Creció casi en el abandono junto con su hermano Albalonga Bikila, junto con quien para entretenerse corrían a animales en las llanuras Etíopes para ver quien se cansaba primero, por su perseverancia consiguió ser miembro de la Guardia Imperial de Haile Selassie, este le presentó al entrenador sueco Onni Niskanen, quien lo adoptó como pupilo mejorando su resistencia y estilo. En 1960 estaba listo para su prueba de fuego, corrió en la maratón de los juegos olímpicos de Roma, contra la voluntad de su entrenador decidió correr descalzo. En medio de la carrera Bikila pasó frente a una plaza donde se exhibía al obelisco de Axum, robado a su país por el ejército italiano durante la Segunda Guerra Ítalo Abisinia en 1937, allí detuvo la marcha unos segundos para honrar a sus compatriotas caídos, esto no le impidió ganar la maratón con un nuevo record mundial “2h 15m 16s”. Se transformó en un héroe nacional y mundial, era requerido por todas las marcas deportivas, pero él se mantenía en su postura. Entrenó durante cuatro años con su meta en los juegos Olímpicos de Tokio 64, seis semanas antes fue operado de urgencia de apendicitis, esto parecía acabar con su sueño, pero su temple prevaleció, esta vez aceptó utilizar zapatillas, dando muestras de un profesionalismo ejemplar, ganó nuevamente la maratón y con nuevo record olímpico. Para los juegos de México 68 Abebe se dio cuenta que la altitud afectaba su rendimiento y sabiendo que no tenía nada que demostrar abandonó extenuado en el kilómetro 17. De regreso a su Etiopía comenzó a entrenarse con vistas a Munich 1972, actividad que intercalaba con charlas en escuelas, volviendo de una de ellas en Adís Abeba, capital del país, sufrió un accidente automovilístico que lo dejó parapléjico, además de otras complicaciones que acabaron con su vida el 25 de Octubre de 1973, Bikila tenía solo 41 años. Este verdadero ejemplo que luego de ganar dos medallas de oro Olímpicas decía que su mayor aporte había sido demostrar que ningún animal sobre la tierra puede correr 42 kilómetros sin parar a descansar.
Bienvenidos al sitio con mayor cantidad de Fotos antiguas de la provincia de Mendoza, Argentina. (mendozantigua@gmail.com) Para las nuevas generaciones, no se olviden que para que Uds. vivan como viven y tengan lo que tienen, primero fue necesario que pase y exista lo que existió... que importante sería que lo comprendan
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viernes, 7 de agosto de 2020
7 DE AGOSTO DE 1957: SE APAGÓ OLIVER HARDY, EL GIGANTE DE LA RISA QUE CONVIRTIÓ EL DESASTRE EN ARTE Y LA AMISTAD EN LEYENDA
El 7 de agosto de 1957, en North Hollywood, California, moría a los 65 años Oliver Hardy, uno de esos artistas capaces de provocar una carcajada antes incluso de pronunciar una palabra. Para millones de espectadores era simplemente “Ollie”, el hombre corpulento del bombín, el pequeño bigote, la corbata que acomodaba con infinita dignidad y aquella inolvidable mirada a cámara cuando Stan Laurel acababa de convertir una situación cotidiana en una catástrofe. Pero detrás del personaje había una historia extraordinaria. Había nacido como Norvell Hardy el 18 de enero de 1892 en Harlem, Georgia. Su padre, Oliver Hardy, murió cuando el niño tenía apenas diez meses, y años después Norvell incorporaría precisamente el nombre paterno al suyo, convirtiéndose en Oliver Norvell Hardy. Su madre sostuvo a la familia administrando pensiones en distintas ciudades de Georgia, mientras el joven Hardy descubría dos pasiones que jamás abandonaría: cantar y entretener al público. En 1910, con apenas 18 años, trabajaba detrás de escena en un teatro y una sala cinematográfica de Milledgeville. Allí conoció el nuevo mundo de las imágenes en movimiento desde adentro: proyección, público, funciones y cientos de películas que llegaban a la pantalla. La tradición biográfica señala que ver triunfar a intérpretes corpulentos como John Bunny y Roscoe “Fatty” Arbuckle le demostró que su físico no tenía por qué ser un obstáculo para convertirse en actor. En 1913 marchó hacia Jacksonville, Florida, entonces uno de los grandes polos de producción cinematográfica norteamericana. Cantó, actuó y comenzó a aparecer en películas, muchas veces interpretando al típico heavy: el villano grande e intimidante del cine mudo. Para 1926 ya había participado en alrededor de noventa películas de Hollywood, mucho antes de que el mundo comenzara a asociar su rostro inevitablemente con Stan Laurel. Y aquí aparece uno de los detalles más fascinantes de la historia: Stan Laurel y Oliver Hardy se cruzaron en pantalla años antes de convertirse en “Laurel y Hardy”. Trabajaron juntos en The Lucky Dog, rodada hacia 1919 y estrenada en 1921, pero entonces Laurel era el protagonista y Hardy apenas uno de los intérpretes secundarios. Sus caminos continuaron separados. Volvieron a coincidir dentro de la maquinaria de Hal Roach Studios hasta que, durante 1927, aquella combinación comenzó a transformarse deliberadamente en un dúo. El director y productor Leo McCarey fue una de las figuras fundamentales para advertir el extraordinario potencial de sus personalidades opuestas. The Second Hundred Years y otras comedias de 1927 consolidaron definitivamente la fórmula: Stan, ingenuo y desconcertante; Ollie, convencido de ser el adulto inteligente de la situación justo antes de que todo se derrumbara. Lo que siguió pertenece a la edad de oro de la comedia. Entre 1927 y 1940, solamente para Hal Roach realizaron 60 cortometrajes y 16 largometrajes, y contando otras producciones su colaboración supera el centenar de películas. No necesitaban grandes epopeyas: podían construir una obra maestra intentando transportar un piano, arreglar una casa, vender árboles de Navidad o simplemente atravesar una puerta sin destruir media habitación. Su secreto estaba en el ritmo, las pausas, la frustración acumulada y una maravillosa contradicción: cuanto más solemne intentaba mostrarse Hardy, más espectacular era su caída. Incluso sobrevivieron al traumático paso del cine mudo al sonoro, porque sus voces —el