El 5 de octubre de 1767, mientras Mendoza todavía intentaba absorber el enorme impacto provocado por la expulsión de la Compañía de Jesús, desde Madrid fue expedida una disposición destinada a enfrentar una de las consecuencias más delicadas de aquella decisión: ¿quién enseñaría ahora a los jóvenes en los colegios que habían quedado sin sus antiguos maestros? Aquel día, el Consejo Real en el Extraordinario, con aprobación de Carlos III, expidió la “Real Provisión de los Señores del Consejo en el Extraordinario” para reintegrar a maestros y preceptores seculares en la enseñanza de Primeras Letras, Gramática y Retórica. No era una simple orden administrativa: formaba parte de la gigantesca reorganización educativa, económica y política que siguió al extrañamiento de los jesuitas de los dominios españoles. La expulsión había sido decidida por el monarca meses antes, mediante el Real Decreto del 27 de febrero y la Pragmática Sanción del 2 de abril de 1767, acompañada por la ocupación de las llamadas Temporalidades, es decir, los bienes, propiedades y recursos que habían pertenecido a la Compañía. En Mendoza el golpe fue especialmente profundo. Los jesuitas sostenían una tradición educativa que se remontaba a comienzos del siglo XVII: habían abierto enseñanza de primeras letras, el establecimiento alcanzó categoría de Colegio en 1616 y para 1757 funcionaba incluso una cátedra de Filosofía. Esteban Fontana, uno de los principales investigadores de la historia educativa mendocina, señaló que al producirse la expulsión aquel establecimiento era el único Colegio con categoría de escuela pública de la ciudad y que su desaparición temporal dejó un enorme vacío. La Real Provisión del 5 de octubre buscó precisamente impedir que esa interrupción se volviera permanente. El texto ordenaba a los jueces subdelegados encargados de las Temporalidades, tanto en España como en Indias e islas adyacentes, reemplazar sin demora a los religiosos por maestros y preceptores seculares. Los cargos debían cubrirse mediante oposición, un procedimiento que pretendía seleccionar a los docentes según sus capacidades, y las autoridades locales debían informar cuántos maestros, pasantes y repetidores eran necesarios, cuáles serían sus salarios y de qué manera se organizarían los estudios. Hay un detalle extraordinario: cuando los recursos ordinarios de las ciudades o villas resultaran insuficientes, la propia disposición autorizaba completar la remuneración de los maestros con fondos procedentes de las Temporalidades confiscadas a los jesuitas. Incluso contemplaba utilizar partes de los antiguos colegios para establecer casas de educación, seminarios o pupilajes destinados a los estudiantes y, cuando fuera posible, viviendas para los nuevos maestros. En otras palabras, los bienes de la orden expulsada podían convertirse en el soporte económico y material de la educación que debía reemplazarla. Mendoza permite observar cómo aquella política general enviada desde Madrid terminó convirtiéndose en una realidad concreta al pie de los Andes. Fontana documentó que durante el resto de 1767 y prácticamente todo 1768 el antiguo Colegio permaneció sin recuperar plenamente su actividad; hacia fines de ese último año, por órdenes del gobernador de Chile Antonio Guill y Gonzaga, Juan Martínez de Rozas, administrador de las Temporalidades mendocinas y figura decisiva en la ejecución local de la expulsión, recibió instrucciones para colocar maestros seculares en lugar de los jesuitas. En 1769 la enseñanza estaba nuevamente en funcionamiento: Andrés Tadeo Lemos aparece a cargo de Primeras Letras, Ignacio Godoy de Gramática y Juan Andrés Chacón de Filosofía. Aquella institución comenzaría a ser conocida en la documentación como Real Casa de Estudios y desde 1771 quedó bajo la tutela de la Junta Municipal de Temporalidades de Mendoza. Pero la huella del 5 de octubre de 1767 no desapareció con el paso de los años. El 6 de mayo de 1775, casi ocho años después de expedida la Real Provisión, una controversia educativa mendocina volvió a colocar aquella normativa en el centro de la escena. Se discutía la preparación de alumnos de Gramática que pretendían avanzar hacia estudios de Filosofía y se exigió que, además de los exámenes realizados por sus maestros, los jóvenes afrontaran un examen público con intervención de las autoridades comunales. Fontana dejó registrada una referencia documental excepcional para seguir ese episodio directamente en los fondos provinciales: Archivo Histórico de Mendoza, Época Colonial, Sección Gobierno, Actas Capitulares, Carpeta 16, años 1775-1785, Acta del 6 de mayo de 1775. Allí el investigador señala que el procedimiento se exigía conforme a lo prescripto por la disposición del 5 de octubre de 1767. Todavía más reveladora resulta otra huella documental conservada por Fontana: Archivo Histórico de Mendoza, Época Colonial, Sección Hacienda, Temporalidades, Actas de la Junta Municipal de Temporalidades, acta del 7 de enero de 1788. Más de veinte años después de aquella orden emitida en Madrid, la legislación nacida inmediatamente después de la expulsión continuaba formando parte de la memoria administrativa y educativa mendocina. Los años finales de la década de 1780 fueron, además, uno de los momentos de mayor actividad de aquella Real Casa de Estudios; otras investigaciones de la UNCuyo sitúan especialmente entre 1785 y 1788 una etapa de notable desarrollo y señalan que la cátedra de Filosofía volvió a funcionar en esos años. Hay además una actualización archivística importante para quienes quieran continuar la investigación: el repositorio citado por Fontana como “Archivo Histórico de Mendoza” se denomina actualmente Archivo General de la Provincia de Mendoza, institución que continúa custodiando documentación colonial, gubernamental, judicial y capitular de enorme valor. Así, detrás de una aparentemente lejana Real Provisión fechada en Madrid el 5 de octubre de 1767 emerge una historia profundamente mendocina: aulas vacías después de la expulsión, propiedades jesuíticas convertidas en Temporalidades, maestros seculares llamados a ocupar los lugares abandonados, exámenes públicos vigilados por el Cabildo y una institución educativa que consiguió renacer como Real Casa de Estudios. Aquella jornada no significó simplemente cambiar unos docentes por otros: fue parte de una profunda transformación en la relación entre la Corona, la educación y los bienes de la Compañía de Jesús, cuyos efectos quedaron escritos durante décadas en las actas y expedientes de Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Efemerides #5DeOctubre #Jesuitas #CarlosIII #Temporalidades #RealCasaDeEstudios #Educacion #HistoriaDeLaEducacion #ArchivoHistorico #ArchivoGeneralDeMendoza #HistoriaColonial #PatrimonioDocumental #MendozaHistory #ArgentineHistory #Jesuits #ColonialHistory #HistoryOfEducation #HistoricalArchives #CarlosIII #October5 #CulturalHeritage. Fuentes: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes; Esteban Fontana y Revista de Historia Americana y Argentina, UNCuyo; estudios históricos de UNCuyo sobre la Real Casa de Estudios; y Archivo General de la Provincia de Mendoza.
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lunes, 5 de octubre de 2026
5 DE OCTUBRE DE 1767 — DESPUÉS DE EXPULSAR A LOS JESUITAS, CARLOS III REESCRIBIÓ LAS AULAS DE MENDOZA: LA REAL PROVISIÓN QUE ABRIÓ EL CAMINO A LA REAL CASA DE ESTUDIOS
El 5 de octubre de 1767, mientras Mendoza todavía intentaba absorber el enorme impacto provocado por la expulsión de la Compañía de Jesús, desde Madrid fue expedida una disposición destinada a enfrentar una de las consecuencias más delicadas de aquella decisión: ¿quién enseñaría ahora a los jóvenes en los colegios que habían quedado sin sus antiguos maestros? Aquel día, el Consejo Real en el Extraordinario, con aprobación de Carlos III, expidió la “Real Provisión de los Señores del Consejo en el Extraordinario” para reintegrar a maestros y preceptores seculares en la enseñanza de Primeras Letras, Gramática y Retórica. No era una simple orden administrativa: formaba parte de la gigantesca reorganización educativa, económica y política que siguió al extrañamiento de los jesuitas de los dominios españoles. La expulsión había sido decidida por el monarca meses antes, mediante el Real Decreto del 27 de febrero y la Pragmática Sanción del 2 de abril de 1767, acompañada por la ocupación de las llamadas Temporalidades, es decir, los bienes, propiedades y recursos que habían pertenecido a la Compañía. En Mendoza el golpe fue especialmente profundo. Los jesuitas sostenían una tradición educativa que se remontaba a comienzos del siglo XVII: habían abierto enseñanza de primeras letras, el establecimiento alcanzó categoría de Colegio en 1616 y para 1757 funcionaba incluso una cátedra de Filosofía. Esteban Fontana, uno de los principales investigadores de la historia educativa mendocina, señaló que al producirse la expulsión aquel establecimiento era el único Colegio con categoría de escuela pública de la ciudad y que su desaparición temporal dejó un enorme vacío. La Real Provisión del 5 de octubre buscó precisamente impedir que esa interrupción se volviera permanente. El texto ordenaba a los jueces subdelegados encargados de las Temporalidades, tanto en España como en Indias e islas adyacentes, reemplazar sin demora a los religiosos por maestros y preceptores seculares. Los cargos debían cubrirse mediante oposición, un procedimiento que pretendía seleccionar a los docentes según sus capacidades, y las autoridades locales debían informar cuántos maestros, pasantes y repetidores eran necesarios, cuáles serían sus salarios y de qué manera se organizarían los estudios. Hay un detalle extraordinario: cuando los recursos ordinarios de las ciudades o villas resultaran insuficientes, la propia disposición autorizaba completar la remuneración de los maestros con fondos procedentes de las Temporalidades confiscadas a los jesuitas. Incluso contemplaba utilizar partes de los antiguos colegios para establecer casas de educación, seminarios o pupilajes destinados a los estudiantes y, cuando fuera posible, viviendas para los nuevos maestros. En otras palabras, los bienes de la orden expulsada podían convertirse en el soporte económico y material de la educación que debía reemplazarla. Mendoza permite observar cómo aquella política general enviada desde Madrid terminó convirtiéndose en una realidad concreta al pie de los Andes. Fontana documentó que durante el resto de 1767 y prácticamente todo 1768 el antiguo Colegio permaneció sin recuperar plenamente su actividad; hacia fines de ese último año, por órdenes del gobernador de Chile Antonio Guill y Gonzaga, Juan Martínez de Rozas, administrador de las Temporalidades mendocinas y figura decisiva en la ejecución local de la expulsión, recibió instrucciones para colocar maestros seculares en lugar de los jesuitas. En 1769 la enseñanza estaba nuevamente en funcionamiento: Andrés Tadeo Lemos aparece a cargo de Primeras Letras, Ignacio Godoy de Gramática y Juan Andrés Chacón de Filosofía. Aquella institución comenzaría a ser conocida en la documentación como Real Casa de Estudios y desde 1771 quedó bajo la tutela de la Junta Municipal de Temporalidades de Mendoza. Pero la huella del 5 de octubre de 1767 no desapareció con el paso de los años. El 6 de mayo de 1775, casi ocho años después de expedida la Real Provisión, una controversia educativa mendocina volvió a colocar aquella normativa en el centro de la escena. Se discutía la preparación de alumnos de Gramática que pretendían avanzar hacia estudios de Filosofía y se exigió que, además de los exámenes realizados por sus maestros, los jóvenes afrontaran un examen público con intervención de las autoridades comunales. Fontana dejó registrada una referencia documental excepcional para seguir ese episodio directamente en los fondos provinciales: Archivo Histórico de Mendoza, Época Colonial, Sección Gobierno, Actas Capitulares, Carpeta 16, años 1775-1785, Acta del 6 de mayo de 1775. Allí el investigador señala que el procedimiento se exigía conforme a lo prescripto por la disposición del 5 de octubre de 1767. Todavía más reveladora resulta otra huella documental conservada por Fontana: Archivo Histórico de Mendoza, Época Colonial, Sección Hacienda, Temporalidades, Actas de la Junta Municipal de Temporalidades, acta del 7 de enero de 1788. Más de veinte años después de aquella orden emitida en Madrid, la legislación nacida inmediatamente después de la expulsión continuaba formando parte de la memoria administrativa y educativa mendocina. Los años finales de la década de 1780 fueron, además, uno de los momentos de mayor actividad de aquella Real Casa de Estudios; otras investigaciones de la UNCuyo sitúan especialmente entre 1785 y 1788 una etapa de notable desarrollo y señalan que la cátedra de Filosofía volvió a funcionar en esos años. Hay además una actualización archivística importante para quienes quieran continuar la investigación: el repositorio citado por Fontana como “Archivo Histórico de Mendoza” se denomina actualmente Archivo General de la Provincia de Mendoza, institución que continúa custodiando documentación colonial, gubernamental, judicial y capitular de enorme valor. Así, detrás de una aparentemente lejana Real Provisión fechada en Madrid el 5 de octubre de 1767 emerge una historia profundamente mendocina: aulas vacías después de la expulsión, propiedades jesuíticas convertidas en Temporalidades, maestros seculares llamados a ocupar los lugares abandonados, exámenes públicos vigilados por el Cabildo y una institución educativa que consiguió renacer como Real Casa de Estudios. Aquella jornada no significó simplemente cambiar unos docentes por otros: fue parte de una profunda transformación en la relación entre la Corona, la educación y los bienes de la Compañía de Jesús, cuyos efectos quedaron escritos durante décadas en las actas y expedientes de Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Efemerides #5DeOctubre #Jesuitas #CarlosIII #Temporalidades #RealCasaDeEstudios #Educacion #HistoriaDeLaEducacion #ArchivoHistorico #ArchivoGeneralDeMendoza #HistoriaColonial #PatrimonioDocumental #MendozaHistory #ArgentineHistory #Jesuits #ColonialHistory #HistoryOfEducation #HistoricalArchives #CarlosIII #October5 #CulturalHeritage. Fuentes: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes; Esteban Fontana y Revista de Historia Americana y Argentina, UNCuyo; estudios históricos de UNCuyo sobre la Real Casa de Estudios; y Archivo General de la Provincia de Mendoza.
