miércoles, 6 de mayo de 2026

6 de Mayo de 1869 - El colegio que educó a San Luis: la institución nacida en 1869 que convirtió un antiguo hospital en templo de la enseñanza


El 6 de mayo de 1869 inició sus actividades el histórico Colegio Nacional de San Luis, una institución fundamental para la educación puntana y considerada el colegio secundario más antiguo de la provincia. En sus comienzos fue llamado “Primer Colegio de Instrucción Secundaria para Varones de San Luis”, y abrió sus puertas en un momento clave para la organización educativa argentina, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento y con Nicolás Avellaneda como ministro de Educación. El establecimiento había sido oficializado por el Decreto N.º 864, firmado el 1 de diciembre de 1868El solar donde comenzó a funcionar cargaba ya con una larga historia. Mucho antes de convertirse en colegio, el terreno había formado parte del antiguo Potrero de Reinafé, sector que se fue reorganizando cuando se construyó la Plaza Pringles en 1819. También se lo recuerda como espacio vinculado al paso de prisioneros españoles, al asentamiento del Buen Pastor y, finalmente, a un viejo edificio sanitario. De hecho, distintas referencias históricas señalan que el colegio empezó a funcionar en una construcción que había sido hospital y que luego perteneció a la Sociedad de Beneficencia, antes de ser destinada a fines educativos. Su primera etapa fue modesta, pero decisiva. El colegio comenzó con 40 alumnos varones y un cuerpo docente formado por profesores como Armando Coussinet, médico cirujano del ejército y agrimensor; Hermenegildo Adaro, también agrimensor y dirigente político; y Alfredo Olses, de origen noruego, vinculado a la enseñanza náutica. A los pocos meses se abrió incluso una clase nocturna para obreros, a la que asistían alumnos adultos, algunos de hasta 40 años, lo que muestra que la institución no solo buscaba formar a jóvenes de familias acomodadas, sino también ampliar oportunidades educativas. La tradición local recuerda como primer rector al presbítero Norberto Laciar, luego de que el sacerdote Luis Joaquín Tula, designado originalmente por decreto, se excusara de asumir el cargo. Más tarde, en 1872, la llegada de Germán Avé Lallemant marcó otra etapa importante: impulsó la biblioteca, solicitó materiales escolares, promovió mejoras y ayudó a convertir al colegio en una institución de alcance más amplio y popular. El Colegio Nacional no fue solo una escuela. Fue un centro de formación, debate y vida pública. Por sus aulas y salones pasaron generaciones de estudiantes, docentes, dirigentes y figuras culturales de San Luis. En sus espacios se realizaron conferencias, encuentros políticos y actividades intelectuales. También fue testigo de tensiones sociales y de episodios vinculados a la vida política provincial, como los conflictos de 1890, cuando distintos profesores, alumnos y dirigentes participaron del clima de agitación cívica de la época. Aunque nació como colegio masculino, su historia también refleja los cambios sociales del país. En 1893 se inscribieron las primeras alumnas mujeres, después de reclamos vinculados al incipiente movimiento femenino por el acceso a la educación secundaria. Con el tiempo, aquella institución que había comenzado como espacio para varones se transformó en uno de los colegios mixtos más emblemáticos de la provincia. El edificio actual pertenece a una etapa posterior. En 1918 comenzó la demolición del viejo inmueble y se inició la construcción de la sede que hoy identifica al colegio, finalizada alrededor de 1930. Su arquitectura fue destacada por su fachada señorial, su patio, su salón de actos de gran acústica y sus líneas de inspiración italianizante, con rasgos de estilo Liberty y aplicaciones de Art NouveauEn 1926, durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, la institución recibió el nombre de Juan Crisóstomo Lafinur, en homenaje al intelectual sanluiseño nacido en La Carolina, figura clave del pensamiento liberal y de la enseñanza filosófica laica en el Río de la Plata. Lafinur fue recordado como uno de los primeros en separar la enseñanza de la filosofía del marco estrictamente religioso, abriendo paso a una mirada más moderna y crítica de la educación. Durante gran parte de su historia perteneció a la Nación. Sin embargo, en el marco de las reformas educativas de los años noventa, fue transferido a la provincia por la Ley 24.049 y pasó a llamarse Colegio Provincial N.º 1 “Juan Crisóstomo Lafinur”. Aun así, para generaciones de puntanos siguió siendo, simplemente, el Colegio Nacional. En 1995 fue declarado Bien de Pertenencia al Patrimonio Cultural de San Luis, reconocimiento que confirmó su valor histórico, arquitectónico y educativo. Por eso, recordar el 6 de mayo de 1869 no es evocar únicamente la apertura de una escuela. Es volver al nacimiento de una institución que acompañó la construcción cultural de San Luis, formó ciudadanos, abrió caminos educativos, recibió a obreros, incorporó mujeres, atravesó cambios políticos y dejó una huella profunda en la memoria provincial. El Colegio Nacional “Juan Crisóstomo Lafinur” es mucho más que un edificio antiguo: es una de las grandes casas de la educación puntana. #ColegioNacionalDeSanLuis #JuanCrisóstomoLafinur #SanLuis #HistoriaPuntana #EducaciónArgentina #DomingoFaustinoSarmiento #NicolásAvellaneda #NorbertoLaciar #GermánAvéLallemant #PlazaPringles #PatrimonioCultural #ColegioNacional #SanLuisAntiguo #MendozAntigua #ArgentineHistory #EducationHistory #SanLuisHistory #HistoricSchools #CulturalHeritage #OldArgentina

Couto Mixto: el microestado olvidado entre España y Portugal que vivió libre durante siglos



