miércoles, 7 de octubre de 2026

7 DE OCTUBRE DE 1830 — EL DOCUMENTO QUE QUISO REESCRIBIR LA HISTORIA DE LA BANDERA DE LOS ANDES… Y TERMINÓ BAJO SOSPECHA


El 7 de octubre de 1830 quedó fechado uno de los documentos más intrigantes y polémicos relacionados con la Bandera del Ejército de los Andes: un extenso informe firmado por Gregorio Puebla y dirigido al entonces gobernador de Mendoza, coronel José Videla Castillo. La pieza, que recién cobró notoriedad en 1963, estaba compuesta por seis hojas que parecían haber sido arrancadas de un libro de actas y ofrecía una versión extraordinariamente minuciosa sobre el nacimiento de la histórica enseña sanmartiniana. Según aquel relato, la iniciativa habría comenzado en agosto de 1816 en el ámbito de la familia Corvalán Sotomayor; la tela se habría adquirido en el recordado paraje del “Cariño Botao” y la confección habría comenzado en septiembre para finalizar en diciembre. Pero el aspecto más revolucionario del manuscrito era otro: concedía un papel fundamental a tres religiosas del Monasterio de la Buena Enseñanza —María de las Nieves Godoy, Andrea de los Dolores Espínola y María del Carmen del Niño Dios Correas— y desplazaba parcialmente la tradicional imagen de las Patricias Mendocinas como únicas protagonistas del bordado. Puebla llegaba incluso a describir joyas, piedras preciosas, dimensiones, costos y detalles de la ornamentación de la bandera, construyendo un relato tan preciso que parecía destinado a modificar una de las historias más conocidas de la gesta sanmartiniana. Sin embargo, allí comenzó el verdadero misterio. El prestigioso historiador mendocino Esteban Fontana sometió el escrito a una rigurosa crítica documental en su investigación “Comprobaciones críticas acerca de un inédito documento sobre la Bandera de los Andes” y detectó graves problemas en torno a su autenticidad; investigaciones posteriores vinculadas a la Junta de Estudios Históricos de Mendoza han señalado que el documento de Puebla sería fraguado o apócrifo, aunque contiene numerosos datos verosímiles y abrió nuevas líneas de investigación sobre la verdadera participación de las religiosas. El caso se vuelve todavía más fascinante porque Fontana localizó en el diario mendocino El Ferrocarril, del 3 de diciembre de 1889, una referencia a una supuesta carta de San Martín a la priora de la Buena Enseñanza que atribuía a las monjas participación en el bordado; aquella carta original se habría extraviado décadas después, por lo que tampoco constituye hoy una prueba documental directa disponible para su examen. La investigación histórica moderna obliga entonces a separar dos cuestiones: que el manuscrito atribuido a Gregorio Puebla resulte sospechoso no demuestra que las religiosas no hayan participado, del mismo modo que los relatos tradicionales sobre las Patricias tampoco pueden aceptarse sin crítica. De hecho, estudios posteriores y hasta la interpretación institucional actualmente difundida en Mendoza reconocen una intervención conjunta de damas mendocinas y religiosas en distintos aspectos de la confección y ornamentación de la enseña. Así, el documento fechado aquel 7 de octubre de 1830 terminó adquiriendo un valor histórico inesperado: quizá no sea una ventana transparente hacia 1816, pero sí constituye un extraordinario ejemplo de cómo se construye, se discute y se corrige la memoria histórica. Más de dos siglos después de la creación de la Bandera de los Andes, todavía persiste una pregunta capaz de apasionar a historiadores y mendocinos: ¿quiénes fueron realmente las manos que cosieron y bordaron el símbolo que acompañó al Ejército Libertador a través de la Cordillera? Fuentes consultadas: Esteban Fontana, “Comprobaciones críticas acerca de un inédito documento sobre la Bandera de los Andes”, Revista de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, 2ª época, Nº 5, 1968, desde p. 155; registros bibliográficos de la Academia Nacional de la Historia; Junta de Estudios Históricos de Mendoza; Gobierno de Mendoza, Memorial de la Bandera; Los Andes, investigaciones históricas sobre la Bandera de los Andes y el documento de Gregorio Puebla. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #BanderaDeLosAndes #EjércitoDeLosAndes #JoséDeSanMartín #GregorioPuebla #EstebanFontana #PatriciasMendocinas #CompañíaDeMaría #MonasterioDeLaBuenaEnseñanza #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #SanMartin #ArmyOfTheAndes #FlagOfTheAndes #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalResearch #SouthAmericanHistory

13 DE NOVIEMBRE DE 1971: EL DÍA EN QUE SAN RAFAEL CONSAGRÓ A SUS INGENIEROS ANTE TODA LA NACIÓN


El sábado 13 de noviembre de 1971, San Rafael vivió una jornada decisiva para la historia de su educación superior. La entonces Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria celebró su primera colación de grados con títulos de validez nacional para las carreras de Ingeniería en Industrias de la Alimentación e Ingeniería en Petroquímica y Mineralurgia. La precisión es importante: la institución ya había tenido sus primeros ingenieros egresados en 1968, pero aquel acto de 1971 significó la consagración oficial de sus títulos con reconocimiento en todo el país. La casa de estudios había nacido en 1961 como Instituto Tecnológico Superior de San Rafael y en 1964 se había convertido en Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria, respondiendo a una necesidad concreta del sur mendocino: formar profesionales vinculados con la producción de alimentos, la agroindustria, el petróleo y la actividad química. La ceremonia reunió a importantes autoridades nacionales, provinciales y departamentales. La mesa académica estuvo presidida por el ministro de Cultura y Educación de la Nación, Dr. Gustavo Malek, acompañado por el ministro de Gobierno de Mendoza, contador Sergio A. Ferraris; el intendente de San Rafael, Luis Huerta; y el decano organizador de la Facultad, ingeniero Roberto Marín, entre otras autoridades. Durante aquella visita, Malek fue además declarado huésped de honor del departamento. Tras el ingreso de la bandera de ceremonias y la interpretación del Himno Nacional Argentino, actuó el recordado Coro Andino Pehuenche. En nombre de los egresados habló el ingeniero Fernando Freire, presidente del Centro de Estudiantes, organización que había participado activamente en la lucha por conseguir la validez nacional de los títulos, reclamo que incluso produjo una de las primeras grandes manifestaciones universitarias de San Rafael y recibió un fuerte respaldo de la comunidad. Malek destacó durante su intervención la trascendencia de aquellos primeros diplomas reconocidos nacionalmente y puso especial énfasis en la productividad del país y en la capacidad de los nuevos ingenieros para intervenir en la producción de alimentos. La fotografía conserva precisamente aquel instante: autoridades, docentes y representantes institucionales de pie frente a una extensa mesa académica, en una ceremonia que representaba mucho más que una entrega de diplomas. Era la culminación de una década de esfuerzos para instalar enseñanza universitaria especializada en el sur de Mendoza y el comienzo de una nueva etapa para una institución que, después de atravesar cierres y reaperturas, terminaría incorporándose formalmente a la Universidad Nacional de Cuyo en 1993. Más de medio siglo después, aquella imagen sigue siendo el testimonio de una jornada en la que San Rafael consiguió que la formación de sus ingenieros trascendiera las fronteras provinciales y adquiriera reconocimiento en toda la República Argentina. Fuentes: FCAI–UNCuyo; Adriana Aída García (dir.), Encuentro de saberes. 1939-2017, EDIUNC, 2017, p. 232; Honorable Cámara de Diputados de Mendoza, Diario de Sesiones, 25/08/2021. Fotografía: archivo histórico reproducido por UNCuyo/EDIUNC; autor no consignado. #MendozAntigua #Mendoza #SanRafael #HistoriaDeMendoza #FCAI #UNCuyo #EducaciónPública #Universidad #Ingeniería #Ingenieros #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #MemoriaMendocina #SanRafaelMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalPhotography #UniversityHistory #EngineeringHistory #PublicEducation

🗳️📜 7 DE OCTUBRE DE 1883: CUANDO MENDOZA PUSO EL CUERPO EN EL PADRÓN — EL REGISTRO ELECTORAL QUE ANOTABA PIEL, OJOS Y ESTATURA. (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 7 de octubre de 1883 quedó fechado en Mendoza un documento capaz de sorprender incluso a quienes conocen la historia electoral argentina: una inscripción del Registro Cívico realizada en el entonces Departamento del Rosario —territorio que corresponde al actual Lavalle— en la que los ciudadanos electores eran registrados no solamente mediante datos personales y sociales, sino también a través de características físicas. La pieza puede localizarse con una precisión extraordinaria en el Archivo Histórico de Mendoza: Carpeta 575 bis, Documento 75, bajo el título “Inscripción provincial del Registro Cívico Nacional practicada en Depto. del Rosario”. Su importancia fue señalada por los investigadores Diego Escolar y Leticia Saldi, quienes comprobaron que aquel formulario consignaba color de piel, color de ojos y estatura, además de profesión, edad y capacidad de lectura y escritura. Todavía más llamativo: según su análisis, los datos corporales representaban aproximadamente la mitad de los indicadores incluidos en la grilla. No era, por lo tanto, un simple listado de nombres habilitados para participar de la vida política, sino una verdadera ficha descriptiva de los electores en la que el Estado también convertía el aspecto físico en información administrativa. El contexto vuelve al documento aún más revelador. En Mendoza, la inscripción en el Registro Cívico había sido establecida desde 1864 como paso indispensable para poder sufragar, de modo que esta pieza de 1883 formaba parte de una maquinaria electoral que ya llevaba casi dos décadas de desarrollo. Escolar y Saldi destacan además una paradoja histórica notable: mientras la Argentina avanzaba en la construcción de un Estado moderno y proclamaba una ciudadanía liberal, determinados registros mendocinos continuaban utilizando clasificaciones físicas y socio-biológicas que recordaban antiguas formas de identificar y diferenciar a la población. En documentos civiles y eclesiásticos de aquellos años reaparecieron referencias al “color”, con denominaciones variables según las personas y los lugares, demostrando que aquellas categorías estaban lejos de haber desaparecido completamente de las prácticas burocráticas del siglo XIX. El escenario tampoco es menor: aquel “Departamento del Rosario” era el nombre que entonces llevaba el actual Lavalle, creado como departamento en 1859 y profundamente vinculado a la historia de las comunidades de Huanacache y del norte mendocino. Así, una hoja confeccionada hace 143 años permite observar simultáneamente la historia electoral, social y administrativa de Mendoza y descubrir hasta qué punto el Estado pretendía describir a quienes incorporaba a sus registros. Hoy sabemos exactamente dónde buscar el original que puede convertir esta efeméride en una publicación documental excepcional para MendozAntigua: Archivo Histórico de Mendoza, Carpeta 575 bis, Documento 75.  #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #7DeOctubre #RegistroCívico #Elecciones #ArchivoHistórico #Lavalle #DepartamentoDelRosario #SigloXIX #HistoriaPolítica #PatrimonioDocumental #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #ElectoralHistory #HistoricalDocuments #19thCentury #PoliticalHistory #HistoricalArchives. Fuente: Archivo Histórico de Mendoza, Carp. 575 bis, Doc. 75; Diego Escolar y Leticia Saldi, CONICET, 2018; Gabriela García Garino, UBA; Gobierno de Mendoza.

