Hace 336 años, una disputa por vino, comercio y carretas enfrentó los intereses de los productores mendocinos con las autoridades de Buenos Aires. Un extraordinario documento colonial permite reconstruir aquella historia y contiene una fecha clave: el 20 de septiembre de 1690. El protagonista fue Diego de Manterola, quien llevó ante la autoridad superior una denuncia por las dificultades que, según sostenía, sufrían los vecinos de Mendoza cuando trasladaban sus vinos, aguardientes y otros productos hasta la entonces Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires. El reclamo era contundente: se pedía que los comerciantes mendocinos pudieran vender sus productos a quienes consideraran conveniente, sin ser obligados a negociar sus vinos y aguardientes con compradores designados por el gobernador o los miembros del Cabildo porteño. Pero el episodio más sorprendente estaba relacionado con el regreso de las carretas. Según la presentación de Manterola, los carreteros eran obligados a cargar nada menos que treinta carretadas de piedra, cal y tierra. La justificación oficial era que aquellos materiales serían utilizados en las fortificaciones de Buenos Aires; sin embargo, el escrito acusaba al gobernador y a algunos capitulares de destinarlos también a sus propias construcciones y a las de personas allegadas. Es importante remarcarlo: eso aparece como una acusación formulada en la petición, no como un hecho que hoy podamos considerar demostrado de manera independiente. Manterola argumentaba además que aquella carga atrasaba los viajes y deterioraba las carretas, y reclamaba que, si Buenos Aires necesitaba esos materiales, su transporte fuese voluntario y remunerado. La documentación publicada por la Academia Nacional de la Historia conserva incluso el pedido de que los mendocinos pudieran transportar y comercializar libremente sus “vinos y aguardientes” y que los carreteros pudieran regresar sin ser sometidos a aquella obligación. El contexto ayuda a comprender la magnitud del conflicto. La producción de vino ya era una actividad fundamental en la Mendoza del siglo XVII: investigaciones de la Universidad Nacional de Cuyo documentan el desarrollo temprano de viñedos y bodegas y señalan que Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe se encontraban entre los principales mercados de los vinos cuyanos. Las cargas recorrían cerca de mil kilómetros mediante pesadas carretas o tropas de animales, por caminos lentos, costosos y difíciles. Estudios posteriores sobre el transporte colonial confirman hasta qué punto la ruta Mendoza–Buenos Aires terminó siendo decisiva para la economía regional: hacia fines del siglo XVIII, más del 94 % de las carretas registradas en una amplia muestra de la Aduana mendocina conectaban precisamente ambas ciudades, y los vinos constituían uno de los principales productos enviados hacia el este. La precisión cronológica merece especial atención. El texto conservado no permite afirmar simplemente que toda la petición haya sido redactada el 20 de septiembre. La copia está fechada en Lima el 11 de octubre de 1690 y señala expresamente que la provisión había sido mandada despachar “por decreto de veinte de Setiembre de este año”. Por eso, la formulación históricamente correcta es que el expediente remite de manera explícita a un decreto del 20 de septiembre de 1690 relacionado con aquel reclamo. Más de tres siglos después, este documento revela hasta qué punto el vino mendocino ya dependía de largas redes comerciales y cómo detrás de cada botija que llegaba al Río de la Plata había semanas de viaje, animales, carreteros, caminos y fuertes disputas por quién controlaba el comercio. Y entre esas páginas aparece una escena difícil de olvidar: comerciantes mendocinos reclamando que, después de llevar sus vinos a Buenos Aires, no se obligara a sus carretas a regresar convertidas en transportes gratuitos de piedra, cal y tierra. FUENTE DE ORIGEN: Fernando Morales Guiñazú, “Comercio colonial de Cuyo”, en II Congreso Internacional de Historia de América, Tomo III, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1938, pp. 129-144, especialmente p. 143. Allí se reproduce el “Documento N.º 3”, procedente del entonces Archivo Administrativo e Histórico de Mendoza. La referencia bibliográfica del trabajo de Morales Guiñazú está corroborada en bibliografía académica posterior. Como complemento: Estela del Carmen Premat, La bodega mendocina de los siglos XVI al XIX, tesis doctoral, Universidad Nacional de Cuyo, 2012. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #20DeSeptiembre #VinoDeMendoza #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #DiegoDeManterola #BuenosAires #HistoriaArgentina #SigloXVII #EpocaColonial #Carretas #ComercioColonial #ArchivoHistorico #DocumentosHistoricos #MendozaHistory #ArgentineHistory #WineHistory #MendozaWine #ColonialHistory #BuenosAiresHistory #HistoricalDocuments #WineTrade
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domingo, 20 de septiembre de 2026
