domingo, 26 de julio de 2026

1816: EUROPA ESPIÓ A TUCUMÁN Y VIO NACER UNA PATRIA DISPUESTA A VENCER O MORIR


¿Cómo observaba el mundo aquella independencia que todavía no tenía fronteras firmes, reconocimiento internacional ni garantías de sobrevivir? En 1816, mientras las Provincias Unidas atravesaban uno de los momentos más peligrosos de su historia, un capitán sueco llamado Johan Adam Graaner llegó al Río de la Plata con una misión tan discreta como extraordinaria. Había sido comisionado por el príncipe Carlos Juan Bernadotte —antiguo mariscal de Napoleón y heredero del trono sueco— para recorrer estas tierras, establecer contactos y reunir información política y económica sobre aquella revolución incierta que intentaba romper definitivamente con Europa. Graaner terminaría convirtiéndose en el único testigo extranjero conocido de las sesiones del Congreso de Tucumán. Desde el Viejo Continente, la empresa parecía casi imposible. Fernando VII había recuperado el trono español y pretendía restaurar su autoridad en América; Chile permanecía bajo control realista, el Alto Perú estaba dominado por los ejércitos del rey, los portugueses avanzaban sobre la Banda Oriental y las propias provincias revolucionarias se encontraban divididas. En medio de ese escenario, una pequeña ciudad del norte argentino sostenía una decisión capaz de cambiar la historia del continente. No había una nación organizada ni una victoria definitiva: había representantes reunidos en una casa modesta, rodeados de papeles, discusiones, incertidumbre y amenazas. Graaner asistió durante casi dos meses a las deliberaciones públicas y observó de cerca a los hombres que debatían el destino de las Provincias Unidas. El 9 de julio de 1816, veintinueve diputados proclamaron que aquellas tierras eran libres e independientes del rey Fernando VII, de sus sucesores y de la metrópoli española. Diez días después, por iniciativa de Pedro Medrano, se incorporó una frase decisiva: la ruptura sería también respecto de “toda otra dominación extranjera”. Con esas palabras se cerraba el camino a cualquier intento de reemplazar la corona española por la autoridad de Portugal, Gran Bretaña u otra potencia europea. Para Graaner, la declaración no representaba el final de la lucha, sino el comienzo del mayor peligro. Comprendió que quienes juraban fidelidad a la nueva patria se exponían a perder sus empleos, sus fortunas y hasta la vida si los realistas reconquistaban el territorio. No estaban firmando desde la seguridad de una victoria, sino desde la certeza de que ya no podían retroceder. En su informe dirigido a Bernadotte escribió que, ante aquella situación extrema, los patriotas habían decidido arriesgarlo todo y que estaban dispuestos a “vencer o morir”. El capitán sueco también presenció la gran celebración popular realizada el 25 de julio en el Campo de las Carreras, escenario de la Batalla de Tucumán. Según su relato, una multitud y más de cinco mil milicianos montados, armados con lanzas, sables, fusiles, lazos y boleadoras, se congregaron para jurar que defenderían la independencia con su sangre, sus bienes y cuanto poseyeran. Graaner quedó impresionado por las lágrimas, el entusiasmo y el orden de aquella ceremonia. Tras las palabras del gobernador Bernabé Aráoz, Manuel Belgrano arengó al pueblo y defendió su proyecto de una gran monarquía sudamericana encabezada por un descendiente de los incas. Lo que aquel observador europeo encontró en Tucumán no fue una patria terminada. Vio algo mucho más frágil y, precisamente por eso, más extraordinario: una ciudad pequeña sosteniendo una decisión inmensa; una independencia sin reconocimiento inmediato, sin fronteras tranquilas y sin futuro asegurado, pero impulsada por una voluntad que ya no aceptaba vivir bajo un permiso extranjero. El Acta sería publicada en castellano, quechua y aymara, mostrando que la emancipación se concebía con una dimensión americana mucho más amplia que la Argentina actual. Europa había enviado a Graaner para observar, medir y calcular si aquella revolución podía sobrevivir. Sin embargo, el sueco terminó dejando testimonio de algo que ningún cálculo diplomático podía explicar por completo: el momento en que un pueblo, aun rodeado de enemigos y sin saber si alcanzaría la victoria, decidió atravesar una puerta que ya no podía cerrarse detrás de él. En Tucumán no contempló una patria plenamente construida: contempló a una patria arriesgando la vida para conquistar el derecho de existir. #IndependenciaArgentina #CongresoDeTucumán #9DeJulio #JohanAdamGraaner #HistoriaArgentina #ProvinciasUnidas #CasaDeTucumán #ManuelBelgrano #Bernadotte #Patria #Libertad #VencerOMorir #Efemérides #ArgentineIndependence #CongressOfTucuman #ArgentinaHistory #SouthAmericanHistory #Freedom #Independence #HistoricalMemory

26 DE JULIO DE 1978: LA DICTADURA SECUESTRÓ PERSONAS, DISEÑÓ SU HERENCIA POLÍTICA Y PROHIBIÓ SOBREVIVIR DE LA BASURA


El 26 de julio de 1978 no fue una fecha más dentro de los años del terrorismo de Estado: mientras continuaban los secuestros y las desapariciones, la dictadura también proyectaba el país que pretendía dejar como herencia, disciplinaba al movimiento obrero y perseguía incluso las formas más humildes de supervivencia. Aquella madrugada fue secuestrado en su domicilio de la avenida Tellier, en la Capital Federal, Salvador Alfredo Mole Rapisarda, conocido como “Toto”, un joven argentino de 24 años que trabajaba como dibujante técnico. El Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado señala que posteriormente fue visto en los centros clandestinos El Banco y Olimpo; continúa desaparecido. Ese mismo día también fue capturada en Buenos Aires Cristina Magdalena Carreño Araya, militante comunista chilena de 33 años perseguida por agentes de la DINA. Su caso integró la investigación judicial sobre el Plan Cóndor, la estructura clandestina mediante la cual las dictaduras del Cono Sur intercambiaron información y coordinaron la persecución, el secuestro y la eliminación de opositores más allá de las fronteras nacionales. Carreño pasó por El Banco y Olimpo, fue arrojada al mar durante un vuelo de la muerte y sus restos, enterrados originalmente como NN, pudieron ser identificados en 2007. Mientras las personas desaparecían, la Fuerza Aérea terminaba un documento reservado titulado Bases políticas para la reorganización nacional, fechado el 26 de julio de 1978. El proyecto imaginaba una apertura estrictamente vigilada, con elecciones indirectas, experiencias municipales “piloto” y la selección de supuestos “dirigentes naturales” que ascendieran desde el ámbito local. No se trataba de restablecer una democracia plena, sino de construir un orden político condicionado que garantizara la continuidad de los objetivos del llamado Proceso de Reorganización Nacional. Ese día también fue publicado en la provincia de Buenos Aires el Decreto Ley 9111, sancionado el 17 de julio y puesto en vigencia al día siguiente de su publicación. La norma impuso el relleno sanitario y la intervención de CEAMSE para la disposición final de residuos en 22 partidos metropolitanos, pero además prohibió expresamente cualquier tarea de recuperación de materiales, incluyendo el denominado “cirujeo”, aun dentro de propiedades privadas. El régimen sancionatorio contemplaba arrestos, multas, clausuras, secuestro de vehículos y hasta inhabilitaciones para conducir, convirtiendo en infractores a muchos hombres, mujeres y familias que sobrevivían rescatando objetos reutilizables de los basurales. Finalmente, investigaciones sobre la responsabilidad empresarial durante la dictadura consignan que ese 26 de julio fue ascendido a teniente coronel Héctor Francisco Sibilla, entonces jefe de Seguridad de la planta Ford de General Pacheco. Décadas después, la Justicia lo condenó a doce años de prisión como partícipe necesario de los secuestros y las torturas sufridas por 24 trabajadores de la automotriz, en una sentencia histórica sobre la participación de altos funcionarios empresariales en crímenes de lesa humanidad. Así, aquella jornada revela que la dictadura no actuaba solamente mediante centros clandestinos y grupos de tareas: también buscaba controlar el futuro político, disciplinar a los trabajadores y castigar la pobreza mediante decretos y estructuras administrativas. Recordar estas historias es comprender que el terrorismo de Estado atravesó todas las dimensiones de la vida argentina. Memoria, verdad y justicia. Nunca más. #MemoriaVerdadYJusticia #NuncaMás #PlanCóndor #DictaduraArgentina #TerrorismoDeEstado #DerechosHumanos #HistoriaArgentina #Desaparecidos #CEAMSE #Cirujeo #TrabajadoresDeFord #ResponsabilidadEmpresarial #OperationCondor #HumanRights #ArgentineHistory #StateTerrorism #NeverAgain #HistoricalMemory

