Hace 331 años, el 20 de septiembre de 1695, mientras Mendoza era todavía una pequeña ciudad colonial vinculada administrativamente al Reino de Chile, quedó asentado uno de esos documentos capaces de atravesar más de tres siglos y devolvernos la voz de sus protagonistas. Ese día, el capitán Juan Corvalán de Castilla —también citado en documentos y estudios como Corvalán y Castillo o Corbalán— otorgó su testamento en Mendoza ante Martín Pizarro Figueroa, alcalde de primer voto. La referencia documental conservada por la investigación histórica es extraordinariamente precisa: Archivo Histórico de Mendoza, Protocolo N.º 24, foja 60, 20-IX-1695. Corvalán había nacido en Santiago de Chile el 25 de junio de 1637, por lo que tenía 58 años cuando dispuso su última voluntad. Antes de establecerse en Mendoza había pasado por el Río de la Plata, donde ejerció como capitán de caballos del Presidio de Buenos Aires; posteriormente se convirtió en vecino encomendero mendocino. En Buenos Aires había contraído matrimonio en 1663 con Isabel Bautista de la Rocha, y su descendencia quedaría profundamente arraigada en Cuyo. Pero lo más fascinante del documento no está solamente en los nombres y fechas. Los testamentos coloniales eran auténticas radiografías de la sociedad: en ellos podían aparecer bienes, deudas, familiares, herederos, esclavos, sirvientes, disposiciones funerarias, misas, limosnas, mandas religiosas y relaciones personales que difícilmente sobrevivían en otro tipo de documentación. El testamento de Corvalán comenzaba siguiendo la profunda religiosidad propia de aquel mundo, invocando a la Santísima Trinidad, a la Virgen y a los santos, y expresaba la preocupación del otorgante por encontrarse espiritualmente preparado para la muerte. La historiadora Andrea Greco de Álvarez utilizó precisamente este testamento para estudiar la concepción de la “buena muerte” en la Mendoza colonial y consignó entre sus fuentes la referencia exacta del Protocolo 24, foja 60, fechada el 20 de septiembre de 1695. A esto se suma la obra de Alicia Virginia Gabbi y Elvira Martín de Codoni, Mendoza en sus testamentos, publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, cuyo primer tomo reúne y sistematiza testamentos, codicilos, poderes para testar e inventarios mendocinos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Investigaciones genealógicas posteriores que se apoyan directamente en esa obra identifican a Juan Corvalán de Castilla, nacido en Santiago de Chile en 1637, como el hombre que testó aquel 20 de septiembre ante Martín Pizarro Figueroa. Así, una simple fecha escrita en una antigua foja nos abre una ventana hacia la Mendoza de hace más de tres siglos: una ciudad de pocas cuadras, familias conectadas entre Cuyo, Chile y el Río de la Plata, autoridades capitulares, encomenderos y documentos manuscritos donde las personas procuraban dejar ordenadas sus cuentas terrenales y espirituales antes de morir. Y hay un detalle especialmente significativo para MendozAntigua: entre los Protocolos de Escribanos que hemos podido vincular hasta ahora con un 20 de septiembre, este registro lleva nuestra búsqueda documental nada menos que hasta 1695. No es una efeméride construida retrospectivamente: detrás de ella existe una fecha, un nombre, un protocolo y una foja que todavía esperan que volvamos a leerlos 331 años después. Fuente: Archivo Histórico de Mendoza, Protocolo N.º 24, foja 60, 20-IX-1695, citado por Andrea Greco de Álvarez en sus estudios sobre testamentos y la “buena muerte” mendocina; Alicia Virginia Gabbi y Elvira Martín de Codoni, Mendoza en sus testamentos. Siglos XVI, XVII y XVIII, tomo I, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1996; estudios genealógicos posteriores basados en dicha obra. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Efemerides #20DeSeptiembre #ArchivoHistorico #ProtocolosDeEscribanos #Testamentos #JuanCorvalan #HistoriaArgentina #Cuyo #Genealogia #PatrimonioDocumental #MemoriaHistorica #ColonialMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalDocuments #Genealogy #Archives #OnThisDay
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domingo, 20 de septiembre de 2026
20 DE SEPTIEMBRE DE 1695: LA ÚLTIMA VOLUNTAD DE UN CAPITÁN QUEDÓ ESCRITA PARA SIEMPRE EN UNA FOJA DE MENDOZA - JUAN CORVALAN DE CASTILLA (IMAGEN ILUSTRATIVA)
Hace 331 años, el 20 de septiembre de 1695, mientras Mendoza era todavía una pequeña ciudad colonial vinculada administrativamente al Reino de Chile, quedó asentado uno de esos documentos capaces de atravesar más de tres siglos y devolvernos la voz de sus protagonistas. Ese día, el capitán Juan Corvalán de Castilla —también citado en documentos y estudios como Corvalán y Castillo o Corbalán— otorgó su testamento en Mendoza ante Martín Pizarro Figueroa, alcalde de primer voto. La referencia documental conservada por la investigación histórica es extraordinariamente precisa: Archivo Histórico de Mendoza, Protocolo N.º 24, foja 60, 20-IX-1695. Corvalán había nacido en Santiago de Chile el 25 de junio de 1637, por lo que tenía 58 años cuando dispuso su última voluntad. Antes de establecerse en Mendoza había pasado por el Río de la Plata, donde ejerció como capitán de caballos del Presidio de Buenos Aires; posteriormente se convirtió en vecino encomendero mendocino. En Buenos Aires había contraído matrimonio en 1663 con Isabel Bautista de la Rocha, y su descendencia quedaría profundamente arraigada en Cuyo. Pero lo más fascinante del documento no está solamente en los nombres y fechas. Los testamentos coloniales eran auténticas radiografías de la sociedad: en ellos podían aparecer bienes, deudas, familiares, herederos, esclavos, sirvientes, disposiciones funerarias, misas, limosnas, mandas religiosas y relaciones personales que difícilmente sobrevivían en otro tipo de documentación. El testamento de Corvalán comenzaba siguiendo la profunda religiosidad propia de aquel mundo, invocando a la Santísima Trinidad, a la Virgen y a los santos, y expresaba la preocupación del otorgante por encontrarse espiritualmente preparado para la muerte. La historiadora Andrea Greco de Álvarez utilizó precisamente este testamento para estudiar la concepción de la “buena muerte” en la Mendoza colonial y consignó entre sus fuentes la referencia exacta del Protocolo 24, foja 60, fechada el 20 de septiembre de 1695. A esto se suma la obra de Alicia Virginia Gabbi y Elvira Martín de Codoni, Mendoza en sus testamentos, publicada por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, cuyo primer tomo reúne y sistematiza testamentos, codicilos, poderes para testar e inventarios mendocinos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Investigaciones genealógicas posteriores que se apoyan directamente en esa obra identifican a Juan Corvalán de Castilla, nacido en Santiago de Chile en 1637, como el hombre que testó aquel 20 de septiembre ante Martín Pizarro Figueroa. Así, una simple fecha escrita en una antigua foja nos abre una ventana hacia la Mendoza de hace más de tres siglos: una ciudad de pocas cuadras, familias conectadas entre Cuyo, Chile y el Río de la Plata, autoridades capitulares, encomenderos y documentos manuscritos donde las personas procuraban dejar ordenadas sus cuentas terrenales y espirituales antes de morir. Y hay un detalle especialmente significativo para MendozAntigua: entre los Protocolos de Escribanos que hemos podido vincular hasta ahora con un 20 de septiembre, este registro lleva nuestra búsqueda documental nada menos que hasta 1695. No es una efeméride construida retrospectivamente: detrás de ella existe una fecha, un nombre, un protocolo y una foja que todavía esperan que volvamos a leerlos 331 años después. Fuente: Archivo Histórico de Mendoza, Protocolo N.º 24, foja 60, 20-IX-1695, citado por Andrea Greco de Álvarez en sus estudios sobre testamentos y la “buena muerte” mendocina; Alicia Virginia Gabbi y Elvira Martín de Codoni, Mendoza en sus testamentos. Siglos XVI, XVII y XVIII, tomo I, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 1996; estudios genealógicos posteriores basados en dicha obra. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #Efemerides #20DeSeptiembre #ArchivoHistorico #ProtocolosDeEscribanos #Testamentos #JuanCorvalan #HistoriaArgentina #Cuyo #Genealogia #PatrimonioDocumental #MemoriaHistorica #ColonialMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalDocuments #Genealogy #Archives #OnThisDay
