jueves, 30 de julio de 2026

FEBRERO DE 1818: VEINTE GAUCHOS CONTRA DOSCIENTOS REALISTAS — ACOYTE, LA HAZAÑA QUE CONSAGRÓ AL “INTRÉPIDO”


¿Puede una veintena de gauchos derrotar a una columna militar diez veces mayor? En febrero de 1818, entre las montañas y quebradas de la Puna salteña, la respuesta fue escrita con coraje, inteligencia y una extraordinaria confianza en el territorio. Allí, cerca de Acoyte, en el actual departamento de Santa Victoria, veinte hombres comandados por Bonifacio Ruiz de los Llanos se enfrentaron a unos doscientos soldados realistas pertenecientes a las fuerzas del general Pedro Antonio Olañeta. Ruiz de los Llanos no era un improvisado. Nacido en Salta en 1791, había iniciado su carrera militar en el Regimiento de Patricios de Salta y combatido junto al Ejército del Norte en algunas de las jornadas más decisivas y dolorosas de la independencia: Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma. Más tarde se incorporó a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes, participando en aquella resistencia popular que convirtió a gauchos, campesinos, indígenas y milicianos de la región en el muro que contenía las invasiones procedentes del Alto Perú. Cuando la columna realista apareció avanzando por la Puna, la diferencia parecía imposible de superar: eran veinte contra cerca de doscientos. Sin embargo, nadie preguntó si debían enfrentarlos; la verdadera pregunta era cómo hacerlo. En aquellas alturas, el número no decidía por sí solo. El frío agotaba, las distancias aislaban y cada quebrada podía convertirse en escondite, trampa o posición de ataque. Los gauchos conocían esa tierra; sus adversarios, no. Ruiz de los Llanos comprendió que sostener un combate prolongado habría significado la destrucción de su pequeña partida. Tampoco podían malgastar municiones ni revelar demasiado pronto cuántos eran realmente. La estrategia consistió en no pelear como esperaba el enemigo, sino obligarlo a combatir allí donde su superioridad dejara de protegerlo. Los patriotas permitieron que la columna penetrara en el terreno, esperaron hasta que quedó comprometida entre las quebradas y atacaron con violencia antes de que los realistas pudieran reorganizarse o calcular la escasa cantidad de hombres que tenían enfrente. La formación enemiga se quebró. Algunos soldados intentaron resistir y otros buscaron retirarse, pero el golpe ya había sido dado. Las crónicas sobre Ruiz de los Llanos señalan que en Acoyte tomó cuarenta prisioneros, además de apoderarse de armas y recursos militares. Veinte gauchos habían derrotado a una fuerza aproximadamente diez veces mayor, protagonizando uno de los episodios más sorprendentes y menos recordados de la Guerra Gaucha. Por su conducta durante aquella campaña, su superior, el teniente coronel José Gregorio López, comenzó a distinguirlo con un nombre que lo acompañaría para siempre: “El Intrépido”. Sin embargo, la victoria no perteneció solamente a un jefe. Fue el resultado de hombres que conocían cada sendero, confiaban en quien cabalgaba a su lado y estaban dispuestos a resistir aun cuando el simple recuento de enemigos parecía anunciar una derrota inevitable. Acoyte dejó una lección que todavía atraviesa los siglos: no siempre vence el ejército más numeroso. A veces triunfa quien conoce mejor el terreno, administra sus escasos recursos, sabe esperar el momento exacto y convierte una aparente debilidad en su mejor arma. Mientras los grandes nombres de la independencia ocupaban los principales escenarios, hombres como Bonifacio Ruiz de los Llanos defendían la frontera norte, impedían el avance realista y sostenían, combate tras combate, la libertad que comenzaba a nacer. La historia recuerda a San Martín, Belgrano y Güemes, pero también fue construida por veinte gauchos que, rodeados por la inmensidad de la Puna, se negaron a aceptar que la superioridad numérica fuera una sentencia. ¿Conocías la hazaña de Acoyte y la historia de Bonifacio Ruiz de los Llanos, “El Intrépido”? #CombateDeAcoyte #BonifacioRuizDeLosLlanos #ElIntrépido #GuerraGaucha #GauchosDeGüemes #MartínMiguelDeGüemes #LosInfernales #HistoriaArgentina #IndependenciaArgentina #HéroesOlvidados #PunaSalteña #Salta #Patria #MemoriaHistórica #ArgentineHistory #BattleOfAcoyte #GauchoWar #ForgottenHeroes #SouthAmericanHistory #FightForIndependence #HistoryMatters

30 DE JULIO DE 2003: DOS MINISTROS CAMBIARON DE DESPACHO — EL INSÓLITO EFECTO DOMINÓ DEL GOBIERNO MENDOCINO


El 30 de julio de 2003, durante la gobernación de Roberto Raúl Iglesias, una ausencia oficial puso en marcha una singular cadena de reemplazos dentro del Poder Ejecutivo de Mendoza. No hubo renuncias ni una crisis de gabinete: simplemente fue necesario reorganizar temporalmente algunos de los cargos más importantes de la administración provincial. El ministro de Hacienda, Enrique Andrés Vaquié, debía abandonar Mendoza por razones oficiales y, mediante el Decreto Nº 1.212, su cartera quedó interinamente bajo la responsabilidad del ministro de Gobierno, Juan Carlos Jaliff. Pero aquella decisión produjo inmediatamente una segunda vacante: mientras Jaliff se ocupaba de las finanzas provinciales, alguien debía quedar al frente del Ministerio de Gobierno. El Decreto Nº 1.213 completó entonces el movimiento y designó para esa función al ministro de Justicia y Seguridad, Leopoldo Orquín. De este modo, durante la ausencia de Vaquié, Jaliff pasó temporalmente de Gobierno a Hacienda y Orquín debió sumar Gobierno a sus responsabilidades habituales. Los documentos oficiales muestran que las suplencias ministeriales eran bastante frecuentes durante aquellos meses: Hacienda ya había quedado provisionalmente en manos de Jaliff y también del ministro de Ambiente y Obras Públicas, Diego Grau, en otras ausencias de su titular. Sin embargo, la combinación del 30 de julio produjo un verdadero efecto dominó administrativo: la salida momentánea de un funcionario obligó a desplazar a otros dos para mantener funcionando cada despacho. Como detalle adicional, aunque ambos decretos fueron firmados aquel día, terminaron apareciendo juntos en el Boletín Oficial de Mendoza del 23 de octubre de 2003. Una pequeña curiosidad burocrática, casi olvidada entre miles de páginas oficiales, que demuestra cómo un simple viaje podía reorganizar en pocas horas una parte importante del gabinete provincial. #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #Efemérides #ArchivoHistórico #GobiernoDeMendoza #PolíticaMendocina #RobertoIglesias #JuanCarlosJaliff #LeopoldoOrquín #EnriqueVaquié #CuriosidadesHistóricas #MendozaHistory #ArgentineHistory #PoliticalHistory #HistoricalCuriosities

1918–1928: MENDOZA FUE POR SU ORO NEGRO — EL SUEÑO PETROLERO LENCINISTA QUE LA INESTABILIDAD POLÍTICA DEJÓ BAJO TIERRA (IMAGEN ILUSTRATIVA)