1904 — LAS DOS LAVANDERAS MÁS VIEJAS DE SAN LUIS: LOS ROSTROS DE UN OFICIO DURO QUE LA HISTORIA CASI DEJÓ EN EL OLVIDO


En 1904, dos mujeres puntanas quedaron inmortalizadas en una de las fotografías sociales más conmovedoras de comienzos del siglo XX. La imagen no es una escena anónima ni una fotografía costumbrista sin contexto: apareció en el monumental Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, elaborado por Juan Bialet Massé por encargo del ministro del Interior Joaquín V. González durante la presidencia de Julio Argentino Roca. En el índice original fue registrada con un título extraordinariamente directo: “San Luis.—Las dos lavanderas más viejas del pueblo”. Más de 120 años después, aquellas mujeres continúan mirándonos desde un paisaje de árboles, tierra y modestia, convertidas sin proponérselo en protagonistas de la historia del trabajo argentino. La fuerza de la fotografía aumenta cuando se lee lo que Bialet Massé observó personalmente en San Luis. Señaló que el trabajo femenino estaba mal remunerado y visitó a lavanderas y planchadoras para conocer sus condiciones de vida. Describió un oficio realizado con recursos mínimos: una batea colocada bajo un árbol o unas ramas, latas reutilizadas para hervir la ropa sobre un fogón formado por unas pocas piedras y una sencilla mesa de álamo. La ropa se tendía incluso sobre los cercos, cuyas espinas podían agujerearla o desgarrarla. Muchas de aquellas trabajadoras eran mujeres criollas que vivían en ranchos humildes, generalmente con pequeñas parcelas de terreno; quienes alquilaban podían pagar entre tres y cinco pesos mensuales. Por el lavado recibían aproximadamente entre 1,20 y 1,30 pesos la docena, sin que se les proporcionaran los elementos necesarios para realizar la tarea. Aquella economía doméstica, invisible para gran parte de la sociedad, sostenía hogares enteros a fuerza de agua, fuego, jabón, frío, calor y horas interminables de trabajo. La fotografía formó parte del conjunto de imágenes incorporado al segundo recorrido de Bialet Massé en 1904, un registro excepcional que documentó trabajadores, talleres, ferrocarriles, bodegas, ingenios y actividades productivas de distintas provincias. El mismo corpus conserva otra escena puntana titulada “Taller de lavado. San Luis”, donde puede apreciarse la extraordinaria precariedad de aquellos espacios de trabajo. El valor de estas imágenes trasciende ampliamente lo fotográfico: son testimonios directos de mujeres cuyos nombres quizá nunca llegaron a los grandes libros de historia, pero cuyo esfuerzo cotidiano formó parte de la construcción económica y social de la Argentina. Hoy, aquellas “dos lavanderas más viejas del pueblo” vuelven a ocupar el lugar que les corresponde: frente a nuestros ojos y dentro de nuestra memoria colectiva. Fuente: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, 1904; Proyecto Bialet y Biblioteca Nacional Mariano Moreno. Fotografía: Rosich (S. C. Rosich).  #SanLuis #HistoriaArgentina #Lavanderas #MujeresTrabajadoras #JuanBialetMassé #FotografíaAntigua #Argentina1904 #MemoriaHistórica #HistoriaSocial #PatrimonioFotográfico #Trabajadoras #HistoriaDelTrabajo #OldArgentina #HistoricPhotography #WorkingWomen #LaundryWorkers #ArgentineHistory #SocialHistory #WomenAtWork #HistoricalMemory

🔥💃👮‍♂️ MENDOZA, 7 DE OCTUBRE DE 1867: CUANDO LA POLICÍA REMATABA EL DERECHO A ABRIR CASAS DE BAILE Y EL DIARIO DENUNCIABA SUS NOCHES DE JUEGO, ALCOHOL Y RIÑAS (IMAGEN ILUSTRATIVA)


Una sorprendente disposición policial nos abre una ventana directa a la vida nocturna y a las costumbres populares de la Mendoza del siglo XIX. Un aviso fechado en la ciudad el 7 de octubre de 1867 y firmado por Deoclecio E. García anunciaba el remate del derecho correspondiente a cuatro “casas de baile”: dos destinadas al Departamento de Ciudad y otras dos al 1.º y 2.º de Campaña. La concesión sería válida únicamente durante lo que restaba de aquel año y existía una condición reveladora del control que ejercía la autoridad: los cuatro establecimientos debían guardar una distancia conveniente entre sí y su ubicación quedaba sometida a la intervención de la Policía. No se trataba, por lo tanto, simplemente de permitir una fiesta, sino de un sistema en el que determinadas diversiones populares estaban sujetas a permisos, fiscalización y explotación mediante remate, convirtiendo el entretenimiento nocturno también en una fuente de recursos públicos. La documentación de ese mismo año demuestra que las llamadas licencias de baile efectivamente producían ingresos: en San Vicente, actual Godoy Cruz, una rendición administrativa de julio de 1867 registró 14 pesos provenientes de esas autorizaciones. Pero la historia adquiere todavía mayor fuerza apenas tres días después. El 10 de octubre El Constitucional publicó una durísima crítica contra las “licencias de bailes” y cuestionó que el propio Estado obtuviera ingresos autorizando establecimientos que el periódico asociaba, desde la mirada moral y social de su época, con el juego, la embriaguez, las peleas, los escándalos y otras conductas consideradas peligrosas. Ese lenguaje debe leerse también como testimonio de los prejuicios y las jerarquías sociales del siglo XIX: el diario dirigía buena parte de sus acusaciones contra los sectores populares y reclamaba que la autoridad actuara como reguladora de la moral pública. El episodio todavía tendría otro capítulo. El 12 de octubre se informó que el remate de las dos casas que debían funcionar en la ciudad no había podido concretarse y la Policía prorrogó la convocatoria hasta el día 15, a las doce, en su propia oficina. Así, detrás de un aparentemente pequeño aviso administrativo aparece toda una Mendoza desconocida: noches de baile, permisos oficiales, dinero, vigilancia policial, distancias obligatorias entre establecimientos, debates sobre moralidad y una prensa que cuestionaba abiertamente al poder por beneficiarse de aquello que al mismo tiempo pretendía controlar. El documento cobra aún más valor porque El Constitucional fue una de las publicaciones fundamentales de la Mendoza decimonónica; en 1867 aparecía los martes, jueves y sábados y su colección constituye hoy parte del patrimonio documental resguardado por la Biblioteca Pública General San Martín. El Gobierno de Mendoza señala que las colecciones de El Constitucional y El Debate fueron declaradas patrimonio cultural provincial mediante el Decreto 2121 de 1999. Más de un siglo y medio después, aquellas páginas permiten escuchar algo que rara vez aparece en las grandes historias políticas: el ruido de las noches mendocinas, los bailes de los sectores populares y el intento del Estado de reglamentar —y recaudar sobre— una parte de aquella diversión. FUENTE: El Constitucional, Mendoza, octubre de 1867: aviso policial del 7 de octubre; “Licencias de bailes”, 10/10/1867, Nº 3.954, p. 2; y aviso policial publicado el 12/10, Nº 3.955, p. 1. Colección conservada en la Biblioteca Pública General San Martín y digitalizada por la UNCuyo. FOTO: Imagen ilustrativa de la Mendoza del siglo XIX. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #7DeOctubre #1867 #CasasDeBaile #HistoriaSocial #VidaCotidiana #PolicíaDeMendoza #ElConstitucional #SigloXIX #HistoriaArgentina #ArchivoHistorico #PrensaHistorica #MemoriaMendocina #MendozaHistory #ArgentineHistory #SocialHistory #19thCentury #DanceHistory #HistoricalNewspapers

