martes, 14 de julio de 2020

14 DE JULIO DE 1902: AGUSTÍN LIZÁRRAGA Y LA FIRMA PERUANA QUE DERRIBÓ EL MITO DEL “DESCUBRIMIENTO” DE MACHU PICCHU


El 14 de julio de 1902, nueve años antes de la célebre llegada de Hiram Bingham, el agricultor y arrendatario cusqueño Agustín Lizárraga ascendió hasta Machu Picchu acompañado por Gabino Sánchez, Enrique Palma y, según fuentes oficiales peruanas, Justo Ochoa. Entre montañas, precipicios y una vegetación que cubría buena parte de las construcciones, el grupo recorrió el núcleo monumental de la antigua ciudad inca y dejó una prueba que atravesaría el tiempo: la inscripción hecha con carbón “Lizárraga 1902” sobre una de las ventanas del Templo de las Tres Ventanas. Machu Picchu había sido levantada durante el siglo XV a más de 2.400 metros de altura y estaba formada por alrededor de doscientas estructuras, entre templos, residencias, plazas, canales y extraordinarios andenes agrícolas perfectamente integrados con el paisaje andino. Tras la conquista española y la desarticulación del Imperio inca, el asentamiento fue abandonado progresivamente durante el siglo XVI y la naturaleza volvió a cubrir gran parte de sus muros. Sin embargo, la ciudad nunca estuvo verdaderamente “perdida”: campesinos de la región conocían su existencia, algunas familias habitaban en sus proximidades y cultivaban maíz sobre sus antiguas terrazas. Por eso, los investigadores actuales advierten que hablar de un único “descubridor” borra la memoria de quienes siempre conocieron aquel territorio. El 24 de julio de 1911, Hiram Bingham llegó al lugar guiado por el poblador Melchor Arteaga y acompañado por el sargento peruano Fabián Carrasco. Durante una visita de menos de tres horas realizó las primeras fotografías sistemáticas, levantó croquis del conjunto y comprendió rápidamente la enorme trascendencia arqueológica del sitio. Fue entonces cuando encontró y fotografió la inscripción de Lizárraga, cuyo nombre ya era reconocido en la zona como el del hombre que había llegado hasta la ciudadela en 1902. En 1912, durante los trabajos de limpieza, Bingham ordenó borrar los grafitis existentes, incluido el de Lizárraga, aunque lo mencionó posteriormente en varias de sus publicaciones. Con el respaldo de la Universidad de Yale y la National Geographic Society, sus expediciones documentaron, excavaron y difundieron Machu Picchu internacionalmente, convirtiéndola en uno de los mayores símbolos arqueológicos de América. Lizárraga tuvo el mérito de encabezar aquella llegada peruana de 1902; Bingham dispuso de los recursos científicos, fotográficos y académicos necesarios para revelar su magnitud al mundo. Décadas después, las colecciones arqueológicas llevadas a Estados Unidos —entre ellas objetos completos, fragmentos cerámicos, restos humanos y otros materiales— comenzaron a regresar al Perú en marzo de 2011 y fueron restituidas por etapas hasta 2012; actualmente se conservan en Cusco, en el Museo Machu Picchu de la Casa Concha. La verdadera historia, por lo tanto, no pertenece a un solo hombre: pertenece a los incas que levantaron aquella maravilla, a las comunidades andinas que nunca olvidaron su existencia, a Agustín Lizárraga y sus compañeros, y también a quienes consiguieron mostrarla ante los ojos del planeta. En una piedra cubierta por la selva quedó escrita una sencilla firma de carbón que todavía parece gritar desde el pasado: antes de que el mundo conociera Machu Picchu, los peruanos ya habían regresado a ella. #AgustínLizárraga #MachuPicchu #HistoriaDelPerú #ImperioInca #CulturaInca #PatrimonioPeruano #Arqueología #Cusco #HistoriaLatinoamericana #CivilizaciónInca #HiramBingham #MemoriaHistórica #PerúAntiguo #HistoriaUniversal #AncientHistory #MachuPicchuHistory #IncaEmpire #PeruvianHistory #IncaCivilization #Archaeology #WorldHeritage #HistoricDiscovery #LatinAmericanHistory #AncientPeru

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