viernes, 24 de julio de 2026

1922–1926: MENDOZA ABRIÓ LA TIERRA EN BUSCA DEL ORO NEGRO — CAPITAL EXTRANJERO, POZOS FANTASMA Y EL FERROCARRIL QUE PUDO CAMBIAR EL SUR (IMAGEN ILUSTRATIVA)


En los primeros años de la década de 1920, mientras la Argentina comenzaba a considerar el petróleo como una cuestión de soberanía y creaba Yacimientos Petrolíferos Fiscales, Mendoza también miraba hacia las profundidades de su territorio. Bajo montañas, quebradas y extensas planicies del sur provincial aparecían manaderos de brea, esquistos bituminosos y señales geológicas que alimentaban una certeza cada vez más poderosa: la provincia poseía un tesoro energético capaz de reducir su dependencia de la vitivinicultura y transformar para siempre su economía. YPF fue creada por decreto el 3 de junio de 1922 y poco después, bajo la conducción de Enrique Mosconi, se convirtió en el gran símbolo del nacionalismo petrolero argentino. En Mendoza, sin embargo, el impulso estatal iniciado durante el gobierno de José Néstor Lencinas perdió intensidad durante la administración de su hijo, Carlos Washington Lencinas. Mientras las oficinas públicas avanzaban con lentitud, pequeños empresarios, políticos provinciales y capitales extranjeros comenzaron a solicitar cateos, adquirir concesiones y abrir pozos exploratorios. No eran todavía grandes compañías capaces de movilizar fortunas, sino sociedades que mezclaban expectativas industriales, aventura empresarial y, en algunos casos, simples maniobras especulativas. La investigación histórica de Enrique Timmermann reconstruyó esta etapa como un momento decisivo, aunque lleno de proyectos inconclusos, en la búsqueda de una economía mendocina más diversificada. Una de las primeras iniciativas del sur fue la Compañía de Yacimientos Petrolíferos de San Rafael, constituida el 11 de enero de 1922 y encabezada por el empresario chileno Francisco Pavletich. La firma obtuvo los sitios mineros llamados San Pedro y San Pablo, ubicados en Piedra de Afilar, dentro del extenso territorio que entonces pertenecía al departamento de San Rafael. Sus hombres demarcaron terrenos, estudiaron formaciones y realizaron pozos testigos, pero no llegaron a producir petróleo comercialmente durante la gestión de Carlos W. Lencinas. La otra gran protagonista fue El Petróleo Argentino, sociedad creada en 1907 y vinculada al poderoso grupo empresarial Tornquist. Su representante en Mendoza era Pascual Herraiz, dirigente del Partido Liberal y varias veces legislador provincial y nacional. La compañía recibió concesiones en Los Buitres, Cerro Alquitrán y Cerro de la Brea, y en 1924 amplió su presencia con un nuevo sitio en El Sosneado. Llegó así a reunir 45 pertenencias mineras en la provincia. Sin embargo, durante aquellos años sus trabajos también quedaron limitados a mensuras, demarcaciones y perforaciones experimentales. Recién en 1926 comenzaría a extraer petróleo. La documentación empresarial confirma que El Petróleo Argentino formó parte de las compañías creadas o participadas por Ernesto Tornquist y Cía. durante la expansión industrial de comienzos del siglo XX. El interés cruzó rápidamente las fronteras. El periódico La Palabra informó que accionistas británicos habían invertido 30.000 libras esterlinas para iniciar una producción petrolera en Malargüe. A los capitales ingleses se sumaban empresarios chilenos y exploradores estadounidenses atraídos por los informes técnicos difundidos por la División de Minas, Petróleo y Geología. Aquella repartición, creada en 1918 y dirigida por el ingeniero Guillermo Hileman, había recorrido la provincia, estudiado sus recursos y preparado información para atraer inversores. Mendoza fue una de las primeras provincias argentinas en disponer de un organismo técnico específicamente dedicado a la minería, la geología y el petróleo. También aparecieron proyectos con una sorprendente estrategia comercial. A comienzos de 1923, la Compañía Minera y Petrolífera del Norte, con sede en Buenos Aires, ofreció públicamente 200.000 acciones de $10 cada una. Podían adquirirse en bancos nacionales y privados, y quienes invertían recibían beneficios adicionales, como descuentos en comercios mendocinos. Era petróleo vendido como promesa de prosperidad. Sin embargo, no se encontraron pruebas concluyentes de que aquella sociedad llegara a perforar o explotar algún yacimiento. El verdadero enemigo no se encontraba solamente