Mucho antes del Cruce de los Andes, de Chacabuco, Maipú y de convertirse en una de las figuras decisivas de la independencia sudamericana, José de San Martín ya era un veterano de guerra. Cuando desembarcó en Buenos Aires en 1812 no llegaba para aprender a ser militar: detrás de él había quedado prácticamente toda una vida entre cuarteles, fortalezas sitiadas, campañas terrestres, travesías navales y algunos de los campos de batalla más importantes de Europa. San Martín había nacido en Yapeyú el 25 de febrero de 1778. A fines de 1783 partió con su familia hacia España a bordo de la fragata Santa Balbina y llegó a Cádiz en 1784. Pasó así casi toda su infancia, adolescencia y primera juventud lejos del territorio donde había nacido. La tradición sanmartiniana ubica parte de su educación en el Real Seminario de Nobles de Madrid, aunque la documentación sobre su matrícula no es completamente concluyente; posteriormente realizó estudios en Málaga. Lo indiscutible es que el 21 de julio de 1789, con solamente 11 años, ingresó como cadete en el Regimiento de Infantería de Murcia, conocido como “El Leal”. Desde ese momento su formación ya no estaría solamente en los libros: comenzaría a construirse entre marchas, armas y campañas militares. Y la guerra llegó muy pronto. Después de un destacamento de 49 días en Melilla, el 25 de junio de 1791, con apenas 13 años, San Martín recibió su auténtico bautismo de fuego en Orán, en el norte de África. Su foja militar registra que soportó allí 33 días de ataques, integrado a la compañía de granaderos. Aquella plaza había quedado además severamente castigada por un terremoto y el joven cadete conoció de primera mano algo que marcaría para siempre su carácter: hambre, cansancio, disciplina, fuego enemigo y resistencia bajo condiciones extremas. Después llegaron los Pirineos y la guerra contra la Francia revolucionaria. Combatió en el Rosellón, intervino en numerosas operaciones y fue acumulando ascensos y experiencia en una Europa transformada por la Revolución Francesa. Para un muchacho nacido en Yapeyú, aquellos años equivalían a una extraordinaria escuela práctica de estrategia, logística y conducción de hombres. Pero San Martín también aprendió a guerrear en el mar. En junio de 1797 se embarcó voluntariamente en la fragata española Santa Dorotea, como segundo teniente y al mando de un destacamento de aproximadamente 100 soldados de infantería. Durante trece meses navegó por el Mediterráneo, escoltó mercantes, transportó caudales, armas y pertrechos y participó en acciones contra corsarios. La embarcación pasó por Alicante, Mallorca, Mahón, Málaga, Almería, Argel, Barcelona y Cartagena. Y allí aparece una de las coincidencias más sorprendentes de su juventud. En mayo de 1798, la Santa Dorotea llegó a Tolón, donde se encontraba concentrada la enorme expedición francesa que estaba a punto de partir hacia Egipto bajo el mando de Napoleón Bonaparte. La documentación naval española confirma que la división en la que viajaba San Martín fondeó allí mientras la escuadra napoleónica preparaba aquella campaña. Es decir: diez años antes de combatir contra los ejércitos de Napoleón en España, el joven oficial americano estuvo en el mismo puerto donde el futuro emperador preparaba una de sus aventuras militares más famosas. Poco después llegaría otro episodio extraordinario. El 15 de julio de 1798, cerca de Cartagena, la Santa Dorotea fue enfrentada y finalmente capturada por el buque británico HMS Lion. San Martín sobrevivió al combate y al apresamiento de la fragata. Las fuentes sanmartinianas destacan que incluso los británicos reconocieron el valor con que había combatido la tripulación española. La guerra siguió llevándolo de un frente a otro: prestó servicio en la frontera con Portugal, pasó por Cádiz y continuó ascendiendo. Para 1808 llevaba casi dos décadas vinculado a las armas españolas. Entonces ocurrió el acontecimiento que cambiaría Europa: Napoleón invadió España. El 23 de junio de 1808, durante el combate de Arjonilla, San Martín se distinguió comandando una pequeña fuerza. En plena acción cargó contra el enemigo, su caballo cayó y sus propios hombres debieron auxiliarlo. La escena resulta particularmente llamativa porque anticipa, con cinco años de diferencia, algo parecido a lo que viviría en San Lorenzo en 1813. El parte publicado posteriormente elogió su comportamiento. Pero todavía faltaba Bailén. El 19 de julio de 1808, el ejército español derrotó allí a las fuerzas francesas del general Dupont. Fue una victoria de enorme repercusión internacional porque representó la primera gran derrota en campo abierto sufrida por un ejército napoleónico. San Martín actuó como ayudante de campo del marqués de Coupigny y fue mencionado favorablemente por su desempeño. Como consecuencia recibió el ascenso a teniente coronel graduado y la célebre condecoración de Bailén. Resulta difícil imaginar mejor escuela de guerra. Había entrado como un niño de once años y había combatido en África, los Pirineos, Portugal, el Mediterráneo y la Guerra de Independencia española; había servido en infantería y caballería, vivido asedios, realizado campañas navales, conocido derrotas, victorias y cautiverio, comandado hombres y observado de cerca las tácticas utilizadas por los ejércitos europeos de su tiempo. Fuentes oficiales del Instituto Nacional Sanmartiniano resumen aquella trayectoria en decenas de acciones bélicas. Pero mientras San Martín combatía en Europa, algo comenzaba a cambiar al otro lado del Atlántico. Las noticias de las revoluciones de Caracas y Buenos Aires llegaron hasta los oficiales americanos que servían en España. Años después, el propio San Martín recordaría que un grupo de americanos reunidos en Cádiz resolvió regresar a sus lugares de nacimiento para ofrecer sus servicios a las revoluciones que estaban comenzando. En 1811 pidió su retiro del ejército español, salió hacia Portugal y posteriormente pasó a Londres. Finalmente, el 9 de marzo de 1812, la fragata inglesa George Canning entró en el puerto de Buenos Aires. Entre sus pasajeros viajaba un hombre de 34 años llamado José Francisco de San Martín. Había abandonado estas tierras siendo niño y regresaba convertido en teniente coronel de caballería y veterano de las guerras europeas. Apenas una semana después, el gobierno revolucionario reconoció su grado y el 16 de marzo de 1812 le encargó organizar un nuevo cuerpo de caballería: los futuros Granaderos a Caballo. Por eso existe un San Martín anterior al San Martín que todos aprendimos en la escuela. Antes del Libertador estuvo el cadete. Antes del general de los Andes estuvo el muchacho de trece años bajo fuego en África. Antes de Chacabuco estuvo Arjonilla. Antes de Maipú estuvo Bailén. Antes de organizar un ejército en Mendoza, San Martín había pasado más de veinte años aprendiendo cómo se combate, cómo se mueve una fuerza, cómo se disciplina a los soldados y, probablemente lo más importante, cómo se gana y cómo se sobrevive a una guerra. Cuando volvió a América en 1812, su carrera militar no empezaba. Estaba a punto de cambiar de causa, de continente y de bandera. Y todo lo aprendido durante aquellos años sería puesto al servicio de una empresa mucho mayor: la independencia de América del Sur. #JoseDeSanMartin #GeneralSanMartin #Liberator #ArgentineHistory #History #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory #Independence #SpanishArmy #BattleOfBailen #NapoleonicWars #Napoleon #SantaDorotea #ArmyOfTheAndes #LatinAmericanHistory #ArgentinaHistory #HistoricalFacts #JoséDeSanMartín #SanMartín #Libertador #PadreDeLaPatria #HistoriaArgentina #Historia #EjércitoDeLosAndes #GranaderosACaballo #BatallaDeBailén #Arjonilla #SantaDorotea #Napoleón #IndependenciaArgentina #IndependenciaDeAmérica #Efemérides #HistoriaMilitar #MendozAntigua #Argentina #Mendoza

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