En el invierno de 1953, el Aconcagua se convirtió en escenario de una de las páginas más duras y heroicas del montañismo argentino. Una expedición encabezada por el entonces mayor Emiliano Huerta había llegado a Mendoza con un objetivo que hasta ese momento nadie había conseguido: alcanzar la cumbre del “Techo de América” en pleno invierno. Entre sus integrantes se encontraba el experimentado sargento ayudante Jorge Aníbal Martínez, destacado montañista y esquiador, cuyo nombre quedaría para siempre ligado a la montaña. El 15 de agosto, aprovechando una breve mejoría, Huerta, Humberto Vasalla y Martínez ascendieron hacia Nido de Cóndores para instalar un campamento de altura. Pero el Aconcagua cambió violentamente de rostro: comenzó a nevar, el viento blanco castigó las carpas y hacia las 20 horas el termómetro marcaba alrededor de 29 grados bajo cero. Dentro de una de las tiendas, Martínez lanzó una noticia alarmante: había perdido la sensibilidad en los pies. Sus compañeros intentaron reanimarlos durante horas mediante masajes mientras el montañista comenzaba además a presentar fiebre. Al día siguiente descendieron a Plaza de Mulas, pero lo peor todavía estaba por llegar. El 18 de agosto se desencadenó sobre la cordillera mendocina un temporal extraordinariamente violento que aisló a los expedicionarios durante varios días. Recién el 23 pudieron restablecer las comunicaciones y, finalmente, al mediodía del 24 de agosto, el tiempo dio una tregua. Un grupo inició entonces el descenso hacia Puente del Inca acompañando a Jorge Aníbal Martínez. Las graves congelaciones sufridas en sus miembros inferiores significaron para él el final de sus incursiones en aquellas alturas. Su nombre, sin embargo, continuaría dominando el paisaje del Aconcagua en el célebre Peñón Martínez, la formación rocosa situada en la zona superior de la ruta normal, próxima a la Canaleta. La expedición no terminó allí. Después de nuevos temporales, escasez de combustible y otro intento frustrado el 28 de agosto, Huerta decidió continuar. Finalmente, el 11 de septiembre de 1953, Emiliano Huerta, Humberto Santiago Vasalla y Felipe Alejandro Godoy alcanzaron la cumbre a las 18 horas, logrando la primera ascensión invernal del Aconcagua. Detrás de aquella histórica victoria hubo semanas de frío extremo, aislamiento, agotamiento y sacrificios personales como el de Jorge Aníbal Martínez: uno de aquellos hombres que no llegaron a protagonizar la fotografía final de la cumbre, pero cuyo nombre quedó literalmente escrito en la montaña. 🏔️🇦🇷
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