El 23 de junio de 1958, una cámara ingresó en el corazón de Bodegas y Viñedos Giol, en General Gutiérrez, Maipú, y conservó una escena que hoy parece detenida fuera del tiempo. Bajo una inmensa estructura industrial, una sucesión de gigantescas vasijas de madera se extendía hasta perderse en la profundidad del edificio. Frente a ellas, la figura solitaria de un trabajador permite comprender la verdadera escala de aquel establecimiento: no era solamente una bodega, sino una auténtica ciudad construida alrededor del vino. La fotografía muestra la combinación de tradición e industrialización que definió a Giol. Las grandes vasijas convivían con pasarelas metálicas, cañerías, rieles internos, barandas y amplias naves destinadas a movilizar enormes volúmenes de producción. El complejo original había sido diseñado por el ingeniero italiano Antonio Gnello, quien organizó sus instalaciones para acelerar y conectar las distintas etapas de la elaboración: vendimia, molienda, fermentación, conservación, fraccionamiento y expedición. También incorporó cabriadas metálicas, perfiles de acero, piletas de hormigón y grandes toneles armados por especialistas. Giol había nacido en 1896 de la sociedad formada por Juan Giol y Bautista Gargantini. Su crecimiento fue vertiginoso: instaló la marca Toro en el mercado nacional y, hacia 1910, su producción superaba los 300.000 hectolitros. En 1914 llegó a inaugurar un extraordinario vinoducto aéreo que comunicaba dos establecimientos de la firma y trasladaba el vino hacia las instalaciones donde era fraccionado y enviado por ferrocarril a los principales centros consumidores del país. Pero la imagen fue tomada durante una etapa especialmente compleja. Desde 1954, la Provincia de Mendoza controlaba la mayoría accionaria de la empresa, adquirida durante el gobierno de Carlos Evans. La intención inicial era convertir a Giol en una herramienta capaz de diversificar la economía, respaldar a los pequeños productores y moderar los desequilibrios del mercado vitivinícola. Todavía no era completamente estatal —esa transformación jurídica llegaría en 1964—, pero ya se encontraba bajo el dominio decisivo del Estado provincial. Después del golpe de 1955, aquel ambicioso proyecto quedó prácticamente al borde de la parálisis y comenzó una larga discusión: ¿Giol debía seguir siendo una sociedad anónima, transformarse en cooperativa, funcionar como empresa mixta o quedar enteramente en manos del Estado? Cuando se tomó esta fotografía, en junio de 1958, la bodega estaba atravesando precisamente esa etapa de reorganización e incertidumbre. El contexto vitivinícola tampoco era sencillo. Una plaga de peronóspora había provocado una fuerte caída de la producción en 1957. Al mismo tiempo, ocho personas habían muerto luego de consumir vinos adulterados, un episodio que golpeó la confianza pública y deprimió el consumo durante 1957 y 1958. Ese último año se endurecieron las sanciones contra la adulteración y comenzó a tomar fuerza la necesidad de crear un organismo nacional especializado, proceso que desembocaría en el nacimiento del Instituto Nacional de Vitivinicultura en 1959. Así, detrás de la aparente serenidad de los toneles, esta fotografía conserva un momento de tensión histórica. El vino reposaba dentro de las grandes vasijas, pero fuera de ellas se discutía quién debía controlar la empresa, cómo defender al viñatero sin bodega, qué papel asumiría el Estado y de qué manera recuperar la confianza de los consumidores. Con los años, Giol se convertiría en uno de los instrumentos de intervención económica más importantes y controvertidos de Mendoza. Utilizaría su infraestructura, sus depósitos, sus medios de transporte y su red comercial para comprar uvas y vinos, influir sobre los precios y asistir a numerosos productores. En 1964, ya transformada completamente en empresa estatal, alcanzó alrededor del 10,6 % de la elaboración vitivinícola provincial. La imagen del 23 de junio de 1958 no retrata solamente el interior de una bodega. Retrata el corazón de una provincia que dependía del vino, una maquinaria gigantesca construida con madera, hierro, hormigón y trabajo humano. Cada tonel guardaba miles de litros, pero también contenía una parte de la esperanza, las crisis y las luchas que marcaron la historia económica de Mendoza. Fuente de la fotografía: Archivo Patrimonial de Mendoza. Al examinar el archivo digital adjunto, sus metadatos internos registran como autor a “Asensio” . #Mendoza #MendozAntigua #BodegasGiol #HistoriaDeMendoza #Maipú #GeneralGutiérrez #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoArgentino #BodegasDeMendoza #IndustriaVitivinícola #Viñateros #PatrimonioIndustrial #ArchivoFotográfico #MemoriaMendocina #VinoToro #HistoriaArgentina #MendozaHistory #GiolWinery #ArgentineWine #WineHistory #IndustrialHeritage #VintageWinery #HistoricMendoza #WineIndustry #ArgentinaHistory
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sábado, 25 de julio de 2026