Entre las montañas y aldeas de la frontera entre Galicia y el norte de Portugal existió durante siglos un territorio diminuto y extraordinario: el Couto Mixto —también escrito Coto Mixto—, un microestado rural que funcionó con una autonomía sorprendente hasta mediados del siglo XIX. Enclavado en el valle del río Salas, al sur de la actual provincia de Ourense, ySantiago de Rubiás, Rubias y Meaus. Según estudios de la Universidad de Vigo, el Couto Mixto ocupaba unas 2.695 hectáreas y se ubicaba en una zona intermedia entre España y Portugal, de ahí su nombre: “mixto”. Su origen se remonta a las complejas relaciones señoriales de la Edad Media. En una frontera donde los límites no estaban claramente definidos, este pequeño territorio quedó durante generaciones fuera del control directo de las coronas española y portuguesa. No era una gran nación, ni tenía ejércitos ni palacios, pero funcionaba como una comunidad con fueros propios, autogobierno y una serie de privilegios excepcionales. Los investigadores lo describen como un espacio con independencia económica y capacidad de organización interna, sostenido por la costumbre, la geografía y la ambigüedad de la frontera. Los habitantes del Couto Mixto gozaban de derechos que hoy parecen increíbles: no pagaban impuestos a España ni a Portugal, no estaban obligados a servir en los ejércitos de ninguno de los dos reinos, podían comerciar con mayor libertad, no necesitaban documentos para salir de su territorio y podían elegir si querían ser considerados españoles, portugueses o simplemente “mixtos”. También se les reconocía el derecho de asilo, lo que convirtió al lugar en refugio para perseguidos y en un territorio temido por las autoridades vecinas. La organización política del Couto Mixto también era singular. Sus vecinos elegían un juez, autoridad principal del territorio, y existía una estructura comunitaria representada por hombres de acuerdo de las aldeas. La tradición recuerda además la llamada Arca de las Tres Llaves, donde se guardaban documentos y privilegios del Couto: cada llave quedaba en manos de una de las aldeas, símbolo perfecto de una autonomía compartida. Su lema histórico, asociado a esa unión, suele recordarse como "Tres unum sunt": tres son uno. Uno de sus elementos más famosos fue el Camino Privilegiado, una vía que conectaba el Couto con Portugal y permitía el comercio sin los controles habituales de frontera. Ese camino era esencial para la vida económica local, porque garantizaba tránsito, intercambio y cierta protección frente a las autoridades de ambos lados. La propia historia del Couto muestra hasta qué punto las fronteras antiguas no siempre fueron líneas rígidas en un mapa, sino espacios flexibles, negociados y llenos de excepciones. Pero aquel mundo no podía sobrevivir indefinidamente al avance de los Estados modernos. En el siglo XIX, España y Portugal buscaron ordenar sus límites mediante una frontera clara, lineal y controlada. El final llegó con el Tratado de Límites de Lisboa, firmado el 29 de septiembre de 1864, que resolvió antiguos conflictos fronterizos y extinguió la autonomía del Couto Mixto. El tratado estableció que Portugal renunciaba a favor de España los derechos que pudiera tener sobre el Coto Mixto y sus aldeas, que quedaron bajo soberanía española. Así terminó uno de los microestados más curiosos de Europa. Su desaparición no fue solo un ajuste de frontera: representó el paso del antiguo régimen de jurisdicciones ambiguas a la frontera moderna, precisa y estatal. Un estudio publicado en el Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles señala que la extinción del Couto Mixto simboliza el reemplazo de las soberanías híbridas por soberanías exclusivas y de las fronteras difusas por líneas definidas. Hoy, el Couto Mixto permanece como memoria histórica de una frontera que alguna vez permitió formas de vida propias, casi invisibles para los grandes relatos nacionales. Sus aldeas, placas conmemorativas, caminos y tradiciones recuerdan que, entre España y Portugal, existió durante siglos una pequeña comunidad libre que supo vivir al margen de dos coronas, elegir sus autoridades y defender privilegios que parecían imposibles. Recordar el Couto Mixto es rescatar una rareza fascinante de la historia europea: tres aldeas diminutas que durante siglos fueron mucho más que pueblos de frontera. Fueron una pequeña república campesina, una anomalía política, un refugio, un espacio de comercio y una lección sobre cómo las comunidades también pueden crear su propia forma de soberanía. #CoutoMixto #CotoMixto #Galicia #Portugal #España #Ourense #SantiagoDeRubias #Rubias #Meaus #Microestado #HistoriaEuropea #FronteraHispanoPortuguesa #TratadoDeLisboa1864 #CaminoPrivilegiado #PatrimonioHistórico #MendozAntigua #EuropeanHistory #Borderlands #HistoricMicrostate #GalicianHistory #PortugueseHistory #SpanishHistory

Famatina 6 de Mayo de 1855: el día en que los mineros riojanos fundaron el primer gremio argentino


El 6 de mayo de 1855, en Villa Argentina, actual Chilecito, provincia de La Rioja, se produjo un hecho poco recordado pero fundamental para la historia social del país: más de 200 mineros del Famatina se reunieron para elegir un Juez Territorial de Mina, autoridad encargada de ordenar, representar y controlar legalmente la actividad minera de la región. En aquella asamblea fue elegido el minero Pantaleón García, acompañado por Eliseo Soaje y Vicente Gómez como primer y segundo sustituto. Aquel acto no fue una simple elección interna. Según las Efemérides Riojanas de Manuel Bravo Tedín, citadas por La Melesca, el gremio de mineros del Famatina, integrado por cerca de 300 socios, fue la primera entidad gremial de la República Argentina, anterior a las organizaciones de ferroviarios y telegrafistas que muchas veces aparecen mencionadas como pioneras del movimiento gremial moderno. El caso riojano resulta especialmente singular porque el Juez de Minas fue una institución muy propia de La Rioja. Su función no era meramente simbólica: actuaba dentro de un mundo laboral complejo, donde era necesario regular denuncios, derechos de explotación, conflictos entre trabajadores, propietarios, comerciantes y autoridades. Además, el gremio contaba con un Diputado de Minas, lo que permitía mantener una estructura de representación y control jurídico sobre las actividades mineras. La importancia del Famatina venía de lejos. La región minera de La Rioja fue uno de los espacios más codiciados del oeste argentino por sus vetas de oro, plata, cobre y otros minerales. Villa Argentina —más tarde llamada Chilecito— y Famatina fueron dos de las localidades más vinculadas a esa economía minera durante el siglo XIX. Estudios sobre la minería histórica señalan que estas poblaciones estuvieron entre las más afectadas por los ciclos de auge y crisis de la actividad extractiva en el período 1850-1914. Décadas después, ese mismo territorio volvería a ocupar un lugar central con la explotación de La Mejicana, ubicada en el Nevado de Famatina, a unos 4.600 metros sobre el nivel del mar, considerada una de las explotaciones auríferas más importantes del país entre fines del siglo XIX y comienzos del XX. Su desarrollo quedó asociado al imponente Cablecarril Chilecito–La Mejicana, inaugurado en 1905, una obra de ingeniería de 35 kilómetros que transportaba mineral desde la alta montaña hasta Chilecito. Por eso, la reunión del 6 de mayo de 1855 debe leerse como mucho más que una efeméride minera. Fue una temprana forma de organización colectiva del trabajo, nacida en una región donde los mineros no solo extraían riqueza de la montaña, sino que también buscaban defender sus derechos, ordenar su oficio y darse representación propia. En una Argentina que todavía estaba construyendo sus instituciones nacionales, los mineros del Famatina ya comprendían algo esencial: que el trabajo necesitaba voz, reglas y organización. Aquella asamblea en Villa Argentina dejó una huella profunda y desafía la idea tradicional de que el gremialismo argentino comenzó recién con los oficios urbanos o ferroviarios. Antes de las grandes fábricas, antes de los trenes y antes de los sindicatos modernos, en las montañas riojanas, los mineros del Famatina ya estaban escribiendo una de las primeras páginas de la historia gremial argentina. #MinerosDelFamatina #Famatina #Chilecito #VillaArgentina #LaRioja #PantaleónGarcía #PrimeraEntidadGremial #HistoriaGremial #JuezDeMinas #DiputadoDeMinas #MineríaArgentina #HistoriaRiojana #TrabajadoresMineros #LaMejicana #MendozAntigua #ArgentineHistory #LaborHistory #MiningHistory #FamatinaHistory #WorkersHistory

