sábado, 15 de agosto de 2026

MAPA DE 🗺️ GUAYMALLÉN, EL COLOSO DEL ESTE MENDOCINO: 322 MIL ALMAS ENTRE ACEQUIAS, ESPUMANTES Y CAMINOS DE HISTORIA



Al este de la Ciudad de Mendoza se extiende Guaymallén, un territorio en el que conviven la memoria huarpe, las antiguas acequias, los barrios del Gran Mendoza, los cultivos del oasis, la industria, el comercio y algunas de las principales puertas de entrada a la provincia. Su nombre provendría de “Guay-mayén”, expresión relacionada con una tierra de ciénagas, vegas o bañados, y recuerda al cacique Goaymaye, autoridad huarpe de la región durante los primeros tiempos de la colonización española. El departamento fue creado oficialmente el 14 de mayo de 1858, durante el gobierno de Juan Cornelio Moyano; San José fue su primera cabecera y, desde 1895, Villa Nueva se convirtió en sede del Poder Ejecutivo municipal. Hoy está compuesto por 21 distritos: Belgrano, Buena Nueva, Capilla del Rosario, Colonia Molina, Colonia Segovia, Dorrego, El Bermejo, El Sauce, Jesús Nazareno, Kilómetro 8, Kilómetro 11, Las Cañas, Los Corralitos, La Primavera, Nueva Ciudad, Pedro Molina, Puente de Hierro, Rodeo de la Cruz, San Francisco del Monte, San José y Villa Nueva. En materia de superficie existe una diferencia que conviene explicar correctamente: la Municipalidad y la Dirección General de Escuelas informan 164 km², equivalentes a 164.000.000 de m² o 16.400 hectáreas, mientras que la base cartográfica utilizada por el INDEC para el Censo 2022 registra 162,2 km², es decir, 162.200.000 m² o 16.220 hectáreas. Ambas cifras proceden de organismos oficiales, pero emplean bases cartográficas diferentes; por eso, para acompañar este mapa puede conservarse la superficie de 164 km² aclarando la fuente. Según los resultados definitivos del Censo Nacional 2022, Guaymallén posee 321.966 habitantes y una densidad oficial de 1.985 habitantes por km²: reúne aproximadamente el 15,8 % de la población mendocina, casi uno de cada seis habitantes de la provincia, y es el departamento más poblado de Mendoza. En 2010 tenía 283.803 habitantes, de modo que en doce años incorporó 38.163 personas, un crecimiento del 13,5 %. La población está integrada por 166.853 mujeres y 155.113 varones, con una edad mediana de 32 años. Se censaron 107.382 viviendas, de las cuales 107.311 eran particulares; 320.871 personas vivían en hogares particulares. Entre ellas, 269.901 habían nacido en Mendoza, 37.107 en otra provincia argentina y 13.863 en otro país. Además, 7.371 habitantes se reconocieron indígenas o descendientes de pueblos originarios. Entre la población de 14 años y más se registraron 164.172 personas económicamente activas, 148.688 ocupadas y 15.484 desocupadas, mientras que 89.134 eran inactivas; esto representa una tasa censal de actividad cercana al 64,8 % y una desocupación del 9,4 % dentro de la población activa. Como indicador educativo complementario, la Encuesta de Condiciones de Vida 2022 de Mendoza estimó para Guaymallén una alfabetización del 98,8 % entre las personas de 10 años y más. Resultados definitivos del Censo 2022 Cuadro departamental del INDEC El territorio es predominantemente llano, con una suave pendiente de sudoeste a noreste, clima árido, precipitaciones cercanas a los 200 milímetros anuales y una temperatura media aproximada de 16 °C. El histórico sistema de acequias, canales y cauces vinculados al Canal Cacique Guaymallén hizo posible transformar el desierto en un oasis productivo. El oeste presenta una urbanización intensa, integrada al Gran Mendoza, mientras que hacia el este sobreviven paisajes rurales, fincas, viveros, bodegas, olivares y zonas hortícolas. Guaymallén es un poderoso centro comercial, industrial, agroalimentario, logístico y de servicios. Su historia municipal sitúa en 1902, en el actual distrito de El Bermejo y dentro del establecimiento que luego sería conocido como Bodega Santa Ana, una de las experiencias pioneras en la elaboración de vino espumante argentino. Desde 2014 es reconocida como Capital del Vino Espumante y concentra más de quince establecimientos vinculados a esta actividad, con una producción informada cercana a diez millones de botellas anuales. También reúne alrededor del 30 % de la producción florícola de Mendoza, unas 800 hectáreas de olivos y una importante actividad hortícola en la que sobresalen el camote, las hortalizas de hoja, los cultivos hidropónicos y la producción del cinturón verde mendocino. Historia y perfil productivo municipal Para conocer Guaymallén hay que recorrer mucho más que sus avenidas: el Espacio Cultural Julio Le Parc constituye uno de los mayores centros culturales de la región; la centenaria Bodega Los Toneles sorprende por su arquitectura de inspiración italiana; la Casa Museo Molina Pico conserva una valiosa construcción asociada a la historia política mendocina y a la época del terremoto de 1861; el restaurado Monumento al Cóndor, levantado en 1958 en el encuentro de los accesos Este y Sur, recibe simbólicamente a quienes llegan a Mendoza; el Predio de la Virgen, la Parroquia de San José, la Capilla del Rosario, la Capilla de Jesús Nazareno, el Predio Hilario Cuadros, el Monumento al Gaucho, Huellas de América, el Museo Atelier de Rosas y el Paseo de las Burbujas forman parte de su patrimonio religioso, artístico y popular. A esto se suman bodegas, restaurantes, ferias, fincas y caminos rurales en Los Corralitos, La Primavera, Colonia Segovia, Colonia Molina, El Sauce y Puente de Hierro. Entre sus celebraciones se destacan la Vendimia departamental, el Festival Provincial del Camote, el Encuentro de Colectividades y las propuestas de Burbujas y Sabores; para museos, bodegas y festivales conviene verificar previamente horarios, agenda y necesidad de reserva. Circuitos culturales y turísticos de Guaymallén Guaymallén también es una verdadera encrucijada caminera: la Ruta Nacional 7 o Acceso Este conecta con San Martín, San Luis y Buenos Aires y, hacia el oeste, conduce a Potrerillos, Uspallata y al paso internacional Cristo Redentor; la Ruta Nacional 40 o Acceso Sur comunica con el Valle de Uco, San Rafael y la Patagonia, mientras que hacia el norte enlaza con el aeropuerto y San Juan. Las rutas provinciales 20, 22, 24, 25 y 50 completan la comunicación entre sus distritos. En San José funciona la Terminal del Sol, principal terminal de ómnibus de Mendoza. Tomando como referencia el área central de Villa Nueva y San José, las distancias aproximadas por carretera son: Ciudad de Mendoza, 6 a 8 km; Godoy Cruz, 8 a 10 km; Aeropuerto Internacional El Plumerillo, 10 a 12 km; San Martín, 40 km por RN 7; Potrerillos, 65 km por RN 7; San Juan, cerca de 170 km por RN 40; San Rafael, aproximadamente 245 km por RN 40 y RN 143; San Luis, unos 255 km por RN 7; Santiago de Chile, alrededor de 360 km por RN 7, Cristo Redentor y Ruta 60 chilena; Córdoba, cerca de 660 km por RN 7, RN 8 y RN 36; Rosario, alrededor de 860 km, y Buenos Aires, entre 1.040 y 1.050 km por RN 7. Las distancias pueden variar según el punto exacto de partida y, para viajar a Chile, siempre se debe consultar el estado oficial del paso internacional, especialmente durante el invierno. Guaymallén es mucho más que el departamento más poblado de Mendoza: es la puerta oriental de la capital provincial, memoria viva del pueblo huarpe, motor productivo del oasis, capital de las burbujas argentinas y escenario cotidiano de una Mendoza que crece sin olvidar sus raíces. En este mapa no aparecen solamente límites y caminos: aparecen 21 identidades unidas por una misma historia. ¡Guaymallén, tierra de trabajo, cultura y futuro, donde Mendoza recibe al viajero con los brazos abiertos! #Guaymallén #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #TurismoMendoza #CapitalDelEspumante #Cuyo #Argentina #PatrimonioMendocino #MapaDeMendoza #PueblosOriginarios #Guaymallen #VisitMendoza #MendozaHistory #ArgentinaTravel #WineTourism #CulturalHeritage #ExploreArgentina

15 DE AGOSTO DE 1934: EL DÍA EN QUE MENDOZA HIZO DEL ÁRBOL UNA BANDERA — LA HISTORIA VERDE QUE CONVIRTIÓ AL DESIERTO EN OASIS


Cada 15 de agosto Mendoza celebra una fecha profundamente ligada con su identidad: el Día Provincial del Árbol. La historia tomó forma institucional en 1934, durante la gobernación de Ricardo Videla, cuando el Decreto Nº 432 estableció esa jornada para celebrar la Fiesta del Árbol y estimular la forestación en una provincia donde cultivar sombra y vida en medio de la aridez siempre fue mucho más que una cuestión ornamental. Pero la relación de Mendoza con sus árboles había comenzado mucho antes. La Alameda constituyó una de las primeras grandes experiencias de forestación urbana sistemática y, durante el gobierno de José de San Martín, fue ampliada hasta alcanzar aproximadamente siete cuadras, consolidándose como uno de los grandes paseos públicos mendocinos. El impulso forestal continuó durante el siglo XIX: el 5 de enero de 1897 se sancionó la histórica Ley Nº 39 de plantación y fomento de bosques, una legislación temprana para su época. Diez años después, en 1907, Mendoza instituyó una Fiesta Anual del Árbol que inicialmente se realizaba el 11 de septiembre, fecha vinculada a Domingo Faustino Sarmiento. Finalmente, en 1934, Ricardo Videla trasladó oficialmente aquella celebración al 15 de agosto. Cinco años después llegó la consolidación legislativa: la Ley Nº 1360 fue sancionada el 9 de octubre de 1939, durante el gobierno de Rodolfo Corominas Segura, y publicada el 26 de octubre. Su artículo 19 ratificó el 15 de agosto como Día Provincial del Árbol. La norma se encuentra actualmente derogada, pero constituye una pieza fundamental en la historia jurídica del arbolado mendocino. Aquella preocupación por plantar árboles terminó moldeando algo mucho mayor: la propia imagen de Mendoza. Acequias, álamos, plátanos, fresnos y otras especies transformaron calles expuestas al sol en corredores verdes y ayudaron a construir esa extraordinaria contradicción geográfica que distingue a la provincia: una ciudad-oasis levantada en territorio naturalmente árido. La tradición continúa viva. Según datos difundidos por CONICET correspondientes al Censo Provincial de Arbolado 2022, solamente el área metropolitana cuenta con más de 615.000 árboles plantados en alineación de calles, una gigantesca infraestructura verde que aporta sombra, reduce temperaturas, amortigua ruidos, captura dióxido de carbono y mejora la habitabilidad urbana. Por eso el 15 de agosto no recuerda simplemente una disposición administrativa de 1934: recuerda generaciones enteras que entendieron que en Mendoza cada árbol debía ser plantado, regado y protegido para sobrevivir. Allí donde naturalmente dominaban el sol, la piedra y la aridez, los mendocinos construyeron acequias y levantaron bosques urbanos. Y quizá por eso pocas provincias argentinas pueden decir que sus árboles forman parte tan profundamente de su historia, su paisaje y su identidad. #Mendoza #MendozAntigua #DiaProvincialDelArbol #DiaDelArbol #HistoriaDeMendoza #ArboladoPublico #CulturaDelArbol #CiudadOasis #Alameda #GeneralSanMartin #PatrimonioMendocino #HistoriaArgentina #MendozaHistoria #ArbolesDeMendoza #TreeDay #MendozaArgentina #UrbanForest #UrbanTrees #GreenHeritage #EnvironmentalHistory #OasisCity #ArgentineHistory