acento inglés de Laurel y el tono sureño de Hardy— agregaron nuevas posibilidades a una comedia que seguía siendo profundamente visual. En 1931 llegó Pardon Us, su primer largometraje, y un año después apareció una de las piezas más perfectas de su carrera: The Music Box. Durante casi media hora, Stan y Ollie intentaban subir un piano por los célebres escalones de Vendome Street, en Los Ángeles. El resultado ganó el primer Premio de la Academia otorgado en la categoría de cortometraje de comedia. El Oscar fue oficialmente para el productor Hal Roach, pero la película quedó para siempre ligada al nombre de Laurel y Hardy. En 1933 realizaron Sons of the Desert, considerada todavía entre sus mejores películas y tan influyente que décadas después daría nombre a la sociedad internacional de admiradores del dúo. La magia comenzó a perder parte de su libertad cuando terminó su etapa con Hal Roach. Desde 1941 trabajaron para 20th Century Fox y MGM, donde los grandes estudios imponían presupuestos, guiones y métodos de producción mucho más rígidos. Laurel, que siempre había participado activamente en la construcción de los gags y en el desarrollo creativo, perdió capacidad para improvisar y modificar las escenas. Ellos mismos sintieron que algo esencial había desaparecido. Su última película sería la accidentada coproducción franco-italiana Atoll K, estrenada en 1951 y también conocida como Utopia. Pero cuando Hollywood prácticamente había dejado de llamarlos, Europa continuaba recibiéndolos como auténticos reyes de la comedia. Realizaron extensas giras teatrales y comprobaron que varias generaciones todavía llenaban salas para verlos caminar juntos sobre un escenario. Ya no eran aquellos jóvenes del cine mudo: las enfermedades comenzaron a cobrar su precio. Hardy había llegado a pesar alrededor de 300 libras —unos 136 kilos— durante buena parte de su vida adulta, e incluso más en determinados períodos. Sus problemas cardíacos obligaron finalmente a terminar su actividad profesional. El final fue especialmente doloroso. El 12 de septiembre de 1956, Hardy sufrió un gravísimo accidente cerebrovascular que lo dejó casi completamente paralizado y prácticamente sin poder hablar. Durante los siguientes once meses su cuerpo se debilitó enormemente. El 7 de agosto de 1957 sufrió un nuevo episodio, entró en coma y murió en la casa de la madre de su esposa Lucille, en North Hollywood. La prensa de la época atribuyó directamente la muerte a las consecuencias de aquellos derrames y a una trombosis cerebral. Por eso conviene corregir una versión repetida durante años: las fuentes contemporáneas fiables no señalan un cáncer como causa de la muerte de Hardy, ni permiten asegurar con precisión que hubiera descendido hasta exactamente 50 kilos. Stan Laurel estaba también enfermo y no pudo asistir al funeral. Cuando le comunicaron que su compañero de tres décadas había muerto, encontró muy pocas palabras para resumir semejante pérdida: “He was like a brother” —“Era como un hermano”—. Después de Hardy, Laurel nunca volvió a actuar profesionalmente. Oliver descansaría en Valhalla Memorial Park, en North Hollywood; Stan sobreviviría hasta 1965. La pareja había terminado, pero sus personajes jamás lo hicieron. Cada piano que vuelve a caer por aquellas escaleras, cada bombín que sale volando y cada mirada resignada de Ollie hacia la cámara demuestra que existen artistas cuya muerte pertenece a una fecha, pero cuya risa queda fuera del calendario. #OliverHardy #StanLaurel #LaurelYHardy #ElGordoYElFlaco #HistoriaDelCine #CineClasico #Humor #Comedia #HollywoodClasico #Efemerides #UnDiaComoHoy #MendozAntigua #OliverHardy1957 #ClassicCinema #FilmHistory #LaurelAndHardy #ClassicComedy #SilentFilm #HollywoodHistory #ComedyLegends
7 DE AGOSTO DE 1956: LA MADRUGADA EN QUE 42 TONELADAS DE DINAMITA PARTIERON CALI EN DOS
A la 1:07 de la madrugada del 7 de agosto de 1956, mientras Cali dormía y Colombia se preparaba para conmemorar la Batalla de Boyacá, un estruendo gigantesco transformó en segundos una parte de la ciudad en un paisaje de ruinas, fuego y muerte. Siete vehículos de una caravana militar procedente de Buenaventura habían quedado estacionados en las inmediaciones del Batallón Codazzi y del Ferrocarril del Pacífico. Transportaban 1.053 cajas con aproximadamente 42 toneladas de dinamita, una carga destinada a las grandes obras públicas que el gobierno desarrollaba en Bogotá. Horas después, por una causa que siete décadas más tarde continúa sin demostrarse definitivamente, el cargamento explotó La onda expansiva fue brutal. Cuarenta y una manzanas quedaron destruidas o gravemente afectadas; desaparecieron instalaciones del Batallón Codazzi, la Policía Militar y la Tercera Brigada, mientras sectores de San Nicolás, El Porvenir, El Hoyo, El Piloto, Fátima y Jorge Isaacs quedaron convertidos en escombros. La histórica Plaza de Mercado Belmonte también desapareció. Crónicas posteriores asociaron la detonación con un movimiento de magnitud 4,3, perceptible incluso fuera de Cali. Cuando amaneció, los sobrevivientes pudieron dimensionar una destrucción que muchos compararon con un escenario de guerra. Ni siquiera hoy existe una cifra indiscutida de víctimas. Una reconstrucción histórica del Banco de la República establece más de 1.300 muertos y alrededor de 4.000 heridos, pero otras investigaciones, testimonios y conmemoraciones oficiales de Cali elevan el saldo hasta aproximadamente 4.000 fallecidos y 12.000 heridos. La dificultad para identificar restos, la existencia de numerosos viajeros en la zona y la magnitud del desastre hicieron prácticamente imposible cerrar un balance definitivo. El sacerdote Alfonso Hurtado Galvis, convertido en uno de los grandes símbolos humanos de aquella jornada por participar durante horas en rescates, entierros y asistencia a sobrevivientes, afirmaría posteriormente haber presenciado el entierro de 3.725 cráneos en una fosa común del Cementerio Central; se trata de su testimonio personal y no de un registro oficial de fallecidos. La solidaridad llegó rápidamente. Bomberos, Cruz