1957 - El grito que cambió a la adolescencia: Elvis, el rock and roll y la fan que retrató una nueva era


La imagen muestra a Penny Taylor, una joven fan de Elvis Presley, durante una función matinal del cantante en un teatro de Filadelfia, el 6 de abril de 1957. La fotografía, tomada por Bettmann y conservada por Getty Images, capturó una reacción que se volvió símbolo de época: emoción desbordada, gritos, llanto, sorpresa y fascinación frente al nuevo ídolo del rock and roll. Aquel rostro no era una simple expresión de fanatismo. Era la imagen visible de una revolución cultural. A mediados de los años cincuenta, el rock and roll irrumpió con una fuerza arrolladora entre los jóvenes y provocó alarma entre muchos adultos. Elvis, con su voz, su presencia escénica, sus movimientos de cadera y su mezcla de blues, gospel, country y rhythm and blues, se convirtió en el gran detonante de esa transformación. Britannica señala que el impacto del rock and roll en los años cincuenta estuvo ligado al nuevo poder de consumo de los adolescentes, un grupo que empezaba a tener identidad propia dentro de la cultura popular. En 1957, Elvis ya no era solo un cantante exitoso: era un fenómeno social. Su aparición en televisión durante 1956, especialmente en programas como The Ed Sullivan Show, lo había convertido en figura nacional, mientras sus actuaciones despertaban entusiasmo juvenil y críticas moralistas. Sus movimientos en escena fueron vistos por algunos sectores como provocadores, al punto de que muchos padres, educadores y líderes religiosos lo consideraban una amenaza para las costumbres tradicionales. La fotografía de Penny Taylor condensa todo eso en tres gestos: el rostro cubierto por la emoción, la boca abierta en un grito y la mirada perdida en el escenario. Lo que antes podía verse como descontrol adolescente hoy puede leerse como el nacimiento de una nueva sensibilidad juvenil. Los jóvenes ya no eran solo “hijos” dentro de la familia: comenzaban a ser un público, un mercado, una generación con música propia, lenguaje propio, ídolos propios y formas nuevas de expresar deseo, rebeldía y pertenencia. Filadelfia también fue parte de ese mapa cultural. En abril de 1957, Elvis se presentó allí en varias funciones, con públicos jóvenes ruidosos y enfervorizados. Crónicas de la época registraron que, aunque algunas funciones no llenaron por completo la sala, la intensidad del público compensaba cualquier vacío: gritos, histeria, aplausos y una energía que mostraba hasta qué punto el rock ya había encendido a la juventud norteamericana. Por eso, esta imagen no retrata únicamente a una fan emocionada en un concierto. Retrata el momento en que la adolescencia se volvió protagonista cultural. El rock and roll modificó la forma de escuchar música, de vestir, de bailar, de mirar a los ídolos y de desafiar silenciosamente el mundo adulto. Penny Taylor, sin saberlo, quedó convertida en el rostro de esa sacudida: una joven gritando frente a Elvis, mientras el siglo XX descubría que la juventud ya no iba a quedarse callada.  #ElvisPresley #PennyTaylor #RockAndRoll #Filadelfia1957 #Elvis1957 #HistoriaDelRock #CulturaJuvenil #Años50 #FansDeElvis #TheKing #MúsicaPopular #Adolescencia #FotografíaHistórica #MendozAntigua #ElvisHistory #RockHistory #TeenCulture #VintageMusic #MusicHistory #1950sCulture #HistoricPhotography

6 de Mayo de 1859, nace Justo López de Gomara: el periodista español que soñó una ciudad y dejó su huella en Guaymallén - Mendoza


El 6 de mayo de 1859 nació en Madrid, España, Justo Sanjurjo López de Gomara, más conocido en la Argentina como Justo S. López de Gomara. Fue escritor, periodista, dramaturgo, empresario, impulsor cultural y una de esas figuras inquietas que cruzaron el Atlántico para terminar dejando una marca profunda en la vida pública argentina, especialmente en Mendoza y en Guaymallén. Fuentes biográficas lo vinculan también con Brihuega, en Guadalajara, tierra de origen de parte de su familia materna. De joven ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid, pero muy pronto la literatura y el periodismo pudieron más que la abogacía. Escribió sus primeras colaboraciones en el diario El Solfeo y se acercó a grupos republicanos que se oponían a la monarquía española. Ese compromiso político lo llevó al exilio: partió hacia Bélgica, donde estudió Ciencias Morales y Políticas y, para sostenerse, dio clases de español. En 1880 llegó a Buenos Aires y comenzó a trabajar en El Correo Español, periódico de enorme importancia dentro de la colectividad hispana. Tras la muerte de su director, Enrique Romero Jiménez, López de Gomara quedó al frente de la publicación y le dio un nuevo impulso, hasta convertirla en una de las voces más influyentes de los españoles en la Argentina. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes lo ubica como una figura central de aquella prensa de inmigrantes, vinculada a debates políticos, culturales y comunitarios. En pocos años alcanzó prestigio, fortuna y una posición destacada dentro del mundo periodístico y empresarial. Sin embargo, la crisis de 1890 lo golpeó con fuerza: perdió buena parte de su capital y, enfermo de tisis, buscó un nuevo destino para recuperar la salud. Así llegó a Mendoza, donde su vida volvió a tomar una dimensión pública extraordinaria. Su llegada a Guaymallén fue decisiva. Allí no se limitó a descansar ni a ejercer el periodismo: participó activamente en la transformación de una pequeña población en un proyecto urbano con ambiciones de ciudad. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes señala que, desde El Porvenir, apoyó la candidatura de Emilio Civit, se vinculó al desarrollo vitivinícola, impulsó instituciones culturales y fundó el 31 de mayo de 1896 la Villa Nueva de Guaymallén. También se le atribuye la creación o impulso del Banco Agrícola, el Instituto Agronómico y los Talleres Municipales de Cerámica y Tejidos. El diario Los Andes, al recuperar su figura, recuerda que López de Gomara fue clave para Guaymallén: cooperó en la fundación de El Porvenir, escribió sobre vitivinicultura, actuó como agricultor y bodeguero, fue síndico del Banco de la Provincia, concejal, fundador de El Ateneo y promotor de iniciativas educativas, productivas y culturales. Esa mirada lo presenta no solo como escritor, sino como un verdadero organizador de la vida social y económica local. También fue un autor prolífico. Escribió más de sesenta obras, entre novelas, piezas teatrales, dramas, zarzuelas y poemarios. Entre los títulos que se le atribuyen figuran obras como “Curupayty”, “Savonarola”, “Locuras humanas”, “Gauchos y gringos”, “La toga y el azadón” y muchas otras, lo que muestra la amplitud de sus intereses: literatura, teatro, política, inmigración, historia, moral pública y cultura hispanoamericana. En Buenos Aires fundó más tarde El Diario Español, publicación que continuó siendo una referencia para la comunidad española. Según la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, en 1904 lanzó ese diario retomando los moldes de su antiguo Correo Español, y el medio llegó a ser considerado órgano representativo de la colectividad española en la Argentina. Un dato importante merece ser aclarado: algunas efemérides locales consignan que murió en Guaymallén el 12 de agosto de 1923, mientras otras fuentes bibliográficas registran su fallecimiento el 11 de agosto de 1923 y lo ubican en Buenos Aires. Esa diferencia muestra que su biografía aún conserva zonas discutidas según la fuente consultada. Lo indudable es que su nombre quedó unido para siempre a Guaymallén, a la prensa hispanoargentina y a la historia cultural de Mendoza. Recordar a Justo S. López de Gomara es rescatar a un personaje de vida novelesca: republicano español, exiliado, periodista combativo, escritor fecundo, empresario, promotor de bancos, talleres, instituciones culturales y proyectos urbanos. Fue uno de esos hombres que imaginaron ciudades antes de que terminaran de existir, y que entendieron la prensa, la educación, el trabajo y la cultura como motores de progreso. En Guaymallén, su huella permanece como parte de una memoria fundacional: la de un inmigrante que llegó enfermo y arruinado, pero volvió a levantarse ayudando a levantar también una comunidad. #JustoLópezDeGomara #JustoSanjurjoLópezDeGomara #Guaymallén #VillaNuevaGuaymallén #Mendoza #HistoriaDeMendoza #PeriodismoArgentino #ElCorreoEspañol #ElDiarioEspañol #InmigraciónEspañola #CulturaMendocina #BancoAgrícola #InstitutoAgronómico #HistoriaArgentina #MendozAntigua #ArgentineHistory #MendozaHistory #SpanishImmigration #HistoricPress #CulturalHistory