EL MAPA QUE CONGELÓ A MENDOZA ANTES DE LA CATÁSTROFE: EL EXTRAORDINARIO “PLAN VON MENDOZA” DE BURMEISTER, 1858


Apenas tres años antes del terremoto del 20 de marzo de 1861 que arrasaría la antigua ciudad, el sabio prusiano Carlos Germán Conrado Burmeister —más conocido en la Argentina como Germán Burmeister— dejó uno de los testimonios cartográficos más extraordinarios de la Mendoza desaparecida. Durante su permanencia en la provincia entre 1857 y 1858 realizó observaciones sobre su geografía, naturaleza, sociedad y estructura urbana, y de aquel trabajo sobrevivieron dos planos originales que décadas después fueron donados por sus descendientes al Museo del Área Fundacional. Uno de ellos es el célebre “Plan von Mendoza”, difundido habitualmente como de 1858 y catalogado en trabajos académicos hacia 1858-1859: un verdadero retrato de la ciudad en vísperas de su destrucción. El plano posee una característica particularmente llamativa: Burmeister colocó el norte hacia arriba, siguiendo la convención cartográfica europea, mientras numerosos planos históricos mendocinos habían representado tradicionalmente el norte hacia la derecha, haciendo que la ciudad apareciera de manera apaisada. Sobre aquella extensa cuadrícula de calles y manzanas, Burmeister señaló edificios, establecimientos y espacios esenciales de la Mendoza decimonónica. Hacia el norte aparece destacado en sepia el sector del Cuartel de Artillería, relacionado con el espacio que hoy ocupa la Plaza Cobo; en azul sobresale Santo Domingo Soriano; hacia el oeste se extiende en verde la histórica Alameda, uno de los paseos más emblemáticos de la ciudad; en amarillo aparece la denominada Manzana Agustina, vinculada entonces con la Biblioteca Pública; y hacia el sur, marcada en rojo, la histórica Manzana Mercedaria. Del lado oriental, una línea turquesa acompaña la llamada “Acequia de la Ciudad”, es decir, el gran canal o Zanjón Cacique Guaymallén, elemento decisivo para comprender el crecimiento y la organización territorial de aquella Mendoza. El investigador Daniel Schávelzon, quien estudió los originales conservados por el Museo del Área Fundacional, señaló además que el plano de la ciudad presenta tachaduras, correcciones, sectores incompletos y una referencia de 23 edificios o lugares, detalles que revelan que estamos frente a un documento de trabajo realizado directamente durante las observaciones de Burmeister y no simplemente ante una copia posterior. Su valor histórico es inmenso: muestra la trama urbana, los edificios religiosos, los cuarteles, los sistemas de riego y los límites de una ciudad que todavía conservaba gran parte de su estructura colonial y que, muy poco después, dejaría de existir tal como él la había conocido. Mirar hoy este “Plan von Mendoza” significa recorrer desde el papel una ciudad perdida: la Mendoza de adobe, acequias, conventos, plazas y alamedas que Burmeister alcanzó a registrar antes de que el terremoto de 1861 dividiera para siempre su historia en un antes y un después. Fuentes: Daniel Schávelzon, “Los planos de Mendoza de Germán Burmeister” (1998); Universidad Nacional de Cuyo; Museo del Área Fundacional; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza y estudios históricos de la Orden de Predicadores. Autor del plano: Carlos Germán Conrado “Germán” Burmeister. Original conservado en el Museo del Área Fundacional (MAF).  #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #PlanVonMendoza #GermánBurmeister #ConradoBurmeister #MuseoDelÁreaFundacional #ÁreaFundacional #CiudadVieja #CartografíaHistórica #PatrimonioMendocino #TerremotoDe1861 #HistoriaArgentina #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricMaps #HistoricalCartography #ArgentinaHistory #UrbanHistory #CulturalHeritage


7 DE OCTUBRE DE 1834 — EL DÍA EN QUE MENDOZA DECLARÓ QUE SU FRONTERA SUR LLEGABA HASTA EL OCÉANO ATLÁNTICO (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 7 de octubre de 1834 quedó asentada en el Registro Ministerial de Mendoza una de las declaraciones territoriales más sorprendentes de la historia provincial: en medio de la construcción de los nuevos Estados provinciales surgidos tras la disolución del poder central, las autoridades mendocinas intentaron fijar jurídicamente hasta dónde alcanzaba su jurisdicción y establecieron que, hacia el sur, la frontera llegaba nada menos que al océano Atlántico. El documento es real y posee respaldo archivístico concreto: el historiador Hernán David Bransboin, de la Universidad de Buenos Aires, lo identificó directamente como A.H.M., Registro Ministerial, 07/10/1834, y reprodujo el pasaje decisivo de aquella resolución: “Por el Sud la costa del océano atlántico; por el Oeste la Cordillera de los Andes...”, dejando el límite oriental pendiente de una futura demarcación acordada con la provincia vecina.  Una investigación académica más reciente aporta todavía mayor precisión: identifica la pieza como AGPM, Época Independiente, Registro Ministerial Nº 100, 7 de octubre de 1834, y señala que la disposición formaba parte de una ley de tres artículos. El primero estaba relacionado con la política provincial hacia las sociedades indígenas del sur; el segundo establecía los límites de la frontera mendocina; y el tercero afirmaba que el espacio así delimitado era considerado, desde entonces, propiedad de la provincia.  Esto no significa que la Mendoza de 1834 ejerciera un dominio efectivo y continuo desde los Andes hasta las playas atlánticas. La verdadera frontera política y militar era muchísimo más compleja: amplios territorios estaban habitados y controlados por pueblos indígenas y las jurisdicciones provinciales todavía eran imprecisas, superpuestas y objeto de disputa. Por eso, lo extraordinario del documento está justamente en lo que revela: una pretensión territorial formulada por Mendoza cuando la organización definitiva del territorio argentino todavía estaba lejos de resolverse. Bransboin vincula aquella declaración con los esfuerzos del gobierno y de la Sala de Representantes por fortalecer el poder provincial sobre la campaña y avanzar hacia el sur en una época marcada por conflictos, circulación ganadera, incursiones y una frontera móvil. Y aquella aspiración no desapareció inmediatamente: una investigación sobre la formación territorial mendocina señala que en 1853 el jefe del Departamento Topográfico recibió la tarea de levantar un plano provincial que alcanzaba, hacia el este y el sur, hasta la Sierra de la Ventana y el Atlántico, demostrando que décadas después seguían existiendo representaciones territoriales muchísimo más extensas que las fronteras actuales. Incluso la extraordinaria cartografía de José Antonio Álvarez Condarco de 1837 —conservada en la Biblioteca Nacional de Brasil, Colección Pedro de Angelis, ARC.009,14,002— representó un espacio que comprende territorios pertenecientes hoy a Mendoza, San Luis, La Pampa, Neuquén y Río Negro, una evidencia visual formidable de cuán distinta era la manera de imaginar y representar el territorio durante la primera mitad del siglo XIX.  A casi dos siglos de distancia, la resolución del 7 de octubre de 1834 constituye un documento excepcional para comprender que el mapa de Mendoza no nació con sus límites actuales: fue el resultado de décadas de disputas, proyectos, mensuras y decisiones políticas. Aquella jornada quedó marcada por una frase extraordinaria escrita en un documento oficial mendocino: hacia el sur, Mendoza declaraba que su frontera alcanzaba la costa del océano Atlántico. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #7DeOctubre #ArchivoHistorico #RegistroMinisterial #HistoriaArgentina #SigloXIX #MendozaFederal #FronteraSur #Patagonia #CartografiaHistorica #MemoriaHistorica #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalMaps #SouthAmericaHistory #PatagoniaHistory #HistoricalArchives #19thCentury

EL TEMPLO QUE EL TERREMOTO NO PUDO BORRAR: SANTO DOMINGO Y LAS CICATRICES DE LA MENDOZA DE 1861


En 1880, casi veinte años después del terremoto que arrasó la antigua Mendoza, la cámara del extraordinario fotógrafo portugués José Christiano de Freitas Henriques Junior registró una de las imágenes más conmovedoras de aquella ciudad desaparecida: las ruinas de la iglesia y convento de Santo Domingo Soriano, un conjunto religioso cuya historia se remontaba prácticamente a los orígenes mismos de Mendoza. Los dominicos habían llegado en 1563 con los frailes Antonio Pérez y Marcos Rengifo, apenas dos años después de la fundación realizada por Pedro del Castillo, y terminaron estableciéndose en la manzana comprendida por las actuales calles José Federico Moreno, Beltrán, Salta y Chacabuco. Allí levantaron su convento, desarrollaron tareas religiosas y educativas y convirtieron el lugar en uno de los grandes centros de la Mendoza colonial. El templo que aparece destruido en las fotografías del siglo XIX tenía detrás una historia dramática: una iglesia anterior fue devastada por un incendio el 26 de diciembre de 1843; en 1844 comenzó su reconstrucción y el nuevo edificio fue bendecido el 15 de julio de 1855, con su fachada orientada hacia el este, sobre la actual esquina de José Federico Moreno y Beltrán. Apenas seis años después, durante la terrible noche del 20 de marzo de 1861, el terremoto volvió a destruirlo casi completamente. Siete de los nueve dominicos que se encontraban en el convento murieron, incluido el prior, mientras la histórica imagen de la Virgen del Rosario pudo ser rescatada entre los escombros. Los dominicos, sin embargo, tomaron una decisión extraordinaria: mientras gran parte de Mendoza trasladaba su centro hacia la nueva ciudad, permanecieron en su antiguo solar y comenzaron nuevamente a levantar iglesia y convento. El nuevo templo fue consagrado el 5 de julio de 1869. En 1876 debieron demolerse sus pesadas torres y en 1880 se estaban construyendo otras más livianas de madera; precisamente esas estructuras quedaron registradas por Christiano Junior junto a las viejas ruinas, aunque una tormenta las derribaría aquel mismo año. Esta identificación permite además separar definitivamente dos conjuntos que suelen confundirse: Santo Domingo no era el antiguo templo jesuítico de la Plaza Mayor. La iglesia de la Compañía de Jesús, situada en las actuales Ituzaingó y Beltrán, pasó a los franciscanos hacia fines del siglo XVIII y es la que hoy conocemos como Ruinas de San Francisco; Santo Domingo ocupaba otra manzana y conservó durante siglos su propio solar. Así, aquella fotografía de 1880 no muestra simplemente paredes derrumbadas: conserva la memoria de una orden establecida en Mendoza desde 1563, de un templo incendiado, reconstruido y nuevamente destruido, de los religiosos muertos bajo los escombros y de una ciudad que, aun rodeada de ruinas, comenzaba una vez más a levantarse. #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #SantoDomingo #Dominicos #TerremotoDe1861 #CiudadVieja #ÁreaFundacional #Mendoza1861 #PatrimonioMendocino #FotografíaHistórica #ChristianoJunior #MemoriaHistórica #OldMendoza #MendozaHistory #HistoricPhotography #Dominicans #Heritage #ArgentinaHistory #Earthquake1861