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6 de OCTUBRE DE 1876 — EL FORTÍN QUE HIZO HABLAR A LA FRONTERA: INICIATIVA, EL PUESTO DEL SALADO QUE UNIÓ SANQUILCÓ CON CARHUÉ
El 6 de octubre de 1876 quedó asociado a la culminación de una pequeña pero estratégica avanzada militar que formó parte de una gigantesca transformación de la frontera bonaerense: el Fortín Iniciativa, también conocido como Fortín Salado. Levantado en proximidades del arroyo Salado, en territorio que actualmente pertenece al partido de General La Madrid, aquel puesto no fue simplemente un refugio para soldados perdido en la inmensidad pampeana. Su verdadera importancia estaba en algo revolucionario para aquellos años: debía convertirse en uno de los eslabones del telégrafo militar que avanzaba junto con las tropas y permitía transmitir órdenes y noticias a enormes distancias en cuestión de minutos. La operación estuvo vinculada al sargento mayor e ingeniero militar Jordán Wysocki, de origen polaco, uno de los grandes cartógrafos de la nueva línea de fronteras impulsada por el ministro de Guerra y Marina Adolfo Alsina durante la presidencia de Nicolás Avellaneda. La secuencia de los trabajos había comenzado algunas semanas antes: el 9 de septiembre de 1876 una columna salió de la comandancia General Lavalle Sur, también denominada Sanquilcó, y al día siguiente inició la construcción del fortín cerca del arroyo. Una reconstrucción histórica sitúa la terminación de aquella primera estructura el 17 de septiembre, mientras que un informe posterior de Wysocki consignó el 6 de octubre como fecha de finalización dentro de las obras destinadas a establecer la comunicación entre Sanquilcó y Carhué. Lejos de tratarse de una instalación aislada, Iniciativa formaba parte de una cadena de puestos que debía mantener conectada una frontera que se desplazaba rápidamente hacia el oeste. Los detalles permiten imaginar aquella vida extrema en medio de la llanura. El Fortín Iniciativa poseía un corral circular de unos 24 metros de diámetro capaz de alojar aproximadamente 250 caballos, elemento fundamental para una guarnición cuya movilidad dependía enteramente de la caballada. A unos 25 metros se excavó un pozo de balde para obtener agua dulce. El rancho previsto inicialmente no llegó a construirse en aquella primera etapa porque la madera todavía no había arribado, aunque quedaron preparados adobes de césped para levantarlo. Su pequeña guarnición estaba integrada por cinco guardias nacionales y tres artilleros, y contaba con una pieza de artillería de bronce. El emplazamiento se encontraba aproximadamente a 200 metros del arroyo Salado, a unos 27 kilómetros de la comandancia de Lavalle Sur o Sanquilcó y a cerca de 30 kilómetros del Fortín Coronel Aldecoa. Pero su arma más moderna no era el cañón: era el telégrafo. Durante 1876 el gobierno nacional extendía una formidable red militar hacia los nuevos puestos de la Pampa. Desde Buenos Aires las comunicaciones alcanzaban Azul aprovechando inicialmente el corredor ferroviario, y desde allí el hilo continuaba por Olavarría, Sanquilcó, los nuevos fortines, Guaminí y Carhué, para seguir posteriormente hacia Puán. El Museo Dr. Adolfo Alsina señala que desde Azul hasta Puán fueron construidos unos 312 kilómetros de línea y que el tendido completo alcanzó ese último punto en febrero de 1877. Una reconstrucción de los trabajos atribuye al tramo entre Lavalle y Carhué alrededor de 1.858 postes y 153 kilómetros de tendido. En aquella Pampa casi despoblada, cada poste significaba mucho más que una obra técnica: permitía que una noticia que antes necesitaba horas o jornadas de cabalgata viajara prácticamente de inmediato entre las comandancias. Todo formaba parte del proyecto fronterizo de Adolfo Alsina de 1876: fuertes, fortines, caminos, líneas telegráficas y la célebre zanja defensiva avanzaron simultáneamente sobre territorios hasta entonces controlados principalmente por distintas parcialidades indígenas. Ese proceso modificó profundamente la geografía política de la región y constituyó una de las etapas inmediatamente anteriores a las campañas militares posteriores conocidas históricamente como la Conquista del Desierto. Wysocki dejó además un testimonio excepcional de aquel momento: en 1877 publicó sus extraordinarios planos de la nueva línea de fronteras sobre la Pampa, donde aparecen fortines, comandancias, caminos, cursos de agua y líneas telegráficas. Esos mapas sobreviven hoy en instituciones como el Archivo General de la Nación y la Biblioteca Nacional Digital de Chile, permitiéndonos reconstruir con una precisión extraordinaria aquella red que comenzaba a atravesar la llanura. Así, el Fortín Iniciativa o Salado fue mucho más que un círculo de tierra, soldados y caballos junto a un arroyo. Fue una pieza diminuta dentro de una inmensa maquinaria territorial y tecnológica: mientras la frontera avanzaba, sobre la Pampa comenzaba a extenderse un hilo capaz de transportar órdenes, advertencias y noticias. Donde durante siglos las distancias habían sido medidas en jornadas de caballo, el telégrafo estaba cambiando para siempre la velocidad de la historia. Fuentes: Museo Dr. Adolfo Alsina de Carhué · Archivo General de la Nación, Mapoteca · Biblioteca Nacional Digital de Chile · Alfredo Esteban Chiste · José P. Thill y Jorge A. Puigdomenec · Alfredo Ebelot. #FortínIniciativa #FortínSalado #JordánWysocki #AdolfoAlsina #HistoriaArgentina #HistoriaBonaerense #GeneralLaMadrid #Carhué #Sanquilcó #TelégrafoMilitar #FronteraSur #PampaArgentina #SigloXIX #Fortines #PatrimonioHistórico #Efemérides #ArgentinaHistory #MilitaryHistory #TelegraphHistory #FrontierHistory #HistoricMaps #ArgentineHistory #NineteenthCentury #HistoricalHeritage
12 DE DICIEMBRE DE 1942: RADIO ACONCAGUA ENCENDIÓ EL GRAN PALACIO DEL AIRE Y LA VOZ DE MENDOZA CRUZÓ EL CONTINENTE 📻🏔️✨
El 12 de diciembre de 1942 Mendoza vivió una de las jornadas decisivas de su historia radiofónica: Radio Aconcagua inició sus transmisiones regulares desde avenida Emilio Civit 460, en un edificio que no había sido adaptado a la radio, sino concebido especialmente para ella, algo excepcional para la provincia en aquellos años. Impulsada por el diario Los Andes, que desde 1939 había comenzado las gestiones para obtener una frecuencia y consiguió la concesión en noviembre de 1941, la nueva emisora llegó precedida por una enorme campaña publicitaria que la presentaba como “la voz de Mendoza para toda la República”. Su sede era por sí sola una declaración de modernidad: estudios de transmisión, dependencias técnicas, una sala preparada para orquesta típica y un extraordinario auditorio de grandes dimensiones, con platea de piso descendente, escenario y espacios pensados para recibir público, músicos y compañías teatrales. El inmueble fue una temprana obra del arquitecto Mario Roberto Álvarez, una de las figuras fundamentales de la arquitectura moderna argentina y autor de un edificio considerado entre las primeras expresiones importantes del racionalismo en Mendoza; el proyecto recibió una destacada distinción en el IV Salón Nacional de Arquitectura. La expectativa había comenzado el 4 de diciembre, cuando Aconcagua realizó emisiones experimentales entre las 20 y la medianoche, pero la gran fecha llegó ocho días después. El 12 de diciembre comenzó oficialmente la programación regular en onda corta y aquella inauguración adquirió una dimensión que desbordó las fronteras provinciales: Aconcagua enlazó sus micrófonos con Radio El Mundo de Buenos Aires, El Espectador de Montevideo y La Cooperativa Vitalicia de Santiago de Chile. Por la señal pronunciaron saludos el presidente de la Nación Ramón S. Castillo, el gobernador interino de Mendoza, coronel Octavio Fernández, y Felipe Calle, director de Los Andes. Un detalle que conviene precisar es que el estreno regular del 12 de diciembre correspondió a la onda corta; posteriormente la emisora incorporó la onda larga mediante LW2 y terminó consolidándose como una de las estaciones de mayor audiencia de Mendoza. Pero la verdadera fiesta estaba dentro de aquel impresionante auditorio. El tren Cuyano llevó especialmente desde Buenos Aires a algunas de las grandes figuras del espectáculo del momento: la célebre orquesta de Osvaldo Fresedo junto con su cantor Oscar Serpa, la Hawaian Serenaders Jazz, La Mejicanita, la cancionista Carmen del Moral y el humorista “Monicaco” Rojas Miller. A ellos se sumó una estructura artística local inédita: una orquesta estable dirigida por Fidel María Blanco, un coro conducido por Isidro Maiztegui, un cuarteto de cuerdas y tres elencos de radioteatro encabezados por Nini Gambier, Rosita Cuevas y Enrique Borrás. Muy pronto sus micrófonos comenzaron a reunir música clásica, tango, folclore, radioteatro, humor, noticias, deportes y programas realizados frente al público, transformando al edificio de Emilio Civit en un verdadero punto de encuentro social: mientras cientos de personas ocupaban sus butacas, miles de familias mendocinas se reunían alrededor del receptor en sus casas. Incluso sobrevivió en su auditorio un notable mural realizado en 1942, utilizado como fondo de numerosas actuaciones y recuperado décadas después mediante una restauración concluida en 1994. Aquel edificio histórico continúa dedicado a la radiodifusión: hoy es la sede de LRA6 Radio Nacional Mendoza Quino. Más de ocho décadas después, las fotografías y publicidades conservadas permiten dimensionar lo que significó aquella inauguración: una fachada de líneas modernas, enormes carteles de Radio Aconcagua, campañas que prometían alcance a grandes distancias, una orquesta completa frente a los micrófonos y un auditorio que parecía más cercano a un teatro que a una estación de radio. El 12 de diciembre de 1942 Mendoza no inauguró solamente una emisora: abrió las puertas de una auténtica fábrica de voces, música, teatro e imaginación, uno de los grandes templos de la cultura popular cuyana y una pieza fundamental de la edad de oro de la radio argentina. 📻✨ #RadioAconcagua #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemerides #RadioArgentina #HistoriaDeLaRadio #RadioNacionalMendoza #EmilioCivit #MarioRobertoAlvarez #LosAndes #OsvaldoFresedo #OscarSerpa #CarmenDelMoral #Radioteatro #Tango #CulturaMendocina #Patrimonio #Argentina #VintageRadio #RadioHistory #MendozaHistory #ArgentinaHistory #GoldenAgeOfRadio #BroadcastingHistory #HistoricRadio #CulturalHeritage. Fuentes: Leonardo Oliva, La radio en Mendoza. De la galena a los auditorios (1920-1960), Mendoza, 2017, especialmente las páginas 95 a 101 dedicadas a Radio Aconcagua. La información fue complementada con documentación de Los Andes y Radio Nacional. La histórica sede de Emilio Civit 460 continúa vinculada a la radiodifusión y desde 2021 alberga a LRA6 Radio Nacional Mendoza Quino. El mural del auditorio, realizado en 1942, fue restaurado en 1994.