1923-1937: ANTES DEL MONUMENTAL, RIVER CONQUISTÓ RECOLETA — ALVEAR Y TAGLE, EL ESTADIO DONDE COMENZÓ A FORJARSE SU GRANDEZA


Esta extraordinaria vista panorámica conserva la imagen de una de las casas más emblemáticas y menos recordadas de River Plate: el estadio ubicado en la avenida Alvear —actual avenida del Libertador— y la calle Tagle, en el barrio porteño de Recoleta. La cancha fue inaugurada el 20 de mayo de 1923, cuando el conjunto millonario derrotó por 2 a 1 a Peñarol de Montevideo. River llegaba desde el sur de Buenos Aires para instalarse en una zona completamente distinta y comenzar una etapa decisiva de expansión deportiva, social e institucional; por entonces, el club contaba con apenas 5.070 socios. Sus tribunas se convirtieron rápidamente en un punto de encuentro para multitudes que desbordaban pasión cada fin de semana. El primer partido oficial de River en aquel escenario se disputó el 22 de julio de 1923 y terminó con una victoria por 2 a 1 frente a Vélez Sarsfield. Allí también comenzó su recorrido como local en la era profesional, venciendo a Estudiantes de La Plata por idéntico resultado el 4 de julio de 1931. En Alvear y Tagle, el club celebró los campeonatos profesionales de 1932, 1936 y 1937, consolidándose definitivamente entre las grandes potencias del fútbol argentino. Pero el crecimiento de River fue tan vertiginoso que aquel estadio terminó quedando pequeño. Antonio Vespucio Liberti impulsó entonces la construcción de una cancha gigantesca que pudiera albergar a una hinchada cada vez más numerosa. La despedida de Alvear y Tagle llegó el 5 de diciembre de 1937 con una goleada inolvidable por 6 a 1 sobre San Lorenzo. Meses después, el 26 de mayo de 1938, River inauguraría el Monumental venciendo nuevamente a Peñarol, esta vez por 3 a 1. La fotografía muestra mucho más que un antiguo campo de fútbol: retrata el instante en que River dejó de ser solamente un club nacido junto al Riachuelo para convertirse en una institución de masas. Antes del cemento, de las noches internacionales y de las tribunas monumentales, existió Alvear y Tagle: el escenario donde la Banda Roja comenzó a construir una grandeza que ya no tendría límites. #RiverPlate #AlvearYTagle #HistoriaDeRiver #HistoriaDelFútbol #FútbolArgentino #BuenosAiresAntigua #Recoleta #LaBandaRoja #PasiónMillonaria #EstadiosHistóricos #ArchivoFotográfico #MemoriaFutbolera #RiverPlateHistory #ArgentineFootball #FootballHistory #HistoricStadium #BuenosAiresHistory #VintageFootball #SoccerHistory #MillionairesHistory

26 DE JULIO DE 1976: CUANDO LA DICTADURA CONVIRTIÓ LA OSCURIDAD EN UN ARMA — SIETE VÍCTIMAS Y EL ROSTRO SECRETO DEL TERROR


El 26 de julio de 1976 no fue una jornada más dentro del período más violento del terrorismo de Estado argentino. Mientras la vida cotidiana parecía continuar bajo una administración que publicaba leyes, decretos y disposiciones, en las calles, las viviendas y los centros clandestinos se desplegaba una maquinaria ilegal de persecución, secuestro, tortura, desaparición y muerte. El Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado vincula exactamente siete casos con aquella fecha: Martín Belaustegui Herrera, de 19 años; Florencio Benítez, de 34; Susana Marta Blumberg Ozdoba, de 26; Juan Carlos Colonna González, de 22; Lázaro Alcides Jiménez Décima, de 33; María Cristina López Guerra Concaro, de 21, y Alicia Mabel Queiro González, de 22 años. Fueron secuestrados, desaparecidos o asesinados en la Capital Federal y en distintos puntos de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Tucumán. Detrás de esos nombres había estudiantes, trabajadores, militantes, familias y proyectos que el terror intentó borrar. María Cristina López Guerra fue secuestrada junto con Martín Belaustegui en el partido bonaerense de Tres de Febrero. Estaba embarazada de dos o tres meses. La hija o el hijo que debió nacer en cautiverio entre febrero y marzo de 1977 continúa siendo buscado por Abuelas de Plaza de Mayo. La pareja y aquella niña o niño permanecen desaparecidos. Al mismo tiempo, en Jujuy se desarrollaba una de las operaciones represivas más estremecedoras de la dictadura: las llamadas Noches de los Apagones. Entre el 20 y el 27 de julio, cortes intencionales de electricidad cubrieron de oscuridad Libertador General San Martín, Calilegua, El Talar y otras localidades del departamento de Ledesma. Protegidas por la noche y el silencio impuesto, las fuerzas represivas recorrieron viviendas y secuestraron a trabajadores del ingenio, sindicalistas, estudiantes, profesionales y militantes. Las fuentes oficiales estiman que más de 400 personas fueron privadas ilegalmente de su libertad y que 33 continúan desaparecidas. Testimonios, investigaciones judiciales y resoluciones de la Justicia documentaron la utilización de vehículos y apoyo logístico vinculados al Ingenio Ledesma. Una de las causas, conocida como “Burgos”, investigó específicamente 26 secuestros ocurridos durante aquella semana. Por eso, más que una sola “Noche del Apagón”, la historia recuerda hoy una sucesión planificada de noches de terror. Pero la clandestinidad también penetraba los despachos oficiales. Ese mismo 26 de julio, Jorge Rafael Videla firmó el Decreto secreto S 1487/1976, que derogó una disposición de 1973 relacionada con la restitución de derechos y reparaciones derivadas de leyes de amnistía. El decreto estableció que esas restituciones dejarían de calcularse retroactivamente y comenzarían a hacerse efectivas desde la nueva medida. Aunque fue firmado en 1976, apareció publicado en el Boletín Oficial recién el 26 de noviembre de 2013, más de 37 años después. Mientras se secuestraba en la oscuridad y se gobernaba mediante disposiciones reservadas, el Boletín Oficial del 26 de julio de 1976 publicaba la Ley 21.357, sancionada cuatro días antes, que modificaba el régimen de publicidad de las sociedades de responsabilidad limitada. Esa convivencia entre trámites administrativos aparentemente ordinarios y un sistema clandestino de exterminio retrata una de las dimensiones más siniestras de la dictadura: detrás de la fachada institucional funcionaba un Estado paralelo que perseguía, torturaba, asesinaba, desaparecía personas y ocultaba sus propias decisiones. Recordar sus nombres no significa permanecer atrapados en el pasado. Significa impedir que el silencio complete el trabajo que comenzó la represión. La memoria no devuelve las vidas arrancadas, pero les devuelve su identidad, enfrenta el olvido y sostiene una exigencia que continúa atravesando generaciones: Memoria, Verdad y Justicia. Nunca Más. #26DeJulio #TerrorismoDeEstado #DictaduraArgentina #NocheDelApagón #NochesDeLosApagones #Ledesma #Jujuy #DetenidosDesaparecidos #Desaparecidos #DerechosHumanos #MemoriaVerdadYJusticia #NuncaMás #HistoriaArgentina #MemoriaColectiva #StateTerrorism #ArgentineDictatorship #NightOfTheBlackout #HumanRights #NeverAgain #MemoryTruthAndJustice

1926-1929: MENDOZA LIBRÓ EN TINTA LA BATALLA DEL PETRÓLEO — SOBERANÍA NACIONAL, AUTONOMÍA PROVINCIAL Y EL PODER DE LA PRENSA (I,AGEN ILUSTRATIVA)