Cuando la economía mendocina parecía destinada a depender casi exclusivamente de la vid y el vino, bajo la Cordillera y los desiertos del sur permanecía escondida otra riqueza capaz de transformar el futuro provincial: el petróleo. Entre 1918 y 1928, los gobiernos vinculados al lencinismo intentaron convertir aquel recurso todavía incierto en una nueva industria, pero la falta de continuidad política, capitales, caminos, tecnología y planificación terminó dejando gran parte de ese sueño enterrado. El impulso más decidido comenzó durante la gobernación de José Néstor Lencinas. En 1918, Mendoza organizó la División de Minas, Petróleo y Geología, una repartición técnica extraordinariamente avanzada para su tiempo, encargada de estudiar el territorio, ordenar los permisos de cateo, confeccionar mapas mineros y asesorar a quienes quisieran invertir. Al frente fue designado el ingeniero Guillermo Hileman, formado en la industria petrolera de California y especializado en esquistos bituminosos. Bajo su conducción se difundieron estudios sobre Cacheuta, Papagayos, El Sosneado, Barrancas y otras zonas donde comenzaba a crecer la esperanza de encontrar el codiciado “oro negro”. Sin embargo, aquel impulso no logró convertirse en una política estable. Las tres gobernaciones lencinistas fueron atravesadas por intervenciones federales y graves conflictos institucionales. José Néstor Lencinas sufrió una interrupción temporal de su gobierno; Carlos Washington Lencinas fue desplazado en 1924 y Alejandro Orfila en 1928. Cada quiebre modificó funcionarios, presupuestos y prioridades, paralizando proyectos que necesitaban años de estudios, inversiones constantes y una conducción técnica sostenida. Durante el gobierno de Carlos Washington Lencinas, la antigua División de Minas perdió categoría, personal y recursos. Hileman continuó inicialmente, aunque con menor salario y escaso margen operativo, hasta que en 1923 abandonó Mendoza para incorporarse a YPF. La búsqueda petrolera quedó reducida, en gran medida, a trámites administrativos, concesiones y permisos que rara vez se transformaron en perforaciones reales. Alejandro Orfila intentó recuperar la iniciativa. Procuró ordenar las pertenencias mineras, reactivar los antiguos pozos de Cacheuta, incentivar la explotación y hasta impulsar una compañía mixta con participación provincial. Pero varias de aquellas medidas estuvieron condicionadas por la urgencia fiscal y la improvisación. La subasta de las propiedades de la Compañía Petrolera de Cacheuta no produjo los resultados esperados y el proyecto de asociación con Río Atuel tampoco alcanzó una consolidación duradera. La gran excepción fue la Compañía Río Atuel S.A. Minera e Industrial, que desde 1926 consiguió extraer petróleo en El Sosneado. Allí llegó a operar cinco pozos productivos y otros dos en preparación. El crudo debía atravesar caminos precarios, nieve y temperaturas extremas, trasladado en carros o camiones hasta la estación Pedro Benegas, en San Rafael. Su producción fue limitada e irregular, pero demostró algo fundamental: Mendoza realmente tenía petróleo y podía explotarlo. En esa batalla también intervino el diario Los Andes. A través de noticias y editoriales, el matutino difundió las riquezas minerales mendocinas, reclamó mayor acción gubernamental, criticó la ausencia de grandes capitales argentinos y advirtió que numerosas oportunidades podían terminar en manos extranjeras. Su prédica convirtió al petróleo en un asunto público y defendió la necesidad de diversificar una economía excesivamente dependiente de la vitivinicultura. La experiencia lencinista no llegó a construir una verdadera industria hidrocarburífera, pero dejó estudios, mapas, conocimientos técnicos y una idea que sobrevivió a sus protagonistas: la explotación petrolera exigía un Estado activo y una empresa con capacidad financiera para afrontar enormes riesgos geológicos. Esa respuesta llegaría después. En 1932, Mendoza firmó un convenio estratégico con YPF; en 1940 comenzó a funcionar la Refinería de Luján de Cuyo y la provincia llegó a convertirse en el segundo distrito petrolero de la Argentina. Por eso, aquella década no debe recordarse únicamente como una sucesión de proyectos frustrados. Fue el tiempo en que Mendoza comenzó a mirar debajo de sus viñedos, atravesó la Cordillera, desafió el desierto y comprendió que su futuro económico también podía brotar desde las profundidades de la tierra. #HistoriaDeMendoza #PetróleoMendocino #OroNegro #Lencinismo #JoséNéstorLencinas #CarlosWashingtonLencinas #AlejandroOrfila #GuillermoHileman #Cacheuta #ElSosneado #RíoAtuel #YPF #RefineríaDeLujánDeCuyo #IndustriaMendocina #HistoriaPetrolera #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #PetroleumHistory #EnergyHistory #IndustrialHistory #BlackGold #YPFHistory #LatinAmericanHistory

CA. 1933: EL RÍO QUE DIO VIDA AL OASIS — LA ANTIGUA PRESA DE LUJÁN BAJO LA MIRADA DE UN SABIO FRANCÉS


Una estructura metálica avanza sobre las aguas mientras el río Mendoza corre junto a un enorme terraplén revestido de piedra. No es solamente una fotografía de ingeniería: es el retrato de una provincia que aprendió a conducir cada gota para sobrevivir en medio de la aridez. La escena fue registrada probablemente en 1933 por Emmanuel de Martonne, prestigioso geógrafo y climatólogo francés que recorrió la Argentina estudiando sus montañas, sus ríos, sus relieves y las condiciones que dieron origen a las grandes regiones secas de Sudamérica. La placa forma parte de una secuencia de cuatro imágenes. En la anterior, el archivo francés anotó “presa y gran canal del río Mendoza”; en esta última toma, la cámara se aproxima a la obra y permite observar el cauce, el muro inclinado de mampostería y una pasarela o estructura elevada sostenida sobre pilares. Por su ubicación y características, todo indica que estamos ante el antiguo Dique Luján, posteriormente vinculado al nombre del ingeniero César Cipolletti, en Luján de Cuyo. No se trataba de un gran embalse destinado a guardar agua, sino de una obra derivadora: su función fundamental era elevar y repartir el caudal hacia los canales que alimentaban el oasis productivo del norte mendocino. Cipolletti había sido contratado por el Gobierno de Mendoza en 1889 para estudiar el comportamiento de los ríos y dirigir una nueva etapa de obras hidráulicas. Bajo sus proyectos se levantaron el Dique Luján sobre el río Mendoza y otras estructuras que marcaron la modernización del sistema de riego provincial. Décadas más tarde, el extraordinario aluvión de 1934 puso a prueba todo aquel conjunto: el dique resistió parcialmente, pero posteriormente fue reconstruido y transformado en el emplazamiento que conocemos actualmente. Si la datación de 1933 es correcta, esta imagen conservaría el aspecto de la antigua obra apenas unos meses antes de aquella histórica crecida. Detrás de estos pilares, piedras y canales se esconde una parte decisiva de la historia mendocina: la lucha por distribuir el agua, sostener los cultivos y hacer posible que un territorio naturalmente árido se convirtiera en uno de los grandes oasis agrícolas de la Argentina. Fuente y crédito: Emmanuel de Martonne — UMR 8586 PRODIG/MédiHAL, inventario AM3361-007, registro medihal-01813687, Licence Ouverte 2.0. #MendozAntigua #Mendoza #LujánDeCuyo #RíoMendoza #DiqueCipolletti #HistoriaDeMendoza #HistoriaDelAgua #PatrimonioMendocino #FotografíaHistórica #Cuyo #Argentina #MendozaHistory #HistoricalPhotography #WaterHistory #ArgentineHistory #CulturalHeritage

