El 21 de julio de 2005 se apagó en Mendoza la vida de Hernán Darío Abal, pero no la intensidad de una obra que todavía parece respirar entre árboles retorcidos, caminos solitarios, cielos inquietantes y figuras humanas atravesadas por una silenciosa melancolía. Había nacido el 25 de mayo de 1919 en Guaymallén y tenía 86 años cuando murió. Se formó en la Academia Provincial de Bellas Artes de Mendoza, donde obtuvo los títulos de profesor de Dibujo, Pintura, Escenografía y Decoración, para luego regresar a sus aulas como docente y director, convirtiéndose en uno de los grandes formadores de artistas de la provincia. Entre 1950 y 1951, una beca del Gobierno francés le permitió perfeccionarse en París, entrar en contacto directo con las nuevas corrientes del arte moderno y recorrer centros culturales de Europa. Aquella experiencia amplió su universo creativo, pero nunca lo apartó de sus raíces: Abal regresó una y otra vez al paisaje cuyano, a la aridez, las jarillas, los suburbios, las mujeres humildes y los seres anónimos de una Mendoza profunda que su pincel transformaba en símbolos universales. Su pintura, identificada con un poderoso figurativismo expresionista, no buscaba reproducir dócilmente la realidad. La deformaba, la tensaba y la cargaba de emoción. En sus telas, los cuerpos se alargan, los rostros parecen soportar antiguas tristezas y los árboles se retuercen como si compartieran el destino de los seres humanos. Los amarillos, ocres, verdes, rojos y azules construyen territorios donde conviven lo americano, lo ancestral, lo mágico y una permanente reflexión sobre la soledad, el sufrimiento y la condición humana. Por esa profundidad y por la fuerza de su lenguaje personal, sus colegas llegaron a llamarlo “pintor de pintores”. Abal también fue presidente de la Sociedad de Artistas Plásticos de Mendoza, participó en la creación del Museo Municipal de Arte Moderno y representó a la Argentina en encuentros como la Bienal Internacional de Pintura de Cuenca, Ecuador, en 1987. En 1994 integró la exposición Maestros del Nuevo Cuyo en el Palais de Glace de Buenos Aires. Su influencia trascendió sus propios cuadros: artistas como Antonio Sarelli, Ángel Gil, José Scacco y Alfredo Ceverino reconocieron en él a un maestro decisivo. Su legado continúa vivo en las colecciones públicas mendocinas. Una de las salas del Museo Provincial de Bellas Artes Emiliano Guiñazú–Casa de Fader lleva su nombre y conserva obras de su autoría. En mayo de 2026, Guaymallén volvió a honrarlo con una placa conmemorativa en la Plaza de las Artes y las Flores, recordando al hombre que convirtió la identidad local en una experiencia artística universal. A más de un siglo de su nacimiento, las pinturas de Hernán Abal siguen interrogándonos. No son simples paisajes ni retratos: son escenarios del alma, territorios donde Mendoza se vuelve misterio y donde la belleza nace, precisamente, de aquello que el ser humano debe luchar para no perder. El 21 de julio de 2005 murió el artista; el maestro, en cambio, continúa habitando cada línea, cada color y cada mirada que dejó suspendida sobre el lienzo. #HernanAbal #ArgentineArt #ArgentinePainter #MendozaHistory #MendozaArt #LatinAmericanArt #ExpressionistArt #ArtHistory #CulturalHeritage #HistoricalMemory #SouthAmericanArt #OnThisDay #HernánAbal #ArteMendocino #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #PinturaArgentina #ArteArgentino #Guaymallén #Efemérides #ArtistasMendocinos #Expresionismo #MuseoFader #PatrimonioCultural #MemoriaMendocina #HistoriaDelArte

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