domingo, 9 de agosto de 2026

8 DE NOVIEMBRE DE 1903: SAN RAFAEL ESCUCHÓ EL SILBATO DEL PROGRESO — EL DOMINGO EN QUE DOS TRENES CAMBIARON PARA SIEMPRE EL SUR MENDOCINO


El domingo 8 de noviembre de 1903, San Rafael vivió uno de aquellos días capaces de dividir la historia de una comunidad en un antes y un después. A las cuatro de la tarde, entre humo, vapor, silbatos y una multitud que aguardaba junto a las vías, apareció finalmente la formación ferroviaria procedente de Mendoza. El llamado “caballo de hierro” había llegado al sur mendocino y, para una sociedad que comenzaba el siglo XX convencida de que el progreso podía medirse en kilómetros de rieles, aquello era mucho más que la inauguración de un transporte: era la promesa de incorporarse definitivamente a los grandes circuitos económicos del país. La Municipalidad de San Rafael conserva precisamente el 8 de noviembre de 1903 como la fecha histórica del arribo del primer tren y el antiguo edificio de aquella estación es hoy el Museo Municipal Ferroviario. La historia ferroviaria argentina había comenzado mucho antes. En 1857 se inauguró en Buenos Aires el Ferrocarril Oeste y circuló La Porteña. Mendoza tuvo que esperar hasta 1885, cuando el Ferrocarril Andino alcanzó oficialmente la capital provincial con el presidente Julio Argentino Roca entre los viajeros de aquella gran celebración. Dos años después, en 1887, la sección cuyana del Andino fue adquirida por la compañía británica que dio origen al Ferrocarril Gran Oeste Argentino. San Rafael todavía estaba lejos de esas vías. Hubo proyectos, discusiones sobre distintos recorridos y años de espera hasta que el Congreso nacional sancionó el 5 de enero de 1900 la Ley 3902, autorizando al Gran Oeste Argentino a construir y explotar un nuevo ramal en Mendoza. Finalmente se adoptó el trazado desde Las Catitas hasta San Rafael, de aproximadamente 184,9 kilómetros. Una protagonista silenciosa de aquella epopeya fue la locomotora Nº315, utilizada en la construcción del ramal. La Municipalidad la denomina actualmente “La Constructora” y la conserva como una de las grandes reliquias ferroviarias de San Rafael. Durmientes, rieles, trabajadores, materiales para estaciones y todo lo necesario para hacer avanzar las vías fueron penetrando lentamente en el territorio hasta que, el 22 de agosto de 1903, los rieles alcanzaron Cuadro Nacional. Pero el destino elegido como terminal fue la zona vinculada con la Colonia Francesa de Rodolfo Iselín, en momentos en que el propio centro administrativo de San Rafael también estaba trasladándose hacia aquel núcleo en expansión. El ferrocarril y el cambio de cabecera departamental terminaron formando parte de una transformación territorial mucho más profunda: las vías valorizaron tierras, facilitaron el ingreso de población y aceleraron la producción agrícola y vitivinícola. Y entonces llegó aquel domingo. A las 16 horas ingresó la formación procedente de Mendoza. Una multitud se había congregado alrededor de la flamante estación; hubo música, autoridades y festejos. Entre la comitiva figuraban el gobernador de San Juan, el obispo de Cuyo, funcionarios mendocinos y propietarios de San Rafael. Delante de todos marchó también quien de pronto se había convertido en una celebridad popular: Vittorio Ferronato, el maquinista del tren. Pero aquel día guardaba una curiosidad extraordinaria: no llegó un tren, sino dos. A las 18 horas apareció otra formación procedente de Buenos Aires con el ministro nacional de Obras Públicas y destacado político mendocino Emilio Civit, funcionarios ferroviarios y la Banda del 13º de Infantería. Según las crónicas locales, las disputas políticas de la época hicieron que ambas comitivas no ingresaran juntas como inicialmente estaba previsto. Así, uno de los mayores acontecimientos de San Rafael terminó teniendo dos llegadas, dos recepciones y hasta una pequeña batalla política detrás de los silbatos y las locomotoras. Y el impacto del tren no quedó solamente en las fotografías. Antes de su llegada, transportar vino desde San Rafael hasta el oasis norte mendocino en carros tirados por bueyes podía demandar seis o siete días. Con el ferrocarril, el viaje hasta Mendoza podía realizarse en alrededor de seis horas y media. Las bodegas recibieron además maquinaria, cubas e insumos con mayor rapidez y pudieron acceder mucho mejor a compradores y mercados alejados. Los números permiten dimensionar aquella transformación. En 1895 San Rafael tenía 547 hectáreas cultivadas con vid; para 1914 alcanzaba 12.901 hectáreas, más de veintitrés veces aquella superficie. En el mismo período de expansión, la población departamental pasó de 9.846 habitantes en 1895 a 39.076 en 1914. El ferrocarril no explica por sí solo semejante crecimiento —también fueron fundamentales la inmigración, el riego, la colonización y la inversión vitivinícola—, pero los investigadores lo consideran un factor decisivo para acelerar la comercialización y reorganizar económicamente el oasis sur. #SanRafael #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #Ferrocarril #TrenesArgentinos #GranOesteArgentino #Locomotora315 #HistoriaArgentina #SanRafael1903 #PatrimonioFerroviario #MemoriaMendocina #ArgentinaAntigua #VintageArgentina #RailwayHistory #ArgentinaHistory #HistoricRailway #SteamTrain #RailroadHistory #MendozaArgentina #SanRafaelMendoza #HistoricArgentina


Hay incluso una pequeña sutileza histórica: algunas cronologías ferroviarias señalan el 7 de noviembre de 1903 como fecha de habilitación del ramal Las Catitas–San Rafael, mientras que el 8 de noviembre quedó grabado en la memoria local como el día de la llegada ceremonial y multitudinaria del tren.


Más de un siglo después, el edificio donde aquella multitud aguardó entre humo y silbatos continúa en pie convertido en Museo Municipal Ferroviario, conservando pisos, paredes, aberturas, mobiliario y objetos relacionados con aquella época. Y allí permanece también la Nº315, como un gigantesco monumento de hierro a aquella generación que creyó que detrás de cada nueva vía comenzaba el futuro.


Aquel domingo San Rafael no recibió simplemente un tren. Recibió una nueva velocidad para producir, comerciar, poblar y crecer. Y durante décadas, cada silbato que atravesó el oasis recordó aquella tarde de noviembre de 1903 en que el futuro llegó echando humo por las vías.

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