30 DE JULIO DE 1895: NACIÓ MARAMBIO CATÁN — EL TROVADOR QUE UNIÓ EL TANGO PORTEÑO CON EL ALMA DE CUYO


El 30 de julio de 1895 nació en Bahía Blanca Juan Carlos Marambio Catán, uno de aquellos artistas extraordinarios a quienes la historia no siempre concedió una fama proporcional a su talento. Cantor, letrista, compositor, actor, escritor y docente, atravesó durante décadas los caminos del tango y del folclore argentino, alternando escenarios, teatros, escuelas, estudios de grabación y largas giras internacionales. En sus comienzos cantó bajo el seudónimo de Carlos Núñez y compartió dúo con el cuyano Saúl Salinas. Después llegó a Mendoza, donde se apartó momentáneamente del espectáculo, trabajó como empleado público y terminó ejerciendo como maestro de escuela en San Rafael. Aquella experiencia lo acercó profundamente a la música del interior y marcó una carrera capaz de desplazarse con naturalidad entre el arrabal porteño y el cancionero cuyano. En San Juan formó junto a Carlos Montbrun Ocampo el fugaz dúo “Marambrún”; más tarde grabó y actuó con Alfredo Pelaia, otro importante representante de la música cuyana, y llegó a integrar un dúo con Hilario Cuadros, creador y director de Los Trovadores de Cuyo. Esa relación con Mendoza y San Juan demuestra que Marambio Catán no fue solamente un hombre del tango: también fue un auténtico divulgador de las canciones criollas, las tonadas y las expresiones populares del interior argentino. Su nombre quedó unido para siempre a obras fundamentales. Escribió la letra de “Acquaforte”, con música de Horacio Pettorossi, un tango nacido en Milán después de una actuación en El Cairo y convertido luego en un clásico grabado por Carlos Gardel en 1933. También creó las letras de “Buen amigo” y “El monito”, vinculadas musicalmente a Julio De Caro, y participó en la compleja historia autoral de “El choclo”, cuya célebre letra de 1947 quedó acreditada junto a Enrique Santos Discépolo. Marambio Catán recorrió América Latina como cantante y actor, pasó por importantes compañías teatrales y llevó su arte por Francia, España, Italia, Alemania, Portugal, Grecia, Yugoslavia y Egipto. También participó en la gira europea de la orquesta de Julio De Caro, compartiendo una época en la que el tango argentino comenzaba a conquistar definitivamente al mundo. En 1972 dejó sus recuerdos en el libro “El tango que yo viví: 60 años de tango”, con prólogo del poeta Raúl González Tuñón. Apenas unos meses después, el 15 de febrero de 1973, falleció en Mendoza, la provincia que había sido escuela, refugio y destino final de su extraordinario recorrido. Quizás su nombre no alcanzó la popularidad de Gardel, Magaldi o Corsini, pero su historia revela a un artista completo, inquieto y profundamente argentino: un hombre que llevó el tango hasta Europa y, al mismo tiempo, supo escuchar y difundir la voz musical de Cuyo. #JuanCarlosMarambioCatán #MarambioCatán #HistoriaDelTango #TangoArgentino #Acquaforte #ElChoclo #CarlosGardel #EnriqueSantosDiscépolo #HilarioCuadros #LosTrovadoresDeCuyo #FolcloreCuyano #HistoriaDeMendoza #SanRafael #BahíaBlanca #CulturaArgentina #MendozAntigua #ArgentineTango #TangoHistory #ArgentineMusic #AcquaforteTango #ElChocloTango #CarlosGardel #FolkMusic #CuyoFolklore #MendozaHistory #ArgentineCulture #MusicHistory #LatinAmericanHeritage

1888: CUANDO OROMÍ ERA APENAS UNA CASA EN LA PAMPA — EL RETRATO QUE SOBREVIVIÓ 138 AÑOS


En 1888, en la inmensidad rural del partido bonaerense de Benito Juárez, una cámara detuvo para siempre una escena sencilla que hoy posee un extraordinario valor histórico. Sobre el reverso o la página del antiguo álbum, una inscripción manuscrita la definió como la “Primera población hecha en Oromí”. La palabra población no parece referirse aquí a un pueblo, sino al primer asentamiento estable levantado en aquella fracción de campo: una sólida casa de ladrillos, con techo de chapa y una extensa galería orientada hacia la llanura. Frente a ella posan una mujer, una niña y dos hombres; uno permanece sentado junto a un perro, mientras detrás se extienden los cultivos y un horizonte casi infinito. El epígrafe familiar menciona a la señora de Ludueña, a Ríos y a V. Silveyra, identificado como capataz de Hernán en la estancia “San Leonardo”, nombres que convierten la fotografía en algo más que una vista arquitectónica: es el retrato de quienes habitaron, trabajaron y dieron vida a aquel remoto rincón bonaerense. La laguna Oromí se encuentra en la zona rural de Benito Juárez y su historia aparece vinculada a la antigua estancia San Antonio de Iraola, uno de los establecimientos pioneros de la región. La reconstrucción conservada junto a la imagen sostiene que esas tierras formaron parte de una extensión concedida en 1834 a José Gerónimo Iraola. Años después, la estancia San Antonio quedaría ligada a uno de los episodios más dramáticos de la frontera bonaerense: el combate del 13 de septiembre de 1855, cuando las fuerzas del comandante Nicanor Otamendi fueron rodeadas y prácticamente aniquiladas en las inmediaciones del establecimiento. La propia historia de Benito Juárez reconoce a San Antonio como uno de los puntos fundacionales y estratégicos de aquel territorio. José Gerónimo Iraola estuvo además relacionado con la oposición al gobierno de Juan Manuel de Rosas y participó en el levantamiento de los Libres del Sur de 1839. Las uniones familiares posteriores enlazaron los apellidos Iraola, Pereyra y Jacobé: Ciríaca Damiana Iraola Pereyra contrajo matrimonio con Cecilio Jacobé, y una de sus hijas, Josefina Jacobé Iraola, se casó con Francisco “Paco” Ayerza. De ese modo, tierras, familias y fotografías quedaron entrelazadas en una misma memoria. Ayerza, nacido en Buenos Aires en 1860, fue abogado, fotógrafo aficionado y una de las figuras fundamentales de la fotografía argentina del siglo XIX. En 1889, apenas un año después de la fecha atribuida a esta toma, reunió a otros aficionados y participó en la creación de la Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados, institución que difundió centenares de imágenes del país mediante álbumes, exposiciones, publicaciones y postales. Su obra convirtió la vida rural, los trabajadores, las estancias y las costumbres criollas en protagonistas de una memoria visual que todavía permite observar los detalles cotidianos de aquella Argentina. Existe, además, un dato sorprendente: en 1889 se estableció en la estancia San Antonio una colonia integrada por unas treinta familias procedentes de Luxemburgo. Por lo tanto, esta fotografía habría sido realizada justo en vísperas de una nueva etapa poblacional para aquel paraje. Aquella construcción aparentemente solitaria pudo contemplar poco después la llegada de carros, herramientas, animales y familias que buscaban comenzar una vida en el centro-sur bonaerense. #BenitoJuárez #Oromí #FranciscoAyerza #FotografíaHistórica #BuenosAiresAntigua #HistoriaArgentina #VidaRural #EstanciasArgentinas #MemoriaFotográfica #PatrimonioArgentino #HistoricalPhotography #ArgentineHistory #RuralArgentina #BuenosAiresHistory #VintageArgentina #CulturalHeritage. Benito Juárez, provincia de Buenos Aires, 1888. “Primera población hecha en Oromí”. Autor probable: Francisco “Paco” Ayerza. Procedencia señalada: Colección familia Ayerza -  difusión digital de Archivo Visual Argentino.

