El 6 de noviembre de 1817, casi nueve meses después de la victoria de Chacabuco, una misteriosa carta fue fechada en un lugar denominado “Salamina”. No estaba dirigida a José de San Martín, Bernardo O’Higgins ni Juan Martín de Pueyrredón, al menos no con sus nombres verdaderos. Su encabezamiento decía simplemente: “A nuestro hermano Ínaco”. La comunicación, conservada en el Archivo de San Martín del Museo Mitre como Documento Nº 1.156, parece salida de una novela de espionaje: está atravesada por abreviaturas, tres puntos, expresiones de inspiración masónica y nombres simbólicos como Nemea, Heliópolis, Persépolis, Franklin, Leónidas y Caupolicán. Este último era el nombre utilizado por quien firmaba la extensa misiva. El remitente explicaba que aquel era el primer conducto disponible para comunicarse con Ínaco y le enviaba información sobre tres cuestiones decisivas: la situación de la “Orden” en España y Europa, el estado de los movimientos independentistas americanos y el panorama político del lugar desde donde escribía. También mencionaba “columnas”, “planchas”, un Gran Oriente, un integrante del grado 32, comunicaciones llegadas desde Puerto Rico y personas perseguidas por sus actividades secretas. El portador de la carta era presentado bajo otro nombre clave: hermano Franklin, encargado de revelar oportunamente su verdadera identidad y colaborar con los planes destinados a liberar el Nuevo Mundo. La interpretación tradicional sostuvo que la carta había sido escrita por conspiradores de Lima y enviada a San Martín, a quien identificaban como hermano Ínaco. Bajo esa lectura, el documento sería una extraordinaria prueba de los contactos clandestinos establecidos después de Chacabuco para preparar la futura liberación del Perú. Sin embargo, el enigma está lejos de quedar resuelto. El historiador Julio Mario Luqui-Lagleyze advirtió que “Salamina” pudo ser un nombre cifrado para Lima, pero también para Cádiz o Londres, especialmente porque algunos pasajes hablan del Perú como si fuera un territorio ajeno o distante. Tampoco aparece una respuesta, anotación o prueba concluyente que permita asegurar quién se escondía detrás de Ínaco: pudo haber sido San Martín, pero también O’Higgins o Pueyrredón. Lo indiscutible es que el autor conocía perfectamente el lenguaje y los símbolos masónicos, y que alrededor de los grandes protagonistas de la independencia funcionaba una poderosa red de correspondencia reservada, inteligencia política y nombres secretos. En la mitología griega, Ínaco era el antiguo rey y dios fluvial de Argos; por eso, la idea de que representaba exclusivamente a un padre de familia deseoso de cultivar la tierra debe considerarse una interpretación literaria, no una certeza documental. La asociación, sin embargo, resulta profundamente evocadora: San Martín había solicitado tierras en Los Barriales en octubre de 1816 y soñaba con retirarse algún día a aquella chacra mendocina, vivir como agricultor y permanecer lejos de las luchas políticas. Ese descanso nunca llegó definitivamente. Las guerras, las intrigas y el exilio terminaron alejándolo de la tierra que había elegido como refugio. Tal vez Ínaco fuera San Martín. Tal vez el nombre ocultara a otro conductor de la revolución. Pero más de dos siglos después, una pequeña pieza de papel continúa guardando un secreto formidable: mientras los ejércitos combatían a plena luz, otros hombres preparaban la independencia entre claves, símbolos y silencios, convencidos de que “solo América mantiene la esperanza de los hombres de bien”. #JoséDeSanMartín #HermanoÍnaco #Caupolicán #Masonería #LogiaLautaro #EjércitoDeLosAndes #IndependenciaSudamericana #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #SanMartin #FreemasonryHistory #SecretSocieties #LatinAmericanIndependence #HistoricalMystery
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viernes, 14 de agosto de 2026