15 DE AGOSTO DE 1961: LA NASA PATENTÓ UNA ESFERA QUE VIAJABA PLEGADA Y PODÍA CONVERTIRSE EN UNA GIGANTESCA ESTRUCTURA EN EL ESPACIO


En plena carrera espacial, cuando colocar cualquier objeto en órbita todavía representaba una hazaña extraordinaria, el ingeniero William John O’Sullivan Jr. recibió el 15 de agosto de 1961 la patente estadounidense N.º 2.996.212 por una idea tan sencilla de explicar como audaz para su época: un “vehículo espacial autoportante” extremadamente liviano, capaz de ser doblado y almacenado dentro de un pequeño volumen durante el lanzamiento para después inflarse y desplegarse una vez llegado al espacio. La solicitud había sido presentada el 20 de agosto de 1959 y describía una envoltura construida con finísimas capas de película de poliéster y material metálico, pensada para adquirir una forma estable después de ser presurizada y conservarla incluso aunque posteriormente disminuyera la presión interna. Entre las funciones previstas figuraba algo que parecía salido de la ciencia ficción: reflejar señales electromagnéticas desde el espacio. Aquella patente surgió en medio de una auténtica revolución de los “satélites globo” de la NASA. Apenas tres días antes de cumplirse un año de su concesión, el 12 de agosto de 1960, Estados Unidos había puesto en órbita Echo I, una gigantesca esfera inflable de Mylar aluminizado de unos 30 metros de diámetro. No llevaba un repetidor electrónico convencional: funcionaba como un enorme espejo de radio en el cielo, reflejando señales enviadas desde la Tierra. Durante sus primeros experimentos permitió transmitir voz, teletipos, fotografías, comunicaciones telefónicas y señales a grandes distancias, demostrando que un objeto increíblemente liviano podía desempeñar un papel decisivo en la naciente era de las telecomunicaciones espaciales. La misma filosofía de construir enormes estructuras con una cantidad mínima de material también estuvo presente en Explorer IX, lanzado el 16 de febrero de 1961: una esfera inflable de unos 3,7 metros utilizada para estudiar la densidad de las capas superiores de la atmósfera a partir de los cambios producidos por el rozamiento en su órbita. Los datos obtenidos permitieron comprobar variaciones de la densidad atmosférica asociadas con la actividad solar, el paso del día a la noche y otros fenómenos del entorno espacial. El invento de O’Sullivan representaba además una solución para uno de los grandes problemas de la ingeniería espacial: ¿cómo llevar al espacio una estructura enorme cuando el espacio disponible dentro de un cohete es diminuto? La respuesta era enviarla plegada. Una vez fuera de la atmósfera podía desplegarse hasta adquirir dimensiones muchas veces superiores a las del compartimiento que la había transportado. Esa idea, aparentemente elemental, anticipaba un principio que décadas después continuaría apareciendo en antenas desplegables, reflectores, hábitats experimentales y otras estructuras espaciales. En 1961 el futuro podía viajar comprimido dentro de un cohete… y abrirse, como una gigantesca esfera metálica, cientos de kilómetros sobre nuestras cabezas.  #NASA #HistoriaDeLaNASA #HistoriaEspacial #CarreraEspacial #WilliamOSullivan #Patente #Inventos #Tecnología #Ciencia #ExploraciónEspacial #Echo1 #ExplorerIX #Satélites #SatéliteInflable #IngenieríaEspacial #SpaceHistory #NASAHistory #SpaceRace #SpaceTechnology #SpaceEngineering #Satellite #InflatableSatellite #ProjectEcho #Echo1 #Explorer9 #Innovation #Inventions #AerospaceHistory #SpaceExploration #VintageNASA

15 DE AGOSTO DE 1939: DE LA GUERRA AL FÚTBOL — ESTIGARRIBIA ASUMIÓ Y SAJONIA VOLVIÓ A LATIR ANTE ARGENTINA —


Pocas jornadas pueden reunir en apenas unas horas tanta historia política, militar y deportiva. El 15 de agosto de 1939, José Félix Estigarribia, el general que había comandado al Ejército paraguayo durante la Guerra del Chaco, asumió la Presidencia de Paraguay sucediendo a Félix Paiva. Estigarribia llegaba al poder convertido en una de las figuras centrales del Paraguay de posguerra: además de su actuación militar, había encabezado la delegación paraguaya en la Conferencia de Paz de Buenos Aires y participado en la firma del tratado definitivo de paz y límites con Bolivia en 1938. Pero aquel mismo 15 de agosto ocurrió otra escena cargada de simbolismo. En el barrio Sajonia de Asunción volvía a abrir sus puertas uno de los grandes escenarios del fútbol paraguayo, el entonces Estadio de Puerto Sajonia, actual Defensores del Chaco. Durante la guerra de 1932-1935 el lugar había dejado de escuchar goles y tribunas para convertirse en acantonamiento del Ejército paraguayo, punto de concentración y movilización de tropas y, según las recopilaciones históricas paraguayas, también espacio relacionado con la reclusión de prisioneros de guerra. Terminada la contienda, el estadio quedó seriamente deteriorado y fueron necesarios aproximadamente cuatro años para recuperarlo. La reapertura tuvo un protagonista que parecía unir las dos historias: el propio Estigarribia, flamante presidente y antiguo comandante del Ejército, realizó el puntapié inicial. El rival elegido fue Argentina y el encuentro correspondió a la tradicional Copa Rosa Chevallier Boutell, certamen que enfrentó durante décadas a las selecciones de ambos países. Según las fuentes históricas paraguayas y una investigación publicada por el Club Atlético Huracán, Paraguay y Argentina empataron 2 a 2 aquel 15 de agosto; los goles argentinos fueron convertidos por Jaime Sarlanga y Luis Arrieta. Argentina había ganado el encuentro anterior por 1 a 0 y terminaría adjudicándose aquella edición del trofeo. La imagen resulta extraordinaria: un estadio que pocos años antes había servido a una nación en guerra recuperaba su función original, miles de personas volvían a mirar una pelota en lugar de soldados y el hombre que había conducido al Ejército paraguayo daba el puntapié inicial horas después de colocarse la banda presidencial. Décadas más tarde, aquel escenario recibiría el nombre de Defensores del Chaco, perpetuando en su propia identidad el recuerdo de aquella generación. De cuartel y prisión de guerra a templo del fútbol sudamericano: aquel agosto de 1939, Sajonia no simplemente volvió a abrir sus puertas. Volvió a la vida. #Paraguay #Argentina #JoséFélixEstigarribia #DefensoresDelChaco #EstadioSajonia #PuertoSajonia #GuerraDelChaco #HistoriaDelParaguay #HistoriaArgentina #FútbolSudamericano #SeleccionArgentina #Albirroja #CopaChevallierBoutell #HistoriaDelFútbol #Asunción #MemoriaHistórica #MendozAntigua #ParaguayHistory #ArgentinaHistory #FootballHistory #SouthAmericanFootball #DefensoresDelChaco #ChacoWar #HistoricFootball