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6 DE OCTUBRE DE 1921 — BUENOS AIRES ABRIÓ LAS PUERTAS DE SU MEMORIA: EL DÍA EN QUE NACIÓ EL PRIMER MUSEO MUNICIPAL DE LA ARGENTINA
El 6 de octubre de 1921 quedó marcado como una fecha fundacional para la preservación del patrimonio porteño: aquel día abrió sus puertas el Museo Municipal de Buenos Aires, institución considerada por el propio Gobierno de la Ciudad como el primer museo municipal de la Argentina y antecesora directa del actual Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra. Su nacimiento estuvo íntimamente ligado a Serviliano Ricardo Rafael Zemborain, conocido como Ricardo Zemborain, un apasionado coleccionista y filántropo que había reunido durante su vida objetos históricos, obras de arte, mobiliario, libros, monedas y piezas relacionadas con distintas etapas del pasado argentino. El 28 de marzo de 1912, pocos días antes de morir, Zemborain expresó en su testamento su voluntad de que sus muebles, biblioteca, galería de cuadros y colecciones numismáticas y artísticas sirvieran para formar un museo o galería. Años después, durante la intendencia de José Luis Cantilo, aquella idea comenzó finalmente a materializarse: el Museo Municipal fue creado en 1921 y abrió solemnemente sus puertas el 6 de octubre en la planta alta del edificio de Corrientes 939, donde también funcionaba la Caja Municipal de Jubilaciones. El inventario realizado en 1918 registraba nada menos que 12.317 objetos vinculados al legado fundacional, y el primer director ad honorem de la institución fue Jorge A. Echayde, estudioso y coleccionista estrechamente relacionado con la historia y la numismática. Aquel museo no pretendía conservar solamente grandes acontecimientos políticos o militares: buscaba también reconstruir la vida cotidiana de otras épocas mediante objetos capaces de revelar costumbres, modas, gustos y transformaciones sociales. Entre sus fondos fueron reuniéndose muebles, libros, monedas, platería civil y religiosa, pinturas, relojes, joyas, vestimentas, abanicos, peinetones y numerosos testimonios vinculados especialmente con el Buenos Aires de los siglos XVIII y XIX. Su historia, sin embargo, estuvo lejos de ser inmóvil. En 1936, como consecuencia del ensanche de la avenida Corrientes, el museo abandonó su primera sede y se trasladó a Cerrito 281; en mayo de 1937 pasó a Quintana 84-88. Finalmente, en 1941 se decidió instalarlo en la antigua chacra de Luis María Saavedra, sobrino de Cornelio de Saavedra, situada en el actual Parque General Paz. La casona, construida entre 1870 y 1880 con características italianizantes, fue adaptada para su nueva función y el museo reabrió allí el 25 de mayo de 1942 con el nombre vinculado a Cornelio de Saavedra que conserva hasta nuestros días. Desde entonces, aquel núcleo inicial se amplió hasta reunir decenas de miles de objetos y documentos que permiten recorrer la historia política, económica, social y cotidiana de Buenos Aires y de la Argentina. Más de medio siglo después de aquella inauguración, en 1974, la Ordenanza Nº 30.435 estableció oficialmente el 6 de octubre de cada año como “Día de los Museos Municipales”, convirtiendo la fecha de apertura de aquel pequeño museo de Corrientes 939 en una jornada de homenaje a las instituciones que custodian la memoria colectiva. Así, lo ocurrido el 6 de octubre de 1921 fue mucho más que la inauguración de unas salas repletas de antigüedades: fue el nacimiento de una política pública destinada a rescatar objetos que alguna vez pertenecieron a hogares, calles y generaciones desaparecidas para transformarlos en testigos permanentes de la historia. Más de un siglo después, el actual Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra continúa siendo heredero de aquella aventura iniciada cuando Buenos Aires decidió que su pasado no debía perderse, sino conservarse, estudiarse y mostrarse a las generaciones futuras. #BuenosAires #Museos #MuseosMunicipales #MuseoSaavedra #CornelioDeSaavedra #RicardoZemborain #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #PatrimonioHistorico #Efemerides #6DeOctubre #MemoriaHistorica #CulturaArgentina #ArchivoHistorico #MendozAntigua #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #Museums #MuseumHistory #CulturalHeritage #HistoricalHeritage #History #PreservingHistory - Fuentes: Museo Histórico de Buenos Aires Cornelio de Saavedra y Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Boletín Oficial/Digesto de la Ciudad de Buenos Aires, Ordenanza Nº 30.435; Academia Nacional de la Historia.
1898 — CUANDO BUENOS AIRES CENABA ENTRE CERVEZA, ORQUESTAS Y BOHEMIA: LOS TEMPLOS DEL SABOR QUE ENCENDÍAN LA NOCHE PORTEÑA
El Buenos Aires de 1898 no sólo crecía hacia arriba, abría avenidas y recibía inmigrantes: también estaba aprendiendo a vivir de noche. El ejemplar histórico adjunto, fechado en Buenos Aires el 16 de octubre de 1898, conserva una extraordinaria radiografía de aquella vida cotidiana a través de publicidades ilustradas de restaurantes, cervecerías y confiterías. Caras-y-caretas-Buenos-Aires-15… En Piedad 650 aparecía Aue’s Keller, cuya publicidad jugaba con una exageración deliciosa: el aroma que escapaba de su cocina era presentado como tan poderoso que bastaba acercarse a la puerta para sentir la ilusión de haber comido. A pocos pasos, el Bier-Convent de Luzio Hermanos se promocionaba como bar y restaurant mediante una escena completamente distinta: una multitud de hombres se agolpaba frente a la entrada y el aviso pedía que nadie se atropellara porque “mangia” no iba a faltar. Más abajo, el Restaurant Americano de Domingo Gando, en Cangallo 966, prometía precios económicos y manjares abundantes, asegurando que la clientela acudía desde la mañana hasta la noche. Caras-y-caretas-Buenos-Aires-15… Otra página completa este pequeño mapa gastronómico: G. Solari e Hijo anunciaba La Buena Medida en Chacabuco y Moreno, sucursales en Cuyo y San Martín y en Perú con Avenida de Mayo, junto a la mención “Confitería de París”. Caras-y-caretas-Buenos-Aires-15… Aquellas direcciones permiten además trasladar la escena al Buenos Aires actual: la antigua calle Piedad es hoy Bartolomé Mitre; Cuyo pasó a llamarse Sarmiento; y Cangallo corresponde a la actual Teniente General Juan Domingo Perón. No se trataba de una ciudad pequeña: el censo de 1895 había registrado 663.854 habitantes en la Capital, y aproximadamente el 52 % de su población era no nativa, una formidable mezcla humana que ayuda a comprender por qué en aquellos avisos podían convivir nombres alemanes, expresiones italianas, restaurantes “americanos”, confiterías de inspiración francesa y una cultura gastronómica cada vez más cosmopolita. La transformación urbana avanzaba a toda velocidad. La Avenida de Mayo había sido inaugurada apenas cuatro años antes, en 1894, y pronto se convirtió en uno de los grandes escenarios de hoteles, cafés, bares y restaurantes de la nueva metrópoli. Pero detrás de estos anuncios había mucho más que comida. Una investigación publicada por el Museo Nacional de Bellas Artes documenta que jóvenes escritores y artistas frecuentaban tres auténticos “templos” de la bohemia porteña: Luzio Hermanos —el Bier-Convent—, La Suiza y Aue’s Keller. El Bier-Convent tenía incluso orquesta propia y aquellos locales se transformaron en lugares de tertulia para figuras vinculadas al modernismo y al círculo de Rubén Darío. El propio Darío recordaría después que numerosas composiciones de Prosas profanas habían sido escritas entre la redacción de La Nación y las mesas de cafés como Aue’s Keller, la antigua casa de Luzio y el establecimiento de Monti: literalmente, una parte de la literatura hispanoamericana nació entre vasos, humo, conversaciones y mesas porteñas. Una guía comercial de aquellos años ubicaba al Bier-Convent de Luzio Hermanos en Maipú esquina Cuyo, mientras otra guía incluía tanto a Aue’s Keller, en Piedad 650, como al Bier-Convent entre los restaurantes a la carta de la ciudad. Aue’s Keller, además, se presentaba poco después como “Speise-Salon und Bierhalle”: ofrecía gran salón comedor, vinos de Bordeaux, Rhin y Mosela y espacios para banquetes, casamientos y fiestas, una muestra de hasta qué punto la gastronomía centroeuropea había echado raíces en la capital argentina. Y todavía quedaba una página extraordinaria por escribir: Cangallo 966, la dirección del Restaurant Americano que vemos anunciada en 1898, volvería a ingresar en la historia cultural porteña en 1903, cuando allí la orquesta de José Luis Roncallo estrenó El Choclo, de Ángel Villoldo, uno de los tangos que terminarían recorriendo el mundo. Así, estas pequeñas publicidades son mucho más que avisos de comida: son ventanas abiertas a una Buenos Aires que olía a cocina, cerveza y café; una ciudad de mozos, músicos, escritores, inmigrantes, noctámbulos y elegantes comensales, donde sentarse a una mesa podía significar comer, discutir literatura, escuchar una orquesta o, sin saberlo, estar presenciando el nacimiento de una parte de la cultura argentina. #BuenosAiresAntigua #BuenosAires1898 #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #GastronomíaHistórica #BaresHistóricos #CafésHistóricos #BierConvent #AuesKeller #RestaurantAmericano #BohemiaPorteña #Tango #MemoriaPorteña #OldBuenosAires #ArgentineHistory #FoodHistory #HistoricRestaurants #BuenosAiresHistory
6 DE OCTUBRE DE 1922 — EL DÍA EN QUE LOS RIELES SE UNIERON: NACIÓ LA UNIÓN FERROVIARIA, EL GIGANTE OBRERO QUE TRANSFORMÓ EL SINDICALISMO ARGENTINO