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20 DE SEPTIEMBRE DE 1892 - EL DÍA EN QUE $4.000 COMPRARON UN PEDAZO DE LA MENDOZA QUE CAMBIABA PARA SIEMPRE: UNA ESCRITURA DE 1892 REVELA EL NEGOCIO DE SANTIAGO TISSANDIER (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 20 de septiembre de 1892, mientras Mendoza atravesaba una profunda transformación económica y territorial, una escritura pública dejó registrada una operación que hoy permite asomarnos con extraordinaria precisión al mercado de tierras de fines del siglo XIX. Aquel día, Santiago Tissandier adquirió por $4.000 moneda nacional un terreno inculto de aproximadamente 17.700 m² situado en el entonces departamento Belgrano, territorio que corresponde al actual Godoy Cruz. No se trata de una fecha reconstruida de manera aproximada: la operación aparece individualizada en la documentación del Archivo General de la Provincia de Mendoza como Protocolo 494 del escribano Pompeyo Lemos, año 1892, tomo III, folio 842, escritura N.º 687, fechada exactamente el 20 de septiembre. La investigación histórica de Eduardo Pérez Romagnoli reproduce esa referencia archivística y confirma tanto el precio como la superficie y la condición de “terreno inculto” del inmueble. El nombre del comprador agrega una dimensión especialmente interesante a aquella escritura. Tissandier era un inmigrante francés vinculado a la actividad metalúrgica: investigaciones de la Universidad Nacional de Cuyo lo incluyen entre los artesanos e industriales que acompañaron el desarrollo de la nueva economía vitivinícola mendocina y señalan la existencia de su actividad metalúrgica desde la década de 1880. Para 1895, las fuentes censales lo registraban vinculado a una armería en Belgrano. El lugar donde se produjo aquella compra también estaba cambiando aceleradamente. El antiguo San Vicente recibió durante aquellos años la denominación Belgrano y sólo en 1909 adoptaría definitivamente el nombre de Godoy Cruz. La actual Municipalidad recuerda que el crecimiento de fines del siglo XIX estuvo acompañado por la expansión agrícola, la llegada del ferrocarril y una creciente actividad industrial, elementos que fueron modificando de manera decisiva el paisaje departamental. Así, detrás de una aparentemente fría escritura de compraventa aparecen mucho más que un comprador, una suma de dinero y una extensión de tierra: aparece la Mendoza que comenzaba a extender sus cultivos, talleres, bodegas, vías férreas y emprendimientos sobre antiguos terrenos todavía sin trabajar. Documentos notariales como este permiten reconstruir, escritura por escritura y parcela por parcela, cómo fue tomando forma el territorio que hoy conocemos. Fuente de origen: Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM), Protocolo 494, escribano Pompeyo Lemos, 1892, tomo III, folio 842, escritura N.º 687, 20 de septiembre de 1892. Referencia documental publicada por Eduardo Pérez Romagnoli, “Artesanos e industriales de ayer. Vitivinicultura y metalúrgicos del cobre en Mendoza y San Juan (1885-1930)”, Revista Encuentros Latinoamericanos, Vol. VII, N.º 1, 2013. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #GodoyCruz #Belgrano #SanVicente #20DeSeptiembre #ArchivoHistorico #ArchivoGeneralDeMendoza #ProtocolosNotariales #EscriturasAntiguas #HistoriaArgentina #SigloXIX #MemoriaMendocina #PatrimonioHistorico #SantiagoTissandier #MendozaHistory #ArgentineHistory #HistoricalDocuments #GodoyCruzHistory #LocalHistory #19thCentury
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20 DE SEPTIEMBRE DE 1890: MENDOZA BAILABA ENTRE DOS BANDERAS — CHILENOS E ITALIANOS TOMABAN LAS CALLES EN UNA JORNADA DE FIESTA
El 20 de septiembre de 1890, las páginas de Los Andes dejaron registrada una extraordinaria escena de la Mendoza de fines del siglo XIX: mientras la colectividad chilena se reunía entre música e himnos, los inmigrantes italianos preparaban su propia celebración en salones de la ciudad. Dos comunidades, dos tradiciones y una misma Mendoza que comenzaba a transformarse profundamente. En la edición N.º 1.735 de Los Andes, correspondiente al sábado 20 de septiembre de 1890, aparecen al menos dos noticias vinculadas con aquellas colectividades. Una daba cuenta de una fiesta del Círculo Chileno, acompañada por una banda de música y por la interpretación de los himnos de Chile y de la Argentina. La otra anunciaba un baile organizado por miembros de la colectividad italiana en salones ubicados sobre calle Entre Ríos, con motivo de la conmemoración del “XX de Septiembre”. Aquella fecha tenía una enorme carga simbólica para buena parte de los italianos de la época: recordaba el 20 de septiembre de 1870, cuando las tropas del Reino de Italia abrieron la célebre brecha de Porta Pia, ingresaron en Roma y pusieron fin al poder temporal de los Estados Pontificios, un acontecimiento decisivo del proceso de unificación italiana. Que veinte años después esa jornada fuera recordada con un baile en Mendoza no era un detalle menor. Estudios de la Universidad Nacional de Cuyo muestran que las celebraciones italianas del 20 de septiembre continuaron formando parte de la vida cultural mendocina durante las décadas posteriores, con actos, banquetes, música, himnos y reuniones organizadas por la colectividad. El festejo chileno también tenía un profundo significado en una provincia cuya relación humana con el país trasandino era muchísimo más antigua que la gran inmigración europea. Un trabajo histórico difundido por la UNCuyo señala que la inmigración chilena tuvo un peso particularmente fuerte en Mendoza entre 1860 y 1880 y que, desde la década de 1880, comenzó a superponerse con la llegada creciente de europeos favorecida, entre otros factores, por la expansión ferroviaria. Precisamente en 1890 Mendoza se encontraba en medio de esa transformación. Italianos, chilenos y habitantes nacidos en la provincia compartían calles, comercios, talleres, fincas, espacios de sociabilidad y celebraciones. La presencia italiana se haría todavía más visible con el paso de los años: el censo de 1895 registraría 4.148 italianos residentes en Mendoza, una comunidad que terminaría teniendo una influencia enorme en la agricultura, la vitivinicultura, el comercio y la vida social provincial. Así, aquellas breves noticias de una página de diario adquieren hoy otra dimensión: nos permiten imaginar una noche mendocina de 1890 en la que sonaban bandas, se entonaban himnos, se preparaban salones para el baile y distintas colectividades expresaban públicamente su identidad. No eran simplemente dos fiestas. Eran la fotografía escrita de una Mendoza que comenzaba a convertirse en una sociedad cada vez más diversa, atravesada por la Cordillera y por las grandes corrientes migratorias del mundo. Fuente de origen: Los Andes, Mendoza, sábado 20 de septiembre de 1890, N.º 1.735, p. 1; referencia localizada mediante repertorio documental de la Universidad Nacional de Cuyo. Para una transcripción textual definitiva de ambas noticias corresponde cotejar el ejemplar original de hemeroteca. Fuentes complementarias: Universidad Nacional de Cuyo, “Mendoza como destino: la inmigración”; Fátima G. Musri, investigación sobre la actividad musical de las colectividades en Mendoza; Treccani y Biblioteca del Senado de Italia, documentación histórica sobre el 20 de septiembre de 1870 y la Brecha de Porta Pia. #Inmigracion #InmigrantesItalianos #ItalianosEnMendoza #ChilenosEnMendoza #ColectividadItaliana #ColectividadChilena #HistoriaArgentina #MemoriaHistorica #Mendoza1890 #Italia #Chile #PortaPia #Risorgimento #HistoriaItaliana #HistoricMendoza #MendozaHistory #ItalianImmigration #ChileanImmigration #ArgentinaHistory #ImmigrationHistory #ItalianHeritage #ChileanHeritage
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sábado, 19 de septiembre de 2026
20 DE SEPTIEMBRE DE 1887: EL DÍA QUE MENDOZA QUISO FRENAR EL MONOPOLIO DEL AGUA EN EL SUR (IMAGEN ILUSTRATIA)
El 20 de septiembre de 1887, cuando el sur mendocino comenzaba a convertirse en una nueva frontera agrícola, el Gobierno de Mendoza tomó una decisión extraordinaria para la época: estableció que una sola persona no podría recibir concesiones de agua de los ríos Diamante y Atuel para una superficie superior a 500 hectáreas. La medida buscaba impedir que unos pocos particulares concentraran un recurso capaz de decidir el destino y hasta el valor de enormes extensiones de tierra. Una investigación de la Universidad Nacional de Cuyo confirma expresamente la fecha, el límite de 500 hectáreas y el propósito de evitar que las aguas de ambos ríos fueran monopolizadas. En la Mendoza del siglo XIX, esta cuestión era decisiva. En una provincia marcada por la aridez, poseer tierra sin acceso al riego podía significar disponer de un territorio prácticamente improductivo. La historiadora Ana María Mateu señala que los derechos de agua eran precisamente los que valorizaban un terreno y permitían incorporarlo a la producción. Durante las décadas de 1870 y 1880, el Estado provincial comenzó a ampliar canales, realizar estudios hidráulicos y organizar un sistema legal de concesiones que acompañaría la profunda transformación económica de Mendoza. El decreto de 1887 debe entenderse también dentro del proceso iniciado con la Ley de Aguas de 1884, una norma fundamental que buscó ordenar la administración de un recurso hasta entonces atravesado por reglamentos, derechos antiguos y decisiones dispersas. La ley reconocía el carácter público de las aguas y establecía distintas categorías y prioridades para su aprovechamiento. Pero detrás de aquella resolución aparece una llamativa contradicción histórica: la misma Ana María Mateu documenta que en 1887 se había concedido a Rufino Ortega derecho de agua para unas 10.000 hectáreas en Malargüe, mediante una toma del Atuel. Ese mismo año se estableció luego el límite de 500 hectáreas por persona para concesiones sobre el Diamante y el Atuel. La restricción tampoco se transformó en una barrera permanente. Un estudio de UNCuyo señala que en las décadas siguientes volvieron a aprobarse grandes derechos de riego en el Oasis Sur y que, hacia 1929, las concesiones vinculadas solamente al río Atuel alcanzaban unas 131.000 hectáreas. Aquella disposición del 20 de septiembre de 1887 representa así mucho más que un antiguo decreto administrativo: permite observar uno de los grandes problemas que acompañaron la construcción del sur mendocino. Tierra, agua y producción estaban íntimamente unidas, y controlar un cauce podía significar controlar el futuro económico de enormes extensiones. Hace más de un siglo, cuando San Rafael y las regiones irrigadas por el Diamante y el Atuel apenas comenzaban su gran transformación, Mendoza ya discutía una cuestión que atravesaría toda su historia: cómo distribuir un recurso escaso sin permitir que quedara concentrado en pocas manos. Fuente de origen: Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, año 1887, p. 412. Corroboración académica: Universidad Nacional de Cuyo, investigación sobre las concesiones hídricas del sur mendocino; Ana María Mateu, “Estado y vitivinicultura. Las políticas públicas de la transición. Mendoza, 1870-1890”, repositorio CONICET. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #Efemérides #20DeSeptiembre #RíoAtuel #RíoDiamante #SanRafael #HistoriaDelAgua #Irrigación #Riego #Agua #OasisSur #HistoriaArgentina #PatrimonioMendocino #MendozaHistory #ArgentineHistory #WaterHistory #IrrigationHistory #AtuelRiver #DiamanteRiver #HistoricalMendoza