JUNIO DE 1958: DENTRO DEL COLOSO DE GIOL — LOS TONELEROS, LAS VASIJAS GIGANTES Y LA BODEGA QUE GUARDABA EL DESTINO DEL VINO MENDOCINO
El 23 de junio de 1958, una cámara ingresó en el corazón de Bodegas y Viñedos Giol, en General Gutiérrez, Maipú, y conservó una escena que hoy parece detenida fuera del tiempo. Bajo una inmensa estructura industrial, una sucesión de gigantescas vasijas de madera se extendía hasta perderse en la profundidad del edificio. Frente a ellas, la figura solitaria de un trabajador permite comprender la verdadera escala de aquel establecimiento: no era solamente una bodega, sino una auténtica ciudad construida alrededor del vino. La fotografía muestra la combinación de tradición e industrialización que definió a Giol. Las grandes vasijas convivían con pasarelas metálicas, cañerías, rieles internos, barandas y amplias naves destinadas a movilizar enormes volúmenes de producción. El complejo original había sido diseñado por el ingeniero italiano Antonio Gnello, quien organizó sus instalaciones para acelerar y conectar las distintas etapas de la elaboración: vendimia, molienda, fermentación, conservación, fraccionamiento y expedición. También incorporó cabriadas metálicas, perfiles de acero, piletas de hormigón y grandes toneles armados por especialistas. Giol había nacido en 1896 de la sociedad formada por Juan Giol y Bautista Gargantini. Su crecimiento fue vertiginoso: instaló la marca Toro en el mercado nacional y, hacia 1910, su producción superaba los 300.000 hectolitros. En 1914 llegó a inaugurar un extraordinario vinoducto aéreo que comunicaba dos establecimientos de la firma y trasladaba el vino hacia las instalaciones donde era fraccionado y enviado por ferrocarril a los principales centros consumidores del país. Pero la imagen fue tomada durante una etapa especialmente compleja. Desde 1954, la Provincia de Mendoza controlaba la mayoría accionaria de la empresa, adquirida durante el gobierno de Carlos Evans. La intención inicial era convertir a Giol en una herramienta capaz de diversificar la economía, respaldar a los pequeños productores y moderar los desequilibrios del mercado vitivinícola. Todavía no era completamente estatal —esa transformación jurídica llegaría en 1964—, pero ya se encontraba bajo el dominio decisivo del Estado provincial. Después del golpe de 1955, aquel ambicioso proyecto quedó prácticamente al borde de la parálisis y comenzó una larga discusión: ¿Giol debía seguir siendo una sociedad anónima, transformarse en cooperativa, funcionar como empresa mixta o quedar enteramente en manos del Estado? Cuando se tomó esta fotografía, en junio de 1958, la bodega estaba atravesando precisamente esa etapa de reorganización e incertidumbre. El contexto vitivinícola tampoco era sencillo. Una plaga de peronóspora había provocado una fuerte caída de la producción en 1957. Al mismo tiempo, ocho personas habían muerto luego de consumir vinos adulterados, un episodio que golpeó la confianza pública y deprimió el consumo durante 1957 y 1958. Ese último año se endurecieron las sanciones contra la adulteración y comenzó a tomar fuerza la necesidad de crear un organismo nacional especializado, proceso que desembocaría en el nacimiento del Instituto Nacional de Vitivinicultura en 1959. Así, detrás de la aparente serenidad de los toneles, esta fotografía conserva un momento de tensión histórica. El vino reposaba dentro de las grandes vasijas, pero fuera de ellas se discutía quién debía controlar la empresa, cómo defender al viñatero sin bodega, qué papel asumiría el Estado y de qué manera recuperar la confianza de los consumidores. Con los años, Giol se convertiría en uno de los instrumentos de intervención económica más importantes y controvertidos de Mendoza. Utilizaría su infraestructura, sus depósitos, sus medios de transporte y su red comercial para comprar uvas y vinos, influir sobre los precios y asistir a numerosos productores. En 1964, ya transformada completamente en empresa estatal, alcanzó alrededor del 10,6 % de la elaboración vitivinícola provincial. La imagen del 23 de junio de 1958 no retrata solamente el interior de una bodega. Retrata el corazón de una provincia que dependía del vino, una maquinaria gigantesca construida con madera, hierro, hormigón y trabajo humano. Cada tonel guardaba miles de litros, pero también contenía una parte de la esperanza, las crisis y las luchas que marcaron la historia económica de Mendoza. Fuente de la fotografía: Archivo Patrimonial de Mendoza. Al examinar el archivo digital adjunto, sus metadatos internos registran como autor a “Asensio” . #Mendoza #MendozAntigua #BodegasGiol #HistoriaDeMendoza #Maipú #GeneralGutiérrez #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #VinoArgentino #BodegasDeMendoza #IndustriaVitivinícola #Viñateros #PatrimonioIndustrial #ArchivoFotográfico #MemoriaMendocina #VinoToro #HistoriaArgentina #MendozaHistory #GiolWinery #ArgentineWine #WineHistory #IndustrialHeritage #VintageWinery #HistoricMendoza #WineIndustry #ArgentinaHistory
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