domingo, 9 de agosto de 2026

16 DE MARZO DE 1812: SAN MARTÍN TODAVÍA NO ERA EL LIBERTADOR — PERO EMPEZÓ A FORJAR LA CABALLERÍA QUE HARÍA TEMBLAR A LOS REALISTAS


En marzo de 1812, José de San Martín todavía no había cruzado los Andes, no había combatido en San Lorenzo y nadie podía imaginar hasta dónde llegaría su nombre. Acababa de regresar al Río de la Plata después de pasar casi tres décadas fuera de su tierra natal y de construir en Europa una extensa carrera militar. Había nacido el 25 de febrero de 1778 y se había incorporado al Regimiento de Murcia en 1789: cuando volvió tenía apenas 34 años, pero acumulaba más de veinte años de experiencia en armas. La cronología sanmartiniana tradicional fija su llegada a Buenos Aires el 9 de marzo de 1812, a bordo de la fragata inglesa George Canning, junto con otros militares americanos dispuestos a ofrecer sus servicios a la revolución. Existe, sin embargo, una curiosidad historiográfica: una investigación posterior citada por el propio Instituto Nacional Sanmartiniano sostiene que la nave habría arribado realmente el 6 de marzo, mientras La Gaceta difundió la llegada fechándola el día 9. Apenas una semana después comenzó una de las obras militares más extraordinarias de su carrera. El 16 de marzo de 1812, el Primer Triunvirato reconoció sus conocimientos y servicios, lo nombró teniente coronel de Caballería y le encargó organizar un Escuadrón de Granaderos a Caballo. El 21 de marzo el gobierno aprobó el plan y el pie de fuerza presentado por San Martín. En rigor histórico, aquel primer escuadrón fue el embrión del célebre regimiento: el segundo escuadrón nació el 11 de septiembre, el tercero el 5 de diciembre y dos días más tarde San Martín fue nombrado coronel del ya constituido Regimiento de Granaderos a Caballo. El problema no era encontrar argentinos capaces de montar. Buenos Aires y su campaña tenían extraordinarios jinetes. Lo verdaderamente revolucionario era conseguir que decenas de hombres y caballos dejaran de actuar como individuos y funcionaran como una sola máquina de combate. San Martín introdujo una concepción profesional de la caballería: selección de hombres, disciplina, instrucción permanente, uniformidad de movimientos, cuidado del armamento, formación ecuestre y un reglamento extremadamente exigente que con el tiempo sería recordado como el Código de Honor de los Granaderos. Carlos de Alvear y José Matías Zapiola integraron inicialmente la plana mayor, mientras San Martín se ocupaba personalmente del reclutamiento, los oficiales, el uniforme, las armas y la instrucción. Y existe un detalle poco conocido: los Granaderos no comenzaron en Retiro. Su primer alojamiento fue el Cuartel de la Ranchería, en la esquina sudoeste de las actuales Perú y Alsina, pleno centro porteño. Era un sitio cargado de historia: allí había funcionado el antiguo teatro de la Ranchería y el edificio incluso había alojado tropas británicas durante la invasión de 1806. San Martín comprendió pronto que aquel lugar resultaba insuficiente para formar una fuerza montada y consiguió que el 4 de mayo de 1812 le cedieran el antiguo cuartel de los Dragones de la Patria, en Retiro. Hubo que repararlo: los trabajos fueron presupuestados en 200 pesos y 4 reales. Hasta quedó registrado el pequeño gasto cotidiano que suele desaparecer de las grandes epopeyas: la mudanza necesitó tres carretillas, cuyo flete costó seis reales cada una. Detrás de la futura leyenda había también presupuestos, reparaciones, caballerizas, uniformes y logística.  Una vez instalados comenzó el verdadero laboratorio militar de San Martín. Marcha, trote, galope, cambios de formación, manejo del sable, cargas repetidas una y otra vez y maniobras ejecutadas simultáneamente. Los clarines no estaban allí para adornar los desfiles. San Martín incorporó un sistema de señales destinado a transmitir órdenes sin romper la formación: la unidad llegó a disponer de una plana mayor con trece trompetas, y en Retiro se entrenaba combinando señales de sable con toques que indicaban marcha, trote, galope y carga. El propio San Martín insistía en que sin clarines resultaba imposible uniformar los movimientos y actuar coordinadamente. Incluso los registros de diciembre de 1812 conservan gastos por boquillas, reparación y compra de clarines y por el maestro encargado de enseñar a utilizarlos. Eso era precisamente lo que San Martín perseguía: que el jinete no combatiera solo, sino que cincuenta o cien hombres fueran capaces de moverse, acelerar, detenerse y lanzarse sobre el enemigo como si fueran un único cuerpo. Durante meses no hubo gloria ni monumentos. Hubo polvo, caballos, sables, órdenes repetidas cientos de veces y una disciplina que transformaba excelentes jinetes en soldados profesionales. Cuando en septiembre apareció el segundo escuadrón y en diciembre el tercero, aquella idea nacida unos meses antes ya se había convertido en un regimiento. Faltaba solamente algo que ningún ejercicio podía reproducir: el enemigo real enfrente. La respuesta llegó el 3 de febrero de 1813, en San Lorenzo. Allí aproximadamente 120 granaderos dirigidos por San Martín enfrentaron a unos 250 realistas en un combate que duró alrededor de quince minutos. Fue el bautismo de fuego de aquella unidad entrenada durante casi once meses y la primera victoria de San Martín en territorio americano. San Lorenzo suele recordarse por la carga, por Cabral y por el caballo que aprisionó a San Martín; pero la verdadera historia había empezado mucho antes, en los cuarteles de Buenos Aires, cuando un militar recién llegado de Europa decidió que el valor individual no bastaba. Antes de liberar medio continente, San Martín tuvo que enseñar a sus hombres a avanzar juntos. Y antes de la leyenda, hubo entrenamiento. #JoséDeSanMartín #SanMartín #GranaderosACaballo #Granaderos #HistoriaArgentina #HistoriaMilitar #IndependenciaArgentina #SanLorenzo #EjércitoDeLosAndes #Libertador #Patria #Historia #MendozAntigua #JoseDeSanMartin #MountedGrenadiers #ArgentineHistory #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory #Independence #Liberator #History

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