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20 DE SEPTIEMBRE DE 1864: LA LEY QUE TRAZÓ LA FRONTERA DEL VOTO EN MENDOZA Y CAMBIÓ LAS REGLAS DEL PODER (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 20 de septiembre de 1864, mientras Mendoza todavía atravesaba las profundas transformaciones posteriores al terremoto de 1861, quedó sancionada una nueva Ley de Elecciones que buscó reorganizar uno de los mecanismos esenciales de la vida política provincial: quién podía votar, cómo debía inscribirse y de qué manera se realizaban los comicios. La fecha está documentada en el Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, donde figura la “Lei de elecciones” del 20 de septiembre de 1864, publicada en el volumen correspondiente a 1860-1864, páginas 492 a 499. Su tratamiento también puede reconstruirse mediante las sesiones de la Legislatura mendocina, particularmente las del 19 y 20 de septiembre, conservadas en las Actas, tomo VIII, y a través del expediente 1712, Carpeta 37, del Archivo Legislativo de Mendoza, que contiene la nota del Poder Ejecutivo relacionada con la sanción de la ley. La norma introdujo el Registro Cívico como paso indispensable para ejercer el sufragio. Una comisión designada por el Poder Ejecutivo debía confeccionar en cada distrito las listas de vecinos habilitados, ordenarlas alfabéticamente y remitir los originales al gobierno. Para los argentinos provenientes de otras provincias se exigían seis meses de residencia en Mendoza antes de poder inscribirse. La investigación de Gabriela García Garino señala que podían sufragar los ciudadanos argentinos mayores de 21 años —y desde los 18 si estaban enrolados en la Guardia Nacional—, pero existía una extensa nómina de exclusiones. Entre ellas figuraban condenados, procesados, determinados deudores, soldados, cabos y sargentos de la tropa de línea y quienes la propia legislación calificaba con la expresión de época “conocidamente vagos”. También quedaban excluidos los analfabetos, salvo que poseyeran una propiedad raíz o desarrollaran una actividad alcanzada por una patente. El cambio alcanzó incluso la forma material de votar. Frente a prácticas anteriores en las que el sufragio podía expresarse oralmente, la ley de 1864 estableció un voto personal escrito, manuscrito o impreso. No era secreto como el actual: el sufragio decimonónico se desarrollaba públicamente. La provincia quedó organizada en nueve distritos electorales: Ciudad, San Martín, Junín, Guaymallén, San Carlos, La Paz, Maipú, Luján y San Vicente; San Rafael quedó unido electoralmente a San Carlos, Tupungato a Luján y Rosario a Ciudad. La Ciudad contaba además con tres secciones electorales. Otro aspecto particularmente significativo fue el poder que conservó la Legislatura. Si en un distrito no concurría al menos una cuarta parte de los ciudadanos inscriptos, la propia Cámara podía designar mediante votación a los diputados correspondientes. La medida provocó controversias: el Poder Ejecutivo había cuestionado especialmente las restricciones impuestas a los ciudadanos analfabetos por considerar que podían entrar en conflicto con derechos reconocidos por la normativa superior. La Legislatura mantuvo esa limitación, aunque redujo el requisito económico relativo a las patentes. La aplicación de aquella ley mostró rápidamente sus dificultades. En las elecciones destinadas a renovar parte de la Cámara a fines de 1864 fueron anulados los comicios de San Martín, Junín y Guaymallén por falta del número requerido de votantes, mientras que en Ciudad, Luján y San Vicente ni siquiera llegaron a celebrarse. La controversia se extendió durante 1865 y terminó desembocando en la revisión de disposiciones de la norma; en 1866 Mendoza sancionaría una nueva ley electoral. Más que una simple reglamentación administrativa, aquel texto del 20 de septiembre permite observar cómo se definían ciudadanía, representación y poder político en la Mendoza del siglo XIX: una sociedad donde votar era voluntario y público, pero donde no todos los ciudadanos quedaban en igualdad de condiciones para acceder a las urnas. Fuente de origen: Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, ROPM 1860-1864, “Lei de elecciones”, 20 de septiembre de 1864, pp. 492-499; Archivo Legislativo de Mendoza, Actas Legislativas, tomo VIII, sesiones del 19 y 20 de septiembre de 1864; expediente 1712, “Nota del P. E. a la H. C. L. sobre sanción ley de elecciones”, Carpeta 37. Estos documentos están individualizados y contrastados en Gabriela García Garino, “El más alto poder: Legislatura y cultura política en el proceso de construcción del estado provincial de Mendoza, 1852-1880”, tesis doctoral, Universidad de Buenos Aires, 2016, especialmente pp. 173-178 y cuadro comparativo del anexo; y en Beatriz Bragoni, “Los avatares de la representación. Sufragio, política y elecciones en Mendoza, 1854-1881”. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #20DeSeptiembre #Elecciones #LeyElectoral #SigloXIX #ArchivoHistórico #ArchivoLegislativo #RegistroCívico #Ciudadanía #MemoriaHistórica #HistoriaPolítica #PatrimonioDocumental #MendozaHistory #ArgentineHistory #ElectoralHistory #PoliticalHistory #HistoricalDocuments #19thCentury #LocalHistory #HistoricalArchive
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20 DE SEPTIEMBRE DE 1864: MENDOZA QUISO INMORTALIZAR EN MÁRMOL AL HOMBRE QUE CAMBIÓ PARA SIEMPRE SU PAISAJE
El 20 de septiembre de 1864, cuando Mendoza todavía intentaba levantarse de las ruinas dejadas por el terremoto de 1861 y comenzaba a construir su nueva ciudad, la Legislatura provincial tomó una decisión cargada de simbolismo: declarar “benemérito a la Patria” a Juan Francisco Cobo y ordenar que su figura fuera perpetuada en una estatua de mármol. El documento original no deja dudas sobre la fecha. Conservado en el Archivo de la Legislatura de Mendoza y reproducido en una investigación de la Universidad Nacional de Cuyo, comienza con las palabras “Mendoza, Setiembre 20 de 1864”. Aquella ley reconocía a Cobo como el primer introductor del llamado álamo de Castilla y de otros árboles exóticos, y disponía que la estatua fuera colocada en la entonces Plaza Cobo, espacio de la Ciudad Nueva que corresponde a la actual Plaza San Martín. La historia detrás del homenaje es todavía más extraordinaria. Juan Francisco Cobo, nacido en Navarra en 1754 y radicado definitivamente en Mendoza en 1808, había introducido estacas de álamos que cultivó en su quinta de Guaymallén. Su rápida multiplicación terminó modificando profundamente el paisaje mendocino y proporcionó una fuente local de madera en una región donde ese recurso era escaso y costoso. Estudios de la UNCuyo señalan que el álamo se convirtió en una importante fuente de madera blanda, se extendió por caminos y zonas rurales y fue utilizado también en cortinas protectoras contra vientos y heladas y para afirmar márgenes de cursos de agua. Su aporte ya había sido reconocido mucho antes: en 1814 el Cabildo de Mendoza le concedió carta de ciudadanía y, en 1822, la Junta Representativa acordó eximirlo de impuestos y contribuciones. También colaboró económicamente con la formación del Ejército de los Andes. Después del terremoto de 1861, su figura adquirió un nuevo significado. En 1863 una de las cinco plazas de la flamante Ciudad Nueva recibió el nombre de Plaza Cobo, siendo la única de aquellas plazas dedicada inicialmente a una persona concreta. Al año siguiente surgió el proyecto de levantar allí su monumento. La iniciativa fue discutida el 6 de septiembre de 1864 y, tras observaciones formuladas por el gobernador Carlos González, regresó a la Legislatura el día 20, cuando quedó aprobado el texto definitivo. Además de ordenar una estatua de mármol, la ley autorizaba al Poder Ejecutivo a definir su diseño, dimensiones, alegorías e inscripciones y establecía inicialmente una suscripción destinada a financiar la obra. Pero aquí aparece el giro menos conocido de la historia: aquella estatua jamás llegó a levantarse. En enero de 1865 el gobernador todavía se comprometía a concretar el monumento y existen testimonios de que habría sido encargado a un escultor en Italia, pero la investigación histórica de Patricia S. Favre concluye que el proyecto finalmente no se materializó. La antigua Plaza Cobo continuó formando parte del corazón de la nueva Mendoza y décadas después recibió su célebre torre con reloj. En 1904, con la colocación del monumento ecuestre al general José de San Martín, pasó a llevar el nombre que conserva actualmente. Así, aquella ley del 20 de septiembre de 1864 conserva una historia singular: Mendoza quiso levantar en mármol la figura de un hombre cuyo monumento nunca llegó a existir, pero cuya verdadera obra ya se encontraba de pie en miles de árboles. Los álamos que durante generaciones acompañaron caminos, acequias, fincas y calles terminaron siendo un homenaje mucho más grande que cualquier estatua. Fuente: Archivo de la Legislatura de Mendoza, Libro de Actas H. Cámara Legislativa 1862-1864, ff. 308-309; Archivo N.º 1721, Carp. 37 bis; Patricia S. Favre, “La estatuaria cívica en Mendoza durante la etapa postterremoto”, UNCuyo. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #JuanFranciscoCobo #JuanCobo #Alamo #AlamosDeMendoza #PlazaCobo #PlazaSanMartin #CiudadDeMendoza #HistoriaArgentina #PatrimonioMendocino #ArchivoHistorico #Efemerides #MendozaHistory #ArgentineHistory #JuanFranciscoCobo #PoplarTrees #HistoricMendoza #LocalHistory #CulturalHeritage #HistoricalArchives
