Dirección de Minas perdió jerarquía y autonomía al ser absorbida por la Dirección General de Obras Públicas. La explicación oficial fue económica: la reorganización permitiría ahorrar aproximadamente 179.800 pesos, una suma considerable para una administración con serias limitaciones financieras. La dependencia perdió personal, fueron eliminados los viáticos para inspeccionar yacimientos y los interesados debieron comenzar a costear los traslados de los funcionarios. El ingeniero Guillermo Hileman, una de las principales figuras técnicas del área, conservó inicialmente su cargo, pero su sueldo bajó de 800 a 700 pesos mensuales; el asesor Chester White, en cambio, quedó fuera de la repartición. Aquella reducción no solo afectó una oficina: debilitó la capacidad provincial para estudiar el territorio, inspeccionar minas, atraer capitales y transformar simples permisos de cateo en perforaciones reales. La decisión provocó una paradoja política. La Palabra, diario vinculado al propio lencinismo, criticó con dureza al gobierno y recordó que la repartición había sido fortalecida por José Néstor Lencinas para divulgar el potencial minero y petrolero de Mendoza. Según el periódico, una División de Minas verdaderamente autónoma podría realizar estudios, promover ensayos, aconsejar reformas legales y ofrecer incentivos a quienes comenzaran explotaciones racionales. Reducida a una sección secundaria, quedaba prácticamente condenada a tramitar expedientes en lugar de encabezar una política energética. La contradicción se volvió todavía más visible porque, mientras Mendoza reducía su estructura técnica, la Nación avanzaba en dirección opuesta. El 3 de junio de 1922 fue creada Yacimientos Petrolíferos Fiscales y, en octubre, el coronel Enrique Mosconi asumió su conducción con la misión de organizar una empresa estatal capaz de explorar, extraer, refinar, transportar y comercializar combustibles. En enero de 1923, Hileman abandonó Mendoza para incorporarse precisamente a YPF. La provincia perdía así a uno de sus especialistas cuando el petróleo comenzaba a convertirse en una cuestión estratégica para todo el país. Durante 1923, Washington Lencinas devolvió formalmente la autonomía a la División de Minas y amplió su personal. También se aprobaron partidas para maquinarias, instalaciones y exploraciones. Sin embargo, el impulso quedó principalmente en los papeles: no se incorporaron suficientes ingenieros, topógrafos o geólogos; no aparecieron campañas sistemáticas de perforación, estudios de campo ni pozos experimentales impulsados por la provincia. La repartición se dedicó sobre todo a ordenar permisos atrasados, publicar solicitudes de cateo y elaborar un nuevo mapa minero. Incluso proyectos ambiciosos —como emitir hasta cinco millones de pesos en títulos para fomentar la minería o construir un ferrocarril económico hacia las zonas carboníferas y petroleras de Malargüe— nunca llegaron a ser tratados seriamente por la Legislatura. No puede hablarse de un abandono absoluto, pero sí de una clara pérdida de impulso respecto de la política iniciada por José Néstor Lencinas. La crisis del vino, los conflictos con los grandes bodegueros, la debilidad fiscal, las luchas internas del lencinismo y su tensa relación con el Gobierno nacional obligaban a atender demasiados frentes. La administración prefirió resolver problemas inmediatos antes que invertir enormes recursos en una industria que prometía resultados a largo plazo. La minería y el petróleo quedaron relegados frente a la salud pública, la obra social y la defensa de la vitivinicultura. La historia dejó así una de las grandes paradojas mendocinas del siglo XX: mientras la Argentina comenzaba a levantar alrededor de YPF una poderosa estructura petrolera estatal, Mendoza —que poseía carbón, cobre, sales e importantes indicios de hidrocarburos— reducía técnicos, demoraba exploraciones y dejaba escapar proyectos capaces de cambiar su matriz productiva. El oro negro estaba bajo sus pies, pero la provincia todavía no contaba con los recursos, la estabilidad ni la decisión política necesarias para ir a buscarlo. ¿Fue una elección inevitable ante las urgencias sociales de 1922 o una oportunidad histórica que Mendoza dejó escapar? #CarlosWashingtonLencinas #Lencinismo #HistoriaDeMendoza #PetróleoMendocino #YPF #EnriqueMosconi #MineríaMendocina #Malargüe #OroNegro #HistoriaArgentina #IndustriaPetrolera #PatrimonioMendocino #MendozaAntigua #WashingtonLencinas #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #PetroleumIndustry #MiningHistory #EnergyHistory #YPFHistory #BlackGold #HistoricMendoza #IndustrialHistory

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