7 DE OCTUBRE DE 1824 — UNA PÁGINA QUE CONGELÓ A MENDOZA: ESCUELA, JUSTICIA, NEGOCIOS Y EL CRUDO ROSTRO DE LA ESCLAVITUD


El 7 de octubre de 1824 salió de las prensas mendocinas el Nº 3 de El Eco de los Andes, una pieza extraordinaria de la historia del periodismo cuyano que, dos siglos después, permite asomarnos casi directamente a la vida, las ideas y las contradicciones de aquella Mendoza. La fecha está sólidamente documentada: la investigación de Andrea Carina Greco de Álvarez, de la Universidad Nacional de Cuyo, registra la secuencia Nº 1 del 23 de septiembre, Nº 2 del 30 de septiembre y Nº 3 del 7 de octubre de 1824. El periódico era producido por la Imprenta de la Sociedad Lancasteriana y estuvo vinculado a figuras como Juan Gualberto Godoy, Francisco Borja Correas, José Lisandro Calle y José María Salinas, integrantes de aquella generación ilustrada que convirtió a la prensa en escenario de intensas disputas políticas, religiosas e intelectuales. El Eco de los Andes defendía principios asociados con la Ilustración, la libertad de imprenta y la tolerancia, y llegó a enfrentarse abiertamente con publicaciones adversarias como El Amigo del Orden. La investigación académica confirma incluso que en la página 3 de aquel Nº 3 del 7 de octubre apareció uno de los textos de esa polémica periodística.  Pero aquel número resulta todavía más fascinante porque Jorge Enrique Oviedo, en su obra El periodismo en Mendoza, editada por la Academia Nacional de Periodismo, identifica allí la aparición de algunos de los primeros avisos de la prensa mendocina. Uno era prácticamente un comunicado oficial: anunciaba que el lunes 11 se abriría la Escuela Principal mediante el sistema de “Enseñanza Mutua”, bajo la dirección de Fermín Coria y en la casa de Juan Estrella. No se trataba de un detalle menor: Mendoza había adoptado tempranamente el método lancasteriano, en el que los alumnos más adelantados colaboraban como monitores para multiplicar la tarea del maestro, y durante esos años la provincia intentaba extender y organizar esta novedosa modalidad educativa.  En aquellas mismas columnas aparecía una Mendoza mucho más cotidiana. Un aviso pedía que quien hubiese perdido objetos de “plata labrada con marca” acudiera al juez de primera instancia Manuel Valenzuela, que los conservaba en depósito. Otro ofrecía en venta una casa esquina que había funcionado como el “café de Moreno”, situada frente a la propiedad de Ramón Correas, e incluso contemplaba propuestas de quienes no dispusieran del dinero al contado. En unas pocas líneas quedaban así registrados la justicia, la propiedad, el crédito, los cafés y las pequeñas operaciones económicas de una ciudad que apenas comenzaba a construir una verdadera esfera pública impresa. El periódico, que había nacido apenas catorce días antes, se transformaba de ese modo en algo más que una tribuna política: empezaba a parecerse también a aquel espacio donde una sociedad publicaba lo que buscaba, vendía, perdía, necesitaba y discutía. Sin embargo, entre aquellos avisos aparece uno que convierte al ejemplar en un documento especialmente duro y revelador. El texto solicitaba comprar personas esclavizadas “sanas” de entre 18 y 20 años e indicaba a los interesados que acudieran a Nicolás Corvalán. Es una evidencia impresa de una realidad que a veces queda desdibujada cuando observamos el proceso independentista solamente desde sus grandes proclamas de libertad. La Asamblea del Año XIII había establecido en 1813 la llamada libertad de vientres, pero aquella medida no significó la abolición inmediata de la esclavitud: quienes ya permanecían esclavizados continuaron sometidos a ese régimen y podían seguir integrando operaciones de propiedad y compraventa. La abolición general sería consagrada décadas después por la Constitución Nacional de 1853. Por eso el aviso mendocino de 1824 posee una enorme fuerza documental: mientras en la misma edición se anunciaba una escuela concebida para extender la enseñanza, también se publicaba la intención de comprar seres humanos. Educación y esclavitud, modernización y desigualdad, ideales ilustrados y supervivencias de un sistema colonial convivían en las mismas páginas.  El Nº 3 también pertenece a una publicación cuya preservación resulta excepcional. El Eco de los Andes apareció el 23 de septiembre de 1824 y alcanzó 61 números hasta diciembre de 1825. La Universidad Nacional de Cuyo realizó en 1943 una histórica reproducción facsimilar a través de su Instituto de Investigaciones Históricas, con estudio preliminar de Juan Draghi Lucero; las investigaciones posteriores documentaron además ejemplares y colecciones en repositorios como la Biblioteca Nacional de Brasil y la Biblioteca de la Universidad Nacional de La Plata. Gracias a esas tareas de conservación podemos volver hoy sobre una hoja impresa hace 202 años y descubrir algo que ninguna reconstrucción moderna podría expresar con la misma intensidad: cómo era la sociedad mendocina cuando hablaba de sí misma en tiempo presente. Entre las piezas vinculadas con Mendoza que hemos podido verificar públicamente con fecha exacta 7 de octubre, este ejemplar constituye por ahora una de las más antiguas y extraordinarias. No es solamente un viejo periódico: es una auténtica radiografía social de 1824, una página donde quedaron atrapadas la educación que intentaba abrirse camino, la justicia que custodiaba bienes perdidos, el mercado inmobiliario de una pequeña ciudad, los cafés que alimentaban conversaciones y polémicas y, junto a todo ello, la estremecedora persistencia de la esclavitud. DOS SIGLOS DESPUÉS, EL PAPEL TODAVÍA HABLA… Y LO QUE CUENTA ES MENDOZA. Fuentes: Andrea Greco de Álvarez (UNCuyo), Jorge E. Oviedo y reproducción facsimilar de El Eco de los Andes, UNCuyo, 1943. Imagen: ejemplar Nº 36, 19/06/1825; pertenece a la misma publicación, aunque no corresponde al Nº 3 del 7/10/1824. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #7DeOctubre #ElEcoDeLosAndes #PeriodismoMendocino #PrensaHistórica #HistoriaArgentina #SigloXIX #MemoriaHistórica #ArchivoHistórico #HistoriaCuyana #Educación #EnseñanzaMutua #Esclavitud #PatrimonioDocumental #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalNewspapers #PressHistory #CulturalHeritage #HistoricalArchives #SlaveryHistory #NineteenthCentury

martes, 6 de octubre de 2026

1880 - MENDOZA DESPUÉS DEL FIN: LAS RUINAS DEL TEMPLO QUE VIERON DESAPARECER UNA CIUDAD


Hacia 1880, casi dos décadas después de la catástrofe que transformó para siempre a Mendoza, la cámara del fotógrafo portugués José Christiano de Freitas Henriques Junior dejó registrado uno de los testimonios visuales más impresionantes de la antigua ciudad: las ruinas de la Iglesia de San Francisco, el monumental templo levantado originalmente por la Compañía de Jesús junto a la vieja Plaza Mayor. La imagen resulta estremecedora: enormes pilares mutilados, restos de bóvedas, muros abiertos al cielo, bloques de mampostería esparcidos por el terreno y varias personas diminutas frente a una arquitectura que todavía conservaba la escala de su antigua grandeza. Una precisión importante permite actualizar la datación tradicional de esta fotografía: aunque numerosas reproducciones la sitúan hacia 1884, investigaciones históricas identifican en el Archivo Histórico de Mendoza una Serie Christiano Junior fechada en 1880, que incluye la vista de las ruinas de la fachada de la iglesia y el colegio. Además, está documentado que Christiano Junior llegó a Mendoza en marzo de 1880 y que en julio de ese mismo año ya ofrecía públicamente “vistas de las ruinas”, por lo que alrededor de 1880 constituye hoy una datación mucho más sólida para este registro. La historia del lugar se remontaba mucho más atrás. Los jesuitas se establecieron en Mendoza en 1608; en 1609 comenzó a funcionar la enseñanza de primeras letras y en 1616 la residencia alcanzó categoría de Colegio de la Inmaculada Concepción. Entre 1636 y 1640 levantaron un primer templo, destruido por la gran inundación de 1716. Sobre aquel espacio comenzó entonces una construcción mucho más ambiciosa: entre 1716 y 1731 surgieron el nuevo colegio y la gran iglesia de la Inmaculada Concepción, edificados con ladrillo y mortero de cal, con tres naves, bóvedas, crucero y una gran cúpula que convirtió al conjunto en una de las obras arquitectónicas más importantes de la Mendoza colonial. Cuando Carlos III expulsó a la Compañía de Jesús de los dominios españoles en 1767, el complejo quedó bajo la administración de Temporalidades. El fuerte terremoto de Santa Rita del 22 de mayo de 1782 dañó severamente el templo y llegó a discutirse incluso su demolición. Los franciscanos recibieron finalmente el conjunto hacia 1798 y realizaron importantes reparaciones, especialmente en su fachada, iniciándose así la etapa que terminó dando al edificio el nombre con el que atravesaría el siglo XIX: San Francisco. Existe además una particularidad histórica pocas veces recordada: aunque Cuyo fue incorporado políticamente al Virreinato del Río de la Plata en 1776, Mendoza continuó dependiendo eclesiásticamente del Obispado de Santiago de Chile hasta la reorganización iniciada en 1806. Durante la época sanmartiniana el templo quedó íntimamente ligado a la memoria del Ejército de los Andes y llegó a custodiar reliquias fundamentales, entre ellas la imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo, la Bandera del Ejército y el bastón de mando entregado por San Martín a los franciscanos. Todo terminó violentamente la noche del 20 de marzo de 1861. A las 20:36, el terremoto más devastador de la historia mendocina arrasó la antigua capital; el INPRES señala que la destrucción fue prácticamente total y que las víctimas representaron alrededor de un tercio de la población. El templo de San Francisco se desplomó, aunque grandes sectores de sus muros, pilares y fachada permanecieron en pie como gigantescas cicatrices de aquella tragedia. Cuando Christiano Junior llegó diecinueve años después, la nueva Mendoza ya crecía hacia el oeste, pero en la antigua ciudad los escombros seguían hablando. Su cámara no fotografió simplemente un edificio destruido: registró la frontera física entre dos épocas, la Mendoza colonial desaparecida y la ciudad moderna nacida después del terremoto. Aquellos restos fueron preservados y hoy las Ruinas de San Francisco, ubicadas junto a la plaza Pedro del Castillo, son consideradas el único testimonio arquitectónico visible que permanece de la antigua ciudad anterior al gran sismo y fueron reconocidas oficialmente como Monumento Histórico Nacional. Más de un siglo y medio después, estas piedras continúan siendo uno de los documentos más poderosos de la memoria mendocina: el lugar donde una ciudad terminó y otra comenzó. Fuentes: Silvia A. Cirvini (CONICET, Hispania Sacra); Comisión Nacional de Monumentos; Municipalidad de la Ciudad de Mendoza; INPRES; Archivo Histórico del Arzobispado de Mendoza; Abel Alexander y Archivo General de la Nación. Estas investigaciones permiten reconstruir la historia del antiguo templo jesuita, su paso a los franciscanos, los terremotos de 1782 y 1861 y la presencia de Christiano Junior en Mendoza. Fotografía: José Christiano de Freitas Henriques Junior, Ruinas de la antigua Iglesia de San Francisco, ex templo de la Compañía de Jesús, Mendoza, hacia 1880. Esta datación está respaldada por la identificación de la “Serie Christiano Junior (1880), Colección Gómez”, conservada en el Archivo Histórico de Mendoza, y resulta más consistente que la atribución posterior de “ca. 1884”.
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6 DE OCTUBRE DE 1955 — “PROCESO”: EL ENIGMÁTICO DIARIO MENDOCINO QUE DEJÓ ESCRITA LA TRAMA CIVIL DEL GOLPE