Roja, Ejército, Iglesia y ciudadanos trabajaron entre los escombros. También hubo asistencia extranjera. Canadá aportó viviendas prefabricadas de aluminio, varias de las cuales terminaron formando parte del sector popularmente conocido como el “Pueblo de Lata”, mientras Venezuela contribuyó con la Unidad Residencial República de Venezuela, destinada a familias damnificadas. Años después, la Ley 179 de 1959 dio marco jurídico a la Fundación Ciudad de Cali y estableció mecanismos para adjudicar viviendas a quienes habían perdido sus hogares; incluso contempló becas para hijos huérfanos de damnificados. Pero la tragedia también quedó atrapada en la turbulenta política colombiana. El presidente Gustavo Rojas Pinilla llegó a considerar la posibilidad de un atentado contra su gobierno. Apenas dos semanas antes, Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez habían firmado en España el Pacto de Benidorm, acuerdo que abriría el camino hacia el futuro Frente Nacional. Surgieron entonces versiones sobre sabotaje político, un disparo accidental, el recalentamiento de un vehículo e incluso una colilla de cigarrillo. Ninguna explicación consiguió demostrar definitivamente cómo comenzó la reacción que hizo estallar aquel gigantesco cargamento. Setenta años después, aquel 7 de agosto continúa siendo una cicatriz abierta en la memoria de Cali. Una ciudad que durante unos segundos creyó desaparecer y que, entre miles de muertos, familias destruidas y barrios reducidos a polvo, tuvo que comenzar otra vez. La explosión no solo modificó calles y edificios: impulsó nuevos barrios, planes de vivienda y una reconstrucción urbana que transformó para siempre la capital del Valle del Cauca. A las 1:07 de aquella madrugada, 42 toneladas de dinamita dividieron la historia de Cali en un antes y un después. #Cali #Cali1956 #ExplosiónDeCali #7DeAgosto #HistoriaDeColombia #Colombia #MemoriaHistórica #TragediaDeCali #ValleDelCauca #Historia #Efemérides #ArchivoHistórico #FotografíaHistórica #GustavoRojasPinilla #AlfonsoHurtadoGalvis #CaliExplosion #ColombiaHistory #HistoricalMemory #History #August7 #HistoricDisaster #LatinAmericanHistory #CaliColombia #HistoryPhotography
Imágenes Históricas. Gorila en el Congo, 2007
Senkwekwe, el gorila de montaña de espalda plateada, pesaba al menos 500 libras cuando su cadáver estaba atado a una camilla improvisada, y se necesitaron más de una docena de hombres para levantarlo en el aire. Brent Stirton capturó la escena mientras estaba en el Parque Nacional Virunga en la República Democrática del Congo. Senkwekwe y varios otros gorilas fueron asesinados a tiros cuando un conflicto violento envolvió el parque, donde viven la mitad de los gorilas de montaña en peligro crítico de extinción del mundo. Cuando Stirton fotografió a los residentes y los guardaparques con respeto al sacar a Senkwekwe del bosque en 2007, el parque estaba bajo asedio por personas que cosechaban madera ilegalmente para utilizarla en una industria de carbón que creció a raíz del genocidio de Ruanda. En la foto, Senkwekwe parece enorme pero vagamente humano, un recordatorio de que el conflicto en África Central afecta más que a los humanos atrapados en su fuego cruzado; También toca el medio ambiente de la región y los habitantes de los animales. Tres meses después de la publicación de la fotografía de Stirton en Newsweek, nueve países africanos, incluido el Congo, firmaron un tratado legalmente vinculante para ayudar a proteger a los gorilas de montaña en Virunga.
(Crédito de la foto: Brent Stirton).
7 DE AGOSTO DE 1942: NACIÓ CARLOS MONZÓN, EL HOMBRE QUE CONQUISTÓ EL MUNDO CON LOS PUÑOS Y DESTRUYÓ SU LEYENDA FUERA DEL RING
El 7 de agosto de 1942, en San Javier, provincia de Santa Fe, nacía Carlos Roque Monzón, quinto hijo de Amalia Ledesma y Roque Monzón, integrante de una familia numerosa, humilde y de ascendencia mocoví. Años después los Monzón se instalaron en Barranquitas Oeste, en la ciudad de Santa Fe. La pobreza marcó su infancia: abandonó temprano la escuela y trabajó como canillita, repartidor de leche, lustrabotas y en otros oficios para ayudar a sostener el hogar. El boxeo apareció como una posibilidad de cambiar aquel destino. Tras sus primeros pasos en gimnasios santafesinos, alrededor de 1960 comenzó la asociación decisiva de su carrera con Amílcar Brusa, el entrenador que terminaría acompañándolo hasta la cima. Su debut profesional llegó el 6 de febrero de 1963, en Rafaela, donde noqueó en dos rounds a Ramón Montenegro. Después de sufrir sus únicas tres derrotas profesionales entre 1963 y 1964 —todas posteriormente vengadas— comenzó una extraordinaria etapa de dominio. El 3 de septiembre de 1966, en el Luna Park, derrotó a Jorge “El Torito de Pompeya” Fernández y conquistó el campeonato argentino de los medianos; el 10 de junio de 1967, nuevamente ante Fernández y en el mismo escenario, agregó la corona sudamericana. Desde su última derrota, en 1964, jamás volvió a perder. La noche que transformó a Monzón en campeón mundial fue el 7 de noviembre de 1970. En el Palazzo dello Sport de Roma enfrentó al italiano Nino Benvenuti, campeón mundial mediano de la AMB y el CMB y favorito local. Monzón llegó como desafiante y terminó protagonizando una de las noches más célebres del deporte argentino: en el duodécimo asalto una fulminante derecha derrumbó a Benvenuti y convirtió al santafesino en campeón mundial. The Ring eligió aquella pelea como Combate del Año 1970. Lo que siguió fue uno de los reinados más impresionantes que haya conocido la división mediana. Durante casi siete años realizó 14 defensas exitosas y venció a figuras extraordinarias como Benvenuti en la revancha, Emile Griffith, Denny Moyer, Jean-Claude Bouttier, Bennie Briscoe, José “Mantequilla” Nápoles, Tony Mundine y Rodrigo Valdez. En 1972 compartió con Muhammad Ali la distinción de The Ring al boxeador del año. Terminó su carrera con 100 combates profesionales: 87 victorias, 59 por nocaut, apenas 3 derrotas, 9 empates y una pelea sin decisión, y se retiró como campeón después de superar por segunda