30 DE JULIO DE 2004: MENDOZA DIO EL SALTO HACIA EL BOLETO INTELIGENTE — EL DECRETO QUE ABRIÓ EL CAMINO A LA RED BUS


El 30 de julio de 2004, mientras miles de mendocinos continuaban viajando diariamente con tarjetas magnéticas, monedas y abonos físicos, el Gobierno provincial firmó una disposición que comenzaría a transformar para siempre una de las escenas más cotidianas del Gran Mendoza: el momento de pagar el pasaje. Ese día, el gobernador Julio César Cobos rubricó el Decreto Nº 1.433, mediante el cual se aprobaron los pliegos para convocar a una licitación pública nacional destinada a renovar completamente el sistema de cobro del transporte urbano y conurbano. El proyecto debía alcanzar tanto a los colectivos como a los históricos trolebuses mendocinos e incluía la provisión de equipos, su instalación, explotación y mantenimiento. La norma contemplaba tarjetas descartables, tarjetas recargables e incluso un sistema combinado que permitiera utilizar tarjetas y monedas. No se trataba simplemente de cambiar una tarjeta por otra. Mendoza buscaba construir un sistema unificado que permitiera controlar la recaudación, incorporar nuevas tecnologías, agilizar el ascenso de los pasajeros y evitar que los conductores tuvieran que intervenir directamente en el cobro. La provincia ya utilizaba desde hacía casi una década la recordada MendoBus, aquella tarjeta magnética de cartón que había comenzado a desplazar al boleto tradicional, pero el nuevo proyecto apuntaba hacia una tecnología más moderna, recargable y sin contacto.  El camino, sin embargo, fue mucho más complejo de lo previsto. El llamado autorizado por el decreto se concretó el 7 de septiembre de 2004 y recibió dos propuestas, presentadas por Siemens Itron Business Service y NUSOFT. Ambas fueron rechazadas porque no se ajustaban a los pliegos. Después se intentó una licitación privada y finalmente una contratación directa. Recién el 11 de noviembre de 2005, más de un año después de aquella primera firma, el sistema fue adjudicado a Siemens Itron por un plazo de diez años. La transformación comenzó a verse en las calles durante agosto de 2006. Una resolución provincial aprobó la operatoria de la Red Bus, destacó la incorporación de tecnología sin contacto y organizó una implementación progresiva que inicialmente conviviría con la vieja MendoBus. El lanzamiento de la primera fase comenzó con el Grupo 5 y desde el 5 de agosto de aquel año la nueva tarjeta empezó a formar parte de la vida cotidiana de los pasajeros.  Desde entonces, aquel sonido electrónico producido al acercar la tarjeta al lector se volvió inseparable de los viajes por Mendoza. Años más tarde, la evolución continuaría con la llegada de la tarjeta SUBE, habilitada desde enero de 2020 para viajar en los grupos de colectivos, el Metrotranvía y los servicios eléctricos del Gran Mendoza. Por eso, el Decreto Nº 1.433 representa mucho más que un expediente administrativo olvidado. Fue la primera pieza formal de una transformación que llevó al transporte mendocino desde las tarjetas magnéticas de cartón y las monedas hasta los sistemas electrónicos de pago sin contacto. Una pequeña revolución tecnológica que comenzó sobre el papel y terminó acompañando millones de viajes cotidianos. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #TransportePublico #RedBus #MendoBus #Trolebuses #Colectivos #GranMendoza #MemoriaMendocina #HistoriaArgentina #MovilidadUrbana #MendozaHistory #PublicTransport #TransitHistory #SmartCard #UrbanMobility #ArgentinaHistory

miércoles, 29 de julio de 2026

29 DE MARZO DE 1814: PACHI GORRITI CAYÓ SOBRE LOS REALISTAS — EL JINETE DE GÜEMES QUE CASI CAPTURÓ A SATURNINO CASTRO


¿Quién fue José Francisco “Pachi” Gorriti y por qué Martín Miguel de Güemes depositó tanta confianza en él? Jujeño de nacimiento, hacendado de la frontera del Rosario, extraordinario jinete y profundo conocedor de los campos, ríos, montes y caminos del norte, Gorriti comprendía que para derrotar a un ejército superior no bastaba con combatir de frente: era necesario convertir cada quebrada, cada sendero y cada movimiento del enemigo en una oportunidad. En 1814, cuando Güemes quedó al mando de las avanzadas patriotas instaladas sobre el río Pasaje, Pachi colaboró en la formación de milicias voluntarias y puso a disposición de la causa su ascendencia sobre los hombres de la campaña, sus recursos y su experiencia en un territorio que conocía como pocos. Su nombre quedó unido para siempre a dos jornadas decisivas. El 28 de marzo, en la cuesta de La Pedrera, los patriotas sorprendieron a una pequeña partida realista y capturaron a dos de sus integrantes. Al día siguiente, Güemes ordenó al valiente sargento Vicente Panana acercarse a Salta y provocar a los ocupantes para hacerlos salir de sus posiciones. El coronel realista Saturnino Castro mordió el anzuelo y avanzó con unos ochenta hombres hasta el Tuscal de Velarde, a una legua de la ciudad. Allí lo aguardaban los gauchos. Cuando los españoles estuvieron en el punto elegido, la caballería patriota se lanzó sobre ellos, quebró su formación y los persiguió hasta las orillas del río Arias. En medio de aquella carrera furiosa, Pachi Gorriti se abalanzó sobre Castro y estuvo a punto de capturarlo; el jefe realista consiguió escapar por muy poco y refugiarse en Salta junto con los sobrevivientes. El parte elevado por Güemes a José de San Martín destacó el coraje de los campesinos, consignó la captura de fusiles, sables, caballos y mulas, y afirmó que los patriotas no habían sufrido bajas. San Martín quedó impresionado por la intrepidez de aquellos hombres capaces de enfrentarse a la fusilería realista sin retroceder. Esa era la razón de la confianza de Güemes: Pachi no era solamente un lancero temerario, sino un conductor capaz de reunir voluntarios, interpretar el terreno, moverse con velocidad y atacar donde el enemigo era más vulnerable. Acciones como La Pedrera y el Tuscal de Velarde anticiparon la esencia de la Guerra Gaucha: hostigar, provocar, emboscar, perseguir y desaparecer antes de que el invasor pudiera reaccionar. Los realistas poseían disciplina, armas y experiencia militar; Pachi Gorriti y los gauchos tenían caballos, información, movilidad y una voluntad inquebrantable de impedirles avanzar. Porque la frontera norte no fue defendida solamente con valentía: también fue salvada con inteligencia, conocimiento del territorio y hombres decididos a convertir cada camino en una trampa. ¿Ya conocías la historia de Pachi Gorriti, el guerrero que tuvo al jefe realista prácticamente entre sus manos? #PachiGorriti #JoséFranciscoGorriti #MartínMiguelDeGüemes #Güemes #GuerraGaucha #TuscalDeVelarde #LaPedrera #HistoriaArgentina #IndependenciaArgentina #GauchosDeGüemes #HéroesDeLaPatria #Salta #Jujuy #EjércitoDelNorte #ArgentineHistory #WarOfIndependence #GauchoWar #HeroesOfIndependence #HistoryOfArgentina #LatinAmericanHistory

1935: JUNCAL BAJO UN OCÉANO DE NIEVE — EL TRASANDINO QUE DESAFIÓ EL CORAZÓN DE LOS ANDES - CHILE


Una montaña transformada en una inmensa muralla blanca, edificios casi sepultados y un tren detenido frente a uno de los inviernos más implacables de la cordillera: esta extraordinaria fotografía, captada por Einar Altschwager hacia 1935, muestra el complejo ferroviario de Juncal, en territorio chileno, durante una nevada de dimensiones monumentales. En primer plano, hombres y mujeres cubiertos con largos abrigos avanzan trabajosamente sobre la nieve; algunos observan la escena desde una ladera, mientras otros se reúnen junto a un techo o cobertizo prácticamente enterrado. Más atrás, una pasarela elevada de madera permite atravesar la zona por encima de los enormes bancos de nieve, mientras los coches de pasajeros permanecen inmóviles junto a las instalaciones ferroviarias. Sobre el paisaje todavía pueden distinguirse los postes y cables de la electrificación. No eran simples líneas telegráficas: en 1927 se instaló en Juncal una subestación destinada a abastecer el tramo electrificado comprendido entre Río Blanco y Las Cuevas. El complejo incluía estación, casa de máquinas, taller, tornamesa, carbonera, estanque de agua y viviendas para empleados y cuadrillas encargadas de conservar las vías en uno de los territorios más hostiles de Sudamérica. El Ferrocarril Trasandino había sido inaugurado el 5 de abril de 1910 para unir Los Andes con Mendoza, atravesando túneles, precipicios, pendientes y sectores de cremallera. Juncal se convirtió en un punto esencial para las operaciones y para los trabajadores que luchaban contra avalanchas, derrumbes y temporales con herramientas rudimentarias. La fecha aproximada de esta imagen la ubica, además, poco después del devastador aluvión de 1934, que destruyó varios kilómetros de vías en el sector argentino y mantuvo interrumpido el tráfico internacional durante aproximadamente diez años. Más que una postal invernal, la fotografía retrata el esfuerzo de quienes hicieron posible que un tren avanzara donde parecía imposible construir siquiera un camino. Mientras la nieve devoraba techos, rieles y andenes, el Trasandino continuaba representando el sueño de unir dos países atravesando el corazón mismo de los Andes. Crédito Fptográfico: Fotografía de Einar Altschwager, “Ferrocarril Trasandino”, circa 1935. © Colección Museo Histórico Nacional de Chile. Donación Horst Altschwager S. Inventario PFB-354. #FerrocarrilTrasandino #TrenTrasandino #EstaciónJuncal #HermanosClark #CordilleraDeLosAndes #HistoriaFerroviaria #HistoriaDeChile #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #ChileAntiguo #FotografíaHistórica #NieveEnLosAndes #AltaMontaña #PatrimonioFerroviario #TransAndeanRailway #RailwayHistory #AndesMountains #HistoricPhotography #VintageChile #ArgentinaHistory #ChileHistory

