El 6 de agosto de 1874, mientras Chile era gobernado por Federico Errázuriz Zañartu y Bolivia por Tomás Frías Ametller, los representantes Carlos Walker Martínez y Mariano Baptista firmaron en Sucre un tratado destinado a cerrar décadas de disputas por uno de los territorios más áridos, remotos y codiciados de Sudamérica. Nadie podía imaginar entonces que aquellas cláusulas proyectarían su sombra sobre una guerra internacional y terminarían influyendo en la configuración territorial de la Argentina. El acuerdo confirmó el paralelo 24° sur como frontera entre Chile y Bolivia, desde el océano Pacífico hasta la cordillera de los Andes, y reemplazó el complejo sistema de explotación compartida establecido en 1866. Chile abandonaba su participación en los impuestos mineros situados al norte de esa línea, mientras que el guano localizado entre los paralelos 23° y 25° continuaría repartiéndose por mitades. El tratado también declaró a Antofagasta y Mejillones puertos mayores del litoral boliviano y estableció beneficios aduaneros recíprocos. La cláusula más explosiva estaba en el artículo cuarto: durante 25 años, los derechos de exportación aplicados a los minerales de la zona no podrían superar los ya existentes, y las personas, industrias y capitales chilenos no quedarían sujetos a nuevas contribuciones. En 1878, el gobierno boliviano dispuso un impuesto de diez centavos por cada quintal de salitre exportado por la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta. Chile sostuvo que el gravamen violaba el tratado; Bolivia mantuvo su aplicación y la controversia escaló rápidamente. El 3 de abril de 1879, el Congreso chileno aprobó formalmente la resolución del acuerdo, respaldó la ocupación del territorio comprendido entre los paralelos 23° y 24° y autorizó al presidente Aníbal Pinto a declarar la guerra. Dos días después, Chile declaró la guerra a Bolivia y Perú: comenzaba la Guerra del Pacífico, impulsada por una combinación de fronteras imprecisas, intereses salitreros, rivalidades diplomáticas y alianzas regionales. Sin embargo, la historia no terminó en las costas del Pacífico. Después de la guerra, Bolivia negoció con la Argentina el Tratado Quirno Costa–Vaca Guzmán, firmado en Buenos Aires el 10 de mayo de 1889 y posteriormente ratificado con modificaciones. Buenos Aires abandonaba sus antiguas pretensiones sobre Tarija y Bolivia reconocía derechos argentinos sobre la Puna de Atacama, una inmensa altiplanicie que Chile también consideraba bajo su dominio y ocupaba parcialmente. El Protocolo Cano–Rocha de 1895 reforzó la posición argentina y convirtió aquel territorio inhóspito, situado a más de 4.000 metros de altura, en una peligrosa fuente de tensión entre dos países que ya acumulaban otras controversias cordilleranas. Para evitar una guerra argentino-chilena, en 1899 se reunió en Buenos Aires una comisión integrada por el argentino José Evaristo Uriburu, el chileno Enrique Mac-Iver y el diplomático estadounidense William Insco Buchanan. Las propuestas iniciales fueron rechazadas y Buchanan terminó inclinando sucesivamente las votaciones que fijaron la nueva línea fronteriza. De aproximadamente 75.000 kilómetros cuadrados en disputa, unos 64.000 —el 85 %— quedaron para la Argentina y cerca de 11.000 —el 15 %— para Chile. Así, un tratado firmado veinticinco años antes entre Chile y Bolivia terminó enlazándose con una guerra, una carrera por el salitre y una negociación que amplió el territorio argentino. En el desierto de Atacama, donde parecía no existir más que piedra, sal y silencio, se estaba decidiendo el mapa futuro de tres naciones. #Historia #Efemérides #Argentina #Chile #Bolivia #PunaDeAtacama #DesiertoDeAtacama #GuerraDelPacífico #TratadoDe1874 #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #HistoriaDeBolivia #Fronteras #Geopolítica #Salitre #MendozAntigua #History #SouthAmericanHistory #ArgentinaHistory #ChileHistory #BoliviaHistory #AtacamaDesert #WarOfThePacific #HistoricalBorders #Geopolitics
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jueves, 6 de agosto de 2026
