sábado, 1 de agosto de 2026

BODEGA DON PANCHO: EL EJÉRCITO ANÓNIMO QUE LEVANTÓ LA MENDOZA DEL VINO


Sin una fecha exacta confirmada, pero perteneciente al universo vitivinícola mendocino de las primeras décadas del siglo XX, esta extraordinaria fotografía de la Bodega Don Pancho permite mirar de frente a quienes hicieron posible una de las mayores transformaciones económicas y sociales de Mendoza. La escena, conservada en la Colección Francisco Fernández del Archivo de Fotografía Histórica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo, reúne a decenas de hombres y mujeres dispuestos en forma escalonada, posiblemente después de una jornada de trabajo o de la finalización de la cosecha. No es únicamente un retrato colectivo: cada herramienta, cada postura y cada objeto parece contar una historia diferente. En la primera fila, uno de los trabajadores levanta el pantalón y deja ver lo que parece ser una prótesis de madera, un detalle conmovedor que demuestra que continuaba formando parte activa del grupo y de la vida laboral. Cerca de él aparecen operarios con herramientas vinculadas al oficio de la tonelería, indispensable cuando el vino se almacenaba y transportaba principalmente en grandes recipientes de madera. Otro joven carga una sulfatadora de mochila y sostiene su manguera, señal de que probablemente trabajaba en el cuidado y protección del viñedo. También aparecen una bicicleta, dos perros, sombreros, cigarrillos, una jarra y un vaso de vino compartido entre compañeros. Un hombre lleva una vestimenta diferente, quizá asociada con tareas administrativas o de supervisión, mientras que otro posa con anteojos oscuros; aunque algunos análisis han planteado que pudiera tratarse de una persona con discapacidad visual, la imagen por sí sola no permite asegurarlo. Detrás de esta aparente celebración se encuentra el enorme esfuerzo humano que convirtió a Mendoza en una potencia vitivinícola. Desde fines del siglo XIX, el crecimiento de las bodegas industriales, el ferrocarril, la ampliación de los oasis irrigados y la llegada de miles de inmigrantes reorganizaron el territorio, impulsaron nuevos pueblos y multiplicaron los oficios especializados alrededor de la vid y el vino. Toneleros, mecánicos, carreros, peones, cosechadores, sulfatadores, capataces y empleados trabajaban como piezas de una compleja maquinaria productiva. La vendimia transformaba por completo la actividad de los establecimientos: investigaciones históricas señalan que algunas bodegas llegaban a triplicar la cantidad de peones durante la cosecha. En 1913 se calculaban alrededor de 15.000 peones y contratistas para atender unas 60.000 hectáreas de viñedos, mientras que durante la vendimia podían emplearse cerca de 30.000 cosechadores en toda la provincia. Sin embargo, aquel crecimiento convivía con jornadas extenuantes, inestabilidad, escasa protección y una débil organización gremial durante buena parte del período. Por eso esta fotografía tiene una fuerza excepcional. No muestra a los grandes propietarios ni las etiquetas prestigiosas que después recorrerían el país: muestra a la multitud silenciosa que podó las plantas, combatió las plagas, cosechó los racimos, reparó las cubas, construyó los toneles y convirtió la uva en vino. Sus nombres quizá se hayan perdido, pero sus rostros permanecen. Ellos fueron el verdadero corazón de la bodega y los obreros anónimos que levantaron la Mendoza vitivinícola. Imagen: Bodega Don Pancho. Colección Francisco Fernández, Archivo de Fotografía Histórica, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo. #MendozAntigua #BodegaDonPancho #MendozaAntigua #HistoriaDeMendoza #Vitivinicultura #Vendimia #TrabajadoresDelVino #ObrerosDeBodega #Toneleros #MemoriaMendocina #PatrimonioFotográfico #CulturaDelVino #WineHistory #MendozaWine #WineryWorkers #GrapeHarvest #VintageMendoza #ArgentineWine #WorkersHistory #HistoricalPhotography

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