El 6 de octubre de 1922, mientras el ferrocarril era una de las arterias fundamentales de la economía y de la vida cotidiana argentina, trabajadores de estaciones, tráfico, talleres, vías y múltiples oficios ligados al riel protagonizaron en Buenos Aires una jornada destinada a dejar una profunda huella en la historia social del país: aquel día quedó constituida la Unión Ferroviaria. El acontecimiento no surgió de la nada. Durante años los ferroviarios habían atravesado conflictos, huelgas, represiones, discusiones internas y sucesivos intentos de construir una organización capaz de representar a una actividad que se extendía por buena parte del territorio nacional. La Federación Obrera Ferrocarrilera, creada en 1912, había sido uno de aquellos antecedentes, y hacia 1920 la creación de la Confraternidad Ferroviaria acercó al Sindicato de Tráfico, al Sindicato de Talleres Ferroviarios y a La Fraternidad, la histórica organización de maquinistas y fogoneros fundada en Buenos Aires el 20 de junio de 1887. Finalmente, el 6 de octubre de 1922, una asamblea realizada en el histórico Salón Vorwärts de Buenos Aires dio forma a la Unión Ferroviaria mediante la unificación de los sindicatos de Tráfico y Talleres. La intención original de una integración completa del personal ferroviario era todavía más ambiciosa, pero los maquinistas y fogoneros decidieron conservar su organización propia en La Fraternidad; lejos de desaparecer de la escena común, ambas entidades continuarían vinculadas y se transformarían durante las décadas siguientes en dos de las fuerzas más influyentes del movimiento obrero argentino. La fundación de la Unión Ferroviaria implicó además algo mucho más profundo que el simple nacimiento de otro gremio: significó el avance de un novedoso modelo de organización nacional por rama de actividad. Durante los debates de 1922 se enfrentaron distintas concepciones acerca de cómo debía organizarse el trabajador ferroviario: sectores partidarios de mantener estructuras federativas y amplia autonomía de las seccionales discutieron con quienes impulsaban una entidad nacional más centralizada, coordinada y con capacidad para negociar de manera conjunta. La segunda posición terminó imponiéndose. Un editorial de El Obrero Ferroviario publicado apenas cuatro días después de la fundación reflejó aquella transformación al presentar el reemplazo del antiguo sistema federalista por una organización claramente centralizada y la utilización de instrumentos legales para impulsar las reivindicaciones obreras. El resultado fue una estructura capaz de reunir bajo una misma conducción a trabajadores de numerosas especialidades y de líneas ferroviarias diferentes, desde los grandes talleres hasta quienes mantenían vías, puentes y terraplenes. Aquella experiencia terminaría convirtiéndose en referencia para otras grandes organizaciones sindicales argentinas que comenzaron a estructurarse por rama de actividad. La influencia ferroviaria pronto desbordó las estaciones: en 1926 la Unión Ferroviaria y La Fraternidad estuvieron entre los pilares de la Confederación Obrera Argentina, y cuando en septiembre de 1930 la COA y la Unión Sindical Argentina confluyeron en la creación de la Confederación General del Trabajo, los gremios del riel ocuparon un lugar central en aquella nueva organización obrera nacional. Incluso la prensa ferroviaria posee una historia anterior al nacimiento formal de la UF: El Obrero Ferroviario había comenzado a publicarse en 1912 vinculado a la Federación Obrera Ferrocarrilera, atravesó luego la etapa de los sindicatos de Tráfico y Talleres y desde 1922 inició una nueva época como órgano de la Unión Ferroviaria, dejando hoy una extraordinaria fuente documental para reconstruir desde adentro más de un siglo de vida gremial. Por eso, aquel 6 de octubre no fue simplemente la fecha de creación de un sindicato: fue el momento en que miles de hombres vinculados a talleres, estaciones, señales, vías y servicios ferroviarios comenzaron a levantar una organización nacional que acompañaría huelgas, conquistas laborales, crisis políticas, nacionalizaciones, dictaduras y transformaciones económicas durante todo el siglo XX. Mientras las locomotoras de vapor cruzaban la Argentina y los rieles unían ciudades, pueblos y parajes remotos, también estaban conectando a una inmensa comunidad de trabajadores. El 6 de octubre de 1922 esa comunidad encontró un nuevo nombre y una poderosa estructura colectiva: UNIÓN FERROVIARIA. Fuentes: Unión Ferroviaria, Circular General Nº 11 por el 99.º aniversario y archivo histórico de El Obrero Ferroviario; Sindicato La Fraternidad, historia institucional; Juan Aldao, Sociología, historia y memoria de los pueblos ferroviarios, UNSAM; revista académica Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda; CeDInCI-UNSAM y CEHTI, colecciones y estudios sobre sindicalismo ferroviario y Confederación Obrera Argentina. #UniónFerroviaria #FerrocarrilesArgentinos #HistoriaArgentina #HistoriaFerroviaria #TrabajadoresFerroviarios #MovimientoObrero #SindicalismoArgentino #LaFraternidad #ElObreroFerroviario #BuenosAires #Efemérides #UnDíaComoHoy #MemoriaHistórica #RailwayHistory #ArgentineRailways #RailroadWorkers #LaborHistory #WorkersHistory #TradeUnionHistory #HistoricRailways
BAJO BUENOS AIRES DORMÍA UN GIGANTE DE 250.000 LITROS: LA CISTERNA QUE DESENTERRÓ TRES SIGLOS DE HISTORIA PORTEÑA
En 2017, mientras se preparaba la construcción de un nuevo edificio en Moreno 550, en pleno Casco Histórico de Buenos Aires y a apenas unos cientos de metros de Plaza de Mayo, el suelo devolvió una sorpresa monumental: bajo una playa de estacionamiento apareció una gigantesca estructura de ladrillos que había permanecido enterrada y olvidada durante generaciones. Era una cisterna destinada al almacenamiento de agua, una de las mayores descubiertas hasta hoy en la ciudad, y alrededor de ella comenzaron a emerger muros, cimientos, pozos y miles de objetos capaces de reconstruir la intimidad de quienes habitaron aquel solar durante siglos. La publicación histórica que acompaña esta historia —dedicada al Sitio Arqueológico La Cisterna— hablaba de una capacidad cercana a los 300.000 litros; la documentación técnica oficial posterior precisa sus dimensiones en unos 7,20 metros de diámetro, hasta aproximadamente 8 metros de altura original hasta el ápice de la cúpula y una capacidad estimada en torno a los 250.000 litros. Un estudio arqueológico especializado realizó un cálculo algo menor, cercano a 220.000 litros, pero ambas investigaciones coinciden en lo excepcional de su tamaño. El sistema era tan ingenioso como indispensable para una Buenos Aires que todavía carecía de una red general de agua corriente: la lluvia caída sobre los techos era conducida mediante canaletas y cañerías hacia depósitos subterráneos revestidos para evitar filtraciones; desde allí el agua podía extraerse mediante un brocal y baldes. Tener una gran cisterna exigía una inversión considerable y podía representar tanto una necesidad práctica como una demostración de posición económica o institucional. Pero el subsuelo de Moreno 550 guardaba una historia todavía más profunda. La manzana formaba parte del área fundacional de Buenos Aires y aparece ya dividida en solares en el reparto de tierras efectuado por Juan de Garay en 1583. Durante el siglo XVIII el predio quedó vinculado a Felipe Filiberto de Arguibel de Larregui, poderoso comerciante llegado de España en 1753. Su hija Teodora Josefa Arguibel contrajo matrimonio en 1783 con Juan Ignacio de Ezcurra Ayerra y la pareja vivió allí con sus nueve hijos, entre ellos María Encarnación Ezcurra. Más tarde Encarnación se casó con Juan Manuel de Rosas y ambos residieron en aquella enorme propiedad entre 1813 y 1838; allí nacieron sus hijos Juan Manuel en 1814, María de la Encarnación en 1816 y Manuela Robustiana —la célebre Manuelita Rosas— en 1817. Durante parte del gobierno de Rosas la residencia llegó a desempeñar funciones gubernamentales porque la antigua sede oficial resultaba poco adecuada, convirtiendo al solar en uno de los escenarios domésticos y políticos más singulares del Buenos Aires del siglo XIX. Tras Caseros, el lugar atravesó nuevas transformaciones y posteriormente alojó dependencias estatales, entre ellas oficinas vinculadas al gobierno y al Correo. Aquí aparece una corrección histórica especialmente importante. En los primeros momentos posteriores al descubrimiento se especuló con que la monumental cisterna podía remontarse a los tiempos de Rosas, e incluso circularon hipótesis que la relacionaban con construcciones jesuíticas de la cercana Manzana de las Luces. Sin embargo, un estudio de Ana Igareta y Florencia Chechi, basado en los ladrillos, morteros, baldosas y en la secuencia arqueológica del sitio, concluyó que la gran estructura corresponde probablemente a la segunda mitad del siglo XIX, cuando la propiedad ya tenía funciones administrativas e institucionales. Por eso resulta más correcto decir que la cisterna fue hallada en el histórico solar de los Ezcurra y Rosas, y no afirmar que fue construida por Rosas. La propia documentación patrimonial del Gobierno porteño reconoce que su cronología continúa siendo materia de estudio y que la evidencia apunta a un período posterior al uso estrictamente residencial de la casa. Lo que apareció alrededor de aquel gigantesco depósito resultó igualmente extraordinario: las excavaciones recuperaron aproximadamente 15.000 vestigios orgánicos e inorgánicos. Hubo platos, vasos, tazas, ollas, cubiertos, frascos de perfumes, lociones y cosméticos, recipientes medicinales, tinteros, elementos de escritura, juguetes infantiles, trompos, bolitas, fichas de dominó y hasta un pequeño cañón de plomo. Entre los hallazgos más llamativos se identificaron restos de por lo menos 35 platos y dos bandejas de loza blanca con consignas federales como “Viva la Federación” y “Federación ó Muerte”; más de 10.000 restos orgánicos permitieron además estudiar la alimentación de los ocupantes, incluyendo huesos de vacunos, porcinos, ovinos, aves, peces e incluso bacalao importado de Europa. Hasta la propia excavación fue descomunal: una investigación arqueológica calculó que vaciar la cisterna demandó casi dos meses de trabajo y la extracción de una cantidad de sedimento equivalente a unos trece camiones volcadores. El rescate arqueológico, iniciado en 2018, también generó un complejo proceso de protección patrimonial después de que parte de la estructura resultara afectada durante la obra; el caso llegó a judicializarse y finalmente derivó en acuerdos que permitieron preservar el hallazgo e integrarlo al nuevo desarrollo urbano como museo de sitio. El resultado puede contemplarse hoy en el mismo lugar donde comenzó todo: el Sitio Arqueológico La Cisterna, en Moreno 550. Fue abierto al público el 24 de junio de 2023 y conserva tanto la monumental estructura como piezas recuperadas durante las excavaciones. Así, debajo de edificios, tránsito y veredas del Buenos Aires contemporáneo sobrevivió durante más de un siglo una verdadera cápsula del tiempo: ladrillos que almacenaron agua, pozos convertidos en archivos involuntarios y miles de objetos cotidianos capaces de contar aquello que muchas veces los documentos oficiales callan. Porque la arqueología urbana tiene ese poder extraordinario: demostrar que una ciudad no solamente conserva su historia en archivos, fotografías o monumentos; también la guarda bajo nuestros propios pies. #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #LaCisterna #Moreno550 #Arqueología #ArqueologíaUrbana #HistoriaArgentina #HistoriaDeBuenosAires #JuanManuelDeRosas #EncarnaciónEzcurra #ManuelitaRosas #CascoHistórico #PatrimonioHistórico #PatrimonioCultural #HistoriaBajoTierra #UrbanArchaeology #BuenosAiresHistory #ArgentineHistory #Archaeology #HistoricBuenosAires #CulturalHeritage #HiddenHistory #HistoryUnderground