vez a Valdez el 30 de julio de 1977 en Montecarlo. En 1990 se convirtió en el primer argentino incorporado al International Boxing Hall of Fame. Su fama había desbordado hacía tiempo las cuerdas. En 1974 protagonizó junto a Susana Giménez la película La Mary, dirigida por Daniel Tinayre, y durante el rodaje comenzó entre ambos uno de los romances más comentados de la Argentina de los años setenta. Pero la dimensión deportiva de Monzón convivía con otra realidad mucho más oscura: distintos episodios de violencia atravesaron su vida privada. Esa parte de su historia no puede presentarse como una simple consecuencia de la fama, el alcohol o los excesos, porque terminaría desembocando en un crimen por el cual fue juzgado y condenado. En la madrugada del 14 de febrero de 1988, en una casa del barrio La Florida de Mar del Plata, Monzón agredió a Alicia Muñiz, ejerció compresión sobre su cuello hasta dejarla inconsciente y la arrojó desde el balcón. Los peritajes forenses fueron fundamentales para reconstruir el hecho y descartar la versión de una caída accidental. En 1989 fue declarado culpable y condenado a 11 años de prisión por homicidio simple, la figura penal aplicada entonces; el crimen es referido actualmente de manera extendida como femicidio. Cumpliendo la condena y después de obtener salidas transitorias por buena conducta, su vida terminó también de forma abrupta. El 8 de enero de 1995, mientras regresaba a prisión, perdió el control de un Renault 19 y murió al volcar sobre la Ruta Provincial 1 de Santa Fe, en el paraje Los Cerrillos. Tenía 52 años. Así terminó una de las biografías más contradictorias de la historia deportiva argentina: el muchacho pobre de San Javier que llegó a dominar el boxeo mundial y que, fuera del cuadrilátero, fue responsable de un asesinato. Su enorme dimensión como boxeador está documentada por récords, títulos y reconocimientos internacionales; el crimen de Alicia Muñiz también forma inseparablemente parte de su historia. Recordar a Carlos Monzón exige contar ambas cosas: la grandeza deportiva que lo convirtió en leyenda y la violencia que impide transformar esa leyenda en una celebración sin matices. #CarlosMonzon #BoxingHistory #ArgentineBoxing #BoxingLegend #MiddleweightChampion #WorldChampion #NinoBenvenuti #BoxingGreats #HistoricBoxing #SportsHistory #ArgentinaHistory #OnThisDay #MiddleweightBoxing #ClassicBoxing #BoxingArchive #CarlosMonzón #Monzón #BoxeoArgentino #Boxeo #HistoriaArgentina #HistoriaDelDeporte #SantaFe #SanJavier #NinoBenvenuti #LunaPark #AmílcarBrusa #CampeónMundial #PesoMediano #Efemérides #UnDíaComoHoy #7DeAgosto #MendozAntigua #AliciaMuñiz #MemoriaHistórica
Un trabajador de una plantación de piñas cerca de Manatí. Puerto Rico (1938 - 1943)
jueves, 6 de agosto de 2020
SLEDGE HAMMER. Confía en mí, sé exactamente lo que hago
El Edificio Gómez y Primeras imágenes de Canal 7. Mendoza
Increíbles imágenes. Puente del Inca y Máquina saca Nieve del Trasandino. año 1926. Mendoza
El Ferrocarril Trasandino Los Andes-Mendoza, oficialmente conocido en Chile como Ferrocarril Trasandino Chileno y en Argentina como Ferrocarril Trasandino Argentino, fue un ferrocarril, hoy en ruinas, que unía la ciudad chilena de Los Andes y la ciudad argentina de Mendoza.
6 DE AGOSTO DE 2005: IBRAHIM FERRER, DEL LUSTRABOTAS AL TRONO DEL SON CUBANO
El 6 de agosto de 2005, La Habana despedía a Ibrahim Ferrer, una de las voces más cálidas, elegantes e inolvidables de la música cubana. Su historia parece escrita para demostrar que el talento puede permanecer oculto durante décadas, pero nunca pierde su oportunidad de conmover al mundo. Había nacido el 20 de febrero de 1927 en San Luis, cerca de Santiago de Cuba, mientras su madre asistía a un baile en un club social. Creció en Los Hoyos, un barrio donde la conga, la rumba y el son formaban parte de la vida cotidiana. Cuando su madre murió, Ibrahim tenía apenas 12 años y debió salir adelante realizando distintos trabajos: fue vendedor callejero, carpintero y estibador, mientras buscaba en la música un refugio contra la pobreza y la soledad. En 1941, con solo 14 años, creó junto con un primo Los Jóvenes del Son. Por aquella primera actuación recibió un peso con cincuenta centavos y sintió que acababa de convertirse en millonario. Su voz comenzó a recorrer las agrupaciones de Santiago: cantó con la Orquesta Chepín-Chovén, con la que popularizó “El Platanal de Bartolo”, fue vocalista de Pacho Alonso, trabajó con Los Bocucos y llegó a compartir el camino musical con el legendario Beny Moré. Sin embargo, durante gran parte de su carrera permaneció lejos de los grandes reconocimientos. Aunque poseía un extraordinario talento para el son, la guaracha y la improvisación, soñaba especialmente con interpretar los boleros lentos y románticos que tanto amaba. Cansado de vivir siempre en segundo plano, se retiró en 1991. Su pequeña pensión no alcanzaba y tuvo que vender billetes de lotería y volver a lustrar zapatos para sobrevivir. Parecía que su voz quedaría sepultada en el pasado, hasta que una tarde de 1996 el músico y productor Juan de Marcos González fue a buscarlo. Ry Cooder necesitaba una voz suave para cantar un bolero durante las sesiones que darían origen a Buena Vista Social Club. Ferrer dejó los zapatos que estaba limpiando, acudió a los estudios EGREM y terminó cantando en once de las catorce canciones del histórico álbum. La voz que Cuba conocía desde hacía medio siglo estaba a punto de conquistar el planeta. El éxito llegó cuando Ibrahim tenía casi 70 años. El disco obtuvo reconocimiento internacional, el documental dirigido por Wim Wenders llevó su rostro y su historia a las pantallas y, el 1 de julio de 1998, Buena Vista Social Club actuó en el mítico Carnegie Hall de Nueva York. En 1999 apareció su verdadero debut solista, Buena Vista Social Club Presents Ibrahim Ferrer; un año después recibió el Latin Grammy como mejor artista nuevo a los 72 años, una de las ironías más hermosas de la historia musical. En 2003 publicó Buenos Hermanos, álbum que obtuvo el Grammy al mejor disco tropical