martes, 5 de mayo de 2026

1904 - El castillo ferroviario de las Rocosas: el hotel que convirtió a Banff en un destino de leyenda


La imagen adjunta muestra al Banff Springs Hotel, en Alberta, Canadá, fotografiado hacia 1904, cuando todavía dominaba el paisaje como una gran construcción de madera levantada al pie de las Montañas Rocosas. La escena pertenece a la era dorada de los grandes hoteles ferroviarios, aquellos edificios monumentales que no nacieron solo para alojar viajeros, sino para transformar el viaje en una experiencia de lujo, paisaje y prestigio. La historia del hotel está directamente ligada al Canadian Pacific Railway. El último clavo ceremonial del ferrocarril transcontinental canadiense fue colocado el 7 de noviembre de 1885, en Craigellachie, Columbia Británica, completando una obra clave para unir el país de costa a costa. Poco después, la compañía ferroviaria comprendió que no bastaba con tender vías: había que crear destinos capaces de atraer turistas, especialmente a los paisajes espectaculares del oeste canadiense. En ese contexto, el Banff Springs Hotel abrió sus puertas en 1888, impulsado por el Canadian Pacific Railway. Su objetivo era claro: llevar visitantes a las Rocosas, fomentar el turismo de montaña y convertir el viaje en tren en una aventura elegante. El propio Fairmont recuerda que William Cornelius Van Horne, figura central del ferrocarril, imaginó un gran hotel para mostrar al mundo la belleza de las Montañas Rocosas canadienses. El hotel fue ubicado dentro de lo que hoy es el Parque Nacional Banff, considerado el parque nacional más antiguo de Canadá. Su emplazamiento, entre montañas, bosques, aguas termales y valles glaciares, lo convirtió rápidamente en un símbolo del turismo moderno. Parks Canada destaca que el Banff Springs fue uno de los grandes hoteles turísticos construidos por compañías ferroviarias canadienses entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, pensado precisamente para estimular los viajes por sus rutas transcontinentales. La fotografía de 1904 muestra una etapa temprana del edificio. El hotel original había sido construido principalmente en madera y con el tiempo sería ampliado y transformado. A comienzos del siglo XX ya era un destino de lujo en plena montaña, vinculado a las aguas termales de la zona de Sulphur Mountain y al paisaje imponente de Banff. Fairmont señala que el edificio original sufrió un incendio en 1926 y que luego fue reconstruido en mayor escala, adoptando la apariencia monumental que hoy lo caracteriza. La imagen actual del hotel, conocido como Fairmont Banff Springs, corresponde a esa etapa posterior de reconstrucción y ampliación. Parks Canada explica que el conjunto actual fue construido en etapas entre 1911 y 1928, con una arquitectura de estilo château, y que desarrolló una reputación internacional como retiro vacacional de excelencia en las Rocosas. En 1988, fue declarado Sitio Histórico Nacional de Canadá, por su valor como gran hotel turístico en un entorno natural excepcional. El Banff Springs no fue solo un hotel: fue una estrategia de país. Allí se cruzaron ferrocarril, turismo, lujo, naturaleza y construcción de identidad nacional. Canadá vendía al mundo una imagen poderosa: trenes atravesando montañas, viajeros elegantes, aguas termales, bosques infinitos y un “castillo” en medio de las Rocosas. Ese modelo ayudó a convertir a Banff en uno de los destinos más reconocidos del continente. Hoy, el Fairmont Banff Springs sigue funcionando como uno de los hoteles más emblemáticos de Canadá. Fairmont lo promociona como el “Castle in the Rockies”, el “castillo de las Rocosas”, y destaca su ubicación dentro del Parque Nacional Banff, cerca del pueblo de Banff, Bow Falls, Sulphur Mountain y los paisajes alpinos que hicieron famoso al lugar desde el siglo XIX. Por eso, esta fotografía de 1904 no muestra únicamente un hotel antiguo. Muestra el nacimiento de una idea moderna: viajar para contemplar la naturaleza, alojarse con confort en lugares remotos y transformar el paisaje en patrimonio turístico. El Banff Springs fue una de las grandes puertas de entrada a las Rocosas canadienses y un símbolo de aquella época en la que el ferrocarril no solo transportaba pasajeros: también fabricaba destinos, sueños y memoria. #BanffSpringsHotel #FairmontBanffSprings #Banff #Alberta #Canadá #MontañasRocosas #CanadianPacificRailway #GrandesHotelesFerroviarios #TurismoHistórico #HistoriaDelTurismo #ParqueNacionalBanff #CastleInTheRockies #PatrimonioCanadiense #MendozAntigua #BanffHistory #RailwayHotels #CanadianHistory #RockyMountains #HistoricHotels #TravelHistory #VintageCanada

