En agosto de 1913 (13 o 19) nació en el departamento de San Martín, Mendoza, Fernando Francisco “Paco” Bermúdez, uno de esos hombres cuyo nombre terminó siendo mucho más grande fuera del ring que dentro de él. Desde chico repartió su pasión entre el fútbol y el boxeo: llegó a jugar en la Primera de Jorge Newbery y, con apenas 18 años, fue elegido para hacer guantes durante una exhibición con nada menos que Justo Suárez, el legendario “Torito de Mataderos”. En 1932 se consagró campeón mendocino amateur de los medio medianos, pero pronto comprendió que su verdadera vocación estaba en enseñar. El 15 de enero de 1944 fundó en Mendoza el mítico Mocoroa Boxing Club, en la esquina de Estrada y 9 de Julio, curiosamente el mismo día del devastador terremoto de San Juan. Durante casi medio siglo aquel gimnasio se convirtió en un auténtico laboratorio del pugilismo argentino, donde Bermúdez enseñaba algo que entonces parecía casi revolucionario: boxear no significaba recibir golpes innecesariamente. Su escuela privilegiaba la defensa, el movimiento de piernas, el golpe de vista, la cintura, la precisión y la inteligencia antes que la búsqueda desesperada del nocaut. Esa filosofía le costó críticas. En Buenos Aires llegó a ser apodado “el tirador de toallas”, porque prefería detener una pelea antes que permitir que uno de sus pupilos fuera castigado inútilmente. Para Paco existía una regla por encima del espectáculo: primero estaba el hombre. Esa concepción terminaría transformándose en la esencia de la célebre “escuela mendocina” de boxeo. Su prestigio trascendió Mendoza: debutó al frente del seleccionado argentino en los Juegos Panamericanos de México de 1955 y posteriormente integró la conducción nacional en los grandes compromisos internacionales de Roma y Japón, dejando su sello técnico en una generación completa de pugilistas. Por el Mocoroa pasaron cerca de 400 boxeadores. Cuando Bermúdez confeccionó su propio cuadro de honor destacó a Nicolino Locche, Gustavo Ballas, Luis Cirilo Gil, Francisco Gelabert, Jorge “Aconcagua” Ahumada, Manuel “Cholo” González, Carlos Alberto Aro, Ramón Balbino Soria, Juan “Mendoza” Aguilar, Pedro “Perico” Agüero, José Mario López y Raúl “Pavito” Vargas. Su obra cumbre fue Nicolino Locche: aquel muchacho que aprendió a esquivar, caminar, mirar y hacer fallar hasta convertir la defensa en espectáculo. Con Bermúdez en su rincón, el “Intocable” conquistó en Tokio el título mundial frente a Paul Fuji el 12 de diciembre de 1968, una de las noches más extraordinarias del boxeo argentino. Otro producto extraordinario de aquella escuela fue Gustavo Ballas, formado en el Mocoroa bajo la dirección de Paco y posteriormente campeón mundial en 1981. Incluso Pablo Chacón, futuro medallista olímpico y campeón mundial, dio sus primeros pasos amateurs bajo la mirada de Bermúdez antes de continuar su camino con Ricardo Bracamonte. El Mocoroa cerró sus puertas en enero de 1993, después de 49 años de historia, pero la escuela ya era inmortal. Francisco “Paco” Bermúdez murió en Mendoza el 30 de noviembre de 1997, a los 84 años. No necesitó ponerse un cinturón mundial alrededor de la cintura para ser campeón: sus títulos caminaron sobre el ring con los nombres de quienes aprendieron de él. Paco Bermúdez no enseñaba simplemente a pegar. Enseñaba a pensar, a esquivar, a respetar y, sobre todas las cosas, a regresar entero a casa. Allí está quizá la explicación de por qué aquella pequeña escuela mendocina terminó produciendo boxeadores capaces de asombrar al mundo. #PacoBermúdez #BoxeoMendocino #EscuelaMendocina #Mocoroa #MocoroaBoxingClub #NicolinoLocche #ElIntocable #GustavoBallas #HistoriaDeMendoza #Mendoza #BoxeoArgentino #HistoriaDelBoxeo #LeyendasDelBoxeo #BoxingHistory #ArgentineBoxing #MendozaBoxing #BoxingLegend #NicolinoLocche #TheUntouchable #BoxingCoach #BoxingHeritage
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jueves, 13 de agosto de 2026
