En 2017, mientras se preparaba la construcción de un nuevo edificio en Moreno 550, en pleno Casco Histórico de Buenos Aires y a apenas unos cientos de metros de Plaza de Mayo, el suelo devolvió una sorpresa monumental: bajo una playa de estacionamiento apareció una gigantesca estructura de ladrillos que había permanecido enterrada y olvidada durante generaciones. Era una cisterna destinada al almacenamiento de agua, una de las mayores descubiertas hasta hoy en la ciudad, y alrededor de ella comenzaron a emerger muros, cimientos, pozos y miles de objetos capaces de reconstruir la intimidad de quienes habitaron aquel solar durante siglos. La publicación histórica que acompaña esta historia —dedicada al Sitio Arqueológico La Cisterna— hablaba de una capacidad cercana a los 300.000 litros; la documentación técnica oficial posterior precisa sus dimensiones en unos 7,20 metros de diámetro, hasta aproximadamente 8 metros de altura original hasta el ápice de la cúpula y una capacidad estimada en torno a los 250.000 litros. Un estudio arqueológico especializado realizó un cálculo algo menor, cercano a 220.000 litros, pero ambas investigaciones coinciden en lo excepcional de su tamaño. El sistema era tan ingenioso como indispensable para una Buenos Aires que todavía carecía de una red general de agua corriente: la lluvia caída sobre los techos era conducida mediante canaletas y cañerías hacia depósitos subterráneos revestidos para evitar filtraciones; desde allí el agua podía extraerse mediante un brocal y baldes. Tener una gran cisterna exigía una inversión considerable y podía representar tanto una necesidad práctica como una demostración de posición económica o institucional. Pero el subsuelo de Moreno 550 guardaba una historia todavía más profunda. La manzana formaba parte del área fundacional de Buenos Aires y aparece ya dividida en solares en el reparto de tierras efectuado por Juan de Garay en 1583. Durante el siglo XVIII el predio quedó vinculado a Felipe Filiberto de Arguibel de Larregui, poderoso comerciante llegado de España en 1753. Su hija Teodora Josefa Arguibel contrajo matrimonio en 1783 con Juan Ignacio de Ezcurra Ayerra y la pareja vivió allí con sus nueve hijos, entre ellos María Encarnación Ezcurra. Más tarde Encarnación se casó con Juan Manuel de Rosas y ambos residieron en aquella enorme propiedad entre 1813 y 1838; allí nacieron sus hijos Juan Manuel en 1814, María de la Encarnación en 1816 y Manuela Robustiana —la célebre Manuelita Rosas— en 1817. Durante parte del gobierno de Rosas la residencia llegó a desempeñar funciones gubernamentales porque la antigua sede oficial resultaba poco adecuada, convirtiendo al solar en uno de los escenarios domésticos y políticos más singulares del Buenos Aires del siglo XIX. Tras Caseros, el lugar atravesó nuevas transformaciones y posteriormente alojó dependencias estatales, entre ellas oficinas vinculadas al gobierno y al Correo. Aquí aparece una corrección histórica especialmente importante. En los primeros momentos posteriores al descubrimiento se especuló con que la monumental cisterna podía remontarse a los tiempos de Rosas, e incluso circularon hipótesis que la relacionaban con construcciones jesuíticas de la cercana Manzana de las Luces. Sin embargo, un estudio de Ana Igareta y Florencia Chechi, basado en los ladrillos, morteros, baldosas y en la secuencia arqueológica del sitio, concluyó que la gran estructura corresponde probablemente a la segunda mitad del siglo XIX, cuando la propiedad ya tenía funciones administrativas e institucionales. Por eso resulta más correcto decir que la cisterna fue hallada en el histórico solar de los Ezcurra y Rosas, y no afirmar que fue construida por Rosas. La propia documentación patrimonial del Gobierno porteño reconoce que su cronología continúa siendo materia de estudio y que la evidencia apunta a un período posterior al uso estrictamente residencial de la casa. Lo que apareció alrededor de aquel gigantesco depósito resultó igualmente extraordinario: las excavaciones recuperaron aproximadamente 15.000 vestigios orgánicos e inorgánicos. Hubo platos, vasos, tazas, ollas, cubiertos, frascos de perfumes, lociones y cosméticos, recipientes medicinales, tinteros, elementos de escritura, juguetes infantiles, trompos, bolitas, fichas de dominó y hasta un pequeño cañón de plomo. Entre los hallazgos más llamativos se identificaron restos de por lo menos 35 platos y dos bandejas de loza blanca con