15 DE AGOSTO DE 1935: NACIÓ “EL SAPO” ÁVILA — LA GUITARRA PUNTANA QUE HIZO DE CUYO UNA PATRIA DE CANCIONES


El 15 de agosto de 1935 nacía en Justo Daract, San Luis, Raúl Tránsito Ávila, el inolvidable “Sapo” Ávila, cantor y guitarrista destinado a convertirse en uno de los grandes custodios de la música cuyana. Hijo de Lino Ávila y Soteria Soria, encontró desde muy joven en las cuerdas de la guitarra una forma de contar su tierra. Antes del servicio militar ya integraba “Las Tres Guitarras”, junto a Félix Máximo María y Antonio Mercau, y durante su conscripción en San Luis aquellas noches de cuartel también podían transformarse en guitarreadas junto a Marcelo Valdez, Rudy Arrieta y el cabo Sebastián Llovera, bandoneón mediante. Al terminar el servicio militar ingresó al ferrocarril y fue trasladado a Laboulaye, Córdoba, donde siguió cantando en agrupaciones como Los Reseros Cordobeses y Los Cantores de Laboulaye. En 1964 regresó a Villa Mercedes y al año siguiente comenzaría la aventura que marcaría definitivamente su nombre: “El Trébol Mercedino”. El conjunto nació el 25 de agosto de 1965, cuando varios músicos reunidos en la casa de doña Cora Barboza debían presentarse esa mañana en LV15 y todavía no tenían nombre; las propuestas fueron colocadas en papeles dentro de un sombrero y el azar terminó bautizando a una de las agrupaciones más emblemáticas del folclore puntano. Sus fundadores fueron Raúl Ávila, José “Pepe” Requelme y Hugo Pereyra. Con los años, “El Sapo” se transformó en una figura inseparable de Villa Mercedes, de la Calle Angosta y de aquella cultura de serenatas, tonadas, cuecas y reuniones donde la guitarra era mucho más que un instrumento: era memoria compartida. Integró además “El Grupo Puntano” junto a Jorge Horacio Torres y Santiago “Cuso” Guevara, formación con la que llegó a viajar a Estados Unidos en 1980. También dejó canciones que llevan impregnado el paisaje y los afectos de San Luis, entre ellas “Pá Don Félix”, “Pá Don Reynaldo”, “Pá Doña Cora”, “El Villeguense”, “Vals Pá Don Reynaldo” y “Como El Hornero”. Su figura trascendió además las fronteras provinciales: El Trébol Mercedino recorrió escenarios argentinos y llevó el canto cuyano fuera del país, mientras la música de esta formación mantuvo una estrecha circulación por provincias hermanas como Mendoza, San Juan y Córdoba. En 2014 su trayectoria llegó al Senado de la Nación mediante el expediente S-3848/14, dedicado a reconocer a Raúl “El Sapo” Ávila por su trayectoria artística y su aporte a la música nacional e internacional. En 2022 la Cámara de Diputados de San Luis volvió a homenajearlo por su trayectoria y contribución al folclore provincial. Entonces, ya convertido en una verdadera leyenda puntana, dejó una frase sencilla que resumía su manera de entender el oficio: había que ser una buena persona tanto arriba como abajo del escenario. Raúl Tránsito Ávila murió en Villa Mercedes el 24 de junio de 2023, a los 87 años. Su despedida tuvo un simbolismo extraordinario: sus restos fueron velados en el histórico Boliche Don Miranda, en la Calle Angosta, uno de esos lugares donde durante décadas habían resonado guitarras, cogollos y tonadas. Aquel día calló una guitarra, pero no su música. Porque mientras en Cuyo alguien temple seis cuerdas para una tonada, una cueca o una serenata, una parte del “Sapo” Ávila seguirá regresando a Villa Mercedes. #RaúlÁvila #ElSapoÁvila #FolcloreCuyano #MúsicaCuyana #SanLuis #VillaMercedes #JustoDaract #CalleAngosta #ElTrébolMercedino #FolcloreArgentino #HistoriaArgentina #CulturaPuntana #GuitarraCuyana #Tonada #CuecaCuyana #MendozAntigua #ArgentineFolklore #CuyoMusic #FolkMusic #ArgentineMusic #CulturalHeritage #GuitarMusic #SanLuisArgentina #VillaMercedes


15 DE AGOSTO DE 1939: LA MINOX RECIBÍA SU PATENTE — LA CÁMARA QUE CABÍA EN UN BOLSILLO Y TERMINÓ CONVIRTIÉNDOSE EN LEYENDA DEL ESPIONAJE


El 15 de agosto de 1939, cuando Europa se encontraba a apenas semanas del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos concedía la patente N.º 2.169.548 a una extraordinaria cámara fotográfica creada por Walter Zapp: la Minox, una maravilla de miniaturización destinada a cambiar para siempre la historia de la fotografía portátil. La patente, registrada bajo el título “Roll Film Camera”, describía precisamente uno de los grandes objetivos de Zapp: construir una cámara tan pequeña que pudiera llevarse en el bolsillo del chaleco y que, al mismo tiempo, permitiera realizar fotografías sucesivas con rapidez. Zapp, nacido en Riga, había trabajado durante años en la idea de una cámara verdaderamente diminuta. En 1936 consiguió desarrollar el prototipo de la Ur-Minox y poco después su creación fue perfeccionada para ser fabricada por la poderosa planta electrotécnica estatal VEF de Riga, en Letonia. La versión comercial conocida como Riga Minox llegó al mercado en 1938 y utilizaba negativos de apenas 8 × 11 milímetros. Su tamaño resultaba asombroso incluso para los estándares modernos: el ejemplar conservado por el Museum of Modern Art de Nueva York mide cerrado aproximadamente 8 centímetros de largo, 2,7 de ancho y solamente 1,6 de espesor. Pero la historia le reservaría un destino que superaba ampliamente la intención inicial de su inventor. Su pequeñez, precisión y facilidad para fotografiar discretamente documentos hicieron que la Minox despertara el interés de servicios de inteligencia y terminara adquiriendo fama mundial como la “cámara de los espías”, una reputación que acompañaría a distintos modelos durante décadas. Fuentes culturales de Letonia destacan incluso que se convirtió en una pieza especialmente apreciada por organismos de inteligencia de diversos países, aunque Zapp originalmente soñaba con crear una cámara pequeña y sencilla que pudiera acompañar a cualquier persona. Aquella patente del 15 de agosto de 1939 no marcaba el nacimiento de la Minox —que ya se comercializaba—, pero sí representaba un paso fundamental en la protección internacional de una de las obras maestras de la ingeniería fotográfica del siglo XX. Una máquina diminuta que podía desaparecer dentro de una mano y que, con el tiempo, pasaría de los escaparates de fotografía a convertirse en símbolo de secretos, documentos clandestinos, agentes de inteligencia y espionaje durante algunos de los capítulos más tensos de la historia contemporánea. #Minox #WalterZapp #HistoriaDeLaFotografía #Historia #Fotografía #Inventos #Patentes #Tecnología #CámaraFotográfica #CámaraDeEspías #Espionaje #SegundaGuerraMundial #Riga #Letonia #VEF #VintageCamera #PhotographyHistory #WalterZapp #MinoxCamera #SpyCamera #HistoryOfPhotography #Inventions #PatentHistory #VintagePhotography #EspionageHistory #CameraHistory #Latvia #Riga

15 DE AGOSTO DE 1537: NACIÓ ASUNCIÓN — LA “MADRE DE CIUDADES” QUE LE DIO A BUENOS AIRES SU SEGUNDA VIDA


El 15 de agosto de 1537, en las orillas del río Paraguay, el capitán Juan de Salazar y Espinosa estableció el fuerte de Nuestra Señora de la Asunción, sin imaginar que aquel pequeño puesto colonial terminaría convirtiéndose en una de las ciudades fundamentales para la expansión europea en el corazón de Sudamérica. Técnicamente, aquel 15 de agosto todavía no nació una ciudad en el sentido institucional: durante cuatro años permaneció como fuerte. El paso decisivo ocurrió el 16 de septiembre de 1541, cuando se creó el Cabildo de Asunción bajo el gobierno de Domingo Martínez de Irala; ese acontecimiento convirtió al antiguo fuerte en ciudad y produjo su primera documentación oficial. Asunción acabaría ganándose un título extraordinario: “Madre de Ciudades”. Y el vínculo con la actual Argentina ayuda a comprender por qué. Juan de Garay, que había vivido y desarrollado buena parte de su carrera en Asunción y que también fundó Santa Fe, emprendió desde este gran núcleo rioplatense una de las operaciones colonizadoras más trascendentes de la región. El 11 de junio de 1580 concretó la segunda fundación de Buenos Aires llevando, según la propia Municipalidad de Asunción, 80 vecinos procedentes de aquella ciudad paraguaya. De ellos, nada menos que 64 eran jóvenes mestizos. Es decir: el 80 % de aquel contingente, cuatro de cada cinco pobladores, tenía ascendencia europea e indígena americana. La expedición trasladó además ganado vacuno y caballar, indispensable para sostener el nuevo asentamiento. Es un dato enorme para comprender nuestra historia compartida: la Buenos Aires que sobrevivió y finalmente se consolidó después de 1580 estuvo profundamente vinculada humana, económica y culturalmente con Asunción y Paraguay. No se trató solamente de españoles trasladándose hacia el sur; entre quienes participaron había una poderosa generación mestiza nacida en América, expresión de una sociedad nueva que ya estaba formándose en el territorio rioplatense. Y todavía existe un puente material hacia aquella época: el Archivo Nacional de Asunción conserva documentos excepcionales del siglo XVI, entre ellos los testamentos de Domingo Martínez de Irala y Juan de Salazar y Espinosa, además de la Capitulación de Pedro de Mendoza de 1534, considerada por la institución el documento más antiguo de su acervo. Este 15 de agosto de 2026 Asunción cumple 489 años, aniversario que la propia Municipalidad celebra reivindicando nuevamente su histórico título de “Madre de Ciudades”. Desde aquel fuerte levantado en 1537 hasta la expedición que cuatro décadas después descendió hacia el Río de la Plata, la historia demuestra que las actuales fronteras nacionales todavía no existían: Paraguay y Argentina estaban entrelazados por caminos, ríos, familias, ganado, expediciones y pobladores. Por eso puede decirse que, cuando Buenos Aires volvió a nacer en 1580, una parte fundamental de aquella segunda vida llegó navegando desde Asunción. #Asunción #Asuncion489 #Paraguay #MadreDeCiudades #JuanDeSalazar #JuanDeGaray #BuenosAires #HistoriaArgentina #HistoriaParaguaya #HistoriaDelParaguay #RíoDeLaPlata #HistoriaRioplatense #Mestizaje #AméricaColonial #Efemérides #15DeAgosto #MendozAntigua #Asuncion #ParaguayHistory #MotherOfCities #BuenosAiresHistory #JuanDeGaray #RiverPlate #ColonialHistory #SouthAmericanHistory #LatinAmericanHistory #HistoryMatters