latino. Durante sus últimos años recorrió Europa, América y Japón, cantó ante multitudes y recibió finalmente el reconocimiento que le había sido negado durante décadas. Después de regresar enfermo de una gira europea, murió en La Habana el 6 de agosto de 2005, a los 78 años, como consecuencia de una falla multiorgánica. Su último trabajo, Mi Sueño, dedicado a los boleros que siempre había querido grabar, fue publicado de manera póstuma en 2007. Ibrahim Ferrer pasó más de medio siglo sembrando canciones y apenas unos pocos años recogiendo la gloria, pero fueron suficientes para convertirlo en una leyenda. El hombre que alguna vez lustró zapatos para poder comer terminó pisando los escenarios más prestigiosos del mundo, demostrando que para una voz eterna jamás es demasiado tarde. #IbrahimFerrer #BuenaVistaSocialClub #SonCubano #BoleroCubano #MúsicaCubana #Cuba #HistoriaDeLaMúsica #LeyendasDeLaMúsica #CulturaCubana #CarnegieHall #LatinGrammy #SonCuba #CubanMusic #CubanSon #AfroCubanMusic #WorldMusic #MusicLegend #BuenaVista #LatinMusic #GrammyWinner
6 DE AGOSTO DE 1806: CAYÓ UN IMPERIO DE 844 AÑOS… Y NAPOLEÓN REDIBUJÓ EL CORAZÓN DE EUROPA
A veces los imperios no desaparecen entre llamas ni bajo el estruendo de una batalla: algunos mueren mediante una firma. El 6 de agosto de 1806, el emperador Francisco II renunció a la corona imperial y declaró extinguido el Sacro Imperio Romano Germánico, una compleja estructura política que, tomando como fecha convencional la coronación de Otón I en 962, había sobrevivido durante 844 años y atravesado la Edad Media, el Renacimiento, la Reforma protestante, la Guerra de los Treinta Años y el nacimiento del mundo contemporáneo. El Imperio no había surgido inmediatamente del Tratado de Verdún ni era una continuación directa y uniforme de la antigua Roma. Fue el resultado de una larga evolución del mundo carolingio y del reino franco oriental, unido a la pretensión de restaurar en Europa occidental una autoridad imperial cristiana. Tampoco recibió desde el comienzo el nombre con el que pasó a la historia: la expresión sacrum imperium, “Imperio sagrado”, comenzó a emplearse en la cancillería de Federico I Barbarroja hacia 1157, mientras que la denominación “Sacro Imperio Romano de la Nación Germánica” se consolidó oficialmente siglos después. No era Alemania, no poseía una capital permanente y tampoco funcionaba como un Estado centralizado moderno. Era una extraordinaria red de reinos, principados, ducados, obispados, abadías, condados y ciudades imperiales, unidos por leyes, tribunales, dietas y vínculos de lealtad. En sus últimas décadas todavía reunía más de 300 territorios relacionados política y culturalmente. Su enorme fragmentación limitaba al emperador, pero también permitía que comunidades muy diferentes conservaran derechos y autonomías. La historiografía moderna destaca que aquella estructura, lejos de ser solamente un caos feudal, servía para equilibrar el poder, proteger libertades territoriales y mediar disputas entre príncipes. Sin embargo, ese delicado mecanismo comenzó a desmoronarse bajo el impacto de las guerras revolucionarias francesas y del avance napoleónico. La reorganización territorial de 1803 eliminó numerosos dominios eclesiásticos y pequeñas jurisdicciones; después, la aplastante victoria de Napoleón en Austerlitz y el Tratado de Presburgo de 1805 dejaron a Austria debilitada. En julio de 1806, dieciséis príncipes del oeste y del sur de Alemania abandonaron el Imperio para formar la Confederación del Rin, una alianza militar protegida por Napoleón que convertiría a aquellos Estados en barrera estratégica y fuente de soldados para Francia. Francisco II comprendió que la antigua corona ya no representaba una autoridad efectiva. Dos años antes se había proclamado emperador hereditario de Austria con el nombre de Francisco I, asegurando así la continuidad imperial de los Habsburgo. El 6 de agosto liberó a los príncipes, Estados y funcionarios de sus obligaciones hacia el viejo orden y dejó desaparecer una institución que había ocupado el centro de la política europea durante siglos. Napoleón no destruyó por sí solo aquel mundo, pero aceleró su derrumbe definitivo. Con la desaparición del Sacro Imperio terminó una manera medieval y supranacional de organizar Europa Central. Del gigantesco mosaico surgieron nuevos reinos, Estados más grandes y fronteras distintas, mientras comenzaba el largo camino que conduciría a la unificación alemana. El águila imperial dejó de gobernar aquel 6 de agosto, pero su sombra continuó proyectándose sobre Europa mucho después de que Francisco II depositara una corona que ya no tenía imperio. #SacroImperioRomanoGermánico #FranciscoII #NapoleónBonaparte #GuerrasNapoleónicas #HistoriaDeEuropa #HistoriaUniversal #Efemérides #ImperioHabsburgo #ConfederaciónDelRin #EdadMedia #HistoriaAlemana #MendozAntigua #HolyRomanEmpire #FrancisII #NapoleonBonaparte #NapoleonicWars #EuropeanHistory #GermanHistory #HabsburgEmpire #HistoryFacts
6 DE AGOSTO DE 1881: NACE FLEMING, EL HOMBRE QUE ABRIÓ LA ERA DE LOS ANTIBIÓTICOS
El 6 de agosto de 1881 nació en Lochfield Farm, cerca de Darvel, Escocia, Alexander Fleming, el médico y bacteriólogo cuyo talento para observar aquello que otros habrían descartado cambió para siempre la historia de la medicina. Tras completar su formación se incorporó en 1906 al Departamento de Inoculación del Hospital St. Mary de Londres, dirigido por el prestigioso inmunólogo Almroth Wright, donde trabajó en vacunas, sueros y mecanismos de defensa contra las infecciones. Durante la Primera Guerra Mundial fue destinado a un laboratorio dedicado al estudio de heridas en Boulogne, Francia, y comprobó una realidad estremecedora: numerosos soldados no morían únicamente por la gravedad de sus lesiones, sino por infecciones que la medicina todavía era incapaz de controlar. También demostró que algunos antisépticos empleados entonces podían dañar los glóbulos blancos antes de eliminar las bacterias alojadas en heridas profundas. En 1921 realizó su primer gran descubrimiento al observar