Cuando el petróleo comenzó a ser considerado una riqueza decisiva para la economía, la defensa y el futuro industrial de la Argentina, Mendoza quedó atrapada en una discusión que atravesaba mucho más que los yacimientos: ¿debía el “oro negro” pertenecer y ser administrado por la Nación, quedar bajo el dominio de las provincias o explotarse mediante sociedades mixtas con capital privado YPF había sido creada el 3 de junio de 1922, durante el final de la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen. Poco después, bajo el gobierno de Marcelo T. de Alvear, Enrique Mosconi asumió su conducción y convirtió a la empresa estatal en un símbolo de soberanía económica, integración territorial y defensa frente al avance de las grandes compañías extranjeras. En Mendoza, la batalla también se libró desde las páginas de los diarios. La Palabra, estrechamente vinculada al radicalismo lencinista, y Los Andes, fundado por Adolfo Calle en 1883 y ya consolidado como un periódico empresarial de gran circulación, no se limitaron a informar: interpretaron los discursos, defendieron intereses políticos y contribuyeron a formar la opinión pública provincial. Las primeras posiciones fuertes aparecieron en julio de 1926. La Palabra advertía sobre la ambición de los capitales extranjeros y defendía la necesidad de proteger los recursos nacionales. Sin embargo, establecía una diferencia decisiva: apoyaba el nacionalismo petrolero, pero no aceptaba que esa política significara despojar a Mendoza del dominio sobre sus riquezas. En otras palabras: petróleo argentino, sí; centralización absoluta en Buenos Aires, no. La discusión alcanzó su punto más intenso en 1927, cuando la Cámara de Diputados debatió un proyecto destinado a declarar los yacimientos petrolíferos bienes del Estado nacional y avanzar hacia su explotación pública. La iniciativa obtuvo media sanción, pero quedó detenida en el Senado y nunca se convirtió en ley. En aquel debate tuvo una actuación destacada el diputado mendocino Jorge A. Calle, integrante de la Comisión de Industria y Comercio. Calle defendió la nacionalización de las minas y sostuvo que la explotación estatal permitiría alcanzar independencia económica y autonomía estratégica en materia militar. Para él, el petróleo podía enriquecer a Mendoza, pero debía servir principalmente al conjunto del país. La Palabra celebró su intervención y lo presentó como un orador que había dejado en alto la representación cuyana. Sin embargo, el periódico lencinista cambió posteriormente su discurso. El diputado José Hipólito Lencinas denunció que Mendoza carecía de capital suficiente para explotar sus posibles yacimientos y que el Gobierno nacional no ofrecía la ayuda necesaria. Sostenía que entregar los recursos al Estado federal significaba sacrificar una fuente de ingresos provincial y permitir un nuevo avance de Buenos Aires sobre el interior. Desde entonces, La Palabra comenzó a equiparar nacionalización con federalización y pasó a defender con mayor firmeza la autonomía mendocina. El giro no fue solamente económico. La Palabra funcionaba como órgano del lencinismo, enfrentado políticamente con el yrigoyenismo. Sus editoriales acompañaban las necesidades del partido provincial y reforzaban una vieja tensión argentina: la concentración de recursos en la capital frente a las dificultades financieras del interior. Para el diario, dudar de la capacidad o de la honestidad de las provincias para administrar sus riquezas constituía una ofensa contra los pueblos que las habitaban. Los Andes, en cambio, mantuvo una posición más estable. Durante 1927 publicó extensos resúmenes de las sesiones parlamentarias, reprodujo argumentos favorables y contrarios al proyecto y terminó apoyando la federalización como una forma de impedir que los yacimientos quedaran bajo el control de compañías internacionales. Su postura priorizaba el interés general del país y advertía que los trusts petroleros podían influir sobre gobiernos, políticos y economías enteras. Pero tampoco defendía un monopolio estatal absoluto. Proponía un sistema mixto integrado principalmente por capitales argentinos, con una participación dominante de YPF y una intervención extranjera limitada y sometida a estricta vigilancia. También reclamaba que el transporte del petróleo permaneciera en manos estatales, para evitar que una empresa privada pudiera controlar oleoductos, distribución y precios, como había ocurrido en otros países. Cuando Diputados aprobó el proyecto en septiembre de 1927, Los Andes cuestionó que YPF recibiera en soledad toda la responsabilidad de explorar, producir, transportar y comercializar en un territorio tan extenso. El diario defendía el recurso nacional, pero consideraba que la empresa todavía no poseía suficiente capacidad técnica y financiera para cumplir inmediatamente semejante tarea. Mientras el Congreso discutía, Mendoza impulsaba sus propios proyectos. Durante la gobernación de Alejandro Orfila se promovió una sociedad mixta para explotar el petróleo de El Sosneado, combinando la intervención provincial con capital privado. La Palabra respaldó la iniciativa y acusó al proyecto nacionalizador de espantar inversiones y perjudicar el desarrollo mendocino. Detrás de aquella polémica convivían la defensa del federalismo, la rivalidad entre el lencinismo y el yrigoyenismo y el interés por atraer capitales capaces de convertir los cateos en una industria real. Hacia 1929, la discusión comenzó a perder intensidad. Los Andes continuó reclamando una resolución nacional, pero ya advertía que el sacrificio de la autonomía provincial solo podía justificarse si producía beneficios claros para toda la República. El Senado nunca sancionó la ley y el golpe de Estado de 1930 terminó clausurando aquella etapa política. Paradójicamente, pocos años después Mendoza avanzaría junto con la empresa estatal: en 1932 se firmó el convenio que permitió la entrada sistemática de YPF en la provincia. Gracias a la explotación de Cacheuta, Tupungato y Lunlunta-Barrancas, en apenas ocho años Mendoza se transformó en la segunda productora petrolera de la Argentina. Aquellas páginas amarillentas revelan que el petróleo nunca fue únicamente un mineral. En ellas se debatieron la soberanía, el federalismo, los capitales extranjeros, el poder de Buenos Aires y el derecho de Mendoza a decidir sobre el subsuelo. Mientras las perforaciones buscaban petróleo bajo la tierra, los diarios disputaban en la superficie quién controlaría el futuro energético argentino. #Mendoza #PetroleoArgentino #YPF #EnriqueMosconi #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #SoberaniaEnergetica #NacionalizacionDelPetroleo #Federalismo #Lencinismo #DiarioLosAndes #LaPalabra #OroNegro #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #EnergySovereignty #EconomicHistory #NationalResources

26 DE JULIO DE 1976: LAS ARMAS QUE NO PODÍAN DISPARAR Y LA REPRESIÓN QUE YA ESTABA EN MARCHA — EL CASO DE “TITO” GÓMEZ EN MENDOZA


El expediente parecía construido sobre una contradicción brutal: dos armas registradas, oxidadas, sucias y completamente inutilizables fueron utilizadas para justificar la detención de un trabajador municipal. El protagonista fue Carlos Alberto “Tito” Gómez, empleado de la Municipalidad de Guaymallén, cuya historia permite observar cómo la persecución ilegal ya funcionaba en Mendoza antes del golpe del 24 de marzo de 1976 y continuó después bajo el aparato de la dictadura. Gómez fue detenido durante enero de 1976 en su vivienda de calle Tropero Sosa, en Guaymallén. Según su testimonio judicial, cerca de las cinco de la madrugada irrumpieron hombres armados, varios de ellos encapuchados, mientras en la casa se encontraban su esposa, su hijo de apenas cuatro meses y una hermana menor. Los atacantes habrían llegado en varios vehículos sin identificación e incluso afirmó haber visto un helicóptero sobrevolando la zona. Tras registrar la propiedad, llevarse dinero y distintos objetos, lo maniataron, amordazaron y trasladaron incomunicado al Departamento de Informaciones D2 de la Policía de Mendoza. La explicación formal fueron dos armas encontradas en la vivienda: una pertenecía a Gómez y la otra a su esposa. Ambas estaban legalmente registradas. Las propias actuaciones determinaron después que se encontraban en avanzado estado de deterioro, cubiertas de óxido y suciedad y sin posibilidad de funcionar. Aquello que había sido presentado como una prueba peligrosa era, en realidad, material completamente fuera de uso. Pero el absurdo judicial encubría una realidad mucho más grave. Gómez declaró que permaneció cerca de doce días en el D2, donde sufrió golpes, picana eléctrica y métodos de asfixia conocidos como “submarino”. Recordó que las torturas se practicaban a cualquier hora y que algunos detenidos regresaban a las celdas en condiciones estremecedoras. Luego fue trasladado a la Penitenciaría provincial, todavía a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. El 16 de marzo de 1976, ocho días antes del golpe de Estado, la VIII Brigada de Infantería de Montaña ordenó su liberación. Sin embargo, al salir de la cárcel habría encontrado automóviles de civil esperando para detenerlo nuevamente. El director del penal, al advertir la situación, decidió escoltarlo hasta su domicilio. Aunque ya estaba libre, Gómez continuó durante meses ligado al expediente bajo un sobreseimiento provisorio. Recién el 26 de julio de 1976, en plena dictadura, recibió el sobreseimiento definitivo. Para fines de aquel año, todas las personas involucradas en aquella investigación habían sido desvinculadas judicialmente. Las reconstrucciones posteriores del Ministerio Público Fiscal señalaron que la causa no tenía fundamentos suficientes y que se insertaba en una persecución más amplia contra personas relacionadas —real o supuestamente— con el Partido Auténtico y con antiguos espacios del peronismo mendocino. El D2, ubicado en el Palacio Policial, fue una pieza central del circuito represivo provincial, vinculado además con centros clandestinos como Papagallos, donde se practicaron torturas y se abandonaron cuerpos. Un cruce propio de la base oficial del Registro Unificado de Víctimas del Terrorismo de Estado arroja trece desapariciones o asesinatos registrados en el país con fecha exacta del 26 de julio entre 1976 y 1983, pero ninguno ubicado en Mendoza. Esto no significa que aquel día no existieran detenciones ilegales, torturas, amenazas o persecuciones en la provincia: el RUVTE registra principalmente desapariciones forzadas y asesinatos, por lo que casos de sobrevivientes como el de Gómez pueden quedar fuera de ese recuento específico. El caso de “Tito” Gómez desnuda el mecanismo con una claridad estremecedora: primero se producía la detención, después se buscaba una acusación que pudiera justificarla. Las armas no funcionaban, la causa no se sostenía y finalmente todos fueron sobreseídos. Pero el secuestro, la incomunicación, las torturas y el miedo ya habían cumplido su verdadero objetivo. Las armas estaban inutilizadas. El aparato represivo, en cambio, funcionaba a plena potencia. #26DeJulio #TitoGomez #Guaymallen #Mendoza #HistoriaDeMendoza #D2Mendoza #TerrorismoDeEstado #DictaduraArgentina #MemoriaVerdadYJusticia #NuncaMas #DerechosHumanos #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #StateTerrorism #HumanRights #HistoricalMemory #NeverAgain