**PACO BERMÚDEZ: EL MAESTRO QUE CONVIRTIÓ A MENDOZA EN UNA ESCUELA MUNDIAL DE BOXEO Y MOLDEÓ AL “INTOCABLE” LOCCHE**
En agosto de 1913 (13 o 19) nació en el departamento de San Martín, Mendoza, Fernando Francisco “Paco” Bermúdez, uno de esos hombres cuyo nombre terminó siendo mucho más grande fuera del ring que dentro de él. Desde chico repartió su pasión entre el fútbol y el boxeo: llegó a jugar en la Primera de Jorge Newbery y, con apenas 18 años, fue elegido para hacer guantes durante una exhibición con nada menos que Justo Suárez, el legendario “Torito de Mataderos”. En 1932 se consagró campeón mendocino amateur de los medio medianos, pero pronto comprendió que su verdadera vocación estaba en enseñar. El 15 de enero de 1944 fundó en Mendoza el mítico Mocoroa Boxing Club, en la esquina de Estrada y 9 de Julio, curiosamente el mismo día del devastador terremoto de San Juan. Durante casi medio siglo aquel gimnasio se convirtió en un auténtico laboratorio del pugilismo argentino, donde Bermúdez enseñaba algo que entonces parecía casi revolucionario: boxear no significaba recibir golpes innecesariamente. Su escuela privilegiaba la defensa, el movimiento de piernas, el golpe de vista, la cintura, la precisión y la inteligencia antes que la búsqueda desesperada del nocaut. Esa filosofía le costó críticas. En Buenos Aires llegó a ser apodado “el tirador de toallas”, porque prefería detener una pelea antes que permitir que uno de sus pupilos fuera castigado inútilmente. Para Paco existía una regla por encima del espectáculo: primero estaba el hombre. Esa concepción terminaría transformándose en la esencia de la célebre “escuela mendocina” de boxeo. Su prestigio trascendió Mendoza: debutó al frente del seleccionado argentino en los Juegos Panamericanos de México de 1955 y posteriormente integró la conducción nacional en los grandes compromisos internacionales de Roma y Japón, dejando su sello técnico en una generación completa de pugilistas. Por el Mocoroa pasaron cerca de 400 boxeadores. Cuando Bermúdez confeccionó su propio cuadro de honor destacó a Nicolino Locche, Gustavo Ballas, Luis Cirilo Gil, Francisco Gelabert, Jorge “Aconcagua” Ahumada, Manuel “Cholo” González, Carlos Alberto Aro, Ramón Balbino Soria, Juan “Mendoza” Aguilar, Pedro “Perico” Agüero, José Mario López y Raúl “Pavito” Vargas. Su obra cumbre fue Nicolino Locche: aquel muchacho que aprendió a esquivar, caminar, mirar y hacer fallar hasta convertir la defensa en espectáculo. Con Bermúdez en su rincón, el “Intocable” conquistó en Tokio el título mundial frente a Paul Fuji el 12 de diciembre de 1968, una de las noches más extraordinarias del boxeo argentino. Otro producto extraordinario de aquella escuela fue Gustavo Ballas, formado en el Mocoroa bajo la dirección de Paco y posteriormente campeón mundial en 1981. Incluso Pablo Chacón, futuro medallista olímpico y campeón mundial, dio sus primeros pasos amateurs bajo la mirada de Bermúdez antes de continuar su camino con Ricardo Bracamonte. El Mocoroa cerró sus puertas en enero de 1993, después de 49 años de historia, pero la escuela ya era inmortal. Francisco “Paco” Bermúdez murió en Mendoza el 30 de noviembre de 1997, a los 84 años. No necesitó ponerse un cinturón mundial alrededor de la cintura para ser campeón: sus títulos caminaron sobre el ring con los nombres de quienes aprendieron de él. Paco Bermúdez no enseñaba simplemente a pegar. Enseñaba a pensar, a esquivar, a respetar y, sobre todas las cosas, a regresar entero a casa. Allí está quizá la explicación de por qué aquella pequeña escuela mendocina terminó produciendo boxeadores capaces de asombrar al mundo. #PacoBermúdez #BoxeoMendocino #EscuelaMendocina #Mocoroa #MocoroaBoxingClub #NicolinoLocche #ElIntocable #GustavoBallas #HistoriaDeMendoza #Mendoza #BoxeoArgentino #HistoriaDelBoxeo #LeyendasDelBoxeo #BoxingHistory #ArgentineBoxing #MendozaBoxing #BoxingLegend #NicolinoLocche #TheUntouchable #BoxingCoach #BoxingHeritage
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