1815: ARTIGAS DESAFIÓ A BUENOS AIRES — LA CONFEDERACIÓN QUE PUDO CAMBIAR PARA SIEMPRE EL RÍO DE LA PLATA



¿Y si la Argentina y el Uruguay hubieran nacido dentro de una gran confederación de provincias autónomas? ¿Y si el poder no se hubiese concentrado en una capital, sino distribuido entre pueblos unidos por acuerdos libres? En 1815, cuando las fronteras actuales todavía no existían y el destino del antiguo Virreinato del Río de la Plata permanecía abierto, José Gervasio Artigas encabezó uno de los proyectos políticos más revolucionarios de nuestra historia. Reconocido como Protector de los Pueblos Libres, Artigas no aspiraba a coronarse rey ni a convertirse en presidente de un Estado centralizado. Su propuesta era diferente: cada provincia conservaría su gobierno, su soberanía y todas aquellas facultades que no hubiera delegado expresamente. Ningún territorio debía imponerse sobre los demás y Buenos Aires no podía decidir por sí sola el futuro de toda la región. Las raíces de aquel pensamiento habían quedado expuestas en las Instrucciones del Año XIII, que defendían la independencia, la república, la división de poderes, la libertad civil, la confederación y una capital situada fuera de Buenos Aires. Para el artiguismo, la nueva organización debía construirse desde los pueblos y no desde una autoridad que pretendiera hablar en nombre de todos. Entre 1814 y 1815, la influencia de Artigas se extendió desde la Provincia Oriental hacia Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba y los pueblos de Misiones. Así comenzó a tomar forma la Liga Federal o Liga de los Pueblos Libres. Las adhesiones no fueron idénticas ni permanentes y jamás llegó a sancionarse una Constitución común o un pacto definitivo: fue una confederación que existió principalmente en los hechos, coordinada bajo la protección política y militar del caudillo oriental. El momento culminante llegó el 29 de junio de 1815, cuando representantes de aquellas provincias se reunieron en la Villa del Arroyo de la China, actual Concepción del Uruguay, durante el llamado Congreso de Oriente o Congreso de los Pueblos Libres. Allí se discutieron la organización federal, el comercio entre provincias, la apertura de puertos, la protección de la producción regional, la política agraria y la relación con el gobierno porteño. Las actas originales no se conservaron, por lo que el alcance exacto de algunas decisiones continúa siendo discutido; aun así, distintas instituciones lo consideran un antecedente fundamental —e incluso una primera declaración regional de independencia— anterior al Congreso de Tucumán de 1816. Pero el artiguismo no se limitó a proclamar principios políticos. En septiembre de 1815 impulsó reglamentos económicos destinados a favorecer el intercambio entre las provincias federadas, proteger sus producciones y distribuir tierras de la Provincia Oriental. El Reglamento Agrario estableció que los sectores más postergados debían ser prioritarios: negros libres, zambos, indígenas, criollos pobres y viudas con hijos podían recibir terrenos para habitarlos y trabajarlos. Su máxima era tan radical como inolvidable: “que los más infelices sean los más privilegiados”. Durante algunos años, aquella unión ofreció una alternativa concreta: provincias autónomas, vinculadas por pactos, sin una capital con derecho a dominar al resto. Sin embargo, el proyecto quedó atrapado entre enemigos poderosos y graves divisiones internas. La invasión portuguesa de la Provincia Oriental iniciada en 1816, la guerra contra el centralismo de Buenos Aires, la fragilidad de sus instituciones y el alejamiento de caudillos como Francisco Ramírez y Estanislao López terminaron debilitando la Liga. Después de la derrota de Tacuarembó y de las rupturas políticas de 1820, Artigas fue obligado a marchar al Paraguay, donde permaneció hasta su muerte. ¿Estaba condenado desde el comienzo? Tal vez no. Poseía territorio, apoyo popular, jefes provinciales y un programa político sorprendentemente avanzado. Pero carecía de una estructura institucional estable, recursos suficientes y una alianza capaz de resistir simultáneamente a Buenos Aires y al avance portugués. Lo cierto es que, por un instante, otro Río de la Plata pareció posible: no gobernado desde un único puerto, sino construido mediante la voluntad soberana de sus pueblos. Esta es la primera parte de una saga sobre el nacimiento, las luchas, los protagonistas y el legado de la Liga de los Pueblos Libres. ¿Crees que la confederación de Artigas habría podido sobrevivir o las fuerzas que la rodeaban hacían inevitable su caída? #JoséGervasioArtigas #Artigas #LigaDeLosPueblosLibres #LigaFederal #Federalismo #CongresoDeOriente #PueblosLibres #HistoriaArgentina #HistoriaUruguaya #HistoriaDelRíoDeLaPlata #ConcepciónDelUruguay #BandaOriental #Efemérides #HistoriaLatinoamericana #MendozAntigua #JoseGervasioArtigas #FederalLeague #LeagueOfFreePeoples #Federalism #RiverPlateHistory #ArgentineHistory #UruguayanHistory #LatinAmericanHistory #HistoryMatters

DORMIR COMO UN TRONCO: EL DICHO CENTENARIO QUE THE BEATLES LLEVARON AL ROCK


Frente a una chimenea colmada de leños, una explicación cotidiana abre la puerta a una historia mucho más antigua de lo que parece. Cuando alguien afirma que durmió “como un tronco”, no está hablando literalmente de serruchos, madera cortada ni del sonido de los ronquidos: describe un sueño tan profundo que la persona permanece inmóvil, pesada y ajena a cuanto sucede a su alrededor, igual que un tronco tendido en el suelo. La Real Academia Española registra “dormir como un leño” con el significado de dormir profundamente y también reconoce “estar hecho un tronco” para quien se encuentra completamente dormido. Además, “leño” procede del latín lignum, mientras que “tronco” deriva de truncus, palabras que desde hace siglos evocan solidez, peso e inmovilidad. En inglés existe una comparación prácticamente idéntica: sleep like a log. The Beatles la hicieron mundialmente célebre en 1964, cuando John Lennon cantó en A Hard Day’s Night que, después de trabajar “como un perro”, debería estar durmiendo “como un tronco”. La canción fue publicada el 10 de julio de aquel año y convirtió esa antigua imagen popular en una de las frases más recordadas del rock. Sin embargo, la expresión española no nació con la banda británica ni puede considerarse simplemente una traducción moderna del inglés. Una forma equivalente, “duerme como un leño”, ya aparece documentada en el Cancionero llamado Sarao de amor, publicado por Juan de Timoneda en Valencia en 1561: más de cuatro siglos antes del éxito de los Beatles. La obra se conserva como una pieza destacada de la lírica española del siglo XVI, aunque no existe una prueba definitiva que permita establecer en qué idioma surgió primero la comparación o cómo circuló entre distintas culturas europeas. Así nació una de esas expresiones que todos comprendemos sin necesidad de explicaciones: caer rendidos, cerrar los ojos, quedar completamente inmóviles y despertar horas después sin haber escuchado absolutamente nada. En pocas palabras: dormir tan profundamente que ni una tormenta podría arrancarnos del sueño. #DormirComoUnTronco #DormirComoUnLeño #OrigenDeLasPalabras #ExpresionesPopulares #DichosPopulares #CuriosidadesDelIdioma #HistoriaDelEspañol #LenguaEspañola #CulturaPopular #SabíasQue #TheBeatles #AHardDaysNight #HistoriaDeLaMúsica #SleepLikeALog #PopularExpressions #LanguageHistory #SpanishLanguage #WordOrigins #MusicHistory #DidYouKnow