5 de Mayo de 1993 - Rodeo de la Cruz y su casa de cultura: el Centro Pascual Lauriente, el espacio que convirtió una donación vecinal en memoria viva de Guaymallén


El 5 de mayo de 1993 se inauguró en Mendoza el Centro Cultural “Pascual Lauriente”, ubicado en Rodeo de la Cruz, departamento de Guaymallén. Desde entonces, este edificio se transformó en uno de los espacios culturales y comunitarios más representativos del distrito, pensado para acercar actividades artísticas, educativas y sociales a los vecinos de la zona. La Municipalidad de Guaymallén recuerda que el lugar fue inaugurado en 1993 y que cada 5 de mayo se conmemora su creación. El complejo se encuentra en Bandera de los Andes 8956, en Rodeo de la Cruz. Según la comuna, fue levantado sobre tierras donadas por el vecino Miguel Lauriente, quien dejó establecido el deseo de crear allí un espacio comunitario que integrara servicios civiles, culturales y de salud. El nombre del centro homenajea a su padre, Pascual Lauriente, y también a los inmigrantes que llegaron a la Argentina para construir una nueva vida. El Centro Cultural no nació como una simple sala de espectáculos. En el mismo predio funcionan también servicios clave para la comunidad, como el Centro de Salud N.º 5, una oficina del Registro Civil, la Comisaría 35.ª, la Oficina Fiscal N.º 19 y la Biblioteca Pública Municipal Rodeo de la Cruz, mencionada en algunas efemérides como Biblioteca Popular “Rodeo de la Cruz”. Ese conjunto muestra que el proyecto fue concebido como un verdadero núcleo barrial de atención, encuentro y participación. El edificio cuenta con una superficie aproximada de 750 metros cuadrados. En su interior posee una sala principal con escenario y capacidad para unas 200 personas sentadas, además de camarines, baños, estacionamiento privado, equipamiento técnico, espacios administrativos, una sala para muestras visuales y un SUM en planta alta con capacidad para alrededor de 80 personas, destinado a charlas, cursos, conferencias y actividades formativas. Dentro del espacio también se destaca el Auditorio “Santiago Bértiz”, nombre que recuerda al músico guaymallino. La Municipalidad de Guaymallén ha realizado allí homenajes vinculados a su figura, con muestras, documentales y presentaciones musicales, reforzando el papel del centro como lugar de memoria cultural local. A lo largo de los años, el Pascual Lauriente se consolidó como sede de talleres artísticos, charlas, capacitaciones, muestras y eventos. Entre las actividades previstas o desarrolladas se mencionan la Escuela de Danzas Folclóricas Municipal, acrobacia en tela, teatro para niños, taller de guitarra, encuentros literarios, música, teatro leído, muestras visuales y propuestas de formación comunitaria. Por eso, la inauguración del Centro Cultural “Pascual Lauriente” no fue solo la apertura de un edificio. Fue el nacimiento de una casa cultural para Rodeo de la Cruz: un lugar donde la biblioteca, el escenario, los talleres, la memoria inmigrante, la vida barrial y los servicios públicos se reunieron bajo una misma idea de comunidad. Desde 1993, ese espacio sigue demostrando que la cultura también se construye cerca de la gente, en los distritos, en los barrios y en esos sitios donde el arte se vuelve encuentro cotidiano. #CentroCulturalPascualLauriente #RodeoDeLaCruz #Guaymallén #Mendoza1993 #HistoriaDeMendoza #CulturaMendocina #BibliotecaRodeoDeLaCruz #SantiagoBértiz #BanderaDeLosAndes #ArteYComunidad #TalleresCulturales #GuaymallénCultura #MendozaAntigua #MendozAntigua #MendozaHistory #CulturalHeritage #CommunityCulture #ArgentineHistory #LocalHistory #HistoricMendoza 

La Mendoza que se movía con luces de colores: tranvías, ómnibus y microómnibus en la Guía Peuser de 1951



