En 1892, mucho antes de los satélites, las fotografías aéreas y los sistemas digitales de posicionamiento, el Gobierno de Mendoza reunió cálculos astronómicos, mensuras, relevamientos militares, observaciones privadas y operaciones topográficas para levantar uno de los retratos territoriales más extraordinarios de la provincia. El resultado fue este monumental mapa mural de un metro por casi un metro y medio, grabado en color, montado sobre tela y construido a escala 1:500.000. No era simplemente una lámina decorativa: era una poderosa herramienta de gobierno destinada a ordenar un territorio inmenso, señalar sus departamentos, registrar sus ríos, medir sus montañas y proyectar los caminos y ferrocarriles que debían unir los oasis con las regiones más alejadas. Sobre su superficie aparece una Mendoza diferente de la actual. Allí todavía podían leerse nombres como Belgrano o San Vicente, Tupungato o Arboleda, Tunuyán o Totoral, Nueve de Julio o San Carlos, 25 de Mayo o San Rafael y Coronel Beltrán o Malargüe. Las líneas ferroviarias se clasificaban entre las que ya funcionaban, las concedidas y las que apenas habían sido solicitadas, mostrando una provincia que soñaba con atravesar el desierto, conectar sus poblaciones y llevar su producción hacia nuevos mercados. En el oeste, la cordillera se levanta mediante poderosos sombreados; en el centro, caminos, canales y poblaciones forman una densa red; hacia el sur, los grandes ríos y extensiones casi vacías revelan una frontera que todavía estaba siendo explorada, medida y administrada. Una pequeña tabla registraba las alturas conocidas: el Aconcagua aparecía con 6.834 metros, el Tupungato con 6.627 y el Cerro de Plata con 6.008. El mapa también atribuía a Mendoza una superficie de 153.656 kilómetros cuadrados, casi cinco mil más que la cifra oficial utilizada en la actualidad, reflejo de los conocimientos, métodos y límites aceptados en aquel tiempo. Sobre la cartela principal se observa incluso un antiguo escudo provincial con dos cornucopias derramando frutos. Sus grietas, manchas, pliegues y pérdidas de papel también forman parte de la historia. Este ejemplar, identificado como la copia número 2, sobrevivió durante más de un siglo hasta ser digitalizado en 2021 mediante fotografía profesional de alta resolución. Detrás de la obra estuvieron el Gobierno de Mendoza, los relevamientos de Manuel José Olascoaga y otros topógrafos, el grabador P. Ludwig, el comisionado E. Estrella y los talleres de la Compañía Sud Americana de Billetes de Banco. Más que un mapa, es una ventana abierta hacia la Mendoza de fines del siglo XIX: una provincia que comenzaba a medir sus distancias, definir sus límites y dibujar sobre el papel el futuro que todavía no había construido. #MendozAntigua #Mendoza1892 #HistoriaDeMendoza #MendozaAntigua #CartografíaHistórica #MapasAntiguos #PatrimonioMendocino #MemoriaHistórica #HistoriaArgentina #ManuelOlascoaga #CordilleraDeLosAndes #Aconcagua #FerrocarrilesArgentinos #PatrimonioDocumental #HistoricalMaps #OldMaps #MendozaHistory #ArgentineHistory #CartographicHeritage #LatinAmericanHistory. La imagen adjunta corresponde al Mapa de la Provincia de Mendoza de 1892, una pieza mural grabada en color, montada sobre tela, de aproximadamente 100 × 144 centímetros y escala 1:500.000. El ejemplar digitalizado es la copia número 2, conservada en el Fondo “María del Rosario Prieto” de la Biblioteca Arturo Corte, IANIGLA-CONICET. Fue fotografiado en alta resolución por Gustavo Rogé en mayo de 2021 y publicado en Zenodo con el DOI
10.5281/zenodo.10206813. Existe otro ejemplar en la Biblioteca del Instituto de Geografía “Romualdo Ardissone” de la Universidad de Buenos Aires, cuya reproducción puede consultarse en el Atlas de Cartografía Histórica del IGN. No tuvo un único creador. El catálogo oficial del Instituto Geográfico Nacional registra como autor institucional al Gobierno de la Provincia de Mendoza. La cartela atribuye los datos, cálculos astronómicos y operaciones topográficas a Olascoaga, Eguía, Lucero, Barrera, Gumazú, Quiroga y Kunowski. El nombre individual más importante es Manuel José Olascoaga, geógrafo, topógrafo, explorador y antiguo jefe de la Oficina Topográfica Militar, reconocido por el IGN por su extensa producción cartográfica. Sin embargo, este mapa debe entenderse como una obra colectiva y gubernamental, construida mediante la combinación de relevamientos realizados por varios especialistas. La lámina indica que fue grabada por “P. Ludwig”. Por la coincidencia de nombre, oficio, ciudad y época, es muy probable que se trate del cartógrafo y grabador Pablo Ludwig, quien en ese mismo año de 1892 produjo otros mapas en Buenos Aires firmados expresamente como “compilados, dibujados y grabados” por él. La cartela del mapa mendocino, no obstante, solo permite leer con seguridad la forma abreviada “P. Ludwig”. La impresión estuvo a cargo de la Compañía Sud Americana de Billetes de Banco, mientras que E. Estrella aparece como comisionado del Gobierno de Mendoza para supervisar la impresión. 
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