EL HERMANO ÍNACO: LA CARTA CIFRADA DE 1817 QUE PODRÍA OCULTAR EL NOMBRE DE SAN MARTÍN
El 6 de noviembre de 1817, casi nueve meses después de la victoria de Chacabuco, una misteriosa carta fue fechada en un lugar denominado “Salamina”. No estaba dirigida a José de San Martín, Bernardo O’Higgins ni Juan Martín de Pueyrredón, al menos no con sus nombres verdaderos. Su encabezamiento decía simplemente: “A nuestro hermano Ínaco”. La comunicación, conservada en el Archivo de San Martín del Museo Mitre como Documento Nº 1.156, parece salida de una novela de espionaje: está atravesada por abreviaturas, tres puntos, expresiones de inspiración masónica y nombres simbólicos como Nemea, Heliópolis, Persépolis, Franklin, Leónidas y Caupolicán. Este último era el nombre utilizado por quien firmaba la extensa misiva. El remitente explicaba que aquel era el primer conducto disponible para comunicarse con Ínaco y le enviaba información sobre tres cuestiones decisivas: la situación de la “Orden” en España y Europa, el estado de los movimientos independentistas americanos y el panorama político del lugar desde donde escribía. También mencionaba “columnas”, “planchas”, un Gran Oriente, un integrante del grado 32, comunicaciones llegadas desde Puerto Rico y personas perseguidas por sus actividades secretas. El portador de la carta era presentado bajo otro nombre clave: hermano Franklin, encargado de revelar oportunamente su verdadera identidad y colaborar con los planes destinados a liberar el Nuevo Mundo. La interpretación tradicional sostuvo que la carta había sido escrita por conspiradores de Lima y enviada a San Martín, a quien identificaban como hermano Ínaco. Bajo esa lectura, el documento sería una extraordinaria prueba de los contactos clandestinos establecidos después de Chacabuco para preparar la futura liberación del Perú. Sin embargo, el enigma está lejos de quedar resuelto. El historiador Julio Mario Luqui-Lagleyze advirtió que “Salamina” pudo ser un nombre cifrado para Lima, pero también para Cádiz o Londres, especialmente porque algunos pasajes hablan del Perú como si fuera un territorio ajeno o distante. Tampoco aparece una respuesta, anotación o prueba concluyente que permita asegurar quién se escondía detrás de Ínaco: pudo haber sido San Martín, pero también O’Higgins o Pueyrredón. Lo indiscutible es que el autor conocía perfectamente el lenguaje y los símbolos masónicos, y que alrededor de los grandes protagonistas de la independencia funcionaba una poderosa red de correspondencia reservada, inteligencia política y nombres secretos. En la mitología griega, Ínaco era el antiguo rey y dios fluvial de Argos; por eso, la idea de que representaba exclusivamente a un padre de familia deseoso de cultivar la tierra debe considerarse una interpretación literaria, no una certeza documental. La asociación, sin embargo, resulta profundamente evocadora: San Martín había solicitado tierras en Los Barriales en octubre de 1816 y soñaba con retirarse algún día a aquella chacra mendocina, vivir como agricultor y permanecer lejos de las luchas políticas. Ese descanso nunca llegó definitivamente. Las guerras, las intrigas y el exilio terminaron alejándolo de la tierra que había elegido como refugio. Tal vez Ínaco fuera San Martín. Tal vez el nombre ocultara a otro conductor de la revolución. Pero más de dos siglos después, una pequeña pieza de papel continúa guardando un secreto formidable: mientras los ejércitos combatían a plena luz, otros hombres preparaban la independencia entre claves, símbolos y silencios, convencidos de que “solo América mantiene la esperanza de los hombres de bien”. #JoséDeSanMartín #HermanoÍnaco #Caupolicán #Masonería #LogiaLautaro #EjércitoDeLosAndes #IndependenciaSudamericana #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #SanMartin #FreemasonryHistory #SecretSocieties #LatinAmericanIndependence #HistoricalMystery
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