A fines de la década de 1930, bajo las viñas, las montañas y los campos mendocinos comenzó a revelarse una riqueza capaz de transformar para siempre la economía provincial. El punto decisivo llegó el 22 de julio de 1938, cuando el pozo T-19 de Tupungato inició su producción y abrió una etapa de extraordinaria expansión para Yacimientos Petrolíferos Fiscales. A partir de ese hallazgo y del desarrollo de los yacimientos de Barrancas y Lunlunta, Mendoza dejó de ser una participante casi insignificante para convertirse en una potencia petrolera nacional. En 1934 apenas aportaba alrededor del 0,1 % del petróleo argentino; en 1939 produjo 128.398 metros cúbicos, pero durante 1940 alcanzó los 399.279: un crecimiento cercano al 211 % en solamente un año. En 1941 la cifra volvió a elevarse hasta superar los 531.000 metros cúbicos, equivalentes a cerca del 23,87 % de la producción nacional. Mendoza se había convertido así en el segundo distrito petrolero del país, solamente detrás de Comodoro Rivadavia y por encima de Salta y Plaza Huincul. La magnitud del crecimiento superó rápidamente la infraestructura disponible. El crudo debía ser trasladado desde los pozos mediante decenas de camiones cisterna por caminos difíciles y, durante 1940, se llegaron a utilizar unos 90 vehículos diarios para llevarlo hacia las instalaciones de refinación. La antigua planta de Godoy Cruz resultaba demasiado pequeña y parte del petróleo tenía que continuar viaje en ferrocarril hacia San Lorenzo, Campana o La Plata. Hacia fines de 1941, la producción debió reducirse porque Mendoza podía extraer más petróleo del que era capaz de transportar y procesar. A esos problemas se sumó la Segunda Guerra Mundial. Los tubos de acero sin costura, las máquinas y numerosos elementos indispensables para perforar y construir oleoductos debían importarse, pero eran considerados materiales estratégicos y resultaban difíciles y costosos de conseguir. YPF se vio obligada a reparar equipos, reutilizar piezas y aprovechar cada recurso disponible para mantener en funcionamiento los campamentos petroleros. Incluso se proyectó un gigantesco oleoducto entre Tupungato y San Lorenzo, pensado como una verdadera arteria energética que llevaría el “oro negro” mendocino desde los Andes hasta el litoral, aunque la iniciativa nunca llegó a concretarse. El Gobierno provincial comprendió que aquella riqueza podía significar empleo, regalías, caminos, obras públicas y una profunda diversificación de la economía mendocina. En 1939, durante la administración de Rodolfo Corominas Segura, la Ley 1316 declaró de utilidad pública terrenos situados junto al río Mendoza, en Luján de Cuyo, para levantar una refinería capaz de procesar la creciente producción. Su construcción comenzó en enero de 1940 y la planta fue inaugurada el 20 de diciembre de ese mismo año, con capacidad inicial para tratar 500 metros cúbicos diarios y posibilidades de ampliación. Desde allí podrían abastecerse Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja y parte de Córdoba. La epopeya también tuvo sacrificios, accidentes y pérdidas humanas. Pero detrás de cada torre, cada pozo y cada convoy petrolero existieron trabajadores, ingenieros, transportistas y obreros que enfrentaron incendios, caminos intransitables, escasez de materiales y enormes desafíos técnicos. En menos de una década, YPF y el Estado provincial transformaron a Mendoza en uno de los grandes centros energéticos argentinos. La tierra conocida mundialmente por el vino demostraba que, bajo sus raíces, también corría petróleo: una fuerza oscura y poderosa que modificó su industria, generó trabajo y colocó a la provincia en el corazón estratégico de la soberanía energética nacional. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #PetróleoMendocino #YPF #Tupungato #LujánDeCuyo #RefineríaDeLujánDeCuyo #IndustriaArgentina #SoberaníaEnergética #OroNegro #PatrimonioIndustrial #HistoriaArgentina #MendozaHistory #OilHistory #EnergyHistory #ArgentinaHistory #IndustrialHeritage #EnergySovereignty #YPFHistory #BlackGold
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miércoles, 5 de agosto de 2026