26 DE JULIO DE 1975: MENDOZA BAJO EL LÁTIGO DEL TERROR — EL COMANDO PÍO XII QUE CONVIRTIÓ LA “MORAL” EN SECUESTRO, TORTURA Y MUERTE


Un año antes del golpe de Estado de 1976, Mendoza ya conocía el rostro clandestino de la represión. El 26 de julio de 1975, el autodenominado Comando Moralizador Pío XII irrumpió públicamente mediante un comunicado enviado al diario Mendoza. Sus integrantes se presentaban como defensores de la “moral” y la “salud pública”, pero detrás de esas palabras escondían una amenaza brutal contra las mujeres en situación de prostitución y contra quienes consideraban apartados de las conductas sociales que pretendían imponer. El documento anunciaba castigos con látigos de cuero, cadenas, garrotes de goma y cartuchos cargados con sal. Incluso mencionaba a un dóberman llamado Savonarola, presuntamente adiestrado para atacar y arrancarles la ropa a sus víctimas. Aquella declaración, que hoy parece salida de una ficción siniestra, anticipaba una violencia que ya se ejecutaba en las calles: mujeres perseguidas por automóviles, golpeadas hasta sufrir fracturas y obligadas a abandonar los lugares donde vivían o trabajaban. Los ataques también alcanzaron a personas perseguidas por su orientación sexual. El grupo no apareció de la nada. El 1 de mayo de 1975 habían sido encontrados los cuerpos desnudos y asesinados de Claridad González de Ángel y Ramona Suárez de Martínez, secuestradas la noche anterior. A partir de esos crímenes fueron relevados otros once episodios semejantes. Durante aquellos meses también se produjeron atentados contra cabarets y locales nocturnos, mientras cadáveres de mujeres, proxenetas y militantes políticos aparecían en sectores del pedemonte como Papagallos y Canota. Algunos pozos naturales de Papagallos llegaron a ser denominados por la prensa como “los pozos de Santuccione”. Las reconstrucciones judiciales posteriores determinaron que el Comando Moralizador Pío XII y el Comando Anticomunista Mendoza no eran simples bandas independientes: fueron caracterizados como organizaciones criminales parapoliciales surgidas de la propia Policía provincial. Ambos quedaron vinculados a la estructura conducida por el entonces jefe policial, el vicecomodoro Julio César Santuccione, mientras el Departamento de Informaciones D2 se consolidaba como una pieza central de la persecución y luego funcionaría como centro clandestino de detención. El Pío XII encarnó lo que la Justicia describió como un “terrorismo de calle”: secuestros nocturnos, torturas, ejecuciones y cuerpos abandonados para sembrar miedo entre la población. Tras el golpe del 24 de marzo de 1976, estas organizaciones fueron perdiendo su identidad visible y terminaron absorbidas por el aparato represivo estatal, ahora conducido sistemáticamente por las Fuerzas Armadas y ejecutado con la participación de organismos policiales y de inteligencia. Por eso, aquel comunicado del 26 de julio de 1975 constituye mucho más que una estremecedora rareza de archivo. Es la evidencia de que el terrorismo de Estado en Mendoza no comenzó repentinamente con el golpe militar: sus métodos, estructuras y verdugos ya estaban actuando. Primero persiguieron en nombre de una supuesta moral; después, ese mismo mecanismo clandestino extendió el terror sobre militantes, trabajadores, estudiantes y buena parte de la sociedad mendocina. Memoria para quienes fueron perseguidas, torturadas y asesinadas. Verdad para comprender cómo comenzó el horror. Justicia para que nunca vuelva a repetirse. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #ComandoPioXII #TerrorismoDeEstado #MemoriaVerdadYJusticia #NuncaMas #DerechosHumanos #DictaduraArgentina #JulioSantuccione #D2Mendoza #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #StateTerrorism #HumanRights #HistoricalMemory #NeverAgain

26 DE JULIO DE 1827: NACIÓ LEOPOLDO ZULOAGA — LA PLUMA MENDOCINA QUE CONVIRTIÓ EL TEATRO, LA PRENSA Y LA SÁTIRA EN ARMAS CONTRA EL PODER


El 26 de julio de 1827 nació en Mendoza Leopoldo Zuloaga, una de las figuras más inquietas, versátiles y combativas de la cultura cuyana del siglo XIX. Poeta, escritor, periodista, político, dibujante y miniaturista, desarrolló buena parte de su formación intelectual entre Mendoza y Chile, y convirtió la palabra escrita en una herramienta para intervenir en los grandes debates de su tiempo. No fue solamente un hombre de letras: participó activamente en la construcción institucional de una provincia que buscaba reorganizarse después de décadas de enfrentamientos civiles. Integró la Convención Constituyente mendocina de 1854, fue diputado por el departamento Capital y desempeñó diferentes funciones públicas, entre ellas la Jefatura de Policía —documentada durante 1858 y 1859—, además de responsabilidades vinculadas con la Imprenta Oficial, la Biblioteca y la difusión cultural. Zuloaga comprendió muy pronto el enorme poder de la prensa. Estuvo al frente de la redacción de El Constitucional en 1853 y nuevamente entre 1858 y 1859. Aquel periódico, cuyo nombre completo en distintas etapas fue El Constitucional de los Andes, difundía noticias políticas, institucionales, sociales y culturales, y se presentaba como defensor del orden constitucional, la libertad y el progreso. Desde sus páginas, Zuloaga intervino en las disputas sobre el federalismo, la organización nacional y el futuro político de Mendoza, en una época en la que escribir podía significar enfrentarse directamente con gobernadores, funcionarios y poderosos sectores provinciales. Su nombre quedó unido para siempre al nacimiento del teatro mendocino gracias a El gobierno de Nazar, sainete político escrito en verso y fechado en septiembre de 1860. La obra lanzaba una crítica mordaz contra la administración del gobernador Laureano Nazar y es considerada por investigadores, instituciones teatrales y estudios especializados como una pieza fundacional —e incluso la primera obra— de la dramaturgia mendocina. Allí, Zuloaga utilizó el humor, la ironía y la exageración para desnudar los vicios del poder, inaugurando una tradición teatral profundamente vinculada con la sátira política. Después del terremoto de 1861 y en medio de nuevas convulsiones políticas, se trasladó a Rosario, donde participó en la creación y redacción de El Diario, publicación aparecida en 1862. Hacia 1867 volvió a refugiarse en Chile, instaló una imprenta y una litografía y continuó atacando con textos y caricaturas a los funcionarios mendocinos. Junto con Manuel José Olascoaga colaboró en La Linterna del Diablo, periódico satírico ilustrado desde el cual ambos descargaron su ingenio contra las autoridades provinciales. Las investigaciones no son concluyentes acerca de si Zuloaga fue uno de sus fundadores o solamente un colaborador destacado, pero sí confirman su participación en aquella combativa experiencia editorial. Leopoldo Zuloaga murió en Santiago de Chile el 26 de noviembre de 1881, a los 54 años. Su vida transcurrió entre periódicos, legislaturas, imprentas, bibliotecas, dibujos y exilios; pero su legado más profundo fue haber demostrado que la cultura también podía ser una forma de resistencia. Fue uno de los primeros mendocinos en llevar la crítica política al escenario y en utilizar simultáneamente la poesía, el periodismo, el teatro y la caricatura para desafiar al poder. Su figura merece regresar del olvido como uno de los grandes pioneros de las letras y de la conciencia pública mendocina. #LeopoldoZuloaga #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #Efemérides #TeatroMendocino #DramaturgiaArgentina #LiteraturaMendocina #PeriodismoArgentino #HistoriaArgentina #CulturaMendocina #ElGobiernoDeNazar #MemoriaHistórica #PatrimonioCultural #ArgentineHistory #MendozaHistory #ArgentineTheatre #PoliticalSatire #ArgentineLiterature #HistoricalMemory #CulturalHeritage #OnThisDay

