El 14 de agosto de 2014, a los 92 años, murió Enzio Mazzoldi, uno de los grandes pioneros del montañismo patagónico y protagonista de una hazaña que todavía permanece grabada sobre la pared más temible del volcán Lanín. Había nacido en Merano, en el Tirol italiano, una tierra rodeada por los Alpes donde la nieve formaba parte de la vida cotidiana. Desde pequeño aprendió a desplazarse con esquíes y a relacionarse con la montaña como un territorio que exigía preparación, prudencia y respeto. En 1950, con 27 años, llegó desde Ushuaia a la región de San Martín de los Andes para trabajar en la industria maderera. Desde el aserradero de Paimún contemplaba continuamente la gigantesca pared sur del Lanín, una muralla de hielo, grietas y fuertes pendientes que pocos montañistas se atrevían siquiera a estudiar. Mazzoldi y el alemán Juan Wiese ya habían intentado escalarla por separado y ambos habían fracasado. Aquellas derrotas, lejos de detenerlos, les permitieron conocer mejor sus peligros y terminaron reuniéndolos en una misma cordada. Antes de partir escucharon los conocimientos de pobladores mapuches y de don Barriga, conocedor del clima de la región. Guiados por el baquiano Figueroa, avanzaron a caballo por el bosque hasta las proximidades del hielo. La verdadera batalla comenzó allí. Durante cinco agotadoras horas apenas consiguieron superar los primeros 300 metros, formados por terrazas y escalones de hielo. Llevaban un equipo que hoy parece elemental: una cuerda de 30 metros, crampones Grivel de doce puntas, una piqueta, un puñal de hielo y quince clavos tubulares y de media caña. Al caer la noche improvisaron un vivac sobre el hielo, tomaron té con ron, comieron frugalmente y se refugiaron en bolsas impermeables mientras el frío los hacía castañetear. Al amanecer continuaron bajo un violento viento blanco que los obligaba a luchar por cada paso. Finalmente, a las 14 horas del 21 de febrero de 1955, después de dos jornadas de escalada, Enzio Mazzoldi y Juan Wiese alcanzaron los 3.776 metros de la cumbre del Lanín, convirtiéndose en los primeros hombres que lograban ascenderlo por su pared sur. Mazzoldi dejó en la cima los banderines del Club Alpino Italiano y de la Sociedad Alpina Tirolesa como testimonio de aquella proeza. Permanecieron pocos minutos y descendieron por la cara norte, hacia Tromen. El corredor de hielo que habían abierto terminó recibiendo un nombre que atravesaría las décadas: Colada Mazzoldi. No se trataba de un homenaje simbólico. Era la unión definitiva entre un hombre y una de las rutas más exigentes de la Patagonia, con unos 850 metros de desnivel, escalada glaciar y resaltes que pueden alcanzar inclinaciones de 70 y 80 grados. En 2005, al cumplirse medio siglo de la hazaña, Mazzoldi fue declarado Ciudadano Ilustre de San Martín de los Andes y recibió reconocimientos del Parque Nacional Lanín y de instituciones montañísticas. Él, sin embargo, nunca habló de haber derrotado al volcán: entendía que el verdadero desafío consistía en superarse a uno mismo y regresar con humildad. Una década después de su muerte, en octubre de 2024, integrantes especializados de Gendarmería Nacional y del Ejército Argentino volvieron a escalar la pared sur siguiendo la ruta Colada Mazzoldi. Su nombre continuaba allí, pronunciado por nuevas generaciones antes de internarse en el hielo. Enzio murió el 14 de agosto de 2014, pero su huella no quedó solamente en fotografías o documentos: permanece literalmente trazada sobre el Lanín, allí donde el viento, la nieve y la montaña todavía custodian la memoria de su extraordinaria aventura. #EnzioMazzoldi #VolcánLanín #ColadaMazzoldi #MontañismoArgentino #HistoriaPatagónica #Patagonia #Neuquén #SanMartínDeLosAndes #Pioneros #HistoriaArgentina #Andinismo #MendozAntigua #MountaineeringHistory #Mountaineering #LanínVolcano #PatagoniaArgentina #MountainPioneers #ClimbingHistory

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