El 6 de octubre de 1955, apenas dieciocho días después de que las fuerzas sublevadas se impusieran en Mendoza durante el golpe que derrocó al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, circuló en la provincia un periódico hoy escasamente mencionado y de enorme interés documental: Proceso. La existencia concreta de aquel ejemplar no surge de una referencia vaga ni de una reconstrucción posterior: la historiadora Yamile Álvarez, de la Universidad Nacional de Cuyo, lo utilizó como fuente primaria en su investigación Aportes para una historia de la Revolución Libertadora en Mendoza, publicada en 2016 por la Revista Páginas de la Universidad Nacional de Rosario. Allí aparece identificado con precisión como “Proceso, Mendoza, 6/10/1955, p. 2”, y el trabajo vuelve a registrarlo en su apartado de periódicos como “Proceso, Mendoza, 6 de octubre de 1955”. Su verdadero valor histórico es todavía mayor. Álvarez recurrió a la página 2 de aquel número al reconstruir los antecedentes del general Julio Lagos, quien había sido apartado del Comando del II Ejército y cuyo pase a retiro había tenido repercusión periodística antes de convertirse en una de las figuras centrales del levantamiento en Cuyo. Pero el dato más extraordinario aparece después: la investigadora señala expresamente que la reconstrucción de la existencia y actuación de los comandos civiles mendocinos se realizó mediante testimonios de algunos de sus integrantes y el diario local Proceso del 6 de octubre de 1955. Es decir, aquel ejemplar constituye una fuente contemporánea utilizada para conocer desde dentro uno de los capítulos más complejos de septiembre de 1955 en Mendoza. El golpe había comenzado el 16 de septiembre; Julio Lagos había llegado a Mendoza el día anterior para organizar el levantamiento y mantuvo contactos con oficiales y dirigentes opositores. El 17, parte de las fuerzas de Cuyo se plegó a la rebelión y, durante la mañana del 18 de septiembre, las tropas ingresaron en la capital provincial, ocuparon puntos estratégicos y precipitaron la caída del gobierno de Carlos Horacio Evans. La investigación de Álvarez describe además la participación de grupos civiles vinculados principalmente con sectores de los partidos Demócrata y Radical. Algunos se habían organizado antes del levantamiento y otros se incorporaron como voluntarios después de su triunfo en Mendoza. Recibieron armas y fueron destinados, junto con personal militar, a vigilar lugares considerados estratégicos, entre ellos estaciones, usinas, dependencias policiales y emisoras. La delegación de la Policía Federal fue ocupada con participación de civiles, mientras que LV10 Radio de Cuyo, entonces situada en calle Las Heras, quedó bajo control de un grupo encabezado por Dante D’Angela Patrucco. Precisamente para reconstruir esta actividad, la investigación académica vuelve a señalar como fuente aquel misterioso Proceso del 6 de octubre. Hay además un detalle hemerográfico fascinante: al enumerar las fuentes periodísticas utilizadas, Álvarez menciona las ediciones correspondientes a todo 1955 de Los Andes, La Libertad, La Palabra y La Tarde, mientras que de Proceso individualiza solamente la edición del 6 de octubre de 1955. Esto no permite afirmar que haya sido el único número publicado ni el único ejemplar conservado, pero demuestra la existencia y utilización histórica de esa edición concreta. Para MendozAntigua, hallar físicamente ese periódico, establecer quiénes fueron sus responsables, cuánto tiempo circuló, cuál era su línea editorial y digitalizar íntegramente sus páginas constituiría un verdadero hallazgo para la historia de la prensa mendocina. En la búsqueda digital realizada hasta ahora no encontramos una reproducción completa y abierta de aquel ejemplar de Proceso; sí encontramos imágenes contemporáneas del clima político mendocino, entre ellas ejemplares de Los Andes de comienzos de octubre de 1955 y fotografías de los jefes militares en avenida Colón conservadas y reproducidas por investigaciones del INCIHUSA-CONICET. La Hemeroteca de la Biblioteca Pública General San Martín aparece como uno de los lugares prioritarios para continuar el rastreo, ya que distintos trabajos de UNCuyo la identifican como un repositorio fundamental de la prensa histórica provincial. Setenta y un años después, una sencilla referencia bibliográfica vuelve a abrir una puerta: en alguna colección, hemeroteca o archivo particular podría sobrevivir todavía aquel Proceso del 6 de octubre de 1955, un periódico capaz de devolvernos, página por página, la voz inmediata de una Mendoza que acababa de atravesar uno de los quiebres políticos más profundos del siglo XX. FUENTES CONSULTADAS: Yamile Álvarez, Revista Páginas, UNR, 2016, con cita directa de Proceso, Mendoza, 6/10/1955, p. 2; Repositorio Hipermedial UNR; INCIHUSA-CONICET; Hemeroteca de la Biblioteca Pública General San Martín; Biblioteca Digital UNCUYO. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #Proceso #DiariosAntiguos #PrensaMendocina #Hemeroteca #HistoriaArgentina #RevoluciónLibertadora #GolpeDe1955 #Peronismo #JuanDomingoPerón #JulioLagos #ComandosCiviles #ArchivoHistórico #MemoriaHistórica #Efemérides #6DeOctubre #HistoricalNewspapers #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalArchive #PressHistory #NewspaperHistory #Argentina1955 #HistoryOfArgentina #October6

7 DE OCTUBRE DE 1890 - EL DÍA EN QUE ARGENTINA PUSO ORDEN EN SU MONEDA: PELLEGRINI Y EL NACIMIENTO DE LA CAJA DE CONVERSIÓN


El 7 de octubre de 1890, en uno de los momentos económicos más críticos de la Argentina del siglo XIX, el presidente Carlos Pellegrini promulgó la Ley Nº 2741 que creó la Caja de Conversión, una institución destinada a transformar profundamente la organización monetaria del país. La precisión histórica es importante: la ley había sido sancionada por el Congreso el 3 de octubre y fue promulgada por Pellegrini cuatro días después. La medida llegó apenas dos meses después de la Revolución del Parque, la renuncia de Miguel Juárez Celman y la llegada de Pellegrini a la Presidencia, en medio de una gravísima crisis bancaria, financiera y de confianza en el papel moneda. Hasta entonces, el sistema había permitido que diferentes bancos participaran en la emisión de billetes bajo el régimen de Bancos Nacionales Garantidos, generando una compleja circulación monetaria que la crisis de 1890 terminó por poner contra las cuerdas. La nueva Caja nació precisamente para concentrar y ordenar ese universo: incorporó a la Oficina Nacional de Bancos Garantidos y estableció que las operaciones de emisión, conversión y amortización de la moneda de curso legal debían realizarse por su intermedio. La propia Ley 2741 fue todavía más explícita: entre sus atribuciones figuraban la impresión, habilitación, emisión, conversión y amortización de la moneda de curso legal, además de custodiar los dineros, títulos y valores destinados a respaldarla. También creó un fondo de conversión alimentado por reservas metálicas, garantías y otros recursos públicos, y dispuso que la institución publicara mensualmente su balance, mientras su Directorio debía actuar con independencia dentro de las disposiciones legales. La creación de la Caja no significó, sin embargo, que la Argentina recuperara inmediatamente la plena convertibilidad de sus billetes en oro: la crisis había dejado al sistema sin reservas suficientes y el retorno efectivo a un régimen estable de conversión llegaría recién en 1899, mediante la Ley Nº 3871, que fijó la relación de un peso moneda nacional de papel por 44 centavos de peso oro, equivalente aproximadamente a 2,27 pesos papel por cada peso oro. Desde entonces la Caja se convirtió en una pieza fundamental del sistema monetario argentino, administrando emisiones y reservas metálicas durante distintos períodos de apertura y suspensión del patrón oro. Su existencia se prolongó hasta 1935, cuando sus funciones fueron absorbidas por el recién creado Banco Central de la República Argentina. Por eso, aquel 7 de octubre de 1890 fue mucho más que la creación de una oficina estatal: en medio de una nación sacudida por la crisis, el país comenzaba a construir una autoridad capaz de centralizar el manejo de su moneda, antecedente directo de algunas de las funciones que décadas después quedarían en manos del Banco Central. FUENTES: Ley Nº 2741, texto oficial de la normativa nacional, sancionada el 3/10/1890 y promulgada el 7/10/1890; historia institucional y monetaria del Banco Central de la República Argentina; Ley Nº 3871 de conversión monetaria de 1899; El Arcón de la Historia Argentina. #CarlosPellegrini #CajaDeConversión #HistoriaArgentina #Argentina1890 #HistoriaEconómica #MonedaArgentina #PesoMonedaNacional #BancoCentral #Efemérides #HistoriaFinanciera #PatrimonioHistórico #ArgentineHistory #CarlosPellegrini #CurrencyHistory #MonetaryHistory #EconomicHistory #ArgentinaHistory #CentralBank #HistoricArgentina