15 DE AGOSTO DE 1946: NACIÓ BEATRIZ ORDÓÑEZ — LA MENDOCINA QUE HIZO DEL BARRO UNA VOZ DE LOS ANDES Y LA LLEVÓ AL MUNDO


El 15 de agosto de 1946 nacía en Mendoza Beatriz Asunción Ordóñez, escultora, ceramista, docente e investigadora que convertiría la arcilla en una poderosa herramienta para explorar la identidad americana, la memoria y las raíces culturales de los Andes. Su formación comenzó en la Escuela Provincial de Bellas Artes y continuó en la Escuela de Cerámica de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo, institución a la que también quedaría vinculada como docente investigadora. Para Ordóñez, la cerámica nunca fue solamente una técnica: el conocimiento del arte precolombino, sus procedimientos y su universo simbólico atravesó esculturas, objetos, fotografías y videoinstalaciones, construyendo una obra profundamente relacionada con el territorio y la cultura americanista. Fue impulsora de experiencias colectivas como “7+1, sumando a los demás”, el grupo interdisciplinario “Puxgualta” y “Mujeres Andinas”, proyectos que buscaron romper fronteras entre disciplinas, provincias y países. Con Puxgualta desarrolló encuentros con artistas de Valparaíso, mientras que Mujeres Andinas profundizó durante años la investigación artística sobre la cosmovisión de los pueblos originarios, la naturaleza y la Madre Tierra. Su trayectoria alcanzó escenarios internacionales: fue seleccionada para la 2nd World Ceramic Biennale de Corea en 2003; en 2006 presentó “Vairoleto, más allá de la leyenda” en el Centro Cultural Borges y también en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires; y en 2007 participó de la Bienal del Fin del Mundo, realizada en Ushuaia. Su obra también llegó a Francia, Cuba y Chile. En 2012 obtuvo un Posgrado de Cerámica Internacional en la propia UNCUYO. Pero su legado no quedó encerrado en galerías: realizó un mural en Plaza Francia, participó en tareas de restauración de obras escultóricas y del Patio Español del Círculo Médico de Mendoza, y creó guardas cerámicas de mayólicas y un escudo en homenaje a las Mercedarias para la Iglesia de La Merced. Incluso integró trabajos vinculados con la Comisión de Educación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, mostrando hasta qué punto entendía al arte como una práctica inseparable de la sociedad. Décadas después, la propia Universidad Nacional de Cuyo incluyó a Ordóñez entre los 22 artistas estudiados en la investigación “La cerámica artística en Mendoza a partir de 1976 al 2001”, una reconstrucción académica destinada a preservar la memoria de quienes hicieron de la cerámica una expresión fundamental del arte provincial. Su búsqueda siguió proyectándose mediante Mujeres Andinas: en 2018, por ejemplo, la exposición itinerante “Puentes” llegó a Mar del Plata después de presentaciones en Salta, Buenos Aires y Mendoza, tendiendo simbólicamente un diálogo entre el siglo XXI y la cosmovisión americanista prehispánica. Así, aquella mendocina nacida un 15 de agosto terminó construyendo un recorrido que unió barro, fuego, historia, territorio y pensamiento. Beatriz Ordóñez pertenece a una generación de artistas que demostraron que la cerámica podía abandonar definitivamente la categoría de simple objeto decorativo para transformarse en escultura, investigación, memoria y discurso. Desde Mendoza hacia Corea, Francia, Cuba, Chile y distintas ciudades argentinas, su obra llevó consigo algo profundamente cuyano y americano: la capacidad de convertir la tierra en una forma de contar quiénes somos. Fuentes: PULSAR–Nave UNCUYO, Universidad Nacional de Cuyo y archivo periodístico de La Capital de Mar del Plata #BeatrizOrdóñez #ArteMendocino #CerámicaArgentina #CerámicaArtística #Mendoza #HistoriaDeMendoza #EfeméridesMendocinas #ArteArgentino #UNCuyo #FacultadDeArtesYDiseño #MujeresAndinas #ArteAndino #CulturaAndina #ArtePrecolombino #Escultura #Cerámica #PatrimonioCultural #ArtistasMendocinos #MendozAntigua #ArgentineArt #CeramicArt #ArgentineCeramics #MendozaArt #LatinAmericanArt #AndeanArt #AndeanCulture #PreColumbianArt #ContemporaryCeramics #WomenInArt #CulturalHeritage


15 DE AGOSTO DE 1956: DE MURIALDO AL MUNDO — EL DÍA EN QUE LAS VOCES DE MENDOZA COMENZARON A CONQUISTAR EL PLANETA


El 15 de agosto de 1956, el desaparecido Teatro Suipacha de Mendoza fue escenario de una jornada que terminaría ocupando un lugar extraordinario en la historia musical de la provincia: bajo la dirección del maestro Víctor Volpe se produjo la primera actuación artística del Coro de Niños Cantores de Murialdo. El proyecto tenía raíces anteriores: Alfredo Dono, otra figura fundamental de la música coral mendocina, aparece documentado como cofundador junto a Volpe del coro de Murialdo en 1954. Aquella experiencia comenzó a trascender rápidamente los límites del colegio: Volpe abrió la convocatoria a niños de otras instituciones y departamentos, y el conjunto inició un recorrido que lo llevaría a escenarios nacionales e internacionales. Después de Mendoza llegaron actuaciones en Buenos Aires y distintos puntos del país; las fuentes históricas registran presentaciones en el Teatro Colón y en el entonces Teatro Rivera Indarte de Córdoba. Con el paso del tiempo, el nombre Niños Cantores de Murialdo fue dando lugar al de Niños Cantores de Mendoza. La gran consagración internacional llegó con la gira europea de 1967-1968: la propia DGE recuerda presentaciones por España, Italia, Francia, Alemania, Austria, Bélgica y Holanda, y señala que, después de aquel éxito, se avanzó en su formalización como institución representativa de la provincia. Volverían a Europa en la década siguiente. Hubo episodios que parecen sacados de una película: el coro llegó al Vaticano y, según la reseña histórica de la DGE, el papa Pablo VI escuchó un tango interpretado por los pequeños mendocinos en la Capilla Sixtina; incluso la prensa europea llegó a comparar la calidad del conjunto con la de los célebres Niños Cantores de Viena. Pero la aventura más extraordinaria todavía estaba por llegar. En 1971, 32 chicos emprendieron junto a Víctor Volpe y otros adultos una travesía rumbo a Japón. Partieron de Mendoza en un antiguo ómnibus, cruzaron Chile, Perú, Ecuador, Colombia y Panamá, continuaron por América Central, México y Estados Unidos y finalmente alcanzaron Tokio. La gira se extendió durante 103 días y acumuló 128 conciertos; muchas actuaciones servían además para reunir el dinero necesario para continuar viajando. “Mi Buenos Aires querido” fue la canción que más veces interpretaron durante aquella odisea. Décadas después, en 2014, la Legislatura mendocina avanzó en la consolidación legal del Coro Niños Cantores de Mendoza como organismo cultural oficial, poniendo respaldo institucional a una historia que ya llevaba generaciones formando voces y representando a la provincia. Aquel 15 de agosto de 1956 posiblemente pocos imaginaron hasta dónde llegarían esas voces infantiles nacidas al pie de los Andes. De un escenario mendocino al Teatro Colón, de Europa al Vaticano, de las rutas americanas a Tokio: la pequeña agrupación dirigida por Víctor Volpe terminó convirtiéndose en uno de los capítulos más singulares y entrañables de la cultura de Mendoza. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #EfemeridesMendocinas #NiñosCantoresDeMendoza #NiñosCantoresDeMurialdo #VictorVolpe #AlfredoDono #Murialdo #TeatroSuipacha #MusicaCoral #CulturaMendocina #HistoriaArgentina #MendozaHistory #ArgentineHistory #ChildrensChoir #Choir #ChoralMusic #MusicHistory #Argentina


15 DE AGOSTO DE 1922: ORZALI BENDIJO EL CORAZÓN CLARETIANO DE MENDOZA — UN TEMPLO QUE YA ATRAVIESA MÁS DE UN SIGLO


El 15 de agosto de 1922 quedó marcado en la historia religiosa de Mendoza por una ceremonia que, más de un siglo después, todavía encuentra continuidad en la vida espiritual de la ciudad: monseñor José Américo Orzali bendijo la iglesia de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, congregación universalmente conocida como los Misioneros Claretianos. La fecha aparece registrada en las Efemérides Mendocinas y constituye un testimonio de aquella Mendoza de comienzos del siglo XX, cuando barrios, instituciones, escuelas y templos iban acompañando la expansión de una ciudad que se transformaba aceleradamente. Detrás de aquel nombre estaba una congregación nacida muy lejos de los Andes: los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María habían sido fundados por san Antonio María Claret junto a otros cinco sacerdotes en Vic, Cataluña, el 16 de julio de 1849. Su identidad quedó ligada desde sus orígenes a la predicación, las misiones, la educación y la difusión de la Palabra, razón por la cual sus integrantes terminaron siendo conocidos simplemente como claretianos. Pero hay un detalle histórico que permite comprender mejor la importancia de la presencia de Orzali aquel 15 de agosto: Mendoza todavía no era una diócesis independiente. En 1922 la Iglesia mendocina permanecía integrada a la antigua Diócesis de San Juan de Cuyo, de modo que Orzali ejercía autoridad episcopal sobre este territorio. Recién el 20 de abril de 1934 el papa Pío XI crearía la Diócesis de Mendoza, separándola de San Juan de Cuyo; simultáneamente, la sede sanjuanina sería elevada a arquidiócesis y José Américo Orzali se transformaría en su primer arzobispo. Así, aquella bendición de 1922 no fue simplemente una ceremonia protocolar: representó la incorporación solemne de un nuevo espacio de culto y actividad misionera a la vida religiosa mendocina. El nombre del Inmaculado Corazón de María permanece todavía profundamente unido a la Ciudad de Mendoza. La actual Parroquia Inmaculado Corazón de María se encuentra en la zona de Martín Zapata y Coronel Rodríguez, en la Quinta Sección, y continúa siendo escenario de celebraciones y de uno de los tradicionales Vía Crucis que atraviesan el centro mendocino. La Municipalidad de Mendoza la incluye entre los templos de la ciudad y distintas publicaciones de la UNCuyo también la identifican en esa intersección. Han pasado 104 años desde aquel 15 de agosto de 1922. Cambió Mendoza, crecieron sus barrios, desaparecieron edificios y nacieron nuevas generaciones, pero detrás de los muros de sus antiguos templos permanecen historias que ayudan a reconstruir la identidad de la ciudad. Aquella jornada, monseñor Orzali levantó su mano para impartir una bendición; más de un siglo después, ese episodio sigue recordándonos una época en la que la arquitectura religiosa, las congregaciones misioneras y la construcción de nuevas comunidades iban dejando su marca sobre el paisaje urbano mendocino. #MendozAntigua #Mendoza #HistoriaDeMendoza #EfemeridesMendocinas #CorazonDeMaria #InmaculadoCorazonDeMaria #Claretianos #MisionerosClaretianos #JoseAmericoOrzali #HistoriaArgentina #PatrimonioReligioso #IglesiasDeMendoza #QuintaSeccion #CiudadDeMendoza #MemoriaHistorica #MendozaHistory #ArgentineHistory #Claretians #ClaretianMissionaries #ReligiousHeritage #CatholicHistory #HistoricMendoza