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20 DESEPTEMBRE DE 1819 - ¡“VIVA EL REY” EN LOS BARRIALES! EL GRITO QUE DESATÓ UN ESCÁNDALO POLÍTICO EN LA MENDOZA DE 1819 (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 20 de septiembre de 1819 quedó fechado en Mendoza un expediente judicial extraordinario, capaz de transportarnos a una pequeña población del Este mendocino en plena construcción, donde una inundación, un prisionero chileno y un grito desafiante terminaron convirtiéndose en un asunto de gobierno. La pieza se conserva en el Archivo General de la Provincia de Mendoza bajo el título “Causa contra José Salomón por injurias al gobierno”, dentro de Judicial Criminal, Carpeta S-1, documento 27. La documentación estudiada por la historiadora Eugenia Molina permite reconstruir con notable precisión el episodio. Todo ocurrió en la flamante Nueva Población de Barriales, en momentos en que una acequia se desbordaba a la altura de la vivienda de un vecino y amenazaba con extender el agua por los alrededores. El teniente comisionado José Vargas acudió al lugar y pidió a quienes estaban presentes que colaboraran para contener el derrumbe y reparar la toma. Entre ellos se encontraba Teodoro González, un prisionero chileno destinado en aquella población. Vargas intentó convencerlo para que participara de los trabajos, pero González se resistió e incluso lo hizo armado, por lo que terminó siendo reducido y amarrado. Entonces apareció José Salomón, aparentemente la persona bajo cuya subordinación se encontraba González: intervino, lo desató y, según los testimonios incorporados a la causa, lanzó un grito que en aquel contexto revolucionario tenía una enorme carga política: “¡Viva el Rey!”, acompañado de expresiones contra las autoridades. González también había pronunciado insultos contra la Patria, el juez y quienes gobernaban, palabras que algunos testigos atribuyeron a su estado de ebriedad. El episodio era mucho más que una simple pelea junto a una acequia. Barriales estaba atravesando un intenso proceso de organización territorial. En abril de aquel mismo 1819, el gobernador Toribio de Luzuriaga había otorgado amplias atribuciones al comisionado Pedro Regalado de la Plaza para organizar las nuevas poblaciones y establecer autoridades vinculadas, entre otras tareas, al mantenimiento de la acequia principal. Se preveían tomeros, tenientes y peones encargados de evitar derrumbes, obstrucciones y desbordes. En una región fértil pero históricamente condicionada por terrenos bajos, pantanos y problemas de escurrimiento, controlar el agua significaba también construir autoridad y organizar la vida comunitaria. Por eso la sentencia buscó deliberadamente servir de advertencia. El dictamen dispuso que González fuera conducido durante dos cuadras por las calles de la nueva villa con una mordaza en la boca, ante los vecinos y los demás prisioneros, además de reforzarse el servicio al que estaba sometido. Sobre José Salomón pesaban también antecedentes de conflictos con habitantes del lugar y, finalmente, se ordenó que abandonara la población, argumentándose que la nueva comunidad necesitaba preservar la unión entre sus vecinos. El expediente abre una ventana excepcional hacia la Mendoza de hace más de dos siglos: una sociedad salida del orden colonial pero todavía atravesada por la guerra, la revolución y las disputas sobre la legitimidad política; una población nueva que intentaba dominar el agua, levantar calles y establecer autoridades mientras en sus espacios cotidianos todavía podían escucharse voces contrarias al nuevo orden. Un desborde de acequia que comenzó como un problema vecinal terminó dejando registrado para siempre uno de los episodios más singulares de la justicia criminal mendocina de 1819. Fuente: AGPM, Jud. Crim., Carp. S-1, doc. 27; E. Molina, estudios sobre justicia y gobierno en Mendoza. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Barriales #SanMartinMendoza #HistoriaArgentina #IndependenciaArgentina #ArchivoHistorico #ArchivoGeneralDeMendoza #JudicialCriminal #1819 #HistoriaCuyana #MemoriaHistorica #MendozaHistory #ArgentineHistory #BarrialesHistory #HistoricalArchives #Argentina1819 #CuyoHistory #LocalHistory
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🔥⚔️🇦🇷 20 DE SEPTIEMBRE DE 1807: EL TESTIMONIO QUE DEJÓ POR ESCRITO CÓMO UN MENDOCINO COMBATIÓ A LOS INGLESES EN LAS CALLES DE BUENOS AIRES (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 20 de septiembre de 1807, poco más de dos meses después de las sangrientas jornadas que terminaron con la segunda invasión británica al Río de la Plata, el vecino Martín José Segovia firmó un certificado que hoy permite reconstruir otro capítulo extraordinario de la actuación del mendocino Buenaventura Ramón Sosa. El documento fue localizado y citado por el historiador Pedro Santos Martínez en su investigación sobre la contribución de Mendoza a la Reconquista y Defensa de Buenos Aires, publicada por la Universidad Nacional de Cuyo. Segovia afirmó haber presenciado personalmente los servicios de Sosa durante los combates y los consideró merecedores de especial reconocimiento. Su declaración ofrece imágenes extraordinariamente concretas de aquellas jornadas: recordó haberlo visto transportando fusiles y fornituras pertenecientes a enemigos muertos o vencidos, haciendo fuego desde las bocacalles contra británicos que buscaban refugio en las casas y, en otros momentos, acompañando a contingentes enemigos que se rendían. El valor de este certificado aumenta cuando se lo cruza con las otras declaraciones reunidas por el propio Sosa para acreditar su participación. Martínez documentó que el mendocino se encontraba en Buenos Aires por asuntos personales cuando comenzó la invasión y que decidió incorporarse a la defensa; llegó a integrar el Tercio de Arribeños y otros testigos describieron episodios en los que habría auxiliado al tren del mando, capturado armas enemigas y combatido incluso en los Corrales de Miserere. El escenario en el que se desarrollaron aquellos hechos fue uno de los enfrentamientos militares más dramáticos de la historia colonial rioplatense. El 5 de julio de 1807, las columnas del general John Whitelocke avanzaron sobre Buenos Aires, pero encontraron una ciudad convertida en fortaleza: barricadas en las calles, fusileros en esquinas, defensores en casas y azoteas y una intensa movilización de milicias y habitantes. Tras sufrir enormes pérdidas, el mando británico terminó aceptando la capitulación el 7 de julio. Mendoza tampoco permaneció ajena al conflicto: documentación oficial recuerda que su Cabildo resolvió enviar tropas en auxilio de Buenos Aires, mientras la investigación de Martínez señala que la provincia se había comprometido a sostener cien soldados en la capital. El certificado de Segovia posee además una particularidad archivística importante: está fechado inequívocamente el 20 de septiembre de 1807, aunque Martínez lo consultó dentro de un legajo clasificado como Archivo Administrativo e Histórico de Mendoza, Época Colonial, Sección Militar, año 1808, legajo suelto y sin ubicación precisa. En la nota 63 de su trabajo el historiador dejó asentada expresamente la referencia: Martín José Segovia, 20 de septiembre de 1807. Meses después de la lucha, aquellos certificados se convertirían prácticamente en el único patrimonio con el que Sosa podía demostrar lo que había hecho. El 11 de octubre solicitó una pensión y el honor de sargento retirado para aliviar las dificultades económicas de su familia; el comandante de armas de Mendoza, Faustino Ansay, respaldó su presentación, pero la petición terminó siendo rechazada. Después, el propio Martínez reconoce que se pierde su rastro. Quedaron, sin embargo, aquellos papeles. Y entre ellos, el fechado el 20 de septiembre de 1807: la voz de un testigo que, más de dos siglos después, todavía nos permite imaginar a un mendocino recorriendo las calles en guerra de Buenos Aires entre fusiles capturados, bocacalles bajo fuego y columnas británicas que comenzaban a rendirse. FUENTE: P. S. Martínez, “Contribución de Mendoza a la defensa y reconquista de Buenos Aires (1806-1807)”, Revista de Historia Americana y Argentina, UNCuyo, 1956; AAHM, Época Colonial, Sección Militar, año 1808, legajo suelto; certificado de Martín José Segovia, 20/09/1807. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #BuenaventuraRamonSosa #InvasionesInglesas #InvasionesBritanicas #BuenosAires1807 #HistoriaArgentina #VirreinatoDelRioDeLaPlata #ArchivoHistorico #HistoriaMilitar #DocumentosHistoricos #20DeSeptiembre #MendozaHistory #ArgentineHistory #BritishInvasions #BuenosAiresHistory #MilitaryHistory #HistoricalDocuments #September20