27 DE JULIO DE 1930: NACIÓ OLGA BALLARINI — LA MUJER QUE CONVIRTIÓ LA POESÍA EN UNA TRINCHERA DE AMOR, JUSTICIA Y LIBERTAD


El 27 de julio de 1930 nació en Godoy Cruz Olga Ballarini, una de las voces más comprometidas, sensibles y multifacéticas de la cultura mendocina. Poeta, dramaturga, periodista, docente y asesora pedagógica, se graduó como profesora de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo y también se formó como psicóloga social. Ejerció la enseñanza en escuelas rurales y urbano-marginales, recorriendo espacios donde la educación era mucho más que transmitir conocimientos: significaba abrir puertas, defender derechos y sembrar esperanza. Su compromiso con la libertad y la justicia la llevó a denunciar los abusos de las dictaduras, a sufrir el alejamiento de la Universidad en 1969 y a vivir períodos de exilio en Bolivia y Córdoba. También integró organismos de derechos humanos, participó en la defensa de los derechos de las mujeres y desarrolló una intensa tarea solidaria en sectores populares de Mendoza. Su vínculo con la infancia fue uno de los pilares más luminosos de su trayectoria. En el diario Los Andes estuvo al frente de “Calabó y Bambú”, considerada la primera página literaria mendocina dedicada especialmente a los niños, una experiencia que combinaba literatura, dibujo y creatividad, con la participación plástica de Antonia Cutropia. En ese ámbito compartió tareas periodísticas con Antonio Di Benedetto, uno de los escritores fundamentales de la literatura argentina. Ballarini también promovió talleres, producciones audiovisuales, encuentros de expresión infantil y proyectos en los que los propios niños interpretaban sus poemas mediante dibujos, colores y escenas teatrales. Entre sus títulos se encuentran La asamblea de las estrellas, Malambo a la nuez, La paloma de la paz, Algunos rostros de Dios, Aprendiz de mago y Grillo juglar. Además, participó como autora en Dramaturgia y escuela I, una obra publicada en 2004 por el Instituto Nacional del Teatro y la Universidad Nacional de Cuyo para acercar el teatro, la lectura y los juegos expresivos a las aulas. Sus páginas hablaban de amor, paz, solidaridad, libertad y respeto por la vida, pero jamás permanecieron encerradas en los libros: llegaron a escuelas, barrios, escenarios y cárceles. Después del motín ocurrido en el penal de Boulogne Sur Mer en el año 2000, fue una de las primeras personas que ingresó para dictar talleres literarios, convencida de que incluso detrás de los muros la palabra podía recuperar dignidad y transformar vidas. Olga Ballarini falleció en agosto de 2025, a los 95 años, después de haber dedicado casi toda su existencia a enseñar, escribir, acompañar y defender a quienes necesitaban ser escuchados. Su legado permanece en cada niño que descubrió la poesía entre sus páginas, en cada estudiante que aprendió a pensar con libertad y en cada persona que encontró en sus palabras un refugio contra la injusticia. Mendoza no perdió solamente a una escritora: despidió a una mujer que convirtió la literatura en una forma profunda y valiente de luchar por un mundo más humano

sábado, 25 de julio de 2026

25 DE JULIO DE 1952: «A MÍ ME QUEDA POCO» — LA ÚLTIMA NOCHE LÚCIDA DE EVITA ANTES DE QUE LA ARGENTINA DETUVIERA SU CORAZÓN


Esa noche ocurrió una escena íntima que, con el paso de los años, se convertiría en uno de los relatos más conmovedores sobre sus horas finales. Según recordó posteriormente María Eugenia Álvarez, una de las enfermeras que la asistieron, Evita pidió que la acompañaran hasta el baño. Su debilidad era tan extrema que tuvieron que sostenerla casi en vilo. Mientras regresaban, Eva habría pronunciado apenas tres palabras: «Ya queda poco». La enfermera creyó que se refería al corto trayecto que faltaba para llegar a la cama. Entonces Evita le aclaró que no estaba hablando de la distancia, sino del tiempo de vida que sentía que aún le quedaba. La escena debe presentarse con cautela histórica: no procede de un parte médico ni de una transcripción realizada aquella noche, sino del recuerdo que María Eugenia Álvarez compartió muchos años después. Sin embargo, su testimonio conserva la fuerza de quien permaneció junto a Evita durante la etapa más dolorosa de su enfermedad. Al día siguiente, 26 de julio de 1952, a las 20:25, Eva Duarte de Perón murió a los 33 años. Su fallecimiento abrió un duelo de dimensiones extraordinarias: durante dieciséis días, multitudes acompañaron su despedida y transformaron las calles de Buenos Aires en un interminable escenario de flores, lágrimas y silencio. En aquella última noche no hubo balcones, discursos ni concentraciones populares. Solo quedó una mujer agotada, sostenida por quienes la cuidaban y aparentemente consciente de que el final estaba cerca. Evita, que había vivido cada jornada con una intensidad capaz de despertar amores incondicionales y rechazos profundos, parecía despedirse mediante una frase mínima. Horas después terminaba su vida. Pero comenzaba definitivamente la leyenda de una mujer que, con apenas 33 años, ya había dejado una marca imposible de borrar en la historia argentina. #EvaPerón #Evita #HistoriaArgentina #Argentina1952 #MemoriaHistórica #MujeresEnLaHistoria #Peronismo #HistoriaPolítica #Efemérides #ArgentineHistory #WomenInHistory #LatinAmericanHistory #HistoricalMemory #EvaPeron #OnThisDay


25 DE JULIO DE 1947: EL DÍA QUE EL ESTADO PUSO BAJO REGLAS A LOS ESCRIBANOS, LAS ESCRITURAS Y LOS SECRETOS NOTARIALES (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 25 de julio de 1947, mientras la Argentina atravesaba las primeras grandes transformaciones institucionales del gobierno de Juan Domingo Perón, apareció en el Boletín Oficial N.º 15.825 la Ley 12.990, sancionada por el Congreso el 19 de junio de aquel año. Su objetivo era reorganizar el ejercicio profesional de los escribanos en la Capital Federal y en los entonces territorios nacionales. No se trataba simplemente de una reglamentación administrativa. La nueva norma intervenía sobre una actividad presente en algunos de los momentos más decisivos de la vida cotidiana: la compra de una casa, la transmisión de una herencia, la redacción de un testamento, la constitución de una sociedad, la entrega de un poder o la certificación de una firma. La ley determinó quiénes podían ejercer el notariado y exigió, entre otras condiciones, nacionalidad argentina, mayoría de edad, título universitario habilitante, práctica profesional, inscripción en la matrícula y colegiación. También estableció impedimentos e incompatibilidades destinados a evitar que aquella función fuera ejercida por personas sin preparación, con antecedentes incompatibles o sometidas a intereses capaces de afectar su independencia. Pero uno de sus puntos más contundentes fue declarar que los registros y protocolos notariales eran propiedad del Estado. Esto significaba que los documentos donde quedaban asentados contratos, ventas, poderes, donaciones y disposiciones testamentarias no constituían una propiedad privada del profesional. El escribano los custodiaba y conservaba, pero formaban parte de una estructura pública destinada a garantizar la continuidad, autenticidad y seguridad jurídica de los actos. El régimen colocó además la creación y cancelación de los registros, así como la designación de sus titulares, bajo la autoridad estatal. Al escribano de registro se le reconoció la delicada misión de recibir, redactar y otorgar autenticidad a los actos y contratos que llegaban a sus manos. Detrás de cada sello no debía existir solamente una firma profesional, sino una garantía de legalidad capaz de ser aceptada por particulares, bancos, jueces y organismos públicos. La norma tampoco entregó facultades sin control. Dividió la responsabilidad de los escribanos en cuatro categorías: administrativa, civil, penal y profesional. Un notario podía ser investigado no solo por ocasionar perjuicios económicos, sino también por incumplir normas fiscales, cometer delitos, quebrantar la ética profesional o dañar el prestigio y la confianza depositados en la institución notarial. La vigilancia quedó compartida entre el Tribunal de Superintendencia y el Colegio de Escribanos, que recibió atribuciones para inspeccionar oficinas y registros, controlar la matrícula, unificar procedimientos y aplicar medidas disciplinarias. La ley reconoció al Colegio —fundado en Buenos Aires en 1866— como representante organizado del cuerpo notarial y fortaleció enormemente sus responsabilidades públicas. Aquella reorganización no nació de manera improvisada. El Colegio de Escribanos había preparado en 1934 un anteproyecto de ley orgánica que, con modificaciones, se convirtió trece años después en la Ley 12.990. Desde entonces, la antigua asociación profesional pasó a desempeñar un papel mucho más profundo en el gobierno, la vigilancia y la disciplina del notariado. La disposición no regía directamente en Mendoza, porque la provincia se encontraba fuera del ámbito territorial fijado por la norma nacional y conservaba su propia competencia para organizar la actividad notarial. Sin embargo, aquel episodio permite comprender una transformación más amplia del primer peronismo: el intento de ordenar profesiones e instituciones que intervenían silenciosamente en la economía, la propiedad y la vida familiar de millones de argentinos. No fue únicamente una ley para escribanos. Fue una norma sobre la confianza pública. Porque detrás de una escritura podían encontrarse los ahorros de una vida; detrás de un testamento, el destino de una familia; y detrás de una firma, una decisión capaz de cambiar para siempre la propiedad de una vivienda, una empresa o una extensión de tierra. El 25 de julio de 1947, el Estado dejó establecido que aquella firma no podía depender únicamente de la palabra de un profesional: debía estar respaldada por preparación, matrícula, responsabilidad, custodia documental y control institucional. #Ley12990 #HistoriaArgentina #Escribanos #NotariadoArgentino #PrimerPeronismo #JuanDomingoPerón #BoletínOficial #HistoriaDelDerecho #SeguridadJurídica #FePública #Patrimonio #Propiedad #ArchivosHistóricos #EfeméridesArgentinas #MemoriaHistórica #ArgentineHistory #NotaryPublic #NotarialLaw #LegalHistory #PublicTrust #LegalSecurity #PropertyLaw #HistoricalLaw #Argentina1947 #InstitutionalHistory #PublicRecords #LegalDocuments #LatinAmericanHistory #HistoryOfLaw