La imagen adjunta corresponde a una página de la Guía Peuser del Viajero, edición de 1951, dedicada a los tranvías, ómnibus y microómnibus de Mendoza. Es una verdadera radiografía del transporte urbano mendocino de mediados del siglo XX: antes de las aplicaciones, los mapas digitales y los carteles electrónicos, los pasajeros se orientaban con guías impresas, nombres de calles, luces de colores y recorridos memorizados. La Guía Peuser fue durante décadas una herramienta de consulta fundamental para viajeros y habitantes de la Argentina, con datos de calles, transportes, trenes, hoteles, oficinas públicas, turismo y servicios de todo el país. La sección superior de la página enumera los “Tranvías de Mendoza” y muestra que las líneas se identificaban por luces de colores, un sistema práctico para reconocer los coches en la calle. En 1951 todavía seguía viva la red tranviaria eléctrica que había transformado la movilidad mendocina desde comienzos del siglo XX. Los tranvías eléctricos comenzaron a circular en Mendoza el 1 de octubre de 1912, luego de los antiguos tranvías a caballo, y fueron considerados en su momento un símbolo de progreso para una ciudad en crecimiento. Según la guía, la línea 1, identificada con luz colorada, partía desde Coronel Díaz y San Martín, en Mendoza, seguía por San Martín hasta Falucho, en Godoy Cruz, pasaba por Antonio Tomba y Rivadavia, y regresaba por San Martín al punto inicial. La línea 2, de luz verde, iba desde San Martín y San Luis hacia Ituzaingó, Santiago del Estero, José F. Moreno, Buenos Aires, nuevamente San Martín, Montevideo, Perú, Colón, San Martín y San Juan. La línea 3, de luz azul, conectaba el Parque General San Martín con Montevideo, Perú, San Lorenzo, Rufino Ortega, Boulogne Sur Mer, N. Avellaneda, otra vez Perú, General Paz, San Martín y Montevideo. La línea 4, con luz amarilla, salía de San Martín y San Luis, recorría Ituzaingó, Santiago del Estero, J. F. Moreno, Buenos Aires, Necochea, Patricias Mendocinas, Montevideo, Perú, General Paz, San Martín y volvía a San Luis. La línea 5, de luz blanca, partía de Pedro B. Palacios y Lavalle, seguía por Montecaseros, Buenos Aires, Necochea, Perú, General Paz, San Martín y Garibaldi, llegando al departamento de Guaymallén. La línea 6, también señalada con luz verde, partía de Pedro B. Palacios y Lavalle, pasaba por Montecaseros, Buenos Aires, San Martín, Montevideo, Perú, San Lorenzo, R. Ortega, Boulogne Sur Mer, N. Avellaneda, Gutiérrez, Perú, General Paz, San Martín y Garibaldi, hasta Guaymallén. La página también incluye los “Ómnibus y microómnibus de Mendoza”, señal de que la ciudad ya combinaba distintos modos de transporte. La línea 3 unía San Martín y Las Heras con calles como Belgrano, Tulio L. Aguirre, Granaderos, A. Álvarez, Boulogne Sur Mer, Manuel A. Sáenz, Martínez de Rosas, Martín Zapata, San Lorenzo y nuevamente San Martín. La línea 4 partía de Ituzaingó, pasaba por Coronel Paz, Ramírez, Pescadores, Bajada de Arrollabe, Jujuy, Videla Castillo, Beltrán, José F. Moreno, Córdoba, San Martín, Espejo, Patricias Mendocinas, Pedro Molina, Belgrano, Las Heras, Entre Ríos y regresaba por Ituzaingó. La línea 5, identificada como Colón Oeste, salía de Alberti y San Martín, seguía por Sarmiento, Patricias Mendocinas, Rivadavia, Mitre, Colón, A. Villanueva, Paso de los Andes, Boulogne Sur Mer, Playas Serranas, Pueyrredón, Observatorio, Olascoaga, otra vez Villanueva, Colón y San Martín. La línea 6 partía de Godoy Cruz y San Martín, recorría Colón, Tiburcio Benegas, Sargento Cabral, Rodríguez, Pueyrredón, Paso de los Andes, A. Villanueva, Boulogne Sur Mer, Parque Juan B. Justo, Roque Sáenz Peña, Granaderos, Belgrano, Julio L. Aguirre, Las Heras, Avenida España, Godoy Cruz y retornaba al punto de partida. En la parte inferior aparecen además avisos de empresas de microómnibus de larga distancia, como “La Puntual”, con servicios entre Bahía Blanca, Río Colorado, Conesa y San Antonio Oeste, en combinación con Transportes Patagónicos; “El Rápido de La Pampa”, entre Bahía Blanca y General Acha; y “Guatraché”, entre Bahía Blanca y Guatraché. Esa presencia muestra que la Guía Peuser no era solo un mapa urbano: funcionaba como una herramienta de viaje integral, útil para moverse dentro de una ciudad y también para planificar trayectos regionales. El documento permite imaginar una Mendoza muy distinta: tranvías con luces coloradas, verdes, azules, amarillas y blancas; ómnibus atravesando calles hoy plenamente incorporadas al ritmo urbano; y pasajeros que reconocían la ciudad a través de esquinas, recorridos y nombres de arterias. Aquel sistema convivió durante décadas hasta que los cambios urbanos y las nuevas formas de transporte desplazaron al tranvía. En Mendoza, el último viaje tranviario se produjo en 1966, y en 1968 comenzaron a retirarse definitivamente muchas de sus vías. Por eso, esta página de 1951 no es un simple listado de recorridos: es una postal escrita de la movilidad mendocina. En sus líneas aparece una ciudad que crecía hacia Godoy Cruz, Guaymallén, Las Heras, el Parque General San Martín y los barrios del oeste, mientras tranvías, ómnibus y microómnibus tejían la vida diaria de trabajadores, estudiantes, comerciantes, familias y viajeros. Es la Mendoza de las luces en los coches, de las guías de bolsillo y de un transporte público que marcó durante décadas el pulso cotidiano de la provincia.  #TranvíasDeMendoza #GuíaPeuser #Mendoza1951 #TransporteMendocino #HistoriaDeMendoza #TranvíaEléctrico #ÓmnibusAntiguos #Microómnibus #GodoyCruz #Guaymallén #ParqueGeneralSanMartín #SanMartínMendoza #MendozaAntigua #MendozAntigua #OldMendoza #MendozaHistory #VintageTransport #StreetcarHistory #UrbanHistory #ArgentineHistory

5 de Mayo de 1971, muere Violeta Jessop: la argentina “insumergible” que sobrevivió al Titanic, al Britannic y a una vida marcada por el mar


El 5 de mayo de 1971 murió en Great Ashfield, Reino Unido, Violeta Constancia Jessop, conocida internacionalmente como Violet Constance Jessop, una mujer nacida en la Argentina que pasó a la historia como una de las sobrevivientes más asombrosas de las grandes tragedias marítimas del siglo XX. Tenía 83 años y falleció por una insuficiencia cardíaca congestiva, según registros locales de Great Ashfield. Había nacido el 2 de octubre de 1887. La referencia histórica local la ubica en Sauce Grande, Coronel Dorrego, provincia de Buenos Aires, aunque varias fuentes actuales la registran como nacida en Bahía Blanca o en una zona cercana a esa ciudad. Era hija de inmigrantes irlandeses, William Jessop y Katherine Kelly, dedicados a la cría de ovejas en el sur bonaerense. Desde niña, su vida estuvo atravesada por la fragilidad y la resistencia: padeció enfermedades graves, entre ellas tuberculosis, y aun así logró sobrevivir cuando los médicos le daban escasas esperanzas. Durante su adolescencia, su familia se trasladó a Mendoza buscando un clima más favorable para la salud de Violeta. Sin embargo, allí murió su padre, y poco después la familia decidió emigrar a Inglaterra en 1903. Ese paso cambió su destino: su madre comenzó a trabajar como camarera en barcos de la Royal Mail Line, y Violeta, obligada por la necesidad familiar, siguió el mismo camino. Su vida en el mar comenzó como trabajo, pero terminó convirtiéndose en leyenda. En 1911, mientras trabajaba en el RMS Olympic, el enorme transatlántico de la White Star Line chocó contra el crucero británico HMS Hawke. El barco sufrió daños importantes, aunque logró regresar a puerto y no hubo víctimas fatales. Violeta salió ilesa de aquella primera experiencia límite. Al año siguiente, fue destinada al RMS Titanic, el barco más famoso de la historia. El 14 de abril de 1912, durante su viaje inaugural, el transatlántico chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte y se hundió pocas horas después. Jessop logró subir a un bote salvavidas —identificado habitualmente como el número 16— y fue rescatada junto a otros sobrevivientes. Algunas versiones recuerdan que, antes de abandonar el barco, le entregaron un bebé para que lo cuidara durante la evacuación. Pero su historia no terminó allí. Durante la Primera Guerra Mundial, Violeta sirvió como enfermera a bordo del HMHS Britannic, buque hospital y hermano del Titanic. El 21 de noviembre de 1916, el Britannic se hundió en el mar Egeo tras una explosión atribuida a una mina naval. Jessop volvió a salvarse, aunque esta vez sufrió heridas graves al lanzarse al agua para escapar de un bote que era arrastrado hacia las hélices del barco.Por haber estado presente en el accidente del Olympic, sobrevivido al hundimiento del Titanic y también al del Britannic, la prensa y la memoria popular la bautizaron como “Miss Unsinkable”, la “señorita insumergible”. National Geographic recuerda que fue llamada también la “reina de los barcos que se hunden”, una forma impactante de resumir una vida atravesada por tragedias marítimas y una voluntad extraordinaria de sobrevivir. Tras aquellas experiencias, Violeta Jessop no abandonó definitivamente el mar. Continuó trabajando en líneas marítimas durante décadas y se jubiló recién en 1950. Luego se instaló en Great Ashfield, en Suffolk, donde llevó una vida mucho más tranquila, dedicada a la jardinería y a sus recuerdos. Sus memorias, publicadas después de su muerte bajo el título “Titanic Survivor”, ayudaron a recuperar su voz y su mirada sobre aquellos años de lujo, trabajo duro, miedo, disciplina y supervivencia. Recordar a Violeta Jessop es rescatar una vida que parece escrita por la ficción, pero que fue absolutamente real. Nacida en la Argentina, criada entre el sur bonaerense, Mendoza e Inglaterra, trabajadora del mar y testigo de tres episodios históricos, su nombre quedó unido para siempre al Titanic y a los grandes transatlánticos de comienzos del siglo XX. Su historia habla de tragedia, migración, trabajo femenino, fe, coraje y una resistencia casi inexplicable frente al destino.  #VioletaJessop #VioletJessop #MissInsumergible #Titanic #RMS Titanic #Britannic #Olympic #HistoriaArgentina #BahíaBlanca #CoronelDorrego #Mendoza #GreatAshfield #WhiteStarLine #MujeresEnLaHistoria #MendozAntigua #TitanicSurvivor #MissUnsinkable #MaritimeHistory #WomenInHistory #ArgentineHistory #OceanLiners #HistoricWomen