29 DE JULIO DE 2002: EL FMI DESNUDÓ LA ARGENTINA EN CRISIS — AHORROS ATRAPADOS, BANCOS PARALIZADOS Y UN PAÍS SIN ANCLA


El 29 de julio de 2002, mientras Eduardo Duhalde regresaba desde Ecuador y sostenía que comenzaban a observarse algunas “ligeras mejorías”, el Fondo Monetario Internacional difundía desde Washington un diagnóstico demoledor sobre el estado real de la Argentina. Técnicamente, no era un informe redactado por el personal permanente del organismo, sino por un Panel de Asesores Independientes convocado por su director gerente, Horst Köhler, e integrado por cuatro figuras de enorme peso financiero: Andrew Crockett, John Crow, Luis Ángel Rojo y Hans Tietmeyer. Entre el 21 y el 24 de julio habían recorrido Buenos Aires y mantenido reuniones con Duhalde, el ministro Roberto Lavagna, las autoridades del Banco Central, legisladores, empresarios, académicos y representantes de la misión del FMI. El documento, titulado Economic and Financial Issues Facing Argentina, describía una nación con la producción y el empleo profundamente deprimidos, el sistema bancario desarticulado, la deuda pública en cesación de pagos, la confianza social prácticamente destruida y numerosas cuasimonedas circulando en reemplazo del peso. La dimensión del desastre era estremecedora: según cifras citadas días antes por el propio FMI, durante el primer trimestre de 2002 el producto interno bruto real había caído más de un 15 % respecto del año anterior, mientras que en los primeros seis meses los precios al consumidor habían aumentado alrededor del 30 % y los mayoristas casi un 100 %, Los asesores reclamaban construir un “ancla monetaria” capaz de limitar la emisión de pesos, garantizar una autonomía efectiva para el Banco Central, establecer disciplina fiscal, retirar progresivamente las monedas provinciales y reconstruir un sistema financiero devastado por la fuga de depósitos, la pesificación y las decisiones tomadas durante la emergencia. También consideraban indispensable encontrar una solución temprana y permanente para los amparos judiciales que obligaban a los bancos a devolver fondos congelados, porque esas liberaciones imprevisibles hacían prácticamente imposible controlar la cantidad de dinero circulante. El panel no proponía abrir indiscriminadamente el corralito y el corralón. Por el contrario, advertía que una devolución desordenada de los ahorros podía inundar la economía de pesos, impulsar nuevamente el dólar, acelerar la inflación y consumir las escasas reservas internacionales. Recomendaba liberar gradualmente los depósitos —comenzando especialmente por los pequeños ahorristas—, ofrecer alternativas reales y disponer de mecanismos capaces de absorber cualquier exceso de liquidez. A más largo plazo, respaldaba la posibilidad de avanzar hacia un régimen de metas de inflación, pero únicamente cuando existieran disciplina fiscal, confianza en el peso, bancos operativos y un Banco Central con autoridad suficiente. Aquel 29 de julio dejó enfrentadas dos imágenes del mismo país. Desde el Gobierno se hablaba de señales incipientes de recuperación; desde el informe difundido por el FMI se advertía que casi todos los pilares monetarios y financieros de la Argentina continuaban destruidos. La recuperación comenzaría meses después, más rápidamente de lo que muchos analistas esperaban, pero esa jornada quedó como una radiografía brutal del invierno de 2002: millones de personas sin trabajo, ahorristas separados de su dinero, bancos paralizados, provincias imprimiendo sus propios medios de pago y una sociedad que intentaba levantarse después del mayor derrumbe económico y político de su historia reciente. #Argentina2002 #CrisisArgentina #FMI #Corralito #Corralón #EduardoDuhalde #RobertoLavagna #BancoCentral #Cuasimonedas #HistoriaArgentina #MemoriaHistórica #MendozAntigua #ArgentinaCrisis #EconomicCrisis #IMF #BankingCrisis #FinancialHistory #ArgentinaHistory

EL ZAPATO DE LOS MIL NOMBRES: CUANDO EL “YO ESTUVE AQUÍ” QUEDÓ ESCRITO SOBRE UNA ROCA DE MILLONES DE AÑOS


Capilla del Monte, Córdoba, fines de la década de 1930 o comienzos de la siguiente.
Ante la cámara aparece una de las formaciones más reconocibles de las Sierras de Córdoba: El Zapato. A su lado, un viajero montado sobre un burro contempla aquella gigantesca roca cubierta de nombres, fechas, pueblos, escudos, publicidades y declaraciones que transformaron su superficie en una inesperada memoria colectiva. ¿Escribir sobre las piedras y la naturaleza siempre fue considerado vandalismo? La respuesta es más compleja de lo que parece. Durante siglos, viajeros, peregrinos, soldados y turistas dejaron sus nombres en murallas, templos, árboles, cuevas y formaciones rocosas. Aquellas marcas expresaban una necesidad profundamente humana: desafiar al olvido y anunciarles a los desconocidos del futuro que alguien había pasado por allí. Pompeya conserva miles de inscripciones que hoy son estudiadas mediante arqueología, epigrafía y nuevas tecnologías, porque revelan aspectos de la vida cotidiana que muchas veces no aparecen en los documentos oficiales. La imagen de El Zapato muestra ese antiguo impulso llevado casi al extremo. Sobre la piedra pueden distinguirse nombres propios, lugares de procedencia, fechas como 24 de agosto de 1934 y 1937, palabras pintadas con grandes caracteres e incluso referencias comerciales, entre ellas “Agua Saldán Mineral”. Para aquellos visitantes, escribir allí probablemente no representaba una agresión deliberada, sino una especie de ceremonia turística: retratarse, dejar el nombre y demostrar que habían alcanzado aquel rincón serrano. El escenario no podía ser más monumental. Ubicado aproximadamente a un kilómetro del centro de Capilla del Monte, El Zapato es una gran roca granítica cuya característica silueta fue modelada lentamente por la erosión. Los estudios geológicos describen al atractivo como una roca granítica erosionada, mientras que el plutón de Capilla del Monte —el cuerpo geológico al que pertenece el ambiente rocoso de la región— fue datado en unos 336,6 millones de años. Muchísimo antes de los nombres, la pintura y las fotografías, la piedra ya estaba allí, resistiendo lluvias, vientos y transformaciones del paisaje. La manera de relacionarnos con estos lugares cambió gradualmente. El desarrollo de la arqueología, los museos, las asociaciones conservacionistas y las leyes patrimoniales fue instalando la idea de que determinados monumentos y paisajes no pertenecían únicamente a sus propietarios o visitantes momentáneos, sino también a las generaciones futuras. Esa visión quedó consolidada internacionalmente con documentos como la Carta de Venecia de 1964, dedicada a la conservación de monumentos y sitios, y la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO de 1972, que vinculó la protección de los bienes culturales con la conservación de la naturaleza. Hoy sabemos que pintar o grabar una formación natural provoca una alteración que puede ser irreversible. Sin embargo, esta fotografía también encierra una paradoja fascinante: aquello que ahora juzgamos como una agresión se convirtió, con el paso de las décadas, en un documento histórico. Cada nombre conserva un viaje; cada fecha, una visita; cada palabra, una pequeña existencia intentando vencer al tiempo. La imagen no justifica repetir aquellas acciones, pero permite comprender que la sensibilidad patrimonial no nació de un día para otro. El Zapato sobrevivió a millones de años de erosión y terminó convertido en una página de piedra escrita por cientos de desconocidos. Hoy el mayor homenaje no consiste en agregar otro nombre, sino en preservar los que el tiempo y la naturaleza todavía nos permiten contemplar. Identificada como parte de la Colección Bayón Roó de Enrich. Esa es la procedencia pública más concreta que pude localizar para la copia reproducida, pero la publicación no consigna el nombre del fotógrafo, una fecha exacta, un número de inventario ni la institución que conserva el negativo original. Tampoco aparece, por el momento, un catálogo público de la colección que permita completar esos datos. La fotografía necesariamente fue tomada después de 1937, porque ese año aparece pintado y claramente visible sobre la roca. Por la vestimenta del jinete, el tipo de registro fotográfico y las inscripciones presentes, resulta razonable situarla entre fines de la década de 1930 y los primeros años de la de 1940, aunque esta franja es una estimación visual y no una datación archivística definitiva. #ElZapato #CapillaDelMonte #Córdoba #SierrasDeCórdoba #HistoriaArgentina #FotografíaHistórica #MemoriaArgentina #PatrimonioNatural #PatrimonioCultural #TurismoHistórico #FotosAntiguas #HistoriaEnImágenes #ConservaciónPatrimonial #NaturalezaArgentina #MendozAntigua #TheShoeRock #CordobaArgentina #HistoricalPhotography #NaturalHeritage #CulturalHeritage #HistoryInPictures #HeritageConservation #LeaveNoTrace #ArgentinaHistory