**15 DE AGOSTO DE 1965: EL DÍA QUE LA MONTAÑA SEPULTÓ EL PALACIO TERMAL DE PUENTE DEL INCA** MENDOZA - ARGENTINA


El domingo 15 de agosto de 1965, la Cordillera de los Andes mostró en cuestión de segundos toda su fuerza. Cerca de las 14, después de varios días de intensas nevadas y una enorme acumulación de nieve en la Alta Montaña mendocina, una gigantesca masa de nieve, barro, piedras y escombros descendió desde las laderas del cerro Banderita Sur y golpeó de lleno al legendario Hotel Termas de Puente del Inca. El desprendimiento arrasó sectores fundamentales del edificio y convirtió uno de los establecimientos turísticos más extraordinarios de la Argentina en un escenario de destrucción. Aquel hotel había sido mucho más que un alojamiento. Su construcción comenzó por etapas desde alrededor de 1917 y hacia 1925 el complejo había alcanzado la imagen señorial con la que quedaría grabado en la memoria mendocina. En sus años de esplendor llegó a contar con unas 70 habitaciones capaces de recibir alrededor de 140 huéspedes, y su gran comedor podía atender a centenares de personas. Cada habitación disponía de instalaciones vinculadas con las famosas aguas termales, uno de los grandes atractivos del lugar. Había además consultorio médico, farmacia, peluquería, barbería, lavandería, cine, billar, croquet, cancha de tenis y excursiones por la montaña: un verdadero oasis de lujo levantado a unos 2.700 metros de altura, en medio de una de las geografías más imponentes del continente. Su estrecha relación con el Ferrocarril Trasandino fue decisiva. Durante décadas, viajeros argentinos, chilenos y extranjeros podían llegar en tren hasta Puente del Inca, y numerosas familias acomodadas provenientes de Buenos Aires viajaban atraídas por el paisaje cordillerano y las propiedades atribuidas a sus aguas minerales, sin necesidad de detenerse previamente en la Ciudad de Mendoza. El hotel se convirtió así en punto de encuentro de turistas, diplomáticos, montañistas y personalidades de la época. Una antigua postal conservada por la Biblioteca Nacional Digital de Chile testimonia la elegancia del complejo y confirma que hacia 1925 ya constituía uno de los grandes centros termales de la región. Pero aquel 15 de agosto todo cambió. El alud sorprendió al edificio prácticamente sin aviso. Según la reconstrucción publicada años después por LA NACION sobre los despachos periodísticos de 1965, **siete personas murieron dentro del Hotel de Puente del Inca**. Uno de los sobrevivientes recordó que no había escuchado ningún ruido extraordinario: primero se produjo un corte de electricidad y, segundos después, una fuerza brutal lo golpeó. Quedó atrapado bajo la nieve creyendo que moriría allí. Permaneció sepultado durante horas hasta que una patrulla consiguió localizarlo, rescatarlo y trasladarlo a un hospital, donde logró recuperarse. Mientras toneladas de material golpeaban las instalaciones, ocurrió una de las imágenes más sorprendentes de la tragedia: la pequeña **Capilla de Nuestra Señora de las Nieves**, situada junto al complejo, sobrevivió casi intacta. La documentación patrimonial del Gobierno de Mendoza indica que el alud pasó sobre su sector causando principalmente daños en techo y vidrios, mientras el hotel quedaba devastado. Y la tragedia todavía no había terminado. Horas más tarde, pasadas las 22, otro enorme alud castigaría Las Cuevas y destruiría gran parte del poblado ferroviario, convirtiendo aquella jornada en una de las páginas más dolorosas de la historia de la Alta Montaña mendocina. El Hotel Termas nunca recuperó su antiguo esplendor. Sus ruinas, los restos de sus baños y las estructuras que resistieron quedaron como testimonio de una época en la que trenes, grandes baúles, viajeros y aguas termales daban vida a un extraordinario palacio enclavado entre gigantes de piedra. Hoy el lugar forma parte del paisaje patrimonial protegido del Monumento Natural Puente del Inca. Allí, frente a las paredes mineralizadas y las ruinas que todavía desafían al tiempo, resulta difícil imaginar que alguna vez hubo salones elegantes, cenas multitudinarias, música, huéspedes y trenes llegando desde lugares lejanos. Pero el 15 de agosto de 1965 la montaña cambió para siempre aquella historia: **en cuestión de segundos terminó una era dorada del turismo cordillerano argentino y comenzó la leyenda eterna del Hotel de Puente del Inca.* #MendozAntigua #PuenteDelInca #Mendoza #HistoriaDeMendoza #AltaMontaña #CordilleraDeLosAndes #HotelPuenteDelInca #FerrocarrilTrasandino #Alud1965 #HistoriaArgentina #MemoriaHistorica #Andes #Argentina #MendozaHistory #PuenteDelIncaHotel #AndesMountains #ArgentineHistory #HistoricArgentina #TransandineRailway #History


**15 DE AGOSTO DE 1912: MENDOZA CAMBIÓ DE VÍA — LA LEY MITRE, LOS FERROCARRILES Y UNA DECISIÓN QUE DIVIDIÓ AL PODER**


El 15 de agosto de 1912, las efemérides históricas mendocinas registran una decisión que, detrás de su aparente lenguaje administrativo, estaba vinculada con uno de los grandes debates económicos de la Argentina de comienzos del siglo XX: **la provincia de Mendoza se acogía a los beneficios derivados de la llamada Ley Mitre**, una medida a la que se había opuesto Emilio Civit, una de las figuras políticas mendocinas más influyentes de aquella época. La denominada **Ley Mitre era en realidad la Ley Nacional Nº 5.315**, sobre concesiones ferroviarias, sancionada en 1907. Su importancia fue enorme: buscaba uniformar el régimen bajo el cual funcionaban y se concedían los ferrocarriles argentinos, en tiempos en que el tren constituía la gran arteria económica del país. Su artículo 8 estableció un mecanismo particularmente trascendente: los materiales destinados a construir y explotar ferrocarriles podían ingresar al país libres de derechos aduaneros hasta el **1 de enero de 1947** y, a cambio, las empresas comprendidas en el régimen debían abonar una contribución única equivalente al **3 % de su producto líquido**, quedando durante ese período exentas de otros impuestos nacionales, provinciales o municipales. Pero ese 3 % no debía perderse en las cajas generales del Estado: la propia ley ordenaba destinarlo a la construcción y mantenimiento de **puentes y caminos en los municipios o departamentos atravesados por las vías**, dando prioridad a los caminos que conducían hacia las estaciones ferroviarias. Allí estaba una de las claves para una provincia como Mendoza. El ferrocarril no solamente transportaba pasajeros: movilizaba vinos, uvas, productos agrícolas, animales, mercaderías y maquinaria, vinculaba pueblos y estaciones y permitía que la producción mendocina alcanzara los grandes mercados nacionales. Y Mendoza vivía entonces una auténtica revolución sobre rieles: apenas dos años antes, en abril de 1910, se había completado el extraordinario **Ferrocarril Trasandino**, conectando Mendoza con Los Andes y enlazando ferroviariamente las redes de Argentina y Chile a través de la Cordillera. La Ley Mitre también reservaba facultades de control al Estado nacional. Su artículo 9 permitía intervenir sobre las tarifas de pasajeros y cargas cuando la rentabilidad de una línea superara determinadas condiciones, mientras que las compañías ferroviarias ya existentes podían acogerse al régimen siempre que aceptaran las obligaciones establecidas por los artículos 8 y 9. La oposición atribuida a **Emilio Civit** resulta especialmente interesante porque no se trataba de un hombre ajeno al mundo ferroviario: había ocupado el Ministerio de Obras Públicas de la Nación y durante su trayectoria impulsó políticas relacionadas con la expansión, organización y control estatal del sistema ferroviario. Estudios históricos muestran que durante su gestión existieron proyectos ferroviarios con una intervención estatal significativa, posteriormente modificados por otras administraciones. Por eso, aquel episodio mendocino de 1912 puede leerse también como parte de una discusión mucho mayor: **¿hasta dónde debía beneficiar el Estado a las compañías ferroviarias y cuánto debía exigirles a cambio?** Décadas después puede comprobarse que el mecanismo financiero creado por la Ley 5.315 dejó huellas concretas en Mendoza: investigaciones históricas documentan obras realizadas con esos fondos, entre ellas accesos a las estaciones **Pedro Vargas, Bowen e Iselín**, además de trabajos camineros en Rincón del Atuel. Así, aquel 15 de agosto de 1912 no fue simplemente otra fecha perdida entre leyes y expedientes: fue un pequeño capítulo de una gigantesca transformación. **Los rieles estaban modificando la economía, acercando pueblos, abriendo mercados y dibujando nuevos caminos sobre el desierto mendocino. Y detrás de cada locomotora también viajaban intereses económicos, disputas políticas y distintas ideas sobre el futuro del país.** #Mendoza #MendozAntigua #HistoriaDeMendoza #EfemeridesMendocinas #LeyMitre #FerrocarrilesArgentinos #Ferrocarril #EmilioCivit #HistoriaArgentina #Mendoza1912 #Trenes #FerrocarrilTrasandino #PatrimonioFerroviario #HistoriaFerroviaria #MemoriaHistorica #Argentina #RailwayHistory #ArgentinaHistory #MendozaHistory #HistoricRailways #RailroadHistory #VintageArgentina #SouthAmericanHistory