bajo tierra. Para que una empresa petrolera fuera rentable necesitaba reservas suficientes, maquinaria, mercado y, sobre todo, transporte. El sur mendocino carecía de caminos transitables, vías férreas cercanas y poblaciones capaces de abastecer grandes operaciones. Algunos yacimientos estaban a más de cien kilómetros del núcleo urbano más próximo, entre montañas, ríos sin navegación y territorios donde trasladar una máquina perforadora podía convertirse en una expedición. En 1923 pareció surgir una solución. La Compañía de Ferrocarriles Industriales, de capitales ingleses, propuso construir ramales para conectar aquellas zonas productivas. Su apoderado, Diego Rivadeneira, firmó un acuerdo con el ministro Leopoldo Suárez, pero el convenio debía ser aprobado por la Legislatura y jamás llegó a debatirse. El ferrocarril que podía haber unido los pozos con los mercados quedó convertido en otra línea inexistente sobre un mapa. Cacheuta también guardaba una historia cargada de esperanzas frustradas. Allí había trabajado desde 1886 la Compañía Mendocina de Petróleo, impulsada por Carlos Fader y otros importantes empresarios. Sus perforaciones constituyeron una de las experiencias petroleras más tempranas del país, pero los problemas técnicos, financieros y logísticos terminaron paralizando la explotación. Durante la década de 1920 se intentó transferir, reorganizar o liquidar la empresa, mientras sus pozos permanecían prácticamente inactivos. A pocos kilómetros surgió otra alternativa: obtener aceite a partir de esquistos bituminosos, rocas capaces de liberar hidrocarburos mediante calentamiento y destilación. En Cacheuta operó brevemente la mina El Emporio, perteneciente a Carlos Fader, pero terminó ofrecida en venta pública en 1926 por falta de pago de los cánones mineros. La experiencia más avanzada fue la mina La Atala, ubicada en Papagallos, Las Heras, e impulsada durante aquellos años por Lucio Funes. Después de intentar conseguir equipos en Estados Unidos, Funes adquirió en 1923 hornos de la empresa chilena Hornos Stalli. Ingenieros trasandinos instalaron las estructuras y comenzaron a procesar las lutitas bituminosas. El mineral ofrecía un rendimiento promedio ligeramente superior al 6 % de aceite, una proporción considerada aceptable para este tipo de explotación. Las investigaciones arqueológicas todavía identifican allí hornos, recintos productivos, senderos, viviendas y restos de aquel complejo industrial perdido entre el pedemonte mendocino. Pero La Atala tampoco pudo sostenerse. Ahogado por problemas económicos, Lucio Funes vendió la concesión en 1925 a capitales chilenos. La operación generó críticas contra una élite argentina que seguía concentrando gran parte de su riqueza en la viña y dejaba las nuevas industrias en manos extranjeras. El petróleo despertaba discursos patrióticos, pero todavía no conseguía movilizar inversiones nacionales suficientes. Aquellas compañías no convirtieron inmediatamente a Mendoza en una potencia petrolera. Muchas apenas perforaron pozos testigos; otras acumularon concesiones esperando revenderlas; varias desaparecieron dejando acciones, deudas, hornos abandonados y proyectos ferroviarios inconclusos. Sin embargo, no todo fue fracaso. Las exploraciones privadas, los estudios de Hileman y las primeras experiencias industriales demostraron que la provincia poseía recursos reales. El conocimiento acumulado permitió que en 1932 Mendoza firmara un convenio con YPF para iniciar una nueva etapa de exploración y explotación. Ocho años después, la provincia ya se había convertido en la segunda región petrolera más importante de la Argentina. El oro negro finalmente comenzó a brotar, pero detrás de cada pozo productivo permaneció enterrada la memoria de aquellos pioneros que, entre 1922 y 1926, arriesgaron dinero, atravesaron desiertos y abrieron la montaña cuando todavía no existían caminos para sacar el petróleo. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #PetróleoEnMendoza #OroNegro #ElSosneado #Cacheuta #Malargüe #SanRafael #LasHeras #MinaLaAtala #CarlosFader #LucioFunes #YPF #EnriqueMosconi #HistoriaArgentina #PatrimonioIndustrial #IndustriaPetrolera #EsquistosBituminosos #MendozaHistory #ArgentinaHistory #OilHistory #PetroleumHistory #BlackGold #IndustrialHeritage #EnergyHistory #CacheutaHistory #MendozaArgentina #HistoricalMendoza

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