6 DE OCTUBRE DE 1928 — EL “PALACIO” DE LA VIVIENDA POPULAR: EL DÍA EN QUE CHACARITA INAUGURÓ UNA REVOLUCIÓN URBANA PENSADA PARA VIVIR CON LUZ, AIRE Y DIGNIDAD
El 6 de octubre de 1928 Buenos Aires inauguró en Chacarita una obra que estaba décadas adelantada a su tiempo: la Casa Colectiva Municipal Parque Los Andes, hoy conocida como Barrio Parque Los Andes, uno de los experimentos más extraordinarios de vivienda colectiva realizados en la Argentina durante la primera mitad del siglo XX. Su creador fue el arquitecto Fermín Hilario Bereterbide, rosarino nacido en 1895 y graduado en la Universidad de Buenos Aires en 1919, cuya arquitectura estuvo profundamente vinculada a la búsqueda de viviendas económicas que no obligaran a las familias trabajadoras a resignar higiene, comodidad, luz natural ni espacios de encuentro. La historia había comenzado algunos años antes, cuando la Municipalidad porteña impulsó un concurso para levantar casas colectivas económicas en distintos sectores de la ciudad. El 31 de enero de 1926 el jurado otorgó a Bereterbide el primer premio para Chacarita y también reconoció sus propuestas para Palermo y Flores; de aquel programa, las investigaciones de FADU-UBA y de la Revista del Notariado señalan al conjunto de Parque Los Andes como la gran realización materializada del concurso. El emplazamiento elegido ocupaba una manzana de aproximadamente 13.188 metros cuadrados delimitada por Guzmán, Leiva, Rodney y Concepción Arenal, frente al Parque Los Andes, en un sector que todavía conservaba un carácter periférico muy distinto del paisaje urbano actual. Allí Bereterbide hizo algo radical para la época: en lugar de saturar el terreno con construcción, convirtió el corazón de la manzana en territorio común. Doce pabellones de planta baja y tres pisos se organizaron dejando grandes separaciones entre sí para favorecer el asoleamiento, la iluminación y la circulación del aire. En su configuración original, las investigaciones históricas registran 130 unidades funcionales, acompañadas por 23 locales comerciales y equipamientos comunitarios que incluían lavaderos, baños, un salón de espectáculos, biblioteca, jardín de infantes y espacios destinados a la convivencia vecinal. Todavía más sorprendente resulta que aproximadamente el 63 % del terreno quedara libre de edificación, distribuido entre veredas, patios, plazoletas, juegos, paseos arbolados, lugares de descanso y pérgolas. No era simplemente un conjunto de departamentos: era la idea de construir un pequeño barrio dentro de una manzana. Sus viviendas fueron pensadas con doble orientación y ventilación cruzada, mientras que el conjunto incorporó adelantos muy significativos para la década de 1920, entre ellos agua caliente, teléfono, conductos para evacuación de residuos y sistemas de ventilación para estufas a carbón. La composición también rompía con muchas convenciones académicas: el interior se articulaba mediante una sucesión de patios y un eje que culminaba en una gran pérgola conocida como el “Balcón de los Rosales”; había espacios para los niños, sectores de descanso, árboles, bancos y una fuente, transformando aquello que normalmente era un simple pulmón de manzana en un verdadero espacio social. El proyecto condensaba una idea poderosa: la vivienda económica podía ser también bella, saludable y digna. Bereterbide entendía que los sectores trabajadores no debían recibir una arquitectura de segunda categoría y por eso buscó ofrecer condiciones equivalentes de iluminación, ventilación y confort en todas las unidades. Casi un siglo después, el Barrio Parque Los Andes continúa habitado, protegido por su valor patrimonial y estudiado por arquitectos e investigadores como uno de los ejemplos fundamentales de vivienda colectiva argentina. Lo que comenzó aquel 6 de octubre de 1928 como una respuesta municipal al problema habitacional terminó convirtiéndose en una lección urbana que todavía conserva vigencia: construir viviendas no significa solamente levantar paredes; también significa crear comunidad, ofrecer espacios para encontrarse y diseñar una ciudad en la que la calidad de vida no sea un privilegio. Fuentes: Revista del Notariado; Colegio de Escribanos; FADU-UBA; Moderna Buenos Aires–CPAU; ArchDaily; y Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. #BuenosAires #Chacarita #BarrioParqueLosAndes #CasaColectivaLosAndes #FerminBereterbide #ArquitecturaArgentina #HistoriaArgentina #BuenosAiresAntiguo #ViviendaSocial #PatrimonioArquitectonico #ArquitecturaModerna #HistoriaUrbana #Efemerides #Argentina #BuenosAiresHistory #ArgentineArchitecture #SocialHousing #UrbanHistory #ArchitecturalHeritage #HistoricBuenosAires #FerminBereterbide
1973 — LA GRAN BATALLA DEL PEJERREY EN EL CARRIZAL: EL MARTÍN PESCADOR VENCIÓ CON 125 PIEZAS
Diciembre de 1973. Apenas dos años después de la inauguración del Dique El Carrizal, cuando aquel gigantesco espejo de agua comenzaba a transformar no sólo el sistema hídrico sino también la vida deportiva y recreativa de Mendoza, una multitud de pescadores protagonizó una jornada que quedó inmortalizada en las páginas del Diario Mendoza. La crónica tituló: “PESCA: MARTÍN PESCADOR VENCIÓ EN EL CONCURSO”, y la fotografía conserva una escena extraordinaria: hombres exhibiendo largas sartas de pejerreyes recién extraídos del embalse, verdadero símbolo de una época en la que El Carrizal comenzaba a consolidarse como uno de los grandes escenarios de la pesca mendocina. Durante cuatro horas, aquellos a quienes el diario llamó los “hombres de la paciencia” buscaron el mejor pique aguas adentro. Al terminar la competencia, el bote Nº 18 del Club Martín Pescador se quedó con la victoria tras alcanzar 125 piezas; el equipo estaba integrado por Luis Masman, Guillermo Masman y José Mosso. Uno de los datos más llamativos fue la captura conseguida por Luis Katzinger, representante del Valle de Uco: un pejerrey de 500 gramos, registrado por la crónica como la pieza mayor. Entre las mujeres, Catalina de Giannacari se consagró vencedora de la categoría damas y también sobresalió por su mejor captura. El certamen reunió pescadores pertenecientes a diez clubes, prueba del extraordinario crecimiento que la actividad ya había alcanzado alrededor del nuevo embalse. El segundo puesto por equipos correspondió al Club Caza y Pesca de Maipú, que sumó 98 piezas con Moisés Pérez, Wálter Pérez y Nicolás Santagati. El contexto hace todavía más valioso aquel recorte: El Carrizal había sido inaugurado oficialmente el 27 de noviembre de 1971 para regular las aguas del río Tunuyán y reforzar el sistema de riego del Este mendocino; casi inmediatamente, sus aguas comenzaron a convertirse también en un poderoso polo turístico, náutico y pesquero, hasta el punto de que el pejerrey pasó a ser uno de los símbolos de la zona. Más de medio siglo después, el Gobierno de Mendoza continúa considerando al embalse una de las principales pesquerías recreativas de pejerrey de la provincia, y el Club Martín Pescador sigue formando parte de la vida deportiva de El Carrizal. Incluso el propio Diario Mendoza de aquellos años puede rastrearse documentalmente: la Hemeroteca Pública Legislativa “Armando Tejada Gómez” conserva ejemplares del periódico desde abril de 1969 hasta febrero de 1987, incluyendo por lo tanto el período de esta histórica fotografía. Una imagen sencilla, cargada de peces, anzuelos y orgullo deportivo, que hoy nos devuelve a aquel diciembre de 1973 en que las aguas todavía jóvenes de El Carrizal fueron escenario de una verdadera fiesta de la pesca mendocina. Fuente principal: Diario Mendoza, diciembre de 1973. #MendozAntigua #Mendoza #ElCarrizal #DiqueElCarrizal #Pesca #PescaDeportiva #Pejerrey #MartinPescador #CazaYPesca #HistoriaDeMendoza #DiarioMendoza #Mendoza1973 #FotosAntiguas #SportFishing #FishingHistory #PejerreyFishing #MendozaHistory #ArgentinaHistory #VintageMendoza
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El Carrizal de Abajo, Mendoza, Argentina
1972 — CUANDO EL FUTURO POSÓ EN UNA VEREDA DE MENDOZA: LOS 20 EGRESADOS DE LA JUAN ESTEBAN PEDERNERA QUE QUEDARON PARA SIEMPRE EN LA MEMORIA