**15 DE AGOSTO DE 1965: LA NOCHE EN QUE LA MONTAÑA SEPULTÓ LAS CUEVAS — EL INFIERNO BLANCO DE MENDOZA**


El domingo 15 de agosto de 1965 quedó grabado como una de las jornadas más trágicas de la historia de la Alta Montaña mendocina. Durante más de una semana había nevado intensamente sobre la Cordillera de los Andes y la enorme acumulación de nieve comenzaba a inquietar a quienes conocían los peligros de aquellas laderas. El desastre comenzó cerca de las 14, cuando una gigantesca masa de nieve, barro y piedras descendió desde el cerro Banderita Sur y golpeó Puente del Inca, destruyendo gran parte del célebre Hotel Termas, símbolo del turismo cordillerano desde la década de 1920. La pequeña capilla vecina, en cambio, quedó extraordinariamente en pie entre la devastación. Pero la montaña todavía no había terminado. Poco después de las 22, aproximadamente nueve horas más tarde, un segundo y todavía más mortífero alud se desprendió del cerro Santa Elena y cayó sobre Villa Las Cuevas. Era de noche. Muchas familias ferroviarias cenaban o comenzaban a dormir cuando una masa gigantesca irrumpió sobre el sector de viviendas y sepultó casas enteras bajo toneladas de nieve, piedras y restos de construcciones. Las Cuevas no era simplemente un caserío de montaña: constituía una comunidad fronteriza profundamente vinculada al Ferrocarril Trasandino, cuyos trabajadores y familias habitaban buena parte del barrio alcanzado por la avalancha. El temporal convirtió las tareas de rescate en una lucha desesperada. Caminos y vías ferroviarias quedaron bloqueados, un tren militar de auxilio terminó inmovilizado por la nieve y las brigadas tuvieron que enfrentarse al viento blanco, temperaturas bajo cero y el peligro permanente de nuevos desprendimientos. Soldados de la Compañía de Esquiadores de Alta Montaña, médicos, ferroviarios y vecinos sobrevivientes participaron en la búsqueda de quienes permanecían atrapados, mientras helicópteros del Ejército y de Agua y Energía lograban establecer un precario puente aéreo. Una crónica de aquellos días describió Las Cuevas como una población parcialmente enterrada, donde el sonido de las palas rompía el silencio mientras todavía se buscaban cuerpos bajo la nieve. Entre las historias de supervivencia quedó la de Zulema Arias, rescatada después de permanecer cerca de 16 horas aprisionada junto a su pequeña hija; según su posterior testimonio, el calor de dos perros atrapados junto a ellas contribuyó a mantenerlas con vida. También quedó en la memoria Segundo Madrid, entonces un joven de 19 años, quien consiguió escapar y volvió una y otra vez para ayudar a rescatar vecinos. Las cifras finales varían según las reconstrucciones históricas, pero todas coinciden en la dimensión extraordinaria del desastre: **más de cuarenta personas perdieron la vida entre Las Cuevas y Puente del Inca**, en su mayoría integrantes de aquella comunidad ferroviaria y sus familias. La tragedia del 15 de agosto de 1965 no fue solamente un episodio meteorológico. Fue el día en que la Cordillera mostró, en cuestión de horas, toda la dimensión de su fuerza. Desaparecieron hogares, familias quedaron partidas para siempre y uno de los grandes hoteles de montaña de la Argentina dejó de existir. Sesenta y un años después, las ruinas de Puente del Inca y la historia de Villa Las Cuevas siguen recordándonos que bajo la belleza majestuosa de los Andes también permanece escrita una de las páginas más dolorosas de Mendoza. **Aquel 15 de agosto, la montaña cayó dos veces. Y después de aquella noche, Las Cuevas nunca volvió a ser la misma.** #Mendoza #MendozAntigua #LasCuevas #PuenteDelInca #AltaMontaña #CordilleraDeLosAndes #HistoriaDeMendoza #HistoriaArgentina #Alud #Avalancha #FerrocarrilTrasandino #TrenTrasandino #LasHeras #MemoriaHistórica #Efemérides #Andes #Argentina #MountainHistory #MendozaHistory #ArgentineHistory #AndesMountains #Avalanche #RailwayHistory #HistoricMendoza #History


**15 DE AGOSTO DE 1816: SAN MARTÍN PREPARABA UNA GUERRA… PERO TAMBIÉN CÓMO SALVAR A SUS SOLDADOS EN LOS ANDES**


El 15 de agosto de 1816, según las tradicionales efemérides mendocinas, José de San Martín realizaba desde Mendoza una gestión tan silenciosa como decisiva: solicitaba al Director Supremo de las Provincias Unidas, Juan Martín de Pueyrredón, el envío de tres cirujanos destinados a reforzar la atención y organización del Hospital del Ejército de los Andes. Faltaban apenas meses para emprender una de las operaciones militares más extraordinarias de la historia americana y San Martín sabía que una campaña no se ganaba solamente con fusiles, caballos y cañones. Había que alimentar a miles de hombres, vestirlos, fabricar municiones, conseguir mulas, preparar caminos y, sobre todo, disponer de una estructura capaz de atender enfermos, accidentados y futuros heridos de combate. La preocupación sanitaria venía de lejos. Durante 1816 se trabajó intensamente en Mendoza para equipar el hospital militar: faltaron medicamentos, instrumentos e incluso frascos para almacenar preparados; el propio San Martín recurrió a recursos disponibles entre los vecinos para completar lo indispensable. La organización terminaría adquiriendo una dimensión sorprendente para la época. El servicio sanitario quedó bajo la conducción del médico y militar británico **Diego —James— Paroissien**, acompañado por Juan Isidro Zapata y otros auxiliares, practicantes, boticarios y religiosos betlemitas experimentados en el cuidado de enfermos. Un estudio histórico sobre la organización del Ejército de los Andes señala que la Sanidad llegó a disponer de un hospital militar en Mendoza, dispensarios, un hospital móvil con carpas capaces de asistir a unos 200 pacientes y puestos destinados a concentrar y evacuar enfermos durante la campaña. El pedido mendocino no quedó solamente en papeles: documentación conservada y publicada por el Instituto Nacional Sanmartiniano confirma que el **2 de septiembre de 1816** se ordenó trasladar a Mendoza a los cirujanos **Cesáreo Martínez Niño y Benito Fernández** para desempeñarse en el hospital del Ejército. Cuando llegó el momento de atravesar la cordillera, la sanidad marchó junto a las tropas. Hubo hospitales móviles en las rutas principales y personal con botiquines acompañando las columnas menores, porque en aquellas alturas el enemigo no era únicamente el ejército realista: también lo eran el frío, el agotamiento, las heridas, las enfermedades y una geografía capaz de matar antes de dispararse un solo tiro. Todo esto ocurrió mientras Mendoza se convertía en el gigantesco taller de la libertad americana. Apenas un día antes, el 14 de agosto, San Martín también gestionaba hombres para completar el futuro Ejército de los Andes, una muestra de la febril actividad que dominaba Cuyo durante aquellas semanas posteriores a la Declaración de la Independencia. Aquella epopeya que solemos imaginar entre cóndores, nieve, sables y cañones tuvo también otra cara: médicos cargando instrumentos, religiosos cuidando enfermos, practicantes transportando medicamentos y hombres intentando mantener con vida a quienes iban a cruzar una de las cordilleras más imponentes del planeta. Porque San Martín entendió algo elemental y moderno a la vez: **para conducir soldados hacia la victoria, primero había que procurar que llegaran vivos al campo de batalla.** #MendozAntigua #Mendoza #JoséDeSanMartín #SanMartín #EjércitoDeLosAndes #CruceDeLosAndes #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #EfeméridesMendocinas #Libertador #IndependenciaArgentina #SanidadMilitar #HospitalMilitar #PlanContinental #ElPlumerillo #Andes #Argentina #Historia #ArgentineHistory #JoseDeSanMartin #ArmyOfTheAndes #CrossingOfTheAndes #MilitaryHistory #SouthAmericanHistory #Independence #MendozaArgentina


**15 DE AGOSTO DE 1977: «DONDE SOLO EL CÓNDOR SE ATREVE» — NACÍAN EN MENDOZA LOS LAMA QUE DESAFIARON LOS ANDES**


El 15 de agosto de 1977, en la IV Brigada Aérea de El Plumerillo, Mendoza, nació una unidad destinada a escribir algunas de las páginas más impresionantes de la aviación argentina: el entonces Escuadrón V de Búsqueda, Rescate y Tareas Especiales, actual Escuadrón III. Su escenario no serían pistas convencionales, sino quebradas, glaciares, precipicios y cumbres donde el frío extremo, las ráfagas violentas y la escasez de oxígeno convierten cada maniobra en un desafío. Para conquistar aquel mundo se eligió al extraordinario SA-315B Lama, helicóptero francés especialmente apto para operar a grandes alturas gracias a su excepcional relación entre peso y potencia. La Fuerza Aérea había comenzado a incorporar estos aparatos desde 1972 y su flota original llegó a reunir 13 ejemplares. La elección no pudo ser más apropiada: el modelo ya había demostrado de qué era capaz cuando, el 21 de junio de 1972, el piloto francés Jean Boulet llevó un Lama hasta **12.442 metros**, estableciendo el récord mundial de altitud para un helicóptero, marca reconocida por Guinness World Records. Apenas cinco días después de la creación del escuadrón llegó su primera misión de rescate en montaña, iniciando una historia que crecería rápidamente. Pero el gran golpe de efecto ocurrió aquel mismo año: el **27 de octubre de 1977**, el teniente Héctor Pereyra, al mando del SA-315B Lama matrícula H-61, consiguió realizar **tres aterrizajes sucesivos sobre la cumbre del Aconcagua**, a 6.962 metros sobre el nivel del mar, una operación que quedó registrada entre los grandes hitos de la Fuerza Aérea Argentina. Los Lama también fueron fundamentales en las campañas de delimitación de la frontera argentino-chilena, investigaciones sobre glaciares y cursos de agua, instalación de refugios y estaciones en altura, transporte de técnicos y científicos, evacuaciones sanitarias, asistencia a poblaciones aisladas por nevadas, aludes o inundaciones, lucha contra incendios forestales y rescate de montañistas, arrieros y puesteros. Incluso trasladaron personal y materiales destinados a las instalaciones de Plaza de Mulas, en el corazón del Aconcagua, a más de 4.300 metros de altitud. Detrás de cada vuelo existe además un equipo mucho mayor que el piloto: mecánicos, operadores de carga y grúa, pararrescates, médicos, enfermeros y especialistas cuya coordinación resulta vital en una geografía donde un cambio de viento puede decidir el éxito de una operación. En 1977, el instructor francés Jacques Bralet enseñó a los pilotos argentinos técnicas específicas para volar a grandes altitudes; desde entonces, la experiencia, la meteorología, el conocimiento del terreno y el respeto por la montaña se transformaron en pilares de la unidad. La dimensión de aquel legado puede medirse en cifras: al cumplirse 45 años del escuadrón, en 2022, la Fuerza Aérea informó que sus hombres y máquinas habían realizado **más de 1.200 rescates**, al menos 25 de ellos por encima de los 5.000 metros, salvando cientos de vidas y transportando miles de toneladas de carga. En 2024 la IV Brigada volvió a contar con cinco SA-315B Lama en servicio, confirmando la extraordinaria longevidad de una máquina concebida hace más de medio siglo. Hoy, **15 de agosto de 2026, se cumplen 49 años de aquella creación mendocina**. Casi medio siglo después, el rugido de aquellas turbinas continúa simbolizando algo mucho mayor que una aeronave: hombres y mujeres dispuestos a internarse allí donde faltan caminos, sobra montaña y muchas veces una vida depende de que alguien se atreva a volar. Su lema difícilmente podría definirlos mejor: **«Donde solo el cóndor se atreve».** #Mendoza #MendozAntigua #FuerzaAereaArgentina #EscuadronLama #Aconcagua #CordilleraDeLosAndes #AltaMontaña #RescateEnMontaña #HistoriaArgentina #AviacionArgentina #SA315BLama #MountainRescue #ArgentineAirForce #Aconcagua #AndesMountains #AviationHistory #HighAltitude #HelicopterRescue