3 DE FEBRERO DE 1852: CHILAVERT NO HUYÓ — EL ARTILLERO QUE PREFIRIÓ MORIR DE FRENTE ANTES QUE RENUNCIAR A SU BANDERA


El estruendo de los cañones hacía temblar la llanura de Caseros. El aire estaba cubierto por una nube oscura de humo, pólvora y tierra levantada por los proyectiles. A su alrededor, los soldados caían, las líneas de la Confederación comenzaban a desintegrarse y alguien anunció que la batalla estaba perdida. Martiniano Chilavert, sin embargo, permaneció junto a sus piezas. Mientras otros buscaban escapar del desastre, él continuó disparando. No era un soldado improvisado ni un federal de toda la vida. Nacido en Buenos Aires el 16 de octubre de 1798, había sido docente, ingeniero y uno de los artilleros más experimentados de su generación. Combatió contra el Imperio del Brasil y se destacó en la batalla de Ituzaingó, librada el 20 de febrero de 1827, actuación por la que fue promovido. Durante buena parte de su vida militó en el unitarismo, acompañó a Juan Lavalle y sirvió en las fuerzas de Fructuoso Rivera. Había combatido a los federales y despreciado políticamente a Juan Manuel de Rosas. Pero la intervención de Inglaterra y Francia en el Río de la Plata cambió su manera de interpretar aquella guerra civil. Desde su exilio comprendió que la disputa ya no enfrentaba solamente a unitarios y federales: detrás aparecían flotas extranjeras, intereses comerciales y proyectos capaces de condicionar el futuro del país. En una carta de 1846 dejó escrita su convicción: “Considero el más espantoso crimen llevar contra él las armas del extranjero”. También confesó que el cañón de la Vuelta de Obligado había resonado en su corazón. Desde entonces decidió ofrecer sus servicios a Rosas, no porque hubiera adoptado todas sus ideas, sino porque creyó que la soberanía nacional estaba por encima de las antiguas divisiones partidarias. Así llegó a Caseros el 3 de febrero de 1852, comandando la artillería de la Confederación frente al Ejército Grande de Justo José de Urquiza, respaldado por fuerzas entrerrianas, correntinas, orientales y brasileñas. Cuando los flancos rosistas cedieron, la artillería de Chilavert y la infantería dirigida por Pedro José Díaz sostuvieron uno de los últimos focos de resistencia. Agotada la munición, sus hombres recogieron proyectiles enemigos dispersos sobre el terreno para volver a dispararlos. Según una tradición repetida por distintos historiadores, llegaron incluso a cargar los cañones con piedras y fragmentos de los escombros. Chilavert tuvo oportunidades de retirarse, pero decidió quedarse. Cuando ya no pudo efectuar un solo disparo más, permaneció cerca de sus cañones esperando la captura. Había comenzado aquella jornada como un antiguo unitario al frente de la artillería federal y la terminó convertido en prisionero del ejército vencedor. Llevado ante Urquiza, ambos habrían protagonizado una discusión feroz. El vencedor de Caseros lo acusó de haber abandonado la causa antirrosista. Chilavert respondió que la verdadera traición consistía en utilizar fuerzas extranjeras para resolver una guerra entre argentinos. Urquiza ordenó que fuera fusilado por la espalda, castigo reservado simbólicamente a quienes eran considerados traidores. Chilavert se resistió y exigió morir de frente, con el rostro descubierto. No lograron colocarlo ante el pelotón: fue reducido a golpes de culata y ultimado con bayonetas. Su muerte es situada generalmente el 4 de febrero de 1852, al día siguiente de la batalla, y su cuerpo habría permanecido varios días sin sepultura. Algunos detalles varían según los testimonios, pero las fuentes coinciden en la brutalidad de su final. Para algunos, Martiniano Chilavert fue un hombre contradictorio que cambió de bando. Para otros, fue un patriota capaz de colocar la soberanía por encima de sus odios políticos. El propio Ministerio de Defensa argentino lo ha recordado como un símbolo de valor, patriotismo y compromiso con la defensa del país. Pudo escapar. Pudo abandonar los cañones y salvar su vida. Eligió permanecer allí, sosteniendo hasta el último instante aquello que consideraba justo. Más de 170 años después, su decisión continúa provocando admiración, rechazo y debate. ¿Vos qué habrías hecho: escapar para sobrevivir o quedarte hasta el final defendiendo tus convicciones? #MartinianoChilavert #BattleOfCaseros #ArgentineHistory #ArgentinaHistory #NationalSovereignty #MilitaryHistory #LatinAmericanHistory #HistoricBattle #ForgottenHeroes #HistoryLovers #SouthAmericanHistory #HistoricalDebate #MartinianoChilavert #BatallaDeCaseros #HistoriaArgentina #SoberaníaNacional #HistoriaMilitar #JuanManuelDeRosas #JustoJoséDeUrquiza #EjércitoArgentino #PatriotasArgentinos #EfeméridesArgentinas #MemoriaHistórica #Argentina