Hay fotografías que, aun sin mostrar grandes ceremonias ni personajes célebres, terminan convirtiéndose en verdaderos documentos de una época. Esta es una de ellas. En 1972, veinte egresados de la Escuela N.º 2 “Juan Esteban Pedernera”, ubicada entonces en el sector de Pedro Molina y Patricias Mendocinas, junto al Centro Cívico de la Ciudad de Mendoza, se reunieron para una fotografía que más de medio siglo después conserva intacta la fuerza de aquel momento: jóvenes de pie y en cuclillas, camisas claras, pantalones de pierna ancha, cabellos largos y peinados característicos de comienzos de los años setenta, sonrisas espontáneas y esa mezcla de entusiasmo e incertidumbre que acompaña el final de una etapa. La referencia histórica conservada junto a la imagen identifica a los protagonistas como Miguel Fornés, Roberto Hernández, Eduardo Gauna, Elena Moyano, Julio Cornejo, Elba Aguirre, Mori Ruarte, Roberto Miranda, Juan Videla, Carlos Cortez, Adrián González, Humberto Arenas, Mario Reinoso, Susana Pérez, Gladys Hernández, Aída Guzmán, Ricardo Hernández, Julio Sánchez, Juan Rico y Miguel Di Pietro. Son veinte nombres que transforman una vieja fotografía colectiva en algo mucho más poderoso: veinte historias personales que aquella cámara consiguió detener en un único instante. La propia escena guarda detalles extraordinarios. Sobre el grupo puede distinguirse claramente el gran rótulo “Mendoza” y, detrás, la palabra “DEPORTES”, mientras la vereda, las vidrieras y la iluminación urbana completan una postal profundamente setentista. Pero 1972 tampoco fue un año cualquiera para la provincia. Apenas unos meses antes, durante abril, Mendoza había vivido el Mendozazo, una gigantesca movilización social que tuvo precisamente al Centro Cívico, la Casa de Gobierno y las calles céntricas como escenarios fundamentales. Investigaciones académicas del CONICET y del Instituto de Investigaciones Socio Históricas Regionales han reconstruido aquellos días recurriendo, entre otras fuentes, a las fotografías publicadas por el diario Mendoza. Esta imagen de los egresados no debe confundirse ni relacionarse directamente con aquellas protestas, pero pertenece a la misma ciudad y al mismo año extraordinariamente intenso: mientras la historia política y social se agitaba en las calles, miles de mendocinos continuaban estudiando, trabajando, formando familias y tratando de construir su propio futuro. El nombre de la escuela tampoco era casual. Juan Esteban Pedernera fue uno de los militares de la generación de la Independencia: ingresó en 1815 al Regimiento de Granaderos a Caballo, participó junto al Ejército de los Andes en las campañas libertadoras y combatió en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú; décadas después alcanzó la vicepresidencia de la Confederación Argentina acompañando a Santiago Derqui, elección que quedó formalizada por la Ley Nacional 227 de 1860. Y existe un dato que vuelve todavía más valiosa esta fotografía: el nombre Juan Esteban Pedernera continúa ligado a la educación pública mendocina. La Dirección General de Escuelas registra actualmente al CEBJA 3-008 “Juan Esteban Pedernera” en Pedro Molina 300, Capital, dedicado a la educación de jóvenes y adultos; además, documentación oficial de la Legislatura provincial dejó asentado en 2012 que en el inmueble de Pedro Molina y Patricias Mendocinas funcionaban las escuelas Arístides Villanueva, Bellas Artes y Juan Esteban Pedernera. Es decir, aquel punto de la ciudad que vio pasar generaciones de estudiantes sigue manteniendo, décadas después, una profunda identidad educativa. Eso es quizá lo más conmovedor de esta vieja página impresa: en 1972 ninguno de aquellos veinte jóvenes podía saber dónde lo llevarían los siguientes cincuenta años. Algunos habrán continuado estudiando, otros habrán formado familias, trabajado en Mendoza o partido hacia otros lugares; algunos tal vez ya no estén. Pero durante unos segundos todos estuvieron juntos, mirando hacia la misma cámara y con toda la vida todavía por delante. Hoy sus nombres vuelven a pronunciarse y sus rostros regresan desde el papel para recordarnos que la historia de Mendoza no está hecha solamente de gobernadores, terremotos, grandes edificios o acontecimientos políticos: también está construida por estudiantes anónimos, compañeros de aula, maestros, trabajadores y familias cuyas pequeñas historias terminaron formando la memoria colectiva de la provincia. Si alguno de estos egresados, sus familiares, amigos o antiguos compañeros reconoce a alguien en la fotografía, sería extraordinario recuperar qué fue de ellos después de aquel lejano 1972. #MendozAntigua #Mendoza #MendozaAntigua #CiudadDeMendoza #HistoriaDeMendoza #EscuelaJuanEstebanPedernera #JuanEstebanPedernera #Egresados1972 #Promoción1972 #EducaciónMendocina #EscuelasDeMendoza #FotosAntiguas #FotografíaHistórica #MemoriaMendocina #HistoriasDeVida #Argentina #MendozaHistory #OldMendoza #HistoricPhotography #SchoolMemories #Graduation1972 #ArgentinaHistory #VintageArgentina #LocalHistory #HistoricalMemory
🔥📜 5 DE OCTUBRE DE 1631 — 395 AÑOS DESPUÉS, UN FOLIO SIGUE HABLANDO: EL PROTOCOLO Nº 11 QUE NOS DEVUELVE A LA MENDOZA MÁS ANTIGUA Y A LA EXTRAORDINARIA VIDA DE JUAN DE PUEBLA Y REINOSO
El 5 de octubre de 1631, cuando Mendoza apenas llevaba setenta años de existencia y todavía formaba parte de la jurisdicción de Cuyo dependiente del Reino de Chile, alguien compareció ante un escribano y dejó asentado un acto cuya huella documental ha logrado atravesar casi cuatro siglos. Entre las efemérides mendocinas que hemos podido rastrear hasta ahora para esta fecha, se trata de una de las referencias documentales más antiguas y precisas: “Documento de asuntos varios, Mendoza, 5 de octubre de 1631. AHM, Protocolo de Escribanos N° 11, fols. 5 v.”. La cita fue localizada en una investigación del historiador Pablo Lacoste publicada en 2006 por la revista académica Atenea y conservada en SciELO. Son apenas unas palabras en una nota documental, pero contienen algo extraordinario para cualquier investigación histórica: ciudad, día, mes, año, número de protocolo y foja exacta. En otras palabras, sabemos dónde buscar el original. Hay además una actualización importante en la denominación del repositorio: el trabajo de Lacoste utiliza la sigla AHM, correspondiente al Archivo Histórico de Mendoza; desde 2002 la institución volvió oficialmente a denominarse Archivo General de la Provincia de Mendoza, nombre con el que hoy custodia una documentación que se remonta al siglo XVI. El documento del 5 de octubre de 1631 aparece en el estudio mientras Lacoste reconstruye la trayectoria de Juan de Puebla y Reinoso, integrante de una de las familias influyentes de aquella diminuta sociedad cuyana. Puebla había formado parte del Cabildo de Mendoza y ejercido funciones de regidor de moradores, fiel ejecutor y alcalde de Santa Hermandad; incluso en 1630 compartió actividad capitular con Pedro Bustos. Y aquí comienza una historia digna de una novela colonial. Apenas dos años después de aquel documento, en 1633, Puebla quedó involucrado en una causa judicial por estupro relacionada con Juana Bustos. El expediente llegó a la Real Audiencia de Chile y la documentación citada por Lacoste registra una Real Provisión del 21 de abril de 1635 que ordenaba capturarlo, conducirlo a la cárcel de Mendoza y sacarlo públicamente para que fuese ahorcado en la plaza. Pero aquella sentencia jamás terminó con su vida. Contra todo pronóstico, Puebla sobrevivió y permaneció en Mendoza durante décadas, hasta morir en 1678. Lo verdaderamente extraordinario es lo ocurrido después: lejos de desaparecer de la sociedad colonial, reconstruyó su posición, recuperó prestigio y volvió a ocupar cargos importantes; durante la década de 1660 llegó a desempeñarse como teniente de corregidor y Justicia Mayor. También se transformó en un poderoso actor económico. Administró una tropa de diez carretas cuando en toda Mendoza circulaban apenas unas 45 o 50 dedicadas al transporte comercial, realizó operaciones hacia distintos puntos del territorio y desarrolló una notable actividad vitivinícola. Su bodega llegó a almacenar al menos unas 700 arrobas de vino y conservó una viña que el estudio estima en alrededor de 3.000 plantas. Sus vinos alcanzaron tal valoración que podían intervenir incluso en la cancelación de deudas: en 1673 se comprometió a entregar 200 arrobas de “vino bueno” acondicionadas en 80 botijas. Esta formidable trayectoria convierte al personaje relacionado con aquel folio de 1631 en un testigo privilegiado de la Mendoza del siglo XVII: funcionario del Cabildo, condenado a morir en la horca, sobreviviente de una causa judicial extraordinaria, transportista, viticultor y protagonista de una sociedad que comenzaba lentamente a construir la tradición del vino que siglos después identificaría a Mendoza ante el mundo. Sin embargo, existe una precaución histórica fundamental: todavía no debemos afirmar que la foja 5 vuelta del Protocolo Nº 11 trate de Juana Bustos, de la posterior causa criminal o de la condena a muerte. El proceso judicial comenzó después y la referencia académica identifica la pieza de 1631 únicamente como “Documento de asuntos varios”. Su presencia como nota en la reconstrucción biográfica de Puebla demuestra que es pertinente para conocer su trayectoria, pero solamente la consulta del manuscrito original permitirá establecer quién compareció, qué declaró, qué operación se realizó, quiénes fueron los testigos y cuál fue el verdadero contenido de aquel acto notarial. Allí reside precisamente el enorme valor del hallazgo para MendozAntigua: tenemos una coordenada archivística concreta para ir directamente a una página escrita en Mendoza hace 395 años. La próxima etapa debería ser solicitar al Archivo General de la Provincia la reproducción del Protocolo de Escribanos Nº 11, foja 5 vuelta y, para conservar el contexto paleográfico y evitar que el documento comience o termine en otra página, también las fojas 5 recto, 6 recto y 6 vuelta. Si esas imágenes permiten leer íntegramente el instrumento, será posible reconstruirlo línea por línea, identificar nombres, propiedades, cantidades, firmas y fórmulas notariales y devolver a circulación pública una pequeña historia mendocina que ha permanecido prácticamente oculta durante casi cuatro siglos. Fuentes resumidas: Pablo Lacoste, “Los ‘vinos de Dios’ (Alegato contra la pena de muerte). Mendoza, Reino de Chile, siglo XVII”, Atenea Nº 494, 2006, pp. 83-109, especialmente la referencia al Protocolo de Escribanos Nº 11, foja 5 vuelta y la reconstrucción documental de Juan de Puebla y Reinoso; Archivo Nacional de Chile, fondos de Real Audiencia citados por Lacoste para la causa judicial; Gobierno de Mendoza, información institucional e histórica del Archivo General de la Provincia, cuya denominación oficial fue restablecida en 2002 y que conserva documentación desde 1563. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #HistoriaArgentina #ArchivoHistorico #ArchivoGeneralDeMendoza #DocumentosHistoricos #SigloXVII #JuanDePueblaYReinoso #CabildoDeMendoza #HistoriaDelVino #VinoMendocino #Vitivinicultura #PatrimonioDocumental #Efemerides #5DeOctubre #ColonialMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #ColonialHistory #HistoricalArchives #HistoricalDocuments #SeventeenthCentury #WineHistory #WineHeritage #DocumentaryHeritage