CUANDO LA GINEBRA REUNÍA A LOS HOMBRES DE LA PAMPA — TRES PAISANOS, UNA BOTELLA Y EL ALMA CRIOLLA DETENIDA EN EL TIEMPO


Hacia la última década del siglo XIX, cuando la inmensidad bonaerense todavía se recorría a caballo y el sonido del ferrocarril comenzaba a transformar para siempre la vieja vida rural, Francisco “Paco” Ayerza dejó registrada esta formidable escena conocida como “Tomando ginebra en la pulpería”. Frente a una humilde construcción de madera y techo de paja, tres hombres de campo aparecen vestidos con chiripás, pañuelos, tiradores, sombreros gastados y botas curtidas por el barro. En el centro, uno de ellos abre los brazos como si intentara unir a sus compañeros y ofrece una botella al paisano de barba que descansa sobre el mostrador; junto a ellos esperan otra botella y un pequeño vaso, discretos protagonistas de aquel encuentro. Más que un simple lugar donde beber, la pulpería fue durante generaciones uno de los grandes centros de reunión de la campaña: allí se compraban provisiones, se cambiaban noticias, se conseguía crédito, se jugaba a los naipes, se escuchaban payadas y se cerraban acuerdos nacidos de la palabra y el apretón de manos. Por sus puertas pasaron peones, arrieros, viajeros, comerciantes y gauchos que encontraban, después de largas jornadas, un refugio contra la soledad de la llanura. Sin embargo, la fotografía también encierra una historia detrás de la cámara. Ayerza, uno de los fundadores en 1889 de la Sociedad Fotográfica Argentina de Aficionados, organizaba muchas de sus imágenes como auténticas representaciones. Los trabajadores de la estancia San Juan posaban, repetían gestos y recreaban escenas del mundo criollo mientras el fotógrafo preparaba su pesado equipo y calculaba los prolongados tiempos de exposición. Varias de aquellas composiciones fueron concebidas dentro de un ambicioso proyecto destinado a ilustrar fotográficamente el Martín Fierro, aunque la edición jamás llegó a concretarse. Por eso, estos hombres no son únicamente tres bebedores sorprendidos en una tarde cualquiera. Son la representación de un país situado entre dos épocas: la antigua pampa de los ranchos, los fogones y las pulperías, y la Argentina moderna que avanzaba con alambrados, máquinas, inmigrantes y ferrocarriles. La botella pasa de una mano a otra, pero lo que realmente atraviesa la imagen es una memoria colectiva: la amistad sencilla, el descanso después del trabajo y el universo criollo que comenzaba a desaparecer mientras Ayerza lo convertía, para siempre, en patrimonio visual de la Argentina. Fotografía atribuida a Francisco “Paco” Ayerza, circa 1890-1895. Fuente de la copia difundida: Colección Familia Ayerza. La escena parece cuidadosamente preparada: tres paisanos vestidos con chiripás, pañuelos, tiradores, sombreros y botas se distribuyen frente a una construcción de madera cubierta con techo de paja. El hombre del centro extiende los brazos y acerca una botella al compañero sentado; sobre el improvisado mostrador aparecen otra botella y un pequeño vaso. El gesto casi teatral, la disposición de los cuerpos y la atención que algunos personajes prestan a la cámara revelan que no estamos ante una instantánea espontánea. Tampoco puede asegurarse que el edificio fuera realmente una pulpería: podría tratarse de un puesto, galpón o dependencia de la estancia adaptado para representar la escena. #FranciscoAyerza #FotografíaHistórica #HistoriaArgentina #Gauchos #Pulpería #Ginebra #TradiciónArgentina #CulturaCriolla #CampoArgentino #PampaArgentina #Paisanos #MartínFierro #MemoriaArgentina #ArgentinaAntigua #HistoriaRural #HistoricalPhotography #ArgentineHistory #GauchoCulture #ArgentineGauchos #RuralHistory #OldArgentina #ArgentineTradition #CulturalHeritage #HistoricArgentina #ThePampas