consignas federales como “Viva la Federación” y “Federación ó Muerte”; más de 10.000 restos orgánicos permitieron además estudiar la alimentación de los ocupantes, incluyendo huesos de vacunos, porcinos, ovinos, aves, peces e incluso bacalao importado de Europa. Hasta la propia excavación fue descomunal: una investigación arqueológica calculó que vaciar la cisterna demandó casi dos meses de trabajo y la extracción de una cantidad de sedimento equivalente a unos trece camiones volcadores. El rescate arqueológico, iniciado en 2018, también generó un complejo proceso de protección patrimonial después de que parte de la estructura resultara afectada durante la obra; el caso llegó a judicializarse y finalmente derivó en acuerdos que permitieron preservar el hallazgo e integrarlo al nuevo desarrollo urbano como museo de sitio. El resultado puede contemplarse hoy en el mismo lugar donde comenzó todo: el Sitio Arqueológico La Cisterna, en Moreno 550. Fue abierto al público el 24 de junio de 2023 y conserva tanto la monumental estructura como piezas recuperadas durante las excavaciones. Así, debajo de edificios, tránsito y veredas del Buenos Aires contemporáneo sobrevivió durante más de un siglo una verdadera cápsula del tiempo: ladrillos que almacenaron agua, pozos convertidos en archivos involuntarios y miles de objetos cotidianos capaces de contar aquello que muchas veces los documentos oficiales callan. Porque la arqueología urbana tiene ese poder extraordinario: demostrar que una ciudad no solamente conserva su historia en archivos, fotografías o monumentos; también la guarda bajo nuestros propios pies. #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #LaCisterna #Moreno550 #Arqueología #ArqueologíaUrbana #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #JuanManuelDeRosas #EncarnaciónEzcurra #ManuelitaRosas #CascoHistórico #PatrimonioHistórico #PatrimonioCultural #HistoriaBajoTierra #UrbanArchaeology #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #Archaeology #HistoricBuenosAires #CulturalHeritage #HiddenHistory #HistoryUnderground
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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lunes, 5 de octubre de 2026
BAJO BUENOS AIRES DORMÍA UN GIGANTE DE 250.000 LITROS: LA CISTERNA QUE DESENTERRÓ TRES SIGLOS DE HISTORIA PORTEÑA
En 2017, mientras se preparaba la construcción de un nuevo edificio en Moreno 550, en pleno Casco Histórico de Buenos Aires y a apenas unos cientos de metros de Plaza de Mayo, el suelo devolvió una sorpresa monumental: bajo una playa de estacionamiento apareció una gigantesca estructura de ladrillos que había permanecido enterrada y olvidada durante generaciones. Era una cisterna destinada al almacenamiento de agua, una de las mayores descubiertas hasta hoy en la ciudad, y alrededor de ella comenzaron a emerger muros, cimientos, pozos y miles de objetos capaces de reconstruir la intimidad de quienes habitaron aquel solar durante siglos. La publicación histórica que acompaña esta historia —dedicada al Sitio Arqueológico La Cisterna— hablaba de una capacidad cercana a los 300.000 litros; la documentación técnica oficial posterior precisa sus dimensiones en unos 7,20 metros de diámetro, hasta aproximadamente 8 metros de altura original hasta el ápice de la cúpula y una capacidad estimada en torno a los 250.000 litros. Un estudio arqueológico especializado realizó un cálculo algo menor, cercano a 220.000 litros, pero ambas investigaciones coinciden en lo excepcional de su tamaño. El sistema era tan ingenioso como indispensable para una Buenos Aires que todavía carecía de una red general de agua corriente: la lluvia caída sobre los techos era conducida mediante canaletas y cañerías hacia depósitos subterráneos revestidos para evitar filtraciones; desde allí el agua podía extraerse mediante un brocal y baldes. Tener una gran cisterna exigía una inversión considerable y podía representar tanto una necesidad práctica como una demostración de posición económica o institucional. Pero el subsuelo de Moreno 550 guardaba una historia todavía más profunda. La manzana formaba parte del área fundacional de Buenos Aires y aparece ya dividida en solares en el reparto de tierras efectuado por Juan de Garay en 1583. Durante el siglo XVIII el predio quedó vinculado a Felipe Filiberto de Arguibel de Larregui, poderoso comerciante llegado de España en 1753. Su hija Teodora Josefa Arguibel contrajo matrimonio en 1783 con