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⛏️ LA PLATA OCULTA DE USPALLATA: EL DOCUMENTO DE 1797 QUE REVELA UNA MINA EN PLENA CORDILLERA MENDOCINA
Hace 229 años, el 20 de septiembre de 1797, mientras Uspallata era todavía un remoto enclave de montaña de la Mendoza colonial, un documento dejó registrado un episodio casi olvidado de nuestra historia minera. Aquel día, Manuel Ignacio Molina y Juan Manuel Díaz Barroso —transcriptos en la documentación de época como “Manuel Ygnacio Molina” y “Juan Manuel Dias Barroso”— aparecen tomando posesión de la Veta El Rosario, un yacimiento de plata situado en San Lorenzo de Uspallata. No se trataba de una actividad aislada: durante la segunda mitad del siglo XVIII, aquella región cordillerana formó parte de un verdadero paisaje minero en el que convivían vetas, socavones, trabajadores, herramientas, trapiches y establecimientos destinados al tratamiento del mineral. La investigación histórica de Osvaldo Sironi reconstruyó numerosas explotaciones desarrolladas entre 1752 y 1806 a partir de documentación del Archivo General de la Provincia de Mendoza y demuestra que en aquellos años Uspallata fue escenario de una intensa búsqueda y explotación de plata, oro, cobre y otros minerales. El registro del 20 de septiembre de 1797 resulta especialmente valioso porque pone nombre, lugar, mineral y fecha a una actividad económica que ocurría en plena cordillera cuando Mendoza todavía integraba el Virreinato del Río de la Plata. Apenas trece días antes, otro grupo de mineros había registrado en San Lorenzo la Mina Mercedes, sus canchas y trapiches; y el año siguiente, el 28 de septiembre de 1798, Pasqual Escalante y José Bicente Castro figurarían explotando otra veta de plata llamada Belén. Es decir, estos documentos permiten observar casi día por día la expansión del distrito minero uspallatino. Aquella minería dejó también huellas materiales. Las actuales Bóvedas de Uspallata fueron levantadas a fines del siglo XVIII como parte de un complejo destinado al tratamiento de minerales procedentes de las explotaciones de San Lorenzo; el conjunto conservó molinos, hornos, acequias y otras estructuras vinculadas al procesamiento minero y hoy integra el patrimonio histórico nacional. Así, detrás del paisaje silencioso de Uspallata permanece escondida una historia mucho más profunda: hombres que buscaban vetas en la montaña, mineral que era extraído y procesado, trapiches movidos por agua y documentos que, más de dos siglos después, todavía conservan los nombres de quienes intentaron arrancarle plata a la cordillera mendocina. Fuente: AGPM, Colonial, Hacienda, Minas, Carp. 98 (1785-1806); Osvaldo Sironi, “Labores minero-metalúrgicas e impacto socioambiental en el norte de Mendoza, Argentina (1752-1806)”, Temas Americanistas, N.º 43, 2019, pp. 134-159. #MendozAntigua #Mendoza #Uspallata #LasHeras #HistoriaDeMendoza #Minería #MineríaColonial #Plata #CordilleraDeLosAndes #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #PatrimonioMendocino #ParamillosDeUspallata #MendozaHistory #Uspallata #MiningHistory #ColonialMining #SilverMining #ArgentineHistory #AndesHistory #HistoricalArchives #CulturalHeritage
20 DE SEPTIEMBRE DE 1752: EL DÍA EN QUE LA CORONA QUISO REDIBUJAR EL MAPA DE MENDOZA
Hace 274 años, el 20 de septiembre de 1752, desde Santiago de Chile se dictó una de las disposiciones territoriales más interesantes para comprender cómo se intentaba organizar la inmensa y difícil campaña mendocina del siglo XVIII. La Junta General de Poblaciones del Reino de Chile, organismo del que entonces dependía administrativamente Cuyo, aprobó un auto destinado a reactivar la creación y consolidación de poblaciones después de varios años de dificultades. La existencia y fecha exacta del documento están sólidamente respaldadas: el historiador chileno Santiago Lorenzo lo cita como “Auto de la Junta de Poblaciones. Santiago, 20 septiembre 1752” y señala expresamente que se conserva, entre otros fondos, en el Archivo General de Indias bajo la referencia AGI, CHILE, 138. El sistema aprobado aquel día introducía una característica decisiva: las nuevas poblaciones debían formarse a solicitud de sus propios futuros vecinos. Se requería un mínimo de diez hombres casados, los interesados podían proponer el sitio y debían demostrar que poseían recursos para levantar sus viviendas y contribuir a las obras necesarias; cuando era preciso conseguir tierras, la Junta contemplaba incluso mecanismos de expropiación. Para la jurisdicción mendocina, las disposiciones estuvieron directamente relacionadas con Corocorto, las Lagunas de Guanacache y la expansión hacia el sur. Las referencias conservadas sobre aquel auto señalan la formalización de Corocorto y Las Lagunas y el proyecto de establecer otra población hacia el Diamante, por el camino de Jaurúa, un espacio que en la documentación colonial se relacionaba con los actuales territorios del Valle de Uco y la frontera meridional mendocina. No se trataba simplemente de dibujar pueblos sobre un mapa. En aquella frontera había población indígena, estancias, caminos, postas, doctrinas religiosas y enormes distancias que dificultaban la administración colonial. Estudios publicados por la Biblioteca Nacional de Chile confirman que la Junta concentró buena parte de sus esfuerzos cuyanos en Valle de Uco, Corocorto y las Lagunas de Guanacache. El proceso continuó inmediatamente: un documento del Archivo General de la Provincia de Mendoza, fechado en Santiago el 14 de abril de 1753, ordenaba cumplir las providencias de la Junta relativas a Corocorto y Las Lagunas y promover nuevas poblaciones en lugares considerados convenientes para el resguardo de Cuyo. Ese mismo ciclo dejó cifras extraordinarias: bajo el corregidor Eusebio de Lima y Melo se realizó una matrícula en Corocorto que registró 270 habitantes, en su mayoría indígenas, y se proyectaron allí espacios diferenciados de poblamiento; posteriormente se repartieron solares y tierras. La importancia de esta fecha debe entenderse con una precisión: el auto de 1752 no equivale a la fundación definitiva de la actual ciudad de La Paz. Corocorto atravesó un largo proceso de organización y recién en 1791 fue reorganizado como villa de San José de Corocorto, antecedente histórico de la actual Villa Antigua de La Paz. Aquel 20 de septiembre de 1752, sin embargo, quedó escrito un capítulo fundamental: desde un despacho colonial se intentó transformar caminos, lagunas, reducciones y parajes fronterizos en poblaciones estables. En aquellas líneas del siglo XVIII comenzaba a perfilarse una parte del mapa humano y territorial que Mendoza heredaría generaciones después. Fuente: AGI, CHILE, 138; Santiago Lorenzo, El origen de las ciudades chilenas; Revista de Historia Americana y Argentina, UNCuyo; AGPM, Época Colonial, Gobierno, carp. 40, doc. 40; Luciana Fernández, Fronteras de la Historia, 2023. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Cuyo #Corocorto #LaPazMendoza #Guanacache #LagunasDeGuanacache #ValleDeUco #Jaurua #RioDiamante #HistoriaColonial #ArchivoGeneralDeIndias #DocumentosHistoricos #MemoriaHistorica #MendozaHistory #ArgentineHistory #ColonialHistory #CuyoHistory #HistoricalDocuments #SouthAmericanHistory
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🔥 20 DE SEPTIEMBRE DE 1644: QUINCE INDÍGENAS, UNA MITA Y UN ACTA QUE REVELA LA CARA MÁS DURA DE LA MENDOZA COLONIAL
Hace 382 años, el 20 de septiembre de 1644, el Cabildo de Mendoza dejó asentada una disposición que hoy permite asomarnos a una de las realidades más duras de la sociedad cuyana del siglo XVII: la utilización rotativa de mano de obra indígena bajo el régimen de mita. La actuación se conserva a través de la edición documental de las Actas Capitulares de Mendoza, tomo II, páginas 266 a 269, y contiene una frase extraordinariamente explícita: “se le entreguen los dichos quinze yndios de mita”. El mismo documento establecía que aquellos grupos debían renovarse anualmente y hacía referencia al pago que debía completarse al finalizar cada período. La importancia de estas palabras va mucho más allá de su antigüedad. La investigadora Claudia María Ferro, en su tesis doctoral realizada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, estudió específicamente este vocabulario y determinó que, en las actas mendocinas de los siglos XVI y XVII, “mita” aparece con un sentido local muy preciso: un contingente de indígenas trasladado de manera rotativa para realizar trabajo servil. Por eso no conviene imaginar automáticamente la célebre mita minera de Potosí: en Mendoza el término aparece ligado a distintas formas de provisión de trabajadores indígenas y a una realidad laboral propia de Cuyo. El documento resulta todavía más revelador cuando se lo coloca en su contexto. Mendoza pertenecía entonces a la Capitanía General de Chile y mantenía una intensa relación económica y administrativa con Santiago. Durante aquellos primeros siglos, el desplazamiento de indígenas cuyanos a uno y otro lado de la cordillera fue una práctica reiterada, impulsada por la necesidad de mano de obra. Las propias Actas Capitulares muestran que las autoridades intentaron en distintos momentos reglamentar, limitar o controlar esas extracciones, mientras otros documentos registran abusos, traslados y disputas entre encomenderos. Hay además un detalle documental fundamental: el tomo II de las Actas Capitulares reúne