1875 - Los Portones de Palermo: la entrada monumental al parque que nació sobre la antigua quinta de Rosas


La imagen adjunta muestra los antiguos Portones de Palermo, hacia 1875, en el barrio porteño de Palermo. La fotografía, registrada por Buenos Aires Historia con referencia al AGN, Fondo Witcomb, permite observar una escena fundacional: obreros y trabajadores en un terreno todavía abierto, frente a las estructuras monumentales que marcaban el acceso a un espacio que estaba dejando atrás su pasado político para convertirse en uno de los grandes paseos públicos de Buenos Aires. Aquellos portones fueron construidos como entrada principal del futuro Parque Tres de Febrero, conocido popularmente como los Bosques de Palermo. Según la descripción conservada en Wikimedia Commons, estaban vinculados al acceso al antiguo caserón de Juan Manuel de Rosas durante las obras de creación del parque, y habrían sido diseñados por el arquitecto Jules Dormal. Permanecieron en pie desde 1875 hasta 1917, cuando fueron demolidos. La fecha de 1875 es clave. El Parque Tres de Febrero fue inaugurado oficialmente el 11 de noviembre de 1875, en un acto encabezado por el entonces presidente Nicolás Avellaneda, quien plantó una magnolia que aún se conserva, según el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. La creación del parque había sido impulsada en el clima político posterior a la caída de Rosas, con la intención de transformar un territorio asociado al poder del antiguo gobernador bonaerense en un gran espacio público para la ciudad moderna. La escena de la fotografía tiene un valor extraordinario porque no muestra al Palermo verde y consolidado que hoy conocemos, sino un paisaje en plena transformación. En primer plano aparece el terreno removido, casi sin vegetación; al fondo, los portones se levantan como una promesa de urbanización, paseo y orden público. El lugar todavía conserva el aire de obra, de frontera urbana, de ciudad que avanza sobre una zona que había sido quinta, residencia, símbolo político y espacio periférico. Con el tiempo, los Bosques de Palermo se convertirían en uno de los pulmones verdes más emblemáticos de Buenos Aires. El sitio oficial de turismo porteño recuerda que el Parque Tres de Febrero se extiende por unas 370 hectáreas, con lagos, plazas y paseos que lo transformaron en un espacio central de recreación urbana. Pero antes de esa imagen actual de lagos, árboles, rosedales y avenidas, existió este momento inicial: obreros, tierra, portones y una Buenos Aires que empezaba a imaginar su gran parque público. Por eso, los Portones de Palermo no fueron solo una obra arquitectónica. Fueron una señal de época. Representaron el paso de la ciudad política del siglo XIX a una Buenos Aires que quería mostrarse moderna, higienista, ordenada y abierta al paseo ciudadano. Allí donde antes se concentraba una memoria ligada a Rosas y a su poder, comenzó a levantarse un escenario destinado al ocio público, la sociabilidad urbana y la construcción de una nueva imagen de capital. La fotografía conserva, entonces, mucho más que una entrada desaparecida. Guarda el instante en que Palermo empezó a cambiar de sentido: de quinta histórica a parque público, de símbolo de poder a espacio compartido, de borde urbano a paisaje central de la Buenos Aires moderna. Los portones ya no existen, pero esta imagen permite volver a ver el umbral por el que la ciudad entró a una nueva etapa. #PortonesDePalermo #Palermo #BuenosAiresAntigua #ParqueTresDeFebrero #BosquesDePalermo #JuanManuelDeRosas #NicolásAvellaneda #JulesDormal #ArchivoGeneralDeLaNación #HistoriaDeBuenosAires #BuenosAires1875 #PatrimonioUrbano #MendozAntigua #OldBuenosAires #BuenosAiresHistory #HistoricArgentina #UrbanHistory #VintageBuenosAires #ArgentineHistory #HistoricPhotography 

8 de Julio de 1820 La Gaceta de Mendoza: el periódico que nació para contar la política, la guerra y el pulso de una provincia convulsionada (Imagen Ilustrativa)