Juan Ignacio de Ezcurra Ayerra y la pareja vivió allí con sus nueve hijos, entre ellos María Encarnación Ezcurra. Más tarde Encarnación se casó con Juan Manuel de Rosas y ambos residieron en aquella enorme propiedad entre 1813 y 1838; allí nacieron sus hijos Juan Manuel en 1814, María de la Encarnación en 1816 y Manuela Robustiana —la célebre Manuelita Rosas— en 1817. Durante parte del gobierno de Rosas la residencia llegó a desempeñar funciones gubernamentales porque la antigua sede oficial resultaba poco adecuada, convirtiendo al solar en uno de los escenarios domésticos y políticos más singulares del Buenos Aires del siglo XIX. Tras Caseros, el lugar atravesó nuevas transformaciones y posteriormente alojó dependencias estatales, entre ellas oficinas vinculadas al gobierno y al Correo. Aquí aparece una corrección histórica especialmente importante. En los primeros momentos posteriores al descubrimiento se especuló con que la monumental cisterna podía remontarse a los tiempos de Rosas, e incluso circularon hipótesis que la relacionaban con construcciones jesuíticas de la cercana Manzana de las Luces. Sin embargo, un estudio de Ana Igareta y Florencia Chechi, basado en los ladrillos, morteros, baldosas y en la secuencia arqueológica del sitio, concluyó que la gran estructura corresponde probablemente a la segunda mitad del siglo XIX, cuando la propiedad ya tenía funciones administrativas e institucionales. Por eso resulta más correcto decir que la cisterna fue hallada en el histórico solar de los Ezcurra y Rosas, y no afirmar que fue construida por Rosas. La propia documentación patrimonial del Gobierno porteño reconoce que su cronología continúa siendo materia de estudio y que la evidencia apunta a un período posterior al uso estrictamente residencial de la casa. Lo que apareció alrededor de aquel gigantesco depósito resultó igualmente extraordinario: las excavaciones recuperaron aproximadamente 15.000 vestigios orgánicos e inorgánicos. Hubo platos, vasos, tazas, ollas, cubiertos, frascos de perfumes, lociones y cosméticos, recipientes medicinales, tinteros, elementos de escritura, juguetes infantiles, trompos, bolitas, fichas de dominó y hasta un pequeño cañón de plomo. Entre los hallazgos más llamativos se identificaron restos de por lo menos 35 platos y dos bandejas de loza blanca con consignas federales como “Viva la Federación” y “Federación ó Muerte”; más de 10.000 restos orgánicos permitieron además estudiar la alimentación de los ocupantes, incluyendo huesos de vacunos, porcinos, ovinos, aves, peces e incluso bacalao importado de Europa. Hasta la propia excavación fue descomunal: una investigación arqueológica calculó que vaciar la cisterna demandó casi dos meses de trabajo y la extracción de una cantidad de sedimento equivalente a unos trece camiones volcadores. El rescate arqueológico, iniciado en 2018, también generó un complejo proceso de protección patrimonial después de que parte de la estructura resultara afectada durante la obra; el caso llegó a judicializarse y finalmente derivó en acuerdos que permitieron preservar el hallazgo e integrarlo al nuevo desarrollo urbano como museo de sitio. El resultado puede contemplarse hoy en el mismo lugar donde comenzó todo: el Sitio Arqueológico La Cisterna, en Moreno 550. Fue abierto al público el 24 de junio de 2023 y conserva tanto la monumental estructura como piezas recuperadas durante las excavaciones. Así, debajo de edificios, tránsito y veredas del Buenos Aires contemporáneo sobrevivió durante más de un siglo una verdadera cápsula del tiempo: ladrillos que almacenaron agua, pozos convertidos en archivos involuntarios y miles de objetos cotidianos capaces de contar aquello que muchas veces los documentos oficiales callan. Porque la arqueología urbana tiene ese poder extraordinario: demostrar que una ciudad no solamente conserva su historia en archivos, fotografías o monumentos; también la guarda bajo nuestros propios pies. #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #LaCisterna #Moreno550 #Arqueología #ArqueologíaUrbana #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #JuanManuelDeRosas #EncarnaciónEzcurra #ManuelitaRosas #CascoHistórico #PatrimonioHistórico #PatrimonioCultural #HistoriaBajoTierra #UrbanArchaeology #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #Archaeology #HistoricBuenosAires #CulturalHeritage #HiddenHistory #HistoryUnderground
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