las actuaciones conservadas entre 1627 y 1650 y confirma que 1644 es uno de los pocos años del período para los cuales sobrevivieron actas. La edición fue publicada en 1961 por la Junta de Estudios Históricos de Mendoza y constituye una de las grandes fuentes para reconstruir la vida cotidiana de aquella pequeña ciudad colonial. En el rastreo realizado hasta ahora para las efemérides del 20 de septiembre, esta actuación de 1644 es el registro mendocino de fecha exacta más antiguo que he podido documentar. Cuatro siglos después, unas pocas líneas escritas por el Cabildo permiten recuperar la existencia de personas que los papeles coloniales redujeron muchas veces a una cifra: quince indígenas enviados por turno a trabajar. El acta no conserva solamente una decisión administrativa; conserva una huella de las relaciones de poder, trabajo y dominación sobre las que también se construyó la Mendoza colonial. Fuente de origen: Actas Capitulares de Mendoza, tomo II, período 1627-1650, Junta de Estudios Históricos de Mendoza, 1961, acta del 20 de septiembre de 1644, pp. 266-269. Complementado con Claudia María Ferro, Análisis filológico de las actas del Cabildo de Mendoza (siglos XVI y XVII), tesis doctoral, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo, 2016. El catálogo histórico del Archivo de Mendoza ubica las actas tempranas de 1566-1646 dentro de la Carpeta 9; no localicé todavía una fuente archivística suficientemente firme para asignar a esta actuación de 1644 un número de documento original concreto, por lo que es preferible no inventarlo ni darlo por confirmado. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozaColonial #20DeSeptiembre #CabildoDeMendoza #ActasCapitulares #PueblosOriginarios #HistoriaIndígena #Huarpes #Mita #Cuyo #HistoriaArgentina #ArchivoHistórico #PatrimonioDocumental #MemoriaHistórica #ColonialMendoza #MendozaHistory #ArgentineHistory #IndigenousHistory #ColonialHistory #HistoricalArchives #CulturalHeritage #NativePeoples
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20 DE SEPTIEMBRE DE 2013 — ANSELMO DE MENDOZA: EL POETA DE LA TONADA QUE DEJÓ SU VOZ EN LOS RÍOS DE CUYO
El 20 de septiembre de 2013, a los 72 años, fallecía Anselmo Manuel Bustos, el inolvidable Anselmo de Mendoza, cantante, autor, poeta y compositor cuya obra quedó profundamente ligada a la identidad musical cuyana. Su partida provocó numerosas muestras de pesar entre músicos y artistas de la región, pero cerró solamente su existencia física: sus tonadas, cuecas, valses y canciones continuaron recorriendo escenarios y reuniones familiares de Mendoza y de todo Cuyo. Un dato merece ser corregido respecto de algunas cronologías que lo presentan como nacido en San Rafael. Documentación de la Honorable Cámara de Diputados de Mendoza y del Concejo Deliberante de Malargüe establece que Anselmo Manuel Bustos nació el 6 de junio de 1941 en Tupungato, Mendoza. Con San Rafael mantuvo, sin embargo, una relación artística y afectiva tan profunda que durante décadas fue reconocido como una de las figuras representativas del folclore del sur provincial. Era hijo de Adriano Bustos, contratista y músico armonicista, y Francisca Mercedes Martínez. Su camino artístico comenzó alrededor de los 18 años. Antes de entregarse plenamente al folclore transitó por el bolero, pero durante la década de 1970 consolidó su lugar dentro de la música cuyana. En 1975 integró Los Caballeros de Cuyo junto a Rubén O’Leary, Ramón Andrada y Omar “Chiche” Flores, formación contratada por el sello Music Hall. Con el paso del tiempo desarrolló una extensa producción como intérprete y compositor, convirtiendo en canciones los paisajes, las costumbres, los vínculos familiares y las vivencias de los hombres y mujeres de su tierra. Entre las obras que distintas fuentes institucionales destacan aparecen “Consejo Paterno”, “Mi padre Cantor de Pueblos”, “La del Sapiola”, “Tonada para la hija Niña”, “Corazón solo”, “La niña de la compuerta” y “Malargüe Austral”. Su discografía documentada incluye Los Caballeros de Cuyo, de 1975; Tres hermanas en un canto y Consejo Paterno, ambos de 1991; Mi vieja en una tonada, de 1994; y Sembrando una esperanza, de 2008. Los reconocimientos acompañaron una trayectoria construida durante décadas: recibió, entre otras distinciones consignadas por la Legislatura mendocina, el Trovador de Plata, la Lira de Plata, el Premio Coopol y reconocimientos de Tunuyán, San Rafael y distintos ámbitos vinculados al folclore; en 2012 fue homenajeado durante la primera entrega de los Premios UNO de San Rafael por su prolongada labor artística. Pero quizás uno de los detalles más conmovedores de su historia ocurrió después de su muerte. Según la Declaración Nº 306/2022 del Honorable Concejo Deliberante de Malargüe, sus restos fueron cremados y sus cenizas esparcidas en los ríos Atuel, Diamante, Tunuyán y Malargüe: cuatro cursos de agua de la provincia a la que había dedicado buena parte de su poesía y de su canto. Ese mismo cuerpo deliberativo instituyó el 6 de junio como Día del Poeta Cuyano en Malargüe, precisamente en homenaje al natalicio de Anselmo Manuel Bustos. Así, aquel hombre que cantó a la familia, al paisaje, a la guitarra y a los pueblos mendocinos terminó fundiéndose simbólicamente con la propia geografía de Cuyo. Anselmo de Mendoza murió aquel 20 de septiembre de 2013, pero su nombre quedó donde quizá siempre quiso estar: entre tonadas, guitarras, montañas y ríos. #AnselmoDeMendoza #AnselmoBustos #MúsicaCuyana #TonadaCuyana #FolkloreCuyano #FolkloreArgentino #Mendoza #Tupungato #SanRafael #Malargüe #CulturaMendocina #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #CantoresCuyanos #PoetaCuyano #Cuyo #ArgentineFolklore #CuyoMusic #ArgentineMusic #MendozaHistory #FolkMusic #CulturalHeritage #ArgentineCulture
🎼 20 DE SEPTIEMBRE DE 1961: CUANDO MENDOZA UNIÓ A SUS GRANDES CREADORES Y NACIÓ EL C.A.C.MU.M.
El 20 de septiembre de 1961 quedó marcado como una fecha singular en la historia cultural mendocina. Ese día, según la cronología histórica recopilada por La Melesca, nació el Círculo de Autores y Compositores de Música de Mendoza (C.A.C.MU.M.), impulsado por músicos, escritores, poetas y compositores que buscaban defender la creación local, fortalecer la identidad artística cuyana y abrir un espacio común para quienes transformaban en canciones, versos y melodías el paisaje y la memoria de Mendoza. Entre las figuras vinculadas a aquellos primeros tiempos aparecen nombres extraordinarios de nuestra cultura: Osvaldo Larrea, Félix Dardo Palorma, Juan Draghi Lucero, Ricardo Tudela, los hermanos Héctor y Aníbal Appiolaza, Tito Francia y Vicente Mirón, entre otros. La presencia de Palorma dentro de la institución está respaldada además por documentación de la Legislatura de Mendoza, que lo recuerda como miembro del Círculo y delegado de SADAIC; su obra llegaría a reunir cerca de 300 canciones registradas. Uno de los episodios más pintorescos de aquella historia fue el homenaje a Carlos Gardel en la Alameda. La memoria institucional atribuye a Vicente Mirón la realización de un busto del cantor que fue colocado en ese tradicional paseo mendocino y que, con el tiempo, desapareció tras ser robado y nunca recuperado. Otra reconstrucción histórica sobre los monumentos dedicados a Gardel confirma la existencia de aquel homenaje en la Alameda, en una glorieta vinculada durante años al recuerdo del Zorzal Criollo. Mirón, lejos de ser una figura secundaria, fue poeta, ebanista, autor de tangos y milongas y un hombre profundamente ligado a la cultura popular de Guaymallén; fuentes oficiales municipales recuerdan además su relación con personalidades como Armando Tejada Gómez, Tito Francia y Alberto Rodríguez. Después de períodos de escasa actividad, el Círculo volvió a reorganizarse gracias al trabajo de históricos integrantes como Pedro Lo Forte y Armando Parafioritti. Su continuidad institucional puede comprobarse documentalmente: el Boletín Oficial de Mendoza publicó en abril de 2006 una convocatoria del C.A.C.MU.M. a Asamblea Ordinaria en la sede de LV8 Radio Libertador, donde debían tratarse memoria, balances y renovación de autoridades. Tres años después, el mismo Boletín registró una Asamblea Extraordinaria destinada a modificar su Estatuto Social e incorporar expresamente entre sus objetivos la protección, representación y dignificación de la actividad de sus socios. Así, aquella institución nacida en 1961 logró atravesar décadas, generaciones y transformaciones culturales llevando consigo una idea que permanece vigente: que la música mendocina no es solamente entretenimiento, sino también patrimonio, memoria e identidad. Detrás de sus iniciales quedó reunida parte de una generación irrepetible que hizo de la cueca, la tonada, el tango, la poesía y la guitarra una manera de contar Mendoza al mundo. #MendozAntigua #Mendoza #CACMUM #MusicaMendocina #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #FelixDardoPalorma #TitoFrancia #JuanDraghiLucero #VicenteMiron #PedroLoForte #MusicaCuyana #Tonada #Cueca #Tango #PatrimonioCultural #ArgentineMusic #MendozaHistory #CuyoMusic #CulturalHeritage
