El 11 de agosto de 1892, el sueño de unir Mendoza con Chile por medio de un ferrocarril que atravesara el corazón de los Andes recibió uno de los golpes más devastadores de su historia: la Justicia declaró la quiebra de la firma de Juan y Mateo Clark, los empresarios chilenos de ascendencia escocesa que habían convertido aquella idea casi imposible en una verdadera epopeya continental. Hacia 1890, los hermanos sostenían simultáneamente cuatro grandes emprendimientos: el Ferrocarril Central de Venezuela, el Trasandino y dos ramales del Ferrocarril Nordeste Argentino. Llegaron a ocupar aproximadamente 7.000 trabajadores y hasta organizaron una flotilla para trasladar materiales entre Buenos Aires y Corrientes. Sin embargo, detrás de aquella formidable expansión se escondía una estructura financiera extremadamente frágil: carecían de suficiente capital operativo, acumulaban deudas y muchas veces cobraban sus contratos mediante títulos que debían vender a precios muy bajos para obtener dinero inmediato. La crisis financiera de 1890, la caída de la Bolsa, el encarecimiento del oro y la sucesión de empresas insolventes terminaron por arrastrarlos. A fines de ese año ya habían dejado de cumplir pagos; Juan Clark intentó negociar con los acreedores en Buenos Aires y Mateo buscó una salida en Londres, pero los acuerdos fracasaron. Finalmente, a pedido del Banco Español, la quiebra judicial fue declarada el 11 de agosto de 1892. Las consecuencias fueron implacables: se remataron todos sus bienes, incluso los de uso personal, porque respondían ilimitadamente frente a sus acreedores. Aunque no intentaron eludir sus obligaciones, jamás recuperarían la posición económica que habían alcanzado. Para el Trasandino, la caída significó perder a sus principales impulsores. Los recursos permitieron prolongar algunos trabajos hasta 1893, cuando los rieles alcanzaron Punta de Vacas del lado argentino y Salto del Soldado en Chile, pero luego las obras quedaron paralizadas durante años. A la ruina financiera se sumaron la Revolución del Parque, la guerra civil chilena de 1891 y las crecientes tensiones fronterizas entre ambos países, que ahuyentaron nuevas inversiones. La confianza comenzó a recuperarse después de los Pactos de Mayo de 1902: los rieles argentinos llegaron a Las Cuevas en 1903, los chilenos a Juncal en 1906 y a Portillo en 1908. Finalmente, el 5 de abril de 1910, después de 38 años de proyectos, crisis, sacrificios y vidas obreras entregadas a la montaña, quedó inaugurada la conexión completa entre Mendoza y Los Andes. Juan Clark había muerto en 1907 y no alcanzó a contemplar el triunfo definitivo de su sueño; Mateo, en cambio, vivió hasta 1929. Y esta historia conserva una huella especialmente cercana: la edición académica de Pablo Lacoste reconoce y reproduce fotografías aportadas por Eduardo Rufino, coordinador de MendozAntigua, integrando el archivo mendocino a la memoria documental de una de las mayores hazañas ferroviarias de Sudamérica. #MendozAntigua #FerrocarrilTrasandino #HermanosClark #JuanClark #MateoClark #HistoriaDeMendoza #Mendoza #LosAndes #Argentina #Chile #CordilleraDeLosAndes #HistoriaFerroviaria #TrenesHistóricos #PatrimonioFerroviario #MemoriaHistórica #TransAndeanRailway #RailwayHistory #HistoricTrains #AndesMountains #ArgentinaHistory #ChileHistory #IndustrialHeritage

No hay comentarios.:
Publicar un comentario