6 DE OCTUBRE DE 1934 — EL DÍA EN QUE MENDOZA CONVIRTIÓ EL ARTE EN INSTITUCIÓN: LA HISTÓRICA LEY Nº 1107 CONSAGRÓ SU ACADEMIA PROVINCIAL DE BELLAS ARTES (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 6 de octubre de 1934 quedó marcado como una fecha fundamental en la historia cultural mendocina: mediante la Ley Provincial Nº 1107, el Estado oficializó la Academia Provincial de Bellas Artes, institución que había nacido el 20 de mayo de 1933 por impulso de un extraordinario grupo de artistas, intelectuales y arquitectos, entre ellos Vicente Lahir Estrella, Arturo y Manuel Civit, Fidel de Lucía, Roberto Azzoni, Fidel Roig Matons, Rafael Cubillos, Pablo Vera Sales y otros protagonistas de aquella generación. La Academia había iniciado sus actividades en los altos del antiguo Teatro Municipal, frente a la Plaza San Martín, en la esquina de España y Gutiérrez, con una concepción especialmente avanzada para su tiempo: acercar la enseñanza artística a sectores amplios de la sociedad y vincular las bellas artes con los oficios, la arquitectura y las artes aplicadas. La Ley Nº 1107 fue mucho más que una simple formalidad administrativa: dispuso que la comisión directiva presentara al Poder Ejecutivo sus Estatutos y Plan de Estudios y determinó que el Museo Provincial de Bellas Artes quedara integrado con la Academia bajo la conducción de un único Consejo Directivo de Bellas Artes, presidido por el director de la institución. El artículo 7 establecía expresamente la anexión del Museo, abriendo paso a un ambicioso proyecto educativo y cultural que contemplaba biblioteca, sala de conferencias, publicaciones, becas e incluso la idea de un “museo rodante” destinado a extender el acceso al arte. El proceso continuó el 17 de julio de 1935, cuando el Poder Ejecutivo aprobó los Estatutos y el Plan de Estudios, consolidándose la denominación “Academia Provincial de Bellas Artes y Escuela de Artes Decorativas e Industriales de Mendoza”. Su estructura educativa llegó a organizarse en ciclos preparatorio, intermedio y superior, con formación en dibujo, pintura, grabado, dibujo arquitectónico y otras disciplinas, convirtiendo a la institución en uno de los grandes semilleros artísticos de Mendoza. El impacto de aquella decisión atravesó generaciones: la antigua Academia es reconocida por la Dirección General de Escuelas como antecedente directo de la actual Escuela Nº 4-024 Bellas Artes, institución que continúa dedicada a la formación en artes visuales. Existe además una pista documental particularmente valiosa para continuar la investigación: los estudios de la UNCuyo identifican el Proyecto de Ley en el Diario de Sesiones del Honorable Senado de Mendoza del 27 de agosto de 1934, página 421, y la Ley Nº 1107 en la Recopilación de Leyes de la Provincia, segunda serie, tomo V. Hasta el momento no encontramos publicado el número del expediente legislativo original, por lo que el Archivo de la Legislatura y el Registro Oficial provincial constituyen los siguientes fondos concretos donde rastrearlo. Aquel 6 de octubre de 1934 Mendoza hizo algo más que oficializar una escuela: convirtió la enseñanza del arte en una política pública y dio respaldo institucional a una generación que estaba decidida a pintar, grabar, esculpir y construir una identidad cultural propia para la provincia. Fuentes consultadas: Cuadernos de Historia del Arte de la UNCuyo; “60 años de Bellas Artes”, de María Eugenia Herrera Tejón; trabajos de Marta Castellino y Mariana Serbent; Diario de Sesiones del Senado de Mendoza; y Dirección General de Escuelas de Mendoza. #AcademiaProvincialDeBellasArtes #BellasArtesMendoza #Ley1107 #Mendoza1934 #HistoriaDeMendoza #ArteMendocino #CulturaMendocina #PatrimonioCultural #VicenteLahirEstrella #ArturoCivit #ManuelCivit #EducaciónArtística #MendozAntigua #MendozaArt #ArgentineArt #ArtHistory #FineArts #CulturalHeritage #ArtEducation #HistoryOfMendoza


1891 - LA NOCHE EN QUE MENDOZA DESAPARECIÓ: SAN FRANCISCO, LAS RUINAS QUE SOBREVIVIERON AL TERREMOTO Y AL NACIMIENTO DE UNA NUEVA CIUDAD


En 1891, treinta años después de la catástrofe que cambió para siempre la historia de Mendoza, una cámara registró esta extraordinaria escena frente a las Ruinas de San Francisco: un elegante carruaje, jinetes, transeúntes y, detrás de ellos, los gigantescos fragmentos del antiguo templo elevándose todavía sobre el corazón de la ciudad destruida. Aquellos muros eran las cicatrices visibles de la noche del 20 de marzo de 1861, cuando a las 20:36 un terremoto de intensidad IX en la escala Mercalli arrasó prácticamente la antigua capital mendocina. El Instituto Nacional de Prevención Sísmica lo considera el terremoto porcentualmente más destructivo de la historia argentina y uno de los grandes desastres sísmicos del siglo XIX: las cifras de víctimas varían según las fuentes históricas, pero la documentación provincial registra 4.247 muertos y alrededor de un millar de heridos, mientras otros cálculos históricos elevaron considerablemente aquella cifra. Después de los derrumbes llegaron los incendios provocados por lámparas y elementos de iluminación encendidos, el desborde de aguas y acequias, el hambre, los saqueos y una desesperada carrera por rescatar sobrevivientes enterrados bajo adobe, ladrillos y vigas. En medio del desastre sobresalieron figuras como el coronel Juan de Dios Videla y el joven Manuel José Olascoaga, quien había perdido a sus propios familiares y aun así colaboró en la organización del auxilio, el restablecimiento del orden y un improvisado servicio postal desde el cual partieron mensajes hacia Buenos Aires, San Juan y Chile solicitando ayuda. Desde el otro lado de la Cordillera también llegaron socorros; está documentada, entre otras actuaciones, la del médico chileno Wenceslao Díaz, que acudió a asistir a las víctimas. Pero el terremoto no solamente destruyó edificios: obligó a imaginar otra Mendoza. Después de intensos debates sobre si reconstruir sobre las mismas ruinas o trasladar el núcleo urbano, se impuso la creación de una nueva ciudad aproximadamente un kilómetro hacia el sudoeste, sobre terrenos de la antigua Hacienda de San Nicolás. El agrimensor e ingeniero Julio Gerónimo Balloffet intervino decisivamente en su trazado, concebido con amplias calles, grandes espacios abiertos y cinco plazas articuladas alrededor de la actual Plaza Independencia; sus planos estuvieron además entre los primeros del medio mendocino en incorporar el sistema métrico decimal, cuando todavía persistían medidas tradicionales como la vara. Mientras nacía esa nueva Mendoza, la vieja ciudad quedó marcada por sus ruinas, y ninguna resultó tan poderosa como la de San Francisco. Su historia comenzaba mucho antes del terremoto: los jesuitas se habían establecido en Mendoza en 1608 y el gran templo que vemos destruido en la fotografía fue levantado durante la primera mitad del siglo XVIII, entre 1716 y 1731, consagrado a la Inmaculada Concepción y vinculado al colegio de la Compañía de Jesús. Tenía tres naves abovedadas, crucero, cúpula, presbiterio y coro. Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el complejo atravesó diferentes usos hasta que fue entregado definitivamente a los franciscanos hacia 1798; por eso debe corregirse la idea de que ya pertenecía a esa orden en 1788. El edificio había sufrido graves daños durante el terremoto de Santa Rita de 1782 y posteriormente fue reparado, pero nada pudo resistir la violencia de 1861. Aquel lugar estaba además unido profundamente a la epopeya sanmartiniana: allí se bendijo y juró por primera vez la Bandera del Ejército de los Andes y una de sus capillas estuvo vinculada al culto de Nuestra Señora del Carmen de Cuyo. En 1941 las ruinas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional y hoy, en Ituzaingó y Beltrán, junto a la Plaza Pedro del Castillo, constituyen los únicos grandes restos visibles en pie de aquella Mendoza colonial desaparecida. La fotografía de 1891 resulta así mucho más que una postal antigua: mientras los caballos, el carruaje y los hombres continúan su camino delante de los muros quebrados, la imagen captura dos ciudades al mismo tiempo, la Mendoza colonial que había quedado sepultada en 1861 y la nueva Mendoza que avanzaba hacia el siglo XX. Es la extraordinaria fotografía de una ciudad que perdió su centro, enterró a miles de sus habitantes y, literalmente, tuvo que volver a levantarse desde los escombros. #Mendoza #MendozAntigua #MendozaAntigua #TerremotoDe1861 #RuinasDeSanFrancisco #ÁreaFundacional #HistoriaDeMendoza #PatrimonioMendocino #CiudadVieja #Jesuitas #SanFrancisco #ManuelOlascoaga #JulioBalloffet #MemoriaHistórica #FotografíaHistórica #ArgentinaAntigua #MendozaHistory #OldMendoza #MendozaEarthquake #SanFranciscoRuins #HistoricPhotography #ArgentineHistory #CulturalHeritage. FUENTES CONSULTADAS: INPRES; Comisión Nacional de Monumentos; Gobierno de Mendoza; Instituto Geográfico Nacional; Museo Histórico Nacional; investigaciones de Daniel Schávelzon y CONICET sobre el Área Fundacional; Academia Nacional de la Historia; y estudios de la UNCuyo sobre el terremoto de 1861, las Ruinas de San Francisco, Manuel Olascoaga, la ayuda chilena y la reconstrucción urbana de Mendoza. Fotografía: autor no identificado. Ruinas de San Francisco, Ciudad de Mendoza, 1891. Archivo General de la Nación, Departamento de Documentos Fotográficos, Caja 3039, inv. 410.