20 DE SEPTIEMBRE DE 1690: MENDOZA RECLAMÓ LIBERTAD PARA SUS VINOS Y DENUNCIÓ LAS 30 CARRETADAS FORZOSAS
Hace 336 años, una disputa por vino, comercio y carretas enfrentó los intereses de los productores mendocinos con las autoridades de Buenos Aires. Un extraordinario documento colonial permite reconstruir aquella historia y contiene una fecha clave: el 20 de septiembre de 1690. El protagonista fue Diego de Manterola, quien llevó ante la autoridad superior una denuncia por las dificultades que, según sostenía, sufrían los vecinos de Mendoza cuando trasladaban sus vinos, aguardientes y otros productos hasta la entonces Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de Buenos Aires. El reclamo era contundente: se pedía que los comerciantes mendocinos pudieran vender sus productos a quienes consideraran conveniente, sin ser obligados a negociar sus vinos y aguardientes con compradores designados por el gobernador o los miembros del Cabildo porteño. Pero el episodio más sorprendente estaba relacionado con el regreso de las carretas. Según la presentación de Manterola, los carreteros eran obligados a cargar nada menos que treinta carretadas de piedra, cal y tierra. La justificación oficial era que aquellos materiales serían utilizados en las fortificaciones de Buenos Aires; sin embargo, el escrito acusaba al gobernador y a algunos capitulares de destinarlos también a sus propias construcciones y a las de personas allegadas. Es importante remarcarlo: eso aparece como una acusación formulada en la petición, no como un hecho que hoy podamos considerar demostrado de manera independiente. Manterola argumentaba además que aquella carga atrasaba los viajes y deterioraba las carretas, y reclamaba que, si Buenos Aires necesitaba esos materiales, su transporte fuese voluntario y remunerado. La documentación publicada por la Academia Nacional de la Historia conserva incluso el pedido de que los mendocinos pudieran transportar y comercializar libremente sus “vinos y aguardientes” y que los carreteros pudieran regresar sin ser sometidos a aquella obligación. El contexto ayuda a comprender la magnitud del conflicto. La producción de vino ya era una actividad fundamental en la Mendoza del siglo XVII: investigaciones de la Universidad Nacional de Cuyo documentan el desarrollo temprano de viñedos y bodegas y señalan que Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe se encontraban entre los principales mercados de los vinos cuyanos. Las cargas recorrían cerca de mil kilómetros mediante pesadas carretas o tropas de animales, por caminos lentos, costosos y difíciles. Estudios posteriores sobre el transporte colonial confirman hasta qué punto la ruta Mendoza–Buenos Aires terminó siendo decisiva para la economía regional: hacia fines del siglo XVIII, más del 94 % de las carretas registradas en una amplia muestra de la Aduana mendocina conectaban precisamente ambas ciudades, y los vinos constituían uno de los principales productos enviados hacia el este. La precisión cronológica merece especial atención. El texto conservado no permite afirmar simplemente que toda la petición haya sido redactada el 20 de septiembre. La copia está fechada en Lima el 11 de octubre de 1690 y señala expresamente que la provisión había sido mandada despachar “por decreto de veinte de Setiembre de este año”. Por eso, la formulación históricamente correcta es que el expediente remite de manera explícita a un decreto del 20 de septiembre de 1690 relacionado con aquel reclamo. Más de tres siglos después, este documento revela hasta qué punto el vino mendocino ya dependía de largas redes comerciales y cómo detrás de cada botija que llegaba al Río de la Plata había semanas de viaje, animales, carreteros, caminos y fuertes disputas por quién controlaba el comercio. Y entre esas páginas aparece una escena difícil de olvidar: comerciantes mendocinos reclamando que, después de llevar sus vinos a Buenos Aires, no se obligara a sus carretas a regresar convertidas en transportes gratuitos de piedra, cal y tierra. FUENTE DE ORIGEN: Fernando Morales Guiñazú, “Comercio colonial de Cuyo”, en II Congreso Internacional de Historia de América, Tomo III, Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, 1938, pp. 129-144, especialmente p. 143. Allí se reproduce el “Documento N.º 3”, procedente del entonces Archivo Administrativo e Histórico de Mendoza. La referencia bibliográfica del trabajo de Morales Guiñazú está corroborada en bibliografía académica posterior. Como complemento: Estela del Carmen Premat, La bodega mendocina de los siglos XVI al XIX, tesis doctoral, Universidad Nacional de Cuyo, 2012. #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #20DeSeptiembre #VinoDeMendoza #Vitivinicultura #HistoriaDelVino #DiegoDeManterola #BuenosAires #HistoriaArgentina #SigloXVII #EpocaColonial #Carretas #ComercioColonial #ArchivoHistorico #DocumentosHistoricos #MendozaHistory #ArgentineHistory #WineHistory #MendozaWine #ColonialHistory #BuenosAiresHistory #HistoricalDocuments #WineTrade
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