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🔥🏔️🎖️ 5 DE OCTUBRE DE 1955 — DEL TECHO DE AMÉRICA AL MANDO DE LOS ANDES: NICOLÁS PLANTAMURA, EL PIONERO DEL ACONCAGUA QUE ASUMIÓ LA AGRUPACIÓN DE MONTAÑA CUYO
El 5 de octubre de 1955, en uno de los períodos más convulsionados de la historia argentina del siglo XX, el nombre de un mendocino íntimamente ligado a la Cordillera volvió a quedar registrado en la documentación militar nacional. Según la biografía elaborada por el coronel retirado José Herminio Hernández y publicada por el Centro Cultural Argentino de Montaña, una resolución incorporada al Boletín Reservado Militar del Ejército Nº 3561 dispuso aquel día el nombramiento de Nicolás Plantamura como Comandante de la Agrupación de Montaña Cuyo, con asiento en Mendoza. La fecha resulta especialmente significativa: habían transcurrido apenas 19 días desde el comienzo del golpe de Estado del 16 de septiembre que derrocó al presidente Juan Domingo Perón, y menos de dos semanas desde la asunción del gobierno provisional de Eduardo Lonardi el 23 de septiembre. En medio de aquella profunda reorganización política y militar, Plantamura regresaba a ocupar una responsabilidad de primer orden precisamente en la región donde había construido buena parte de su extraordinaria trayectoria andina. Su nombre ya pertenecía a la historia mucho antes de aquel nombramiento. Oficial de Infantería y profundamente vinculado a las tropas especializadas de montaña, había servido en el Regimiento de Infantería de Montaña 16 y participado desde los primeros años de la década de 1930 en las actividades desarrolladas en Puente del Inca, incluyendo los trabajos relacionados con el Refugio General San Martín y la consolidación de la instrucción militar de alta montaña. Pero su jornada inmortal llegó el 8 de marzo de 1934. Integrado a una expedición internacional que ascendía el Aconcagua, Plantamura alcanzó a las 12:30 la cumbre de la montaña más alta de América y se convirtió en el primer argentino documentado en lograrlo. Compartieron aquella histórica llegada Renato Chabod, los hermanos Ceresa, Piero Ghiglione y el arriero chileno Mario Pastén. El Gobierno de Mendoza también reconoce oficialmente aquella hazaña y señala a Plantamura como el primer argentino que coronó el Aconcagua. La dimensión de ese logro debe imaginarse en su tiempo: no existían los sistemas modernos de comunicación, la indumentaria técnica, los pronósticos especializados ni la infraestructura de las expediciones actuales; internarse en la alta cordillera suponía enfrentar aislamiento, frío extremo, altura y una logística enormemente más precaria. Dos décadas después de aquella cumbre, aquel joven teniente convertido en símbolo del andinismo militar recibía el mando de la Agrupación de Montaña Cuyo. Su carrera continuaría todavía algunos años y su vínculo con los Andes sobreviviría incluso al retiro. El apellido Plantamura quedó fijado en la geografía del propio Aconcagua: el Plan de Gestión y Uso Público del Parque Provincial registra el Refugio Plantamura entre las estructuras históricas de altura, situado alrededor de los 5.930 metros. Sus restos descansan además en el emblemático Cementerio de los Andinistas de Puente del Inca, donde en tiempos recientes volvió a ser homenajeado como una de las figuras fundamentales de las tropas de montaña argentinas. Por eso, aquel 5 de octubre de 1955 representa mucho más que un movimiento administrativo dentro del Ejército: enlaza en una misma fecha la historia militar de Mendoza, Puente del Inca, la formación de las tropas de montaña y la epopeya de un mendocino que había llevado la bandera argentina hasta la cima del Aconcagua. Existe, sin embargo, una precisión documental importante para MendozAntigua: el número 3561 y la fecha del nombramiento están expresamente consignados por la biografía especializada del Centro Cultural Argentino de Montaña, pero el documento de máximo valor histórico sería el ejemplar original del Boletín Reservado Militar del Ejército Nº 3561. Su localización permitiría reproducir la resolución y determinar número de orden, autoridad firmante y texto exacto del nombramiento. Por su naturaleza, debe rastrearse en fondos documentales militares nacionales y no atribuirse al Archivo General de la Provincia de Mendoza sin constancia archivística que así lo demuestre. Un pequeño renglón burocrático fechado el 5 de octubre de 1955 esconde así la historia de uno de los grandes protagonistas de la cordillera mendocina: Nicolás Plantamura, soldado de montaña, pionero del Aconcagua y hombre cuyo nombre quedó literalmente sembrado entre las alturas de los Andes. Fuentes: Centro Cultural Argentino de Montaña; Gobierno de Mendoza; Presidencia de la Nación y Ministerio de Defensa; Revista Cordillera del Liceo Militar General Espejo. #MendozAntigua #NicolásPlantamura #Aconcagua #Mendoza #PuenteDelInca #AltaMontaña #TropasDeMontaña #EjércitoArgentino #Andinismo #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #CordilleraDeLosAndes #MountainHistory #Mountaineering #AconcaguaHistory #ArgentineHistory #AndesMountains #MilitaryHistory
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5 DE OCTUBRE DE 1990 — EL DÍA EN QUE MENDOZA TOCÓ EL CIELO DEL HIMALAYA: LITO SÁNCHEZ VENCIÓ LOS 8.000 METROS Y ABRIÓ PARA LA ARGENTINA LA ERA DE LOS OCHOMILES
El 5 de octubre de 1990, a más de 8.000 metros sobre el nivel del mar, en una de las regiones más inhóspitas del planeta, un mendocino escribió una página decisiva de la historia del montañismo argentino. Miguel “Lito” Sánchez alcanzó la cumbre del Dhaulagiri I, en Nepal, de 8.167 metros, séptima montaña más alta de la Tierra, y se convirtió en el primer argentino que lograba hacer cumbre en uno de los catorce gigantes del planeta que superan los 8.000 metros. No fue solamente una cima: fue la apertura definitiva de la Argentina al gran himalayismo. Sánchez integraba una pequeña expedición andaluza dirigida por Manuel González y ascendió por la arista Nordeste, la histórica ruta normal de la montaña. El registro de Elizabeth Hawley conservado por el American Alpine Journal establece que aquel 5 de octubre también llegaron a la cima el español Manuel Morales y, pertenecientes a otra expedición, Helmut Kindle, de Liechtenstein, y Christoph Pfistner, de Suiza. La Himalayan Database añade un dato todavía más extraordinario: Sánchez, entonces de 33 años y oriundo de Guaymallén, Mendoza, realizó la ascensión sin utilizar oxígeno artificial y se convirtió además en el primer latinoamericano que alcanzó la cumbre del Dhaulagiri. El Club Andino Buenos Aires coincide en señalar el 5 de octubre de 1990 como la fecha del histórico ascenso y confirma que fue el primer argentino en coronar un ochomil. La dimensión de aquella hazaña se comprende mejor al mirar hacia atrás: el Dhaulagiri había sido una obsesión temprana del montañismo argentino. Expediciones nacionales ya habían intentado escalarlo en 1954 y 1956, sin alcanzar la cima, décadas antes de que Sánchez consiguiera romper aquella barrera. El propio Nepal Tourism Board recuerda esas tentativas argentinas dentro de la larga historia de desafíos que precedieron a la primera ascensión mundial del Dhaulagiri, conseguida finalmente el 13 de mayo de 1960 por una expedición internacional organizada por el suizo Max Eiselin. Treinta años después de aquella primera conquista, un mendocino ponía a la Argentina en su cumbre. Pero detrás de la historia deportiva existe además un episodio que parece escrito para una película. Sánchez contó años más tarde que durante 1989 vivía y trabajaba en Canadá intentando reunir dinero para regresar a las grandes montañas. El 2 de octubre de aquel año tuvo un sueño extraordinariamente preciso: se veía alcanzando la cima del Dhaulagiri, aunque todavía no sabía que terminaría integrando una expedición a esa montaña. La impresión fue tan grande que anotó la fecha. Exactamente un año después, el 2 de octubre de 1990, se encontraba a unos 7.400 metros, en el último campamento, preparándose para atacar la cumbre. Por un instante pareció que aquel sueño iba a cumplirse con una precisión casi imposible, pero el Himalaya impuso sus reglas: violentos vientos detuvieron el avance. Durante tres días tuvieron que esperar, resistir y recuperar fuerzas. Finalmente, el 5 de octubre llegó la oportunidad. Sánchez y Morales avanzaron hacia la parte superior de la arista Nordeste y alcanzaron los 8.167 metros. Aquella jornada transformó para siempre el nombre de Lito Sánchez en parte de la historia de la montaña argentina. La proeza adquiere todavía más valor cuando se recuerda cómo eran aquellas expediciones: grupos reducidos, logística mucho más austera que la actual y una montaña donde cada metro por encima de los 8.000 significaba penetrar en la llamada “zona de la muerte”, donde la presión atmosférica y la disponibilidad de oxígeno son insuficientes para que el organismo humano pueda permanecer durante mucho tiempo. Sánchez recordaría después que aquella expedición trabajó sin sherpas de altura y sin oxígeno suplementario. Tres años más tarde volvería a desafiar los límites del Himalaya y alcanzaría el Cho Oyu durante el invierno de 1993, convirtiéndose también en el primer latinoamericano en hacer cumbre en un ochomil durante la estación invernal. Pero todo comenzó aquel 5 de octubre de 1990, cuando desde Guaymallén hasta Nepal se tendió un hilo invisible de más de 16.000 kilómetros y un mendocino dejó sus huellas sobre uno de los grandes techos de la Tierra. Desde entonces, cada vez que se recuerda la historia argentina en el Himalaya, hay una fecha que merece ser escrita con letras enormes: 5 DE OCTUBRE DE 1990. Aquel día Mendoza no solamente miró hacia las montañas: llegó hasta una de las más altas del planeta. Fuentes: American Alpine Journal, Himalayan Database y Club Andino Buenos Aires confirman que Miguel “Lito” Sánchez hizo cumbre en el Dhaulagiri el 5 de octubre de 1990, convirtiéndose en el primer argentino en alcanzar un ochomil y en el primer latinoamericano en coronar esa montaña, sin oxígeno artificial. Nepal Tourism Board, Cumbres Mountain Magazine y Los Andes aportan antecedentes de la expedición y el testimonio personal de Sánchez.