Cuatro días después de la desaparición de El Termómetro del Día, el 8 de julio de 1820, comenzó a circular La Gaceta de Mendoza, considerada su continuación directa. No apareció como un proyecto aislado, sino como una posta tomada por la prensa mendocina en pleno año de crisis política, guerras internas y redefiniciones provinciales. De hecho, los estudios sobre el periodismo cuyano señalan que el nuevo periódico salió sin una presentación formal y continuó la numeración de su antecesor: su primer ejemplar fue el número 8, publicado el sábado 8 de julio de 1820. La publicación fue impresa en la Imprenta de Mendoza y tuvo como redactores a Agustín Delgado, Agustín Bardel y al propio Juan Escalante, quien ya había sido figura central de El Termómetro del Día. La Gaceta circuló semanalmente, los sábados, con ejemplares de cuatro páginas, y se mantuvo activa hasta el 9 de septiembre de 1820, cuando apareció su número 17. El antiguo bibliógrafo Antonio Zinny, en su Efemeridografía —obra clave para rastrear los primeros periódicos rioplatenses—, describió que La Gaceta llevaba al frente el escudo de la provincia acompañado por la inscripción latina “Parcitas surripit, et augetur status”. También observó, con mirada crítica, que su ortografía estaba lejos de poder presentarse como modelo. Ese detalle no debe sorprender: en 1820 la escritura periodística aún estaba en formación, entre usos coloniales, imprentas precarias, urgencias políticas y una ortografía que todavía no se había estabilizado plenamente. El contenido de La Gaceta estuvo fuertemente atravesado por la política local y por los sobresaltos de aquel año. Entre sus noticias y artículos figuraban referencias a la historia del caudillo Francisco del Corro, la entrada a Mendoza del gobernador Tomás Godoy Cruz, la invasión de la provincia por el ex coronel Corro, partes militares, proclamas, oficios del Cabildo y correspondencia entre autoridades cuyanas. También publicó avisos de interés social, como la apertura de una academia de francés dirigida por el redactor Agustín Bardel, y comunicaciones oficiales recibidas desde Chile sobre las operaciones del general José de San Martín. Uno de los textos más recordados vinculados a La Gaceta fue la “Descripción de la jornada del teniente Corro sobre Mendoza. Letrilla”, aparecida en el número 14 del 19 de agosto de 1820. Arturo Andrés Roig la atribuyó a Juan Gualberto Godoy, figura considerada clave en los comienzos de la literatura mendocina, mientras que Félix Weinberg también la estudió y la transcribió dentro de sus trabajos sobre Godoy. Durante mucho tiempo se afirmó, siguiendo a Arturo Andrés Roig, que solo se conocía el número 14, correspondiente al 19 de agosto de 1820, conservado en la Biblioteca Nacional de Chile. Sin embargo, investigaciones y catálogos posteriores registran una serie más amplia de ejemplares: los números 8 al 17, publicados entre el 8 de julio y el 9 de septiembre de 1820, aparecen consignados como originales en la Biblioteca Nacional de Brasil. Esta diferencia muestra cómo la historia de la prensa antigua depende muchas veces de hallazgos dispersos en bibliotecas y archivos de distintos países. La Gaceta de Mendoza publicó su último número, el 17, el 9 de septiembre de 1820. Su vida fue breve, pero significativa. En apenas diez ediciones dejó testimonio de una provincia que intentaba organizar su voz pública en medio de levantamientos, cambios de gobierno, tensiones militares y debates sobre el rumbo político de Cuyo. Por eso, La Gaceta de Mendoza no fue solo la continuación de un periódico anterior. Fue una de las primeras herramientas con las que Mendoza comenzó a narrarse a sí misma: un papel impreso donde convivían noticias, política, guerra, educación, literatura, comunicaciones oficiales y los primeros ensayos de una opinión pública local. En sus páginas puede verse el nacimiento de una tradición periodística mendocina que, aunque frágil y breve en sus comienzos, abrió el camino para que la provincia dejara registro escrito de sus conflictos, ideas y esperanzas. #LaGacetaDeMendoza #PeriodismoMendocino #Mendoza1820 #HistoriaDeMendoza #PrensaArgentina #JuanEscalante #AgustínBardel #AgustínDelgado #JuanGualbertoGodoy #FranciscoDelCorro #TomásGodoyCruz #SanMartín #HistoriaCuyana #MendozAntigua #ArgentineHistory #MendozaHistory #HistoricPress #JournalismHistory #CuyoHistory #OldNewspapers 

5 de mayo de 1982 - El ARA “Alférez Sobral”: el buque herido que volvió del Atlántico Sur y dejó una de las gestas más dramáticas de Malvinas


El 5 de mayo de 1982, en plena Guerra de Malvinas, se produjo uno de los episodios más conmovedores del conflicto: el avistamiento en alta mar y el primer rescate de heridos del aviso ARA “Alférez Sobral” por parte de la Fuerza Aérea Argentina. La operación se realizó con un Fokker F-27 y un helicóptero Bell 212, después de que el buque de la Armada quedara gravemente dañado durante una misión de rescate. El “Alférez Sobral” había sido atacado en la madrugada del 3 de mayo, mientras intentaba auxiliar a los tripulantes de un avión Canberra argentino derribado el 1 de mayo. La unidad fue detectada por fuerzas británicas y atacada por helicópteros con misiles aire-superficie Sea Skua. Uno de los impactos destruyó el puente de comando y el cuarto de radio; murieron ocho tripulantes, entre ellos su comandante, el capitán de corbeta Sergio Raúl Gómez Roca. A partir de ese momento, el segundo comandante, teniente de navío Sergio Bazán, asumió el mando en condiciones extremas: el buque tenía el timón averiado, los instrumentos de navegación destruidos, la radio inutilizada, incendios a bordo, muertos, heridos y la posibilidad de nuevos ataques. Con recursos mínimos, la tripulación logró controlar los daños, orientar precariamente el rumbo y emprender el regreso hacia el continente. El 5 de mayo, un Fokker F-27 localizó al aviso en alta mar. Luego llegó un Bell 212 de la Fuerza Aérea: un pararrescatista descendió sobre la cubierta, asistió al herido más grave, lo preparó en una camilla y lo evacuó de urgencia. La propia Fuerza Aérea recuerda ese hecho como el primer rescate de heridos del “Alférez Sobral” y uno de los hitos de su actuación en Malvinas. Ese mismo día, el buque logró divisar la costa de Puerto Deseado y amarró durante la noche. Había navegado durante dos días con severos daños, sin comunicaciones normales y con su tripulación resistiendo el frío, la incertidumbre y las heridas del combate. La Armada Argentina recuerda esa travesía como una muestra de valor, disciplina y profesionalismo. También el 5 de mayo de 1982 hubo un movimiento diplomático importante: la ONU propuso un acuerdo de paz que contemplaba el retiro de las fuerzas de ambos países de las islas y el inicio de negociaciones. Según registros de la Defensoría del Público, Gran Bretaña fue la primera en rechazar esa propuesta. Por eso, aquella fecha quedó marcada por dos escenas simultáneas: en el mar, un buque argentino gravemente herido luchaba por volver con sus sobrevivientes; en la diplomacia, se intentaba abrir una salida negociada que finalmente no prosperó. El “Alférez Sobral” se convirtió así en símbolo de resistencia, sacrificio y cumplimiento del deber en una de las jornadas más dramáticas de la guerra.  #ARAAlférezSobral #Malvinas #GuerraDeMalvinas #5DeMayo1982 #FuerzaAéreaArgentina #ArmadaArgentina #SergioGómezRoca #SergioBazán #FokkerF27 #Bell212 #VeteranosDeMalvinas #AtlánticoSur #PuertoDeseado #HistoriaArgentina #MendozAntigua #FalklandsWar #SouthAtlanticWar #ArgentineHistory #MilitaryHistory #NavalHistory

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