El 27 de abril de 1821, la Independencia argentina todavía no era una realidad asegurada. Habían transcurrido casi cinco años desde la histórica declaración de Tucumán, pero en las fronteras del norte la libertad debía defenderse cada día con lanzas, caballos, hambre y sangre. Jujuy llevaba más de una década soportando invasiones, combates, saqueos, desplazamientos y pérdidas humanas. La provincia estaba agotada, empobrecida y prácticamente abandonada a sus propias fuerzas. En ese escenario apareció nuevamente el ejército realista de Pedro Antonio de Olañeta. Su vanguardia, conducida por el coronel Juan Guillermo Marquiegui, descendió por la Quebrada de Humahuaca y consiguió ocupar San Salvador de Jujuy el 15 de abril. Sin embargo, la permanente hostilidad de las partidas gauchas, la falta de apoyo de la población y el peligro de quedar cercado obligaron a Marquiegui a abandonar la ciudad y retroceder hasta León, donde aguardó la llegada del grueso de las fuerzas españolas. Mientras Martín Miguel de Güemes se encontraba enfrentado con Bernabé Aráoz en Tucumán, el gobierno de Salta había quedado provisionalmente en manos de José Ignacio Gorriti, abogado, militar y diputado por Salta en el Congreso que firmó el Acta de la Independencia en 1816. Aquel hombre que había contribuido a proclamar una nación libre comprendió que ahora debía defenderla en la tierra donde había nacido. El 24 de abril, Gorriti dejó el mando gubernamental en manos del Cabildo y salió personalmente a campaña. Reunió cuanto pudo: alrededor de 600 milicianos, en su mayoría jujeños provenientes de la ciudad, Palpalá, Los Alisos, Perico y zonas cercanas. No eran tropas numerosas ni contaban con grandes recursos. Eran paisanos, jinetes y gauchos que conocían cada sendero, cada río y cada desfiladero de aquella geografía. Acamparon junto al río Yala y enviaron partidas para observar las posiciones enemigas en León. Durante la madrugada del 27 de abril, cuando todavía dominaba la oscuridad, Gorriti ordenó el ataque. Los realistas, confiados en que las divisiones internas de los patriotas impedirían una reacción organizada, fueron sorprendidos en su campamento. El enfrentamiento fue feroz, pero el cerco de los gauchos resultó decisivo: Marquiegui, su hermano Felipe, otros cuatro jefes, doce oficiales y cerca de 400 soldados quedaron prisioneros. Los vencedores también capturaron armamento, municiones, provisiones, pertrechos y cabalgaduras indispensables para continuar la resistencia. Cuando Olañeta intentó avanzar por Tiraxi para rescatar a sus hombres y recuperar el material perdido, Gorriti lo intimó a retirarse. La derrota de su vanguardia y la captura de los hermanos Marquiegui lo obligaron a retroceder hacia el Alto Perú, aunque dejó unos 300 soldados en Yavi bajo las órdenes de José María “Barbarucho” Valdez. La guerra todavía no había concluido: pocas semanas después, esa fuerza penetraría en Salta y participaría de los acontecimientos en los que Güemes fue herido mortalmente el 7 de junio de 1821. Pero aquel 27 de abril Jujuy había escrito una página inmortal. No llegó un poderoso ejército desde Buenos Aires. No abundaban las armas, los uniformes ni los alimentos. Fue un pueblo exhausto el que reunió sus últimas fuerzas, se organizó y venció a soldados profesionales que parecían superiores. Por esa razón, la Batalla de León quedó para siempre grabada en la memoria colectiva con un nombre que resume toda su grandeza: el Día Grande de Jujuy, una de las jornadas más heroicas de la Guerra Gaucha y de la lucha por la Independencia sudamericana. #DíaGrandeDeJujuy #BatallaDeLeón #JoséIgnacioGorriti #GuerraGaucha #HistoriaArgentina #Jujuy #Gauchos #IndependenciaArgentina #HéroesDeLaPatria #MemoriaHistórica #HistoriaDelNorte #Patria #Libertad #ArgentineHistory #BattleOfLeón #JujuyHistory #ArgentineIndependence #GauchoWar #HeroesOfFreedom #SouthAmericanHistory
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lunes, 3 de agosto de 2026