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CUANDO BUENOS AIRES TUVO UN AUTÓDROMO EN EL CIELO: EL PALACIO CHRYSLER QUE HACÍA CORRER AUTOS SOBRE LOS TECHOS DE PALERMO
A simple vista, el actual Palacio Alcorta parece uno de los grandes complejos residenciales de Palermo Chico, pero detrás de sus muros sobrevive la memoria de una de las construcciones más audaces de la Argentina del siglo XX: un verdadero palacio dedicado al automóvil que llegó a tener una pista de pruebas sobre su propia azotea. La página histórica que acompaña esta publicación permite reconocer distintas etapas del edificio y también lo compara con el célebre Lingotto de FIAT en Turín, pero la historia porteña merece algunos ajustes y datos adicionales. El inmueble fue proyectado en 1927 por el arquitecto italiano Mario Palanti —autor del Palacio Barolo de Buenos Aires y del Palacio Salvo de Montevideo— para Resta Hermanos, empresa argentina que representaba y comercializaba automóviles Chrysler. La Biblioteca del Congreso de la Nación registra la obra como “Palacio Automotor de Resta Hermanos” y destaca precisamente su innovadora pista de pruebas en la azotea. El gigantesco establecimiento, levantado en la entonces avenida Centenario 3351 —actual avenida Presidente Figueroa Alcorta—, fue inaugurado el 1 de diciembre de 1928. Ocupaba prácticamente una manzana completa: hacia el frente estaban la exposición y venta de automóviles; detrás se encontraban oficinas, talleres de montaje y fabricación de repuestos, mientras otros sectores se destinaban a terminación y depósito de las unidades. Pero el golpe de efecto estaba arriba. Sobre el edificio aparecía el llamado Estadio Olimpo, un circuito elevado y peraltado donde podían probarse automóviles y realizarse exhibiciones ante público. Fuentes especializadas señalan que incluso fue escenario de actividades sociales y deportivas y que las tribunas podían recibir alrededor de 3.000 espectadores. Aquí aparece una corrección importante frente a un dato que se ha repetido durante años: numerosas notas periodísticas atribuyen a aquella pista una longitud de 1.700 o 1.730 metros, una cifra reproducida incluso en publicaciones recientes; sin embargo, una investigación del Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza consigna expresamente una longitud de 173 metros y capacidad para 3.000 personas. Ante esa discrepancia documental, los 1,7 kilómetros no deberían presentarse como una medida definitivamente establecida. Tampoco terminó necesariamente la historia automotriz del edificio en 1931: ese año Fevre & Basset adquirió Resta Hermanos y continuó utilizando el antiguo Palacio Chrysler; desde 1932 montó allí automóviles y camiones, actividad que se prolongó durante casi dos décadas hasta el traslado de instalaciones y equipos a la nueva planta de San Justo entre 1948 y 1950. La idea de hacer circular automóviles en lo alto de un edificio tenía un extraordinario antecedente europeo: la fábrica Lingotto de FIAT, en Turín, proyectada por Giacomo Mattè-Trucco. MuseoTorino documenta que el complejo comenzó a proyectarse en 1915, que la célebre pista de pruebas sobre el techo fue realizada desde 1919 y que los automóviles ascendían por rampas helicoidales hasta ese último escenario de control; aquel edificio se transformó en uno de los grandes símbolos internacionales de la arquitectura industrial moderna. La comparación con Buenos Aires resulta inevitable: a miles de kilómetros de Italia, Palanti convirtió una concesionaria en un monumental escaparate de velocidad, técnica y espectáculo. Incluso su arquitectura incorporó elementos alusivos al mundo del automóvil, dentro de una composición que combinaba modernidad técnica con recursos monumentales característicos del arquitecto. Con el paso del tiempo, el antiguo Palacio Chrysler terminó en manos estatales y fue utilizado por el Comando de Arsenales del Ejército Argentino y el Registro Nacional de Armas. En 1993 salió a remate mediante el Banco Ciudad y llegó a promocionarse como “la manzana más cara de la ciudad”. Al año siguiente comenzó su gran metamorfosis: IRSA impulsó la reconversión y el estudio MSGSSS transformó la estructura en viviendas, oficinas y lofts, conservando buena parte de la poderosa envolvente exterior, pero eliminando la histórica pista. En el vacío donde alguna vez rugieron motores apareció un jardín interior con piscina. Durante años funcionó también en la planta baja el Museo Tecnológico Renault, cerrado a comienzos de 2011.Así, el edificio que hoy conocemos como Palacio Alcorta conserva una paradoja fascinante: miles de personas pasan frente a él sin imaginar que, hace casi un siglo, sobre esas paredes se aceleraban automóviles a varios pisos de altura y miles de espectadores podían contemplar aquel espectáculo mecánico. No era simplemente una concesionaria. Era la imagen de una Buenos Aires que soñaba con la velocidad, la industria y el futuro, un gigantesco “palacio autódromo” suspendido sobre Palermo cuya pista desapareció físicamente, pero continúa siendo una de las historias más extraordinarias de la arquitectura automotriz argentina. Fuentes de verificación: Biblioteca del Congreso de la Nación; Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; Instituto de Historia de la Universidad Nacional de La Matanza; MuseoTorino; Autohistoria; documentación e investigaciones sobre Mario Palanti. #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #BuenosAiresAntigua #BuenosAires #PalermoChico #MarioPalanti #RestaHermanos #Chrysler #HistoriaArgentina #HistoriaAutomotriz #ArquitecturaArgentina #AutosAntiguos #PatrimonioArquitectónico #EstadioOlimpo #MemoriaUrbana #HistoricBuenosAires #PalacioAlcorta #PalacioChrysler #AutomotiveHistory #VintageCars #MarioPalanti #ArchitectureHistory #IndustrialHeritage #BuenosAiresHistory #RooftopTrack
10 DE ENERO DE 1934 — EL DÍA EN QUE LA CORDILLERA ARRANCÓ LOS RIELES: EL ALUVIÓN QUE DESTROZÓ AL FERROCARRIL TRASANDINO
Esta estremecedora fotografía conserva las cicatrices de una de las mayores catástrofes naturales sufridas por la alta montaña mendocina durante el siglo XX: los rieles del Ferrocarril Trasandino retorcidos, suspendidos y arrancados de su terraplén después de la gigantesca crecida del río Mendoza de enero de 1934. La imagen pertenece hoy a la ETH-Bibliothek de Zúrich y está catalogada con el título alemán “Zerstörte FCT-Linie oberhalb Rio Blanco nach King 1934”, que puede traducirse como “Línea del Ferrocarril Trasandino destruida aguas arriba de Río Blanco, según King, 1934”. Existe un detalle esencial para interpretar correctamente el documento: la ficha está fechada en 1941 porque se trata de una reproducción fotográfica realizada por el geólogo y explorador suizo Leo Wehrli sobre una diapositiva de vidrio de apenas 8,5 por 10 centímetros; la devastación representada corresponde, en cambio, a la catástrofe ocurrida en enero de 1934 y vinculada a las investigaciones de W. D. V. O. King. El origen de aquel desastre se encontraba muchos kilómetros montaña adentro. Entre 1933 y 1934, el Glaciar Grande del Nevado del Plomo experimentó un avance extraordinariamente rápido, atravesó el valle del río del Plomo y actuó como una enorme presa natural de hielo, detrás de la cual se formó un lago de aproximadamente tres kilómetros de longitud. El 10 de enero de 1934 aquella barrera cedió ante la presión del agua y liberó violentamente una masa gigantesca de agua, hielo, rocas y sedimentos. La onda de crecida descendió por el río del Plomo, continuó por el Tupungato y finalmente irrumpió en el río Mendoza, transformándose en una fuerza capaz de borrar caminos, puentes, edificios y kilómetros de infraestructura ferroviaria. Investigaciones posteriores estimaron que el volumen liberado pudo rondar los 60 millones de metros cúbicos y estudios históricos modernos señalan alrededor de una veintena de víctimas mortales. Entre las estructuras castigadas estuvieron las instalaciones del Trasandino, la estación Zanjón Amarillo y el histórico complejo hotelero de Cacheuta. Para el ferrocarril, inaugurado en 1910 como una de las obras de ingeniería más ambiciosas de Sudamérica y concebido para unir Mendoza con Los Andes y conectar los océanos Atlántico y Pacífico, aquel aluvión significó un golpe devastador. La vía había sido tendida durante extensos tramos siguiendo estrechamente el encajonado valle del Mendoza, precisamente el corredor por donde descendió la inundación. Rieles enteros quedaron doblados como alambres, terraplenes desaparecieron y puentes fueron destruidos. El tráfico ferroviario internacional quedó gravemente interrumpido y durante años la comunicación debió resolverse mediante combinaciones ferroviarias y carreteras: desde agosto de 1934 los trenes provenientes de Chile pudieron llegar hasta Punta de Vacas, mientras los pasajeros continuaban hacia Mendoza por otros medios. La rehabilitación integral del enlace internacional recién se concretaría una década después, en 1944, ya bajo una creciente intervención estatal. Por eso esta fotografía posee un valor excepcional: no muestra simplemente unas vías dañadas, sino el instante posterior a una batalla desigual entre una de las mayores obras de ingeniería construidas en los Andes y una cordillera capaz de modificar su paisaje en cuestión de horas. Lo que durante décadas había requerido cálculos, explosivos, puentes, túneles, locomotoras y el esfuerzo de miles de trabajadores quedó suspendido sobre el vacío por la violencia de un río desbordado. Noventa y dos años después, aquellos rieles retorcidos continúan recordándonos que el Trasandino no solo atravesó los Andes: tuvo que enfrentarse una y otra vez con ellos. Fuente resumida: ETH-Bibliothek, colección Leo Wehrli, Dia 247-12777, reproducción de 1941, licencia CC BY-SA 4.0; W. D. V. O. King, The Mendoza River Flood of 10–11 January 1934; IANIGLA/CONICET, estudios del Glaciar Grande del Nevado del Plomo; Cuadernos de Investigación Geográfica; Memoria Chilena y Archivo Nacional de Chile, documentación del Ferrocarril Trasandino. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #FerrocarrilTrasandino #TrenTrasandino #AltaMontaña #RioMendoza #RioBlanco #ZanjonAmarillo #Cacheuta #CordilleraDeLosAndes #AluvionDe1934 #GlaciarDelPlomo #PatrimonioFerroviario #HistoriaArgentina #MemoriaHistorica #AndesRailway #TransandineRailway #MendozaHistory #RailwayHistory #AndesMountains #HistoricPhotography #ArgentinaHistory #FloodHistory #RailwayHeritage
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domingo, 4 de octubre de 2026
🔥🏛️ 5 DE OCTUBRE DE 1895 — EL DÍA EN QUE SAN CARLOS CAMBIÓ SU HISTORIA: SERGIO CEJAS Y EL NACIMIENTO DEL PODER MUNICIPAL MODERNO
El 5 de octubre de 1895, San Carlos escribió una de las páginas decisivas de su historia institucional. Aquel día, según la cronología histórica incorporada oficialmente por la Honorable Cámara de Diputados de Mendoza, Sergio Cejas fue elegido como primer Intendente Municipal del departamento, en el contexto de la profunda reorganización del régimen municipal mendocino ocurrida durante 1895. No se trataba simplemente de colocar a un nuevo funcionario al frente de la comuna: comenzaba a tomar forma una estructura política que separaba las funciones ejecutivas de las deliberativas y que transformaba la manera en que los departamentos administraban sus intereses locales. San Carlos, cuya Villa había sido fundada el 3 de octubre de 1772 al abrigo del histórico Fuerte de San Carlos, ingresaba así, 123 años después de aquella fundación, en una nueva etapa de organización civil. La documentación legislativa mendocina es particularmente precisa al registrar que el 5 de octubre fue elegido Cejas como primer intendente y que a él correspondió además la organización del primer Concejo Deliberante departamental. Diez días más tarde, el 15 de octubre de 1895, ese cuerpo abrió formalmente sus sesiones bajo la presidencia de Bruno Villegas, completando una secuencia extraordinaria: en apenas diez días San Carlos había puesto en funcionamiento las dos piezas fundamentales de su nuevo gobierno comunal, la Intendencia y el Concejo Deliberante. La transformación no fue un episodio aislado. Los estudios históricos sobre el régimen municipal de Mendoza muestran que la Constitución provincial de 1895 constituyó un punto de inflexión al establecer que los intereses y servicios locales de la Capital y de los departamentos quedaran bajo administraciones municipales organizadas en un Departamento Ejecutivo y otro Deliberativo. La bibliografía especializada también registra una Ley Orgánica de Municipalidades de 1895, conservada originalmente en el Registro Oficial de la Provincia, Tomo I. Por eso conviene precisar un detalle importante: aunque las cronologías mendocinas tradicionales expresan que Sergio Cejas fue elegido “al modificarse la Ley de Municipalidades”, la evidencia consultada permite afirmar con absoluta seguridad la fecha del 5 de octubre para su elección y la existencia de la reforma municipal de 1895, pero no corresponde atribuir específicamente al propio 5 de octubre la sanción de esa ley sin confrontar previamente el ejemplar original del Registro Oficial y las actas legislativas de aquellas jornadas. Esa diferencia, pequeña en apariencia, es fundamental cuando se reconstruye historia documental. Así, aquel sábado 5 de octubre de 1895 quedó señalado como el día en que Sergio Cejas pasó a la historia como el primer Intendente Municipal de San Carlos y comenzó la organización de su primer Concejo Deliberante. Detrás del nombre de un hombre y de una fecha estaba naciendo una nueva forma de gobierno local en uno de los territorios más antiguos y cargados de historia de Mendoza: el mismo San Carlos de los fuertes de frontera, de los parlamentos indígenas y de la presencia sanmartiniana entraba definitivamente en la era de la administración municipal moderna. Fuente resumida: Honorable Cámara de Diputados de Mendoza, Diario de Sesiones del 15 de junio de 2022, Expte. 81532, cronología histórica de San Carlos; estudios históricos sobre el régimen municipal mendocino y la Constitución de 1895; Registro Oficial de Mendoza, referencia bibliográfica a la Ley Orgánica de Municipalidades de 1895; Teresa Alicia Giamportone, Efemérides Mendocinas. #MendozAntigua #SanCarlos #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #EfeméridesMendocinas #SergioCejas #MunicipalidadDeSanCarlos #ConcejoDeliberante #ValleDeUco #PatrimonioMendocino #MemoriaHistórica #MendozaHistory #ArgentineHistory #SanCarlosMendoza #LocalHistory #HistoricMendoza #HistoryMatters
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