6 DE OCTUBRE DE 1906: CUANDO LAS HUELGAS SACUDÍAN A MENDOZA Y LOS ANDES ADVERTÍA SOBRE UNA “ENÉRGICA REPRESIÓN”


El 6 de octubre de 1906, mientras Mendoza atravesaba una profunda transformación económica y social impulsada por la vitivinicultura, el ferrocarril, la inmigración y el crecimiento urbano, las páginas de Los Andes reflejaban otro fenómeno que comenzaba a adquirir una fuerza imposible de ignorar: la organización y protesta de los trabajadores. En su edición de aquel día, página 5, el diario abordó los conflictos huelguísticos y sostuvo que algunos huelguistas no siempre recurrían a medios legítimos para conseguir sus objetivos, llegando a considerar que determinadas acciones violentas podían “justificar una enérgica represión”. El pasaje fue recuperado décadas después por el historiador Rodolfo Richard-Jorba en una investigación del CONICET sobre la conflictividad social mendocina entre 1890 y 1916, donde demuestra que la prensa provincial adoptaba posiciones diversas —y en ocasiones contradictorias— frente al avance de las reivindicaciones obreras. No debemos interpretar aquella referencia como prueba de una huelga iniciada específicamente el 6 de octubre: su enorme valor histórico reside en que se trata de un documento periodístico publicado exactamente ese día y que permite saber qué estaban leyendo y discutiendo los mendocinos hace 120 años. La nota apareció en una época de salarios bajos, atrasos en los pagos, extensas jornadas y precarias condiciones laborales que habían favorecido el crecimiento de las protestas; los ferroviarios estaban entre los sectores mejor organizados y habían protagonizado importantes reclamos, mientras trabajadores de otros oficios comenzaban también a recurrir a huelgas y acciones colectivas. El clima social de aquel octubre resulta todavía más significativo porque apenas dieciséis días después, el 22 de octubre de 1906, Mendoza promulgó la Ley 371 de Descanso Dominical, uno de los primeros avances provinciales en la regulación de las relaciones laborales, posteriormente reglamentado por el Decreto 384 del 21 de noviembre. La norma establecía el descanso dominical en establecimientos urbanos y rurales, aunque con numerosas excepciones, y otorgaba una protección especial a mujeres y niños, mientras el servicio doméstico permanecía fuera de buena parte de esas garantías. Así, aquella pequeña referencia de la página 5 de Los Andes se convierte en una poderosa ventana hacia una Mendoza muy distinta: una provincia enriquecida por la expansión agroindustrial, pero atravesada al mismo tiempo por fuertes desigualdades, trabajadores que comenzaban a organizarse, empresarios preocupados por la creciente conflictividad y un Estado que oscilaba entre las primeras regulaciones sociales, la mediación y la represión. Más que una simple noticia, aquel ejemplar del 6 de octubre de 1906 conserva la huella de una época en la que el mundo del trabajo mendocino empezaba a reclamar con creciente fuerza salarios, descanso, mejores condiciones y reconocimiento, mientras la sociedad discutía hasta dónde podían llegar esas demandas y cómo debía responder el poder frente a ellas. FUENTES CONSULTADAS: Los Andes, 6 de octubre de 1906, p. 5; Rodolfo Richard-Jorba, estudio sobre los conflictos sociales en Mendoza entre 1890 y 1916, Prohistoria/CONICET; Registro Oficial de Mendoza, Ley 371 y Decreto 384 de 1906; Biblioteca Digital UNCuyo y hemeroteca de Los Andes. La investigación académica confirma la referencia exacta del diario y la utiliza para analizar la postura de la prensa mendocina frente a las huelgas y los conflictos obreros. #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #6DeOctubre #LosAndes #MovimientoObrero #HistoriaObrera #Huelgas #Trabajadores #DerechosLaborales #Ferrocarriles #HistoriaSocial #ArchivoHistórico #Hemeroteca #MemoriaMendocina #MendozaHistory #LaborHistory #WorkersHistory #WorkersRights #HistoricNewspapers #ArgentineHistory

1904: LA VENDIMIA QUE QUEDÓ CONGELADA EN EL TIEMPO — DECENAS DE COSECHADORES PESAN LA UVA EN UNA HISTÓRICA VIÑA DE MENDOZA


A comienzos del siglo XX, cuando Mendoza aceleraba su transformación en una de las grandes regiones vitivinícolas de la Argentina, una cámara detuvo para siempre esta extraordinaria escena de vendimia: decenas de hombres y mujeres aparecen entre interminables hileras de vides, rodeados de recipientes rebosantes de uva y concentrados alrededor del punto donde se pesaba la cosecha. La fotografía integró el monumental relevamiento realizado en 1904 por Juan Bialet Massé para su Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República, una investigación encargada por el Poder Ejecutivo mediante decreto del 22 de enero de aquel año, durante la presidencia de Julio Argentino Roca y la gestión del ministro del Interior Joaquín V. González. Bialet no se limitó a estudiar estadísticas: recorrió establecimientos, habló con trabajadores y empresarios, observó salarios, jornadas, viviendas, higiene, alimentación y condiciones laborales, y en su segundo recorrido incorporó 132 fotografías tomadas en Tucumán, Córdoba, San Luis, Mendoza y San Juan. Esta imagen resulta especialmente valiosa porque permite observar la organización de una vendimia de hace más de 120 años: cuadrillas numerosas distribuidas entre las hileras, grandes recipientes para reunir y transportar la uva y, en primer plano, el momento decisivo del pesaje, operación fundamental para controlar la cantidad recolectada y organizar el ingreso de la materia prima al circuito de elaboración. Pero una revisión de las fuentes originales permite además corregir un dato que se ha difundido de manera equivocada: aunque el actual Proyecto Bialet presenta la fotografía dentro de su apartado dedicado a San Juan bajo el título “Viña de Srs. Kaller y Pirasso. Pesando la cosecha”, el índice de láminas de la edición histórica del propio Informe la identifica expresamente como “Mendoza.—Viña de los señores Kalles y Parasso.—Cosechando y pesando la uva”, en la página 585, y una reproducción facsimilar conserva también el rótulo “MENDOZA” junto a la escena. Por esa razón, la atribución documental más sólida sitúa esta extraordinaria vendimia en la provincia de Mendoza. La imagen pertenece además a un momento decisivo: en 1903 la vitivinicultura mendocina ya estaba dominada por establecimientos capaces de elaborar millones de litros de vino y por una creciente red de viñas, bodegas, tonelerías, ferrocarriles y trabajadores permanentes y temporarios. Bialet Massé fue especialmente crítico con las relaciones laborales que encontró en Cuyo y defendió el conocimiento práctico del obrero criollo frente a quienes atribuían los problemas productivos exclusivamente a los trabajadores. Más de un siglo después, aquellos rostros anónimos reunidos frente a la balanza representan mucho más que una antigua cosecha: son los hombres y mujeres cuyo esfuerzo cotidiano sostuvo la formidable expansión vitivinícola que transformó para siempre la economía, el paisaje y la identidad de Mendoza.  #Mendoza #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Vendimia #VendimiaMendocina #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #TrabajadoresRurales #JuanBialetMassé #ArchivoFotográfico #FotografíaHistórica #Cuyo #Viñedos #MemoriaHistórica #WineHistory #MendozaHistory #VintageHarvest #GrapeHarvest #VineyardHistory #ArgentineWine #HistoricPhotography #WineHeritage - FUENTES CONSULTADAS: Juan Bialet Massé, Informe sobre el estado de las clases obreras en el interior de la República (1904), índice original de láminas y reproducción facsimilar; Biblioteca “Dr. Juan Bialet Massé”; Proyecto Bialet e investigaciones sobre vitivinicultura mendocina. La fuente original ubica la fotografía en Mendoza y registra los apellidos “Kalles y Parasso”, mientras que reproducciones posteriores presentan variantes como “Kaller” y “Pirasso”. No existe evidencia suficiente para identificar a Parasso/Pirasso con Luis Tirasso.

6 DE OCTUBRE DE 1797 — EL HOMBRE QUE HIZO DE LA CARRETA UN IMPERIO: JUSTO ALVARADO Y LAS MÁS DE 30 CARRETAS QUE UNIERON MENDOZA CON BUENOS AIRES (IMAGEN ILUSTRATIVA)


