El 8 de agosto de 1911, según el registro histórico local que sitúa aquella función en una sala ubicada en la esquina de Las Heras y 9 de Julio, en pleno centro de la ciudad de Mendoza, el público mendocino asistió a la proyección de “El fusilamiento de Dorrego”, una de las obras fundacionales y más misteriosas de los primeros años del cine argentino. La película, muda y en blanco y negro, había sido realizada por el pionero Mario Gallo, inmigrante italiano convertido en una figura decisiva de aquella cinematografía todavía artesanal, y reconstruía uno de los episodios más traumáticos del siglo XIX nacional: la ejecución del gobernador bonaerense Manuel Dorrego, ordenada por Juan Lavalle el 13 de diciembre de 1828. Entre sus intérpretes estuvieron Salvador Rosich y Eliseo Gutiérrez, actores provenientes de una tradición teatral que en aquellos tiempos proporcionaba al naciente cine sus rostros, gestos y escenografías. Durante décadas se repitió que El fusilamiento de Dorrego había sido estrenada en 1908 y que era, directamente, “la primera película argentina”. Las investigaciones cinematográficas más recientes obligan, sin embargo, a contar la historia con mayor precisión: un estudio de Lucio Mafud, investigador de la Biblioteca y Archivo INCAA-ENERC, basado en carteleras y periódicos de la época, señala que las primeras exhibiciones documentadas de la obra aparecen en Buenos Aires en marzo de 1910, y que la discusión acerca de cuál fue exactamente la primera ficción argentina continúa abierta, porque existieron experiencias argumentales anteriores. Por eso, hoy resulta más riguroso definir a El fusilamiento de Dorrego como una de las primeras grandes películas argumentales e históricas del cine nacional, y no simplemente como “la primera película argentina”. Lo extraordinario es que, apenas unos años después de que Mendoza conociera públicamente el cinematógrafo —la primera exhibición fehacientemente documentada en la provincia ocurrió en el Teatro Municipal el 16 de agosto de 1899—, una película realizada en el país ya atravesaba cientos de kilómetros para aparecer ante los ojos de los mendocinos. La esquina de Las Heras y 9 de Julio terminaría además convirtiéndose en un lugar emblemático para la historia cinematográfica provincial: allí funcionó el Cine Continuo, luego llamado Empire Theatre, más tarde Centenario y, décadas después, Luxor. Fuentes locales sitúan la apertura del Continuo entre 1911 y aproximadamente 1912, una pequeña diferencia cronológica que todavía aconseja prudencia al reconstruir aquellos primeros años. Pero quizá el dato más fascinante sea otro: no se conserva actualmente ninguna copia conocida de El fusilamiento de Dorrego. Aquellas imágenes que los mendocinos contemplaron hace más de un siglo desaparecieron, convirtiendo a la película en una auténtica pieza perdida de la cultura argentina. Así, aquella función de 1911 no fue simplemente una noche de entretenimiento: fue uno de esos instantes silenciosos en que Mendoza se sentó frente a una pantalla y contempló cómo la propia historia argentina comenzaba a transformarse en cine. Hashtags: #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #8DeAgosto #CineArgentino #HistoriaDelCine #CineMudo #MarioGallo #ManuelDorrego #JuanLavalle #CineNacional #ArgentinaAntigua #MemoriaHistórica #PelículasPerdidas #LostFilm #ArgentineCinema #SilentCinema #FilmHistory #CinemaHistory #MendozaHistory #LostFilms #VintageArgentina

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