6 DE AGOSTO DE 1874: EL PACTO DEL DESIERTO QUE ENCENDIÓ UNA GUERRA Y REDIBUJÓ EL NORTE ARGENTINO
El 6 de agosto de 1874, mientras Chile era gobernado por Federico Errázuriz Zañartu y Bolivia por Tomás Frías Ametller, los representantes Carlos Walker Martínez y Mariano Baptista firmaron en Sucre un tratado destinado a cerrar décadas de disputas por uno de los territorios más áridos, remotos y codiciados de Sudamérica. Nadie podía imaginar entonces que aquellas cláusulas proyectarían su sombra sobre una guerra internacional y terminarían influyendo en la configuración territorial de la Argentina. El acuerdo confirmó el paralelo 24° sur como frontera entre Chile y Bolivia, desde el océano Pacífico hasta la cordillera de los Andes, y reemplazó el complejo sistema de explotación compartida establecido en 1866. Chile abandonaba su participación en los impuestos mineros situados al norte de esa línea, mientras que el guano localizado entre los paralelos 23° y 25° continuaría repartiéndose por mitades. El tratado también declaró a Antofagasta y Mejillones puertos mayores del litoral boliviano y estableció beneficios aduaneros recíprocos. La cláusula más explosiva estaba en el artículo cuarto: durante 25 años, los derechos de exportación aplicados a los minerales de la zona no podrían superar los ya existentes, y las personas, industrias y capitales chilenos no quedarían sujetos a nuevas contribuciones. En 1878, el gobierno boliviano dispuso un impuesto de diez centavos por cada quintal de salitre exportado por la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta. Chile sostuvo que el gravamen violaba el tratado; Bolivia mantuvo su aplicación y la controversia escaló rápidamente. El 3 de abril de 1879, el Congreso chileno aprobó formalmente la resolución del acuerdo, respaldó la ocupación del territorio comprendido entre los paralelos 23° y 24° y autorizó al presidente Aníbal Pinto a declarar la guerra. Dos días después, Chile declaró la guerra a Bolivia y Perú: comenzaba la Guerra del Pacífico, impulsada por una combinación de fronteras imprecisas, intereses salitreros, rivalidades diplomáticas y alianzas regionales. Sin embargo, la historia no terminó en las costas del Pacífico. Después de la guerra, Bolivia negoció con la Argentina el Tratado Quirno Costa–Vaca Guzmán, firmado en Buenos Aires el 10 de mayo de 1889 y posteriormente ratificado con modificaciones. Buenos Aires abandonaba sus antiguas pretensiones sobre Tarija y Bolivia reconocía derechos argentinos sobre la Puna de Atacama, una inmensa altiplanicie que Chile también consideraba bajo su dominio y ocupaba parcialmente. El Protocolo Cano–Rocha de 1895 reforzó la posición argentina y convirtió aquel territorio inhóspito, situado a más de 4.000 metros de altura, en una peligrosa fuente de tensión entre dos países que ya acumulaban otras controversias cordilleranas. Para evitar una guerra argentino-chilena, en 1899 se reunió en Buenos Aires una comisión integrada por el argentino José Evaristo Uriburu, el chileno Enrique Mac-Iver y el diplomático estadounidense William Insco Buchanan. Las propuestas iniciales fueron rechazadas y Buchanan terminó inclinando sucesivamente las votaciones que fijaron la nueva línea fronteriza. De aproximadamente 75.000 kilómetros cuadrados en disputa, unos 64.000 —el 85 %— quedaron para la Argentina y cerca de 11.000 —el 15 %— para Chile. Así, un tratado firmado veinticinco años antes entre Chile y Bolivia terminó enlazándose con una guerra, una carrera por el salitre y una negociación que amplió el territorio argentino. En el desierto de Atacama, donde parecía no existir más que piedra, sal y silencio, se estaba decidiendo el mapa futuro de tres naciones. #Historia #Efemérides #Argentina #Chile #Bolivia #PunaDeAtacama #DesiertoDeAtacama #GuerraDelPacífico #TratadoDe1874 #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #HistoriaDeBolivia #Fronteras #Geopolítica #Salitre #MendozAntigua #History #SouthAmericanHistory #ArgentinaHistory #ChileHistory #BoliviaHistory #AtacamaDesert #WarOfThePacific #HistoricalBorders #Geopolitics
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