El 6 de octubre de 1797, cuando Mendoza formaba parte del Virreinato del Río de la Plata y todavía faltaban casi nueve décadas para que el ferrocarril alcanzara la provincia, Justo Alvarado dejó asentado su testamento ante escribano. Aquella escritura, que hoy constituye una verdadera ventana hacia la economía mendocina del siglo XVIII, quedó individualizada en la documentación histórica como “Testamento de Justo Alvarado, Mendoza, 6 de octubre de 1797. AHM, Protocolo de Escribanos Nº 133, folio 137 vuelta”. El documento adquirió especial relevancia gracias a las investigaciones del historiador Pablo Lacoste sobre los troperos mendocinos y el transporte terrestre colonial, porque permite reconstruir una extraordinaria historia de trabajo, acumulación de capital y movilidad social. Alvarado no parece haber iniciado su vida económica rodeado de una gran fortuna: al casarse declaró haber aportado diez varas de terreno en el sitio de su morada y 54 pesos correspondientes a un terreno que le pertenecía por legítima herencia paterna, mientras que el resto del valor de sus propiedades había sido adquirido con los bienes gananciales obtenidos durante el matrimonio. Con los años consiguió construir una posición económica considerable y se convirtió en uno de aquellos hombres imprescindibles para mantener comunicado el territorio. Lacoste lo identifica como un tropero frecuente de la ruta Buenos Aires–Mendoza y señala que llegó a poseer terrenos cultivados con alfalfa y una impresionante flota de más de treinta carretas. En aquella Mendoza anterior a locomotoras, camiones y rutas pavimentadas, semejante cantidad de vehículos representaba un verdadero capital empresarial: cada carreta necesitaba bueyes, aperos, trabajadores, mantenimiento, provisiones y una compleja organización para atravesar cientos de kilómetros de llanuras, ríos y travesías casi despobladas. Los estudios realizados sobre los registros de la Aduana mendocina muestran hasta qué punto aquella ruta constituía una gigantesca arteria comercial: en una muestra correspondiente a distintos años de fines del siglo XVIII se registraron 15.209 movimientos de carretas, de los cuales 14.345 —más del 94 %— estuvieron vinculados con el eje Mendoza–Buenos Aires. El negocio podía ser extraordinariamente rentable, aunque estaba lejos de ser sencillo: el flete de una sola carreta entre ambas ciudades se cotizaba aproximadamente entre 80 y 125 pesos, mientras una carreta y su correspondiente boyada podían alcanzar valores comparables, aunque al ingreso bruto había que descontarle peones, animales, alimentación, reparaciones y numerosos riesgos del camino. Las caravanas debían recorrer más de doscientas leguas, vadear varios ríos y atravesar enormes extensiones donde disponer de agua, alimento y animales de recambio era una cuestión vital. Por esos caminos circulaban vinos y aguardientes cuyanos, yerba mate, herramientas, productos manufacturados, correspondencia y otras mercancías que enlazaban Mendoza con los mercados rioplatenses y, a través de la posición estratégica de Cuyo, con circuitos comerciales que continuaban hacia Chile y el Pacífico. Las carretas eran tan importantes para aquella economía que podían comprarse, venderse, heredarse e incluso utilizarse como garantía de préstamos, demostrando que eran mucho más que simples vehículos: constituían auténticos medios de producción. Justo Alvarado aparece así como un ejemplo excepcional de aquella sociedad dinámica que creció alrededor del comercio terrestre mendocino. Su trayectoria permite comprender que, mucho antes de la llegada del ferrocarril a Mendoza en 1885, existió una formidable red de empresarios del transporte capaces de invertir capital, contratar trabajadores, organizar grandes caravanas y asumir enormes riesgos para mantener abierta la comunicación entre Cuyo y el Río de la Plata. El testamento fechado aquel 6 de octubre de 1797 no es solamente el último registro patrimonial de un vecino de Mendoza: es también el testimonio de una época en la que treinta carretas podían representar una verdadera fortuna y en la que hombres como Justo Alvarado ayudaron, rueda tras rueda y viaje tras viaje, a construir uno de los grandes corredores comerciales de la Mendoza colonial. FUENTES: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Protocolo Nº 133, fol. 137v., Testamento de Justo Alvarado, 6/10/1797. Pablo Lacoste, estudios sobre troperos y transporte carretero Mendoza–Buenos Aires, Estudos Ibero-Americanos, 2005. Gobierno de Mendoza e IADIZA-CONICET. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza #JustoAlvarado #Troperos #Carretas #CaminoReal #HistoriaArgentina #MendozaColonial #ComercioColonial #SigloXVIII #ArchivoHistorico #PatrimonioDocumental #HistoriaEconomica #BuenosAires #ColonialMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #WagonTrain #ColonialTrade #HistoricMendoza #SouthAmericanHistory

MENDOZA 1764: EL MAPA QUE INMORTALIZÓ LA CIUDAD DE BARRO — TEMPLOS, ACEQUIAS, TAPIAS Y EL CORAZÓN JESUITA ANTES DE LA EXPULSIÓN


En 1764, cuando Mendoza todavía pertenecía al Corregimiento de Cuyo y formaba parte de la Capitanía General de Chile, una extraordinaria representación cartográfica dejó congelada sobre el papel la fisonomía de aquella pequeña ciudad colonial levantada entre acequias, huertas, viñedos, iglesias y enormes muros de tierra. Se trata del célebre Plano de los Bethlemitas, conservado en el Archivo Nacional de Chile, Sección Capitanía General, cuya identificación archivística publicada es “Plano de Mendoza y tierras del Convento de Betlehemitas”, año 1764, volumen 1006, foja 242. Algunas investigaciones también lo denominan Plano de 1761/1764, reflejando la cronología del proyecto y de la instalación betlemita en Mendoza.  Su origen está directamente relacionado con la llegada de la Orden de los Betlemitas y con el proyecto de establecer el Hospital de San Antonio, convento e iglesia, una institución destinada a transformar la asistencia sanitaria de la Mendoza colonial. Lejos de ser un simple croquis, este documento constituye una de las primeras representaciones detalladas de la ciudad realmente existente: una cartografía anterior, de 1754, ya había registrado propiedades y viñas, pero el plano de 1764 alcanzó un nivel figurativo excepcional, dibujando edificios, tapias, huertas, cursos de agua e incluso las viñas del sitio de San Antonio.  Allí aparece el antiguo núcleo urbano organizado alrededor de la Plaza Mayor —actual Plaza Pedro del Castillo—, identificada con el Nº1; la Iglesia Matriz con el Nº2; el Cabildo con el Nº8; y, de manera especialmente significativa, con el Nº3, el gran conjunto de la Compañía de Jesús, que incluía iglesia, colegio, casas y dependencias. Por eso, más que identificar únicamente una iglesia, el número 3 señala uno de los complejos religiosos, educativos y arquitectónicos más importantes de la Mendoza del siglo XVIII. La investigación de Silvia Cirvini permite precisar aún más lo que estamos viendo: aquella manzana jesuita ocupaba el espacio delimitado aproximadamente por las actuales calles Ituzaingó, Chacabuco, José Federico Moreno y Beltrán. La iglesia se levantaba en el ángulo sudeste, junto a la actual esquina de Ituzaingó y Beltrán, y su fachada principal miraba hacia el este, sobre la entonces llamada calle de La Cañada, actual Ituzaingó. El plano de 1764 posee además un valor extraordinario porque constituye el principal testimonio gráfico conocido del conjunto jesuita mendocino antes de la expulsión de la Compañía de Jesús de los dominios españoles en 1767.  Aquella iglesia es el antecedente directo del edificio que posteriormente ocuparon los franciscanos y cuyas ruinas, destruidas parcialmente por el terremoto de 1861, sobreviven hoy como las históricas Ruinas de San Francisco, uno de los pocos lugares donde todavía es posible encontrarse materialmente con aquella Mendoza colonial.  Pero quizá uno de los aspectos más fascinantes del Plano de los Bethlemitas sea que no representa el territorio con una única escala. Ricardo Ponte explicó su singularidad como una composición de tres espacios cartográficos reunidos en una misma lámina: por un lado, el casco urbano; por otro, la relación entre la ciudad, la iglesia de La Merced, el futuro Hospital de San Antonio y la antigua “Acequia de la Ciudad”, cuyo recorrido atravesaba el sector de la actual calle Alberdi de San José; y finalmente una ampliación del propio sitio de San Antonio, representado a una escala mucho mayor. Esa superposición explica las aparentes deformaciones de distancias: el objetivo no era producir un mapa moderno matemáticamente uniforme, sino mostrar simultáneamente los lugares fundamentales para comprender la implantación betlemita.  En ese sector aparece el futuro Hospital de San Antonio —señalado con el Nº15— rodeado por tierras, acequias y áreas cultivadas. El predio dibujado poseía aproximadamente 100 varas en uno de sus lados y 80 en el frente norte; una acequia recorría sus bordes sur y este y, junto a ella, se representaba una saucería, mientras hacia el fondo aparecían expresamente las “viñas”. El propio INCIHUSA-CONICET destaca que el plano es el primero conocido de Mendoza donde las viñas aparecen dibujadas dentro de la representación urbana. Otro detalle extraordinario son las líneas que cercan numerosos terrenos: no son simples divisiones gráficas. Representan los tapiales que configuraban buena parte del paisaje cotidiano mendocino. Estos muros se construían compactando tierra ligeramente húmeda dentro de moldes o encofrados de madera que se desplazaban a medida que avanzaba la obra; en Mendoza este sistema también fue conocido como “adobón”, y la parte superior podía protegerse de las lluvias mediante paja o tejas. Casas, patios, viñas, huertas y conventos quedaban así encerrados por enormes paredes de tierra, razón por la cual aquella Mendoza anterior al terremoto de 1861 puede comprenderse verdaderamente como una auténtica “ciudad de barro”.  El plano es, por lo tanto, mucho más que una curiosidad cartográfica de hace más de dos siglos y medio: es una ventana excepcional hacia una ciudad desaparecida, permite reconocer cómo el agua organizaba el territorio, cómo los conventos estructuraban la vida urbana, dónde se extendían las viñas y huertas, qué importancia tenían los tapiales y cómo se relacionaban la ciudad española y el paisaje agrícola que la rodeaba. Allí, en unas pocas líneas, números y dibujos, quedaron atrapadas la arquitectura, la economía, la religión y la memoria de la Mendoza colonial. Y en medio de aquel extraordinario escenario, el pequeño Nº3 marca todavía el lugar donde se levantaba el poderoso conjunto de la Compañía de Jesús, apenas tres años antes de que la expulsión de los jesuitas cambiara para siempre su destino.  #MendozAntigua #MendozaAntigua #Mendoza1764 #PlanoDeLosBethlemitas #Bethlemitas #CiudadDeBarro #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #CompañíaDeJesús #Jesuitas #HospitalSanAntonio #RuinasDeSanFrancisco #ÁreaFundacional #PlazaPedroDelCastillo #AcequiasDeMendoza #PatrimonioMendocino #CartografíaHistórica #HistoriaArgentina #ColonialMendoza #OldMendoza #HistoricMendoza #HistoricalMaps #ColonialHistory #JesuitHistory #UrbanHistory #CulturalHeritage

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