sábado, 8 de agosto de 2026

8 DE AGOSTO DE 1997: DEL INFIERNO DE MENDOZA A UN PACTO ENTRE DOS PAÍSES — WENCESLAO DÍAZ, EL MÉDICO CHILENO QUE CRUZÓ LOS ANDES Y PASÓ OCHO MESES SOCORRIENDO A LAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO DE 1861


Hay historias que parecen desaparecer bajo los escombros y, más de un siglo después, reaparecen en el lugar menos pensado. El 8 de agosto de 1997, Argentina y Chile firmaron en Santiago el Acuerdo sobre Cooperación en Materia de Catástrofes, un instrumento compuesto por un preámbulo y doce artículos, destinado a organizar la ayuda mutua frente a terremotos, incendios, inundaciones y otras grandes emergencias. Fue suscripto por los cancilleres de ambos países durante la visita de Estado del entonces presidente argentino Carlos Saúl Menem a Chile. Años después, durante su tratamiento parlamentario, apareció en los documentos oficiales chilenos un antecedente extraordinario ocurrido 136 años antes, en Mendoza. El 20 de marzo de 1861, Mendoza fue prácticamente destruida por uno de los terremotos más devastadores de la historia argentina. Al otro lado de la Cordillera, Chile reaccionó enviando ayuda y una comisión médica encabezada por el médico-cirujano Wenceslao Díaz. Y no se trató de una visita protocolar ni de unos pocos días de asistencia: la propia historia legislativa del Congreso chileno registra que Díaz permaneció ocho meses en Mendoza, participando directamente en las tareas de socorro de los damnificados. El episodio fue recordado más de un siglo después precisamente para demostrar que la cooperación frente a las catástrofes entre ambos países tenía raíces mucho más antiguas que cualquier tratado moderno. Wenceslao Díaz, además, hizo algo excepcional: no sólo atendió a las víctimas, sino que documentó científicamente lo que había sucedido. Los Anales de la Universidad de Chile conservan una comunicación publicada en 1862 bajo el revelador título de Breve reseña de los trabajos de la comisión médico-chilena, enviada a socorrer las víctimas del espantoso terremoto que arruinó a Mendoza el 20 de marzo de 1861. Es decir, existe un testimonio médico contemporáneo de aquella misión humanitaria escrito por quien estuvo en el terreno. La historia no terminó allí. Décadas después, los mismos Anales publicaron en 1906 un extenso trabajo de Díaz titulado Estudio acerca del terremoto que arruinó la ciudad de Mendoza el 20 de marzo de 1861, conservado actualmente por la Universidad de Chile. El texto ocupa las páginas 399 a 454 del tomo correspondiente. Aquel joven médico que había atravesado los Andes para enfrentarse a una ciudad destruida terminó dejando también una fuente científica para estudiar una de las mayores tragedias de la historia mendocina. Y justamente esa memoria reapareció cuando Chile estudió el acuerdo firmado en 1997. Los documentos parlamentarios mencionaron explícitamente a Díaz y sus ocho meses de asistencia en Mendoza, junto con otros grandes desastres posteriores —como Chillán en 1939 y Valdivia en 1960— para demostrar que argentinos y chilenos se habían ayudado mutuamente mucho antes de que existieran modernos sistemas nacionales de emergencia. El convenio de 1997 buscó transformar aquella solidaridad espontánea en un mecanismo organizado. Creó una Comisión Mixta argentino-chilena, estableció sistemas para intercambiar información y experiencias y determinó que, ante el pedido del país afectado, el otro pudiera enviar equipos, maquinaria, medicamentos, alimentos y personal especializado. Incluso reguló cómo debían distribuirse determinados gastos de transporte, permanencia y utilización de los equipos. La intención era simple pero fundamental: que en medio de una catástrofe la ayuda llegara rápido, pero también coordinada y respondiendo exactamente a las necesidades de las víctimas. Argentina aprobó aquel acuerdo mediante la Ley 25.240, sancionada el 29 de diciembre de 1999 y promulgada en enero de 2000. Chile completaría posteriormente su propio proceso legislativo; el canje de instrumentos de ratificación se realizó el 29 de octubre de 2002 y el acuerdo fue promulgado allí mediante el Decreto Supremo 254. Pero quizás lo más formidable sea que esta historia continúa viva. En 2025, el Gobierno argentino volvió a citar oficialmente aquel pacto del 8 de agosto de 1997 como fundamento del ejercicio binacional “SOLIDARIDAD”, realizado con Chile para entrenar una respuesta conjunta ante una gran catástrofe. El escenario previsto simulaba precisamente un terremoto, esta vez en la zona de Puerto Varas, y contemplaba rescate de montaña y anfibio, atención médica, potabilización de agua, transporte y despliegue combinado de medios argentinos y chilenos. Así se cierra un círculo histórico extraordinario: en 1861 un médico chileno atravesó la Cordillera para ayudar a una Mendoza devastada; en 1997 aquella solidaridad quedó transformada en un acuerdo internacional; y más de 160 años después del terremoto, Argentina y Chile todavía entrenaban juntos para que, cuando la tierra vuelva a sacudirse, ninguno de los dos países tenga que enfrentar solo la tragedia. Wenceslao Díaz probablemente nunca imaginó que aquellos ocho meses entre ruinas, heridos y sobrevivientes terminarían siendo recordados por el Congreso chileno como uno de los antecedentes históricos de la cooperación moderna entre dos naciones separadas por los Andes, pero unidas demasiadas veces por las mismas catástrofes. #Mendoza #MendozAntigua #TerremotoDeMendoza #Terremoto1861 #WenceslaoDiaz #Chile #Argentina #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #HistoriaDeChile #CordilleraDeLosAndes #Solidaridad #CooperacionInternacional #Catastrofes #MemoriaHistorica #MendozaAntigua #ArgentineHistory #ChileanHistory #MendozaHistory #EarthquakeHistory #DisasterRelief #HumanitarianAid #ArgentinaChile #History #Andes

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