El 13 de septiembre de 1918 nació en la ciudad de Mendoza Abelardo Vázquez, poeta, escritor y creador cuya obra terminó modificando para siempre la manera en que los mendocinos contemplan su Fiesta de la Vendimia. Según dejó consignado el propio Vázquez en sus Antimemorias, había nacido en una casa de calle Rioja al 1400. Pasó parte de su juventud en Granada, España, y al regresar a Mendoza desarrolló una intensa actividad literaria que lo convertiría en una de las figuras culturales más singulares de la provincia. Su compromiso con las letras locales apareció muy temprano. En 1942 publicó Advenimiento y al año siguiente participó activamente en la creación del Grupo Pámpano, una experiencia destinada a abrir espacio a escritores mendocinos y cuyanos. Pámpano comenzó como revista gráfica, continuó como revista oral y terminó transformándose también en sello editorial. La publicación, dirigida por Vázquez entre 1943 y 1944, reunió a nombres como Ricardo Tudela, Abelardo Arias, Américo Calí, Reinaldo Bianchini y otros protagonistas de una extraordinaria generación literaria mendocina. Pero fue la Vendimia la que convirtió su nombre en leyenda popular. Su relación con la fiesta comenzó a tomar fuerza en 1958, cuando trabajó junto con Antonio Di Benedetto y Alberto Rodríguez (h) en la adaptación del libreto Todo lo que el vino trae. Desde entonces participó como autor, adaptador o director en más de una docena de actos centrales. El Gobierno provincial reconoce su intervención en 13 celebraciones y lo considera uno de los grandes responsables de haber transformado la gramática escénica de la fiesta: poesía, música, danza, iluminación, actuación y paisaje comenzaron a funcionar como partes de una misma obra monumental. El momento decisivo llegó en 1963. El 9 de marzo de aquel año la Fiesta de la Vendimia realizó por primera vez su Acto Central en el Teatro Griego Frank Romero Day, espacio diseñado décadas antes por Daniel Ramos Correas y que ya había tenido una inauguración parcial en 1950. Vázquez fue una figura fundamental de aquella histórica puesta y aprovechó algo que ningún escenario convencional podía ofrecer: los propios cerros mendocinos. La iluminación, el sonido y la acción artística comenzaron a expandirse fuera del tablado, integrando el paisaje natural al espectáculo. Incluso los cerros circundantes terminaron identificados popularmente con nombres vinculados al vino. La Vendimia dejaba de ser simplemente una sucesión de cuadros para convertirse en una experiencia teatral de escala gigantesca. Su búsqueda no se detuvo allí. En las décadas siguientes experimentó con nuevas tecnologías y recursos visuales. Las cajas lumínicas comenzaron a aparecer hacia 1969 y 1970 y alcanzaron una enorme potencia escenográfica en Vendimia de Cristal, de 1971, bajo dirección de Vázquez, cuando el piso translúcido iluminado y las grandes estructuras luminosas produjeron imágenes que quedarían incorporadas definitivamente al lenguaje vendimial. Después llegarían Vendimia de América, Vendimia fantástica y otras puestas que profundizaron aquella combinación de poesía, técnica, paisaje y espectáculo popular. Vázquez también compartió algunos de esos años creativos con figuras excepcionales de la cultura mendocina. En 1958 trabajó junto con Antonio Di Benedetto y Alberto Rodríguez (h), una asociación que demuestra el nivel literario que llegó a concentrar la Fiesta. Su influencia fue tan profunda que distintos estudios académicos y organismos culturales lo señalan como uno de los principales forjadores del género vendimial tal como llegó hasta nuestros días. Su despedida de la dirección llegó en 1980 con Vendimia infinita, espectáculo realizado en el Frank Romero Day a partir de un guion de José Grosso Dutto. Fue la última gran puesta que condujo. Seis años después, el 20 de mayo de 1986, Abelardo Vázquez murió en Mendoza a los 67 años. Su obra, sin embargo, continuó encendida cada marzo: en los cerros iluminados, en las coreografías multitudinarias, en la unión entre palabra, música y paisaje y en esa idea —hoy inseparable de la identidad provincial— de que toda Mendoza puede transformarse por una noche en un enorme escenario. Por eso llamarlo solamente “poeta del vino” quizá sea insuficiente: Abelardo Vázquez fue uno de los hombres que enseñó a Mendoza a representar su propia historia frente al mundo. #AbelardoVázquez #PoetaDelVino #FiestaDeLaVendimia #Vendimia #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #FrankRomeroDay #CulturaMendocina #LiteraturaMendocina #GrupoPámpano #HistoriaArgentina #WinePoet #GrapeHarvestFestival #MendozaHistory #ArgentineHistory
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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domingo, 13 de septiembre de 2026