1898: LA PÁGINA QUE VENDÍA BUENOS AIRES — ABOGADOS, MÉDICOS, REMATES Y RETRATOS DE ORO


El 15 de octubre de 1898, cuando todavía no existían la radio, la televisión ni las redes sociales, Buenos Aires ya sabía cómo exhibirse y vender sus servicios. La página de avisos del segundo número de Caras y Caretas funciona hoy como una extraordinaria radiografía de aquella ciudad que crecía vertiginosamente y que, según el censo de 1895, ya reunía 663.854 habitantes. En sus columnas aparecen abogados instalados en Avenida de Mayo, Victoria, Defensa, Chacabuco y Suipacha; médicos y cirujanos que atendían en Maipú, Callao, Artes y Santa Fe; contadores, traductores públicos, agentes judiciales, martilleros y casas de remates que ofrecían resolver negocios, hipotecas, tasaciones, sucesiones y expedientes. El Colegio Negrotto, dirigido por Adolfo L. Negrotto e incorporado al Colegio Nacional, anunciaba preparación para las escuelas naval y militar, cursos comerciales, idiomas y alojamiento para pupilos, medio pupilos y externos. En el centro de la página, Sebastián Diarmandray se presentaba como agente judicial y martillero público, prometía dinero en hipoteca con “interés módico” y aseguraba ocuparse de asuntos civiles, comerciales, criminales, municipales y administrativos en la Capital, La Plata y cualquier punto del país. También se promocionaban la Clínica del Doctor Llobet, una fábrica de coronas fúnebres, instalaciones para lecherías, una cigarrería y hasta una casa de artículos usados llamada El Polvorín. Al pie surgía uno de los anuncios más llamativos: Bartolomé Benincasa ofrecía, desde Buen Orden 728, una docena de retratos de álbum con cartones dorados y biselados por cinco pesos. Otra página del mismo ejemplar promocionaba cámaras, útiles y productos químicos para fotografía en el negocio de Gregorio Ortuño y Compañía, ubicado en Cangallo 1078. Dos cifras revelan el modelo comercial de la revista: el ejemplar suelto costaba 25 centavos y los avisos podían contratarse desde 50 centavos por publicación. Caras y Caretas, que había aparecido apenas una semana antes, combinó humor, actualidad, caricaturas, fotografía y abundante publicidad para conquistar a un público masivo. Esta página no es simplemente un conjunto de anuncios: es una ciudad impresa, un mapa de profesiones, aspiraciones, necesidades y negocios. Cada nombre, domicilio y promesa comercial conserva el pulso de aquella Buenos Aires de finales del siglo XIX, cuando para encontrar un médico, contratar un abogado, estudiar, rematar una propiedad o inmortalizar el rostro familiar bastaba con abrir una revista y recorrer sus columnas. #MendozAntigua #BuenosAiresAntigua #CarasYCaretas #BuenosAires1898 #HistoriaArgentina #PublicidadAntigua #AvisosAntiguos #MemoriaGrafica #ArchivoHistorico #FotografiaAntigua #OldBuenosAires #ArgentineHistory #VintageAdvertising #HistoricalPhotography #PrintHistory

viernes, 14 de agosto de 2026

GODOY CRUZ: 107 MILLONES DE METROS CUADRADOS DONDE EL VINO, LA HISTORIA Y LA MONTAÑA SE HICIERON CIUDAD


Apenas cuatro kilómetros separan su centro del corazón de la capital mendocina, pero Godoy Cruz posee identidad, gobierno, historia y territorio propios. Integrado al Gran Mendoza y enclavado entre la ciudad consolidada y el piedemonte, este departamento ocupa actualmente 107,30 kilómetros cuadrados: 107.300.000 metros cuadrados o 10.730 hectáreas. Limita al norte con la Ciudad de Mendoza, al noroeste con Las Heras, al este con Guaymallén y Maipú y al sur con Luján de Cuyo. Desde 2021 está organizado en nueve distritos: Centro, Gobernador Benegas, Las Tortugas, San Francisco del Monte, San Vicente, Trapiche, Villa del Parque, Villa Hipódromo y Villa Marini. Según los resultados definitivos del Censo 2022, Godoy Cruz posee 195.159 habitantes: 103.129 mujeres y 92.030 varones. Es el quinto departamento más poblado de Mendoza, después de Guaymallén, Las Heras, Maipú y San Rafael, y uno de los territorios de mayor concentración humana de la provincia. En 2010 tenía 191.903 habitantes, por lo que durante doce años creció apenas un 1,7 %, una señal de que su trama urbana se encuentra ampliamente consolidada. La edad mediana es de 35 años y, al combinar la población censada con la superficie territorial vigente, resulta una densidad aproximada de 1.819 habitantes por kilómetro cuadrado. El departamento registra 67.442 hogares: cerca del 98 % dispone de agua de red, alrededor del 96 % tiene conexión cloacal y casi el 90 % utiliza gas de red para cocinar. Unos 2.388 hogares presentan al menos un indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas, aproximadamente el 3,5 % del total. Geográficamente, Godoy Cruz es un territorio de contrastes. Mientras el centro y el este forman una extensa ciudad de barrios, comercios, avenidas, industrias y servicios, el oeste conserva el paisaje accidentado del piedemonte. El clima es árido, con precipitaciones anuales cercanas a los 200 milímetros, concentradas principalmente en verano. Cauces temporarios, el Zanjón Frías, el Dique Maure y otras defensas aluvionales cumplen una función decisiva frente a las tormentas que descienden desde las serranías. En el piedemonte todavía sobreviven vegetación nativa, fauna local, quebradas, aguadas y elevaciones como los cerros Melocotón, Bayo, Pirámide, La Puntilla, La Cruz y Mogotes Colorados. Su historia comenzó mucho antes de llevar el nombre actual. En 1753, Tomás de Coria y Bohórquez levantó un oratorio dedicado a San Vicente Ferrer, alrededor del cual fue creciendo el antiguo poblado. El 11 de mayo de 1855, el gobernador Pedro Pascual Segura creó administrativamente la Villa de San Vicente y la separó de Luján de Cuyo. En 1889 fue rebautizada Villa Belgrano y el 9 de febrero de 1909 la Ley 472 la declaró ciudad y fijó definitivamente el nombre Godoy Cruz, en homenaje al congresal de Tucumán, gobernador y legislador Tomás Godoy Cruz. Sus restos descansan desde 1966 en la Basílica San Vicente Ferrer, imponente templo neogótico consagrado en 1912, reconocido como el primer edificio mendocino construido en hormigón armado y elevado a basílica menor en 2023. El desarrollo de Godoy Cruz estuvo profundamente ligado al ferrocarril, la inmigración, la vitivinicultura y la industria. Bodegas como Arizu, Tomba, Escorihuela Gascón y Caro dejaron una arquitectura que todavía relata el esplendor del vino urbano. El actual Espacio Arizu, declarado Monumento Histórico Nacional en 1999, fue restaurado como centro cultural, artístico, histórico y vitivinícola, y conserva uno de los archivos bodegueros más completos del país. Escorihuela Gascón, fundada en 1884, mantiene uno de los edificios vitivinícolas activos más antiguos del Gran Mendoza. La economía actual es principalmente urbana: el comercio aporta alrededor del 40 % del Producto Bruto Geográfico departamental; los servicios y la industria manufacturera reúnen cerca del 17 %, mientras las actividades primarias representan menos del 1 %. En conjunto, Godoy Cruz genera aproximadamente el 9,6 % del producto provincial. Para quien lo visita, el departamento ofrece mucho más que una escala junto a la capital. Se pueden recorrer la Plaza Tomás Godoy Cruz, la Basílica San Vicente Ferrer, el antiguo Concejo Deliberante, el Cine Teatro Plaza, el Centro Patrimonial Artístico Cristoforo Colombo, la Casa de la Cultura y la Memoria, el Espacio Verde Luis Menotti Pescarmona, el Parque Estación Benegas, su Museo Ferroviario, el Parque San Vicente, el Parque Mitre, el Calvario y las bodegas urbanas. También están el Hipódromo de Mendoza, el Casino, el piedemonte y una extensa red de ciclovías y parques lineales. El fútbol forma parte inseparable de su identidad: el Club Deportivo Godoy Cruz Antonio Tomba nació el 1 de junio de 1921 y convirtió el nombre departamental en una bandera deportiva conocida dentro y fuera del país. Otro símbolo colectivo es la Fiesta Provincial de la Cerveza, que en 2025 reunió a más de 100.000 asistentes durante tres jornadas en el Hipódromo. Godoy Cruz también busca posicionarse como ciudad sostenible: cuenta con luminarias públicas LED, decenas de kilómetros de ciclovías, recolección diferenciada, estaciones solares, vehículos eléctricos, un parque solar municipal de 1 MW y un plan orientado a alcanzar la neutralidad de carbono en 2030. Llegar es sencillo: desde Buenos Aires y San Luis se accede por la Ruta Nacional 7 y luego por el Acceso Este y la Ruta Nacional 40; desde San Juan, por la RN 40 hacia el sur; desde San Rafael, por las rutas nacionales 143 y 40; y desde Chile, por la Ruta 60-CH, el paso Cristo Redentor y la RN 7. El Metrotranvía lo comunica con Maipú, Ciudad y Las Heras, mientras el Aeropuerto Internacional El Plumerillo se encuentra a unos 13 kilómetros. Las distancias aproximadas por carretera son: 4 kilómetros a la Ciudad de Mendoza, 15 a Luján de Cuyo, 50 a Potrerillos, 169 a San Juan, 230 a San Rafael, 313 a San Luis, 339 a Santiago de Chile, alrededor de 650 a Córdoba y unos 1.050 kilómetros a Buenos Aires. Godoy Cruz es memoria vitivinícola, patrimonio ferroviario, cultura, comercio, deporte, barrios y piedemonte. Un territorio donde las antiguas bodegas se transformaron en centros culturales, las vías en ciclovías y una pequeña villa nacida alrededor de un oratorio terminó convertida en uno de los grandes corazones urbanos de Mendoza. 
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EL SECRETO QUE CRUZÓ LOS ANDES: SAN MARTÍN, LA MASONERÍA Y LA VERDAD OCULTA ENTRE EL MITO Y LA HISTORIA