27 DE ABRIL DE 1821: JUJUY SACÓ UN EJÉRCITO DE DONDE YA NO QUEDABA NADA — LA MADRUGADA EN QUE 600 GAUCHOS DERROTARON A LA VANGUARDIA REALISTA
El 27 de abril de 1821, la Independencia argentina todavía no era una realidad asegurada. Habían transcurrido casi cinco años desde la histórica declaración de Tucumán, pero en las fronteras del norte la libertad debía defenderse cada día con lanzas, caballos, hambre y sangre. Jujuy llevaba más de una década soportando invasiones, combates, saqueos, desplazamientos y pérdidas humanas. La provincia estaba agotada, empobrecida y prácticamente abandonada a sus propias fuerzas. En ese escenario apareció nuevamente el ejército realista de Pedro Antonio de Olañeta. Su vanguardia, conducida por el coronel Juan Guillermo Marquiegui, descendió por la Quebrada de Humahuaca y consiguió ocupar San Salvador de Jujuy el 15 de abril. Sin embargo, la permanente hostilidad de las partidas gauchas, la falta de apoyo de la población y el peligro de quedar cercado obligaron a Marquiegui a abandonar la ciudad y retroceder hasta León, donde aguardó la llegada del grueso de las fuerzas españolas. Mientras Martín Miguel de Güemes se encontraba enfrentado con Bernabé Aráoz en Tucumán, el gobierno de Salta había quedado provisionalmente en manos de José Ignacio Gorriti, abogado, militar y diputado por Salta en el Congreso que firmó el Acta de la Independencia en 1816. Aquel hombre que había contribuido a proclamar una nación libre comprendió que ahora debía defenderla en la tierra donde había nacido. El 24 de abril, Gorriti dejó el mando gubernamental en manos del Cabildo y salió personalmente a campaña. Reunió cuanto pudo: alrededor de 600 milicianos, en su mayoría jujeños provenientes de la ciudad, Palpalá, Los Alisos, Perico y zonas cercanas. No eran tropas numerosas ni contaban con grandes recursos. Eran paisanos, jinetes y gauchos que conocían cada sendero, cada río y cada desfiladero de aquella geografía. Acamparon junto al río Yala y enviaron partidas para observar las posiciones enemigas en León. Durante la madrugada del 27 de abril, cuando todavía dominaba la oscuridad, Gorriti ordenó el ataque. Los realistas, confiados en que las divisiones internas de los patriotas impedirían una reacción organizada, fueron sorprendidos en su campamento. El enfrentamiento fue feroz, pero el cerco de los gauchos resultó decisivo: Marquiegui, su hermano Felipe, otros cuatro jefes, doce oficiales y cerca de 400 soldados quedaron prisioneros. Los vencedores también capturaron armamento, municiones, provisiones, pertrechos y cabalgaduras indispensables para continuar la resistencia. Cuando Olañeta intentó avanzar por Tiraxi para rescatar a sus hombres y recuperar el material perdido, Gorriti lo intimó a retirarse. La derrota de su vanguardia y la captura de los hermanos Marquiegui lo obligaron a retroceder hacia el Alto Perú, aunque dejó unos 300 soldados en Yavi bajo las órdenes de José María “Barbarucho” Valdez. La guerra todavía no había concluido: pocas semanas después, esa fuerza penetraría en Salta y participaría de los acontecimientos en los que Güemes fue herido mortalmente el 7 de junio de 1821. Pero aquel 27 de abril Jujuy había escrito una página inmortal. No llegó un poderoso ejército desde Buenos Aires. No abundaban las armas, los uniformes ni los alimentos. Fue un pueblo exhausto el que reunió sus últimas fuerzas, se organizó y venció a soldados profesionales que parecían superiores. Por esa razón, la Batalla de León quedó para siempre grabada en la memoria colectiva con un nombre que resume toda su grandeza: el Día Grande de Jujuy, una de las jornadas más heroicas de la Guerra Gaucha y de la lucha por la Independencia sudamericana. #DíaGrandeDeJujuy #BatallaDeLeón #JoséIgnacioGorriti #GuerraGaucha #HistoriaArgentina #Jujuy #Gauchos #IndependenciaArgentina #HéroesDeLaPatria #MemoriaHistórica #HistoriaDelNorte #Patria #Libertad #ArgentineHistory #BattleOfLeón #JujuyHistory #ArgentineIndependence #GauchoWar #HeroesOfFreedom #SouthAmericanHistory
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