viernes, 7 de agosto de 2026

PAQUITA BERNARDO: LA MUJER QUE DESAFIÓ AL TANGO, LE ABRIÓ LA PUERTA A UN PUGLIESE DE PANTALONES CORTOS Y MURIÓ ANTES DE CUMPLIR 25 AÑOS


En la Buenos Aires de comienzos de la década de 1920, cuando el bandoneón parecía un territorio reservado casi exclusivamente para hombres, una muchacha de Villa Crespo se sentó frente al público, abrió el fuelle y comenzó a cambiar silenciosamente la historia del tango. Se llamaba Francisca Cruz Bernardo, pero Buenos Aires terminaría conociéndola simplemente como Paquita Bernardo, “La Flor de Villa Crespo”. Había nacido el 1º de mayo de 1900 y su vida sería tan breve como extraordinariamente intensa. Paquita no había sido educada para convertirse en una revolucionaria. En 1915 comenzó estudiando piano en el conservatorio de Catalina Torres, pero pronto quedó fascinada por aquel extraño instrumento de botones y fuelle que empezaba a convertirse en el corazón del tango porteño. Primero avanzó casi por su cuenta y después recibió enseñanzas vinculadas a figuras como José Servidio, Pedro Maffia y Enrique García. Para una mujer joven de aquellos años, tocar profesionalmente el bandoneón ya era romper una barrera; dirigir además una orquesta integrada por hombres era prácticamente una provocación cultural. A los 17 años ya amenizaba casamientos, bailes populares, hospitales y asilos. Hacia 1920 actuó en el Teatro Argentino de La Plata junto al conjunto de José Junnissi, en funciones vinculadas también con organizaciones obreras, razón por la cual llegó a ser recordada como “la concertista de los obreros”. Pero el gran salto llegó en 1921, cuando formó su propio conjunto, la Orquesta Paquita, y comenzó a actuar en el célebre Café Domínguez, Corrientes 1537, en aquella avenida Corrientes todavía angosta, mucho antes del Obelisco y de la transformación que conocería la zona años después. Y en aquella orquesta apareció un nombre que décadas después se convertiría en uno de los monumentos de la música argentina: Osvaldo Pugliese. Pugliese tenía apenas 15 años cuando comenzó profesionalmente a ganarse la vida con el piano. Ya había tocado en un trío en el denominado Café de la Chancha, pero poco después pasó por el conjunto de Paquita Bernardo. Una tradición muy difundida recuerda que llegó todavía usando pantalones cortos, imagen que ilustra perfectamente la juventud de aquel futuro maestro. Incluso fuentes contemporáneas vinculadas a la historia de Paquita conservan el recuerdo de aquel adolescente que se presentó para ofrecerse como pianista y al que ella decidió incorporar. Años más tarde, aquel muchacho sería el creador de una de las orquestas más influyentes de la historia del tango y de un estilo reconocible desde los primeros compases. No conocemos el diálogo exacto de aquel encuentro y sería arriesgado reproducir como documental una conversación ocurrida hace más de un siglo. Pero sí conocemos el resultado: Paquita confió en un Pugliese adolescente y lo sentó al piano de su agrupación. El dato parece pequeño frente a la inmensidad posterior de Pugliese, pero visto desde el presente resulta fascinante: una de las primeras mujeres que logró conquistar profesionalmente el bandoneón compartiendo escenario con uno de los hombres que luego transformaría para siempre la manera de tocar el tango. Las noches del Café Domínguez terminaron convirtiéndose en un fenómeno. La presencia de una joven mujer dirigiendo músicos y manejando con autoridad aquel pesado bandoneón provocaba tanta curiosidad que las crónicas y biografías recuerdan multitudes agolpadas alrededor del local y a la policía desviando el tránsito de Corrientes hacia Paraná para despejar la zona. Paquita no era presentada como una rareza pasajera: sabía tocar, componía, dirigía y rápidamente comenzó a ganarse el respeto de sus colegas. Su ascenso fue vertiginoso. En 1923 participó en la Gran Fiesta del Tango del Teatro Coliseo y fue la única mujer entre alrededor de cien músicos. Actuó también en cafés y salones como La Paloma, La Glorieta y La Terraza, llegó a presentarse en Montevideo y, desde diciembre de 1924 hasta comienzos de 1925, integró espectáculos en el Teatro Smart con la compañía de Blanca Podestá. En apenas unos años había pasado de las reuniones barriales de Villa Crespo a compartir espacios con buena parte del universo profesional del tango rioplatense. Y Paquita no solamente interpretaba: componía. Su primera obra conocida, “Floreal”, fue grabada por Juan Carlos Cobián. Roberto Firpo llevó al disco “Cachito”. Y nada menos que Carlos Gardel grabó composiciones vinculadas a su obra, entre ellas “La enmascarada” y “Soñando”. En 1924, “Soñando” participó del concurso del Disco Nacional organizado por Max Glücksmann; documentación del Instituto Nacional de Estudios de Teatro señala que Paquita fue la única mujer entre unos 180 participantes y obtuvo una distinción. Hay, sin embargo, una paradoja dolorosa: no existe una grabación conocida de la propia Orquesta Paquita. Podemos escuchar sus composiciones interpretadas por otros artistas, pero no sabemos exactamente cómo sonaba aquella joven al frente de su conjunto. Su música sobrevivió; su sonido, en cambio, quedó atrapado en las noches porteñas de los años veinte. El tiempo tampoco le concedió una segunda oportunidad. El 14 de abril de 1925, apenas quince días antes de cumplir 25 años, Paquita murió en Buenos Aires como consecuencia de una grave afección respiratoria, identificada en distintas reconstrucciones como neumonía o un resfrío severamente complicado. Tenía 24 años. Para entonces ya había conseguido algo que parecía imposible pocos años antes: convertir a una mujer bandoneonista en protagonista, compositora y directora dentro de un ambiente profundamente masculino. Su historia no terminó aquel día. En 1993 sus familiares donaron al Instituto Nacional de Estudios de Teatro su bandoneón original, fotografías, partituras, discos, documentos y hasta una billetera con su nombre, un pequeño tesoro documental que permite reconstruir la vida de aquella muchacha que pasó por el tango como una llamarada. Paquita nunca llegó a escuchar “La Yumba”. Nunca vio a aquel adolescente de Villa Crespo convertirse en Don Osvaldo Pugliese, uno de los grandes maestros del siglo XX. Tampoco alcanzó a contemplar a las generaciones de mujeres que, décadas después, tomarían un bandoneón sin que semejante gesto provocara un escándalo. Pero estuvo antes. Antes que casi todas. Cuando Corrientes todavía era angosta, cuando el tango terminaba de conquistar Buenos Aires y cuando un muchacho llamado Pugliese recién empezaba a hacerse hombre detrás de un piano, Paquita Bernardo ya estaba abriendo un camino que nunca volvió a cerrarse. Vivió menos de un cuarto de siglo. Le alcanzó para entrar en la historia. #PaquitaBernardo #OsvaldoPugliese #Tango #TangoArgentino #HistoriaArgentina #BuenosAires #VillaCrespo #Bandoneón #CarlosGardel #HistoriaDelTango #CulturaArgentina #MúsicaArgentina #MujeresPioneras #BuenosAiresAntiguo #OrquestaTípica #ArgentineTango #TangoHistory #BuenosAiresHistory #WomenInMusic #Bandoneon #ArgentineMusic #TangoLegend #MusicHistory #CulturalHeritage

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