1814–1821: GÜEMES CONVIRTIÓ EL NORTE EN UNA TRAMPA — LA GUERRA INVISIBLE QUE SALVÓ LA INDEPENDENCIA


¿Cómo se detiene a un ejército regular, disciplinado y mejor equipado cuando escasean las armas, el dinero y los soldados? Martín Miguel de Güemes comprendió que enfrentarse a los realistas en campo abierto significaba combatir exactamente como ellos sabían hacerlo. Por eso eligió otra guerra: una lucha sin grandes desfiles ni victorias definitivas, librada entre quebradas, montes, senderos ocultos y poblaciones que conocían cada rincón del territorio. Eso fue realmente la Guerra Gaucha: una guerra de recursos, inteligencia y agotamiento. Los caminos quedaban repentinamente desiertos, el ganado desaparecía antes de que pudiera ser capturado, los correos enemigos eran interceptados y las noticias viajaban durante la noche. Una columna realista podía avanzar convencida de que nadie la observaba, pero desde una loma, una quebrada o un monte ya había sido descubierta. Antes del amanecer, los hombres de Güemes conocían su dirección, sus necesidades y sus puntos débiles. Entonces atacaban con rapidez, cortaban sus abastecimientos y se dispersaban antes de que el enemigo pudiera organizar una respuesta. Podían ocupar una ciudad; lo verdaderamente difícil era conservarla. La situación era desesperante. Después de las derrotas patriotas sufridas en el Alto Perú, el Ejército del Norte había quedado debilitado y los avances realistas amenazaban Salta, Jujuy y el camino hacia Tucumán. En 1814, José de San Martín asumió el mando de aquel ejército y designó a Güemes jefe de las avanzadas sobre el río Juramento. Al mismo tiempo comprendió que intentar llegar frontalmente hasta Lima por el Alto Perú consumiría los escasos hombres y recursos de la Revolución. Su nueva estrategia consistiría en atravesar los Andes, liberar Chile y atacar luego el centro del poder español en Perú desde el océano Pacífico. Para que ese plan pudiera realizarse, alguien debía impedir que los realistas descendieran por el norte. Esa misión quedó en manos de Güemes. Pero aquella resistencia no fue obra de un grupo improvisado y aislado. Güemes articuló partidas rurales, milicias provinciales, caballería de línea, escuadrones gauchos y la célebre División Infernal. Arrieros, campesinos, artesanos, indígenas y pequeños propietarios abandonaban temporalmente sus trabajos, montaban a caballo y se incorporaban a una enorme red defensiva adaptada al paisaje de Salta y Jujuy. Conocían los ríos, pasos, cañadones y quebradas mejor que cualquier ejército llegado desde afuera. Junto a ellos actuaron mujeres fundamentales, entre ellas Macacha Güemes, quien cumplió tareas de inteligencia, logística y articulación política para sostener la causa revolucionaria. La Guerra Gaucha no buscaba destruir al enemigo en una única jornada. Su objetivo era desgastarlo lentamente: dejarlo sin alimentos, caballos, información, comunicaciones seguras ni descanso. Cada día ganado por aquellos hombres y mujeres era un día más para reorganizar la Revolución, proteger el Congreso de Tucumán y permitir que San Martín preparara el Ejército de los Andes. Mientras una fuerza cruzaba la cordillera para abrir el camino hacia Chile y Perú, otra convertía el norte en una frontera imposible de atravesar. La independencia no se sostuvo solamente avanzando: también necesitó que alguien cerrara el camino por donde podía regresar la dominación española. Güemes y sus gauchos demostraron que conocer el territorio, controlar la información y contar con el respaldo de la población podía ser más poderoso que marchar con miles de soldados. No vencieron en una única batalla monumental: vencieron haciendo que el invasor jamás pudiera sentirse seguro. ¿Qué otra figura de la Guerra Gaucha te gustaría que cobrara vida en Histotoon: Macacha Güemes, Juana Azurduy, Luis Burela o alguno de los legendarios Infernales? #MartínMiguelDeGüemes #GuerraGaucha #LosInfernales #HistoriaArgentina #IndependenciaArgentina #HéroesDeLaPatria #Salta #Jujuy #JoséDeSanMartín #MacachaGüemes #HistoriaLatinoamericana #Histotoon #MartinMiguelDeGuemes #GauchoWar #ArgentineHistory #ArgentineIndependence #LatinAmericanHistory #Gauchos #MilitaryHistory #IndependenceWars #SouthAmericanHistory #FreedomFighters #HistoryRecreated

25 DE JULIO DE 1946: EL ESTADO COMENZÓ A MEDIR Y CLASIFICAR A LOS ARGENTINOS — EL EXTRAÑO INSTITUTO ÉTNICO QUE TUVO UNA FIGURA LIGADA A MENDOZA


El 25 de julio de 1946, cuando apenas comenzaba la primera presidencia de Juan Domingo Perón y millones de personas intentaban reconstruir sus vidas después de la Segunda Guerra Mundial, el Estado argentino creó mediante el Decreto 4703 el Instituto Étnico Nacional. El nuevo organismo surgió sobre la base de una Oficina Etnográfica establecida meses antes y quedó inicialmente vinculado al Ministerio del Interior y a la estructura estatal encargada de las migraciones. Su nombre podía hacer pensar en una institución dedicada únicamente a conservar culturas o estudiar pueblos originarios. Sin embargo, su misión era mucho más amplia y, observada desde el presente, profundamente controvertida: debía investigar de manera integral a la población argentina y producir conocimientos que sirvieran para orientar las políticas inmigratorias, el servicio militar, la colonización territorial, la política indígena y la planificación regional. Los documentos de la época hablaban abiertamente del “mejoramiento físico y moral” de la población. Para alcanzar aquel objetivo, el Instituto reunió antropólogos, médicos, demógrafos, psicólogos, ingenieros y otros especialistas encargados de medir, describir y clasificar a los habitantes del país. Su estructura llegó a contar con secciones de Antropología Somática, Antropología Psicológica, Demografía Económica, Demografía Histórica y Demografía Legal. Se estudiaban estaturas de conscriptos, medidas corporales y faciales, ascendencias familiares, condiciones de vida, niveles escolares, migraciones internas y extranjeras, distribución territorial y características culturales de comunidades criollas, indígenas e inmigrantes. Todo debía alimentar una suerte de gran radiografía humana de la Argentina y ofrecer recomendaciones para la acción del gobierno. El primer director fue Santiago Peralta, antropólogo que defendía la aplicación de estadísticas corporales y criterios étnicos a la selección inmigratoria. Durante su gestión, el Instituto quedó asociado a concepciones racialistas y a una idea de la población como material susceptible de ser clasificado, dirigido y transformado mediante la intervención estatal. Aquellas teorías, que entonces circulaban en numerosos países bajo apariencias científicas, hoy son analizadas críticamente por su relación con la eugenesia, la discriminación y la llamada ingeniería social. Pero esta historia posee también una sorprendente conexión con Mendoza. En 1947 se incorporó como subdirector Salvador Canals Frau, etnólogo y americanista español que había desarrollado una parte fundamental de su carrera en la Universidad Nacional de Cuyo. Entre 1940 y 1946 fue el primer director del Instituto de Etnografía Americana y promovió investigaciones decisivas sobre la arqueología, la etnografía y los pueblos prehispánicos de Cuyo. Tras el alejamiento de Peralta, ocurrido en enero de 1948, Canals Frau asumió interinamente la conducción y reorganizó el Instituto. Bajo su influencia aparecieron los Anales del Instituto Étnico Nacional, publicados entre 1948 y 1951. Su gestión intentó distanciar al organismo de las formulaciones racialistas más explícitas y declaró que sus investigaciones no debían utilizarse para realizar discriminaciones raciales, religiosas o políticas. Sin embargo, continuaron empleándose métodos de antropología somática y clasificaciones humanas que reflejaban los límites científicos y culturales de aquella época. El Instituto Étnico Nacional funcionó hasta 1955. Su existencia revela un capítulo poco conocido de la historia argentina: una etapa en la que el Estado no solamente contaba habitantes o registraba inmigrantes, sino que aspiraba a estudiarlos físicamente, clasificarlos y convertir ese conocimiento en una herramienta de gobierno. La huella mendocina de Salvador Canals Frau permanece hasta nuestros días. El museo de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo lleva su nombre y conserva colecciones arqueológicas y etnográficas que forman parte del patrimonio histórico de Mendoza y de la Argentina. A ochenta años de aquella experiencia, la historia del Instituto obliga a formular una pregunta inquietante: ¿hasta dónde puede avanzar el Estado cuando deja de considerar a las personas como ciudadanos y comienza a observarlas como cifras, medidas corporales y categorías humanas? #ArgentineHistory #HistoryOfArgentina #JuanPeron #Peronism #SocialHistory #AnthropologyHistory #ImmigrationHistory #PopulationStudies #SocialEngineering #HistoricalMemory #IndigenousHistory #MendozaHistory #LatinAmericanHistory #OnThisDay #HistoryMatters #HistoriaArgentina #Efemérides #InstitutoÉtnicoNacional #JuanDomingoPerón #PrimerPeronismo #SantiagoPeralta #SalvadorCanalsFrau #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #UNCuyo #Antropología #InmigraciónArgentina #PueblosOriginarios #MemoriaHistórica #CienciaEHistoria #Argentina1946

1926–1928: ORFILA DECLARÓ LA GUERRA A LOS CATEOS FANTASMA — MENDOZA QUISO CONVERTIR EL PETRÓLEO EN SU SEGUNDA GRAN RIQUEZA