1938-1941: EL PETRÓLEO DESPERTÓ BAJO MENDOZA Y CAMBIÓ SU DESTINO PARA SIEMPRE
A fines de la década de 1930, bajo las viñas, las montañas y los campos mendocinos comenzó a revelarse una riqueza capaz de transformar para siempre la economía provincial. El punto decisivo llegó el 22 de julio de 1938, cuando el pozo T-19 de Tupungato inició su producción y abrió una etapa de extraordinaria expansión para Yacimientos Petrolíferos Fiscales. A partir de ese hallazgo y del desarrollo de los yacimientos de Barrancas y Lunlunta, Mendoza dejó de ser una participante casi insignificante para convertirse en una potencia petrolera nacional. En 1934 apenas aportaba alrededor del 0,1 % del petróleo argentino; en 1939 produjo 128.398 metros cúbicos, pero durante 1940 alcanzó los 399.279: un crecimiento cercano al 211 % en solamente un año. En 1941 la cifra volvió a elevarse hasta superar los 531.000 metros cúbicos, equivalentes a cerca del 23,87 % de la producción nacional. Mendoza se había convertido así en el segundo distrito petrolero del país, solamente detrás de Comodoro Rivadavia y por encima de Salta y Plaza Huincul. La magnitud del crecimiento superó rápidamente la infraestructura disponible. El crudo debía ser trasladado desde los pozos mediante decenas de camiones cisterna por caminos difíciles y, durante 1940, se llegaron a utilizar unos 90 vehículos diarios para llevarlo hacia las instalaciones de refinación. La antigua planta de Godoy Cruz resultaba demasiado pequeña y parte del petróleo tenía que continuar viaje en ferrocarril hacia San Lorenzo, Campana o La Plata. Hacia fines de 1941, la producción debió reducirse porque Mendoza podía extraer más petróleo del que era capaz de transportar y procesar. A esos problemas se sumó la Segunda Guerra Mundial. Los tubos de acero sin costura, las máquinas y numerosos elementos indispensables para perforar y construir oleoductos debían importarse, pero eran considerados materiales estratégicos y resultaban difíciles y costosos de conseguir. YPF se vio obligada a reparar equipos, reutilizar piezas y aprovechar cada recurso disponible para mantener en funcionamiento los campamentos petroleros. Incluso se proyectó un gigantesco oleoducto entre Tupungato y San Lorenzo, pensado como una verdadera arteria energética que llevaría el “oro negro” mendocino desde los Andes hasta el litoral, aunque la iniciativa nunca llegó a concretarse. El Gobierno provincial comprendió que aquella riqueza podía significar empleo, regalías, caminos, obras públicas y una profunda diversificación de la economía mendocina. En 1939, durante la administración de Rodolfo Corominas Segura, la Ley 1316 declaró de utilidad pública terrenos situados junto al río Mendoza, en Luján de Cuyo, para levantar una refinería capaz de procesar la creciente producción. Su construcción comenzó en enero de 1940 y la planta fue inaugurada el 20 de diciembre de ese mismo año, con capacidad inicial para tratar 500 metros cúbicos diarios y posibilidades de ampliación. Desde allí podrían abastecerse Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja y parte de Córdoba. La epopeya también tuvo sacrificios, accidentes y pérdidas humanas. Pero detrás de cada torre, cada pozo y cada convoy petrolero existieron trabajadores, ingenieros, transportistas y obreros que enfrentaron incendios, caminos intransitables, escasez de materiales y enormes desafíos técnicos. En menos de una década, YPF y el Estado provincial transformaron a Mendoza en uno de los grandes centros energéticos argentinos. La tierra conocida mundialmente por el vino demostraba que, bajo sus raíces, también corría petróleo: una fuerza oscura y poderosa que modificó su industria, generó trabajo y colocó a la provincia en el corazón estratégico de la soberanía energética nacional. #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #PetróleoMendocino #YPF #Tupungato #LujánDeCuyo #RefineríaDeLujánDeCuyo #IndustriaArgentina #SoberaníaEnergética #OroNegro #PatrimonioIndustrial #HistoriaArgentina #MendozaHistory #OilHistory #EnergyHistory #ArgentinaHistory #IndustrialHeritage #EnergySovereignty #YPFHistory #BlackGold
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