que ciertas secreciones humanas contenían una sustancia capaz de desintegrar determinados microorganismos. La llamó lisozima y posteriormente fue encontrada en lágrimas, saliva, sangre, leche y mucosidades. La historia popular asegura que todo comenzó cuando Fleming estornudó accidentalmente sobre una placa de cultivo; sin embargo, las fuentes históricas más prudentes confirman la participación de secreciones nasales, pero no permiten asegurar con la misma certeza todos los detalles pintorescos de aquella anécdota. Aunque la lisozima resultó poco eficaz contra muchas bacterias peligrosas, aquella experiencia enseñó a Fleming que el organismo y la propia naturaleza podían esconder poderosos mecanismos antibacterianos. La escena que lo llevaría a la inmortalidad científica ocurrió en 1928. Al regresar de unas vacaciones, Fleming revisó varias placas con cultivos de estafilococos y descubrió que una de ellas había sido contaminada por un moho. En lugar de arrojarla a la basura, observó que alrededor del hongo se había formado una zona transparente en la que las bacterias habían desaparecido. El microorganismo fue identificado entonces como Penicillium notatum, y Fleming llamó penicilina a la sustancia que impedía el crecimiento bacteriano. Publicó sus resultados en 1929, pero no consiguió aislar un compuesto suficientemente estable y puro para convertirlo en medicamento; durante casi una década, aquel extraordinario hallazgo permaneció como una prometedora curiosidad de laboratorio. La penicilina se transformó verdaderamente en un tratamiento gracias al trabajo colectivo desarrollado desde finales de la década de 1930 en la Universidad de Oxford. Howard Florey, Ernst Boris Chain, Norman Heatley, Edward Abraham y otros investigadores lograron concentrarla, purificarla, probarla en animales y comenzar los primeros tratamientos humanos. Gran Bretaña, castigada por la guerra, no tenía capacidad suficiente para fabricarla masivamente, por lo que Florey y Heatley viajaron a Estados Unidos en 1941. Allí, laboratorios gubernamentales, universidades y compañías farmacéuticas perfeccionaron la fermentación industrial que permitió disponer de grandes cantidades del antibiótico para tratar infecciones durante la Segunda Guerra Mundial. Fleming había descubierto la puerta; el equipo de Oxford y la producción angloestadounidense consiguieron abrirla para toda la humanidad. En 1945, Alexander Fleming, Howard Florey y Ernst Chain compartieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por el descubrimiento de la penicilina y su efecto curativo sobre distintas enfermedades infecciosas. Aquel avance inauguró la era moderna de los antibióticos y convirtió infecciones que hasta entonces podían resultar mortales —incluso después de una herida pequeña— en enfermedades tratables. Fleming, sin embargo, comprendió que aquel triunfo también escondía un peligro: ese mismo año advirtió que el empleo inadecuado o insuficiente de los antibióticos podía favorecer la aparición de microorganismos resistentes, una amenaza que décadas después se transformaría en uno de los mayores desafíos de la medicina mundial. Alexander Fleming murió de un ataque cardíaco en Londres el 11 de marzo de 1955. Fue cremado y sus cenizas quedaron depositadas en la cripta de la Catedral de San Pablo, donde una placa recuerda al científico escocés que supo detenerse frente a una placa aparentemente arruinada. Su grandeza no consistió solamente en encontrar un moho extraordinario, sino en comprender que dentro de aquel accidente se ocultaba una revolución. Desde entonces, millones de personas sobrevivieron a infecciones que durante siglos habían significado una sentencia de muerte: la naturaleza dejó caer una espora y Fleming tuvo la inteligencia de no mirar hacia otro lado. #AlexanderFleming #August6 #Penicillin #Antibiotics #MedicalHistory #HistoryOfMedicine #Microbiology #Lysozyme #NobelPrize #ScientificDiscovery #ModernMedicine #ScienceHistory #Bacteriology #AntimicrobialResistance #OnThisDay #MedicalBreakthrough #MendozAntigua #AlexanderFleming #6DeAgosto #Penicilina #Antibióticos #HistoriaDeLaMedicina #Ciencia #Microbiología #Lisozima #PremioNobel #DescubrimientosCientíficos #MedicinaModerna #HistoriaCientífica #Salud #ResistenciaAntimicrobiana #Efemérides
6 DE AGOSTO DE 1928: NACE ANDY WARHOL, EL HOMBRE QUE CONVIRTIÓ LA FAMA, EL CONSUMO Y EL ESCÁNDALO EN ARTE ETERNO
El 6 de agosto de 1928 nació en Pittsburgh, Estados Unidos, Andrew Warhola, el niño tímido y enfermizo que décadas después sería conocido como Andy Warhol y transformaría para siempre la relación entre el arte, la publicidad, el dinero y la celebridad. Era el menor de tres hermanos e hijo de Andrej y Julia Warhola, inmigrantes de origen carpato-rusino llegados desde una región europea que actualmente pertenece a Eslovaquia. Creció en un hogar obrero, profundamente marcado por la fe bizantina, el esfuerzo de sus padres y la sensibilidad artística de su madre. A los ocho años padeció corea de Sydenham, un trastorno neurológico antiguamente conocido como “baile de San Vito”, que le provocaba movimientos involuntarios y lo obligó a pasar largos períodos alejado de la escuela. También sufrió problemas de pigmentación y una intensa inseguridad por su aspecto físico. Mientras permanecía en cama, encontraba refugio en la radio, los cómics y las revistas de cine, recortando y coleccionando fotografías de las estrellas de Hollywood. Aquellas imágenes repetidas de rostros famosos, que acompañaron su infancia solitaria, terminarían convirtiéndose en la materia prima de su revolución artística. En 1949 se graduó en Diseño Pictórico en el Carnegie Institute of Technology, actual Carnegie Mellon University, y partió hacia Nueva York. Allí dejó caer la última letra de su apellido y comenzó a firmar como Andy Warhol. Durante la década de 1950 se transformó en uno de los ilustradores comerciales más exitosos de la ciudad, trabajando para firmas y medios como Tiffany & Co., The New York Times, I. Miller Shoes, Columbia Records y NBC. Su experiencia en publicidad le