martes, 4 de agosto de 2026

1932-1938: YPF PERFORÓ LO IMPOSIBLE Y DESPERTÓ EL GIGANTE PETROLERO DE MENDOZA (IMAGEN ILUSTRATIVA)


Entre 1932 y 1938, Mendoza comenzó a transformar una riqueza oculta bajo montañas, viñedos y extensas llanuras en uno de los pilares de su futuro económico. Hasta entonces, la búsqueda de petróleo había dependido principalmente de filtraciones visibles, manaderos naturales y observaciones superficiales del terreno. La llegada de Yacimientos Petrolíferos Fiscales cambió radicalmente aquella realidad: la exploración dejó de ser una aventura dominada por la intuición para convertirse en una operación científica, sistemática y respaldada por el Estado. YPF, creada en 1922 y fortalecida por casi una década de experiencia en diferentes regiones argentinas, comenzó a trabajar en Cacheuta en 1931. Allí retomó antiguas explotaciones, reacondicionó instalaciones y comprobó que el subsuelo mendocino todavía guardaba petróleo. La empresa incorporó estudios geológicos y geofísicos, análisis de gases, investigaciones magnetométricas y perforaciones profundas capaces de revelar estructuras invisibles desde la superficie. Mendoza entraba así en una nueva era tecnológica. El paso decisivo se produjo el 29 de julio de 1932, cuando el gobernador Ricardo Videla y la Dirección de YPF firmaron un convenio para explorar metódicamente el territorio provincial en busca de hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos. El acuerdo fue presentado ante la Legislatura el 1 de agosto y ratificado por unanimidad mediante la Ley Provincial N.º 966, sancionada el 19 de septiembre. YPF debía perforar pozos exploratorios, estudiar integralmente cada posible yacimiento y entregar a Mendoza el 11 % neto de lo extraído. No se trataba únicamente de encontrar petróleo: se buscaba generar empleo, caminos, transportes, talleres, industrias y nuevos ingresos para una provincia golpeada por la crisis vitivinícola Las primeras perforaciones se concentraron en Cacheuta, donde trabajaron decenas de hombres con equipos que hoy parecerían rudimentarios. Aunque sus pozos no siempre tuvieron un gran rendimiento comercial, el crudo obtenido fue utilizado para alimentar las calderas y maquinarias de otros campamentos, reduciendo costos y evitando transportar combustible desde largas distancias. Al mismo tiempo, las cuadrillas avanzaron hacia Potrerillos, Barrancas, Lunlunta, Tupungato, El Sosneado, Malargüe y otras regiones todavía casi inaccesibles. En 1934, YPF perforó el pozo T-1 de Tupungato, iniciando una exploración que convertiría al Valle de Uco en el centro neurálgico de la producción petrolera mendocina. Los trabajadores debieron vencer enormes dificultades: trasladar equipos por caminos precarios, soportar temperaturas extremas, transportar combustible desde Cacheuta y construir un ducto de aproximadamente diez kilómetros para llevar agua hasta las perforaciones. La actividad petrolera no solamente desafiaba al subsuelo: también obligaba a conquistar el territorio. Uno de los mayores logros técnicos ocurrió en Lunlunta, donde el pozo testigo número 2 alcanzó los 2.476 metros de profundidad, una marca extraordinaria para la época: era el pozo más profundo perforado entonces en la Argentina y uno de los mayores de América Latina. Aunque los primeros resultados productivos fueron modestos, aquellas perforaciones permitieron conocer la estructura geológica de la Cuenca Cuyana y localizar reservorios que serían explotados pocos años más tarde. Para 1935, YPF ya había perforado 27 pozos en Mendoza. Muchos producían solamente tres o cuatro metros cúbicos diarios, pero aquella etapa no perseguía resultados inmediatos: buscaba reducir la incertidumbre, comprobar reservas y construir una gigantesca cartografía subterránea. Ingenieros, geólogos, mecánicos, choferes y obreros comenzaron a instalar campamentos, caminos, depósitos, líneas telefónicas, viviendas, enfermerías y plantas de almacenamiento en lugares donde antes apenas existían huellas. El petróleo también impulsó actividades complementarias. Empresas de transporte adaptaron sus camiones para trasladar crudo; llegaron proveedores de tuberías y equipamientos; crecieron pequeños talleres metalúrgicos y la explotación de bentonita mendocina permitió sustituir materiales que hasta entonces se importaban de Estados Unidos. Descubierta comercialmente en la zona de Cacheuta durante la segunda mitad de la década, esta arcilla se convirtió en un insumo esencial para los fluidos utilizados en las perforaciones de YPF dentro y fuera de Mendoza. Finalmente, a mediados de 1938, el pozo T-19 de Tupungato señaló el comienzo de una etapa verdaderamente productiva. Los años de estudios, perforaciones fallidas, inversiones y sacrificios empezaban a dar sus frutos. Poco después, la producción de Tupungato, Barrancas y Lunlunta crecería de manera explosiva; en 1940 Mendoza ya se convertiría en el segundo distrito petrolero más importante del país. Entre 1932 y 1938, YPF no se limitó a extraer petróleo: reveló el mapa invisible del subsuelo mendocino, introdujo conocimientos científicos, construyó infraestructura y abrió una nueva frontera económica. Bajo la tierra de una provincia identificada durante décadas casi exclusivamente con la vid, comenzaba a rugir otra riqueza. Era el nacimiento de la Mendoza petrolera. #Mendoza #MendozAntigua #YPF #HistoriaMendocina #HistoriaDelPetróleo #PetróleoArgentino #Cacheuta #Tupungato #Lunlunta #IndustriaNacional #PatrimonioIndustrial #EnergíaArgentina #OilHistory #PetroleumHistory #MendozaHistory #ArgentinaHistory #EnergyHistory #IndustrialHeritage

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