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20 DE SEPTIEMBRE DE 1931: MENDOZA ESCUCHÓ HABLAR AL CINE ARGENTINO (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 20 de septiembre de 1931, una sala mendocina fue escenario de uno de los grandes saltos tecnológicos de la cinematografía nacional. Aquel día, el Palace Theatre de la ciudad de Mendoza proyectó Muñequitas porteñas, la obra de José Agustín Ferreyra que había sido estrenada oficialmente en Buenos Aires el 7 de agosto de ese mismo año y que hoy es reconocida como el primer largometraje argentino hablado mediante un sistema de discos sincronizados. La fecha mendocina no es una simple tradición repetida con el tiempo: aparece registrada en la investigación del sociólogo Javier Ozollo sobre la historia cinematográfica provincial, realizada en la Universidad Nacional de Cuyo, donde se señala expresamente su estreno el 20 de septiembre de 1931 en el Palace Theatre. Conviene hacer una precisión histórica: no fue la primera experiencia argentina que utilizó sonido. El propio Ferreyra había realizado anteriormente producciones parcialmente sonorizadas, entre ellas El cantar de mi ciudad, pero Muñequitas porteñas dio un paso decisivo al convertirse en el primer largometraje nacional hablado, condición que también reconoce el catálogo especializado Nitrato Argentino, vinculado al Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken. La película utilizaba un procedimiento semejante al Vitaphone: mientras las imágenes corrían por el proyector, el sonido se reproducía desde discos fonográficos que debían mantenerse perfectamente sincronizados con la cinta. Cualquier salto, corte o diferencia de velocidad podía romper aquella frágil ilusión. La Sociedad Impresora de Discos Electrofónicos, SIDE, estuvo a cargo de la fonografía, y el reparto reunió a figuras como María Turgenova, Florén Delbene, Arturo Forte, Antonio Ber Ciani y un joven Mario Soffici. Cine Nacional registra una duración original de 73 minutos y confirma el estreno porteño del 7 de agosto de 1931. Hasta el propio nombre de la obra encierra una curiosidad: durante décadas fue conocida como Muñequitas porteñas, denominación utilizada en afiches promocionales, aunque una copia preservada en soporte magnético muestra el título en singular, Muñequita porteña. El destino de aquella revolución sonora fue, sin embargo, cruel. Los discos que contenían las voces y sonidos originales desaparecieron y el material cinematográfico sobreviviente está incompleto, de modo que la obra que nació como símbolo del cine hablado llegó hasta nosotros prácticamente despojada de su voz. Para su recuperación, el Museo del Cine trabajó entre 2010 y 2017 en su preservación y digitalización con la colaboración de TV Pública, ArriScan, L'Immagine Ritrovata y CINAIN. En el BAFICI de 2017 volvió a la pantalla con una recreación sonora: Santiago Loza y Ariel Gurevich reconstruyeron los parlamentos, mientras Rosario Bléfari, Javier Drolas y otros intérpretes prestaron nuevas voces y Fernando Kabusacki y Matías Mango realizaron la música. Así, aquel 20 de septiembre de 1931, los espectadores que ingresaron al Palace Theatre mendocino no asistieron solamente a una función cinematográfica: fueron testigos de una frontera que comenzaba a desaparecer. La imagen ya no estaba condenada al silencio. Mendoza recibía una de las primeras grandes manifestaciones del cine argentino hablado y escuchaba, desde una pantalla, cómo comenzaba una nueva época. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #20DeSeptiembre #MuñequitasPorteñas #JoseAgustinFerreyra #CineArgentino #HistoriaDelCine #PalaceTheatre #CineSonoro #MaríaTurgenova #FlorenDelbene #MarioSoffici #MemoriaAudiovisual #ArgentineCinema #FilmHistory #SilentFilm #SoundFilm #CinemaHistory #MendozaHistory
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20 DE SEPTIEMBRE DE 1931 - NACE ALFREDO MANTEO: LA VOZ QUE HIZO BAILAR A MENDOZA AL COMPÁS DEL 2x4 (IMAGEN ILUSTRATIVA)
El 20 de septiembre de 1931 nacía en Mendoza Alfredo Luciano Manteo, una de aquellas figuras que ayudaron a construir, desde los micrófonos, los escenarios y las pistas de baile, una época inolvidable del tango mendocino. Locutor, animador, glosador y apasionado bailarín, Manteo hizo de la música ciudadana una verdadera vocación y durante décadas acompañó a algunas de las agrupaciones y músicos que escribieron la historia del 2x4 en Cuyo. La reseña biográfica más detallada localizada lo recuerda como glosador de las orquestas de Los Hermanos Appiolaza, Ítalo Roccato, Ernesto Casciani y Juancito Olmedo, además de actuaciones junto a Pedro Loforte, Celso Colombo, Natalio Tursi y Del Curto. Su relación con Ítalo Roccato aparece incluso reforzada en otra semblanza histórica dedicada al bandoneonista maipucino, donde Manteo es mencionado como presentador y glosador habitual de su orquesta. Su nombre también quedó ligado a la radio mendocina: en LV8 Radio Libertador compartió con Agustín Napolitano el programa “Deportango”, mientras que en FM Emisora del Norte continuó difundiendo la música ciudadana. Pero su historia no transcurrió solamente delante de un micrófono. Desde muy joven animó bailes en instituciones como el Club Pacífico y el antiguo Club 9 de Julio de calle Eusebio Blanco; en Andes Talleres impulsó anualmente el recordado “Baile del Deporte”, mientras que en Las Heras fue reconocido como un notable bailarín de las milongas de la pista Brisas Cuyanas, situada en la zona de Roca y San Martín. Aquellos nombres permiten reconstruir además una Mendoza en la que las orquestas típicas, los clubes y las pistas de baile eran parte fundamental de la vida nocturna. Los Hermanos Appiolaza, con quienes Manteo trabajó, ocuparon un lugar especialmente destacado: fuentes del Gobierno de Mendoza y del diario Los Andes recuerdan que la agrupación dirigida por Aníbal y Héctor Appiolaza animó las milongas mendocinas, desarrolló un estilo de raíz decareana y llegó incluso a llevar su tango a Europa. Manteo perteneció precisamente a ese universo en el que el presentador no era una figura secundaria: su voz anunciaba músicos, presentaba cantores, introducía tangos y mantenía vivo el vínculo entre la orquesta y el público. Después de una extensa trayectoria se retiró de los escenarios y de los micrófonos en 1995, dejando detrás décadas vinculadas a la radio, los clubes y la cultura tanguera provincial. Un dato documental posterior completa su historia: en octubre de 2020, el Boletín Oficial de la Provincia de Mendoza publicó sucesivas citaciones a beneficiarios de “MANTEO ALFREDO LUCIANO”, evidencia oficial de que para entonces ya había fallecido, aunque la documentación consultada no permite establecer con seguridad la fecha exacta de su muerte. Hoy, recordar a Alfredo Luciano Manteo es rescatar también una Mendoza que vibraba entre bandoneones, estudios de radio, clubes de barrio y pistas repletas de bailarines: una ciudad donde una voz podía abrir el telón de una orquesta y convertir una noche cualquiera en una auténtica ceremonia del tango. #AlfredoManteo #TangoMendocino #Tango #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #RadioMendocina #LV8 #RadioLibertador #Milonga #LasHeras #AndesTalleres #HermanosAppiolaza #CulturaMendocina #MemoriaMendocina #ArgentineTango #TangoHistory #MendozaHistory #ArgentineCulture #RadioHistory
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20 DE SEPIEMBRE DE 1925, NACE ARIEL FERRARO: EL POETA DE LOS LLANOS QUE CONVIRTIÓ LA GREDA RIOJANA EN PALABRA UNIVERSAL
El 20 de septiembre de 1925 nacía en Corral de Isaac, en los Llanos del actual departamento General San Martín de La Rioja, José Humberto Pereyra Escudero, el hombre que la literatura argentina conocería como Ariel Ferraro. La precisión del nombre completo no es menor: documentación de la Cámara de Diputados de la Nación lo registra como “José Humberto Pereyra Escudero”, nombre artístico Ariel Ferraro, mientras estudios dedicados a su obra sitúan con exactitud su nacimiento en Corral de Isaac. Poeta, escritor, periodista, docente, ensayista y crítico de arte, Ferraro se convirtió en una de las figuras renovadoras de las letras riojanas del siglo XX. Integró y contribuyó a impulsar el grupo cultural Calíbar, espacio decisivo en la renovación artística de La Rioja, y durante su juventud llegó también a publicar utilizando el seudónimo Yalo Yacampis. Su literatura no quedó encerrada en el paisaje natal: tomó la greda, los Llanos, la memoria popular, los trabajadores, las leyendas y la historia de su provincia y los transformó en una poesía de lenguaje audaz, cargada de metáforas y de una extraordinaria musicalidad. Entre sus libros fundamentales aparecen Serenata de greda (1954), La Rioja innominada (1960), La música secreta (1962), Visitación a Marc Chagall (1964), El rabdomante (1966), Antepasados del insomnio (1966), Las aventuras congénitas (1975) y Ceremonial para arqueólogos ebrios, publicado en Bilbao en 1983. Un estudio de la Academia Argentina de Letras destacó precisamente la riqueza de sus imágenes y la fuerte presencia del paisaje físico, humano y cultural de los Llanos en su poesía. La música popular amplificó todavía más su palabra. Su alianza creadora con el gran compositor riojano Ramón Navarro dejó piezas que permanecieron en el repertorio argentino: Zamba del cercador, registrada con música de Navarro y letra de Ferraro en 1972; Canción por nuestro origen, editada en 1974; y Elegía a la Victoria Romero, tonada llanista registrada en 1966. Los catálogos de partituras del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires confirman esas autorías. Su vida también quedó atravesada por la violencia política de la década de 1970. Un proyecto de la Cámara de Diputados lo incluyó entre los artistas e intelectuales riojanos censurados durante la última dictadura. El testimonio conservado por la Biblioteca Nacional