enseñó que una imagen sencilla, reconocible y repetida podía instalarse en la memoria de millones de personas. Warhol no fue el único inventor del arte pop, pero sí el hombre que lo convirtió en un idioma universal. En 1962 presentó en la Ferus Gallery de Los Ángeles sus célebres 32 latas de sopa Campbell, una por cada variedad comercializada entonces. Poco después llegaron las botellas de Coca-Cola, los billetes, Marilyn Monroe, Elvis Presley y Elizabeth Taylor. Mediante la repetición y la serigrafía, reemplazó la pincelada individual por una estética cercana a la producción industrial: las celebridades parecían productos y los productos se convertían en celebridades. Una lata de supermercado podía ingresar a una galería y obligar al mundo a discutir nuevamente qué era el arte. En 1963 instaló el estudio que sería conocido como The Factory, una usina plateada donde se mezclaban pintores, músicos, cineastas, modelos, escritores, drag queens, intelectuales, figuras de la alta sociedad y personajes de la contracultura neoyorquina. Allí filmó obras experimentales, produjo retratos cinematográficos llamados Screen Tests y organizó el espectáculo multimedia Exploding Plastic Inevitable. También fue representante, productor y diseñador de la portada del primer disco de The Velvet Underground & Nico, el legendario álbum de la banana que ayudó a modificar el rumbo del rock alternativo. Pero detrás de las latas y los colores eléctricos existía una mirada mucho más oscura. Warhol utilizó fotografías de accidentes, ejecuciones, suicidios y violencia racial para su serie Death and Disaster. En Birmingham Race Riot reprodujo imágenes de manifestantes afroamericanos atacados por policías y perros durante las protestas por los derechos civiles de 1963, convirtiendo una fotografía periodística en una denuncia inquietante sobre la violencia y su repetición en los medios. El 3 de junio de 1968, la escritora Valerie Solanas ingresó en su estudio y le disparó. Una bala dañó varios de sus órganos y Warhol estuvo clínicamente al borde de la muerte, pero sobrevivió después de una extensa operación. El atentado dividió su existencia en dos: desde entonces convivió con cicatrices, dolores y un miedo aún mayor a los hospitales. Tras recuperarse cofundó la revista Interview y, durante las décadas de 1970 y 1980, se convirtió en retratista de celebridades, empresario cultural y colaborador de jóvenes artistas como Jean-Michel Basquiat y Keith Haring. Andy Warhol murió en Nueva York el 22 de febrero de 1987, a los 58 años, debido a complicaciones posteriores a una operación de vesícula. Su funeral se celebró cuatro días después en una iglesia católica bizantina de Pittsburgh y fue sepultado junto a sus padres. Sin embargo, su imagen jamás desapareció: quedó multiplicada en museos, discos, películas, revistas, publicidad, moda y redes sociales. A Warhol se le atribuye una frase aparecida en el catálogo de su exposición de Estocolmo de 1968: “En el futuro, todos serán mundialmente famosos durante quince minutos”. Aunque su autoría exacta continúa siendo discutida, ninguna expresión describió mejor el mundo que vendría: una sociedad obsesionada con mostrarse, repetirse, consumirse y reemplazar rápidamente a sus propios ídolos. Andy Warhol no se limitó a pintar la cultura de masas: comprendió su futuro antes que casi todos y convirtió su propia vida en su obra más provocadora
6 DE AGOSTO DE 1945: HIROSHIMA, EL INSTANTE EN QUE LA HUMANIDAD CRUZÓ EL LÍMITE NUCLEAR
El 6 de agosto de 1945, una luz más intensa que el sol convirtió la mañana de Hiroshima en una de las páginas más atroces de la historia humana. A las 2:45, el bombardero estadounidense B-29 Enola Gay, comandado por el coronel Paul Tibbets, había despegado de la isla de Tinian transportando a Little Boy, una bomba atómica de fisión fabricada con uranio altamente enriquecido y con una potencia aproximada de 15 kilotones de TNT. Lo acompañaban The Great Artiste, equipado con instrumentos científicos, y Necessary Evil, encargado del registro fotográfico. Durante el vuelo, el capitán William Parsons terminó de preparar el arma y, poco después de las 8:15, el bombardero Thomas Ferebee la liberó sobre el centro de la ciudad. Cuarenta y tres segundos más tarde explotó a unos 600 metros de altura. El destello térmico, la radiación, la onda expansiva y los incendios arrasaron barrios enteros en cuestión de segundos. Decenas de miles de personas murieron inmediatamente y se estima que, hacia finales de 1945, la cifra alcanzó aproximadamente las 140.000 víctimas. Alrededor del 70 % de los edificios quedó destruido o incendiado, mientras hospitales, médicos, enfermeros y equipos de emergencia fueron aniquilados precisamente cuando más se los necesitaba. Quienes sobrevivieron —más tarde conocidos como hibakusha— padecieron quemaduras, enfermedades por radiación, leucemia, cáncer y profundas heridas físicas y psicológicas durante décadas. Los estudios científicos continúan investigando sus consecuencias, aunque hasta ahora no han demostrado un aumento hereditario atribuible a la radiación entre los hijos de los sobrevivientes. Desde el aire, la tripulación contempló cómo una gigantesca columna de humo se elevaba sobre lo que minutos antes había sido una ciudad llena de escuelas, comercios, hospitales, viviendas y vidas cotidianas. El copiloto Robert Lewis dejó escrita una frase que atravesaría la historia: “Dios mío, ¿qué hemos hecho?” Horas después, el presidente Harry Truman anunció el ataque y amenazó a Japón con una “lluvia de ruina desde el aire” si no aceptaba las condiciones de rendición. Tres días después, el 9 de agosto, una segunda bomba atómica cayó sobre Nagasaki. Hiroshima no debe recordarse únicamente como una operación militar ni como una cifra escrita en los libros: fue el instante en que la humanidad descubrió que poseía el poder de destruir ciudades enteras en segundos. Cada 6 de agosto, su silencio vuelve a preguntarnos si aprendimos algo de aquella mañana. Porque debajo del hongo nuclear no desaparecieron estadísticas ni objetivos estratégicos: desaparecieron seres humanos. #Hiroshima #6DeAgosto #Hiroshima1945 #MemoriaHistórica #NuncaMás #PazMundial #HistoriaUniversal #SegundaGuerraMundial #BombaAtómica #ArmasNucleares #Hibakusha #NoALasArmasNucleares #AtomicBomb #WorldWarII #NuclearWeapons #NeverAgain #RememberHiroshima #PeaceForTheWorld #HistoryMatters