1875: EL “FLAIRE” Y LOS CAPITANEJOS — EL RETRATO MENDOCINO QUE DESAFÍA LA HISTORIA OFICIAL


Ciudad de Mendoza, hacia 1875. De pie, con el hábito oscuro sobre la túnica blanca, aparece fray Vicente Burela —también mencionado como Vicente Moisés o Moisés Vicente Burela—, misionero dominico y protagonista de uno de los capítulos más controvertidos de la frontera argentina. A sus lados posan dos capitanejos indígenas cuyos nombres no quedaron registrados en el epígrafe conocido y que, por el contexto histórico, probablemente estaban vinculados con las parcialidades ranqueles. Es el “flaire”, como habría dicho el lenguaje gauchesco de Martín Fierro, donde esa antigua inversión popular de la palabra “fraile” aparece expresamente. La fotografía fue tomada varios años después de los sucesos que enfrentaron a Burela con el coronel Lucio V. Mansilla. En marzo de 1870, el dominico partió desde la Villa de La Paz rumbo a las tolderías de Leubucó con regalos, ropas y provisiones, decidido a negociar con los caciques, impulsar la paz y rescatar cautivos. Tras doce agotadoras jornadas, entró el 31 de marzo en los dominios de Mariano Rosas, donde, según su relato, fue recibido solemnemente por una formación de unos setecientos lanceros montados. La comisión mendocina llegó dos días antes que la expedición de Mansilla, acompañada por los franciscanos Marcos Donati y Moisés Álvarez, los célebres “padrecitos” de Una excursión a los indios ranqueles. Aquella coincidencia desató mucho más que una disputa religiosa: fue una lucha por la autoridad, la influencia y el dominio del relato. Burela había conseguido una posición cercana a Mariano Rosas. Durante una gran junta, el cacique envió un mensajero para pedirle a Mansilla que desmontara y saludara al dominico. El coronel se negó indignado, alegando que él representaba al presidente de la República y que, en todo caso, era Burela quien debía saludarlo primero. Finalmente, la exigencia fue reformulada como un saludo general y Mansilla aceptó echar pie a tierra. El episodio, narrado por él mismo, revela hasta qué punto el fraile había ganado consideración dentro de Leubucó. El mayor escándalo estuvo relacionado con el aguardiente llevado como obsequio. Las fuentes coinciden en que Burela distribuyó varias cargas y que aquello provocó una extensa celebración acompañada por un fuerte consumo de alcohol. Mansilla y Donati lo responsabilizaron por los excesos y por haber puesto en peligro las negociaciones; el coronel llegó a describirlo con enorme hostilidad en su libro. Sin embargo, estas acusaciones deben leerse dentro de una rivalidad abierta: Mansilla y Burela mantuvieron durante 1870 una áspera polémica en las páginas de La Nación, iniciada con comentarios llegados desde Mendoza, continuada con una violenta respuesta del militar y cerrada con la contestación pública del dominico. No existe, por lo tanto, una versión completamente neutral de aquellos acontecimientos. Más de ciento cincuenta años después, la fotografía nos obliga a mirar más allá de esa guerra de palabras. Los dos capitanejos aparecen vestidos cuidadosamente para el retrato: prendas de telar con franjas y figuras geométricas, camisas decoradas, botas resistentes y una postura serena frente a la cámara. No son personajes secundarios ni figuras derrotadas, sino autoridades indígenas que viajaron hasta Mendoza, negociaron con representantes religiosos y políticos y decidieron presentarse ante un estudio fotográfico conservando elementos visibles de su identidad. El hombre sentado a la derecha parece llevar líneas bordadas o cosidas sobre la camisa, aunque la resolución disponible no permite determinar con seguridad la técnica. Las piezas colocadas sobre las piernas podrían corresponder a chiripás, ponchos o mantas utilizadas como parte del atuendo ceremonial. Esta imagen no es solamente el recuerdo de un fraile acompañado por dos visitantes. Es el retrato de una frontera viva y profundamente política: un espacio de tratados, regalos, ceremonias, rivalidades, cautivos, intérpretes y negociaciones, donde los pueblos originarios no eran simples espectadores de la expansión estatal, sino protagonistas capaces de decidir, exigir respeto y disputar su propio destino. Sus nombres todavía permanecen ocultos, pero sus miradas atravesaron el tiempo. Todo aporte documental que permita identificar a los capitanejos o al estudio fotográfico donde posaron sería fundamental para completar esta historia. La referencia documental más antigua y precisa que pude localizar aparece reproducida por el historiador Juan Guillermo Durán en el libro Un malón sobre la Villa de La Paz: el robo del vestido de la Virgen paceña. , 1868. El epígrafe dice exactamente: “Fray Vicente Burela y dos capitanejos de visita en Mendoza. Año 1875”, y atribuye la imagen a la obra de Fernando Morales Guiñazú, Primitivos habitantes de Mendoza, publicada en Mendoza en 1938. La obra de Morales Guiñazú fue editada por Best Hermanos en 1938, consta de 310 páginas y varias láminas fotográficas. Por el momento no encontramos una identificación del fotógrafo, del estudio mendocino ni de los dos capitanejos retratados. Existe además una posible confusión en la atribución al Archivo Histórico Franciscano de Río Cuarto. En el índice de ilustraciones del libro de Durán aparecen dos fotografías consecutivas: La número 17 corresponde a capitanejos ranqueles retratados en la Comandancia de Río Cuarto en 1872 y sí pertenece al Archivo Histórico Franciscano de Río Cuarto. La número 18 es esta fotografía de Burela con los dos capitanejos en Mendoza, fechada en 1875 y tomada de la obra de Morales Guiñazú. Por lo tanto, con la documentación disponible, no sería correcto adjudicar directamente esta imagen al archivo franciscano de Río Cuarto. Probablemente ambas referencias fueron mezcladas al circular las fotografías por redes sociales. #HistoriaArgentina #MendozaAntigua #MendozaHistórica #PueblosOriginarios #Ranqueles #FrayBurela #LucioVMansilla #Leubucó #FronteraSur #FotografíaHistórica #MemoriaIndígena #HistoriaDeMendoza #IndigenousHistory #ArgentineHistory #RanquelPeople #HistoricalPhotography #NativePeoples #SouthAmericanHistory #CulturalMemory #HistoryCaptured

29 DE JULIO DE 2002: EL INVIERNO DEL DERRUMBE — MÁS DE LA MITAD DEL PAÍS ERA POBRE Y MENDOZA CAÍA HACIA EL ABISMO


El 29 de julio de 2002, la Argentina atravesaba uno de los inviernos más crueles de su historia reciente. Las fábricas cerraban, el empleo se desmoronaba, los salarios perdían valor y millones de familias luchaban para conseguir alimentos. Las estadísticas de pobreza se relevaban entonces en mayo y octubre, por lo que no describen una única jornada, pero permiten encerrar aquel 29 de julio entre dos fotografías estremecedoras de una misma catástrofe social. En mayo de 2002, el 53 % de las personas que habitaban los aglomerados urbanos relevados por el INDEC se encontraba debajo de la línea de pobreza y el 24,8 % ni siquiera lograba reunir los ingresos necesarios para cubrir una alimentación básica. Eran alrededor de 12.453.000 pobres y 5.827.000 indigentes dentro del universo estudiado. Mendoza no permanecía al margen del derrumbe: en el Gran Mendoza, la pobreza alcanzaba al 50,5 % de la población y la indigencia al 22,2 %. En otras palabras, uno de cada dos habitantes era pobre y más de uno de cada cinco no podía garantizar las necesidades alimentarias mínimas de su hogar. Pero el fondo todavía no había llegado. Para octubre, la pobreza urbana nacional había trepado al 57,5 % y la indigencia al 27,5 %: 13.870.000 personas pobres y 6.638.000 indigentes en los 31 aglomerados relevados. En el Gran Mendoza, la situación se había agravado todavía más: el 58,4 % de sus habitantes estaba debajo de la línea de pobreza y el 28,4 % había caído en la indigencia. Casi seis de cada diez mendocinos eran pobres y más de uno de cada cuatro carecía de ingresos suficientes para cubrir una canasta elemental de alimentos. La inflación erosionaba diariamente cualquier ingreso. En julio, el Índice de Precios al Consumidor del Gran Buenos Aires aumentó un 3,2 % y acumuló un 34,7 % desde diciembre de 2001. Sin embargo, detrás del promedio se escondía un impacto mucho más desigual: los bienes, entre ellos los productos esenciales que las familias necesitaban comprar, habían subido un 4,1 % solamente durante julio y un 59,1 % desde el final de 2001; los servicios, en cambio, acumulaban un incremento del 8,3 %. La crisis golpeaba así con especial violencia a quienes destinaban casi todo su dinero a alimentos, vestimenta y artículos indispensables. Para dimensionar aquel abismo basta observar el costo de las canastas. En julio de 2002, un hogar utilizado como ejemplo por el INDEC —un matrimonio con dos hijos de cinco y ocho años— necesitaba $293,33 mensuales solamente para superar la línea de indigencia. Para cubrir la Canasta Básica Total, que incorporaba además gastos esenciales no alimentarios, requería $674,67. Quien no llegaba al primer monto era considerado indigente; quien superaba la alimentación mínima, pero no alcanzaba el segundo, continuaba siendo pobre. En medio de aquella emergencia, el Plan Jefas y Jefes de Hogar funcionó como una barrera limitada, pero decisiva para miles de familias. El cálculo del INDEC mostró que, al excluir esos ingresos, la indigencia habría alcanzado al 30,5 % de la población en lugar del 27,5 %. Su influencia sobre la pobreza total fue menor: sin la asistencia habría llegado al 58,1 %, frente al 57,5 % registrado. El plan no logró revertir el desastre, pero evitó que una parte de los hogares atravesara la última frontera: la imposibilidad absoluta de comprar alimentos. Aquellas cifras no eran números fríos. Detrás de cada porcentaje había mesas vacías, comedores desbordados, trueques, changas, negocios cerrados y familias que vendían sus pertenencias para sobrevivir. El 29 de julio de 2002, la Argentina seguía en pie, pero caminaba sobre las ruinas de su estructura económica y social. Mendoza, lejos de ser una excepción, contemplaba cómo la pobreza avanzaba desde los márgenes hasta ocupar el corazón mismo de la sociedad. #Argentina2002 #CrisisDe2001 #CrisisArgentina #HistoriaArgentina #Mendoza #GranMendoza #HistoriaDeMendoza #Pobreza #Indigencia #Inflación #INDEC #PlanJefasYJefes #MemoriaHistórica #ArgentineHistory #ArgentinaCrisis #EconomicCrisis #MendozaHistory #Poverty #Inflation #SocialCrisis #HistoricalMemory

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