de su esposa, Alba Rosa Lanzillotto, permite precisar el recorrido familiar: salieron hacia Montevideo en octubre de 1976 y, un año más tarde, continuaron el exilio en Madrid, donde permanecieron hasta agosto de 1984. Ya en España, Ferraro continuó escribiendo y publicó Ceremonial para arqueólogos ebrios, obra en la que su poesía incorporó de manera más directa el exilio, las guerras, las dictaduras y las grandes tragedias contemporáneas. Regresó a la Argentina en 1984. Apenas un año después, el 4 de noviembre de 1985, murió en Buenos Aires a los 60 años. Su hijo recordaría décadas después que la muerte ocurrió aproximadamente un año después del regreso familiar del exilio. Pero la palabra de Ferraro siguió viajando. En 2019 su producción fue reunida en Poesía Completa y presentada en la Biblioteca del Congreso de la Nación, recuperando libros, poemas inéditos y su cancionero. A más de un siglo de su nacimiento, Ariel Ferraro continúa siendo una voz inseparable de la identidad cultural riojana: un poeta que partió de un pequeño paraje de los Llanos y consiguió que la tierra, el hombre, la memoria y la música de La Rioja entraran para siempre en la literatura argentina. #ArielFerraro #LaRioja #LosLlanos #CorralDeIsaac #PoesíaArgentina #LiteraturaArgentina #CulturaRiojana #RamónNavarro #ZambaDelCercador #HistoriaArgentina #FolkloreArgentino #Efemérides #ArgentinePoetry #ArgentineLiterature #LaRiojaArgentina #ArgentineFolklore #CulturalHeritage #Poetry #History
20 DE SEPTIEMBRE DE 1907, NACE 🏔️ NICOLÁS PLANTAMURA: EL MENDOCINO QUE LLEVÓ POR PRIMERA VEZ A LA ARGENTINA HASTA LA CUMBRE DEL ACONCAGUA 🇦🇷
Según la biografía elaborada por el coronel retirado y montañista José Herminio Hernández, el 20 de septiembre de 1907 nació en la ciudad de Mendoza Nicolás Plantamura, hijo de Eustaquio Plantamura y Dominga Tambone, ambos pertenecientes a familias de origen italiano. Desde joven unió dos vocaciones que terminarían marcando su vida: el Ejército y la montaña. Ingresó al Colegio Militar de la Nación en 1926 y egresó el 22 de diciembre de 1928 como subteniente de Infantería. Su primer destino fue el Regimiento de Infantería 19, en Tucumán, y posteriormente pasó al Regimiento de Infantería de Montaña 16, vinculado entonces a Mendoza, donde comenzó a adquirir una experiencia extraordinaria en los Andes. Aquí corresponde corregir un dato repetido durante años: Plantamura no fue quien, “promovido como jefe del regimiento en 1928”, organizó los primeros cursos de esquí mendocinos. El impulsor fue el entonces teniente coronel Edelmiro J. Farrell, jefe de la unidad; Plantamura se incorporaría posteriormente a aquel movimiento pionero de instrucción militar de montaña y participaría en 1932 en los trabajos del Refugio Militar General San Martín, en Puente del Inca. Durante sus permanencias en la cordillera aprovechó descansos y jornadas libres para reconocer terrenos, realizar ascensiones y preparar meticulosamente el desafío que terminaría convirtiéndolo en una figura histórica. Antes del Aconcagua escaló, entre otros, Los Gemelos, el cerro Almacenes y el Tolosa, acumulando experiencia y aclimatación en altura. El gran día llegó el 8 de marzo de 1934. Integrado a la expedición italiana de la “Crociera alle Ande”, Plantamura alcanzó la cima del Aconcagua junto a Renato Chabod, Paolo/Pablo y Stefano/Esteban Ceresa, Piero Ghiglione y el arriero chileno Mariano Pastén Castro. Con aquella ascensión se convirtió en el primer argentino documentado en alcanzar la cumbre de la montaña más alta de América. La publicación italiana del Club Alpino Italiano de 1934 registra aquella jornada como la séptima ascensión del Aconcagua, mientras distintas historias especializadas confirman el papel de Plantamura como primer argentino en la cima. En la cumbre, Plantamura dejó la bandera argentina junto a los testimonios de la expedición italiana, un gesto que él mismo describió posteriormente como la presencia de su patria en la cima más elevada de América. Su carrera continuó estrechamente ligada a las tropas de montaña: en 1936 fue ascendido a teniente primero; en 1942 egresó como oficial de Estado Mayor y, ya como mayor, regresó al Regimiento 16. En 1944 fue elegido presidente del Club Andinista Mendoza, aunque permaneció alrededor de un año en el cargo debido a un traslado militar. En 1947, ascendido a teniente coronel e Inspector de Tropas de Montaña, fue designado para dirigir el desarrollo de un área destinada a la práctica del esquí en Puente del Inca. En 1951, siendo coronel, se desempeñó como agregado militar argentino en Chile, donde recibió la Medalla Militar del Ejército Chileno. En 1955 alcanzó el grado de general y al año siguiente fue nombrado comandante del Arma de Infantería. En 1957 solicitó el retiro, aunque nunca abandonó su vínculo con los Andes. Murió en Buenos Aires el 7 de junio de 1976 y, cumpliendo su voluntad, sus restos fueron trasladados a Mendoza y sepultados en el histórico Cementerio de los Andinistas de Puente del Inca: al pie de la cordillera que había marcado toda su existencia. #NicolásPlantamura #Aconcagua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #Andinismo #Montañismo #PuenteDelInca #EjércitoArgentino #CazadoresDeLosAndes #CordilleraDeLosAndes #HistoriaArgentina #Mountaineering #AconcaguaHistory #MendozaArgentina #AndesMountains #ArgentineHistory #ClimbingHistory. Fuente de origen: José Herminio Hernández, “Biografía de Nicolás Plantamura. El Primer Argentino en llegar a la cima del Aconcagua”, Centro Cultural Argentino de Montaña; revista Alpinismo del Club Alpino Italiano, octubre de 1934; Andeshandbook, historia de ascensiones del Aconcagua.
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🔥🏛️📜 19 DE JUNIO DE 1810: MENDOZA ANTE UNA DECISIÓN HISTÓRICA — EL CABILDO QUE DEBIÓ ELEGIR ENTRE BUENOS AIRES Y CÓRDOBA 🇦🇷
⛰️ En junio de 1810, Mendoza quedó atrapada en uno de los momentos políticos más delicados de su historia colonial. Las noticias de la revolución producida en Buenos Aires habían llegado a la ciudad y colocaban a sus autoridades frente a una decisión trascendental: reconocer a la nueva Junta Provisional Gubernativa o mantener la obediencia a la Gobernación Intendencia de Córdoba, que rechazaba al nuevo poder porteño y reclamaba tropas para enfrentarlo. La historiadora mendocina Teresa Alicia Giamportone establece con precisión que para el 19 de junio de 1810 fue convocado un Cabildo Abierto destinado a discutir aquella situación. Sin embargo, la reunión no pudo concretarse ese día y fue postergada hasta el 23 de junio. Allí estuvieron representadas las autoridades civiles, militares y numerosos vecinos de la ciudad, en medio de un escenario marcado por fuertes diferencias políticas e intereses económicos contrapuestos. Finalmente, el Cabildo Abierto resolvió reconocer a la Junta de Gobierno de Buenos Aires y explicar a Córdoba las razones de aquella determinación. Entre los argumentos mendocinos aparecía una cuestión decisiva: buena parte de la economía provincial dependía de su comercio con Buenos Aires, mientras que desde hacía décadas existía malestar por la condición subordinada que Mendoza ocupaba dentro de la Intendencia de Córdoba. Dos días después se realizó otro Cabildo Abierto en el que Bernardo Ortiz fue elegido diputado por Mendoza ante el nuevo gobierno. Ortiz murió antes de incorporarse, por lo que meses más tarde fue necesario convocar una nueva elección. El 22 de septiembre de 1810, con José Moldes ya ejerciendo como autoridad designada desde Buenos Aires, el Cabildo y los vecinos eligieron por mayoría al licenciado Manuel Ignacio Molina, cuya designación fue aprobada por la Junta el 9 de octubre; en diciembre Molina terminaría incorporándose al gobierno ampliado que pasó a conocerse como Junta Grande. El rastro documental conduce además a una pieza fundamental del patrimonio mendocino. Investigaciones históricas y documentación institucional identifican las Actas Capitulares de 1810 dentro del Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Colonial, sección Cabildo, Carpeta N.º 18; incluso documentación oficial de la Legislatura provincial cita para ese año el Documento N.º 11 de esa carpeta como Libro de Actas del Cabildo. Allí se encuentra una de las grandes fuentes para reconstruir, sesión por sesión, aquellos meses en que el antiguo orden colonial comenzó a transformarse. Lo verdaderamente extraordinario es que una fecha repetida como 19 de septiembre parece provenir de una confusión: la investigación académica de Giamportone sitúa la convocatoria decisiva el 19 de junio y la reunión efectiva el 23. En historia, corregir una fecha no disminuye un acontecimiento: permite acercarnos mucho más a lo que realmente ocurrió. Fuente de origen: Teresa Alicia Giamportone, “Transformaciones políticas e institucionales en la provincia de Mendoza a comienzos del siglo XIX: alteraciones, cambios y permanencias”, Historia 396, Nº 2, 2015, pp. 221-248. Fuentes documentales complementarias: Archivo General de la Provincia de Mendoza, Época Colonial, Cabildo, Actas Capitulares, Carpeta 18; Honorable Cámara de Diputados de Mendoza, Diario de Sesiones, 18 de agosto de 2010. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Mendoza1810 #CabildoDeMendoza #RevoluciónDeMayo #ArchivoHistórico #ActasCapitulares #PrimeraJunta #ManuelIgnacioMolina #PatrimonioMendocino #MendozaHistory #ArgentineHistory #MayRevolution #HistoricalArchives #ColonialHistory #LocalHistory
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