6 DE AGOSTO DE 1824: JUNÍN, LA CARGA QUE CAMBIÓ EN 45 MINUTOS EL DESTINO DE AMÉRICA
El 6 de agosto de 1824, en la inmensidad helada de la Pampa de Junín, sobre la Meseta de Bombón (Perú) y a más de 4.000 metros de altura, se libró uno de los combates más vertiginosos y decisivos de la emancipación sudamericana. No hubo cañonazos ni descargas de fusilería: durante aproximadamente cuarenta y cinco minutos, patriotas y realistas se enfrentaron únicamente con lanzas, sables, caballos y una violencia cuerpo a cuerpo que convirtió aquella planicie peruana en el escenario de una batalla extraordinaria. Simón Bolívar avanzaba al frente del Ejército Unido Libertador con la intención de cortar la retirada del general realista José de Canterac, cuyas fuerzas marchaban desde la región de Jauja y Tarma. Sin embargo, cuando los ejércitos se divisaron, la infantería patriota todavía se encontraba lejos del campo. Bolívar ordenó entonces adelantar varios escuadrones bajo el mando del general argentino Mariano Necochea, mientras Canterac, confiado en la reputación y superioridad numérica de su caballería, formó a sus jinetes y lanzó una poderosa carga frontal y lateral. Los primeros escuadrones independentistas entraron a la llanura por un terreno estrecho que les impedía desplegarse correctamente. Los Granaderos de Colombia, los Húsares de Colombia, los Granaderos a Caballo de los Andes y los jinetes peruanos soportaron un choque feroz. Necochea se lanzó personalmente contra las filas enemigas, recibió numerosas heridas y quedó momentáneamente prisionero. La caballería patriota comenzó a retroceder mientras los realistas, convencidos de haber alcanzado la victoria, abandonaban su formación para perseguir a los escuadrones dispersos. Pero todavía permanecía fuera del combate el primer escuadrón de los Húsares del Perú, comandado por el teniente coronel argentino Manuel Isidoro Suárez. La tradición histórica peruana, recogida por el Proyecto Especial Bicentenario, sostiene que el mayor José Andrés Rázuri debía comunicar una orden de retirada, pero transmitió en cambio una supuesta instrucción de Bolívar para cargar. Suárez obedeció y lanzó a sus hombres contra los realistas cuando estos se encontraban desordenados, mezclados y alejados de sus líneas. Aquella embestida inesperada detuvo la persecución y permitió que los escuadrones patriotas que retrocedían volvieran grupas y regresaran al combate. En cuestión de minutos, la victoria cambió de dueño. Los jinetes de Canterac, sorprendidos por el ataque y golpeados desde distintas direcciones, comenzaron a dispersarse por la pampa. Los patriotas los persiguieron hasta las proximidades de la infantería realista, que no había participado directamente en el choque y terminó retirándose. El parte redactado al día siguiente por el general Andrés de Santa Cruz registró 45 muertos y 99 heridos en el Ejército Libertador y atribuyó pérdidas mucho mayores a las fuerzas españolas, además de 80 prisioneros y centenares de caballos capturados. Las cifras realistas varían según las fuentes, pero todas coinciden en la gravedad del golpe sufrido por su prestigiosa caballería. La participación rioplatense también dejó nombres memorables. Además de Necochea y Suárez, estuvieron presentes el general Guillermo Miller, el coronel Alejo Bruix, el capitán Juan Pascual Pringles y el último escuadrón de los Granaderos a Caballo de los Andes, herederos del ejército creado por José de San Martín. Colombianos, peruanos y combatientes procedentes de las antiguas Provincias Unidas lucharon juntos en una jornada que destruyó la confianza de las tropas realistas y devolvió el impulso moral al Ejército Libertador. Bolívar reconoció la intervención decisiva de los jinetes comandados por Suárez y dispuso que los Húsares del Perú llevaran desde entonces el nombre de Húsares de Junín. Cuatro meses después, el 9 de diciembre de 1824, la victoria de Ayacucho quebraría definitivamente el gran poder militar español en Sudamérica. Junín no terminó por sí sola la guerra, pero destruyó el aura de invencibilidad de la caballería realista y anunció que el final estaba cerca. En aquella tarde helada, una batalla que parecía perdida fue rescatada por un escuadrón que aún no había desenvainado sus sables y por una orden cuya autenticidad continúa alimentando la leyenda. Junín fue mucho más que una carga de caballería: fue el instante en que la derrota dio media vuelta, volvió al campo de batalla y terminó cabalgando hacia la libertad de América. #BattleOfJunin #Junin1824 #August6 #SimonBolivar #HussarsOfJunin #SouthAmericanIndependence #PeruvianIndependence #LatinAmericanHistory #MilitaryHistory #CavalryBattle #LiberationArmy #AndeanHistory #HistoricBattle #OnThisDay #FreedomOfAmerica #HistoryMatters #MendozAntigua #BatallaDeJunín #Junín1824 #6DeAgosto #SimónBolívar #IsidoroSuárez #JoséAndrésRázuri #MarianoNecochea #HúsaresDeJunín #GranaderosDeLosAndes #IndependenciaDelPerú #IndependenciaDeAmérica #HistoriaSudamericana #EjércitoLibertador #PampaDeJunín #Chacamarca #HistoriaMilitar
Movimiento Febril en los Boxes, del Autódromo General San Martín de la Ciudad de Mendoza. Ha comenzado a llover y los mecánicos presurosos cambian los neumáticos de las máquinas a su cargo. XXX Premio Vendimia (1976)
Abraham Lincoln, 1860
miércoles, 5 de agosto de 2020
Camino de Tierra y Tren hacia el Hotel de Termas de Cacheuta. (año 1926) Mendoza
La Pantera Rosa en Rosa Frío. (1968)
La Pantera Rosa es el nombre de un personaje de ficción, relacionado con la película de igual título, de 1963. En la película original de 1963 titulada La Pantera Rosa, de Blake Edwards, ese título aludía a un diamante de color rosa.















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