jueves, 30 de julio de 2026

1918–1928: MENDOZA FUE POR SU ORO NEGRO — EL SUEÑO PETROLERO LENCINISTA QUE LA INESTABILIDAD POLÍTICA DEJÓ BAJO TIERRA (IMAGEN ILUSTRATIVA)


Cuando la economía mendocina parecía destinada a depender casi exclusivamente de la vid y el vino, bajo la Cordillera y los desiertos del sur permanecía escondida otra riqueza capaz de transformar el futuro provincial: el petróleo. Entre 1918 y 1928, los gobiernos vinculados al lencinismo intentaron convertir aquel recurso todavía incierto en una nueva industria, pero la falta de continuidad política, capitales, caminos, tecnología y planificación terminó dejando gran parte de ese sueño enterrado. El impulso más decidido comenzó durante la gobernación de José Néstor Lencinas. En 1918, Mendoza organizó la División de Minas, Petróleo y Geología, una repartición técnica extraordinariamente avanzada para su tiempo, encargada de estudiar el territorio, ordenar los permisos de cateo, confeccionar mapas mineros y asesorar a quienes quisieran invertir. Al frente fue designado el ingeniero Guillermo Hileman, formado en la industria petrolera de California y especializado en esquistos bituminosos. Bajo su conducción se difundieron estudios sobre Cacheuta, Papagayos, El Sosneado, Barrancas y otras zonas donde comenzaba a crecer la esperanza de encontrar el codiciado “oro negro”. Sin embargo, aquel impulso no logró convertirse en una política estable. Las tres gobernaciones lencinistas fueron atravesadas por intervenciones federales y graves conflictos institucionales. José Néstor Lencinas sufrió una interrupción temporal de su gobierno; Carlos Washington Lencinas fue desplazado en 1924 y Alejandro Orfila en 1928. Cada quiebre modificó funcionarios, presupuestos y prioridades, paralizando proyectos que necesitaban años de estudios, inversiones constantes y una conducción técnica sostenida. Durante el gobierno de Carlos Washington Lencinas, la antigua División de Minas perdió categoría, personal y recursos. Hileman continuó inicialmente, aunque con menor salario y escaso margen operativo, hasta que en 1923 abandonó Mendoza para incorporarse a YPF. La búsqueda petrolera quedó reducida, en gran medida, a trámites administrativos, concesiones y permisos que rara vez se transformaron en perforaciones reales. Alejandro Orfila intentó recuperar la iniciativa. Procuró ordenar las pertenencias mineras, reactivar los antiguos pozos de Cacheuta, incentivar la explotación y hasta impulsar una compañía mixta con participación provincial. Pero varias de aquellas medidas estuvieron condicionadas por la urgencia fiscal y la improvisación. La subasta de las propiedades de la Compañía Petrolera de Cacheuta no produjo los resultados esperados y el proyecto de asociación con Río Atuel tampoco alcanzó una consolidación duradera. La gran excepción fue la Compañía Río Atuel S.A. Minera e Industrial, que desde 1926 consiguió extraer petróleo en El Sosneado. Allí llegó a operar cinco pozos productivos y otros dos en preparación. El crudo debía atravesar caminos precarios, nieve y temperaturas extremas, trasladado en carros o camiones hasta la estación Pedro Benegas, en San Rafael. Su producción fue limitada e irregular, pero demostró algo fundamental: Mendoza realmente tenía petróleo y podía explotarlo. En esa batalla también intervino el diario Los Andes. A través de noticias y editoriales, el matutino difundió las riquezas minerales mendocinas, reclamó mayor acción gubernamental, criticó la ausencia de grandes capitales argentinos y advirtió que numerosas oportunidades podían terminar en manos extranjeras. Su prédica convirtió al petróleo en un asunto público y defendió la necesidad de diversificar una economía excesivamente dependiente de la vitivinicultura. La experiencia lencinista no llegó a construir una verdadera industria hidrocarburífera, pero dejó estudios, mapas, conocimientos técnicos y una idea que sobrevivió a sus protagonistas: la explotación petrolera exigía un Estado activo y una empresa con capacidad financiera para afrontar enormes riesgos geológicos. Esa respuesta llegaría después. En 1932, Mendoza firmó un convenio estratégico con YPF; en 1940 comenzó a funcionar la Refinería de Luján de Cuyo y la provincia llegó a convertirse en el segundo distrito petrolero de la Argentina. Por eso, aquella década no debe recordarse únicamente como una sucesión de proyectos frustrados. Fue el tiempo en que Mendoza comenzó a mirar debajo de sus viñedos, atravesó la Cordillera, desafió el desierto y comprendió que su futuro económico también podía brotar desde las profundidades de la tierra. #HistoriaDeMendoza #PetróleoMendocino #OroNegro #Lencinismo #JoséNéstorLencinas #CarlosWashingtonLencinas #AlejandroOrfila #GuillermoHileman #Cacheuta #ElSosneado #RíoAtuel #YPF #RefineríaDeLujánDeCuyo #IndustriaMendocina #HistoriaPetrolera #MendozAntigua #MendozaHistory #ArgentineHistory #OilHistory #PetroleumHistory #EnergyHistory #IndustrialHistory #BlackGold #YPFHistory #LatinAmericanHistory

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