Cuando Alejandro Orfila asumió la gobernación de Mendoza, el 6 de febrero de 1926, no solo inició la tercera y última etapa del radicalismo lencinista: también intentó transformar una provincia dominada por la vid en una potencia minera y petrolera. Su administración retomó las políticas sociales impulsadas por José Néstor Lencinas, pero dirigió una mirada estratégica hacia el subsuelo mendocino, donde el petróleo aparecía como una posible fuente de empleo, ingresos fiscales y diversificación económica. La Dirección de Minas, Petróleo y Geología quedó en manos de Francisco J. Muñiz, empresario con intereses mineros, mientras el ministro de Industrias y Obras Públicas, José E. Aguilar, anunció que los hidrocarburos serían uno de los grandes ejes de la política económica provincial. Existía, sin embargo, un obstáculo decisivo: el Código de Minería impedía que las provincias exploraran o explotaran directamente esos recursos. Por eso, el gobierno debía atraer compañías y sindicatos privados que poseyeran capital suficiente para perforar pozos verdaderos y no limitarse a acumular concesiones sobre el papel. Orfila se encontró con un escenario escandaloso: alrededor de dos millones de hectáreas habían sido solicitadas para realizar cateos, pero apenas el 2 % habría sido explorado. Detrás de numerosas peticiones no existían máquinas, trabajadores ni perforaciones, sino especuladores que obtenían derechos mineros para negociarlos posteriormente. Para terminar con aquel mapa de “pozos fantasma”, el 16 de abril de 1926 pidió a la Legislatura suspender durante un año la entrega de nuevos permisos, reservar zonas estratégicas para la Provincia y destinar hasta $50.000 moneda nacional a estudios geológicos realizados por especialistas argentinos o extranjeros. El proyecto nunca consiguió tratamiento legislativo, pero anticipó una idea poderosa: el petróleo mendocino debía investigarse con planificación y no entregarse a quienes solamente buscaban hacer negocios con las concesiones. El 16 de diciembre de 1926, mediante el Decreto 850, el gobierno dispuso incentivos de hasta $15.000 para fomentar actividades vinculadas con el petróleo, el hierro y el carbón. En 1927, el Decreto 378 concentró aún más la ayuda en los hidrocarburos, considerados una industria que exigía inversiones superiores. Las solicitudes procesadas por la repartición minera pasaron de 11 en 1926 a 55 durante 1927. Sin embargo, la documentación examinada por los investigadores no permite comprobar que aquellos subsidios llegaran efectivamente a entregarse: pudieron ser insuficientes para tentar a empresas capaces de afrontar perforaciones costosas y de alto riesgo. La ofensiva estatal también alcanzó a quienes mantenían minas abandonadas o adeudaban el canon. El gobierno ordenó rematar 24 explotaciones declaradas vacantes: siete estaban vinculadas con petróleo y diecisiete con esquistos bituminosos, distribuidas entre El Sosneado, Malargüe, Cacheuta, Potrerillos, El Challao, San Ignacio y San Isidro. Los edictos fueron publicados, pero el día de la subasta no apareció un solo oferente. Orfila también intentó recuperar las 237 pertenencias de la Compañía Petrolífera de Cacheuta, que poseía pozos inactivos desde 1913 y acumulaba una deuda calculada en $130.350. La empresa recurrió a la Justicia y consiguió conservar sus derechos, frustrando la intervención provincial. En medio de tantos proyectos paralizados, una compañía logró pasar de las promesas al terreno: Río Atuel S.A. Minera e Industrial. Desde 1926 explotó petróleo en El Sosneado, en el sur de Mendoza, donde llegó a disponer de cinco pozos en producción y otros dos en preparación. Ese año habría extraído aproximadamente 2.000 metros cúbicos, volumen superior al registrado en explotaciones de Jujuy y Salta. El crudo era trasladado penosamente en carros o camiones hasta la estación Pedro Benegas, en San Rafael, y luego procesado para obtener aceites lubricantes destinados a los mercados mendocino y porteño. La nieve, las temperaturas extremas, los caminos deficientes y la distancia ferroviaria convertían cada barril en una conquista. El petróleo incluso comenzó a imaginarse como la materia capaz de transformar las calles y rutas provinciales. San Rafael fue una de las primeras ciudades mendocinas en experimentar con el empetrolado, y Orfila proyectó utilizar el crudo de El Sosneado para mejorar el camino que la comunicaba con la capital. La Provincia también adquirió productos y camiones regadores destinados a extender ese sistema sobre decenas de kilómetros de accesos. La apuesta más audaz llegó en 1928: crear la Sociedad Anónima Petrolera El Sosneado, una empresa mixta integrada por el Gobierno de Mendoza y Río Atuel. La Provincia aportaría $8 millones moneda nacional y participaría en un directorio de cinco miembros. La compañía tendría una duración de cincuenta años y podría explorar, perforar, extraer, destilar y vender combustibles en los mercados local y nacional. Pero el proyecto tampoco fue tratado por la Legislatura y quedó sepultado por la intervención federal que puso fin al gobierno lencinista en diciembre de 1928. Orfila no consiguió convertir inmediatamente a Mendoza en una gran potencia petrolera. Los subsidios no dejaron resultados comprobables, las subastas quedaron desiertas, la especulación continuó y la empresa mixta nunca nació. Sin embargo, su gobierno comprendió algo antes que muchos: una economía sostenida casi exclusivamente por la vitivinicultura necesitaba nuevas fuentes de riqueza. Aquellos intentos, entre aciertos, fracasos y enormes ambiciones, prepararon el escenario para el convenio firmado con YPF en 1932 y para el desarrollo posterior de una industria que transformaría definitivamente la economía mendocina. #AlejandroOrfila #HistoriaDeMendoza #PetróleoMendocino #ElSosneado #SanRafael #Malargüe #Cacheuta #Lencinismo #OroNegro #YPF #HistoriaArgentina #IndustriaPetrolera #PatrimonioMendocino #Efemérides #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #PetroleumIndustry #BlackGold #EnergyHistory #IndustrialHeritage #HistoricalMendoza

25 DE JULIO DE 1975: ISABEL GOBERNABA DESDE LA CAMA — MIENTRAS VIDELA APARECÍA EN LOS CABLES DE LA CIA Y EL PAÍS ARDÍA


El viernes 25 de julio de 1975, una fotografía distribuida oficialmente expuso ante el país una imagen tan íntima como inquietante: María Estela Martínez de Perón, enferma y recostada en su cama, recibía al dirigente tucumano Celestino Gelsi mientras alrededor de la residencia presidencial crecían los rumores sobre una licencia, una renuncia o una posible delegación del mando. Al terminar la reunión, Gelsi contó que Isabel contemplaba descansar si su salud lo exigía, pero que no pensaba entregar el poder. La Presidenta permanecía formalmente al frente del Estado, aunque su autoridad se debilitaba aceleradamente. o día, un informe confidencial de la inteligencia estadounidense incorporó un nombre que pocos meses después quedaría marcado para siempre en la historia argentina: Jorge Rafael Videla. El militar había asumido el 4 de julio como jefe del Estado Mayor Conjunto y llevaba apenas tres semanas en ese puesto. Según una fuente citada por la CIA, Videla encabezaría una facción del Ejército favorable a desplazar a Isabel o reducirla a una figura presidencial puramente decorativa. Sin embargo, el documento debe leerse con precisión: registraba versiones, evaluaciones y movimientos atribuidos a sectores militares, pero no demuestra que el golpe del 24 de marzo de 1976 ya estuviera definitivamente decidido. el poder político se deshacía entre versiones y conspiraciones, la noche estalló en Buenos Aires. Montoneros desplegó una ofensiva coordinada contra siete comisarías, tres intendencias, guardias de unidades militares, instalaciones industriales, comercios y otros objetivos de la Capital Federal y el conurbano. Un policía fue asesinado en Avellaneda y el comerciante Roberto Aldo Pérez murió al intentar impedir el saqueo de su zapatería en Lomas de Zamora. También fueron atacados con bombas incendiarias lugares emblemáticos como Florida Garden y La Biela. A comienzos de agosto, Associated Press estimaba que 389 personas habían muerto durante 1975 como consecuencia de la violencia política, una cifra periodística que permite dimensionar la tragedia, aunque no constituye un balance oficial definitivo. El país estaba atrapado entre las acciones de las organizaciones armadas, la represión estatal y la violencia clandestina de grupos parapoliciales como la Triple A. mía tampoco daba tregua. Pedro José Bonanni había asumido como ministro de Economía el 22 de julio, reemplazando a Celestino Rodrigo después del devastador Rodrigazo, la devaluación, el aumento de tarifas y combustibles, la pérdida del salario real y las históricas huelgas del 7 y 8 de julio. Bonanni abandonó políticamente el ministerio el 11 de agosto, aunque el registro oficial prolonga formalmente su gestión hasta el día 14, cuando asumió Antonio Cafiero. Su paso por Economía duró poco más de tres semanas: otra demostración de un gobierno que consumía ministros mientras la inflación, la conflictividad social y la violencia avanzaban sin control. de julio condensó la agonía de una época: una Presidenta gobernando desde su habitación, un general mencionado por la inteligencia extranjera, un gabinete incapaz de estabilizar la economía y una noche atravesada por disparos, saqueos y bombas. Faltaban todavía ocho meses para el golpe de Estado, pero las instituciones ya comenzaban a caminar sobre el borde del abismo.

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