🔥🍷🎭 13 DE SEPTIEMBRE DE 1918: NACIÓ ABELARDO VÁZQUEZ, EL “POETA DEL VINO” QUE REINVENTÓ LA VENDIMIA Y CONVIRTIÓ LOS CERROS DE MENDOZA EN UN ESCENARIO GIGANTE 🇦🇷🍇
El 13 de septiembre de 1918 nació en la ciudad de Mendoza Abelardo Vázquez, poeta, escritor y creador cuya obra terminó modificando para siempre la manera en que los mendocinos contemplan su Fiesta de la Vendimia. Según dejó consignado el propio Vázquez en sus Antimemorias, había nacido en una casa de calle Rioja al 1400. Pasó parte de su juventud en Granada, España, y al regresar a Mendoza desarrolló una intensa actividad literaria que lo convertiría en una de las figuras culturales más singulares de la provincia. Su compromiso con las letras locales apareció muy temprano. En 1942 publicó Advenimiento y al año siguiente participó activamente en la creación del Grupo Pámpano, una experiencia destinada a abrir espacio a escritores mendocinos y cuyanos. Pámpano comenzó como revista gráfica, continuó como revista oral y terminó transformándose también en sello editorial. La publicación, dirigida por Vázquez entre 1943 y 1944, reunió a nombres como Ricardo Tudela, Abelardo Arias, Américo Calí, Reinaldo Bianchini y otros protagonistas de una extraordinaria generación literaria mendocina. Pero fue la Vendimia la que convirtió su nombre en leyenda popular. Su relación con la fiesta comenzó a tomar fuerza en 1958, cuando trabajó junto con Antonio Di Benedetto y Alberto Rodríguez (h) en la adaptación del libreto Todo lo que el vino trae. Desde entonces participó como autor, adaptador o director en más de una docena de actos centrales. El Gobierno provincial reconoce su intervención en 13 celebraciones y lo considera uno de los grandes responsables de haber transformado la gramática escénica de la fiesta: poesía, música, danza, iluminación, actuación y paisaje comenzaron a funcionar como partes de una misma obra monumental. El momento decisivo llegó en 1963. El 9 de marzo de aquel año la Fiesta de la Vendimia realizó por primera vez su Acto Central en el Teatro Griego Frank Romero Day, espacio diseñado décadas antes por Daniel Ramos Correas y que ya había tenido una inauguración parcial en 1950. Vázquez fue una figura fundamental de aquella histórica puesta y aprovechó algo que ningún escenario convencional podía ofrecer: los propios cerros mendocinos. La iluminación, el sonido y la acción artística comenzaron a expandirse fuera del tablado, integrando el paisaje natural al espectáculo. Incluso los cerros circundantes terminaron identificados popularmente con nombres vinculados al vino. La Vendimia dejaba de ser simplemente una sucesión de cuadros para convertirse en una experiencia teatral de escala gigantesca. Su búsqueda no se detuvo allí. En las décadas siguientes experimentó con nuevas tecnologías y recursos visuales. Las cajas lumínicas comenzaron a aparecer hacia 1969 y 1970 y alcanzaron una enorme potencia escenográfica en Vendimia de Cristal, de 1971, bajo dirección de Vázquez, cuando el piso translúcido iluminado y las grandes estructuras luminosas produjeron imágenes que quedarían incorporadas definitivamente al lenguaje vendimial. Después llegarían Vendimia de América, Vendimia fantástica y otras puestas que profundizaron aquella combinación de poesía, técnica, paisaje y espectáculo popular. Vázquez también compartió algunos de esos años creativos con figuras excepcionales de la cultura mendocina. En 1958 trabajó junto con Antonio Di Benedetto y Alberto Rodríguez (h), una asociación que demuestra el nivel literario que llegó a concentrar la Fiesta. Su influencia fue tan profunda que distintos estudios académicos y organismos culturales lo señalan como uno de los principales forjadores del género vendimial tal como llegó hasta nuestros días. Su despedida de la dirección llegó en 1980 con Vendimia infinita, espectáculo realizado en el Frank Romero Day a partir de un guion de José Grosso Dutto. Fue la última gran puesta que condujo. Seis años después, el 20 de mayo de 1986, Abelardo Vázquez murió en Mendoza a los 67 años. Su obra, sin embargo, continuó encendida cada marzo: en los cerros iluminados, en las coreografías multitudinarias, en la unión entre palabra, música y paisaje y en esa idea —hoy inseparable de la identidad provincial— de que toda Mendoza puede transformarse por una noche en un enorme escenario. Por eso llamarlo solamente “poeta del vino” quizá sea insuficiente: Abelardo Vázquez fue uno de los hombres que enseñó a Mendoza a representar su propia historia frente al mundo. #AbelardoVázquez #PoetaDelVino #FiestaDeLaVendimia #Vendimia #Mendoza #HistoriaDeMendoza #MendozAntigua #FrankRomeroDay #CulturaMendocina #LiteraturaMendocina #GrupoPámpano #HistoriaArgentina #WinePoet #GrapeHarvestFestival #MendozaHistory #ArgentineHistory
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