Durante más de dos siglos, pocas palabras han despertado tantas sospechas, acusaciones y fantasías como “masón”. Para algunos significa filántropo, librepensador y defensor de la tolerancia; para otros, conspirador, enemigo de la religión o integrante de un poder secreto. Sin embargo, la historia es mucho más compleja: ser masón no convierte automáticamente a nadie en héroe ni en villano. Significa pertenecer a una fraternidad iniciática organizada en logias, con ceremonias reservadas, símbolos tomados de los antiguos constructores y un ideal declarado de perfeccionamiento moral e intelectual. La masonería moderna comenzó a organizarse institucionalmente en Londres en 1717 y se expandió durante el Siglo de las Luces. Sus principios fueron asociados con la libertad de conciencia, la igualdad entre sus integrantes, la fraternidad, la educación, la beneficencia y la discusión filosófica. Pero no existe una única masonería mundial: cada obediencia posee normas propias. Las ramas llamadas regulares exigen generalmente creer en un Ser Supremo, mientras otras corrientes liberales o adogmáticas admiten creyentes, agnósticos y ateos. Por eso tampoco es correcto afirmar que todos los masones son antirreligiosos. La pertenencia a una logia nunca fue una garantía de bondad: entre sus miembros hubo conservadores, liberales, republicanos, monárquicos, militares, científicos, artistas y políticos enfrentados entre sí. La pregunta adecuada no es si ser masón era bueno o malo, sino qué hizo cada persona con las ideas, relaciones y poder que tuvo. En la Argentina existen afiliaciones sólidamente documentadas. José Roque Pérez fundó en 1857 la Gran Logia de la Argentina; Domingo Faustino Sarmiento fue elegido gran maestre en 1882 y Bartolomé Mitre ocupó el mismo cargo en 1894. Junto con otros miembros, participaron en debates sobre educación, organización nacional, laicidad, ciudadanía y construcción institucional. Eso no vuelve intachable toda su actuación política, pero demuestra que la masonería formó parte real de la historia argentina y no solamente de las novelas conspirativas. El terreno se vuelve más incierto cuando retrocedemos hasta la Revolución de Mayo. La Gran Logia argentina sostiene que ocho de los nueve integrantes de la Primera Junta fueron masones, pero la documentación disponible no permite presentar todas esas pertenencias como verdades indiscutibles. Las sociedades secretas revolucionarias, las logias políticas y la masonería regular no eran necesariamente la misma cosa, aunque podían compartir integrantes, juramentos, símbolos y métodos de organización. El caso más apasionante es el de José de San Martín. Está fuera de discusión que fue una figura central de la Logia Lautaro, organización clandestina destinada a coordinar la emancipación sudamericana. Lo que continúa debatiéndose es si aquella asociación era una logia masónica regular, una organización paramasónica o una sociedad política que tomó de la masonería su disciplina y sus formas secretas. Investigaciones académicas recientes la describen como una poderosa red masónica o paramasónica del mundo atlántico; la Gran Logia argentina reivindica a San Martín como masón, mientras que autores vinculados con el Instituto Nacional Sanmartiniano sostienen que no existen pruebas concluyentes de una iniciación masónica regular. La respuesta intelectualmente honesta es admitir el debate. Vincular esa posible pertenencia con un supuesto vasallaje de San Martín a la Corona británica constituye un salto sin respaldo documental. Gran Bretaña tenía evidentes intereses comerciales y estratégicos en la caída del imperio español, y los revolucionarios americanos utilizaron contactos, armas, marinos y redes atlánticas; pero una coincidencia de intereses no demuestra obediencia, financiamiento secreto ni subordinación. San Martín sirvió al proyecto emancipador americano, organizó en Mendoza el Ejército de los Andes, liberó Chile, avanzó sobre Perú y rechazó involucrar a sus soldados en las guerras civiles rioplatenses. La relación entre masonería e Iglesia Católica también fue más profunda que una simple disputa personal. El papa Clemente XII condenó la masonería en 1738 y sucesivos pontífices ratificaron esa posición. Hubo conflictos políticos por el poder de las monarquías, el liberalismo, la secularización, la educación pública y la separación entre Iglesia y Estado, pero también diferencias doctrinales. En 1983 el Vaticano reafirmó que la pertenencia masónica es incompatible con la fe católica y que quienes se inscriben conscientemente se encuentran en situación de pecado grave y no pueden comulgar; esa posición volvió a ser confirmada en 2023. En definitiva, la masonería no fue una orden de santos ni una legión de demonios. Fue una institución diversa, influyente y contradictoria, integrada por seres humanos capaces de grandeza, errores, ambiciones y sacrificios. Para comprender su presencia en la independencia americana debemos abandonar tanto la veneración ingenua como la condena automática. San Martín no necesita ser convertido en títere de Londres ni en personaje de una conspiración universal. Su verdadera dimensión se encuentra en los documentos, en sus decisiones y en una obra política y militar que atravesó los Andes para liberar pueblos, no para someterlos a una nueva corona #Masonería #JoséDeSanMartín #SanMartín #LogiaLautaro #EjércitoDeLosAndes #HistoriaArgentina #HistoriaDeMendoza #IndependenciaAmericana #LibertadIgualdadFraternidad #MendozAntigua #Freemasonry #LautaroLodge #LatinAmericanIndependence #ArgentineHistory #HistoricalTruth #Enlightenment #FreedomEqualityFraternity


14 DE AGOSTO DE 2014: MURIÓ ENZIO MAZZOLDI — EL HOMBRE QUE ESCRIBIÓ SU NOMBRE EN EL HIELO DEL LANÍN


El 14 de agosto de 2014, a los 92 años, murió Enzio Mazzoldi, uno de los grandes pioneros del montañismo patagónico y protagonista de una hazaña que todavía permanece grabada sobre la pared más temible del volcán Lanín. Había nacido en Merano, en el Tirol italiano, una tierra rodeada por los Alpes donde la nieve formaba parte de la vida cotidiana. Desde pequeño aprendió a desplazarse con esquíes y a relacionarse con la montaña como un territorio que exigía preparación, prudencia y respeto. En 1950, con 27 años, llegó desde Ushuaia a la región de San Martín de los Andes para trabajar en la industria maderera. Desde el aserradero de Paimún contemplaba continuamente la gigantesca pared sur del Lanín, una muralla de hielo, grietas y fuertes pendientes que pocos montañistas se atrevían siquiera a estudiar. Mazzoldi y el alemán Juan Wiese ya habían intentado escalarla por separado y ambos habían fracasado. Aquellas derrotas, lejos de detenerlos, les permitieron conocer mejor sus peligros y terminaron reuniéndolos en una misma cordada. Antes de partir escucharon los conocimientos de pobladores mapuches y de don Barriga, conocedor del clima de la región. Guiados por el baquiano Figueroa, avanzaron a caballo por el bosque hasta las proximidades del hielo. La verdadera batalla comenzó allí. Durante cinco agotadoras horas apenas consiguieron superar los primeros 300 metros, formados por terrazas y escalones de hielo. Llevaban un equipo que hoy parece elemental: una cuerda de 30 metros, crampones Grivel de doce puntas, una piqueta, un puñal de hielo y quince clavos tubulares y de media caña. Al caer la noche improvisaron un vivac sobre el hielo, tomaron té con ron, comieron frugalmente y se refugiaron en bolsas impermeables mientras el frío los hacía castañetear. Al amanecer continuaron bajo un violento viento blanco que los obligaba a luchar por cada paso. Finalmente, a las 14 horas del 21 de febrero de 1955, después de dos jornadas de escalada, Enzio Mazzoldi y Juan Wiese alcanzaron los 3.776 metros de la cumbre del Lanín, convirtiéndose en los primeros hombres que lograban ascenderlo por su pared sur. Mazzoldi dejó en la cima los banderines del Club Alpino Italiano y de la Sociedad Alpina Tirolesa como testimonio de aquella proeza. Permanecieron pocos minutos y descendieron por la cara norte, hacia Tromen. El corredor de hielo que habían abierto terminó recibiendo un nombre que atravesaría las décadas: Colada Mazzoldi. No se trataba de un homenaje simbólico. Era la unión definitiva entre un hombre y una de las rutas más exigentes de la Patagonia, con unos 850 metros de desnivel, escalada glaciar y resaltes que pueden alcanzar inclinaciones de 70 y 80 grados. En 2005, al cumplirse medio siglo de la hazaña, Mazzoldi fue declarado Ciudadano Ilustre de San Martín de los Andes y recibió reconocimientos del Parque Nacional Lanín y de instituciones montañísticas. Él, sin embargo, nunca habló de haber derrotado al volcán: entendía que el verdadero desafío consistía en superarse a uno mismo y regresar con humildad. Una década después de su muerte, en octubre de 2024, integrantes especializados de Gendarmería Nacional y del Ejército Argentino volvieron a escalar la pared sur siguiendo la ruta Colada Mazzoldi. Su nombre continuaba allí, pronunciado por nuevas generaciones antes de internarse en el hielo. Enzio murió el 14 de agosto de 2014, pero su huella no quedó solamente en fotografías o documentos: permanece literalmente trazada sobre el Lanín, allí donde el viento, la nieve y la montaña todavía custodian la memoria de su extraordinaria aventura. #EnzioMazzoldi #VolcánLanín #ColadaMazzoldi #MontañismoArgentino #HistoriaPatagónica #Patagonia #Neuquén #SanMartínDeLosAndes #Pioneros #HistoriaArgentina #Andinismo #MendozAntigua #MountaineeringHistory #Mountaineering #LanínVolcano #PatagoniaArgentina #MountainPioneers #ClimbingHistory

 

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